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Alfredo Pérez Alencart

Donde vuela un corazón

...El poeta y ensayista peruano-español, profesor de Derecho del Trabajo de la Universidad de Salamanca, y que fuera secretario de la Cátedra de Poética “Fray Luís de León” es, con seguridad, una de las personas a las que más debe Salamanca, como ciudad de cultura y saberes. Tiene publicados veinte libros, y sus versos han sido traducidos a una veintena de idiomas. Poeta “más cerca de la sangre que de la tinta”, como diría Lorca, lo mejor de este escritor de pensamiento equilibrado y profundo, es su honestidad. Su capacidad para la acción solidaria.

        Pérez Alencart tiene conciencia clara de lo que es el sueño hispánico. Somos muchos los seducidos por su humanidad y sencillez: “por mi sangre gira la Última Cena. / Por mi pecho se posa la paloma / que pacifica a los recién llegados. / Por mi abierta piel entra la luz / para la ceremonia del domingo”.

Jesús Fonseca

(Publicado en “La Razón”, a 25 de noviembre de 2018)

POR EXTENSIONES VÍRGENES

Recuestas tu cabeza por extensiones vírgenes

y de pronto no cesan los nacimientos, las Resurrecciones.

Cada quien sabe de aquello que desciñe y fecunda.

Así el jardín donde se salta, donde se vuela, donde

el cuerpo es raíz nutriéndose más acá de las promesas,

fiel espiga alumbrando abismos o fuentes

de agua semejante al zumo que gotea de delicioso fruto.

No hay ligereza cuando quemas miedos

que malviven en el bosque de las reprensiones.

Salvas o vivificas por la armoniosa unión

que desborda vorágines sentimientos.

Dos almas acercan sus labios para el instante de gloria.

Dos soledades se confunden por el cielo del asombro.

Dos palabras se demoran siglos.

Dos lejanas orquídeas tiemblan, ¡cómo tiemblan!

Las campanas son del otro reino que idolatra la materia.

Prevaleces revoloteante, desdoblado en el congénere,

yendo y volviendo por su inocencia.

No entierro y sí fiesta, sí respiración besando la viña,

sí el turno que corona con súplica alegre.

Giras tu cabeza de Crucificado y la pasión no muere.

Vuelve el rocío, la cueva se abre con vida adentro.

Hay que celebrarlo todo,

olerlo todo al interior del cáliz o del misterio gozoso

que echa chispas sobre la manzana.

Te hospedas al fondo, obediente de atentas consideraciones.

Te levantas pastoreando el fuego encendido.

Te acuestas arrodillando los besos.

Está tejida tu voluntad para demorarse en el origen,

en el espaldarazo de la sangre sin mortaja, en el entusiasmo

del tallo sucesivo, otra vez en la niñez creciendo deprisa,

otra vez en la madurez de las esencialidades.

Una voz errante progresa entre pechos y manos en alabanza:

así la brújula enloquece por el pozo constelado,

por el insistente llamamiento.

Ebrio de lo humano vas hacia lo divino,

lo invocas para compartir la realidad y el sueño,

la estallante rebeldía de la carne

queriendo estar ya en la ingrávida pradera del Espíritu.

Dos sinfónicos aleluyas por tan deleitoso encuentro.

Dos cánticos entre la tempestad que crece desde la sangre.

Dos cuerpos conquistados para lo indecible.

Dos vislumbres, dos antelaciones de la luz.

Alcanzas la cima para tender un puente a lo infinito.

Te volteas con las pupilas engrandecidas

y abandonas el orbe que te atrapaba.

El movimiento era eso: sembrar la ardiente semilla

en el cuerpo regocijado

y luego, germinada la tierra, extraviarse

para ver lo que hay al otro lado.

¿Dónde estás ahora? ¿En qué predios trasvasas tu poder?

TE ESTREMECES POR EL LOBO Y EL CORDERO

Te estremeces por el lobo y al cordero.

