Por Rabindranath Tagore

Examen de Lógica inductiva: Bacon y Hume.

Maestría en Filosofía de la Ciencia.

Interpreta los aforismos: 21, 24, 25, 26 de la primera parte del Novum Organon de Bacon.

A  lo largo de los 4 aforismos (XXI, XXIV, XV, XXVI) Bacon establece una crítica a la investigación dialéctica y del mismo modo deja en claro la necesidad de un método que se dirija directamente a la naturaleza y establezca principios legítimamente derivados de esta.

La pura dialéctica no extiende las fronteras ni el alcance de nuestro conocimiento, pues ella se remonta inmediatamente de la experiencia particular a principios generales, “apenas ha gustado de la experiencia cuando la desdeña”, sin ningún tipo de mesura, ella se limita a recoger los datos de una experiencia superflua, una experiencia simple que se presenta ingenuamente ante nuestros ojos. Por lo tanto, es imposible que la dialéctica pueda extender nuestro conocimiento sobre la naturaleza. Los principios que en ella operan tienen su origen en una experiencia “superficial y vulgar”, sus principios nunca son puestos a prueba, si en la experiencia se encuentra un dato que ponga esos principios en tela de juicio, ese dato es salvado “mediante una distinción frívola” sin que dicho principio se modifique, la dialéctica lejos de plantear una modificación de sus principios porque entran en conflicto con los datos, establece modificaciones ad hoc para salvarlo. Estos son los motivos por los que la argumentación no puede extender el campo de nuestro conocimiento. Sus principios son modos prematuros de entender la naturaleza, prenociones de la naturaleza.

Bacon tiene muy claro que la sutilidad de la naturaleza es más primordial que la sutileza de los razonamientos. Por ello, es necesario someter a los sentidos y al entendimiento al mandato de la naturaleza, mediante reglas y métodos que garanticen conocer los principios de la naturaleza mediante procedimientos legítimos y seguros, mediante un estudio metódico y profundo. Solo así, mediante la interpretación de la naturaleza podemos tener una ciencia fecunda y fértil, que revele hechos nuevos e incremente nuestro conocimiento. El espíritu necesita reglas y apoyo para penetrar en la “oscuridad” de la naturaleza, y tomar el camino que va de la experiencia para elevarse progresivamente hasta los principios más generales, el espíritu por sí solo, por más prudente que sea, no puede llevar a cabo esa empresa sin la ayuda de ciertas reglas y normas, estas le permitirán ejecutar su labor a emprender, de manera segura y fértil. A esta ciencia que se deriva de manera legítima de la experiencia recibe el nombre de Interpretación de la naturaleza.

Caracteriza los géneros supremos de ídolos.

Los ídolos son prejuicios y errores de doctrinas anteriores que se han apoderado de la mente, están tan circunscritos en ella que le impiden conocer la verdad. La intención de Bacon al mencionarlos y analizarlos es alertar a los hombres de ello, y destruir los obstáculos que pudieran oponerse a la aplicación del nuevo método.

Los ídolos de la tribu, tienen su fundamento en la naturaleza humana, y por ende, son aberraciones que son compartidas por todos los hombres, en ellos se asume erróneamente que el hombre es la medida de todas las cosas. Y tal supuesto es erróneo pues el espíritu humano es un espejo infiel de las cosas, que mezcla su propia naturaleza a la de los objetos, y los desvía y los corrompe.

Los ídolos de la caverna a diferencia de los de la tribu, tiene su fundamento en la naturaleza individual de cada uno, no es compartido por todos los hombres, pues el espíritu humano es invariable, lleva en sí una cierta caverna en la que la luz de la naturaleza se quiebra y se corrompe, bien por disposiciones naturales de cada uno, sus relaciones con otros, la educación recibida, sus aficiones, preferencias. El espíritu humano es variable y azaroso. Necesita de guías y normas para no desviarse.

