Con la contaminación al alza, ¿Resistirá Europa la guerra contra Alemania en base a engaños sobre la energía nuclear?

Michael Shellenberger: June 26, 2018

El primer ministro español Pedro Sánchez, el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro belga Charles Michel

En los últimos años, Alemania ha tomado medidas que han dañado su reputación como líder medioambiental. Sus emisiones se han mantenido estables gracias a la sustitución de la energía nuclear por combustibles fósiles. Hace poco, un antiguo bosque, un pueblo y una iglesia quedaron arrasados para extraer el carbón que había debajo. Y, como una de las naciones más dependientes del carbón en Europa, Alemania exporta su contaminación atmosférica a sus países vecinos.

Ahora, ignorando su negativo impacto medioambiental, y bajo el control de una ideología nacional oscura y romántica, Alemania está en marcha para pedir el cierre de todas las nucleares de toda Europa. "Alemania ha decidido abandonar la energía nuclear", dijo el nuevo ministro de medio ambiente del país antes de visitar Bélgica el mes pasado. "Nos gustaría ver a nuestros países vecinos seguir nuestro ejemplo".

Eso en términos suaves. En verdad, la intención de Alemania ha sido presionar a los países para que cierren sus centrales nucleares y pongan fin a sus programas nucleares civiles, con un potencial gran costo para los ciudadanos y el medio ambiente. Lo han hecho amenazando con cortar el suministro de combustible nuclear alemán a centrales extranjeras en Bélgica y Francia que alegan de ser peligrosas, desincentivando las inversiones de las empresas extranjeras relacionadas con la energía nuclear, proponiendo así enmendar el tratado de Euratom de 1957 en el que se reduce el apoyo estatal a la energía nuclear.

Aunque estas acciones tengan un impacto directo, -la mayoría de las centrales nucleares pueden comprar combustible de otros proveedores- éstas ejercen presión sobre los países que operan centrales nucleares para cunplir con las demandas de Alemania, el mayor poder económico y político de Europa, de eliminar la energía nuclear del sistema eléctrico e introducir las energías renovables, incluso cuando eso significa mantener o aumentar la dependencia de los combustibles fósiles.

Ahora, independientemente de las campaña de presión Alemanas, las centrales nucleares españolas están en riesgo. A principios de este mes, la nueva ministra de "transición ecológica" de España, Teresa Ribera, dijo que trataría de cerrar las centrales nucleares de su país, diciendo sencillamente que "no tienen futuro" y que "ya no tienen sentido". La ministra sugirió que España podría sustituir sus nucleares y centrales de carbón con energía eólica y solar.

En la cruda realidad, cada vez que se cierra una central nuclear, es reemplazada por carbón, petróleo y gas natural por la sencilla razón de que el suministro eléctrico de la energía solar y eólica son muy poco fiables como para alimentar una economía moderna y desarrollada.

Una Francia nuclear contra una Alemania dependiente del carbón

Si los alemanes logran cerrar nucleares en Bélgica, se mostrarán con más valentía y fuerza para llevar su campaña a Francia y al resto de Europa. El resultado sería la permanencia de los combustibles fósiles en las próximas décadas.

¿Cuánto costará a los jóvenes jefes de estado de la generación X en Francia, Bélgica y España, defender los valores de la investigación científica, la razón y el progreso?

¿Pueden los principales científicos climáticos y medioambientales del mundo, que insisten en el mantenimiento y la expansión de la energía nuclear en Europa,  empujarlos a hacer lo correcto pero atrevido?

¿O está Europa condenada a volver a caer en una nueva Edad Oscura de energía cara y contaminante motivada por una ideología fundamentalmente irracional, anticientífica y alemana?

Cómo la ideología antinuclear usa el miedo como arma

Los políticos locales alemanes lideran los esfuerzos para inducir miedo a lo que todos los principales estudios científicos dicen que es la forma más segura de generar electricidad cuyo suministro es más seguro y constante.