Amas ultrahumanamente, sin límites, como la música

del universo. Oh profunda sinfonía forjando

lo sagrado de principio a fin, alto asidero donde sobrepuja

la esperanza. Oh sucesión eterna que desatas

unisonancias, instintos trajinando hacia el magma

de lo trascendente, de la cadencia absolutoria

concebida compartiendo a ultranza las aguas profundas

y las hondas delicias de un contravuelo angélico

que se abroquela para recibir al Viento más feraz.

Siempreviva estás, trashumante presencia.

Te hospedas en la Luz que no aniquilan los ocasos.

Estando sin estar, eres evidencia,

cerebro verbal resaltando chispas de pureza,

latidos sin cautiverio, ciertísimo llamado de traslación

más allá de anhelos y desveladas ensoñaciones.

Pertenencia al páramo del Desprendido de sí,

a su oculto ritmo, a su lenta llama venturosamente

extemporal, cual indescifrable alianza.

Pertenencia al portal de los testigos,

al presagio de otro Reino, al aliento acrisolado

cual plenitud donde prospera lo sublime.

Pertenencia al verbo de una estrella.

Pertenencia al llagado cuerpo de doliente ternura.

Pertenencia al ala que se desvanece por los aires.

Pertenencia al linaje que acopia inocencias de siete en siete.

Te perpetúas en la antelación de la alegría

y asciendes, porque tu Unidad sabe la fórmula

de diásporas y deslumbramientos.

Clamas por tu orfandad. Clamas contra látigos agresivos,

fraternizando con los perseguidos, abrazándoles,

compartiéndoles la realidad que hay en los milagros.

Nada te desmide,

Criatura de nombre hermosamente pronunciado,

piel consumante, contorno que se aviene a penetrar

en frondas de cálido renacer.

Mantienes el don de ser el antes y el después,

lámpara alumbrando los vuelos breves del pájaro, su sombra

en la alta noche del abismo.

Conduces los fervores hacia el alba adolescente,

pulsas con tu estatura de Árbol de vida, riegas violetas

con el cause de tus transpiraciones.

¡Horizontal ejemplo el de las manos extendidas,

el del pulso que sustenta! ¡Belleza de la Forma en el paisaje!

¡Oh Dios, qué desnudo afán el de este Amor

avanzando eterno, dándose así, tan pródigo!

¿Qué savias vas donando?, ¿qué otras luciérnagas te rondan?

DONDE VUELA UN CORAZÓN

Este es el oscuro cielo por donde vuela un corazón

o un pie descalzo que a veces se desorienta

por anónimas comarcas.

Este es el canto que traspasa silencios y lejanías.

Este es el pastor de humilde frente

que pertinaz escruta

a sus ovejas…

Conoces el desierto no como simple destino.

Atisbas florales primaveras del espíritu.

Hallas el resplandor que te proyecta aquella algarabía

y ahora delimitas lo que roza tu boca

o triplica tu esparcimiento, tu signo interior.

Ciervo libre, tus Dedos relampaguean.

Príncipe modesto, la evidencia de tu poder convulsiona

lo lánguido, generándole anhelos.

 “Vengan –dices–, y dejen fuera las angustias,

los dividendos, las usuras; dejen fuera toda entrega

que no abra vuestro Centro; dejen fuera

cualquier doliente desmesura”.

“¡Es la hora del encuentro, de abandonar la quietud!”, dices.

Un bello suceso sorprende al alba,

anuncia, ronda las estaciones, las tremendas soledades.

No dejas que te vean porque Tú existes

para ser Sentido o Entrañado, para ser bálsamo

terrenal en largos trayectos.

Tú eres quien no inventa sus potencias.

Lo tuyo es el ejemplo Entero que el mundo necesita

para que no se emponzoñen los congéneres.

Vuela un corazón por la pura identidad profunda,

vuela entre el desconsuelo de la muchedumbre.

Oh deslizante Plenitud que inflamas y apresas.

Tú estás cuando los vellos se erizan

y las entrañas se desatan.

Detrás de los dramas se convulsiona el alma.

Detrás del torvo paisaje circulan ángeles y demonios.

