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Nada de lo dicho aquí es real

El Océano de pureza me dijo: “No alcanzarás tu deseo sin pagar por ello: en ti se halla una perla preciosa, rompe la concha”.

Rumi Diwan

Comencé con la aventura de pintar, un lejano día a principio de los años 80. En aquel entonces desconocía lo que era el Surrealismo, pero ya mi pintura contenía las emociones provenientes del automatismo que me surtía del imaginario de lo desconocido. En mí habitaba sólo el deseo de manchar para así ir reconociéndome en este oportuno derrotero que se apareció en mí transitar, con el tiempo me fui dando cuenta que ese camino me llevaría a adentrarme para siempre en lo abscóndito. Optar por otra vía, ya a estas alturas sería impensado, pues la fascinación que produce el embrujo de ser nauta de lo maravilloso, ejerce en el espíritu, una acción que induce más a adentrarse que a un retirarse de esta forma de vida.

En aquellos años entre el humo de las barricadas bajo los extremos tiempos de la dictadura, la universidad y mi atril, se fueron sucediendo los primeros trazos que me indicaban que lo mío era explorar la vastedad del inconsciente. No había aún lecturas sobre Breton, ni Lautréamont, sólo surgían instintivamente las formas inesperadas que cada día dialogaban con mis asombrados ojos, pues quizás la metáfora venía en mi adn, producto de la herencia de mis abuelos nacidos en las zonas del chamanismo illapelino, gente ligada a la tierra que desde su toponimia nos narra además la historia alfarera de esta región (1)

El hombre siempre ha estado solo, o se siente en soledad frente a la tremenda carga que le impone su propia vida al saberse finito, desvalido, frágil ante la misión profunda e imperativa de su ser biológico que lo impulsa aparentemente sólo a sobrevivir de mejor manera para restablecer su código genético. Para mí, al pensar en el motivo de la existencia humana, había algo más que eso y percibía la vida como la punta de un iceberg de algo más profundo. Esta percepción fue manifestándose en un incesante martilleo de preguntas que me empujaba a buscar una similar cantidad de respuestas. Estas aparecían a manera de trazos y símbolos surgiendo frenéticos en el lienzo, el papel o cualquier otro soporte que tuviese a la mano. La impresión producida en este viaje frente al vacío, siempre concluía con la idea de que desde el lugar donde surgían las formas y sus colores, debía existir algo más allá que aquellas imágenes primeras, una dimensión infinita distinta a la nuestra. Con el tiempo me di cuenta que esa dimensión afuera, extensa y prolongada, también se prodigaba hacia adentro, incluso en el adentro de esta, una suerte de sucesión de planos que en cierta medida Breton cita en su mito de “Los grandes transparentes” (2)

Lo que habito, en su ancha expansión vive y al igual que yo, esta entidad tiene su propia consciencia, esa manifestación además estaba en movimiento como mis pinturas, pues estas imitaban esa condición, me interesaba lo que se movía, lo que aparecía, lo fenomenológico con su ritmo arsico-tético, con su música secreta, pues como decía el alquimista “El equilibrio que necesita alcanzar no es el que produce la inmovilidad, sino el que realiza el movimiento. Pues la inmovilidad es la muerte y el movimiento es la vida” (3). Se desprende de estas palabras entonces que el vacío aparentemente inmóvil, también es movimiento, pues debe transformarse a medida que las formas se desplazan en su área, las formas que comprenden la vacuidad se someten a esas otras que ocupan dicho volumen y pasan a constituirse en la realidad o surrealidad de forma-fondo. Esto provocó en mí que insistiera en la búsqueda de formas ignotas, pues estas además tenían su residencia en planos ocultos y extensamente profundos, es así como estos primeros años de exploración, fuesen dados en aquello que yo definí más tarde como mi etapa del Surrealismo expresionista abstracto, un ejercicio determinado primeramente por la gestualidad violenta y  veloz que construye tanto el fondo como los primeros planos. Por aquellos años, di con las obras del célebre pintor surrealista Arshile Gorky y en esos trabajos encontré un gesto pictórico similar a lo que yo estaba realizando, años antes Gorky en la década de los 40, enfrentaba la búsqueda de lo surreal desde una forma distinta al resto. Aquel que se había vinculado con Matta, no pintaba como este último, su propuesta era notablemente diferente y verbalizaba una alquimia distinta, una solución que planteaba una nueva tesis formal y semántica. La primera expresión realizada con celeridad permitía la pureza de la información que se develaba primeramente. Acto seguido intervenía el proceso mediumnico, que separaba las formas del fondo en un ritual más pausado que el anterior. Gorky era situado en el Surrealismo por José Pierre, pero también se le señalaba como un expresionista abstracto de la Escuela de Nueva York (esta corriente por otra parte es también una expresión del Surrealismo) Pero esto sucedía, debido a que pintar en distintos estados de profundización del inconsciente, revela a su vez capas diferenciadas de este. Una suerte de mapa de lejanas y cercanas geografías a las cuales podemos acceder de forma independiente o tal vez de manera simultánea. Estas experiencias gorkyanas se repitieron en mí durante gran parte de la década de los años 80 y mediados de los 90.