Un funcionario electo de la ciudad de Aachen, cerca de Bélgica, afirmó recientemente que su trabajo "no se trata de hacer cundir el pánico". Sin embargo, en su oficina hay fotos de animales con deformaciones genéticas supuestamente debidas a la radiación de Chernóbil, pese a que científicos especializados en radiactividad rechazan totalmente una relación entre ambos.

Alemania esparce contaminación atmosférica debido al carbón WWF

"Querido, ha sucedido", dice un póster acompañando un terrorífico texto. "Tihange se ha accidentado. Aachen es un caos, hay sirenas en todas partes, las redes de comunicación se están derrumbando... ¡Tengo mucho miedo!"

El miedo ha llevado a algunos residentes de Aachen a ver riesgos asociados a la energía nuclear, como ataques terroristas, sucesos no relacionados con la seguridad -como el descubrimiento de burbujas de hidrógeno en las vasijas de los reactores-. Mientras los expertos dicen que los riesgos o bien son muy pequeños o incluso inexistentes.

"Tihange es un problema definitivo en mi vida", dijo un padre de 50 años con tres hijos a un periodista de un periódico alemán. "A veces, me paso un día entero pensando en ello, aún sabiendo que no es bueno para mí . El periodista señaló que “su vida familiar también se ha visto alterada debido a sus frecuentes ausencias para participar en protestas antinucleares".

¿Qué pasa con las declaraciones de terroristas que quieren atentar en una central nuclear en Bélgica? No hay evidencia de que los terroristas tuvieran intenciones de atentar una central nuclear belga. Después del asalto a una vivienda propiedad de un sospechoso de terrorismo,  los investigadores encontraron imágenes de un investigador nuclear Belga. Sin embargo, trabajaba  en un laboratorio de investigación que fabricaba isótopos médicos, no en una central nuclear.

El Gobierno de Bélgica concluyó que la amenaza era "para la persona en cuestión, y no para las instalaciones nucleares". Los investigadores sospecharon que los terroristas querían secuestrar al hombre y para así obtener acceso a un centro de investigación en Mol.

En septiembre del año pasado, el ayuntamiento de Aachen entregó pastillas de yodo a los residentes, supuestamente para evitar la absorción de yodo radiactivo y así prevenir el cáncer de tiroides. En la práctica, sirvió como una forma de aterrorizar a la población local. "El movimiento de Aachen  para distribuir pastillas de yodo es muy inusual", señaló la BBC, "ya que no está motivado por ninguna emergencia en particular".

La única emergencia está en las paranoicas mentes de los políticos de Aachen. Desafortunadamente, la paranoia antinuclear es contagiosa: Pocos meses después, se había extendido a Bélgica, donde el gobierno cedió a las demandas para que también distribuyera pastillas de yodo.

Los combustibles fósiles, NO las renovables, reemplazarían  las centrales nucleares de España

El gobierno reconoció que había cedido a una demanda fundamentalmente irracional cuando un portavoz dijo que la distribución de pastillas de yodo no era "en respuesta a las amenazas percibidas y no indica un aumento en los riesgos de la energía nuclear en Bélgica”.

Por si no fuera suficiente, Greenpeace publicó el otoño pasado un informe afirmando que las plantas de Francia y Bélgica están "sin duda, en riesgo" de ser atacadas por terroristas, cuando no presentan ninguna prueba de que un terrorista haya pensado con destruir una central, ni siquiera en haber planeado un ataque.

La Radiancia de Francia vs. El romance oscuro de Alemania

Antaño, la energía nuclear fue el orgullo de Francia. Avergonzada de haber sido invadida y ocupada, dos veces en los anteriores anteriores 30 años por Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial empezó construyendo, primero, una bomba nuclear. Y luego centrales nucleares. "Este logro", declaró el presidente de Francia en 1948, "aumentará el resplandor de Francia".

El programa nuclear civil de Francia era más que una forma de protegerse de los alemanes merodeadores. Al carecer de suficientes reservas de combustibles fósiles en su nación o grandes ríos para centrales hidroeléctricas, la energía nuclear era la única forma con la que  Francia podía lograr una seguridad energética y la independencia de países extranjeros.

