ORÍGENES DEL GRADO DE APRENDIZ, ANTECEDENTES  E IMPORTANCIA

Q.·. H.·.  Claudio Dennis Arriojas

R.·. L.·.  Lautaro Nº 197

Documento de la Biblioteca de la R.·. L.·.  Lautaro Nº 197

Oriente de Caracas, 2017 (e.·. v.·. )

INTRODUCCIÓN

«Cuando afirmó los cielos, allí estaba Yo -la Sabiduría-; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo... Yo estaba junto a El como aprendiz”. Proverbios, 8, 27:

La historia es en gran medida un ejercicio de creatividad y así, la exactitud es atravesada por mitos, leyendas y relatos orales que en nuestro caso, alimentan una simbología que por su propia naturaleza es de múltiple interpretación.

Hoy corresponde hablar sobre los orígenes del grado de Aprendiz, a 105 amaneceres del 24 de junio, tricentenario de aquella reunión en el Goose and Gridiron Ale Housen donde comenzó nuestra historia oficial.

Ahora bien, el calendario juliano rigió sobre Inglaterra hasta 1752 y por ende la fecha “real” de aniversario corresponde al 4 de julio de 2017 en el calendario gregoriano –Era vulgar-, o lo que es igual, al 6017 de la E.·.V.·.

Lo anterior pretende cimentar que, en el caso de la introducción y la conclusión no partiremos exclusivamente de hechos verificables, sino, que recurriremos en ocasiones a la libre interpretación del mito; para nosotros la masonería nació cuando Adán fue creado, el mismo de la teología cristiana o islámica, el mismo que según el Q.·.H.·.De la Ferriere simboliza la unión entre la raza de Ad y la Raza de An, el producto e la revolución cognoscitiva que según Yubal Noah Harari, se dio entre 120.000 y 70.000 años antes de la próxima respiración.

El espíritu masónico nació cuando la llama se hizo Dios, cuando el significante se llenó de significado y creó un signo lingüístico y cuando la imagen acústica nos permitió comunicarnos racionalmente y con ello construir cultura.

La masonería nació cuando el sapiens aprendió a utilizar las cuerdas vocales a su discreción, cuando aprendió a registrar el pasado y a proyectar su futuro, cuando el sapiens se hizo hombre y aprendió.

El primer aprendiz nació el día en que la piedra angular de la primera Catedral ofrendó la manzana del Árbol del Conocimiento, cuando Pandora abrió la caja y liberó las desgracias, cuando los dioses se hicieron mortales, pequeños y bajaron del Edén, cuando aprendieron la primera lección, cuando la esperanza quedó encerrada en la caja hecha costilla, cuando frente a la Muerte y mientras se escribe el testamento puede leerse V.·.I.·.T.·.R.·.I.·.O.·.L.·.

LOS TRES GRADOS

        Los tres grados simbólicos son una herencia del la masonería operativa, afirmación que según el Q.·.H.. Subero tiene documentos probatorios desde al menos 1498; por otro lado el Q.·.H.. Rafael Valencia encontró vestigios de la gradación en Sociedades Secretas –de las que somos herederos- en tiempos tan antiguos como los misterios de Eleusis, a saber:

La iniciación eléusica comportaba varios grados. No es posible precisar con exactitud el número pero existía, entre los pequeños y los grandes misterios, una marcada diferencia que fue preservada por los primeros masones, que distinguían claramente el aprendizaje y la maestría. Para ser aceptados en la ceremonia de los pequeños misterios, los postulantes debían ser presentados a la cofradía por unos iniciados y cuyas condiciones debían ser: primero una conducta moral irreprochable. Luego, un juramento por el que se compromete a no revelar nada de lo que se le enseña. Finalmente, se le pide que abandone su fortuna y sus bienes materiales. Estas tres condiciones subsisten en la actual masonería, estando simbolizado el abandono de los bienes por el “despojamiento de los metales”.

Con base a lo anterior podemos encontrar los tres Grados –en ocasiones con distinta denominación- en casi todos los ritos francmasones, Serge Raynaud de la Ferreiére cataloga más de 120 y reconoce la existencia de grados masónicos regulares a partir de 1717 con el Rito de los Antiguos Masones Libres y Aceptados de Inglaterra –siete grados-, aunque registra gradaciones premasónicas desde 1135 con en Rito Sueco.

        Por el contrario, el Q.·.H.. Edgar Perramón afirma en su Breve Manual Masónico, que en el siglo XVIII existía únicamente el Grado de Compañero y que los tres grados fueron establecidos por la Gran Logia de Londres a partir de 1738, universalizándose desde 1757.

        Esta generalización involucró valores y formación simbólica compartida, así como principios, preceptos y fin generalizable, a saber tallar la Piedra Bruta y conocer el Secreto Masónico, hecho que otorga al Iniciado cinco millones de Hermanos en el Orbe.

