HABLAMOS DE SENTIMIENTOS Y DE EMOCIONES

Siguiendo la propuesta del profesor Felipe Zayas, vamos a ver algunos modelos de textos en los que se exponen sentimientos. Quizás nos sirvan para entender mejor los nuestros y para poder comunicarlos con más acierto.

Hay hechos que nos producen  sentimientos muy intensos, y los recordamos  vivamente

durante mucho tiempo, quizá durante toda la vida.

En los libros de memorias, podemos leer relatos de estos recuerdos. Por ejemplo, en el primer texto que vais a leer, el escritor Roald Dahl recuerda un hecho que contempló siendo niño y los sentimientos que este hecho le provocó.

Vais a leer los textos para examinar cómo se puede escribir sobre el recuerdo de un  hecho y  

sobre los sentimientos provocados. Después, los usaréis para escribir un texto parecido sobre un recuerdo vuestro:

I. LAS MEMORIAS

[No] es mucho lo que recuerdo de los dos años que asistí a la escuela de la Catedral de

Llandaff, entre los siete y nueve años de edad. Sólo dos momentos subsisten claramente en mi memoria. El primero no duró más de cinco segundos, pero jamás lo olvidaré.

 

Era mi primer curso y volvía a casa solo y a pie, atravesando la plaza del pueblo después de

clase, cuando, de un modo imprevisto, me veo venir a uno de los mayores, un chico de doce

años, pedaleando a toda velocidad en su bicicleta carretera abajo a unos treinta pasos delante de mí. […] El chico bajaba lanzado por la cuesta, y al pasar como una exhalación por mi lado va y se pone a pedalear muy rápido hacia atrás, de forma que el mecanismo de piñón libre de su bici hizo un ruido vivo y trepidante. Al mismo tiempo, retiró las manos del manillar y se cruzó de brazos como si tal cosa. Yo me quedé clavado en el sitio, mirándolo sin pestañear. ¡Qué chaval tan estupendo! ¡Qué resuelto, y valiente, y gallardo con sus pantalones largos, y sus pinzas en las perneras, y su gorra escolar colorada puesta tan airosamente al bies! Un día, me dije, un día glorioso tendré yo una bici como ésa, y llevaré pantalones largos con pinzas en las perneras, y la gorra puesta así de lado, y bajaré zumbando por la cuesta, pedaleando hacia atrás, fuera del manillar las manos!

Os juro que si en aquel momento me hubiese agarrado alguien por el hombro y me hubiera

dicho: “¿Cuál es tu mayor deseo en la vida, chiquillo? ¿Cuál tu ambición  suprema? ¿Ser

médico? ¿Músico famoso? ¿Pintor? ¿Escritor? ¿O primer ministro?”, habría yo respondido sin vacilar que mi única ambición, mi esperanza, mi máximo anhelo  era poseer una bicicleta como  aquella y bajar por la cuesta zumbando sin manos en el manillar. Eso sería algo fabuloso. Me estremecía de emoción sólo pensarlo.

Roald Dahl, Boy (relatos de infancia)

*¿Qué sentimientos se recuerdan?

II. LA NARRACIÓN

El verano más feliz de mi vida

Luisa Castro

Tenía 13 años y acababa de romperme la rodilla. Yo era alero-pivot en mi equipo de baloncesto y mi misión principal era salir al rebote. En una de esas refriegas debajo de la cesta pisé mal, metí el codo y seguí jugando con la rodilla rota hasta el final del partido. Ya en frío, me di cuenta de que no   podía andar.

