EN LA MIRADA DEL LOBO

Alessio Brandolini

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Biografía

Muestra poética

Texto breve de Martha Canfield sobre el autor

Ensayo de Luis Cortés Cabán sobre la poesía de Alessio Brandolini

BIOGRAFÍA. ALESSIO BRANDOLINI 

nació en 1958, vive en Roma, donde se graduó en Letras Modernas. Ha publicado los siguientes poemarios: L’alba a piazza Navona (1992, «Premio Montale – Inédito»); Divisori orientali (2002, «Premio Alfonso Gatto – Primera obra»); Poesie della terra (2004, editado también en español: Poemas de la tierra, 2004 y 2014); Il male inconsapevole (2005); Mappe colombiane (2007; también en español: Mapas colombianos, Colombia, 2015); Tevere in fiamme (2008, «Premio Sandro Penna»); Il fiume nel mare (2010, finalista del «Premio Camaiore»); Nello sguardo del lupo (2014; también en español: En la mirada del lobo, México, 2018).

En el 2016 salió la antología Il futuro è un campo incolto (1992-2014) y en el 2017 Il volto e il viaggio (con dibujos de Stefano Cardinali). Sus textos han sido traducidos en varios idiomas y publicados en revistas italianas y extranjeras. Han salido varias antologías de su obra poética: en Costa Rica En el ojo del lobo (2009) y Desde otro planeta (2014), en Colombia Llamo desde otro planeta (2016), todas en la traducción de Martha Canfield.
En 2013 salió el libro de cuentos
Un bosco nel muro.

Traduce del español y desde el 2006 coordina Fili d’aquilone, revista web “de imágenes, ideas y Poesía”. En 2011 fundó la editorial homónima, Fili d’Aquilone.

En la mirada del lobo [Nello sguardo del lupo, 2014] 

fue publicado en México en abril de 2018 con Mantis Editores – Colección Terredades, editorial de Luis Armenta Malpica. Con texto italiano y traducciones al español de Martha L. Canfield. El libro fue presentado en Ciudad de México el 10 de diciembre 2018 en el café de la Casa de Ramón López Velarde con el autor y Marco Antonio Campos.

Escribe Martha L. Canfield en la contratapa del libro:

La poesía de Alessio Brandolini está estrechamente vinculada a la naturaleza, como se ve desde sus primeros libros. En su obra emerge una particular simbiosis con elementos de la tierra, el agua y el aire, pero sobre todo con algunos animales: el lobo, en primer lugar; en él se encarna la fuerza, la soledad, la inteligencia y las dotes -no siempre reconocidas- mediante las cuales el poeta atraviesa los oscuros subterráneos de la existencia para llegar a la luz.


En la mirada del lobo está dividido en siete partes. Aquí se proponen 10 poemas de la última sección del libro, la que da el título a esta obra.

        EN LA MIRADA DEL LOBO

TRADUCCIÓN DE MARTHA CANFIELD


[Nello sguardo del lupo]

1

Ti spiavo nella luce chiara e tagliente che ti appartiene.

Avevi strisce di brina negli occhi e i semi delle parole

insolite ma preziose: di grano e d’azzurro o il verde che amo.

Avrei voluto di più dall’incontro ma il buono non è concesso

bisogna vivere di quel poco e non pretendere altro, né troppo:

che importa se poi si viene esiliati dai propri sogni e desideri?

Si torna comunque a sperare in giorni

non in conflitto con se stessi, né con il mondo

in calmi movimenti, senza vittime né eroi

a strappare le ortiche cresciute nella casa

nelle strade e nei sentieri che conducono al paese.

        1

Yo te espiaba en la luz clara y afilada que es tan tuya.

Tenías cintas de escarcha en los ojos y semillas de palabras

insólitas pero valiosas: de trigo y de azul o el verde que amo.

Hubiera querido más del encuentro pero lo bueno no se nos da

hay que vivir de ese poco y no exigir más, ni demasiado:

¿qué importa si luego uno queda exiliado de sus sueños y de sus deseos?

De todos modos se vuelve a esperar que haya días

que no estén en conflicto con uno mismo, ni con el mundo

en movimientos lentos, sin víctimas ni héroes

y se arrancan las ortigas que han crecido en la casa

en las calles y en los caminos que conducen al pueblo. 


        2

Spio alberi e foglie, segno la pista che conduce

alla casa vuota. Ricci di castagno arano le spalle

spine regalano all’aria la durezza dell’acciaio.

C’è sempre qualcosa di elettrico quando passi

fiera come se perdessi liquidi acidi che poi

si ricreano in figure astratte. La vita non è mai

quella vera, il corpo resta all’erta e la voce afferra

la coda, mi perdo nel branco e se ti penso sto male.

Non sono stato io ad annientarmi: era già tutto

programmato. L’ombra del bosco affilata e tenace

così le orme che vengono da lontano, i microscopici

indizi saturi di nulla ma la notte è un intreccio di stelle.

Come quando a Fontana di Trevi una nuvola si blocca e la guardi in attesa del minimo spostamento. Chiudi gli occhi per qualche secondo, li riapri e la nuvola è in fuga, oltre i palazzi. Ogni cosa è in continua trasformazione ma in noi nulla avrebbe dovuto cambiare mentre la Terra ripete i suoi agili volteggi. Esplode una cassa con dentro la recita, gli appunti, i libri foderati d’azzurro. Troppo preso a ferirmi per percepire il tuo sguardo: andrà tutto bene e brindo col tuo amore e sulle labbra spuntano colline, vigneti, fiumi, fiori crepitanti di luce. Potrei proseguire se avessi più tempo, ti chiamerò il giorno in cui le stelle smetteranno di barare. L’iceberg ci deriva addosso, tra-volge i binari e resta una lingua che spia la luce. La caverna è un regalo della preghiera? Il muso del lupo batte sui fili spinati. Appeso al collo il rimorso di non aver fatto la cosa giusta, di non aver spento tutte le luci della casa.


