CÁLCULOS ERRÓNEOS

De cómo una suma termina en división

Escrito con la técnica “Cadáver Exquisito” para el cumpleaños del blog Mil Para Siempres

Con la participación de:

@kathygamez, @guapacho, @ErikaPao86, @kathalina05, @Campanula13, @L0l1na, @gesan81,  @AdrySelenita, @mundoluque, @cutemarieclaire, @tatymorphita, @everlyco, @lorelains,  @Pau_la_ranis, @XimeAmaya, @Edilay, @juanchosky, @Mafebf, @state_0f_mind, @Natty_RM y @n0ta_mental

Capítulo I: Espacio entre los dos…

Entré de milagro al metro. Atravesé la puerta con un movimiento rápido y audaz entre las personas que habían descendido, los que esperarían un poco más y las puertas que a pocos centímetros de mi se cerraron luego de haber entrado. Tomé aire y quise controlar mi agitada respiración. Estaba cansado, había corrido varias cuadras para llegar a tiempo, no he dormido más de una hora en toda la noche y el cansancio de todo el estudio que  traigo encima para el parcial al que iba demasiado tarde.

Volví a respirar hondo y al levantar la cara dentro del vagón vi su rostro perfecto, una hermosa y joven mujer. Su aroma invadía todo el vagón y llegaba hasta mí como ese aroma prohibido que derribaría mi orgullo y me haría cometer la estupidez más grande que haya hecho por alguien....

La música de mi Ipod era perfecta, let me live, de Queen, era todo lo que le quería decir a ella.

“Por qué no tomas un pedacito de mi corazón, ¿por qué no lo tomas y lo rompes?”

El agotamiento en el que estoy no me deja pensar en otra cosa que no sea ella, verla en todas las hermosas mujeres que se suben al metro, que están en el centro comercial o, que están conmigo en el salón de clases. Necesito descansar, pensar en otra cosa que no sea ella... Prefiero mandarlo todo lejos. Me bajo del metro.

Tal vez, no debería bajarme del metro, tal vez debería seguir y llegar a Coney Island, allí a esa playa donde soñamos vivir juntos algún día, mirando el mar cada atardecer lejos de Nueva York pero a un paso de la gran urbe, recuerdo ese día que hablamos de comprar un apartamento allí, más cerca del cielo, más cerca de ella que era estar junto al cielo, su aroma en las mañanas , su pelo , sus manos preparando el café, su corazón latiendo cada vez más fuerte cuando yo me acercaba, no necesitaba más , soñar con ella, vivir a su lado y respirar ese mismo aire que ella respiraba, así no más era tan sencillo vivir

No sé en qué momento empezamos a no ser suficiente el uno para el otro, en qué momento empezamos a ser dos extraños que compartían un pasado y que veían frente a ellos un pesado futuro, sí, ese fue el pensamiento que llego justo cuando mis pies estaban empezando a avanzar hasta donde se encontraba, que demonios le iba a decir: “Hola, ¿cómo estás?”, y qué esperaba encontrar como respuesta? tal vez la mirada fría con la que nos dijimos adiós, la misma que dolía más que el rencor con el que quizás me recordaba, era un imbécil por tan solo querer acercarme para ser amable e intentar saber que sería de su vida sin mí, saberlo de sus labios y no de los amigos en común que como un delincuente frecuentaba para obtener algo de información, me quedé allí, embriagándome con ese aroma, recordando como ese aroma había estado en mi cuerpo muchas veces, la mismas veces en las que me dijo te amo, las mismas veces en que..., maldita sea no sabía qué hacer, si, a lo mejor una estupidez más estaba esperando para ser cometida.

Los pensamientos que rondaron mi mente se fueron con la misma velocidad con la que un ladrón robó mi ipod. Con él, se fue el playlist que alguna vez nombré “desencanto” plagado de autores que no cantaban palabras sino puñales para mi memoria.

Mejor. Creo que el peor castigo que le puede pasar a ese ladrón es escuchar tantas canciones deprimentes. Quizá hasta se arrepienta y me lo devuelva, o quizá sienta el permanente dolor del “no recuerdo”  y se lance al metro.

Alguna vez alguien me dijo que la vida no está llena de recuerdos sino de olvidos. Olvidar te salva. El olvido es la llave que abre el cerrojo del dolor. Pero yo no encuentro esa llave, pero tampoco soy capaz de olvidarla


Y recordé cada uno de mis pensamientos... aquella noche en que decidía olvidarla

Sabía que no iba a ser fácil desprenderme de ella...por eso me determiné a salir de su vida; necesitaba mi libertad!, sentir que era yo de nuevo!!! ¡Volver a empezar era lo que quería!

Caminé durante una hora... bajo la lluvia. Estaba solo como antes lo había estado... solo... Era volver a mi soledad a lo que me enfrentaba... Era eso de nuevo lo que quería evitar... Pero otra vez tenía que prepararme para estar solo, y era mi deber no dejarme derrumbar, y cómo hacer!? Si cada una de las partículas de mi piel clamaba por su cuerpo... Si cada cosa que deseaba la quería a su lado... Si mis pensamientos eran solo suyos y sentía querer salir corriendo a su lado!!

¿Cómo volver a mi soledad? Con este sumaban cuatro intentos por saber que le sucedía, mi alma rogaba por saber que pasaba por su mente, sabía que me quería olvidar, pero seguía preguntándome cómo lo lograba si yo no podía!