Los ídolos del foro, al igual que los del teatro, son ídolos adquiridos que provienen de la reunión en sociedad de los hombres, pues los hombres se comunican por medio del lenguaje, pero este lenguaje es regulado por el vulgo, por ello, es impreciso y motivo de que los hombres caigan en controversias innumerables y sin respuesta inmediata.

Los ídolos del teatro son introducidos por distintos sistemas filosóficos, tradición, o axiomas de otras ciencias, que nublan el espíritu y provocan una fe ciega e irracional, provocando con ello la irreflexión.

Cuenta y caracteriza las especies de ídolos de la caverna, e indica cómo se oponen a la correcta interpretación de la naturaleza.

Los ídolos de la caverna provienen de considerar según las preferencias y gustos, las cosas de manera demasiado estrecha o demasiado general. Lo correcto sería que a la hora de investigar la naturaleza, la inteligencia desechara sus tendencias y predilecciones para conservarla en su pureza y sinceridad. Los ídolos de la caverna provienen de:

Predominio de ciertos gustos. Cuando los hombres se inclinan a ciertas ciencias o saberes, debido a sus gustos, tendencias, o trabajo invertido en ellas, empujados por este ímpetu causado por sus gustos terminan por corromperlas y alterarlas, por lo que la interpretación de estos saberes o ciencias se ve ofuscado por el apego que los hombres le presentan.

Observación excesiva de las semejanzas y las desemejanzas. Entre los hombres hay unos que tienen mayor agudeza para captar las semejanzas de las cosas, y otros que tienen mayor habilidad para captar las desemejanzas, el problema es que ambos tipos de hombres caen en el exceso percibiendo bien, ya sea únicamente semejanzas, o únicamente diferencias. Cuando el correcto modo de estudiar la naturaleza, comprende la alternancia de ambas, una no se puede privilegiar sobre la otra, ambas son de suma importancia en el ejercicio de una correcta inducción y de un buen estudio de la naturaleza.  

De la excesiva admiración a ciertas épocas. Hay hombres que sienten mucha admiración por lo antiguo y desdeñan lo moderno, y también los hay, quienes desdeñan lo antiguo porque prefieren lo moderno. Lo que esta especie de ídolo no te permite ver a la hora de estudiar la naturaleza es que la verdad no depende de la época y que el entusiasmo o predilección por cierta época nubla el entendimiento y lo desvía de su fin.

De entender la naturaleza en su totalidad o en sus partes únicamente. Hay inteligencias que prefieren entender la naturaleza en sus partes, y otras en su disposición general. Pero el estudio únicamente de las partes fragmenta en pedazos la inteligencia, y el estudio de su generalidad sumerge al espíritu en una “admiración que lo enerva”. Para que la inteligencia sea vasta y penetrante en la interpretación de la naturaleza, debe cultivar ambas preferencias alternativamente, sin privilegiar una por encima de la otra.

4. Haz una interpretación las siguientes metáforas de la primera parte del Novum Organon:

Los franceses ocupando Italia con tiza en vez de armas. (35)

Esta metáfora refiere a la necesidad de introducir el nuevo método de las ciencias no de manera violenta,  imperiosa o tajante, sino de manera sutil en la conciencia de los hombres, con tiza, con las letras en lugar de cohesión,  y únicamente en esos hombres que tengan la mente abierta y dispuesta a recibir nuevas verdades.

El ex-voto de los fieles que sobrevivieron a un naufragio. (46; 47 y comparar con Hume).  

Esta metáfora hace una clara referencia a la preponderancia que los hombres comúnmente atribuyen a los hechos positivos sobre los hechos negativos. En los muros de las iglesias se puede ver el exvoto de aquellos que sobrevivieron al naufragio, pero no de aquellos que perecieron en él.

La alusión a la metodología propuesto por Bacon es clara, él no solo considera los hechos positivos para su nuevo método inductivo, sino también los hechos negativos, esto se ve en el hecho de que no solo considera una tabla de presencias, sino también de ausencias, dando valor también a los hechos negativos.