        2

Espío árboles y hojas, marco la pista que conduce

a la casa vacía. Rizos de castaño surcan la espalda

espinas regalan al aire la dureza del acero.

Hay siempre algo eléctrico cuando pasas

orgullosa como si perdieras líquidos ácidos que luego

se recrean en figuras abstractas. La vida nunca es

la verdadera, el cuerpo permanece alerta y la voz agarra

la cola, me pierdo en el rebaño, y si te pienso, quedo mal.

No fui yo quien se aniquiló: estaba ya todo

programado. La sombra del bosque afilada y tenaz

así las huellas que vienen desde lejos, los microscópicos

indicios llenos de nada, pero la noche es un nudo de astros.

Como cuando en la Fontana de Trevi una nube se bloquea y la miras en espera del menor movimiento. Cierras los ojos por algunos segundos, los reabres y la nube ya va en fuga, más allá de los edificios. Cada cosa está en continua transformación, pero en nosotros nada habría tenido que cambiar mientras la tierra repite sus ágiles piruetas. Explota una caja con el recitado adentro, los apuntes, los libros forrados de azul. Demasiado ocupado en herirme para percibir tu mirada: todo irá bien y brindo con tu amor y sobre los labios sobresalen colinas, viñedos, flores, ríos crepitantes de luz. Podría continuar si tuviera más tiempo, te llamaré el día en que las estrellas ya no hagan trampa. El iceberg va a la deriva sobre nosotros, atropella los andenes y queda una lengua que espía la luz. ¿La cueva es un regalo de la oración? El hocico del lobo choca contra alambres de púas. Colgado del cuello el remordimiento de no haber hecho lo correcto, de no haber apagado todas las luces de la casa.


        6

Fiuta a scatti il cane un odore nuovo, il muso

nell’aria: gioia allucinata. Nell’orto abbattuto

dalla grandine un ragno tesse una palma reale.

Saluto i parenti fissando la porta che scaglia

all’aperto, fuori ritrovo le visioni e ogni

scusa per staccarsi dallo stagno serve a ben poco.

Lo spazio ci divide? Penso solo cose che iniziano

col piede sbagliato, acqua scura scivola in gola

tunnel e viadotti per salvarsi. In me la ferocia

che non volevo: dove sono gli anni ai quali davo

il tormento? Era il martirio la bestia sulla schiena

stupito fissavo i gatti e le lucertole godersi il sole.

Ho lanciato sassi: faceva freddo, meglio dei giorni

a riflettere e la stessa cosa esaminata non lasciava

vivere. In viaggio si pensa a se stessi, poi agli altri

se non sono già scesi. Uno di noi afferma: nessuno

può lanciare la prima pietra, l’innocenza è un dono

sacro e l’attuale capo del governo è uguale a quello

precedente. La natura ti parla se l’ascolti? decidere

se andargli incontro a passo svelto. Il cane abbaia

al carnefice, ai chiodi innalzati a vigili sentinelle.

Il male non si stacca dalla luce che schiocca; dal vuoto

ovattato che ci nutre; dai grovigli. Per questo il rifugio

la tana ma siamo aperti: una ferita, un abisso nell’attesa. 


        6

Olfatea a saltos el perro un olor nuevo, el hocico

en el aire: goce alucinado. En la huerta derrotada

por el granizo una araña teje una palma real.

Saludo a los parientes mirando fijo la puerta que manda

al exterior, afuera encuentro de nuevo las visiones y cada

excusa para separarse del estanque sirve muy poco.

¿El espacio nos divide? Pienso sólo en cosas que inician

de modo equivocado, agua oscura se desliza en la garganta

túneles y viaductos para salvarse. En mí la ferocidad

que no quería: ¿dónde están los años a los que infligí

el tormento? Era el martirio la bestia sobre la espalda

atónito escudriñaba gatos y lagartos gozando del sol.

He tirado piedras: mejor este frío que el de los días

de reflexión, y la misma cosa examinada no nos dejaba

vivir. De viaje, uno piensa en sí mismo, luego en los otros

si aún no se han bajado. Uno de nosotros afirma: nadie

puede lanzar la primera piedra, la inocencia es un don

sagrado y el actual jefe de gobierno es igual al

anterior. ¿La naturaleza te habla si la escuchas?, decidir

si acercársele de prisa. El perro ladra al verdugo

a los clavos transformados en atentos centinelas.

El mal no se aparta de la luz que chasquea; del vacío

atenuado que nos nutre; de los enredos. De ahí el refugio

la cueva, pero estamos abiertos: una herida, un abismo en espera


        8

Molte le cose che mi stavano davvero a cuore

elencarle sarebbe folle nell’attuale situazione.

Parliamo di ciò che resta: la pioggia che scende

dal tetto; un apriscatole per spalancare l’anima;

un cavallo; una pietra che rotola giù dal passato.

Non le impronte rimaste a crepitare nella neve

esplose in macchie d’inchiostro, in frammenti

di statua. Costruiremo e non una traccia.

Il sorriso non è il tuo, è lo specchio che fa il pazzo.

«Il destino è falciato» disse a muso duro: dai solitari

le spinte propulsive che scuotono i cicli della storia?

L’altrove esegue spartiti che la morte suggerisce soltanto.

Sotto le costellazioni c’è un campo incolto da esplorare

papaveri che crescono nelle crepe. Sapevo che saresti

tornata, ho custodito i tuoi vestiti, le foto del matrimonio.

Percosso dai ruderi, dallo scempio che non ci appartiene

tuttavia è qui, infilzato nella carne. Il corpo sezionato

con scrupolo, le mani di marmo. Meglio oziare

non c’è isola che possa accoglierci o essere il pulviscolo

sui busti imbrattati del Pincio. Affreschi il vento

coi soliti mitragliati ricordi: lo slargo

dove uccidono un cane a bastonate; il volto

di un padre muto, dallo sguardo liquido.