Para nada... nunca me había imaginado en esta situación, no entendía porque siempre terminaba en lo mismo, siempre que me juraba no volver a enamorarme... y ahora no tenía ojos para ver más allá de los suyos, que locura...

¿En qué momento me había pasado todo eso?

¿En qué momento había llegado a quererla tanto que ni estar lejos de su vida quería? Y, al mismo tiempo me necesitaba alejarme... era triste... triste verme así! pero reconfortante saber que de esta iba a salir... "de peores he salido" me repetía. ¡Qué orgullo!

También escuchaba dentro de mi "si salgo de ésta nadie jamás va a poder pararme; el mundo estará en mis manos!" Cómo deseaba que eso fuera tan cierto como que yo le anhelaba más que nunca. Ella fue el inicio de muchas experiencias, cuando yo me negaba a querer, llegó a mi vida... pero...está con otra persona... no debe afectarme!!! Claro está!! va a ser feliz, si ella es feliz yo soy feliz!!! Pero y quien llenara mi vacío!? Tengo que encontrar la manera de llenar este vacío que me deja...

***

Evitaba tomar esa ruta del metro, porque aunque Nueva York es demasiado grande, corría el riesgo de toparme con él. Había sido todo tan terrible al terminar, que no sabía qué reacciones  tendría mi cuerpo, al verlo. Y preciso, el día en que menos necesitaba verlo, ahí estaba, al otro lado del vagón, mirándome, como si quisiera decirme algo. ¿Será que se anima a  decir esa simple palabra que me haría olvidar todo lo que me hizo?


Me quedo mirándolo a ver si da un paso más. Pero no. Sigue siendo igual de cobarde.

Cuando me di cuenta, ya era hora de bajarme del vagón del metro. Y con el cerrarse de la puerta, morían todas mis esperanzas de que me pidiera perdón y así volver a ser felices.

Y como era de esperarse se quedó en mi mente TODO el día. No hice nada más que recordar todos esos momentos. Recordé cuando lo enfrenté y lo único que recibí de él fue una confirmación de los hechos. Y yo... que lo hubiera perdonado, si solo hubiera utilizado las palabras correctas.

Pero la verdad parece estúpido ¿cómo es posible que pueda olvidar con un par de palabras lindas?   

Si cuando pudimos hacer de estos momentos los mejores, no se le dio la puta gana y aunque la tristeza quiera vencerme siempre tendré una botella de Vodka que me acompañe para tomar fuerzas y decirle que  puede hacer con su vida lo que se le de la puta gana. Aunque la fortaleza me dure mientras el licor está en mis venas. Por lo menos he podido dejar la estupidez a un lado mientras no soy consciente de lo que digo.


¿¿¿Entonces por qué me dio tan duro verlo???

¿¿¿Será que no lo he superado???

¿¿¿Será que hará la tarea de buscarme???

¿¿¿Por qué fui tan estúpido de perderla???

¿¿¿Por qué no la abordé en el metro????

¿¿¿Será que me perdona???

¿¿¿Será que me piensa???

Soy un desastre

Eso debe ser. Que no soporto que no me quiera, que me olvidara; sin embargo, y para mayor dolor es obvio que no lo he superado, me duele el orgullo y la piel, me duelen las noches que perdí y los sueños que se esfumaron vilmente.

Un día tocará la puerta, ¿vendrá por las cosas que olvidó? o será  tan valiente como para admitir que me extraña?

Y ahora ¿qué hago? Mis ganas de sentirme como siempre el único el irresistible me llevó a perder lo único verdadero en mi vida, ella que me daba cada parte de su ser sin importar nada, ella que hizo una fiesta en cada tristeza de mi vida, ilumino mi existencia y ahora estoy como al principio solo pero ya no tengo corazón ella se quedo con él.

Cada parte de mi reclama su ausencia. ¿Será amor? ¿Será costumbre? Simplemente eres tú, la que me comprendía, la que llenaba mi espacio, por qué sigo siendo el mismo imbécil!!! Ella reveló lo mejor de mí y yo sin pensarlo la mando para la mierda, quiero que regrese quiero tenerte junto a mí, ese temido pero anhelado sentimiento está haciendo la peor jugada en mi vida el amor me jodió pero también me revivió.

La pregunta es qué hago: ¿La busco? o ¿simplemente espero?

Capítulo II: Nuestro Pasado

Habían pasado tres años. Pero recuerdo ese primer día como si fuera ayer mismo. Yo estaba en una de esas rumbas donde la demencia colectiva se apoderaba de cada uno de los asistentes. Yo, ‘el putas’ asumía el rol que me correspondía. Ese rol por el que todos me envidiaban. Con mi trago en la mano miraba de un lado a otro, escogiendo la víctima de la noche. Esa, que fuera la más hermosa de la fiesta y que inevitablemente se iría conmigo a mi casa, con la que pasaríamos una, dos o quizá tres noches -si salía buena la presa- y luego era desechada y guardada en el oscuro cajón del olvido.


La encontré. Era ella la de esa noche. La vi en un rincón, charlando entretenidamente con tres de sus amigas. Me dispuse a cruzar por toda la mitad, para que todo el mundo se enterara que ahí iba yo tras la nena de la noche. Pero a la mitad del camino un par de ojos verdes me obligaron a desviarme... Era la criatura más hermosa que había visto en toda mi vida.


-
Hola, le dije con una sonrisa algo estúpida, muy rara en mi

Me miró de arriba a abajo, casi que con desprecio y volteó la cara hacia la pared.
-
Hola!!! Insistí


-
Mira, por qué no escoges a cualquier otra de la fiesta que no sea yo?