Pero con el tiempo, el apoyo a la energía nuclear en Europa, incluso en Francia, dió paso al guiso alemán del romanticismo, la paranoia y el irracionalismo. En 1954, un filósofo alemán, Martin Heidegger, creó el primer y más serio caso filosófico contra la energía nuclear y la dependencia social de fuentes de energías renovables cuya seguridad de suministro queda en entredicho, como la solar y la eólica en un ensayo titulado "La cuestión de la tecnología".

Heidegger condenó a la humanidad por ver la naturaleza como un mero recurso para nuestro consumo. El uso de la "tecnología moderna", escribió

... expone a la naturaleza la irrazonable exigencia de que suministre energía que pueda extraerse y almacenarse como tal ... El aire está ahora destinado a producir nitrógeno, la tierra a producir mineral, mineral para producir uranio ... para producir energía atómica ... "

La solución, argumentó Heidegger, era unir a la sociedad a flujos de energía con poca seguridad de suministro. El "molino de viento no desbloquea la energía para almacenarla", dijo Heidegger.

Alemania se convierte en una amenaza para sí misma y para los demás cuando este irracionalismo se combina con la arrogancia alemana. El otoño pasado, mis colegas y yo entrevistamos a decenas de alemanes sobre sus puntos de vista sobre la energía y el medio ambiente. Dejamos el país perturbados por lo que encontramos. Los alemanes entrevistados  no solo mostraron una conformidad casi total con la opinión antinuclear, sino que se combinó  con la absoluta certeza de que algún día Alemania encontraría la manera de autoabastecerse de energías renovables, pesar a que toda evidencia real iba en su contra.

¿Puede Europa resistir a Alemania?

En España, el romanticismo antinuclear estaba ligado a los movimientos de extrema izquierda, anarquistas y separatistas. La fiebre creció tan rápido a finales de la década de los 70 que España paralizó de golpe la construcción de reactores, que de haber sido terminados, habrían reemplazado toda la energía que hoy la nación obtiene del carbón.

Los temores irracionales persisten y pueden fortalecerse más. El pasado otoño, España cerró su central burgalesa de Santa María de Garoña como respuesta a la oposición política y la imposición de un impuesto especial sobre las centrales nucleares. El resultado fue predecible.

"Los combustibles fósiles utilizados para reemplazar la potencia de la central", escribieron científicos climáticos en una carta abierta enviada ayer, "expulsarán anualmente alrededor de dos millones de toneladas de carbono a la atmósfera, el equivalente al carbono de casi un millón de coches nuevos circulando por las carreteras españolas".

Está claro quiénes son los héroes climáticos y los villanos. Francia sigue siendo líder mundial en energía limpia, gracias a su dependencia a la energía nuclear para cubrir el 75 por ciento de su suministro eléctrico, con un marcado contraste de una Alemania comprometida con la  transición de la energía nuclear a renovables, aunque necesitando mantener su dependencia a los combustibles fósiles, incluyendo el carbón de hulla, el más contaminante de todos.

¿Podría la cacería de Alemania a sus vecinos y su aumento de emisiones ser suficiente para dar coraje a los líderes europeos como el presidente Emmanuel Macron para hacer frente a la guerra (jugando sucio) de Alemania contra la energía nuclear?

Hasta cierto punto, ya se ha hecho. "¿Qué hicieron los alemanes cuando cerraron todas sus centrales nucleares de golpe?", Dijo Macron en noviembre pasado. "Empeoraron su huella de CO2, y no fue bueno para el planeta. Así que no lo haré”.

Pero la contínua presión de Alemania sobre sus países vecinos, el riesgo de que España cierre sus centrales nucleares, y solo un ligero apoyo a la energía nuclear de Macron, son todo señales de que los pronucleares deben hacer mucho más para ayudar a los jóvenes líderes de Francia, Bélgica, y España a encontrar el coraje para hacer frente a la nación más poderosa - y peligrosa - de Europa.