        8

Mucho era lo que me interesaba realmente

hacer una lista sería una locura en la situación actual.

Hablemos de lo que queda: la lluvia que cae

del techo; un abrelatas para abrir de par en par el alma;

un caballo; una piedra que rueda desde el pasado.

No las huellas que quedan crepitando en la nieve

estalladas en manchas de tinta, en fragmentos

de estatua. Construiremos y no una huella.

La sonrisa no es la tuya, es el espejo que se hace el loco.

“La suerte está marcada”, dijo con descaro: ¿son los solos

que dan los impulsos que sacuden los ciclos de la historia?

El otro lugar ejecuta partituras que la muerte sólo sugiere.

Bajo las constelaciones hay un terreno baldío para explorar

amapolas que crecen en las grietas. Sabía que regresarías

he custodiado tus prendas, las fotos de nuestra boda.

Golpeado por las ruinas, por el desastre que no es nuestro

pero está aquí, ensartado en la carne. El cuerpo seccionado

con escrúpulo, las manos de mármol. Mejor haraganear

no hay isla que pueda acogernos o ser el polvo

sobre los bustos ensuciados del Pincio. Pintas el viento

con los usuales recuerdos perforados: la plaza

donde matan a golpes a un perro; el rostro

de un padre mudo, con su mirada líquida.


        10

Abbattere la gabbia, l’acquarello della fuga:

l’amore tra gli uomini non può essere questo

deprimere sogni, nascondere gesti. Da quanti

anni ringhio alle cinghie, alle fruste, ai corpi

sospesi in neri fagotti? Ai rami impiccati

tra le nubi, alle code d’auto infilate nei vicoli?

Ti avevo chiesto di tenermi la mano

non d’incidere i nostri cuori, trapanarli. Sul viso

perfette cicatrici, sogni di guerra urbana. Infilo

l’occhio d’acciaio, la pompa per dare sangue

alle arterie. Pane ammuffito sulla tovaglia, ogni

notte pregavo ed erano insetti i segni alle pareti.

Se è questo che vuoi affermo che non capisco

non giudicarmi a tradimento, sul chiaro della pelle

batte la lingua: fruga nel futuro zoppo di memorie.

Si gela, ulula l’armonica a bocca e agile la canoa

scorre tra le foglie: rifare il trucco all’infanzia?

Ho scelto la via che prosegue a testa bassa, separa

i giorni in spicchi. Il sale ha sciolto la purezza della neve

i semi delle parole. La scala è fragile

non sopporta il peso. Tardi per regolare i conti

pensavo che non dovessi più sognare: inatteso

è giunto il momento delle visioni. Foro la roccia

del distacco e un cielo brillante smantella la gabbia.


        10

Derribar la jaula, la acuarela de la fuga:

el amor entre los humanos no puede ser esto

desalentar sueños, ocultar gestos. ¿Desde hace cuántos

años lanzo gruñidos a las correas, a los azotes, a los cuerpos

suspendidos en negros envoltorios? ¿A las ramas ahorcadas

en las nubes, a las colas de autos metidas en callejones?

Te había pedido que me tomaras la mano, no que golpearas

nuestros corazones, que los taladraras. En la cara

cicatrices perfectas, sueños de guerra urbana. Enhebro

la aguja de acero, la bomba para dar sangre

a las arterias. Pan enmohecido sobre el mantel, todas

las noches rezaba y eran insectos las marcas en las paredes.

Si es esto lo que quieres seguro que no lo entiendo

no me juzgues a traición, sobre lo claro de la piel golpea

la lengua: sondea en el futuro claudicante de recuerdos.

Hace frío, grita la armónica y ágil la canoa se desliza

entre las hojas: ¿será el caso de embellecer la infancia?

Elegí el camino que va adelante sin pensarlo, que separa

los días en gajos. La sal disolvió la pureza de la nieve

las semillas de las palabras. La escalera es débil

no soporta el peso. Tarde para ajustar las cuentas

creí que ya no tenía que seguir soñando: inesperado

llegó el momento de las visiones. Perforo la roca

del desapego y un cielo brillante desmantela la jaula.


        12

M’involo e non abbatto gli alberi dai frutti letali

dei conflitti meglio non dire, sarebbe come sputare

sui morti. Staccarsi in raggi in una pace in fiamme

che nulla toglie al tramonto. Fumo abbiamo tratto

dai giorni invece di goderli, lo capisco stando

in spiaggia con granchi armati. E il tempo perso

fissando il muro? Ho una casa col tetto di lumi

accesi, lastre e foto: la speranza si dona al primo

che passa. Plano sui rami e i papaveri tra le crepe.

Sotto i funghi disfo i bagagli: dentro non c’è nulla.

Questo ritrarsi nella pelle del lupo per conoscere

e spaventarsi, continua sfida esonerata dallo scontro.

Stressa la ricerca d’un proprio spazio, poi per giorni

a discuterne nel rifugio. Nel corpo preme la scorza

il profilo del paese, il lastricato delle frasi non dette.

Avrei voluto di più dal mutamento, da questo starsene

piegati nella storia, sotto strati di lava. Scruto l’occhio

lunare, la terra nell’altrove e palpando scopro le dita.

Voce che non dice ma è un tutto affine al vuoto, casi

isolati: ho passione amica, non la tua rigida disciplina.


        12

Levanto el vuelo y no derribo los árboles de frutos letales

sobre los conflictos mejor no hablar, sería como escupir

a los muertos. Separarse en rayos en una paz incendiada

que no le quita nada al crepúsculo. Humo le sacamos

a los días en lugar de disfrutarlos, lo entiendo estando

en la playa con cangrejos armados. ¿Y el tiempo perdido

mirando la pared? Tengo una casa con el techo de luces

prendidas, placas y fotos: la esperanza se regala al primero

que pasa. Vuelo sobre ramas y amapolas entre grietas.

