El texto que sigue a continuación es el borrador de una adaptación que los alumnos de 2º de Bachillerato están realizando del Werther de Goethe.

                 

                        

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Parte 1

             Escena 1: Introducción. En el autobús. Berta escribe en un cuaderno. Voz en off. Imágenes del paisaje desde el autobús en marcha. Son los inicios de la primavera.

Hola, Mamá,

Te escribo en el autobús, camino de la Sierra. Imagino que estás enfadada y lo entiendo. Sé que te habría gustado que, puesta a dejar la tele, hubiese vuelto a la facultad para terminar la carrera. Ya sé que es una pena haberla dejado cuando sólo me quedan tres asignaturas; y también sé que puede parecer un capricho pasajero esta idea de irme ahora a la Sierra, en plan Robinson moderno, a buscar la paz del campo y la armonía de la naturaleza...

En realidad, es precisamente de eso de lo que se trata, aunque te parezca extraño. Estos meses en Madrid han sido estresantes: venga trabajo, venga a hablar con los productores, con el director del programa, con tanto artista medio loco, con tanto interesado y tanto oportunista. Estoy harta. No puedo más.  Necesito  aire limpio, gente sana, costumbres sencillas.  Lo de Federico no ha sido más que la gota que ha colmado el vaso. Sé que podré olvidarlo pronto, aunque no  hay cosa como de que necesite tanto el mundo como del amor.

(Berta se interrumpe un instante. Mira a una pareja que viaja a su lado)

En realidad, no sé de qué puedes quejarte: estoy haciendo lo que toda madre querría para su hija: ¡vida sana, aire puro, acostarse temprano y comer lentejas y pucheros, jaja! Para tu tranquilidad, te diré que he hablado con Enrique y me ha dado el teléfono de Eulalia. ¿Te acuerdas de Eulalia? Pues me espera en el pueblo : me alquila una habitación en régimen de pensión completa; todo comida sana. ¡Puede que hasta aprenda a hacer punto, jaja!¡Se acordaba de mí, la tía! ¿Cuántos años tenía yo la última vez que vinimos con papá? ¿Cinco? ¿Ocho? Bueno, pues ha estado de lo más cariñosa y me espera esta tarde . Dice que me ha preparado una habitación grande y luminosa para que pueda pintar. ¡Tengo unas ganas de volver a pintar! Estoy ya harta de tanto performance y tanto happenning! ¡Ah!: Eulalia tiene una hija de mi edad que dice que está deseando conocerme. Me ha visto en la tele y piensa que soy una celebridad. Procuraré no decepcionarla. ¿Sabes?: No me acostumbro a esto de ser una cara conocida... si es que  salir en un programa de la 2 que no ve ni el Tato se considera ser una cara conocida.

En fin, mamá: no te enfades. Comprende que esto es lo que deseo hacer ahora y  que  tampoco es el fin del mundo, ni soy la primera que deja un trabajo, ni una carrera, ni a un novio... En fin, te dejo, que creo que ya estamos llegando. Mañana te llamo. Tengo que contarte...

(Se interrumpe: el autobús está entrando en la estación y Berta debe prepararse para salir.)

Julio - Creo que esta escena va a ser difícil de grabar, porque seguramente haya que repetirla, y si pretendemos además mostrar algún elemento determinado seria un gran problema el repetir grabación, además durante el rodaje las luces van a cambiar muy repentinamente y a nivel técnico no se como quedara con esos cambios. También habría que coordinarse y avisar al conductor porque lo de la pareja por ejemplo requiere levantarse en plena grabación y conducción del bus. ¿Y en que autobus lo grabariamos, en uno de linea o en uno de los del instituto, porque el equipo podría grabarlo en uno de los del instituto, pero Berta es de Aracena? En caso de hacerlo en uno de linea podria ser costosa en tiempo y dinero ( para lo que es nuestro presupuesto je je).  

                                                           

 

David- Como veas. Yo proponía esta escena precisamente porque me parecía muy fácil de grabar. Tenía en mente cualquier día que Carolina se quedara dormir en la  Higuera o algo así, si es que se da el caso, que no lo sé. Digo yo que algún día se montará con uno de vosotros en un autobús, ¿no? En cuanto al que lleva la cámara, me lo imaginaba sentado en el asiento de delante, mirando hacia atrás. La pareja (que es perfectamente prescindible) puede viajar al otro lado del pasillo, no en la fila de Carolina, sino en la del que graba. No hay por qué filmarlo todo de una sola toma. Lo mismo sucedería con las imágenes del paisaje.