El mapa del universo desconocido

¿Qué era entonces la surrealidad en relación a la realidad? ¿Una extensión de esta? Estas y otras preguntas se repetían en mi pensamiento día tras día. Era mi imaginación, fantasía mental, un intento de la consciencia que jugaba a desarmar o articular la realidad para dar con nuevos y caprichosos constructos. ¿Cómo se insertaba la realidad en este mapa extenso más allá de las cotas de lo comprensible o medible? Es ahí cuando comienzo a entender a partir de los estudios sobre la física cuántica, de que la realidad estaba determinada por el observador, por lo que era pertinente mirar de otra manera, pero sobre todo había que sentir distinto y llevar las exploraciones a una abisalidad más extrema. ¿Y por qué no? trazar una línea entre ambos estadios, una especie de cordón de plata entre la realidad y la surrealidad. Entonces paralelamente surge un proyecto llamado “El encuentro de dos mundos” esto cerca del año 1999. Este tema se centraba en cotejar estos mundos que se encontraron en el Siglo XV y XVI en América, entre los pueblos originarios de nuestra continente y los conquistadores cristiano-europeos, portadores de una cultura y cosmovisión completamente distinta a los nativos. El indígena era chamánico, un ser que convivía con las fuerzas mágicas del universo y de la tierra que él habitaba. Una cultura que poseía la condición de vivir en un sempiterno estado de conexión con las fuerzas metafísicas que le rodeaban. Aquella además era una sociedad participativa con su entorno, sabía por transmisión ancestral que el mundo eras habitado además por fuerzas ocultas y que para él no le eran desconocidas, la surrealidad o parte de ella era en cierta manera la realidad. Por el contrario, el hombre europeo venía de abandonar en el siglo XII gran parte de su acervo mágico-hermético al instaurarse la inquisición, además comenzaba a asentarse con fuerza los primeros atisbos de una doctrina racionalista que derivaría posteriormente en su pseudo verdad positivista y mecanicista sobre el mundo. Entonces este encuentro debía plasmarse en el lienzo, más que como un mero contraste, debían percibirse además las áreas o zonas comunicantes que llevan las formas de un plano a otro, la percepción profunda del indígena versus la condición fija cognoscitiva del español. Entonces la línea divisoria de ambos planos aparece como móvil, puede retraerse, expandirse, o serpentear dependiendo de mi ánimo exploratorio, donde además yo me convierto en un observador primario, para después ser parte de la suma de observadores.  Por esos años me pregunté ¿Qué, cómo o donde se traza la línea que divide realidad de la surrealidad? ¿Qué es lo que determina nuestro saber, sobre uno u otro campo? La respuesta estaba en la pintura que se conjugaba en diversas profundidades del inconsciente, había por lo tanto, que partir del punto consciente. Era necesario conjugar la realidad con la surrealidad, trazar este mapa y ver donde las cotas diferenciarían a la una de la otra o como se comportaban sus líneas fronterizas, en el momento en que esa surrealidad se incorporaba a mi nueva realidad. Allí es, en que comienza un camino largo para abrir esta suerte de cubo y encontrar los misterios de la vida como lo planteaba Matta en alguna oportunidad, lo que posteriormente sería un Leit Motiv para mi trabajo. ¿Qué se esconde dentro y fuera de la geometría? ¿Qué fuerza invisible ordena los procesos químicos y biológicos? ¿Qué es eso invisible o surreal? ¿Qué es el universo y que lo sostiene? ¿Un universo inverso? La pintura, las instalaciones, la búsqueda en lo profundo irían generando ciertas respuestas.

