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Antonino Caponetto

Una breve nota sobre la poesía de Fernando Rendón

Su poesía cruza los mitos, las culturas, la historia de los pueblos, los orígenes de la vida en la tierra, sumergiendo y arrastrando al lector en un espacio simultáneo, legendario y real, primordial y contemporáneo.

Los símbolos son, con claridad y dramáticamente, a veces con ironía sutil, siempre atribuibles al presente, llevan en ellos esas altas expectativas que confían con toda su fuerza (concreta y sin embargo nutrida por el deseo) en el renacimiento del bien para los humanos según cada forma que tiene vida, persistencia - y alma - en el mundo y en el cosmos.

Sólo debido a la densa variedad de materia tan profundamente investigada, el lenguaje poético de Fernando Rendón, por su intrínseca necesidad, personifica y humaniza elementos, seres, objetos. Incluso conceptos, ideas, categorías, ya sean filosóficas o psicológicas, sociológica o histórica, o de otra manera. Todo significante vive a través de su poesía, adhiriéndose a significados que, incluso en su singularidad, son tales que cada uno de ellos logra contener un poder semántico-expresivo múltiple. En estos extraordinarios versos los acontecimientos, los hombres y los mitos del pasado (los de muchos pueblos), desde el principio hasta el presente, viven y experimentan, dentro de nosotros, una gran contemporaneidad, son a la vez el ser y el mundo, y nosotros los lectores lo sabemos habitado mientras que al mismo tiempo vivimos - el poeta nos pregunta - con la intensidad y la fuerza de una conciencia individual siempre alerta y atenta. Es una conciencia que siempre aspira a ser colectiva y universal. Y los versos de Fernando Rendón muestran - con claridad, rayo, cegamiento - para aquellos que pasan a través de este libro, el carácter muy complejo del lenguaje poético de nuestro autor.

Creo que la Weltanschauung de Fernando Rendón, al menos desde el punto de vista meramente racional, es cualquier cosa menos idealista. Sin embargo, esta concepción está profundamente impregnada por una asombrosa idea, como conviene a un hombre a través del cual la poesía vive y se manifiesta.

También estoy convencido de que la gran tensión de nuestro autor a lo que concierne al Espíritu, también se basa en un no pensamiento idealista y que tiene una concepción deontológica, vale la pena para decir que vive siendo como una necesidad de ser…

El lenguaje poético de Fernando Rendón es realmente grande, muy denso de significados fértiles. El tejido semántico-expresivo del cual desciende es a la vez evocador y épico, íntimo y fabulatorio, altamente simbólico y lleno de metáforas asombrosas, sus destinatarios leen su difícil presente, mientras que el sueño de un futuro vivo y libre toma forma y cuerpo, haciendo muy alto su valor poético, cultural y antropológico. Y todo esto sólo puede afirmar su universalidad espiritual profética. Creo -y repito aquí en otras palabras- que en Fernando Rendón poesía y vida coinciden en una gran aspiración, la más digna de imaginar para cada uno de nosotros: que los seres finalmente se deshacen del miedo y de la restricción, sabiendo bien que cada individuo puede lograr este gran sueño sólo con los demás, como parte de una conciencia humana cotidiana y vertida hacia el Todo, que nos contiene y sin embargo nos trasciende.

Un libro necesario para mí, este, sobre cuyo valor intrínseco, no tengo dudas o ninguna duda, una antología que permitirá a los italianos acercarse, incluso a través del lenguaje original, a una poesía y a un poeta cuya lectura sólo puede ser una fuente de alegría para los que la aman profundamente la poesía.

También creo que quien se aventure a leer este poeta tan humanamente cercano, no puede evitar sentirse empujado hacia nuevos e intensos conocimientos de su poesía.

Fernando Rendón

El hombre que lee tranquilo

El hombre que lee tranquilo

El hombre que lee tranquilo esta mañana

en las orillas del lago Hoan Kiem, en Hanoi, en tiempos de paz,

sabe que bajo sus rizadas aguas duerme la espada de Le Loi,

que hizo retroceder a los conquistadores en un tiempo difícil para el país.

Lo sabe también el Templo de la Montaña de Jade.

La dulce anciana que me ofrece sonriendo a mi paso

una naranja amarilla como un pequeño sol,

sabe que los cham, los jemeres, los mongoles y los japoneses ya se fueron,

y que los chinos que ocuparon sus tierras por mil años no regresarán.

El hombre silencioso que habló esta noche

en la galería de arte de la capital, recuerda que un guerrillero vietnamita

fue abatido por un tiro de pistola de un ocupante francés,

junto al muro de la casa de sus padres, en la aldea Chua,

donde los sembradores de arroz escriben poesía.