 

La operación era sencilla porque se trataba sólo de un desgarro del cartílago que rodea la rótula. Ese trozo desgarrado viajaba entre los huesos y  las articulaciones y había que extraerlo. Me lo sacaron en Lugo, después de cuatro días de tenerme internada a la espera de que mi cartílago desprendido tuviera a bien colocarse en el lugar adecuado para no abrirme la rodilla por detrás. Cuando salí del hospital, escayolada hasta medio muslo, ya sabía que no iba a  poder nadar ni bailar ni correr. Pero me compensaba de  todo la importancia de llevar una muleta a los 13 años. Por aquella época acababan de abrir el pub del Leyton, y el pincha era bastante bueno. Nacha Pop y Los Secretos eran mis favoritos. Yo, con la pierna inmóvil, me quedaba sentada   cuando la música empezaba a sonar. Todas las mujeres deberían tener una pierna escayolada, eso te hace ser mejor. A hacerme compañía se quedaban       aquéllos precisamente a los que yo nunca haría caso en circunstancias normales. Así me fijé en Antonio, que me daba conversación  y me venía a ver los primeros días a casa, cuando todavía no podía ni andar. Antonio era de     Madrid y tenía los ojos azul eléctrico, una delgadez extrema y aparato en los dientes. Era     tímido, pero al mismo tiempo muy valiente. Cuando hablábamos, me miraba a los ojos, cosa que no hacía ningún  chico de mi pueblo, y con los infrarrojos de la discoteca su cara parecía la de un lince acosado que no teme a la muerte y te mira de frente. Los primeros días de mi escayola intenté evitarlo y le pedía a mi padre que viniera a buscarme al pub para no tener que caminar lentamente en su compañía por todo lo largo y ancho de la carretera general. Antonio era el único que se ofrecía a acompañarme, y a mí me daba una vergüenza horrorosa aquel largo trayecto a su lado, un camino que se hacía infinito porque yo avanzaba a saltitos de poco    más de una baldosa, y todo ese tiempo de sufrimiento y costoso avance aún me daba para pensar que si no tuviera la pierna escayolada Antonio nunca se habría atrevido a acercarse a mí. Eso me hacía despreciarlo un poco, pero al tercer día no pude decirle que no. Cuando doblábamos la primera esquina, yo ya sudaba de desesperación, y cuando pasábamos por delante de la puerta de su casa, donde siempre estaba su madre o alguno de sus hermanos colgado de las ventanas, una nube de bochorno   me cubría entera.

      Yo ya sabía entonces que hacer aquel camino con Antonio más de dos días era más comprometido que salir con cualquiera en circunstancias normales todo un invierno. Él me acompañó un día y otro prácticamente en silencio, mirándome con sus ojos de un azul reflectante, y yo no encontré la frase adecuada para disuadirlo. El tercer y cuarto  día empecé a sentirme  tranquila a su lado, era muy agradable saber que al final de la disco, aunque a mí me diera por hablar con otro, Antonio me esperaría para acompañarme. No parecía pedirme nada a cambio, sólo se ponía a mi lado a caminar. Ni siquiera parecía que hiciera el menor esfuerzo para ir despacio, y además yo creo que lo que a mí me contrariaba tanto, esa lentitud  exasperante de caminar sólo con una pierna y una muleta, a él era lo que más le

gustaba.

Empecé a sentirme cómoda el sexto y el séptimo día. Cuando cumplimos una semana, yo ya andaba mucho mejor. El camino se hacía más corto y, además, Antonio y yo hablábamos de otras cosas, y las cabezas de sus hermanos y su madre colgadas de las ventanas se hicieron familiares. Nunca llegábamos hasta mi portal. Él me dejaba en el semáforo, unos metros antes. La última semana antes de que me quitaran la escayola, Antonio parecía un poco más triste y nervioso, como si le pesara su misión. El día antes de viajar a Lugo para desprenderme al fin de aquella coraza que me hacía más lenta y más buena, Antonio y yo rebasamos juntos la barrera del semáforo y caminamos despacio hasta mi portal. No había nadie en mis ventanas, pero no me hubiera importado. Allí Antonio me acercó los labios y sentí el frío de sus dientes torcidos debajo del aparato, y sus ojos azules que buscaban los míos.

—Mañana te quitan la escayola

—Ya.

—¿Y a qué hora vuelves?

—No sé.

Antonio se quedó mirándome y luego me dijo algo que no he encontrado

después en ningún libro.

—Mañana ya no querrás que yo te acompañe. Si lo hicieras, ya no tendrías más remedio que casarte conmigo, y a mí aún tienen que quitarme el aparato y tú tienes que recuperarte. Pero si algún día cuando seas mayor vuelves a romperte una pierna, llámame, ¿vale?