Detrás del semblante de martirio queda la gratitud.

Detrás el cauce, el deslumbramiento.

Ascendiste tu humanidad

después del Grito, después del Eco.

¿Cómo renacer sin glaciares en la Sangre?

TERNURAS ALIADAS AL MISTERIO

Retoñas anhelando comunicar ternuras aliadas a Tu misterio.

Humildemente eres guerrero, guía y relámpago

sobre el fruto que abriga en lo profundo, sobre la inocencia

que no cierra sus ojos ni observa los relojes porque quiere más

de ti, obediente entre el follaje y lo baldío.

Compruebas con el índice cómo tiemblan las violetas,

como brota una intimidad antigua, fecunda Gracia

confiada al altar del amor, otra vez desde el Principio.

Hay fiesta, celebración, milagro eterno en todo instante

mortal que no se ahoga, que corona toda herida,

que levanta llamados, vahos, afanes por saciar la sed.

Atrás el esplendor de la danza, las hondonadas  y los montes

que vieron completar aquello que Todo significa.

Adelante, un hombre Común dejando caer Agua de vida

en la tierra gimiente, realmente abrasada y nunca indiferente.

Tú viste el lugar apto para el trasvase.

Tú nunca transiges ni te cansas, porque anulas el tiempo

cuando derrites el cielo y lo colocas a tus pies, cantando, ay,

cantando como Salomón entre el rosal insuplantable.

Tú no eres embudo ni símbolo: eres prójimo involucrado

con pasión, con denuedo, sudoroso cuando entras

por la puerta de al lado, la más pequeña.

Tú untas y llenas las bocas suplicantes, llenas los vientres

vacíos, llenas las flores humanas con noticias

del Oleaje despierto, del Pez resplandeciente en lo oscuro,

acurrucándose ante las ofrendas de la dicha,

ante el doble arcoiris o las avecillas de carne en Cruz,

en leve reclamo a la espera que llegue el porvenir.

Eres la Sola memoria contra la que chocan los cuervos.

Tuyos son los parabienes del Único cuerpo entrecruzado

y del Dios mentado en Casa o por órbitas

donde hasta las células se embullen con lo Desconocido.

Tú no eres chispazo ni azogue; tampoco cacareante gallo

que cualquiera coloca solo para el encuadre.    

Lo tuyo no son asaltos ni batallas. Desciendes hasta el pudor

o cuartel de oro que más resiste a la mirada. Cuerpo eres,

cuerpo en invicta combustión aposentándose

en el Ala querible, en el fontanar de cegador desvelo.

¡Estás adentro, otorgando fe nueva y jubilosa!

¡Estás invadiendo con Tu armonía escanciadora!

¡Estás de súbito dividiéndote, sin pavura, dándote!

Has cruzado la frontera de la piel:

sabes que tras la franja oscura se encuentra lo Infinito,

la Ola donde navega el satisfecho Espíritu.

¿Cuán alto era Tu firmamento antes de esta Consumación?

DAS DE TI, TE IGUALAS

Das de Ti, te igualas, más no para sueños placenteros.

¡Esas creencias, esos entusiasmos desvaneciéndose pronto

para quien quita y pone velas sin vida!

Temprano regresas al antiguo Tálamo.

Temprano obtienes libertad para entrar en lo Cerrado.

Temprano purificas y zurces la Herida

bajo esa amorosa Luz que brilla aunque llueva; ansiosa Luz

para el rapto alborozante del cuerpo y del espíritu.

¡De rodillas el Centro puro, constante noria!

¡De frente el gozo de la Sangre!

¿Halcón o Paloma?

Avecilla estremecida de querencioso canto.

Avecilla o flor de trigo en el panal del aire o al impulso

de la trilla que ya no pierde algo de sí tras la Cosecha.

Avecilla que no se fatiga de llamar.

Das de ti a la Cierva perseguida.

(Te das para que abundante llueva sobre su Sed).

Das de ti al Prójimo que necesita Sentirte.

(Te das para que en Ti goteen las lágrimas de su templo).

