EL SIGLO XVIII EN TEXTOS

1.

        “Hay en cada Estado tres clases de poderes: el poder legislativo, el ejecutivo de los asuntos que dependen del derecho de gentes y poder ejecutivo de los que dependen del derecho civil (…) Llamaremos a éste poder judicial, y al otro, simplemente poder ejecutivo del Estado. (…)

        Cuando el poder ejecutivo está unido al poder ejecutivo en la misma persona o en el mismo cuerpo, no hay libertad porque se puede temer que le monarca o el Senado promulguen leyes tiránicas para hacerlas cumplir tiránicamente.

        Tampoco hay libertad si el poder judicial no está separado del legislativo ni del ejecutivo. Si va unido al poder legislativo, el poder sobre la vida   y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, pues el juez sería al mismo tiempo legislador. Si va unido al poder ejecutivo, el juez podría tener la fuerza de un opresor.

        Todo estaría perdido si el mismo hombre, el mismo cuerpo de personas principales, de los nobles o del pueblo, ejerciera los tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas y el de juzgar delitos o las diferencias entre particulares.”

2.

        “Es sólo en mi persona en quién reside el poder soberano. De mí solamente reciben su autoridad y su existencia mis tribunales. A  mí sólo pertenece el poder legislativo, sin depender de nadie y sin compartirlo con nadie. Todo el orden público emana de mí, y yo soy su guardián supremo. Mi pueblo es uno sólo conmigo. Los derechos e intereses de la nación están necesariamente unidos con los míos y reposan en mis manos”.

3.

        “Por lo tanto, si se aparta del pacto social, lo que no pertenece a su esencia, encontraremos que se reduce a los términos siguientes: cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y nosotros recibimos corporativamente a cada miembro como una parte indivisible del todo. (…)

        No siendo la soberanía más que el ejercicio de la voluntad general, jamás puede enajenarse, y el soberano, que no es más que un ser colectivo, no puede ser representado más que por sí mismo. (…)

        ¿Qué es, pues, el gobierno? Un cuerpo intermedio establecido entre los súbditos y el soberano para su mutua correspondencia, (…) De suerte que en el instante en que el gobierno usurpa la soberanía, el pacto social queda roto, y todos los simples ciudadanos, vueltos el derecho a su libertad natural, son forzados, pero no obligados a obedecer. (…)

        La soberanía no puede estar representada, por la misma razón por la que no puede ser enajenada; consiste esencialmente en la voluntad general, y la voluntad no se representa; es la misma o es otra; no hay término medio. Los diputados del pueblo no son, pues, ni pueden ser sus representantes, no son más que sus mandatarios; no pueden concluir nada definitivamente. Toda la ley no ratificada por el pueblo en persona es nula; no es una ley. El pueblo inglés cree ser libre, y se engaña mucho; no lo es sino durante la elección de los miembros del Parlamento; desde el momento en que éstos son elegidos, el pueblo ya es esclavo, no es nada (…)

        En cuanto a la riqueza, que ningún ciudadano sea lo bastante opulento para poder comprar a otro, y ninguno lo bastante pobre para ser constreñido a venderse”.

4.

 

        “Declaro que no sólo el oficio de curtidor, sino también los demás artes u oficios de herrero, sastre, zapatero, carpintero, otros a este modo, son honestos y honrados. Que el uso de ellos no envilece la familia ni la persona del que los ejerce, ni la inhabilita para obtener oficios municipales de la república en que están avecindados los artesanos o menestrales que los ejerciten. Y que tampoco han de perjudicar las artes y oficios para el goce de prerrogativas de hidalguía a los que los tuvieron legítimamente…”

5.

        “Como desde mi exaltación al Trono de España fue siempre el primer objeto de mis atenciones y cuidados la felicidad de mis amados Vasallos de estos Reinos y los de Indias, he ido dispensando a unos y otros, las muchas gracias y beneficios que deben perpetuarse en su memoria y reconocimiento. Y considerando Yo, que sólo un Comercio, libre y protegido, entre Españoles Europeos, y Americanos, puede restablecer en mis dominios la Agricultura y la Industria (…)