- A qué te refieres?

- Lo tengo claro, eres el típico macho alfa, que se regodea sus conquistas de la noche anterior por toda la Universidad... Y si crees que yo voy a ser una integrante más de tu larga lista, pues estás muy equivocado. Yo no estoy para esas cosas

Me dejó pasmado. Con las mismas me di la vuelta y salí por la puerta del lugar, pensando en cómo esa completa desconocida sabía tanto de mí.


Era obvio me conocía muy bien, ¿pero dónde la había visto?, ¿en qué lugar habíamos cruzado las miradas que yo no recordaba su hermoso rostro y sus ojos verdes casi o igual de maravillosos y mágicos que una esmeralda?


Durante toda la noche con mi trago en mano intenté recordar dónde diablos había visto a esa mujer, pero cómo el trago y las pocas neuronas que me quedaban después de una fiesta pesada no ayudaron, no pude jamás recordar las razones por las que esta mujer me conocía tan bien.


Lo patético del asunto es que sus ojos no se salieron de mi mente en varias semanas, logró que recapacitara en lo triste y vacía que era mi vida, pues, mientras mis amigos ya vivían con sus novias, o al menos pasaban fines de semanas con ellas, yo era el típico “macho cabrío” que con todas estaba y que a la final, no tenía a nadie. Además el prototipo de mis conquistas era lo más vacío posible, mujeres que ni siquiera conocían el universo que habitaban, porque para ellas era lo mismo un fisicoculturista que un presidente de la república, y porque lo único que sabían de la economía mundial, era si el fin de semana tendrían dinero para estar en El Salto del Ángel o en el sitio de moda.


Estaba demasiado perdido en esos años de noches furtivas, cuando de repente caminando en la calle con mi Ipod nuevo que me habían regalado, gracias a una de mis tantas relaciones sexuales casuales, escuchando “
You’re beautifull” de James Blunt, como si se tratara de un espejismo, la vi...Volví a ver esos ojos verdes, y esta vez no caminábamos por rumbos distintos, sino que ella venía hacía mi, y yo hacía ella.


Mis piernas temblaban, las manos me sudaban, el corazón estaba latiendo demasiado fuerte, cosa que no hacía constantemente, ella se acercaba cada vez más entre la gente, yo sabía que esta oportunidad no se repetiría, si el destino había jugado hoy, no lo volvería a hacer, de eso estaba seguro; así que me armé de valor y cuándo paso justo a mi lado decidí tomarla del brazo, ella volteó su mirada y tan imponente como la vi en aquella fiesta tiempo atrás, clavó su mirada en mi, retadora y hermosa como si se tratara de una diosa atenea contemporánea.


Sus ojos se clavaron en mí, no me dieron otra opción que soltarla, nos quedamos frente a frente mirándonos, yo tratando de recordar, de pensar, de descubrir como sabía tanto de mi vida. Era un estúpido, cómo no podía dar con la razón por la cual esa mujer tan hermosa no quería darme ni la hora. Ella solo me miraba fijamente con una sonrisa irónica, como tratando de pasarme telepáticamente las razones por las cuales sabia tanto, lanzo un frió Ja!, dio media vuelta y siguió su camino.

Intenté alcanzarla. Caminé hacia ella tan rápido como podía pero mis piernas se sentían pesadas, era como si hubiera algo que no me dejara llegar hasta a ella, hasta que se detuvo, me miro nuevamente a los ojos, tomo mi mano y escribió un numero en ella.

Intenté preguntarle algo, pero no salían las palabras de mi boca, esa mujer tenía el poder de detener todos mis sentidos, ahí estático me quede mientras ella abordo uno de los taxis que pasaba por la calle y así se marchó.

Me fui caminando por las calles mojadas, iba rumbo a mi casa en este extraño país dónde todas las caras para mi eran desconocidas, pero ese hermoso rostro que aún no  lograba identificar me era un poco familiar. Meditabundo y acongojado bajé al subterráneo y esperé a que llegara aquel que me servía, mientras miraba a mi alrededor como buscando alguna respuesta. Preguntándome una y mil veces por qué la única mujer que no me había puesto cuidado en una de las tantas pachangas, era precisamente la mujer que me conocía como si hubiera sido una testigo silenciosa de mi vida.


No podía pensar. Todas las teorías me sonaban ridículas. Hasta que un día recibí una de esas llamadas que nunca esperas.


-
 Hola Churro!! Dijo una voz conocida desde hace años.

- Hola Mónica!

- Veo que conociste a mi prima

- ¿Cuál Prima?, ¿De qué hablas?

- Mira, sé que tu y yo no pudimos ser... y que lloré ríos por ti... Pero ella te vio y también le gustas... Pero te advierto... Donde le hagas daño, te acabo. Ella no te merece, pero no he podido convencerla de eso. Adiós


Y colgó la llamada.

Ya comprendía todo. La conocía de las fotos de su ex, Mónica, y ella sabía tanto de él por ella. Y por lo que logré entrever, no había sido nada benévola  conmigo.


No sabía que pensar, si creer que era solo un sueño y que pronto despertaría, con el corazón latiendo a mil y el sudor frió que siempre me acompaña cuando estoy nervioso, pero no, el destino de nuevo se burlaba de mi y mostraba esa fea cara que siempre he odiado, la cual siempre he querido borrar de mi mente, pero nunca he podido.

