Imaginarios colectivos: el caso de México en el Campeonato Mundial de Fútbol.

1.- Preveniédonos.

Tocar el tema de los imaginarios en sociología requiere de una definición precisa y concreta sobre lo que habremos de entender por dicho concepto; el imaginario hace referencia a la experiencia propia de los individuos miembros de una colectividad y los hace indagar en sus recuerdos para explicar su experiencia en base a un tema específico. Utilizar los imaginarios también es admitir una subjetividad intrínseca al hecho o evento que en cuestión se busca esclarecer, como los hechos suelen ser modificados y revaluados (o devaluados) con el paso del tiempo, el imaginario en torno a él también cambiará. Hay que ser cautelosos con este concepto.

Si nos apegáramos fielmente a los “valores” que todo científico debe priorizar en sus investigaciones, debemos advertir que en sociología y prácticamente en todas las ciencias es un tanto imposible poder analizar y desglozar a profundidad un tema con tan poco tiempo para hacerlo. En nuestro caso el simple hecho de proponer el concepto de imaginario como base en nuestra investigación conlleva después a elegir un método que nos permita analizarlo e interpretarlo para después elegir nuestro universo de estudio; en el caso al que nos referiremos en este trabajo para estudiar el imaginario de México (un país completo) en los campeonatos mundiales de fútbol sería necesario llevar a cabo la investigación de forma longitudinal para poder ser más precisos con nuestros análisis y resultados. Aunque claro, lo anterior llevaría tiempo y recursos.

Sin embargo, teniendo en cuenta la naturaleza de este ejercicio, aclaramos que este artículo es fruto de un ejercicio teórico y reflexivo por parte del autor el cual se basa en una metodología tan simple (lecturas, reflexión y un poco de imaginarios) que no requiere de mucha precisión. Aclaramos también que aunque haremos referencia a una colectividad (los seguidores del fútbol en México) y a todo un país (México), no quiere decir también que todo el país sea participe de ese fenómeno. También aclaramos que por cuestiones de logística y tiempo este artículo bien puede entenderse como una crónica que bien puede ser parte de un diario de campo, algo parecido a lo que Fernández (2009) hace en su trabajo sobre los imaginarios turísticos de consumo histórico.

Así pues, a continuación pasaremos a definir lo que en esta entrega entenderemos como imaginario y después pasaremos a tratar de integrarlo a nuestro análisis sobre la colectividad mexicana que, teniendo como punto de partida la Selección Nacional de fútbol y los Campeonatos Mundiales de Fútbol cada cuatro años pareciera resurgir en nuestro país el sentimiento de mexicanidad expresado en elementos materiales característicos de la cultura mexicana (que se acentúan en las justas mundialistas) haciendo gala de una singularidad que en ocasiones tiende a ser bastante universal  cayendo en sus extremos en estereotipos un tanto incongruentes (véase el concepto de universal singular de Ferrarotti).

2.- “Jugaron como nunca, perdieron como siempre”.

Siguiendo la definición que Enríquez (2009) cita de Hiernaux (2002), entenderemos los imaginarios como “el conjunto de creencias, imágenes y valoraciones que se definen en torno a una actividad, un espacio, un periodo o una persona (o sociedad) en un momento dado. La representación que el imaginario elabora de un proceso, es construida a través de imágenes, reales o poéticas (inmersas en el campo de la fantasía). Variable y distendido el imaginario es una construcción social (al mismo tiempo que individual y colectiva) en permanente remodelación. El imaginario ofrece una construcción cambiante, tejida en parte a partir de las interpretaciones fantasiosas que expresa el individuo sobre el tema imaginado” (Enríquez, 2009 citado de Hiernaux, 2002: 8).

Contextualicemos a México dentro de un imaginario que para nosotros y para muchas otras personas resultaría congruente: México es eliminado en 8vos de final, “perdimos” en la cancha porque no se hizo X cambio y porque las que “tuvimos” las “fallamos”, pero no importa la afición una vez más se comportó a la altura viajando miles de kilometros para ver a “su” selección. Comienzan las eliminatorias mundialistas para el siguiente mundial, México empieza ganando sus juegos pero a mitad comienza a decaer el juego y la creatividad causando derrotas estrepitosas y poniendo a México al borde de la no calificación al mundial: hay cambio de Director Técnico. Se termina clasificando al mundial y se comienza con problemas en la primera ronda para pasar a la segunda jugando muy bien y ser devueltos a casa en 8vos de final, de nuevo, “jugando como nunca”. A cuatro años vuelve a quedar el famoso “quinto partido” que no llega desde el mundial de México 86, amén de los “malditos penales”.