Bajo los hongos deshago las maletas: adentro no hay nada.

Este retirarse en la piel del lobo para conocer

y asustarse, desafío constante exonerado por el choque.

Agotadora la búsqueda de un espacio propio y varios días

discutiendo en el refugio. En el cuerpo aprieta la cáscara

el perfil del pueblo, el pavimento de las frases no dichas.

Hubiera querido más del cambio, de ese quedarse

doblados en la historia, bajo estratos de lava. Miro el ojo

lunar, la tierra en el otro lado y tocando descubro los dedos.

Voz que no dice pero que es un todo afín al vacío, casos

aislados: tengo pasión amiga, no tu rígida disciplina.


        13

Sparsi nei secoli, il carrello delle sensazioni

tirato all’esterno fluisce sul marmo dei Fori

Imperiali. Carcasse d’auto impilate

nella rimessa lasciano defluire l’olio, il grasso

su nastri scuri. Non avrai il tempo necessario

a scaldare i motori, le mani pressate sugli occhi.

Un ragno svelò i misteri dell’isolamento, i sensi

esplorano tagli e fessure, pieghi i raggi

in una fossa e scopri di avere la pelle ricoperta

di peli. Raggiungi la sala operatoria, al risveglio

hai nella testa le frasi dell’anestesista, vuoi uscire

l’infermiera ti blocca: Lei non può tornare nel bosco!

Scalpito nella neve per vedermela con uno strumento di canne e foglie, produrre vibrazioni primitive e smantellare la gabbia. Bello starsene ad alta quota in cerca di guai, accovacciato e fuori da ogni proposito di ammansirsi. In differente all’esperienza stipata in soffitta. Taglio i fili che provano a dare ordine al caos. Perché ridono quando c’è tanta tristezza nei corpi convalescenti? Ululo alla mia ombra, godo dei sensi e sfido le ferite, i ruderi di Tuscolo. Guarire digiunando e non essere l’avido che divora i propri figli, la scrittura sparsa nei riflessi dello specchio. Le onde raschiano gli odori: il mare ci ha già sepolti? Questo dico all’infermiera mentre infila l’ago nel braccio. Deluso ma percepisco affinità, ascolto schiocchi, mi relaziono con i pesci: dovrò nuotare a lungo prima di raggiungere il bosco!


        13

Dispersos en los siglos, el carro de las sensaciones

tirado hacia afuera fluye en el mármol de los Foros

Imperiales. Esqueletos de autos amontonados

en el garaje dejan correr el aceite, la grasa

sobre cintas oscuras. No tendrás tiempo suficiente para

calentar los motores, las manos oprimiéndote los ojos.

Una araña reveló el misterio del aislamiento, los sentidos

exploran tajos y grietas, pliegas los rayos

en un pozo y descubres que tienes la piel cubierta

de pelos. Llegas al quirófano, al despertar

tienes en la cabeza las frases de la anestesista, quieres salir

la enfermera te detiene: ¡Usted no puede regresar al bosque!

Pataleo en la nieve para enfrentarme con un instrumento de cañas y hojas, producir vibraciones primitivas y desmantelar la jaula. Qué bueno quedarse en lo alto en busca de problemas, acurrucado y sin intención de ablandarse. Indiferente a la experiencia abarrotada en el desván. Corto los hilos que intentan poner orden en el caos. ¿Por qué se ríen cuando hay tanta tristeza en los cuerpos convalecientes? Le aúllo a mi sombra, gozo de los sentidos y desafío a las heridas, las ruinas de Tuscolo. Curarse ayunando y no ser el ávido que devora a sus propios hijos, la escritura dispersa en los reflejos del espejo. Las olas raspan los olores: ¿el mar nos ha enterrado ya? Eso le digo a la enfermera mientras mete la aguja en mi brazo. Defraudado, pero percibiendo afinidades, oyendo chasquidos, me relaciono con los peces: ¡tendré que nadar mucho antes de llegar al bosque!


        15

a Stefano Cardinali

La morte arriva nel bel mezzo della vita

racconta storie alle quali credi per non darle

dispiacere: festeggerai l’anno potando ulivi

non sorriderai al momento giusto, né porgerai

l’altra guancia. La compassione è affermare

di non capirci nulla, sorpresi nudi sotto le stelle

vogliamo farci caso a questa nuova vita in arrivo.

Tra una massa di nuvole nere sbuca un faro

un pallido sole e il passato s’irradia sull’asfalto.

Giorni d’ansia e non ne ricordo altri, così. Chiusi

in attesa nell’antro del Palazzo. Ora la luce sbalza

un’isola all’orizzonte, un singolare profilo a china.

Affascinato dagli esseri filiformi arrivati in mongolfiera, eppure ci avevo fatto caso, li aspettavo. Lo stupore per la novità ecco lo strazio, irriverente promessa imbullonata allo specchio, alla fitta schiera dei giorni di lavoro. Un chiarore entrava dalle mani e sgorgava dal naso, scioglieva i suoi balsamici vapori nel chiuso della stanza. Il pettirosso riuniva i lacci della follia, la ferocia circolante nel tessuto delle molecole, dei fratelli maculati di assenze. Il buio accerchiava gli alberi, i gabbiani che volteggiavano sulla cupola a spirale di Sant’Ivo. Ora la traccia è quella del cane, lento gli vado dietro mentre dorme.


        15

a Stefano Cardinali

La muerte llega justo en la mitad de la vida

cuenta historias en las que crees por no disgustarla:

festejarás el año podando olivos

no vas a sonreír en el momento justo, ni vas a poner

la otra mejilla. La compasión está en afirmar que no

entiendes nada, descubiertos desnudos bajo las estrellas

queremos hacer caso a esta nueva vida que llega.