Pensé que era la oportunidad de cambiar y de ser mejor persona, así creería que un “Dios” o ese odioso destino se complaciera y me diera sus favores, y así dejar de sufrir, o por lo menos la oportunidad perfecta para hacerme la víctima y pasar sin pena ni gloria.

Todo esto pensaba, mientras por el teléfono escuchaba una voz lejana, conocida pero molesta, a la cual para dar por terminada, solo a tine a decir.

- Créeme, en serio he cambiado, confía en mí.

Ahora solo necesitaba algo para relajar mi mente y  porque no, embrutecerle un poco, podría empezar con una cerveza

Capítulo III: Conspiraciones para un primer Encuentro

Recuerdo cuando nos conocimos. Pobre, lo dejé noqueado con ese discurso que le di, pero sabía que era la única forma de conquistarlo, y vaya que lo logré. Pero me costó. Siempre ha tenido miedo.... Hasta me tocó mandarlo a amenazar con su ex, mi prima Moni, porque él no fue capaz de llamarme.


- Es un bruto, Moni, le acabo de dar mi celular y no me ha llamado!!! ¿Será que no le gusto?
- Mira, no ha hecho más que hablar de ti. Eso me dicen sus amigos. Lo que pasa es que es un huevón. Yo te lo he dicho, tiene cero iniciativa. Por eso le gustan las mujeres fáciles.
- Pero ahora qué más hago?

- Olvidarte de él. Yo ya pasé por ahí. Puede que sea una delicia, divertido, que huela rico... pero es un pelmazo. Eso al primer par de tetas, sale corriendo detrás. Y se las come. A ver cuántos cuernos no llevé yo!!!

- Ay, y dale. Lo que pasa es que tú eras una novia de lo peor! Admítelo, eres insoportable!! Algo dentro de mí me dice que esto puede funcionar.

- Ay niña, porque te adoro y veo que eres más terca que una cabra, me voy a poner del lado de tu corazón y a ayudarte. Pero dejo claro mi punto... ese man no te conviene!!!


Y mi prima linda, luego de a conversación lo llamó, y todas esperábamos que surtiera efecto... Se demoró 3 días en llamarme. Yo ya había perdido toda la esperanza!

Cuando lo hizo su voz se notaba algo nerviosa, digamos que muy nerviosa.

- Andrea? me preguntó cuando muy dulcemente le respondí el celular.

Les confieso que el piso se me movió inmediatamente, no sabía cómo reaccionar, si él en un principio había tenido miedo de acercarse, ahora la nerviosa era yo porque aunque esperaba impaciente su llamada debo admitir que me tomó por sorpresa, cuando menos la esperaba.

- Si? Le respondí haciéndome la que no reconocía la voz, cuando al contrario, llevaba esa voz muy grabada en mi mente - Con quién hablo?

- Hace par de días me anotaste tu número en la mano. Ya me recuerdas?

- Ahhh claro, hola tu - le respondí como si su llamada me fuera indiferente aunque no fuera así.

- Eh eh eh, te llamaba para invitarte a tomar algo y hablar, te parece? - De verdad que estaba muy nervioso, se notaba demasiado y era inevitable no acordarme de mi prima.

- Ummmm, déjame reviso la agenda. (lo hice esperar unos minutos). Listo! Mañana podría ser en el café que queda diagonal a la estación del subterráneo por donde nos encontramos. 4:00 p.m., te parece?

Respondió con un “perfecto”, y yo corrí por la casa emocionada, me tiré en la cama, abracé las almohadas no lo podía creer. Mañana sería la cita y tenerlo “face to face” ya sería otro cuento.


Qué emoción verlo a las 4:00 p.m. Pero como el destino es cochino, y yo soy muy descoordinada, precisamente luego de todos esos días de espera, y de obtener la cita con ese hombre que me fascinaba... me quedé dormida después del almuerzo. Obviamente llegué 45 minutos tarde, corriendo como una loca, rezando para que él no se hubiera ido. Pero no... Ahí estaba sentado frente a un vaso de jugo -no toma café porque le da migraña- esperándome.

Ese día, me enamoré...


Sentí como mi cuerpo se estremecía y mi corazón hacía bum bum bum al mismo paso que una de mis piernas le pedía permiso a la otra para avanzar. Estaba realmente muy nerviosa, lo admito, ver ese rostro perfecto, esa barba y una mirada de lobo feroz que recorría mi cuerpo de arriba abajo, que algún día me desnudaron...

Me faltaba la respiración y estaba como embobada mirando sus labios rojos y lo mucho que quería probarlos cuando algo dentro de mi me dijo: “heyy Andrea reacciona, sé una persona normal”, me sacudí y llegué hasta su mesa, él se puso de pie y sin dejar de mirarme a los ojos dijo gagueando

- “Hola!, pensé que no llegarías”

Con una expresión hostil le dije:

- “Se me había olvidado la cita, disculpa el retraso. ¿Nos sentamos?”

 Me acomodó la silla para que me sentara y cuando se iba a sentar en una maniobra algo traste derramó su jugo sobre mi gabardina nueva - confieso que la compre solo para la cita - me levante rápidamente y me miro con cara de “oh my god la embarre” pero no pude evitar reírme de su cara... el rió conmigo y le dije

-  “Ahora me tendrás que acompañar a mi casa a cambiarme”

Asintió con la cabeza y las mejillas rojas, se levantó y caminamos hacia mi apartamento.

Mientras caminábamos hacia mi casa, en mi mente seguía rebotando, de un lado a otro, la misma pregunta: “¿Andrea, estás loca?”