En cualquier caso, las ventajas que le veo a la escena son:

  • Presentación en primera persona de la protagonista.
  • Situación espacial, temporal y vivencial de la misma, antes de que comience la acción.
  • Imágenes en movimiento que dan idea del cambio que se produce en la vida de la protagonista y que, básicamente, contraponen la vida sencilla rural frente al ámbito urbano (contraste tan significativo para el Romanticismo y tan presente en Werther).

Pero vamos: como tú veas. Si encuentras una solución más conveniente, adelante. La peli es tuya.               

 

 

Escena 2: LLegada al pueblo. Berta se baja y se dirige a la casa. La recibe una señora (Eulalia), que la hace pasar. En el interior, su hija Cristina. La señora se marcha y Berta queda con Cristina, que va a enseñarle su habitación.

Escena en elaboración por Álvaro, Alejandro y Manuel.

CRISTINA: Aquí puedes poner lo que quieras. Etc.

Berta sonríe y hace a Cristina preguntas más bien personales, sin preocuparse mucho por su comodidad, más bien interesada en conocer un poco a su anfitriona. Le pregunta si sabe quién fue Ulises, y cómo lo alojó un cabrero. Le cuenta una escena de la Iliada.

Cristina ríe, entretenida por el relato, y explica que si quiere cenar tiene un plato en la mesa. Tiene que irse: va a ver a su novio. Berta le da las gracias. Prefiere tocar un poco el cello y, habiendo comido unos pocos frutos secos, acostarse temprano: desea contemplar el amanecer y leer a Virgilio. Cristina se despide y Berta se queda tocando su instrumento. La música enlaza con imágenes de la mañana:

Escena 3: Berta va a desayunar y pasa la mañana dibujando.

Entrevistas de Berta con la gente del pueblo: un camarero, una vecina, un pastor; la cajera de un supermercado, un muchacho que pase.

Las preguntas:

Así, Berta sale del pueblo charlando un poco con la gente y se instala para pintar ante un paisaje abierto. Un vecino le cuenta a Berta la historia del criado enamorado del ama (=> adaptar. 30 de mayo 1771). Niños. Un niño se le acerca, curioso por los pinceles de Berta, y le pregunta cuáles son las “reglas para pintar”. Berta responde con fragmentos del 26 mayo. (Sobre los niños: ver 29 de junio)

En esta última entrevista la interrumpe una llamada: es Guillermo, a quien saluda efusivamente: son viejos amigos y están deseando verse. Guillermo, que estaba fuera del pueblo, viene para un evento (bautizo, comunión, boda...) Por teléfono quedan para dos días después, cuando llegará él, directamente para la celebración. Berta cuelga y se despide del vecino.

Escena 4: La comunión.

Escena en elaboración por Marta Gordo y las dos Lucías. Carta de Werther del 16 de junio de 1771

1. Berta y Guillermo se encuentran en la calle, vestidos de gala y se saludan y abrazan como viejos amigos. Tras pocas palabras, Guillermo la dirige para presentarle a dos amigos. Alberto le anuncia que va a presentarle a Carlos, un joven con muchas cualidades artísticas.

2. La plaza de Doña Elvira está llena de gente vestida para la ocasión. Suena la música y Berta y Carlos son presentados. Enseguida conectan hablando de la naturaleza - ver 22 de mayo -, el amor y el arte. Siguen algunos compases de  baile: algo como merengue, no demasiado movido ni lento LLega Cristina y presenta a su novio , quien se muestra parco en palabras y bastante esquivo: ocasión para dialogar acerca del mal humor - ver 1 de julio - Avisan de que ahí al lado (salón de Actos del IES) hacen bailes de salón. Berta y Carlos comienzan a bailar el tango  de Perlman. La atracción es evidente. Al final sale el nombre de Alicia. Berta pregunta quién es Alicia

CRISTINA: ¿No lo sabes? Alicia es la novia de Carlos. Se casan el mes que viene.

Escena 5. Berta y Carlos en el campo.

