En la Francia de mediados del siglo XIX aparecen los principios estéticos del realismo.

Este movimiento literario está muy vinculado al auge de la burguesía y al positivismo, corriente filosófica para la que no existe otra realidad aparte de los hechos perceptibles ni otra investigación que la empírica. La observación y la experimentación son sus instrumentos básicos.

También tuvieron influencia en este movimiento literario el darwinismo y el marxismo.

Todas estas ideas alcanzan su máximo desarrollo en el Naturalismo, corriente literaria del último tercio del siglo XIX cuyo principal representante fue Émile Zola.

Al final del siglo XIX la estética realista entra en crisis y se desarrolla por Europa diversos movimientos que buscan nuevos caminos: el impresionismo, el simbolismo, el espiritualismo, el decadentismo, el modernismo etc. Y con ellos se entra ya en el siglo XX.

La llegada del realismo a España es tardío, ya que las circunstancias socio-históricas que pudieran propiciar el desarrollo de esta corriente literaria sólo se dan a  partir de la revolución del 68. Es por ello lógico que el auge de la escritura realista se produzca a partir de los años 70. Hasta entonces, lo que predominó fue un vago romanticismo cada vez más tópico y repetitivo.

Si el Realismo llegó con bastante retraso a España, el Naturalismo fue conocido muy pronto. Sin embargo, su penetración en nuestra literatura fue dificultosa ya que la mentalidad española era muy distinta a la francesa.  

El Naturalismo español aprovecha algunos recursos narrativos y el interés por los ambientes míseros y degradados del Naturalismo francés, pero no acepta que la literatura se convierta en una ciencia.