Un día reflexioné acerca de todo este inmenso escenario de la realidad, todo diseñado para que un microscópico enlace se produzca (la fecundación del óvulo) y se manifieste casi imperceptible en esta infinita bóveda, la cual además está en constante expansión desde el punto conocido como la gran explosión y que por el cual, por muchas variables geométricas, aritméticas y leyes de la física, que permiten que se sostengan nebulosas, que dan orígenes a galaxias, las cuales dan orígenes a estrellas, que a su vez cuando colapsan dan orígenes a enanas blancas o quasares que gravitan de tal manera que absorben otras galaxias, siendo la primera en ser absorbida, la propia galaxia que contribuía a este sol a sostenerse y orbitar, en cosa de un segundo todo esa indescriptible energía y materia es comprimida a casi nada ¿Dónde va? ¿Es trasladada a un universo paralelo? Además entre todos estos cuerpos y eventos se desenvuelve otra estructura con un papel aparentemente sostenedor de estos cuerpos de masa medible, la llamada materia oscura, la cual pueda ser el reflejo o aura de la primera, o la suma de puntos periféricos de los cuales de cada uno, nace un universo paralelo, universos de nuestro propio universo inverso, con un no-concepto, o una no-idea, o una no-sensación que nos sitúe a una posición más aledaña  del concepto, al no oponer resistencia por las interferencias, de las cuales más adelante me referiré, ya que adelantando un poco, la estructura plástica puede llevar de una u otra manera a penetrar esos microportales que enlazan con los universos anversos. Observar el lado inverso del  protón (el antiprotón) o el universo reflejo y extendido del punto donde termina el concepto flora. Pero para hacer lectura de estos me debo ir desprendiendo del concepto observado, de su propio y reconocido significado, dejar la idea que lo concibe en nuestro plano para encontrar la idea al otro lado del espejo, un ejercicio que podríamos denominar como la filosofía del desapego, o ¿Qué debo hacer para encontrar?, la respuesta parece ser la, de poseer la no-ubicuidad para entender y ordenar el mensaje que florece y los ríos que se abren tras las llaves que operan en esta suerte de columnas sephiroticas, estos, sin distingo se ofrecen amplios al observador y al que busca, es una relación espectral, una multi-ubicuidad dada por las impresiones de otras formas anteriores, que también están presentes de manera espectral. Evidentemente ante tamaña tarea reflexiva, el ser cotidiano busca atajos en su tarea pensante, o definitivamente, opta por la modorra y en su rol de irreflexivo educando, adquiere e ingiere las pequeñas y borrosas dosis indoloras que contienen el “no percibiré más allá de mis jaulas y de los circuitos que las interconectan”.

El hombre en la antigüedad crea al mito, pues este le ayuda a entender lo fenomenológico, pero el mito parece surgido de un conocimiento antiguo y no parece ser un dato tan lejano de la realidad. Por lo mismo debo hurgar en el mito que subyace en los piélagos surreales. Esta información en forma de mito, no es más que la forma simbólica en que los arquetipos se nos aparecen, un recurso que el mismo Jung reconocía, de allí que Breton viera la importancia de generar nuevos mitos. Más allá de pretender engañar o falsear, la idea es adentrarse en la urdimbre arquetípica que mora en nuestro inconsciente para encontrar la respuesta que parece similar a la realidad constructiva en los albores mitológicos. Ese principio lo aplico desde la pintura, cada trabajo es una búsqueda en la surrealidad de un mito que nos de luces sobre una esencialidad desconocida.  Esta aparece y determina su propia historia.

Pero creer que el ejercicio pictórico, puede ofrecer por sí solo, una mirada puramente metafísica, una liberación espiritual segura, o una ascensión a los estados del Nirvana, puede ser una peligrosa y egocéntrica manera de distinguir la actividad, pues cuando no se reconoce el vaivén de las mareas sígnicas o simbólicas, desde una vida complementaria que contenga como hecho el vivir el Surrealismo, cualquier manifestación plástica cae en lo que Stefan Baciu denominó como acto surrealizante. Mi postura en ese sentido es clara, vivo el Surrealismo y pinto lo que vivo.

Desde mi punto de vista el concepto no conocido, es la información que busco, sin abandonar o suprimir el ejercicio de la realidad (en una forma parcial) , más bien pretendo conjugar o no hacer practica de lo absoluto, esto permite enriquecer la obra, darle más puntos de vista, sin temor incluso a hacerla abundante, disponer de los elementos combinatorios entre lo sintético y la abundancia analítica, esto no puede perjudicarla, lo que sí la limita es la perspectiva del tiempo en que el artista y el espectador se enclaustran, como sujetos de limitados o acotados, conceptos o ideas sociales y filosóficas. El Surrealismo para mi es revolucionario, dinámico, inagotable y de infinitas posibilidades. Otra definición sería interponer de frente a las realidades-irrealidades, abrirlas sobre un punto, encontrar una nueva relación cognoscitiva, una percepción desconocida, etc. Debido a la abundancia de signos perturbadores y elementos desestimulantes que dificultan la mantención del buen sentido en el tránsito hacia la surrealidad, voy interfiriendo brevemente con tales o cuales elementos a través de mi trabajo y rescatando la memoria oculta, re-presentando a su vez los signos y símbolos  asociados a lo atávico que son mejores conductores hacia la surrealidad pues han dejado mayor cantidad de impresiones en lo que yo denomino gusanos dimensionales (parafraseando a Einstein), ya sea por su abundancia de huellas impresas por ánimas anteriores. Cada hecho, cada pensamiento, impulso o gesto, queda grabado al otro lado del espejo, donde podría imprimirse como parte del paisaje del sueño, el delirio o la muerte.