Mi juego de la indiferente había terminado, no podía seguir fingiendo que él me daba igual y se había dado cuenta, en menos de una primera cita iba a conocer mi hábitat natural y yo me rompía la cabeza pensando cuáles eran sus expectativas, para nadie era un secreto que en su argot una invitación a la casa equivalía a sexo ocasional desenfrenado. Pero llegamos al portón verde - sin intercambiar muchas palabras - y él no demostraba intenciones de pasar:

- ¿Te espero afuera? - Preguntó tímidamente.

- ¿Cómo se te ocurre? - Le dije sorprendida - ¿Te quieres morir de frío?


Hice un ademán con mi mano que lo guiaría hasta mi solitaria sala de estar, no soporté la tentación de alimentar sus pensamientos oscuros y decidí cambiarme tras un biombo japonés que había comprado en un mercado de pulgas y dejaba escurrir la luz.

Ya adentro, no sabía que pensar. Mi inútil existencia en su espacio en su pequeño perfecto mundo y yo sin argumentos para involucrarme en ese mundo, la luz de luna en su rostro me recordó la magia que en la mujer se esconde y solo en algunas ocasiones sale a coquetear con el elegido, que esa noche era YO y sin más que evidenciar me dedique a contemplarla y con miradas cálidas recorría su cuerpo en espera de una ventana por donde entrar y encerrarme en ella y que ella me privara de la libertad de otras mujeres, otros bares y mil noches sin ella.

Quise imaginarme lo que pasaba por su mente en ese momento... y dentro de mi deseaba tanto que pasara algo, pero él nada que actuaba. Por un momento me quedé mirando a lo lejos e imaginándome que él venía hacia mí y me quitaba la toalla lentamente, pero al instante desperté, traté que se diera el momento, con voz inocente grité: ¿podrías pasarme el abrigo que está en el perchero? - él de inmediato lo trajo, asomé mi cabeza por el biombo pero dejé notar mi silueta desnuda tras él, vi como me miró, me dieron ganas de darle un beso, pero el orgullo - como siempre- me aguantó, le dije: gracias ya salgo.

Al instante salí y le ofrecí una taza de café mocca, el asintió con la cabeza y yo me dirigí a la cocina a prepararlo, el se sentó en la barra y mientras me veía exclamó: que hermoso apartamento tienes, sonreí y le dije gracias, comenzamos a hablar, a conocernos, me preguntó sobre mi vida, le conté muchas cosas; sin darnos cuenta se hizo de noche, de repente suena su celular, el lo mira con cara de preocupación y se levanta a responder la llamada, mire la hora 3:00 am, me sorprendí porque no me había dado cuenta en qué momento se hizo de madrugada y sentía curiosidad de saber porque lo llamaban a esa hora, sabía que algo extraño pasaba, colgó el teléfono y me dijo que se tenía que ir...

Capítulo IV: Líos que llevan a un final

Debía irme para no cometer una burrada. Además, en ese instante mi vida real, sin ella, me la estaba cobrando. Salí de su casa, entré a una tienducha y compré un solitario sixpack, yo sabía que iba a necesitar más de una cerveza. Salí del almacén y me senté en una de las sillas del Central Park para ver un atardecer New Yorkino. Mi celular no paraba de repicar, eran los viejos amigos que habían organizado una rumba para ese fin de semana y estaban pendientes que llegara yo, el alma de la fiesta. El que siempre llevaba amigas y más gente para amenizar la pachanga. Pero esta noche no sería así, necesitaba mi soledad. Y con este pensamiento apagué mi celular.

La ciudad sonaba por todas partes, carros, motos, transeúntes dialogando y de repente, no muy lejos de allí sonó un disparo que silenció por unos minutos el eterno ruido de la capital del mundo.

Me levanté de la banca donde medité durante algunos minutos y caminando con la última cerveza en la mano me dirigí hacia mi casa que quedaba a unas calles de allí. En la entrada de mi edificio se aglomeraban  policías, ambulancias, y hasta los bomberos. Algo grave había pasado allí... Entré intrigado al edificio y le pregunté al primer policía con el que me tope ¿Qué había sucedido?...

Esa noche pasó muy rápido y había acordado encontrarme en Canal St. con  Hiroshu, mensajero que trabajaba para la Yakuza japonesa y a quien le había encargado unas pastillas para poder seguir despierto por un par de días más. Los malos negocios me habían llevado al extremo de buscar dinero mal habido, un negocio de armas pero que iban a dejar un buen dinero. Tomé un taxi cerca de Columbus Circle, eran las 3:35 am y el frío era espantoso.

Hiroshu estaba en un auto negro con vidrios polarizados. Golpee a su ventana y vi que estaba acompañado por otra persona a la que no pude identificar. Le dejé un rollo de billetes de 20 y me entregó una bolsa transparente con pastillas. Dijo con su acento oriental: “Colombiano, ya casi está listo el negocio” la otra semana hablamos.

Me emocioné. Era un buen dinero fácil, pero... ¿y si todo salía mal? Ya presentía que no todo iba a ser color rosa para toda la vida

Metí mis manos en el abrigo negro para así evitar el frío. Volví a pensar en ella.

Y entre más la pensaba, lo único que se me venía a la cabeza era que yo “porqué putas había llegado a este estado tan lamentable... encargando pastillas para vender, hacer negocios ¿yo? ¿Un hombre de negocios? eso no me lo cree nadie”  

***

Me quedé pensando en él el resto de la noche... No por la llamada que recibió, sino por todo lo que pude conocer de él. Ya no era simplemente lo que me decía o lo que vi de la relación con mi prima. Ahora realmente estaba conociendo ese otro lado, ese que pensaba que podía no solo volverme loca de amor, sino en pensar que  él si podía ser ese hombre, ahora si sabía que no estaba equivocada.