El pescador arrojó ayer su anzuelo al estanque en espera de un pez,

preserva en su memoria aquel mediodía de abril

cuando Le Van Phuong derribó con su tanque  

la puerta del Palacio de Saigón

mientras caían del cielo racimos de asesinos,

que intentaban huir en helicópteros.

Entonces los habitantes del norte y del sur,

separados por el enemigo,

pudieron cruzar el puente de Hien Lượng

para abrazarse de nuevo y poner fin a su dolor.

De esta manera pudo reconstruirse el país.

La sangre derramada permanece en la memoria,

pues ha llegado al mundo para permanecer en él.

Sobre la piedra viva se erige la imagen de los siglos,

pero el mundo no aprende la lección,

Todavía no cree que puede terminar la pesadilla.

Querido mundo, escucha de nuevo al corazón alado.

Con siglos de horror se paga el nihilismo.

Un pueblo atraviesa los siglos para hablarte.

Su leyenda circula sin cesar las arterias del Gran Cuerpo.

Como el vivir, no se olvida nunca el lenguaje de los libres.

Respira mucho más hondo que la muerte.

Una nueva lengua reconquistará las posiciones perdidas.

La siembra de colores se restaura con la sangre del sacrificio de los pueblos.

Si el amor pudo reconstituir tantos desastres,

así mismo recobrará en su antiguo esplendor al universo.

Vietnam


Beben aguardiente de arroz los señores de las palabras.
La celebración ha costado mucha sangre y lágrimas.
Pues se han empleado las armas para retomar el día.

Cada grano de arroz cuesta nueve gotas de sudor.

Bocas del vacío derraman cantos en nuestros oídos.
Una tras otra las olas de invasores han llegado y se han ido
Como el hambre, como el invierno, como la muerte.

Pero cada grano de arroz cuesta nueve gotas de sudor.

Nuestro canto es una llama desde la raíz del tiempo.
La resistencia alimenta la alta esperanza del mundo.
Con sangre la música siembra y cosecha una nueva vida

Porque cada grano de arroz cuesta nueve gotas de sudor.

La primavera prepara con f!ores su ofensiva esperada
Los sembradores se inclinan para acariciar la Tierra
La voz de la vida, persistente, brota para aumentar las almas.

Y cada grano de arroz cuesta nueve gotas de sudor.

Incienso, agua, flores y frutas colman los altares de los antepasados.
El lenguaje ara, las semillas germinan, en el extremo de las dificultades,
Vietnam, camino, se tú nuestro retorno.

Mi hermano loco

Mi hermano loco de alegría no habla, canta.

Sus ojos sonríen, su memoria brilla.

Pero, ¿qué es lo que canta sin descanso?

Canta bajo su sombrero cónico que la vida toda triunfó sobre la muerte una, dos, tres veces.

Canta en las arterias de la capital, en los campos de arroz, en las plazas de mercado.

Evoca un día en que una dulce mujer pedaleaba con su fusil en bicicleta,

y ahora descansa con su amor sobre la terraza que alzaron.

Canta que siendo niño fue un esclavo conduciendo un búfalo entre minas.

Canta que una vez vio el cielo de su aldea oscurecido por aviones de guerra extranjeros.

Canta que vivió con una bella mujer desconocida un minuto de amor y paraíso en las trincheras.

Mi hermano loco sabe que la verdadera paz es la que el propio pueblo alcanza.

Y sabe muy bien que la desgracia está en el pasado y no el futuro de los pueblos

que siembran hondo su sueño en la historia del tiempo.

Como los rostros de los dioses que vigilan

Ya habíamos recorrido una enorme parte del camino

Estábamos cerca del Techo del Mundo

El Techo del Mundo era una alta proa y el destino

El mascarón de proa era la Sierra Nevada

Y se agitaba con la furia del océano

Solo un ser sobrehumano podría asirse a la proa

Sin caer lanzado hacia el abismo

¿Y quién cabalgaría el fin del mundo?

Estábamos en la cima donde confluyen los soles

Asomados al equilibrio de los planetas

Desde el fin del mundo podíamos ver

las estribaciones de la historia

la geografía de los siglos ganados y perdidos

La Tierra dulce en su extensión embriagadora

tu amor real como los rostros de los dioses que vigilan

Secreta botánica

Para combatir el invierno de hidrógeno

Contra el miedo, la parálisis, el olvido

A fin de diluir la inercia y fortificar los miembros

el poema.  