Hoy sin embargo en un mundo saturado de imágenes y estímulos, los  surrealistas hemos pasado a ser un grupo de esenios dispersos, arrojando minúsculos signos en el inmenso piélago de los millones de sofismas contemporáneos.

Para concluir este punto, si citamos los actuales y antiguos estudios sobre el eikon, sabremos de las transformaciones y mutaciones de la gnosis que lo prodiga, donde los elementos formales mutan según su realidad inherente y la subyacente, encontraremos además que es el medio o entorno, es el que actúa como moldeador de la estructura plástica incluso también en los seres vivos, en los vegetales y los inanimados, por lo tanto las consecuencias finales morfológicas de una determinada “cosa”, estará condicionada por su geometría esencial y por el medio natural, o no natural que la rodea, lo que implica que solo soy autor de una parte de la obra anteriormente descrita, y la muestra en cuestión puede ser bien denominada una colectiva, donde participan otras entidades invisibles.

La idea básica de mi trabajo es producir una interferencia sobre un lienzo que ha sido tratado con una impresión basal en óleo, tempera o acrílico ( en aguadas sucesivas), con los tres elementos primordiales ordenadores del todo cosmológico, me refiero al fuego, el agua y la tierra, estos son dados por la acción cromática de la pintura superpuesta (mixta) a partir de estas tres fundaciones primigenias, se van disponiendo elementos en soportes geométricos casi cuadrados (la estructuración a partir del caos no es condicionalmente perfecta), sobre estas formas interfiere el signo antiguo e inmutable que se sostiene dentro y al mismo tiempo al margen de la realidad conocida y que al ser revelados, tal como las columnas cabalísticas que contienen las llaves, de los mundos donde transmigran las almas. Dentro de estas formas compositivas coexistirán elementos no necesariamente proto- vehiculares transdimensionales, sino también objetos provocadores reconocibles (de provocación de los afectos), por lo menos desde el punto de vista del sujeto creador.

La impresión fuerte y sostenida sobre y en la vasta fuente contenedora que es el soporte da cuenta del necesario acento, que se le da a estas fuerzas primordiales desde donde se levantan todas las energías formadoras o deformadoras del universo (esto estará determinado por la cantidad de elementos surreales o no que porcentualmente participen en el todo compositivo).

En mi obra el color es aquel que conocemos, el que es medible, por lo mismo lograr una obra absolutamente surrealista del punto de vista cromático es tarea imposible, pues trabajamos con elementos y soportes que ya en sí, constituyen una realidad conocida. Entonces es la forma la que se prodiga más en el sentido de lo oculto, pues un color es tácitamente color del cosmos, es color telúrico, color ígneo o también es el pigmento casi transparente del aire que respiramos. Este planteamiento proveniente de una percepción personal, me obliga a plasmarlo tan solo como asiento estructural de la obra, para desplegar sobre esta el contrapuesto elemental que se contendrá en el signo o elemento pictórico interferente que se abre a un nuevo estado que sugiera una nueva lectura, a la que agrego un nuevo elemento formador y que tiene una repercusión y o connotación distinta en dicho objeto o suma de objetos (cuando se transforma en simbólico) No se debe sin embargo pretender fijarlo dentro de una propuesta simbólica, mal entendiéndola como una alegoría, sino que me refiero a las estructuras supra-hermenéuticas de un fenómeno, escríbase como forma abstracta o  de realidades superpuestas.

El influjo

El arte a lo largo de su historia (que es la misma historia de la especie humana) ha buscado siempre expresar ciertos sucesos que le son significantes y así ser una suerte de catalejo para observar cada época, con su suma de registros que van desde lo cotidiano a lo universal. Desde el tiempo del paleolítico, el ser humano ha usado el arte para expresar sus sensaciones o sus pensamientos, ya sea desde el punto de vista secular, mágico o religioso, etc. Mi mirada con sus impresiones plasmadas al soporte, al igual que otros artistas no ha estado al margen de este influjo. A la vez que ni por muy superficial o banal que sea el cuerpo estético creado, jamás éste ha dejado de pertenecer a un sentir o idea que tenga correspondencia con la contemporaneidad en la cual le correspondió manifestarse.