Pasaron dos días, y no tuve noticias de él. Se me vinieron miles de interrogantes

¿Será que no fue tan especial para él nuestra primera cita?

¿Realmente no le gustaba lo suficiente???..... Hasta que sonó el celular, miré la pantalla... y vaya sorpresa....


Me llamó y fue ahí como todo realmente comenzó.


Pasaron los meses y los dos estábamos en una relación perfecta. Yo lo amaba. Pero a veces me daba la impresión que estábamos en esa situación jodida en la que uno ama más que el otro. Y por ahí comenzó a reventarse todo...


Me di cuenta de que por más cómo que era todo para él, yo quería cada vez, y él estaba como parado en el mismo punto. Yo no entendía y no hablaba con nadie que me pudiera ayudar a comprenderlo.

Y analizando, siguiendo pistas, fue cuando me di cuenta, de que por más maravilloso que había sido nuestro tiempo juntos, él necesitaba más, y no precisamente de mi.  Me enteré por esas casualidades ridículas, que tenía otra relación. No con alguien. Bueno, no salía, solo que sus negocios sucios comenzaron a hacer desastres entro nosotros. Todo comenzó en el que yo comencé a pedirle más... A reclamarle que me demostrara más... Y comencé a culparme.

- ¿
Es mi culpa?

- No, no es tu culpa, simplemente que no pudo seguir ocultando quién realmente era
- Pero pasó mucho tiempo y era perfecto

- Era!!! es que el que es no deja de ser y ese man no sabe querer, solo sabe utilizar. Es un perro.


***

Mi vida en Nueva York había decidido acabar conmigo, o yo había decidido acabar con ella (...y con Ella), no lo sé. Tanto tiempo de bar en bar no sólo me había obligado a buscar formas más rápidas de hacerme a una cantidad aceptable de dinero, también me había enseñado a diferenciar a aquellos que sabían cómo hacerlo. Hiroshu era un tipo totalmente opuesto a mí, solías encontrarlo sentado en las barras bebiendo tragos cortos y de espaldas hacia la multitud, con sus rasgos toscos y chaqueta oscura, uno podía imaginar un par de historias descabelladas.

Al principio no pasé de ser otro de sus clientes, pero en un día de poca liquidez decidí ofrecerme como socio a cambio de provisiones... No fue fácil ganar su confianza, trabajando con los Yakuza los errores se pagan con la vida y nadie quiere a un novato en su equipo; pero mi maña con la gente y bajo perfil me hicieron ideal para ciertos trabajos. Esta pequeña misión era la prueba final, sólo así podría conocer a Kiyoshi Takayama, uno de los peces gordos del clan Yamaguchi-gumi, quién coordinaba las operaciones en gringolandia y podría soltarme negocios más jugosos.


Sólo tenía que lograr sacar unas armas con registros falsos, ideales para asesinos a destajo, que quieren permanecer sin huella. Yo me había encargado de hacer contactos con Joe, un policía de poca monta, pero con mucha ambición... Él era mi mano derecha para conseguir todo tipo de recursos, incluso drogas decomisadas e informes reveladores. Sabía que todo saldría bien con las armas - era pan comido -, sino fuera porque Joe había dejado de responder su teléfono.

Yo me había convertido en la persona más ambiciosa y soberbia. Cuando dejé de tenerla a ella y cuando se alejo de mi por completo. Pasé a representar lo que ella más detestaba. Sentía que ella me advertía en cada peligro, en cada cosa hacía... Sentía que ella estaba ahí... La sentía tan cerca como en nuestra primera noche juntos como cuando la tuve por fin en mis brazos y fue tan mía... La recorrí completamente; no era rebeldía, era por eso que yo me arriesgaba y me enfrentaba al peligro, mi cobardía había desaparecido nada más porque ella se lo había llevado todo.

Joe no contestó a mis llamadas, eso me preocupaba más de lo necesario, sabía que él desaparecía con frecuencia pero no durante tanto tiempo y mis “jefes” estaban cada vez más afanados por su “encargo” y yo por volverla a sentir a ella mientras la adrenalina me recorría cada centímetro del cuerpo.

Capítulo V: Tratando de recuperar

- Andrea, solo quería decirte que lo lamento....te extraño - Luego se escuchaba un simple bip anunciando que el mensaje había terminado.


Andrea sintió emoción de escuchar nuevamente su voz, de saberlo existente, hace varios meses que no hablaban, luego de aquella noche, ella había decidido desaparecer de su vida, tratar de olvidar la infidelidad, el ¨fin¨ del amor; sin embargo aun lo amaba, y tenía la certeza que el también la seguía amando a ella, pero parecía que el destino se oponía a que las cosas estuvieran bien, además según sus amigos comunes, él se estaba metiendo en terrenos peligrosos - ¨t
odo por la maldita ambición, cuando entenderá que a veces no se trata de dinero¨ - pensaba ella, mientras se hacia la desentendida ante los comentarios que más parecían mal intencionados que informativos.


Decidió que aquella noche lo buscaría, finalmente si en realidad se amaban como un día lo habían creído todo iba a salir bien. Y pensar que todo se debía a un encuentro fugaz en el metro.