Para recuperar la natural intemporalidad del equilibrio

O hacer que acuda el tropel de visiones más amado

A objeto de crear el más dulce azar

el poema

Para llegar al eje del siglo que el reloj de arena indique

Y constatar el desamor y la muerte que se jactan

El poema que recobra sus dominios

El poema que retorna y baila

Alrededor y en el centro de la hoguera

El afán invulnerable

El poema risueño que repudia el poder adverso

Y desnuda el corazón del carnaval

Para crear nuevos mundos y la leyenda opuesta

Para alentar el crecimiento de la hiedra

Para devolver al pueblo su aliento

Y pronto no sea más realidad la pesadilla al despertar

El poema que enciende y llama

El poema que encuentra

que recuerda y fusiona

Somos unos jóvenes de apenas 2 millones de años

Somos unos jóvenes de apenas 2 millones de años

Es muy difícil vivir sin tratar de poseer una verdad

y es un trabajo de siglos,

Pero es más difícil alcanzar la verdad.

¿Y qué es la verdad?

La poesía es el dialogo sutil que pone punto final a la muerte y

a la guerra

ya que el precio del olvido del amor, es la guerra y la muerte.

El amor es el poeta de todos los planetas

sus rayos dan calor al pueblo sagrado

todo el amor del mundo existe, pero no tiene donde vivir

nos hemos cerrado al amor, aunque somos su casa, los suyos

su corazón que necesita ser habitado,

todo el vacío existe para contenerlo, para abrazarlo

y abrazados al amor y a su canto ser inmortales

¿Dónde te escondes? Nada se acaba nunca

Solo tú sabes cuál es la mano que escribe

y cuál es la mano que borra,

qué escribe y qué borra

Carta a alguien que teme morir

No probaré que después de la tumba seguiremos avanzando como una caravana entre las dunas donde ya no mora una salamandra        aunque el espejo no devuelva ya la contemplación de su imagen

No demostraré que la mezquindad del tiempo es reflejo de fronteras que empotraron egoísmo y razón        que la promesa que hicieron extraños seres hace siglos no será

quebrantada

No reafirmaré que la esperanza y no la certeza es lo único que nos será otorgado

El escudo es cuerpo                rota la copa se derramará este vino y nuestra nueva piel podría ser la hierba                los pulmones cielo                el universo mente

La vida es juego de finas energías                quien no se guarde morirá esta noche        

si acumula no será por azar

El hombre se ha dividido en la guerra por la paz                hemos perdido el paraíso y el mapa                todo el arte es un canto de nostalgia por la memoria de su aroma

Huyes sin reposo                temes morir y no hallar al fin un jardín de diamantes        

Escucha                la sangre clama por la infancia que muere gritando de dolor        

por la densa tristeza del mundo

Carta a un amigo en Francia

“¿A qué hora debo ser llevado a bordo?”

(Arthur Rimbaud)

Es el poeta que sobrevive en ti quien te permitió creer

que lograríamos traer a Medellín los objetos personales

de Arthur Rimbaud, trotamundos con botas de viento,

tras su desgraciado final en el hospital de Marsella.

¡Sus últimas y tristes pertenencias!

La raída y compacta maleta amarilla, con fuertes correajes,

en la que trajo, a su madre y a su hermana Isabelle, en Roche,

telas, collares, esteras y fugaces objetos mágicos de Abisinia;

el manto multicolor de algodón que lo arropó en Harar;

la pipa con la que exhaló sus últimas bocanadas de hachís,

para paliar el dolor de su pierna derecha gangrenada;

su reloj de cadena blindado, detenido para siempre a las cuatro

y cuatro minutos, de ese lluvioso 10 de noviembre de 1891;

cuatro de sus libros sobrevivientes que leyó tercamente sus últimos días,

en los que, ya mutilado, soñaba con retornar a Abisinia:

El conductor y el agente viajero de F. Birot (dos tomos),

La guía del constructor de A. Demanet,

y El libro del carpintero de J. F. Merly;

-destinados a convertirlo en el genio africano de todos los oficios-,

el pocillo de lata, una cuchara, el tenedor y el cuchillo

con el mango roto, propiedad del condenado,

atrapados en una urna de vidrio en el Museo Rimbaud de Charleville.  

Era parte del homenaje que queríamos rendir a su espíritu rebelde

al poeta encarcelado, escupido, desterrado por sus congéneres

que confrontó entre nosotros todos los poderes de la arbitrariedad

y, fugitivo, arrojó a los caminos y montañas a oleadas de insumisos

en busca de iluminaciones capaces de abolir el infierno omnipresente,

multiplicando el deseo de cambiar la vida en fraternas comunas de fuego,

escribiendo sediciosos poemas para afianzar nuestras raíces sobrehumanas,

fuera del tiempo de muertas convicciones, dioses idos y raídas enseñas.