(Ver 28 de agosto: Werther recoge peras para Carlota).

1 Conversaciones varias. Se deja ver que han pasado dos semanas. Berta se atreve a preguntarle por qué se casa: si la ama o sólo es porque Alicia está embarazada. Carlos responde vagamente. Da la impresión de que es lo segundo. Luego mudan la conversación. Berta habla del mal humor y se refiere al novio de Cristina (ver 1 de julio de 1771).

                 

Los personajes y el lugar de esta escena son flexibles: sólo necesitamos que haya dos personajes que discuten por cualquier cosa. Por ejemplo:

Carlos y Berta están charlando en una huerta cualquiera con gente del lugar.Un campesino habla de los frutales en la huerta, algo así como en el 1 de julio:

-El más viejo -dijo-, no se sabe quién lo plantó: tal pastor, dicen éstos; tal otro, dicen aquéllos; sobre el más joven (precisamente es de la edad de mi mujer, que cumplirá 50 años en octubre), su padre lo plantó en la madrugada del día en que nació por la tarde. Su padre fue mi antecesor y no puede decirse con justicia hasta qué punto quería él este árbol, aunque seguro no mucho más que yo. La primera vez que vine aquí, siendo entonces un pobre estudiante, mi mujer estaba sentada en un madero, haciendo media, al pie de este árbol, en este mismo patio. Hará de esto como… como… unos 37 años… Sí… 37 años.

Llega entonces un vecino malhumorado que viene a pedirle explicaciones de por qué no ha abierto la lieva para que él pueda regar. El campesino le responde cortésmente y el otro se aleja refunfuñando.

CARLOS: ¡Vaya carácter se gasta el colega!, ¿no?

CAMPESINO: ¿Quién?

CARLOS: (señalándolo con la mirada) Su vecino

CAMPESINO: (Hace un gesto para asentir, pero quitándole importancia). A ver...

CARLOS: Tiene usted mucha paciencia; mucho aguante...

CAMPESINO: Aquí tenemos todos que aguantarnos. Todos tenemos nuestro carácter. El Herminio es así. No es malo: simplemente es que habla así.

BERTA: (en tono festivo) ¡Claro! ¡Simplemente es que habla así! Por la misma regla de tres, hay gente que dice: “Yo no soy violento. Simplemente te pego una hostia porque es que yo soy así; yo me expreso así...” ¡Así cualquiera! Me parece que la gente se justifica con demasiada frecuencia con esos: “yo es que hablo así”, “yo soy así”, “yo me relaciono así”... Es muy cómodo.

CARLOS: ¡Ja, ja! El otro día, en el paseo, había dos obreros que estaban discutiendo, y uno no paraba de pegar voces. El otro intentaba que se relajara, y le decía que bajara la voz. Y dice: “No estoy gritando, es que yo hablo así”. “Vale, pero baja la voz”- le decía el otro. Y va y le suelta: “¡Y dale! ¡Que yo hablo así, cojones, que me estás tocando ya los huevos con tanto que baje la voz! ¡Hostia! ¡Vete ya a tomar por culo!...” - y empezó a soltar por esa boquita, que no veas. Y el tío todavía insistía: “Que no es que esté enfadado, es que yo hablo así”.

TODOS: (Ríen)

BERTA: ¿Lo ves? Es lo que yo decía, que es muy cómodo justificarse con el “yo es que soy así”, y me parece que todos tenemos que mirarnos un poquito. Si uno...

continúa la adaptación de estre diálogo:

                 

                 

-Nos quejamos muchas veces -dije-, de lo raros que son los días felices y lo muy abundantes y frecuentes que son los días malos; y a mi parecer, nos quejamos sin motivo. Si tuviéramos listo el corazón en todo momento para gozar del bien que Dios nos envía, tendríamos de igual forma la fuerza de soportar el mal cuando sobreviene.

-Pero nuestro humor no está en nuestro poder, no somos dueños de él -expresó la mujer del pastor-; con mucha frecuencia depende de nuestra condición física, la menor indisposición nos hace mirarlo todo con colores sombríos. Ante lo cual estuve de acuerdo.

-Vamos a considerarlo entonces una enfermedad, -continué- y descubramos si tiene remedio o no.