ORIGENES Y ANTECEDENTES

El primer documento de corte masónico donde se hace mención al grado de aprendiz es el Estatuto de los Canteros de Bolonia de 1248, en cuyos fragmentos se lee:

 “y que nadie tome un aprendiz que tenga menos de 12 años, bajo pena de una sanción de 20 sueldos y que el contrato hecho así quede sin valor” (IV), “si un maestro tiene un hijo o más de uno que conocen las artes de los maestros susodichos, o que ha permanecido durante dos años  aprendiendo con su padre una de dichas artes, entonces su padre debe hacerle entrar en la sociedad sin ninguna recepción…(VII), “Que nadie puede tomar un aprendiz por un tiempo inferior a cuatro años.” (XXX)   

Como puede verse, se trata de un documento de masones operativos cuya estructura sindical fue heredada de los maestros comacinos.

 Entre los documentos de mayor antigüedad que atestiguan la existencia del Grado de Aprendiz encontramos el Manuscrito Regius (1390), donde se lee:

Artículo 3: Que el maestro no tome aprendiz, salvo si puede asegurarle alojamiento con él por siete años, como os digo, para aprender su oficio, y que le sea de provecho; En menos tiempo no será apto ni provechoso para su señor, ni para él, como podéis comprender por buena razón.

Artículo 6: Ordena que el aprendiz gane menos que sus compañeros, que son perfectos.

Punto tercero. El tercer punto debe ser severo con el aprendiz, sabedlo bien, el consejo de su maestro debe guardar y ocultar, y el de sus compañeros, de buen talante; De los secretos de la cámara a nadie hablará, ni de la logia, se haga lo que se haga; aunque creas que debes hacerlo, a nadie digas dónde vas; Las palabras de la sala, y también las del bosque, guárdalas bien, por tu honor, de lo contrario sobre ti el castigo caerá,

 A través del Manuscrito Regius asistimos a la primera mención explícita del secreto masónico, así como de los años de instrucción, que en el caso del artículo 3 del Manuscrito Cooke (1415) se fija en al menos siete años.

Así mismo, las Constituciones de los masones de Estrasburgo 1459 establecen que:

Si… un aprendiz abandona a su maestro durante los años de su aprendizaje sin motivos suficientemente válidos no cumpliendo así su tiempo, ningún maestro deberá emplear a tal aprendiz. Ningún compañero deberá trabajar con él y de ningún modo trabar amistad con él.

Siguiendo la revisión histórica, en los anexos de los Estatutos de Ratisbona (1498) puede leerse una serie de reglamentos concernientes a los Aprendices y Compañeros entre cuyas normas se establece la obligatoriedad de estar casado para ingresar, la fijación de seis años como período mínimo de contrato, el requisito de ascender a compañero para poder ser capataz y la promesa de cumplir los estatutos y reglas de la corporación.

Mientras, en el manuscrito de Grand Lodge Nº 1 (1583) se establece el tiempo mínimo de contrato en siete años y la mención de un rito se recepción -hacer masones- cuyo juramento se realiza sobre un volumen del libro sagrado, 54 años antes del nacimiento de la masonería especulativa.

Por otro lado, los Estatutos de Schaw (1598) establecen un tope máximo de tres aprendices a lo largo de la vida del maestro y menciona la obligatoriedad de informar al Vig.·. de la Log.·. sobre la recepción del aprendiz. La Antigua Constitución de Libres y Aceptados Masones (1607) –Manuscrito Iñigo Jones-  establece que “el aprendiz será capaz de nacimiento (es decir) libre al nacer, y de miembros rectos como debe ser un hombre.” 

En el caso del Manuscrito de Edimburgo (1696) se establece que una Log.·. justa y perfecta la constituyen “7 M.·. y 5 Ap.·., a un día de marcha de una población, de manera que no pueda oírse ni el ladrido de un perro ni el canto del gallo.” De igual manera se establecen una serie de preguntas de reconocimiento exclusivas del grado de Aprendiz, se trata tal vez del nacimiento del retejamiento.

Dentro de los parlamentos resulta interesante mencionar que el aprendiz se compromete

“por Dios y por san Juan, por la escuadra y por el compás, y por el juez universal, a asistir a mis maestros en el servicio a la honorable logia desde el lunes por la mañana hasta el sábado por la noche”…; texto que será transcrito en el manuscrito de Kewan (1714-1720).

Por otro lado, en el Manuscrito Sloane (1700) afirma que:

P.: ¿En qué consiste una logia justa y perfecta, o justa y legítima?

R.: Una logia justa y perfecta está formada por dos aprendices ingresados, dos compañeros de oficio y dos maestros; [o tal vez] más o menos. Cuanto más somos, más nos reímos; cuanto menos somos, mejor es la comida; pero en caso de necesidad, cinco bastarán, es decir, dos aprendices ingresados, dos compañeros de oficio y un maestro, sobre la más alta colina o el valle más profundo del mundo, donde no se oye ni cantar un gallo ni ladrar un perro.

