JUGAMOS A RECICLAR

Erase una vez una familia formada por Xoán, Maruxa y su hijo Brais, vivían en una bonita villa marinera en el norte de un país atlántico.

Vivían còmodamente en una acogedora casita con jardín al borde del mar. Los padres se dedicaban a labores relacionadas con la pesca y el marisqueo, aunque su edad les llevaba a coquetear esporádicamente con las nuevas tecnologías.

Un buen día, mientras desayunaban en familia como habían hecho siempre, su vida comenzó a cambiar. Una pequeña televisión que estaba sobre la nevera a la que pocas veces prestaban atención, empezó a dar unas noticias alarmantes que iban a dar un vuelco a sus vidas.

Xoán y Maruxa cada vez tenían menos trabajo, menos ingresos y pasaban más tiempo en casa, sus hábitos también cambiaron, no podían hacer muchas de las cosas que hacían antes, como llenar el carrito del Super hasta el borde, o comprar juguetes a Brais con tanta frecuencia. Esto último que en un principio parecía algo dramático, con el tiempo se transformó en todo lo contrario. Este nuevo tiempo que la familia pasaba junta lo dedicaban a dar largos paseos por la playa y a recoger envases de plástico que el mar devolvía a diario.. Al principio tan sólo pretendían mantener limpio su entorno, pero luego consultando su timeline de twitter les llegó alguna información que les dió la idea de utilizar estos envases, continuaron recopilando información y consultaron algunas páginas que les llevaron  a conocer y admirar el trabajo de Martine Camilleri, empezaron una nueva relación con los envases encontrados.

También pensaron en trasladar esta experiencia  a otras actividades y materiales, empezaron a cambiar los itinerarios de sus paseos y cambiaron las playas por las calles de su villa, donde encontraron entre otros recursos aprovechables los cartones de embalajes que se acumulaban a las puertas de las tiendas. Pensaron también en realizar otros objetos, el cartón recogido les sugería la realización de mobiliario, de juguetes... Consultaron de nuevo internet para dar forma a estas ideas, allí encontraron los diseños de Tsuchinoco

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Estas experiencias les condujeron a centrarse tanto en el tema del reciclaje, que cuando estaban en su casa  no podìan abstraerse de pensar en reutilizar los objetos que se rompían,,los envases que quedaban vacíos, aquellos utensilios que habían perdido su utilidad y podían volver a tener una segunda vida.

Esta actividad que había nacido tanto de la necesidad de llenar el tiempo libre como de la necesidad económica, fue convirtiéndose en una tarea que les reportaba muchas satisfacciones, no sólo tenían una actitud ecológica con el entorno, su postura sobre el consumo también cambió, su entusiasmo tuvo un efecto de contagio sobre sus vecinos , estos comenzaron a interesarse por muchos de los objetos que realizaban y la economía del trueque echo  andar de nuevo  en la villa.

El interés por el reciclaje y la necesidad de reciclar quedó patente a los ojos de todo el pueblo incluso los más reacios vieron los beneficios de esta nueva forma de reinterpretar los objetos que nos rodean.

Paulatinamente comenzaron a  hacer suyo el lema del reciclaje “REDUCIR, RECICLAR, REUTILIZAR”

Y colorín, colorado ...