Antonio se fue y mi madre bajó para ayudarme a subir las escaleras. Al día siguiente me quitaron la escayola, pero ya no encontré por la tarde a Antonio en el pub. No sufrí por él. No me hizo llorar. No sé si fue el verano más feliz de mi vida, pero hasta es posible que sí.

*¿cómo se contaría la misma historia desde la perspectiva del chico?

  • Extrae cinco nombres de los textos y clasifícalos en concretos y abstractos.
  • Extrae cinco adjetivos referidos a los sentimientos y emociones. ¿Hay muchos adjetivos o los narradores han elegido otras formas para referirse a esos sentimientos y emociones?
  • Analiza las marcas temporales (desinencias verbales y palabras o sintagmas que indican orden o sucesión).
  • Escribe las palabras que no conozcas y busca su significado en el diccionario.
  • Elabora un campo semántico y una familia léxica con las palabras de alguno de los dos primeros textos. Puedes ayudarte del diccionario.
  • Subraya los fragmentos descriptivos de los dos textos.
  • Reflexiona sobre cómo se intercalan los fragmentos narrativos y los descriptivos en los textos comentados.

III. LA POESÍA

Los mapas de la escuela,

todos tenían mar,

todos tenían tierra.

   ¡Yo sentía un afán

por ir a recorrerla...!

   Soñaba el corazón

con mares y fronteras,

con islas de coral

y misteriosas selvas...

   Soñaba el corazón...

¡Oh sueños de la escuela!

         Concha Méndez

Tendido junto al mar

cierro los ojos

y hasta la oscuridad

se vuelve oro,

mientras las olas suenan

cercanas,

como

una gran caracola

donde está todo

          Jaime Ferrán

¿Qué sentimientos evocan estos poemas? ¿Se sitúan los dos en el mismo tiempo?

¡Qué dulces las uvas dulces!

¡Qué verdes tus ojos claros!

Tú me mirabas, mirabas;

yo comía grano a grano...

Y, de pronto, te inclinaste

y me tomaste en los labios,

húmedos de zumo y risas,

un beso goloso y largo.

   

       Ángela Figuera

Consuelo,

tu nombre me sabía

igual que un caramelo.

Qué pobre

soy desde que me falta

el oro de tu pelo...

Tus ojos

azules no me miran,

y para mí no hay cielo...

¡Consuelo!...

   Manuel Machado

Gritos daba la morenica

so el olivar,

que las ramas hace temblar.

La niña cuerpo garrido,

morenica, cuerpo garrido,

lloraba su muerto amigo

so el olivar,

que las ramas hace temblar.

    Anónimo

*Los sentimientos básicos son: miedo, alegría, tristeza y enfado. Busca palabras en estos poemas que reflejen emociones.

TAREA

Escribe un texto narrativo en el que cuentes un recuerdo especialmente emotivo: un logro personal o deportivo, una situación que te hizo sentir especialmente bien,...

Para escribir tu texto, respeta las siguientes fases de redacción:

PLANIFICACIÓN

¿Qué voy a contar? ¿a quién? ¿qué selecciono de los hechos ocurridos? ¿qué es lo que puede tener más interés para mis lectores? ¿utilizaré la primera persona? ¿contaré los hechos de modo cronológico o según su importancia?

TEXTUALIZACIÓN

Redactaré oraciones simples, que relacionaré a través de marcadores de tiempo, orden, causa/consecuencia,...

Respetaré la división en párrafos para separar ideas diferentes.

REVISIÓN

En la primera revisión, me ocuparé de que mi texto sea coherente (mantenga la unidad temática y de significado) y el vocabulario sea adecuado.

En la segunda revisión me ocuparé de los elementos de cohesión (los que relacionan unas ideas con otras o unas partes del texto con otras: los pronombres concuerdan con sus antecedentes, los tiempos verbales están correctamente relacionados,...).

Finalmente revisaré la ortografía y la presentación de mi texto.