En el caso del Manuscrito Dumfries Nº 4 (1710) se establece la existencia de los grados y además se ordena que en  “ninguna logia o quorum de masones dará súbitamente a alguien el secreto real, muy al contrario, con gran circunspección: primero, que aprenda sus preguntas de memoria, luego sus símbolos; después, haced lo que la logia juzgue mejor. (párr. 18)

Por otro lado los Reglamentos de la Gran Logia de Londres (1721) establecen una tenida trimestral dedica al bien de la Orden, donde se realizan los aumentos de salario del Ap.·. y le otorgaban derechos de palabra previa autorización del Gran Maestre.

Siguiendo la línea temporal encontramos las Constituciones de los Francmasones -o de Anderson- (1723), donde establecen los deberes del francmasón; la estructura logial, procedimientos, así como un himno del aprendiz.

En las cartas la confesión de un masón (1727) encontramos el Juramento del Aprendiz basado en I Reyes 7-21 y una serie de preguntas de reconocimiento entre lasque vale la pena mencionar:

“¿Qué decís? Heme aquí (con los pies en esc.·.) el más joven y último aprendiz recibido; preparado para servir a mi Maestro del lunes por la mañana al sábado por la noche en todos los trabajos lícitos;… ¿Qué os hizo Masón? La santa voluntad de Dios todopoderoso me hizo Masón; la esc.·., después de Dios, me hizo Masón; diecinueve Compañeros de oficio y trece Aprendices me hicieron Masón”

En el Discurso del Señor caballero de Ramsay pronunciado en la logia de San Juan el 26 de Diciembre de 1736, puede leerse que:

“Tenemos entre nosotros tres categorías de hermanos: principiantes o aprendices, compañeros o profesos, maestros o perfectos. A los primeros les damos a conocer las virtudes morales y filantrópicas, a los segundos las virtudes heroicas; a los últimos las virtudes sobrehumanas y divinas. De manera que nuestra institución encierra toda la filosofía de los sentimientos y toda la teología del corazón.”  

Finalmente, en el Catecismo o Instrucción para el Grado de Adepto o Aprendiz Filósofo Sublime y Desconocido (1766) del Barón de Tschoudy y ante la pregunta de “¿Cómo representamos en la masonería la necesidad absoluta y preparatoria de esta depuración o purificación?” se responde:

Desde la primera iniciación del candidato al grado de aprendiz, cuando se le despoja de todos los metales y minerales, y que de una manera decente se le retira una parte de sus vestiduras, lo que es análogo a las superficialidades, apariencias o escorias, de las cuales es necesario despojar la materia para encontrar el germen.

IMPORTANCIA: A MODO DE CONCLUSIÓN.

Explicada nuestra postura de entender el nacimiento del Aprendiz como la consciencia sobre los límites físicos y morales de la propia vida –la renuncia al Edén- pasamos a una segunda parte donde revisamos –a simple vista de quien ha viajada-la construcción del Ritual del Aprendiz a través de los siglos.

En opinión de quien escribe este sea quizá el rasgo más importante de adentrarse en los antecedentes; la historia de la masonería se pierde en la oralidad y no en balde reclama la descendencia de los constructores del Templo de Salomón; las características de nuestra estructura y ritual se pierde en el origen de los tiempos y trasciende por mucho el nacimiento de la primera Gran Logia.

También pudimos evidenciar contradicciones específicas entre autores de gran auctoritas, hecho que, más allá de calidades, se debe simplemente al acceso que hoy día tenemos a fuentes primarias globalizadas, multilingües y referenciadas; no podemos más que reavivar nuestra fe en el Hombre y en nuestra Orden, que aún después de tres siglos nos regala sabanas enterar por arar.  

En mi experiencia personal fue impresionante encontrar vestigios de nuestras vivencias en documentos de hace 600 años, hecho que nos hace suponer –como es natural- mayor antigüedad.

Para Claudy (citado por el Q.·.H.·.Subero):

“En el Grado e Aprendiz se le enseña al Masón la necesidad de una creencia en Dios, de practicar la caridad para con todos los hombres, más especialmente con un Hermano Masón; la necesidad del secreto, el significado del amor fraternal, las razones de la ayuda, la grandeza de la Verdad, las bondades de la templanza, el valor de la fortaleza, la parte que ha jugado la prudencia en la vida masónica y la pureza de la justicia escrupulosa” (Pág. 75)

En nuestra opinión, el camino del Aprendiz termina con el aumento de salario que paga a Caronte por el pase al Or.·. E.·. y como tal, es el ciclo de vida del masón especulativo, conocerse a sí mismo a través de los pasos que dan hoy día cinco millones de aprendices que sin importar potencias ni ritos están entre Col.·.

S.·.F.·.U.·.

Claudio Dennis Arriojas

Referencias Bibliográficas

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