Entre una masa de nubes negras aparece un faro

un pálido sol y el pasado se irradia sobre el asfalto.

Días de ansia y como estos no recuerdo otros. Cerrados

esperando en el recinto del palacio. Ahora la luz salta

una isla en el horizonte, un singular perfil en tinta china.

Fascinado por los seres filiformes llegados en globo, y eso que lo había notado, los esperaba. El estupor por la novedad es el tormento, irreverente promesa atornillada al espejo, a la espesa fila de los días de trabajo. Una claridad entraba por las manos y se colaba en la nariz, desparramaba sus balsámicos vapores en el aire encerrado de la habitación. El petirrojo reunía los lazos de la locura, la ferocidad circulante en el tejido de las moléculas, de los hermanos maculados de ausencias. La oscuridad cercaba los árboles, las gaviotas que revoloteaban sobre la cúpula en espiral de Sant’Ivo. Ahora la huella es la del perro, lento lo sigo mientras duerme.


        16

Una trama di nodi prende alle spalle: il vizio

antico di farci a vicenda del male, la risano

con calma e la brina fodera il campo incolto.

Raccolgo qualche frutto dopo anni di tenace

lavoro: pensieri in un luogo anonimo. Non

un uccello ma un uomo pieno di ostacoli

scalfisce l’aria col muso. Il buio ricolloca

le cose, adesso o mai più recidere i tentacoli

dell’ipocrisia. Se mi maledico non farci caso

scolpisco il buio e gli incisivi sviluppano

all’istante. L’amore è lo sparo che sgombra:

darsi a forme barbare, gioire tra le tue braccia.

Nel mare c’è un fiume che sgorga dalle isole

ed è lì che rivivo, spalmo il sole sulle pietre

con occhi animali esamino la città, le stelle

lo sfondo piallato delle case. Mi riconosco

senza trucco né pianto nel muso allungato

nei denti che splendono davanti alle fiamme.

Temo di spiarmi mentre mi abbatto in grumi

di segni, in riflessi di specchio. Raggi stellari

entrano nelle crepe, nel corpo che non dorme

ma si scortica nel sogno. Il calore della pelle

slega grovigli, apre strade nel ghiaccio. Ora o

mai più: lasciamo che i corpi sussultino di gioia!

 


        16

Un enredo de nudos te atrapa por la espalda: el viejo

vicio de hacernos mal recíprocamente, la curo

con calma y la escarcha reviste el terreno baldío.

Recojo algún fruto después de años de trabajo

tenaz: pensamientos en un lugar anónimo. Un

pájaro no, sino un hombre lleno de impedimentos

araña el aire con la trompa. La oscuridad ordena

las cosas, ahora o nunca más hay que cortar los tentáculos

de la hipocresía. Si me maldigo, no hagas caso

modelo la oscuridad y los incisivos se desarrollan

en seguida. El amor es el disparo que desaloja:

entregarse a formas bárbaras, gozar entre tus brazos.

En el mar hay un río que fluye desde las islas

y es allí que resucito, desparramo el sol sobre las piedras

con ojos animales examino la ciudad, las estrellas

el fondo alisado de las casas. Me reconozco

sin maquillaje ni llanto en el rostro alargado

en los dientes que brillan ante las llamas.

Temo espiarme mientras me abato en grumos

de señales, en reflejos en el espejo. Rayos estelares

entran en las grietas, en el cuerpo que no duerme

pero se va excoriado en el sueño. El calor de la piel

desata marañas, abre caminos en el hielo. Ahora o

nunca más: ¡dejemos que los cuerpos se exalten en la dicha!


        17

Il calore viene dalla terra, la scossa dal timore

di cadere. Giorni senza pensare sotto il castagno

dal cielo le gocce necessarie e bacche per cena.

La malattia del licantropo se ne andrà negli occhi

conficcati nella pietra: siate voi stessi non quelli

che cercano chi sono. Batto i sentieri con passo da felino

e crollano frasi, si erge lo scoglio tra noi e

l’attimo. Tanti modi per non raggiungere l’obiettivo:

scene atipiche, ululati, la vocalizzazione del passato.

Chiamo da un altro pianeta: stelle frenano il ritorno

incerto su questo me che non conosco, lo critichi

e fai bene perché spaventa essere un altro.

L’idea di fornire una lista di tutti gli orrori e lavorare

al placcaggio del mostro, è quindi urgente sciogliere

il filo che lega all’istante del parto. Nelle altre stanze

il sole divora libri e quaderni, il manuale della guerra

campestre: insetti elogiano gli avanzi, stipano macerie.

Nello sguardo del lupo calmo proseguo, a quattro zampe.


        17

El calor viene de la tierra, el temblor del miedo

de caer. Días pasados sin pensar bajo el castaño

desde el cielo las gotas necesarias y bayas para la cena.

La enfermedad del licántropo se irá en los ojos

clavados en la piedra: sean ustedes mismos y no quienes

buscan lo que son. Recorro los senderos con paso de felino

y las frases se abaten, se alza la roca entre nosotros y

el instante. Tantas maneras para no alcanzar el objetivo:

escenas atípicas, aullidos, la vocalización del pasado.

Llamo desde otro planeta: estrellas frenan el regreso

incierto sobre este yo que no conozco, lo criticas

y haces bien porque asusta ser otro.

La idea de ofrecer una lista de todos los horrores y trabajar

frenando al monstruo, por eso es urgente soltar

el hilo que une al instante del parto. En otras habitaciones

el sol devora libros y cuadernos, el manual de la guerra

campestre: insectos elogian las sobras, amontonan ruinas.

A cuatro patas, voy adelante y tranquilo en la mirada del lobo.

Ser otro para percibirse más a fondo:[1]

 En la mirada del lobo, de Alessio Brandolini

David Cortés Cabán

(El texto apareció en la revista impresa Crear en Salamanca,  que dirige Alfredo Pérez Alencart.)