 La inducción para Bacon, a diferencia de Hume, no se realiza únicamente mediante la enumeración de casos positivos, en donde nuestras expectativas se justifican por los casos exitosos de esta, que dan mayor certeza a mi creencia, sino también mediante los casos negativos. En este sentido, la inducción en Bacon es incompleta, pues asume tanto casos positivos como negativos, y para Hume la inducción es completa, pues asume únicamente casos positivos.

Hume asume que la inducción se establece desde la repetición de objetos que la mayor de las veces se dan de manera conjunta, esto provoca en nosotros un hábito y genera expectativas, Hume únicamente considera los casos en los que esa conjunción se presenta. Por el contrario, Bacon no considera en su inducción únicamente las veces en que presenta una propiedad, sino también los casos en que esa propiedad no está presente.

“Al intelecto no hay que pertrecharlo de plumas sino de plomo y lastre.” (104; 105; 66; II:10)

Esta metáfora la utiliza Bacon contra el silogismo aristotélico y las prenociones de la naturaleza,  para enfatizar la necesidad de impedir que el intelecto vuele en puras abstracciones, es necesario mantenerlo ligado y unido a la naturaleza, detenerlo en su vuelo y dotarlo de lastre y plomo para darle un asiento solido. Debemos someter al intelecto a lo que dicta la naturaleza, y evitar que se pierda en divagaciones y disquisiciones alejadas de la realidad.

5. Explica las dos clases de axiomas y de ciencias (II:3-7, y II:9).

Compáralo con el concepto baconiano de formas o causas formales: (I:51,I: 66 y otros aforismos al principio de la segunda parte).

Los preceptos o axiomas para transformar los cuerpos son dos:

“Considerar a un cuerpo como la unión de naturalezas simples, como un conjunto de propiedades”.

Este precepto pretende demostrar que es posible obtener la sustancia buscada mediante las formas de las naturalezas simples que lo componen. Pues si sabemos o conocemos estas formas simples y el modo en cómo se producen los atributos de un objeto, podemos trabajar en reunir dichos atributos en un cuerpo para transformarlo en la sustancia que buscamos.

“Este precepto depende del descubrimiento del proceso latente. No procede por las propiedades simples sino por los cuerpos concretos, tal y como aparecen en la naturaleza”.

Este tipo de investigación se aplica tanto a la generación de los cuerpos, consiste en descubrir el progreso por el cual se originan ciertas naturalezas u objetos, este progreso esta de forma latente en los objetos, por lo que no es perceptible inmediatamente por la observación.

Estos axiomas para la transformación de los cuerpos se consideran a la luz del precepto de que lo más útil en la práctica, es al mismo tiempo lo más verdadero en la ciencia. El objetivo de esta nueva ciencia no es conocer las causas eficientes y materiales, conocimiento que no ensancha los límites de la ciencia, sino las formas de los objetos, ya que conocer las formas es comprender en medio de la desemejanza de los objetos la unidad de la naturaleza, la forma para Bacon no es entendida en sentido aristotélico, sino como los principios que rigen los objetos, el objetivo de la ciencia es conocer estas formas, así como también producir nuevos fenómenos y operaciones. Estos axiomas que nos permiten producir y configurar los objetos, nos acercan también al conocimiento de las formas, pues implica conocer la relación entre las naturalezas simples y sus procesos, si conocemos la ley que rige esos objetos, podemos reproducir también el proceso por el cual se configuran. Producir y generar propiedades en los objetos es producir y conocer de igual modo su forma, pues allí donde está presente la propiedad, lo está también la forma, es decir, la determinación que las constituye. La forma siempre esta oculta, pero no basta con que esta sea descubierta, ya que si descubrimos la forma podremos modificar las propiedades o naturalezas de los objetos. Los axiomas de Bacon no persiguen únicamente un afán de descubrimiento de las formas, sino una tarea eminentemente práctica.

De los dos axiomas mencionados se deriva la división de las ciencias:

El estudio de las formas eternas e inmutables constituye la metafísica que tiene como ciencia práctica subordinada a la magia. Aquí no se entiende metafísica en sentido peyorativo, pues es ella a quien le compete el estudio de las formas y leyes inmutables que gobiernan los objetos, y la magia como su aplicación práctica en la que se puede transformar y crear nuevas naturalezas.