Podemos advertir que ese camino ha sido el recorrido por México en materia futbolística los últimos 20 años. Cada final de la participación mundialista para México advierte un sabor poco dulce para los aficionados tricolores. Más sin embargo éstos últimos no dejan de apoyar en ningún momento a su representativo nacional. Si el papel que se espera de la selección nacional depende de los papeles hechos en experiencias anteriores, el rol del aficionado mexicano para nada dista de quedarse relegado. Acá nos detendremos un poco en elementos materiales propios de la cultura mexicana que son fácilmente identificables y etnografiables (siguiendo un enfoque antropológico).

Los sombreros de charro, el zarape, las máscaras de luchadores, los penachos aztecas, los mariachis, el tequila y hasta imágenes religiosas como la virgencita  aparecen en las tribunas de los estadios y a lo largo de las transmisiones televisivas que son a nivel internacional. Paradójicamente pareciera que son los únicos lugares en el mundo en que el mexicano pueda usar tal vestuario sin preocuparse del “qué dirá” la otredad o de lo rídiculo que (el mexicano) piense que se pueda ver. No importa si no te gusta la lucha libre, si no eres católico, abstemio o no sabes nada del antiguo impero mexica. El mensaje emitido es “soy mexicano y estoy feliz y extasiado de portar esto que traigo”. Siendo así, el mexicano es orgulloso de su cultura, de nuevo. En este tipo de eventos el sentimiento nacionalista se refuerza, la identidad se homogeniza con el grupo de iguales (compatriotas) y la patria se defiende con porras, cánticos y emociones, las cuales forman parte importante del ritual deportivo.

Todo ese folklor tiene un peso específico cuando se trata de un mundial de fútbol. A miles de km del territorio nacional, los mexicanos surgen por diversas partes del mundo siguiendo a “su” selección. Oírlos entonar el himno nacional mexicano se torna en ocasiones conmovedor. Esa emoción todavía se agudiza cuando aparece el “Cielito Lindo” en las tribunas internacionales, un cántico reconocido internacionalmente como característico de la cultura mexicana y el cual pareciera unificar los estadios del mundo en una sola voz, un sólo país. El consumo emocional en este tipo de eventos se ejerce y está muy ligado al sentimiento nacionalista, por obvias razones. Nos atrevemos a decir que es la parte intrínseca y medular de una experiencia de tal envergadura. Lo sugerimos como una hipótesis también que bien puede ser utilizada para futuras investigaciones.

Señala Dunning (2003) que hay una “importancia social y psicológica de las emociones en el deporte y las actividades de ocio (...) las identidades personales y colectivas son más importantes en el deporte que en ninguna otra actividad de ocio”. (Dunning, 2003: 34). El consumo emocional por parte del espectador está implícitamente ligado a los eventos de masas. Más cuando, como señala Dunning, un representativo nacional está de por medio.  Al espectador no le interesa saber qué es un media punta, un carrilero, el diez, qué tiene que hacer tal jugador cuando no tiene el balón, la táctica del equipo cuando ataca y cuando defiende, qué es un 4-4-2, una línea de 5 con tres centrales, dos carrileros, dos contensiones y tres delanteros, la defensa escalonada, etc.

El aficionado querrá ver que gané su país en el cual ha depositado sus esperanzas y espera que el representativo le responda. La representación de un país por parte de 11 jugadores es capaz de paralizarlo. La expectación que es generada en la atmósfera anterior a un encuentro de fútbol, que en el caso mexicano se ve reforzado el imaginario gracias a las dos grandes cadenas televisivas y a su avasallante publicidad, se vuelven gritos, brincos, mentadas, pretextos para la conglomeración de personas, etc. Es todo un clamor general. Respecto al tema todos opinan y suponen:

“creo que la selección mexicana sí resulta un reflejo del país que somos: llena de talento, de genialidad, de gente espectacularmente brillante y entregada, que simplemente no encuentra un contexto sólido, justo, honesto y transparente a nivel institucional y a nivel gubernamental, para llegar mucho más lejos de lo que ha llegado hasta hoy.” (Villa, 2010).

Esas espectativas e imágenes proyectadas por los individuos o por toda una colectividad (imaginarios) también puede ser manipulada a convenciencia (Álvarez y Peñuela, 2002) en función de intereses que poco o nada tienen que ver más con un espectáculo en torno al deporte y que no benefician en nada dicho campo, en este caso el fútbol. Hechos a los cuales pareciera ajeno el aficionado común y corriente. Y aquí nos referimos como lo hicimos en el párrafo anterior al duopolio televisivo que para algunos medios disidentes tiene secuestrada la selección nacional, a la cual “infla” de más ante la población, fortaleciendo un imaginario que no es acorde con su realidad futbolística. Véase esta entrevista a un conocido periodista deportivo, retomada de la revista proceso, hecha añós atrás. Al respecto, un tentativo fracaso de la selección nacional repercutiría en los bolsillos de las televisoras pero a su vez podría afectar enormemente a la colectividad:

“No pasar a la siguiente fase sería una tragedia, no sólo para el duopolio televisivo (que además tendría tiempo para reponerse de las pérdidas), sino sobre todo para la multitudinaria afición mexicana (...) En un país muy violento (Sudáfrica) los diarios se esfuerzan por dar en sus portadas menos sangre y más fiesta. Es un mes de mundial. Es un mes de fiesta. Esa afición como casi todo el país, vive en un estado de zozobra permanente. El fútbol, llamado por los fundamentalistas “opio del pueblo”, no deja de ser una esperanza pasajera para millones de mexicanos. La eliminación del Tri sería un mazazo más sobre una sociedad que cada vez tiene menos que festejar” (La Jornada, 2010).

“Jugaron como nunca y perdieron como siempre” puede ser una frase también ya incrustada en el imaginario colectivo mexicano. Pero nadie quita el gusto por ver un partido de fútbol y por ver a 11 pares de botas desgastarse físicamente por un orgullo tanto personal como patriótico. Al fin y al cabo los ídolos creados por el pueblo son capaces de retribuirles a éstos lo que sus gobernantes, jefes, familiares, hijos, padres y hasta dioses, no pueden hacer en determinados momentos.

3.- De lejesitos.

Así se nutren los imaginarios de todo un país. Pero siempre habrá espacio para la crítica: como dijeran los fabulosos cadilacs, “quinto centenario, nada que festejar”. En este bicentenario de la independencia de México aparece con un clima social bastante maquiavelico y mucho más sangriento que el de la revolución de 1910. Se percibe un estira y afloja entre un clima de inseguridad, violaciones a los derechos humanos, asesinatos y desapariciones. La ciencia en nuestro país trata de aplicarse para saber “quién mató a quién” en lugar de ser apoyada por el estado a nivel nacional. La ciencia y en este caso la sociología puede decir cosas que hieran los sentimientos patriotas y triunfalistas de un gobierno que por más que trate de aprovechar cualquier hecho o evento para aparecer triunfante en el imaginario colectivo nacional e internacional, sigue apareciendo off side a la realidad. (La Jornada, 2010).

Hemos mencionado sólo unos pocos elementos objetivos de la cultura mexicana que a nuestro juicio son más propensos a observarse y etnografiarse en eventos deportivos tales como los Campeonatos Mundiales de Fútbol; debido al tiempo y espacio hemos señalado pero hecho muy poco énfasis en las emociones que son un factor clave en los eventos deportivos y que no están exentas de asistir a las justas mundialistas y en el constante apoyo por parte de la afición mexicana a la selección representativa de su país en quien remembran, adjudican y dan valor a sus recuerdos, espectativas y sentimientos tanto personales como colectivos. También referimos vagamente la importancia que las televisoras juegan para crear ese sentimiento, que bien podríamos haber dedicado todo un capítulo a ello.

Sin embargo aunque las televisoras hagan su papel, la emoción subyacente a ver jugar y apoyar al representativo nacional será más grande que el aparato mercadotécnico a su al rededor. Buena hipótesis para una futura investigación mejor estructurada a largo plazo.

4.- Bibliografía.

Álvarez, Luis y Peñuela Alejandro (2002). “Imaginarios Colectivos: implicaciones sociales. Una aproximación psicológica a las agendas de la información” Razón y Palabra. Número 26. 17 de Junio de 2010. URL.

Dunning, Eric. (2003). “El fenómeno deportivo, estudios sociológicos en torno al deporte, la violencia y la civilización”. Ed. Paidotribo. 17 de Junio de 2010. URL

Enríquez, Jesús. (2009). “Reflexiones sobre los imaginarios del turismo y el urbanismo defensivo en Puerto Peñasco Sonora”. Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales. Centro de Estudios de América del Norte. El Colegio de Sonora. Volumen 1, Número 3. Abril de 2009. 22 páginas. URL.

Fernández, Anna. (2009). “Imaginarios urbanos: la patria consumida”. Revista de Arquitectura, Urbanismo y Ciencias Sociales. Centro de Estudios de América del Norte. El Colegio de Sonora. Volumen 1, Número 3. Abril de 2009. 23 páginas. URL

Kraus, Arnoldo. La Jornada (2010). “Sudáfrica 1, Calderon off side”. URL.

O. Rodrigo. (2007). “David Faitelson habla de la traición de Tv. Azteca.”. 17 de Junio de 2010. URL

Villa, Vale. (2010). “Fútbol y psicología segunda parte”. 16 de Junio de 2010. URL.

Zaldúa, Josetxu. La Jornada (2010). “Cosas del fútbol: golpe de estado en sudáfrica”. 17 de Junio de 2010. URL