Hoy como nunca, el arte ha experimentado una sucesiva transformación y se da el uso de diferentes medios para expresar, decir y comunicar una idea o sentimiento. Es como una especie de lengua viva, con sus argots, modismos, muletillas y puntos de adecuación en constante evolución según lo que el medio le demande, pero algo muy íntimo se conserva intacto en su fuero interior y cierta actividad artística mantiene su forma de relato inmutable, pudiendo en algunas ocasiones sumar algunas variaciones u omitir otras, pero manteniendo su lenguaje vernáculo, y se me viene a la mente el recuerdo de los "cagots" constructores de catedrales góticas, con su idioma arcano transmitido de generación en generación, que se preserva por la fuerza de su simbología arquetípica, la cual dicho sea de paso; es inherente a nosotros. Ese mismo idioma sígnico también se ha expresado el Romanticismo, el Simbolismo y por cierto el Surrealismo que toma al igual que estas corrientes del Siglo XIX y principios del XX (en el caso de los surrealistas) los signos antiguos con su poderosa carga simbólica- que por mucha presión que ejerce el medio socio-cultural actual con su nueva carga de nuevos signos- no se aprecia en el horizonte de la futura historia humana una fecha de vencimiento para este acervo arquetípico, ya que sería como intentar borrar el código genético de nuestro adn, pues mientras existan seres humanos estos significantes arcanos, estarán en nuestro inconsciente colectivo, ya sea en la superficie o en lo profundo del yo. El Surrealismo, ha tomado la posta en el relevo, en una carrera donde el hombre busca su propio conocimiento antiguamente perdido.

Los siglos XX y XXI, que me ha tocado vivir en parte, no han estado  fuera de esta influencia, en que lo exterior dialoga con lo interior dando como resultado en mayor o menor grado una obra que contiene una parte intima que se ve conjugada con otra influenciada por su entorno, de este devenir de intra-exo-estímulos desde donde se acciona el acto creador que se graba, estampa y fija en la tela, en la piedra, muro a modo de corpus compositivo, que se convierte en la nueva criatura que concluida, asoma para cobrar vida propia, separándose del artista y convirtiéndose en un eikon de características distintas (con nuevas singularidades-pluralidades) al interactuar con otro espectador que ya no es el artista, pues la visión del observador la transforma, la re-interpreta y la somete a un nuevo juicio donde la muta en su forma percibida, por efecto del proceso de  transferencia cognitiva modificable del mensaje, lo cual sucede en el espacio existente entre la obra y el sujeto observante. Pero pese a esto la obra sigue inmutable en su esencia, y así lo será siempre, aunque al verla con el tiempo, incluso para mí ésta me sea distinta, ajena, mejor o peor, pues ya no soy yo el que está presente en ella y ésta cobra vuelo propio y sus significantes ocultos (que no fueron visibles en el proceso creativo) asomen , lo mismo ha sucedido y con mayor potencia en el ojo del espectador que sólo la reconoce en su fase de término, entonces la obra en sus interpretaciones y en sus sensaciones originales, se ha quedado distante de sí misma en origen, y esto acontece generalmente al ser re-visitada. Esa es mi experiencia con mi obra, la que me deja de pertenecer al ser finalizada, entonces ella (la obra) me usa solamente como su vehículo motriz, una suerte de extractor de imágenes, con manchas, yuxtaposiciones y anhelos, para después abandonarme en el vacío que me empuja a generar una nueva ilusión.

Abrir la estrella

Una pieza         en el orificio de la torre
donde asoma el tridente sumergido del tiempo
entonces la novia baja las escalas      con cabellos de algas
envuelta en su luto transparente
que invita al vacío
pues la médula del vigía
se hunde entre tierras húmedas      y baldías.

El cuerpo estético

Primero está el vacío, desde donde comienzo a plasmar una urdimbre fenomenológica de aquello que no en gran medida no conozco, donde además no imagino que surgirá. Mi metodología de trabajo, es generalmente presentarme frente al blanco del lienzo sin ninguna idea previa, donde dejo que todo fluya, según estado de las emociones (que en algunos casos vira imprevistamente mientras el trazo surge) para así no dar opción a que la mente piense en una primera fase de la acción pictórica. Las formas, que serán espacios sin contención, junto a las formas que serán seres, sin identidad conocida (la deben tener) divagan en una zona etérea delimitada por mí, pero que es sólo un punto referencial, una geografía traída y convocada desde otro punto del inconsciente, pues esto seres o formas no pertenecen a este lugar, vienen de otra parte, están de tránsito, se asoman y nos observan a través del acto mediúmnico, y así al surgir nos interrogan, al igual que como nosotros, también les interrogamos para saber de su arquitectura delirante, pues esta ha brotado de la espuma oceánica de lo irracional. Bien mencionaba Eliphas Levi, cuando hacía referencia de los tres estados fundamentales para hacer contacto con la otredad, qué en primer lugar estaba el estado embrionario, el otro, el sueño y por último, el delirio. Es aquí que este último se hace presente para desbordar con su multiplicidad formal, pues no hay límite y no lo habrá mientras la sin-razón sea rectora y guía para encontrar lo maravilloso, aquella  alteridad que provoca la sensación de encontrar su propio universo oculto.