                                                            Para encontrar la luz te hundes en el pozo

                                                                                                     A. B.

I                                                                    

        Se lee un libro de poemas con el fin de acercarse a ese mundo que se abre ante el lector reclamando una interpretación, una atención personal, unas consideraciones. Las emociones y urgencias que encontremos allí dependerán, en parte, de la sensibilidad de quien lea y pueda sentir como suyo lo que palpita en el fondo del poema, lo que recoge su historia y los elementos que lo componen mostrándose como un organismo vivo a través de la lectura. Se busca lo que unifica la enigmática sustancia que concentra y proclama en la poesía la revelación del mundo del hablante. Pero esto no es algo privativo de un escritor en particular, sino de todo creador que busque compartir, con los posibles lectores de su obra, su imaginario personal. Los conceptos, las imágenes y la fuerza emotiva que contenga su obra dependerán, sin embargo, de la propia interioridad del poeta y de la historia de su vivir en relación con su realidad inmediata, su entorno o sus experiencias de la vida si es que estas se reflejan en su escritura. Por eso, la disposición espiritual para acoger la armonía, la belleza, el dolor o la crueldad, el amor o las preocupaciones del poeta requerirán de parte del lector o la lectora una particular atención. En el caso de En la mirada del lobo,[2] añadiré mis sentimientos a esa conciencia que proyecta la vida revelada en los seres y elementos que la integran creando una atmósfera de distintos contenidos y matices. Y una visión que explorará en la naturaleza y los animales (el lobo o el perro, por ejemplo), un sentido de correspondencias con las múltiples visiones de la vida y del universo. De ahí que el título del libro insinúe ya de entrada las connotaciones que pueda contener la mirada del lobo; una mirada que buscará intuir el sentido que subyace en el fondo de las cosas, no según las apariencias, sino desde las raíces mismas de una realidad reflejada en las sorpresivas situaciones de la vida.      

        Los siete apartados que conforman la estructura física del libro [3] conllevan distintos ángulos conceptuales que nos transmiten el particular sentido de cada texto. Lo que dicen los temas impregnarán de un profundo lirismo la naturaleza y los espacios en los que la mirada se mueve concretando hondas sensaciones. Lo que se ve exhibirá un equilibro entre lo que se nombra y la emoción del mundo interior del hablante poético. Por eso, la mirada proyectará las claves de ese mundo real e imaginario frente a la percepción del reino animal; seres con quienes compartimos la existencia y, aunque tratemos de ignorarlos, nuestro propio sentido de la vida.

         De entrada, el epígrafe del poeta y traductor esloveno Kajetan Kovič (1931-2014): “Tienes que estar abierto como una herida, / porque el verdadero nombre de las cosas está escondido”, nos advierte de los ignorados horizontes de un mundo que posiblemente nunca llegaremos a comprender del todo, pero contiene y nos acerca a la textura de una realidad más profunda de lo que a primera vista solemos atribuirle. En otras palabras, las cosas que suelen pasar a nuestro lado como sombras que rodean la vida, las cosas que se agitan a nuestro paso llevándonos por misteriosas zonas donde la mirada levanta otros vuelos y nos coloca frente a realidades mucho más profundas y abstractas. Por eso, ese abrirse como una herida que traspasa los versos de Kajetan Koviç representa también el aliento vital que fluye en la poesía de Alessio Brandolini: abrirse hacia la desconcertante cotidianidad de un mundo que para ser comprendido exige de un doloroso desgarramiento. Esta sensación ha sido ya notada con hondura reflexiva por la poeta y crítica Martha L. Canfield al señalar que en la obra de Brandolini “…emerge una particular simbiosis con elementos de la tierra, el agua y el aire, pero sobre todo con algunos animales: el lobo, en primer lugar; en él se encarnan la fuerza, la soledad, la inteligencia y las dotes —no siempre reconocidas—mediante las cuales el poeta atraviesa los oscuros subterráneos de la existencia para llegar a la luz”. Y esa luz que menciona Martha L. Canfield es la que reflejará tácitamente la materia de este universo poético por un lado y, por otro, el lenguaje que delineará los contornos de una naturaleza a contrapunto con los seres que la habitan y reclaman allí su derecho a la vida: “La luz desencaja las tinieblas, se extiende el efluvio de la hierba y la oscuridad estalla en el abrirse del día.” (15), dice el hablante para trazar ya el fondo y el carácter esencial de esta poesía.  

         En la primera parte, “Constelaciones”, se introduce y exalta la grandeza del universo: la noche, la luna, la corteza de los nogales, los lugares y espacios que ha de recoger la mirada para descubrirnos el natural asombro de las cosas y los seres que irán mostrando su perfil frente a la luz que disipa las sombras. Toda una visión cósmica de un universo que evidencia una razón poética de la vida y de un yo fundido en el paisaje. Este es el primer instante del poema: la expresión que justificará la plena realización de la vida en la complejidad de ese instante que se adscribe a la realidad del poeta : “Rozo la luz salvada del diluvio de las palabras / de los actos grotescos observados en el microscopio”. (17) Así la actitud reflexiva de la mirada buscará esclarecer “el verdadero nombre de las cosas”, revelando en la secreta armonía de la palabra el esplendor de las constelaciones. Por eso lo oculto no será un espejismo que confunda el corazón del hablante, sino una visión intima de la naturaleza y del sentido de la vida. Esto lo reconocerá el poeta en la percepción del espacio y las cosas que lo rodean. Reconoce que su destino fluye en la experiencia de esa contemplación, pero a la misma vez recuerda que hay seres cegados por la maldad, incapaces de contemplar el entorno que contiene lo esencial de la vida: “Hacen falta decenios para toparse con algo / con alguien que acoja nuestras íntimas emociones.” (17).