-Admitido -dijo Carlota-; pero yo creo que depende de nosotros en gran medida y esto lo sé por experiencia. Cuando me molesta o me apena algo, no tengo más que dar unas cuantas vueltas por el jardín, tarareando alguna contradanza, y en el acto se me quita el mal humor.

-Es eso lo que quería decir -agregué-. Sucede con el mal humor lo mismo que con la pereza, a la que nuestra naturaleza es muy propensa; y sin embargo, tenemos bastante fuerza para sacudirla y alejarla, el trabajo sale sin esfuerzo de nuestras manos y sentimos un verdadero goce con nuestra actividad.

Federica escuchaba atenta y el joven me presentó la objeción de que algunas veces no se es dueño de sí mismo o que al menos no se puede controlar los sentimientos.

-Aquí se trata -repuse-, de un sentimiento poco grato del que todos se podrían deshacer con gusto y nadie sabe hasta dónde puede llegar su fuerza mientras la haya probado. De seguro que el que se siente enfermo recurrirá a los facultativos y no se negará a respetar el régimen que le impongan, por rígido que sea, ni a tomar las medicinas que se le prescriban por amargas que resulten, con el interés de recobrar la salud, que nos es tan preciada.

Advertí que el buen anciano oía con atención para tomar parte en nuestra charla y alzando la voz y dirigiéndole la palabra, agregué:

-Se predica contra muchos vicios, pero nunca he oído a alguien decir que se predicara desde el púlpito contra el mal humor.

-Eso corresponde a los predicadores de la ciudad -respondió el anciano-, porque los aldeanos no conocen ni el mal humor ni el capricho. No dañaría a nadie, sin embargo, tocar de vez en cuando ese punto; sería una lección para la esposa del pastor, por lo menos, y para el señor magistrado.

Todos soltamos la risa y él con nosotros, de muy buen ánimo, hasta que le sobrevino la tos, que interrumpió por un momento la plática.

El joven tomó la palabra de inmediato:

-Ustedes califican el mal humor de vicio y eso me parece extremoso.

-¿Extremoso? Todo lo que perjudica al hombre y al prójimo merece ese calificativo. ¿No basta no poder hacernos mutuamente dichosos? ¿Es necesario también privarnos unos a otros del placer que cada uno puede proporcionarse en el fondo de su corazón? A ver, ¿quién es el mortal que de mal humor tenga el valor de ocultarlo, de tolerarlo solo, para no trastornar la alegría de los que le rodean? ¿No es esto en el fondo el sentimiento interior de nuestra insuficiencia, un descontento de nosotros mismos, mezclado siempre con la envidia, hija de una loca vanidad? Vemos hombres felices y alegres que no nos deben su dicha y no podemos tolerar su presencia.

Carlota sonreía viendo el calor y la emoción con que yo hablaba y una lágrima que vi brotar de los ojos de Federica me hizo seguir.

-¡Desgraciados -exclamé-, quienes usan del control que tienen sobre un corazón para negarle los placeres puros y simples que surgen y brotan de él de manera espontánea! Todos los regalos, todas las complacencias del mundo, no sustituyen ni compensan un solo instante de verdadero placer contaminado por las envidiosas vejaciones de un tirano.

En aquel momento, mi corazón se desbordaba. El recuerdo de muchos sucesos del pasado oprimía mi alma y mis ojos se humedecían.

-¡Ah! -dije-. Si cada uno se dijera a sí mismo todos los días: tu primera obligación con tus amigos es respetar sus placeres, aumentar su dicha al participar en ella; la más dulce de tus obligaciones es la de derramar un gota de bálsamo en su alma cuando está agitada por una pasión violenta o angustiada por la tristeza. ¡Ah! ¡Cómo te acusará la conciencia cuando la víctima que tus bárbaros caprichos han sacrificado en la flor de la edad, devorada por la fatal enfermedad que va a cortar el curso de su vida, se halle tendida ante ti, desfalleciente y moribunda! Sus ojos, inertes y apagados, tratan de dirigir hacia el cielo, en vano, una débil mirada por última vez; el sudor frío de la muerte baña su rostro pálido y demacrado. Acércate, te digo entonces, y que el infierno tome tu corazón. Sientes que ya es muy tarde y que todos sus tesoros son inútiles; la angustia se apodera de tu alma; quisieras desprenderte de todo lo que tienes para dar a la pobre criatura moribunda un momento de consuelo, un soplo de vida; ¡reanimarla, en fin!

