“ES HIELO ABRASADOR, ES UN FUEGO HELADO…”

“Transcripción de la grabación de voz del investigador nº 32.364-WK. Miércoles 23 de agosto de 2128. Entre los restos de la penitenciaría de A Lama, Pontevedra, analizados según el procedimiento habitual (código 233-C), hallamos material encarpetado, folios con poemas escritos y unos pendrives que contenían información sujeta a investigación. Revisado el estado de la lengua en esa época (datan de agosto de 2010 según informes del prestigioso gabinete de estudios filológicos consultado), no hay duda de que fue redactado por un individuo adulto de entre 28 y 46 años de edad, con estudios relacionados con letras y con una clara fijación psicópata con el fuego y el alcohol (habla de borracheras, noches…). Se deduce de todo esto que se pueda tratar de uno de los pirómanos arrestados en ese año (habla de llamas y bosques, se dirige a la naturaleza…), año en el que aún no se castigaba con la pena capital tales fechorías (tristemente frecuentísimas en esas fechas). Quizá sea comunista (menciona rebaños…). Hay datos que apuntan a una relación incestuosa con la madre (quizá la denominación “MUSA” se refiera a ella), otros que apuntan a un posible caso de zoofilia (quizá “PANDORA” es el nombre de una gata, cabra, oveja o perra que pudiera estar molestándolo en el momento de escribir) – nada raro en los ambientes rurales con pocas mujeres – e incluso se podría rastrear algo de abusos sexuales (extrañas referencias a la muerte, al vacío existencial…). Habría que abrir un expediente nuevo en cada uno de los ámbitos antes mencionados, aunque se trata de suposiciones. Pasamos a transcribir en un anexo el contenido de los poemas, que poseen el irreverente título: SONETOS DE LOCURA.  Sin nada más que añadir, cierro esta grabación y tramitaré los documentos necesarios para continuar con el estudio de este sujeto.”

Anexo: SONETOS DE LOCURA

I

Se empujan unas a otras las palabras

pisándose las bocas y los brazos,

embadurnándose con barro lazos

que creía yermos. La caja no abras,

Pandora crüel, déjame seguir,

no impidas a este loco decir cosas

que igual ofenden, pesan como losas,

mas nadie me acusará de mentir.

Pandora, triste, vete a jugar sola,

olvida aquí al poeta herido, esquivo,

vengan a mí las noches calurosas,

dejando lejos al reciente olivo

en que cuelgan, cual Judas, muy hermosas,

las brevas de mi mar sin caracola.

II

Al fin abandonado por mi orgullo,

que mucho daño causa sin cuidado,

me siento por tus besos resguardado,

hermosa Musa, a quien hoy murmullo.

Abrazo con ternura tus palabras,

que invento interpretándote, lejana,

pues solo me visitas de mañana

y soy búho, amigo de abracadabras.

Ya he visto desnudarse a Cenicienta,

las piernas de Rapunzel son amigas,

los senos de la Bella he mordisqueado;

ninguna de ellas, tristes, te impacienta,

el tiempo a ti te ama; a ellas, migas

hizo por cambiar siempre su estado.

III

Estando yo de lunas hasta arriba,

secando fuentes, abrazando luces,

vi caerse no muy lejos, ¡y de bruces!,

a un conocido que conmigo no iba.

-“¿Qué ocurre, amigo, vas a hacerte daño?

- ¡Qué va! – me dijo -, ahí por fin descanso,

pues vengo malherido de un frío manso

que casi mata a todo mi rebaño.

- No sabía yo que fueras pastor.

- Tampoco yo lo quise así decir,

lo que es tener amigos que se mecen

siguiendo el son del río que abastecen

mientras las voces se ahogan, qué dolor,

y uno que escapa no quiere vivir.”

IV

Desconcertado estuve dando vueltas

a las palabras antes referidas,

y no hallando la luz en mis heridas

pedí ayuda a un chino: “- Able las pueltas

que aún no quiso celal tu flágil mente.

- Gracias, amigo, sigo tus consejos,

y aunque con ellos sé que no iré lejos

sabré agradecerte este presente.

Las lunas que llenaron mi bodega

secaron la de otros, ¡qué trasvase!,

y no quise filosofar de nuevo

teniendo en cuenta la hora, ¡qué desfase!,

¿por qué buscar el alfa y el omega

si lo único que tengo es lo que bebo?

V

Volví a esperarte ayer, en verso y prosa,

tus dulces sombras tapan mis virtudes,

como en las cimas blancas, tus aludes

de nieve espesa y negra, ¡qué hermosa!,

me asustan, temo no dormir contigo,

me entierran, llenan con vacío el sonido,

me envuelven, un adiós desconocido,

me asustan, temo ser sólo un amigo.

Las llamas verdes cubren las montañas,

hermosas arboledas seductoras,

las águilas bucean cazando sombras

peludas, piezas libres, todo entrañas

al tacto de unas garras destructoras,

abrazo de polluelos, ¡cómo asombras!

VI

Naturaleza hermosa, dame un beso,

buscando entre tus hijos las guirnaldas,

como el Don Juan, siempre perdido en faldas,

con las que se corona el bien del preso.

Naturaleza dulce, guiña un ojo

 a aquel que en ti halló un amor maldito,

que abandonó su vida con un grito

besando el suelo muerto, un rastrojo.

Naturaleza cruel, dame un abrazo

en el que tu ira se ablande en ternura,

llenando mi desierto de espesura,

bebiendo en mis fuentes de dolor,

amarga puntería del cazador,

terrible don envuelto sin tu lazo.

VII

Lejos de todo papel, de todo archivo, de todo hallazgo, una verdad vuela entre los restos del centro penitenciario recientemente reducido a escombros. Una idea que algún día alguien (o algo) abrazó en su interior, pero que nunca compartió con nadie. Cuando eso ocurre, cuando no podemos contar un secreto antes de que el brazo de la muerte nos empuje, entonces esa idea queda flotando para siempre en nuestro lecho de muerte.

Escribo estos sonetos abrazando la idea de morir por un amor que abrasa la carne al no satisfacer el deseo que provoca.

Escribo estos sonetos deseando haber sido mejor persona de lo que me fue posible, aceptando mi condena por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, y – por qué no admitirlo – por amar tanto aquello que tanto odio produce.

Tú, mi queridísima Pandora, pequeña gatita adoptada entre las calles que se nutren de vuestras patitas, de vuestras miradas, de vuestros maullidos, sabes que realmente no soy tan malo. Lo sabes.

Y tú, querida Musa, tú que me has alumbrado tantas y tantas noches de soledad, sabes que realmente soy humano.

Los humanos nos equivocamos, pero no por ello debemos ser anulados. Yo, sin embargo, siempre quise fundirme en tu danza, en tus destellos, en tu sonrisa lasciva. Mis mejillas se encienden con tu sabor arrogante, con tu frío adiós, con tu refrescante bienvenida.

Yo quizá no soy tan humano después de todo.

Amo a Heráclito y su visión apasionada del mundo, del tiempo, de todo.

Soy la cerilla que inicia el ballet, el aplauso inicial que acompaña al artista dándole un voto de confianza antes de demostrar lo que vale.

Soy las brasas moribundas pero burbujeantes a la espera de un hálito que nos dé vida de nuevo.

Soy el humo que llena los pulmones de la tierra, el aire embravecido que se niega a empujar las velas de tu barco pero que sí se presta a derribar tu torre de naipes.

Soy el deseo insatisfecho, la necesidad llena de sí misma.

No soy un preso convencional.

No seré un muerto más, seré la Muerte.