         En la certidumbre de la contemplación el ojo irá revelándonos la experiencia de lo contemplado. Así avanzará el poeta describiéndonos “…el murmullo ilimitado / del universo que avanza con un estruendo de caracol” (19). Se trata, por supuesto, de reflejar la vida fundida en la palabra y la belleza de un universo ignorado por la ceguera espiritual de algunos seres. Por eso el hablante poético buscará precisamente en la bóveda celeste, y luego en su entorno terrenal, el sentido que emana del esplendor de un universo cuya grandeza habitualmente ignoramos:

                                 

                                 Lo blanco nervioso es un mar con rastros de rojo

                                 promete algo que une las manos y las miradas de ustedes.

                                 Íntegro, aunque esculpido por la lluvia de meteoros

                                 escribes algo para olvidar y permanecer tranquilo:

                                 el día pasa y la noche borra las vocales, los puntos de las

                                 íes. Queda sólo el canto indescifrable de las estrellas.     (19)  

                               

        En la vigilancia de la noche sentimos el cielo estrellado como revelándonos su misterio, como si esa mirada fundida en el espacio quisiera mostrarnos su intimidad, y declararnos aquello que inquieta nuestra propia percepción, eso que la palabra poética busca afanosamente resaltar en el paisaje: “La oscuridad de chispas estelares es ya un milagro.”(15), había dicho para acogerse ya a la inmensidad de ese cielo y de esa aurora que brilla exaltando el firmamento:

                                 […]

                                 Medianoche debajo del pueblo, una caída    

                                 del tiempo en la estrella fugaz. Un rayo

                                 luminoso debilitado por la carrera, efímero  

                                 en los reflejos incandescentes, un testamento

                                 sordomudo taraceado en la cúpula celeste. (19)

II

       

       La “caída del tiempo en la estrella fugaz” que menciona la estrofa, es precisamente lo que actúa como un símbolo fundido en la palabra. Una palabra que posibilita el conocimiento pleno de las cosas que impregnan la interioridad del ser y transforman su relación con el mundo. Por eso, la “estrella fugaz” destacará el fondo y las características de la sección titulada “Brotes en los enredos”, poemas que generan, como dice Borges, “esa antigua magia” que nos coloca frente al asombro. Y proyectan una luz cuyo rasgo esencial será el que reafirme la idea de que el sentido real de las cosas no siempre está sobre la superficie, sino en la profundidad de lo que contemplamos.

         Los versos en cursiva, del primer poema de esta sección, implican el contraste entre la luz y las sombras. Las sombras equiparables aquí al de una vida oscura y helada, algo que en el fondo puede significar la incapacidad del espíritu para captar el significado de la luz en el fluir de la vida. Esta visión de la “vida oscura y helada” será con la que tendrá que luchar el poeta para generar una que garantice un camino menos doloroso por donde se ha de transitar. Es decir, otra luz que contenga una visión capaz de anular las sombras y crear una realidad más noble y acorde con la vida:

                               Con las flores secas y hojas de la higuera

                               quemo raíces, las miradas de Eva

                               y Adán acribilladas por una manzana.

                               Decenas de años arrastras en la espalda

                               un lobo que no logras amansar.

                               ¿No arrancas las malezas de la huerta?    (25)

       Lo que describe metafóricamente la estrofa anterior se insinúa en los elementos de la misma naturaleza, pero también en un sentido más objetivo de la mirada. La presencia de Adán y Eva nos hace pensar en el origen de la creación, en el libro del Génesis y del Paraíso. La figura del lobo generará allí una conciencia del bien y el mal, y una noción del universo que otorgará un sentido doloroso a la vida. En este sentido, esa visión provocará la angustia que el poeta expresa en su cántico. Un cántico que buscará en la mirada del lobo una respuesta que le devuelva al mundo su antiguo esplendor, y una actitud que contrarreste con las oscuras zonas de la vida. Pienso que este sentimiento es el que recoge los siguientes versos: “Se necesitaría un potro para huir. / Zonas oscuras cubren el paisaje / moho y nudos en los surcos familiares. “ (27). Pero, ¿huir de quién y hacia dónde? Apelamos entonces a una intuición mayor para que nos guíe en la comprensión de esa búsqueda de nuevas realidades. Esas que mediante la reflexión creativa pudieran fijar un entorno más solidario. Por eso cuando el poeta asocia la “rama del árbol” con la “escritura”, y el “canto que acoge la bóveda celeste” lo que busca expresar es una visión que armonice nuestra realidad con un mundo más humano. Pero ¿cuál es la transparencia que proyecta la visión donde las cosas puedan manifestarse noblemente y ser contempladas? Me refiero a las cosas que percibe la mirada del lobo desde su sensible soledad, las que nos transfiere el lenguaje y posibilitaría una novedosa versión del mundo. Me refiero, por supuesto, al mundo que ha ido creando Alessio Brandolini En la mirada del lobo, y a ese lenguaje de sorpresivas imágenes que requieren, como ocurre siempre con toda gran poesía, un discernimiento mayor. Es decir, de un lector o una lectora que puedan tender un puente sobre la palabra cotidiana para acceder a una poética que tendrá que ser contemplada desde su realidad más implacable, esas zonas negadas a la primera contemplación, que como un río de turbulentas arrastra oscuras sombras y matices:    

                               Me iban a ejecutar y me reía

                               susurrando al verdugo: “Apresúrate

                               amigo, haz de cuenta que el yo no existe”.