Esta escena inspirada en un cuadro similar que había presenciado llenó mis ojos de lágrimas; me sentí muy conmovido y mientras cubría mi cara con el pañuelo para ocultar la emoción, me alejé del grupo.

No me calmé ni me repuse hasta oír la voz de Carlota, que me llamaba:

-¡Vamos, vamos, que es tiempo de irnos!

¡Qué cariñosos comentarios me hizo después, en el camino, por la parte apasionada al extremo que tomaba en todo!

-De ese modo llegará a matarse -decía-; debe ser más razonable y no dejase impresionar de ese modo.

¡Oh, sí, mujer angélical…! ¡Quiero vivir… vivir para ti!

Luego vuelve la conversación al tema de Alicia:

CARLOS: Bueno, pero eso no cambia nada entre nosotros, ¿no?

BERTA: ¿Es celosa Alicia? A veces la hembra de la manada defiede su territorio.

CARLOS: Alicia es una chavala estupenda: ya verás que os vais a hacer amigas. Ella hace música y le encanta César Vallejo.

BERTA: ¿Le gusta César Vallejo?

CARLOS: Ella lo ha pasado mal: tiene una historia familiar chunga detrás. La hermana se metió en la droga y el padre se mató en un accidente de tráfico.

BERTA:

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.”

¿Por qué dices “ella”? ¿Por qué no dices su nombre?: Se llama Alicia.

CARLOS: ¿No he dicho su nombre?

BERTA: No.

CARLOS: Bueno, pues lo digo: Alicia.

BERTA: Suena extraño.

CARLOS: ¿El qué?

BERTA: Su nombre. Cuando lo dices. Suena extraño: “Alicia”. ¡Bah! No me hagas caso. Seguro que es estupenda, como tú dices. No: no cambia nada. Vamos a ser buenas amigas.

Escena 6. Alicia.

Divido esta escena en dos partes: A) con Alicia en la estación y  B) con Alicia de  compras, porque es lo que hablamos, pero creo que sería mejor una sola escena con ella y, a cambio, otra con Guillermo: éste serviría de confidente para que Berta confiese hasta qué punto está coladita: cartas  del 8 de julio, 10 de julio -”¿Que si me gusta? ¡Gustarme! [...]¿A qué hombre no le gustará[..]? ¡Gustar![...]”        -  o 13 de julio - “Valgo mucho más a mis ojos desde que soy dueño de su amor. Además, siempre será más fácil que Berta exprese lo que siente por medio de una confesión clara y abierta ante su amigo que por medio de la actuación de Carolina: creo que esto no sería nada fácil.  

1. Carlos acude con Berta a la estación para recoger a Alicia. Berta se muestra correcta, ocurrente, educada y humilde. Cuando, por el camino, Alicia besa a Carlos, Berta los interrumpe para despedirse. La pareja insiste para que se quede a cenar con ellos pero Berta, agradeciéndoselo, dice que tiene que trabajar; tiene que pintar. Se despide por tres días y les desea buen comienzo de semana.

BERTA: ¡Hasta el miércoles!

2. Berta y Alicia de compras.

Conversación muy civilizada. Alicia es una tía inteligente e independiente. Berta no puede reprocharle nada. (Ver 30 de julio, 10 de agosto)

(Es el 10 de septiembre cuando los tres -Werther, Carlota y Alberto- se despiden de manera muy emotiva. El 3 de septiembre W. anuncia su decisión a Guillermo)

Parte 2

La música acompaña imágenes de ciudad: Sevilla.

Escena 1: En la facultad de Bellas Artes (aula de Plástica del Reloj de Sol: la 517)

El profesor intenta convencer a Berta de que no abandone otra vez la carrera: desde que se fue de la Sierra, hace un año, no ha hecho más que huir (“Sí: yo no soy otra cosa que un viajero, un peregrino en el mundo”: 16 de julio de 1772) . (Desde el 20 de octubre de 1772 hasta el 5 de mayo. En cuanto a lo económico, ver 19 de abril de 1772)

PROFESOR: ¿Qué te pasa? ¿Es por ese Carlos? (ver 18 de julio de 1771: Werther ha mandado a su criado a casa de Carlota sólo para tener ese día cerca a alguien que la haya visto). Olvídalo ya. Está casado y ha tenido una niña. Déjalo ya; deja de pensar en él. Piensa en tu carrera, en todas las cosas que puedes hacer. Y deja ya de fumar. Come bien. Ponte guapa. Vuelve a pintar. Viaja, pero no huyas: vuelve a la tele. O ve a ver a tu madre.