¿Holocausto, sacrificio?

Avecilla de la conmiseración en Divina entrega, eres.

Avecilla que puede se tocar sin morir, eres.

Aquí estás para Darte, cual certera presa Sagrada.

Abajo te adelantas a la traición impugnable,

a las Noches engendradas de Parabienes,

a la suma de razones que animan a enderezar el torso.

Enardeces a quien te Ama desde arriba, a quien te rodea

de relámpagos mientras desnudas los gemidos.

¡Cegador mandato!

¡Tu sangre es Vida que nunca invita al desahucio!

¡Tu Pecho flexionas ante el asomo del Momento!

¡Tu Cuerpo, lagar reventado, desdoblas hasta el Infinito!

¡Tu voz ahora es Fiesta, sin ceremonias ni bombillas!

Mientras otros tropiezan con los muertos, y se retiran, Tú

insistes, diciendo – “Estoy aquí, afuera y adentro”.

Pueblas de bondad el corazón Ileso

y sigues donando savia de mieles, sigues floreciendo

desde la espuma de las generaciones,

genética creyente en las fulgentes delicias del misterio.

Y en vuelo anegas de Ti la flor humana.

Y a pulso Vivo moldeas de nuevo la arcilla que contigo

sabrá correr por el Paraíso.

¿Hasta cuándo este derroche de Amor, este suave Temblor?

BANDERA BLANCA

Enseñas tu bandera blanca como si fuera un salmo infinito,

polifonía de las proféticas voces que acopiaste,

al igual que los andrajos que llevas en cada ruta de tu agonía.

Único destino tuyo, el Amor. Pero hay hombres

que te declaran la guerra, soliviantados porque pasas

sus fronteras sin mostrar salvoconductos.

Te atacan y no respondes: sólo enseñas tu bandera blanca,

hablándoles con ternura y con justeza,

aunque estés encaramado a montañas de ceniza.

Allí siembras y riegas; allí esperas: germina una amapola,

luego brota una orquídea y, más abajo, deprisa

renace el praderío de la existencia.

Allí ves una paloma sedienta que no se atreve a beber

del pozo profundo, y llenas de agua tu escudilla,

y dejas que se sacie, confiada en que no le harás daño.

Puro goce es tu serena vocación de ser puente, risa de niños,

espiga madura, rocío nupcial o limpio remanso

donde el sosiego se enhebra contra lo hostil,

donde las gaviotas saben del mar que desemboca en tu luz,

donde lo hiriente se descoloca para siempre.

Entrelazas tu peregrinaje con el viento, vas y vuelves

del abismo y, cada lento atardecer, dejas

que vuele tu tristeza por quienes sufren asedios

y persecuciones; dejas que tu alivio vuele hacia ellos;

dejas que gotee miel en sus corazones…

Único destino tuyo, el Amor. Pero hay odios y flechas

disparándote, gentes destilando sus iracundias

por plazuelas y lugares donde se reparte el poder.

Y otra vez enseñas tu bandera blanca

para que en la noche turbadora se firme alguna tregua,

algún paréntesis al derroche de contiendas.

Buscas el armisticio definitivo, el pacto que acabe

con lo hosco, con el dolor de siglos.

¡Honda y prodigiosa serenidad la tuya!

¡Aunque te hieran, lo tuyo nunca será una derrota ciega!

¡Lo tuyo no es falso, pues te implicas aunque haya condena!

¡Corren lágrimas de los inocentes, y tú tras ellas!

¡Te confinan a soledades sucesivas para no oír tu clamor!

¡Incomparable esperanza ondea dentro de tu bandera blanca!

Único destino tuyo, el Amor. Pero muchos prefieren

riñas y batallas, prefieren enseñar sus garras de leopardo,

sus uniformes de combate.

Pero tú, cayéndote y levantándote, sigues enseñando

tu bandera blanca, pronunciando palabras

que son fruto del ejemplo.

Único destino tuyo, el Amor.

¿Cómo haces para que nunca estalle tu Razón secreta?