Andrea esperó con ansias que se hiciera de noche, fue un día eterno para ella. Por fin la noche llegó y se dirigió al encuentro que durante tantos meses había imaginado pero que nunca había sido capaz de llevar a cabo... Pero cometió un grave error, no le aviso que iría a hablar con él, no tenía ni idea con lo que se iba a encontrar.

Llegó hasta el edificio, cuando iba a tocar el timbre recordó que aún conservaba la copia de las llaves de la puerta de entrada, así que la usó, abrió la puerta y comenzó a subir las escaleras mientras pensaba en que reacción tendría él. Tenía sentimientos encontrados, estaba emocionada porque lo volvería a ver pero al mismo tiempo sentía miedo por lo que fuera a encontrar en ese momento y a veces un poco de rabia porque no pudo aguantarse las ganas de buscarlo.

Cuando reaccionó ya estaba en frente de la puerta del apartamento el 3B. Aun la puerta tenía aquel stiker que un día molestando colocaron y que decía:

“Esta casa es de twitteros no aceptamos ninguna otra red social así que no insista, gracias”.

 Sonrió un poco porque se paso la imagen de ese maravilloso día por su mente, de uno de esos días perfectos, se llenó de valor y toco el timbre, no quiso usar su llave, sintió pasos, su corazón se aceleró, la puerta se abría lentamente con el mismo chillido que siempre había tenido, era él, no lo podía creer, su piel se puso de gallina y dijo: ¡Hola! 

Él la miró con cara de sorpresa y no sabía qué responder así que ella le preguntó si podía pasar. Él sin decir una palabra asintió y ella pasó... al estar en la sala el continuaba sin decir una palabra, se notaba que estaba nervioso y en ese preciso momento una delicada voz salió del cuarto y en ese instante el corazón de Andrea se partió en mil pedazos.

Era una mujer asiática que le habían enviado sus “jefes”, Alta y con un cuerpazo increíble. Ella se quería morir. Me dijo: “veo que estás ocupado”: La miré y le dije “No es lo que estás pensando.” Y luego pensé, esta frase realmente es muy reforzada, no me va a creer y antes que pudiera reaccionar a la frase le dije: “Mira ella es de los asiáticos con los que trabajo, yo acabo de llegar y la encontré acá... No ha pasado nada”.

Mirando mis ojos quería encontrar la verdad, yo sé que mis palabras no fueron las más convincentes pero algo dentro de ella la hizo creer. Me miró con cara de incriminación y me dijo: “¿Cuándo te vas a salir de ese negocio? Tú sabes que es peligroso y mira, ahora quieren seguir acabando tu reputación frente a mi”. Ya entiendo que yo siempre les he incomodado” Y así era, Kiyoshi Takayama me había mandado a decir que con ella a rondando mi vida era muy difícil y que si tenía que escoger entre mi trabajo y mi “relación” el preferiría desaparecerla. Y a pesar de los meses pasados desde la ruptura, las cosas no habían cambiado.

Quizás ese había sido el motivo con mayor peso para no buscarla durante estos meses, pero ahora que la tenía allí, frente a mí, con sus ojos pardos y su cabello negro con olor a manzanas, no podía apartarme de nuevo, tenía que buscar una salida a la situación, una salida que no pusiera en riesgo la vida de ninguno de los dos, pero ¿qué podría hacer?, salirme de la mafia no era algo factible, y mucho menos seguir en ella con Andrea a mi lado ¨mierda, ¡ahora que hago?´

Capítulo VI: Todo huele a Fracaso

Esa noche lo único que pude medio explicarle fue que necesitábamos seguir alejados porque “Shinku” - la mujer asiática sexy – tenía el deber de vigilar todo lo que hacía durante el día, y su principal objetivo era separarme de ella. Y con este incidente quedaba claro que lo había muy bien, porque solo el encuentro lejano del metro sirvió para que ella volviera con la advertencia de “Recuerda que no puedes estar con ella, ni con nadie. Creí que lo tenías claro”.

Andrea solo me miró con esos ojos, esos con los que solo ella sabe mirarme y que me dicen “eres un tarado, vas a terminar mal”. Una lágrima gigante corrió por su mejilla y me dijo con la voz quebrada, “fue un error haber venido”. Se levantó, caminó hacia la puerta, me dio una última mirada y se fue –de nuevo de mi vida, supuse-. No fui capaz de detenerla, era lo mejor para ella, ya yo estaba metido hasta el cuello en esto y no sabía cómo salirme. Donde quiera que estuviera ellos me iban a encontrar… Esa noche llegue a la conclusión de que debía hacer algo... Mi ambición había ido demasiado lejos...

Lo que nunca llegue a imaginar, es que mi ambición desmesurada traería terribles consecuencias en mi vida, y en la vida de Andrea; quien sin querer había llegado a mi apartamento en el momento menos indicado, sin siquiera sospechar que esa noche el destino jugaría con nosotros.

Pasada una hora después del altercado con Andrea, “Shinku” recibe una llamada, donde nos detallaban el lugar y la hora de la reunión con Kiyoshi Takayama, el pez gordo que tanto anhelaba conocer. Sin embargo algo en mi corazón me advertía del peligro que corría, y  no podía apartar de mi mente la cara de Andrea al despedirse esa noche. Así que decidí llamarla, el teléfono repico varias veces y entro a correo de voz, le deje un mensaje de despedida, hablándole de lo mucho que la amaba y que era mejor separarme de ella para no hacerle daño.

Siempre es el amor el que manda. Yo sentía cierta angustia, pues no sabía nada de ella y me angustiaba más pensar que podría haber pasado después de nuestra conversación. Yo sentía que necesitaba tenerla de nuevo pero que estaba tan lejos como no me imaginaba siquiera.