Al final Berta parece convencida: le hará caso al profesor. Será buena y hará vida sana. No más bares ni más llantos.

Escena 2: Discoteca

Escena en elaboración por María y Cinta.

Berta baila en la pista como una descosida, con un cubata en la mano. Allí se encuentra con Daniel, un chaval agradable e interesante al que ha conocido hace un mes y que, según Berta. le recuerda a Carlos (Ver 20 de enero). Acaban liándose, pero, aunque Daniel parece muy interesado en ella, Berta no hace más que hablarle de Carlos.

  (Ver 15 y 16 de marzo: Werther ha metido la pata (15) y por su culpa la señorita B ha tenido que sufrir las críticas de sus amistades (16)

Pueden despedirse cuando Berta anuncia que quiere ir a visitar las minas de Riotinto, lo que propiciará una visita a Carlos: ver 18 de julio de 1772.

Parte 3

Escena 1: Berta, de vuelta en la Sierra, cena con Carlos y Alicia.

Escena en elaboración por Laura y Belén. Nos situamos a partir del 29 de julio de 1772.

Carlos y Alicia esperan a Berta en la puerta de un restaurante. Llega Berta y, abrazándose y hablando de lo pasado en los últimos meses, se sientan en una mesa y piden al camarero. Berta está ocurrente y forzadamente alegre  (ver 30 de julio de 1771). 

( El 20 de enero Werther, lejos de Carlota, confiesa que se las da de ingenioso y de galán)

Berta cuenta la historia de la loca (30 de noviembre de 1772), poniéndose un poco en evidencia.

Berta acaba emborrachándose y montando un espectáculo: la tensión producida por sus sentimientos aflora de manera desordenada. Mete la pata haciendo algunas insinuaciones como las de Werther el 29 de julio (“Ella hubiera sido más feliz”… conmigo), 21 de agosto (“¿Y si Alberto muriese?”), el 3 de septiembre (“No comprendo cómo puede amar a otro hombre”), el 5 de septiembre (equívoco con una carta de Carlota, que era para Alberto y Werther confiesa haber imaginado que era para sí) y otras muchas reticencias como las de los días siguientes: “¡Ay, si yo...!”; “¡Ay de mí! ¡Si yo pudiera...!” “La vida vale bien poco. Cuando yo muera...”; “¡Siento tantas cosas!”. En resumen: Berta está piripi y se atreve a decir cosas que no diría de estar sobria, provocando una situación tensa que en vano trata de aligerar con ocurrencias, bromas y comentarios varios.

(Suculento diálogo sobre la muerte entre Werther y Alberto el 12 de agosto de 1771)

Escena 2: Conversación con Guillermo.

Berta y Guillermo, de paseo por el campo, charlan. Berta confiesa su desesperación (Ver 18 de agosto, cuando dice que en el paisaje ya no ve más que “un mostruo ocupado eternamente en devorar y destruir”) y hace algunas referencias al suicidio. (12 de agosto, 30 de julio), mientras caminan de vuelta a Aracena.

Escena 3: El crimen del criado.

Un tumulto viene a interrumpir la conversación anterior: la gente comenta el asesinato que se acaba de producir y se levanta para ver pasar a la Guardia Civil con el recién detenido. De vuelta  a casa Guillermo y Berta discuten acerca de los atenuantes del asesino. Al final Berta exclama: “¡Nada puede salvarlo. Nada puede salvarnos!”

Escena 4: En el castillo.

Suena Beethoven mientras Berta corre ladera arriba hacia el castillo. Lluvia y luz crepuscular. Hace amagos de ir a arrojarse. Tras unos minutos de música, la voz en off de Berta lee la carta de despedida (6, 12 y 20 de diciembre).

(Ver 18 y 30 de agosto)

Escena 5: Última entrevista de Berta y Carlos. 20 de diciembre.

Escena 6: Desenlace.