Queríamos hacerlo parte de nuestra fiesta poética anual, inigualable,

que había implosionado en una rara dimensión las visiones extáticas,

en nuestra ciudad de quincalleros, políticos infectos y milicos fascistas,

donde un río de jóvenes se pasea con un puro de cannabis en su boca

y un río de muchachas flota en las orillas de su realidad más alta,

cantando insurgentes poemas en el caracol de miles de finos oídos.

Pero qué curioso, los tiempos no han cambiado

y nuestra misión está de hecho condenada al fracaso:

me escribió madame Carole Marquet-Morelle,

curadora del Museo Rimbaud de Charleville,

informándome que la maleta de cuero que acompañó al poeta

a Java, Indonesia, Yemen, Etiopía y Abisinia,

hace parte ahora del Tesoro Nacional de Francia,

celosamente vigilado por Interpol,

su maleta amarilla elevada ahora a la categoría de obra de arte,

no puede ser incluida en la valija diplomática de la legación francesa en Colombia;

Se necesitan dos años para realizar el trámite”;

Estos objetos nunca han salido de Francia”;

Sus pertenencias son su única memoria”, recalcó alarmada,

(no recordaba que sus poemas son su más vigorosa evocación),

y ahora su reloj de números romanos, sus postreros libros,

sus cubiertos y su manto africano deben ser asegurados por una suma inabordable.

Pues vale más hoy su pipa que su poesía evanecida en volutas,

el tiempo es breve. ¿Y qué sabes tú de hidrometría, temperatura y luz?

Vale más una maleta que la vida y la memoria de un poeta.

Las mismas normas que persiguieron a Rimbaud,

y que lo hicieron huir de Francia, aprisionan ahora su maleta.

Para Nelson Vallejo

Duermevela

Sueño que estoy soñando

tú estás en mi sueño con tus ojos llenos de amor

nos soñamos en un sueño en que no podemos tocarnos

este sueño es persistente y denso y lo envuelve todo

este sueño es como el mar

sueño que estamos abrazados al mar y que decimos disparates

este sueño tiene extrañas propiedades

puede estirarse y recogerse y no debe terminar

de los soñadores depende que sueñen los muchos que no sueñan

sólo puede uno despertar y amar en un día abierto sin dejar de soñar

vivir contra la muerte y luchar en duermevela

atrayendo como un imán al tiempo que vendrá

en mi sueño la serena no existencia es más real

es preciso fortalecer este sueño  

un sueño frágil no merece soñarse ni que le dediquemos nuestro tiempo

es preciso que nos desvelemos muchas noches soñando

mejor un sueño sin orillas en que el mundo cambia y se libera

cada segundo una oleada del sueño que derriba a la realidad y derriba a la muerte

y nos vemos a nosotros mismos de nuevo viviendo por primera vez

Inesperado siglo XXI

El bosque no derrotado se repuebla asegurando firmemente la llegada del rocío. El mítico girasol ve ascender un sol revolucionario cada mañana desde el subsuelo del universo, para derribar la áspera noche. Una visión alimenta la intrincada memoria de las espigas de un verde nunca observado.

Se cierra un ciclo inimaginable en la raíz legendaria de esta historia: la reiterada escena de la terrífica muerte, familiar a las víctimas de una guerra obstinada, cederá el paso al estallido de un súbito océano de fraternidad entre los innumerables desconocidos, apenas presentidos.

Al imperio lo habita apenas su jadeo agónico. Cae el telón de un guiñol sanguinolento. La belleza está en la cita crucial y mira a los ojos de la muerte. Sólo ella detiene su mano homicida, los pueblos están extenuados de no saberse libres.

El espíritu de los antepasados confía en nuestra generación aglutinante. Nosotros somos su síntesis soñada. Ellos están entre nosotros, en los campos donde se lucha para no ser más esclavos de las plantaciones, en las gradas donde la conciencia se trasciende a si misma, en la estrada donde dulces muchachas alimentan a quienes luchan tras las barricadas. Y es la poesía nuestra estrella polar.

Fernando Redón nació en Medellín, Colombia, en 1951. Es poeta, editor y periodista. Es fundador y director del Festival Internacional de Poesía de Medellín, que ha realizado 28 ediciones anualmente, desde 1991, en el que han tomado parte ya más de 1600 poetas y artistas de 167 naciones, a través de 1.650 lecturas de poemas, cursos, conferencias, talleres y conciertos en 36 ciudades colombianas. Autor de numerosos libros y fundador de varias revistas de poesía.

Contribuyó decisivamente a la fundación de World Poetry Movement –WPM- o Movimiento Poético Mundial (www.wpm2011.org) con la participación de directores y representantes de 37 festivales internacionales de poesía, siendo nombrado Coordinador General en enero de 2012. Actualmente hacen parte de WPM 240 organizaciones poéticas, entre ellas 120 festivales internacionales de poesía y varios miles de poetas de 137 países.