Mi obra habla de lo oculto, que es acosado por la actividad humana que lo nubla. La metáfora abre el universo a los ojos. La palabra que dicha con la intención humana la desvirtúa. Al manchar sucede un acontecimiento especular, se abre un universo interior que no conocemos...en la medida que sea ejecutada la acción con la mayor de las sinrazones, más gestual, contendrá una imagen que refleje su origen en una mayor profundidad del ser, y allí dialoga nuestro inconsciente con el consciente, en otro lenguaje; quizás el de los pájaros, ya qué no hay idioma conocido, sólo sensaciones y el ser se va sanando, suceden los milagros, pues viajas, vuelas lejos, y ella (la obra)  a veces debe volverse a manchar aunque no se tenga la certeza de aquello, se debe seguir el impulso, así funciona, es un salto de fe, en cada arremetida hacia la tela ...hay que soltarse, con los minutos, con las horas, con los días, y todo empieza a reverdecer....Así lo veo y siento, allí está la nada frente a mí para desenterrar lo que previamente ignoro, una suerte de excavación en pos de los signos fósiles de lo cósmico desconocido, incluso diría qué lo que uno aporta es poco, solamente me debo estimular a manchar, a pintar...y todo sucede por sí solo, como dije con anterioridad; es mágico, es como danzar, como hacer música...como escucharla, por eso mismo he incursionado sobre estas partituras que intervengo mientras suena de fondo una banda sonora escogida o sugerida. En ese acto se borran los límites, me ensancho, me minimizo, me diluyo en el todo, es el no ser del Tao, para ser realmente, y comienzo a entender, en cada ocasión y en cada uno de sus capítulos, mi propia escalera de Jacob.....a mi medida y necesidad momentánea. Al cabo de un tiempo, trato de sujetar sensaciones, darles un valor simbólico desde lo inmediato, pues como dijera Matta:"abrir el cubo y encontrar la vida" donde no se puede explicar esa vida tan infinita, entonces es menester sujetar partes, quizás partículas y traerlas, posicionar a la imagen que el todo intenta hacer emerger, sujetar la orilla del mapa surreal, fijando una silueta, una mujer, quizás sea la diosa, bañada por el éter que presentimos, con sus oleadas de iones cósmicos, (medibles), donde además se suman lluvias de energías astrales, invisibles, donde el color debe ayudar, poder sujetar cierto nivel perceptible, que sea de eslabón con otras formas en mayor o menor medida irreconocibles, hasta poder convertirse en una poliforme abstracción, heraldo de la región más ignota del universo-multi-universos. Todo esto se puede grabar en el lienzo, como un atisbo de esa sensación....la otra se queda en su dimensión invisible....por eso trato de construir a partir de lo reconocible, un mapa que lleve hacia su reverso, su (s) otra (s) forma (s) dimensional (es)

y no pronunciaste el nombre de la serpiente olvidada,

pues tu memoria es el sílice blanquecino del extravío,

era ayer, cuando develaste tus terráqueas humedades

bajo el signo fósil del espanto y de la noche

con su llave erguida,

simple como la palabra

que abre el tempano en su periplo náutico,

lejos del dominio magnético,

huérfano de eternidad

(fragmento de “Pájaros fragmentados”)

El cuerpo semántico

He meditado sobre este tema y he llegado a la idea de que todo lo que nutre conceptualmente mí obra, tiene su origen en las creencias públicas (la fe social y el pensamiento y sentir “natural” en su amplitud) y en la privada, ambas se conjugan con mi propio procesamiento de estas. En cierta forma es, en como el “Uno” influye en uno, así me ha sucedido, así sucede siempre. Es como nos disponemos a vivir y a aportar en nuestra historia, deseando que esa historia se desarrolle de tal o cual manera, dentro de lo posible, pues avanzar en un estado denso de externalidades, por cierto influye en nuestro propio estado vibracional y en eso consiste todo, en un intercambio simbiótico de vibraciones....existe el impulso inicial donde deseamos vivirla de cierta manera, pero la vida plantea su propuesta que se opone a la nuestra, lo mismo sucede en el lienzo, lugar donde se manifiesta la relación dialéctica del individuo con el todo. En cierta manera podemos determinar el destino de una obra como el de la propia vida y es cosa que nos vayamos por tal o cual derrotero, pero su resultante es indeterminada a priori, el devenir es-no es caótico y su final será dado por las diversas interferencias que se presenten en el proceso, una pintura puede ser una gestación breve, pero incluso en esa brevedad  es presa de las fuerzas vivas de la incertidumbre, analogía quizás de una “ephímera” alada o tal vez similar y prolongada como el reloj de un quelonio....allí los elementos externos que la habitan serán parte de la vida de la obra. A partir de esto, deduzco que su propia semántica es incierta, y dependerá del observador que sea capaz de unir, separar, discriminar los elementos conceptuales que habitan el cuerpo estético.