Mi soberbia, mi altanería, mi orgullo y resentimiento me llevaron a dejarla ir, era mi culpa... sólo mía... sentía un nudo en mi alma! una atadura que no me permitía pensar en lo más mínimo. Y mientras Kiyoshi me hablaba de las estrategias que podíamos tomar para los negocios yo solo pensaba en que Andrea no estaba del todo bien como yo esperaba... al fin y al cabo, no había nadie más en mi vida que ella.

Apenas pude escapé del hueco en el que me encontraba con mis “jefes”, ellos me advirtieron que no la buscara lo que me motivo y por mi suma curiosidad amorosa solo insistí en verla. Lo que yo no sabía realmente es que me iba a llevar la sorpresa más desagradable y que iba a cambiar por completo mi vida.

Capítulo VII: El precio de un sueño

Le marqué al celular, replicó y replicó. Comencé a preocuparme, ella no era de las personas que no respondía el celular, pero en estos momentos todo era posible. Me dirigí a su casa, aunque sabía que me estaban siguiendo los hombres del “Big Boss”, antes de llegar a mi destino tenía que perderlos. Entré a un Mall que quedaba en el camino, era el sitio perfecto, mucha gente, muchos espacios y varios recovecos en los que podría perderlos y esconderme.

Finalmente y luego de varios minutos volteando en el centro comercial los perdí. Eran sujetos armados pero tan torpes como ellos solos.

Apuradamente llegué a la casa de Andrea, timbré y timbré desde el primer piso para que me abriera la puerta del edificio. Nunca respondió. Un vecino casualmente salió y pude entrar, llegué a la puerta de su apartamento y vi que estaba forzada. Entré y la busqué en cada uno de los cuartos, nunca la encontré. “¿Jueputa, dónde puede estár?” Volví a insistirle al celular y nada. Realmente estaba preocupado, ¿y ahora?

Esperé por unos minutos y en ese preciso momento en el que ya iba a tomar la decisión de salir sonó el teléfono fijo, dejé que sonara la contestadora  y poder oír  de pronto alguna pista de Andrea. Sonó el Bip y al otro lado de la línea alguien dijo “Andrea, tus tiquetes para volver a Colombia los puedes recoger en una hora en el aeropuerto para entrar de una vez. Llámame que estoy pendiente de tu llegada” y se oyó cuando colgó esa mujer.

Tomé un taxi hacia el John  F. Kennedy, no era muy lejos y era posible que estuviera ya llegando allá. Corrí de la puerta a la entrada de pasajeros a migración. Realmente corrí. Miraba por todas partes buscándola, pero ninguno de esos rostros se parecía a ella. Me repetía “Dónde estás? Dónde estás? Dónde estás?” llegué a la puerta de migración y miré hacia adentro, no, nada…

Tenía que tomar una decisión, era el amor de mi vida y debía remediar mis errores, en New York no tenía nada y luego de terminar mis estudios me volví en un paria que vendía droga. No tenía nada más que los problemas que esto conllevaba, debía deshacer mis errores… Pensé, no paré de pensar. Daba vueltas de un lado para el otro, “¿Qué puedo hacer?”

Luego y como en un mal sueño simplemente reaccioné, me desperté y estaba dentro de un avión también de vuelta a mi país. Había dejado toda una vida de errores y ahora iba en busca de una mujer que había cambiado mi vida. Había dejado todo botado en New York.

Las horas del vuelo se me hicieron eternas. No podía volver a dormir, pensando en cómo recuperar a Andrea. Pero en el fondo sentía la tranquilidad de que me había podido zafar de ese destino nefasto que había tejido yo solo por cuenta de la ambición.

Aterrizamos. Por la ventana veía Bogotá, nublada, tal cual como el día en que la había dejado. –me bajé en un afán. Había podido organizar un plan: me bajaba del avión, agarraba in taxi y me iría a la casa de los padres de Andrea, donde debía encontrarse.

En tierra firme, comencé a sudar frío. Tenía un mal presentimiento. Entregué como si nada el pasaporte en inmigración y comenzaron a hacerme las preguntas de rigor. ¿A qué viene? ¿Por cuánto tiempo? ¿Por qué no había venido nunca en tantos años? ¿De donde obtuvo su dinero? Contesté lo estrictamente necesario. Realmente tenía afán, pero no podía mostrarme sospechoso.

El señor del DAS comenzó a hacer cara de preocupación. “Espéreme un instante”, me dijo y fue en ese momento cuando realmente me preocupé. Se demoró unos cinco minutos y regresó con tres policías, quienes me leyeron mis derechos, me esposaron y me llevaron a una pequeña sala de interrogatorios. Sin analizar mucho entendí que las horas de vuelo le dieron suficiente tiempo a la Yakuza para denunciarme ante las autoridades.

***

Y  en otras noticias, esta noche fue capturado en el aeropuerto internacional El Dorado, un peligroso narcotraficante de la facción norteamericana de la temida Yakuza Japonesa. Camilo Almanza, colombiano de nacimiento, manejaba como fachada el ser estudiante de la Universidad de Nueva York. Las autoridades presumen que pretendía huir de la organización, quienes en venganza entregaron información a la Interpol, para que fuera capturado a su llegada a Colombia. Almanza será extraditado a los Estados Unidos esta misma noche.

Apagué el televisor y sentí un vació en el corazón y dolor en el estómago. Si tan solo me hubiera escuchado. 

FIN