 La investigación de la causa eficiente, de la materia, del progreso latente y de la constitución oculta, la constituirá la física, que tendrá como ciencia práctica subordinada a la mecánica. La física estudiara las cosas desde su curso ordinario y común de la naturaleza y no sus leyes fundamentales y eternas.

6. Conforta las opiniones de Bacon expuestas en la pregunta anterior con la sección 1.3.15 del Tratado de la naturaleza humana de David Hume y con su Investigación del entendimiento humano Sección 4, parte 1 párrafos 11 a 13 y Sección 7, parte 2.

Las propuestas de Hume y Bacon son muy distintas. Bacon asume que mediante la observación y un método correcto podemos llegar a descubrir los principios que regulan y gobiernan la naturaleza. En la inteligencia hay ciertas situaciones que la afectan, desvían de su objetivo y retrasan su avance en la investigación científica, pero bajo una correcta instrucción y de la mano de un buen método podemos guiar a la razón en el estudio de la naturaleza, evitando que se pierda en absurdas abstracciones, así, bajo esas condiciones podemos develar la estructura que configura los objetos, desentrañar sus leyes y más aún, podemos manipular esta estructura generando nuevas naturalezas. Bacon es un optimista que cree que podemos llegar a conocer esas leyes eternas e inmutables de las que se ocupa la metafísica.  La inducción para Bacon consiste en hacer comparecer los objetos ante nuestros sentidos y mediante un ejercicio tanto de la observación como de la razón, “descubrir” los principios o leyes que gobiernan la naturaleza.

Por otro lado, Hume no comparte el optimismo de Bacon, esas leyes inmutables son una ilusión del científico, Hume es escéptico en ese sentido, no podemos develar esa estructura de los objetos pues ella no acaece a la observación, a lo mucho, podemos únicamente postergar nuestra ignorancia creando leyes y formando axiomas, que no son más que creencias y expectativas fundadas en el habito y en la costumbre. La metafísica no tiene ningún objeto de estudio, ella surge del error de llevar la necesidad de las matemáticas a las cuestiones de hecho. Mediante la observación no podemos encontrar leyes en la naturaleza,  no existe ningún tipo de necesidad en las observaciones prácticas, no hay ningún argumento demostrativo que fundamente racionalmente la inducción desde los casos particulares. Asumimos por costumbre que la naturaleza opera de cierto modo, y en esa asunción basamos nuestras expectativas y el conocimiento de la ciencia.

Las tablas de presencia, ausencia y grados de Bacon son una herramienta para llevar a cabo una buena inducción, del mismo modo las reglas de juicio de causalidad de Hume, quizás en ese punto podríamos decir que ambos se hacen de ciertas herramientas que les garantice una buena inducción. Aunque entre ellas exista una diferencia sustancial. Bacon no solo considera los casos en los que una propiedad va unida a su forma, sino también los casos en los que la propiedad no se presenta, o los grados en los que la podemos encontrar. Bacon asume en sus tablas que dada la forma de x, se sigue x “con necesidad”. Y quitada la forma x, x desaparece con seguridad, considera también cuando la propiedad x se manifiesta en grados de aumento o disminución.

Hume no entendería esta relación bajo el concepto de necesidad, pues no se puede establecer que una cosa se siga necesariamente de otra.  Las reglas de juicio sobre la causalidad, únicamente nos permiten administrar y distinguir cuando podemos atribuir correctamente una relación causal a los objetos, y aunque considera la presencia y ausencia tanto de la causa como del efecto como determinante en el juicio que podemos hacer sobre la causalidad que existe entre ellos, al igual que los grados en que una causa se manifiesta en el efecto y considera también otros factores que influyen en esta relación causal que atribuimos a los objetos, asume que esta relación no descansa en los objetos propiamente, sino en una afección de nuestra mente, aunque no podemos decir, sin la experiencia que algo sea causa de otra cosa, para ello se tiene que recurrir a las impresiones de los sentidos.