Elijo el silencio y los lugares vacíos, es una ceremonia de la memoria no-memoria, lo no recordado, la hora en que salgo del círculo, camino los no-lugares, y es cuando dispongo mi ser absoluto para estar o ir donde nunca había estado.

Intento transmitir el concepto de una instantánea cósmica donde convergen los aspectos unificados y mínimos de la unidad, es decir del todo que nos cruza. Aquello aparentemente útil-inútil que termina siendo contradictorio dependiendo de la unidad-tiempo en que sea retratada

¿Dónde fueron las palabras que se dijeron? ¿Dónde fue lo que hice? ¿Dónde lo que pensé o sentí? tanto dicho y hecho olvidado-rememorado. Aquello dicho y no dicho, ambos se transforman en nostalgia y destiempo, réditos y débitos qué se reciclan, es la ley del cosmos, donde no hay asignaturas pendientes ni aprobadas, sólo silencios y palabras necesarias, donde sólo son...Así, es el poder del silencio, tan noble como la palabra, ya que la mudez habla por los ojos, así como el ruido de la tela entra por estos mismos ojos y se ha visto que pocos son los que saben interpretar el aleteo de la pupila.....He preferido callar muchas veces, he decidido no hacer, para entonces entrar en el no ser, para ser más....y dejar que los nudos se desaten con los colores, los que me expresan de mejor manera, aunque no sean vistos, pero sí sentidos. Tantas veces no dijimos ni hicimos, a todos nos pasó alguna vez y quizás eso tenía su propósito, donde había alguna sabiduría contenida en aquella omisión, la que esperaba su momento cromático para expresarse. Puedo citar muchos ejemplos en mi vida en que así debió ser. Entonces oculto grabé mis palabras no dichas, en la pintura y la poesía, para así apartar el insomnio, la nostalgia o alguna insatisfacción de un ego que se resiste a la vida precaria de la realidad. Por eso la verdad está en los sueños, en el delirio y en los piélagos infinitos de surrealidad, donde todo es permitido y nada daña.

Estoy buscando mí hilo de Ariadna, que es más que construir y significar en una sola verdad, ya qué cada vez que vuelvo de un pasillo del laberinto entiendo que todo suma, que andar perdido no es perderse, que al perder todo lo que se tenía, se gana en silencio y vacío,  así se adquiere algo nuevo que eclosiona y descubre un nuevo estadio, un gran espacio para reconstruir y crecer....las palabras que no se dijeron, llegaron a su destino, pues nada está separado de su propósito y estas se las arreglan para ser oídas...pues las pinté, las hice poesía, y al hacerlo se grabaron en el universo.

Para mí, el modo de expresar en amplitud, es manifestándome desde la surrealidad. El Surrealismo llega a mi vida a mediados de los años 80 (sin saber que este era Surrealismo) antes practicaba la transvanguardia (que tiene su parentesco con el Surrealismo). Pero Fue mi búsqueda dentro de mí y de ese algo que me abriera mayores posibilidades, lo que permitió que diera con la pintura automática  y abstracta, (aunque ralenteada puede terminar siendo una imagen figurativa) la que me captura completamente, llegando a hacer y escribir algunos ensayos sobre ella y sus posibilidades, como la diferencia entre la surrealidad abstracta de Matta con Arshile Gorky y mi propio trabajo con el de ellos. Este encuentro con el automatismo psíquico fue para mí un bálsamo que me abre nuevas posibilidades dentro de la plástica y la escritura. Así, también desde hace un tiempo se han re-abierto otras posibilidades para expandir mi ser, dentro de las cuales podemos mencionar al delirio, la mediumnidad, la alquimia, el hermetismo, lo primitivo, lo ingenuo, el humor negro, lo absurdo, lo chamánico, el art brut, los mitos o la física cuántica, donde se puede decir; que los surrealistas buscan en toda la amplitud de lo maravilloso.

Final

Final que principia

hacia la medianía del silencio

cuando el ave parte el alarido lunar

donde se mencionaba tu nombre,

tu flora sempiterna en sus ciclos

con su magia del borde celeste

la hundida alegría antes del desplome

después del augurio

en su bendita hora ascendente.

Conclusiones irreales

La(s) verdad(des) ha(n) sido manipulada(s), ha(n) sido restringida (s) y sometida(s) a una sola mención, es decir, se la ha categorizado como “la verdad” y no se dice que cada verdad también tiene su opuesto y que ambos son verdaderos. Verdades que  hay que leerla entre-líneas, o leerlas inversamente, donde todo tiene su propósito, y que ante los ojos de (los) dios (es) -tomando la palabra elohim y los mitos antiguos- pueden ser buenos o no, pero siempre serán útiles. Solamente es preciso que el ser humano se adentre sin dogmas en el abierto universo de las posibilidades (verdades oprimidas o apócrifas) o a los derroteros de lo prohibido, pues es allí precisamente, en esa geografía donde subyace el vellocino que contiene la clave de la sabiduría (la que no debe asociarse obligatoriamente a algo ganancial o permisivo). Entonces no hay excusas, ni atoradas esclusas que no permitan el flujo de los efluvios multi-verdaderos que insuflan el alma, allí se puede encontrar de manera más potente, ese poder invisible que surge en el crisol, cuando aparece la imagen reservada al espíritu, en su momento pleno de misterios y belleza.

La incredulidad en el hombre, lo ciega y lo aleja del eikon manifestado, que tiene su origen primigenio a partir del logos (que siempre es una fracción en la obra), entonces,  reconocer una mayor porción comienza con un largo entrenamiento que se sostiene en el acto de observar en demasía (lo que conocemos como contemplación) Hábito que se ha ido perdiendo a medida que nos acercamos a nuestro tiempo. Hace unos 5 mil años, el ser humano vivía en mayor correspondencia con los poderes mágicos e invisibles, inserto en una cultura holística y en armonía con las potestades del Uno. Con los siglos fuimos perdiendo ese don, ausencia que se hace crónica con la llegada de la separación dualista entre res cogitans y res extensa.

Mi acción plástica está basada en el Uno, en lo indivisible, así las obras en cierta forma son más altas y anchas, más profundas, mas cóncavas y más convexas, pues así las he creado, así deben ser vistas. No sólo están compuestas de líneas o formas, de empastes o cromatismos, hay una superposición de los elementos que realiza la tarea simbólica y por ende, la fase comunicativa de su semántica (que inclusive se me hace difícil traducir a nuestro lenguaje de la palabra) Entonces dejo que ella se exprese por sí misma, que dialogue desde su propia hermenéutica, con su propia paráfrasis ontológica y su mudez estruendosa, en una y mil alegorías o ninguna (cuando lo alegórico no está contenido en lo calificable y reconocible) donde todo es tan real, precisamente por no serlo.

Enrique de Santiago

Nacido en Santiago, Chile (1961). Artista visual, poeta, investigador, ensayista, curador y gestor cultural. Estudió Licenciatura en arte en la Universidad de Chile y en el Instituto de Arte Contemporáneo (Chile). Desde el año1984, que expone en muestras individuales y colectivas, contando a su haber alrededor de más de 100 exhibiciones, tanto en Chile como en el resto del mundo. Ha dictado charlas en diversas universidades, museos y centros culturales. Es integrante y participa de las actividades del “Grupo Surrealista Derrame” desde el año 2004. En 2005 participó en la exposición
Cono Sur, El viaje de los Argonautas en la Fundación Eugenio Granell (Santiago de Compostela, España) y co-organizó la exhibición Phases-Derrame, la emancipación poética, muestra del Movimiento Phases en Chile en la Galería Artium y en la Galería de Arte Contemporáneo Centro Norte. En el 2008 participa en la Exposición Internacional del Surrealismo El Reverso de la Mirada en Coimbra, exposición de Surrealismo actual. . Del 2009 al 2011 co-organiza El Umbral Secreto, 18º Exposición Internacional del Surrealismo en Santiago de Chile, Antofagasta, Chillán y Valparaíso. Ha sido curador y gestor de exhibiciones en torno al Surrealismo y otras corrientes, organizando muestras de Ludwig Zeller, Mario Murua, Matta, Hernándo León, etc.

Ha colaborado en revistas como Derrame, Escaner Cultural  y Labios Menores en Chile, Brumes Blondes en Holanda,  Adamar de España, Punto Seguido de Colombia, Styxus de Rep. Checa, Canibaal de Valencia, España, In Comunidade de Portugal y otras publicaciones impresas y digitales En 2012 edita su primer libro Frágiles tránsitos bajo las espirales y en 2014 Elegía a las maga, ambos de poesía. En 2014 también publica el libro-ensayo El Regreso de las Magas.

Actualmente escribe La historia del Surrealismo en Chile. En el 2012 participó en el libro Il Surrealismo de Arturo Schwarz (editado en 4 tomos en Italia) Historia del Surrealismo en Latinoamérica de Floriano Martins (por editarse en Brasil y Colombia) y en Historia de la Vanguardia Latinoamericana de Floriano Martins, también por editarse en Brasil. Colaboró con dos ensayos en el libro Almanac Qui Será, libro publicado en Holanda. Ha colaborado con su poesía además en el libro War en Texas, USA.

Se desempeña como corresponsal de la revista Matérika de San José, Costa Rica.