                               Bajo la horca las gotas de sangre

                               brotaban en lo oscuro. Al alba el nudo

                               bien apretado al cuello, te hizo sentir más vivo. (31)

        Si miramos con cuidado veremos que lo que hace sentir más vivo al hablante poético es precisamente la mirada que explora el universo y la fuerza interior que lo habita, y lo que implica esa mirada en la existencia del yo. La estrofa aquí transcrita revela la carga emocional de esa primera situación en la que el yo puede reconocerse liberado. Es decir, liberado de esa experiencia que intentó consumirlo como sugiere el verso: Al alba el nudo / bien apretado al cuello, te hizo sentir más vivo. Los versos que más adelante cerrarán esta sección, explorarán la conciencia del yo ante la imagen del lobo, pero contrapuesta además a la imagen del cordero que también comparte el poema. De ahí que la “ insolente sombra” que “deja al lobo desecho” parece advertirnos de esa acción desgarradora en la mirada del hablante. Esto es lo que parece sugerir la presencia del lobo y el cordero como muestras simbólicas de un universo poético que contiene una pesada carga de sentimientos.

III

       En la sección “El otro y la otra parte” se vinculan más poderosamente la imagen del lobo y la del hablante. Se mostrarán aquí las relaciones del pasado frente a un presente que emerge de las vivencias reales o imaginarias del mundo. La luz reflejará las partes y la unidad de los opuestos que habrá de elevar la mirada del lobo sobre las sombras: “La luz llega de la oscuridad, no hay conflicto / sin el encuentro.” (I, 37). Y se mostrará el sentido de esa visión y de las urgencias que conforman esas experiencias de vida y asimismo de una mirada que, no obstante la dura realidad, aspirará a ennoblecer lo que ocurre en su entorno. Será a través de la mirada que se enfatizará la atmósfera del paisaje en donde nos detendremos para ver cómo se manifiestan las acciones:  

                                Afino la mirada y calculo la altura

                                su reafirmada potencia bajo el cielo

                                invernal que repasa el aire, la respiración

                                el verde de los cementerios alrededor del pueblo.

                                Y están las previsiones meteorológicas

                                madres que hablan a los hijos con prisa

                                por colgar el teléfono. La casa no es esta

                                irónica la brisa susurra en el oído.

                                Vacilo y cambia el camino, el paisaje

                                aprovecha para ensañarse y la cabeza rueda

                                por un lado, el pavimento se agrieta

                                bajo los pies y entonces se perfila la caverna

                                donde reina el vacío que trato de repetir en versos:

                                sabe a esquirlas, sal y pólvora, a hojas de acero

                                que giran en los túneles, a dientes agudos.

                                Las visiones aferran apoyos, borran distancias.  (III, 41)

        Afinar la mirada es imprescindible para resistir las vicisitudes que se ciernen sobre el hablante. Hay que mirar la geografía de esos paisajes cambiantes que transforman a quienes los transitan para sobrevivir la dura acogida de una realidad que al parecer, nada o poco garantiza a la vida.

 

                                 Bajo la mirada y absorbo la línea del pueblo

                                 vago en el perfume del bosque, entre tus rosas.

                                 Los castigos secretos se topan con los labios

                                 es como si no supiéramos más soñar o decir

                                 y los círculos de luz retroceden, cargan equipaje:

                                 vías, guantes, otro lugar, la sombra remueve

                                 las piedras y va a dar a un territorio

                                 despojado, entramos en un bar de la autopista        (V, 45)

        Las situaciones que alberga el poema V poseen un sentido figurado: las cosas, los espacios, los objetos, el tiempo y los matices del entorno contienen diferentes vías que proyectan una visión que se mueve fragmentándose constantemente a través del libro. Todo está manifestándose como si estuviésemos frente a una gran pantalla de cine. Las acciones parecen adquirir un sentido surrealista debido a las condiciones del entorno: “…El cuerpo conserva más que la mente / cifras abstrusas después del lanzamiento de los dados / del otro. Sobre el padre un aliento de sol: ¿la vida es este agitarse del ojo?” (47). Por lo que describen estos versos, las acciones de ese vivir corresponden a un continuo movimiento que recoge en sí mismo el sentido transitorio de la vida. Es decir, lo que revela el enfrentamiento que subyace en el fondo de las cosas. El hablante evocará allí su realidad del siguiente modo:

                                […]

                                Hablamos de la actuación, de quien escarba en las cabezas

                                de los actores. Nosotros distraídos, cada tanto una broma

                                pero no abandono el gusto por lo imposible

                                abro el telón y una madre regala frutos ácidos

                                a las hormigas. La esencia del otro teje

                                el sueño que no se hace y descuida el bosque.

                                No se pretende hacer trampa: he visto a la luz

                                herirse en los techos, a las golondrinas chocar contra los muros.  (47)

        No basta una mirada para comprender el peso emocional que dicta el lenguaje del poema. Siempre hay algo más allá de la mirada que el lenguaje mismo quiere retener, algo que se oculta detrás de la forma y brota como un canto superior a las fuerzas del hablante. Lo que late bajo la realidad implica atravesar un “laberinto” de sentimientos que no siempre alcanzan a revelar su contenido: “Retrocedes entre estrellas aburridas / y estatuas que hablan al hielo: el otro / más allá de la otra parte, con manos desnudas / ha ocupado tu lugar…”, (43) el sentimiento de soledad filtraba ya la estructura del poema IV de esta sección. Pero, ¿qué lugar ocupa el yo entre esas estrellas y estatuas? Parece que tendríamos que asomarnos atentamente para equiparar las estrellas con la voz que llama desde ese otro planeta mencionado en el poema.

                                                           

IV

      Por eso, la sección titulada “Llamo desde otro planeta” genera un profundo acercamiento sobre lo que percibimos del mundo. El primer poema, “Los pasajes al silencio”, contiene una visión marcada por la incomunicación. La frase: “aislamiento extendido”, acentúa el grado de desolación de esas experiencias donde la luz no puede filtrarse. Nos enfrentamos a un mundo de imágenes que producen un efecto de dolorosa ansiedad. Solamente el canto de un ruiseñor, las flores, el viento, los lobos y la levedad de las hojas neutralizan la desolación del paisaje: “…En las paredes los retratos, con gestos groseros hemos / arañado el origen poroso de nuestra especie.”(51), dice. No obstante, existen algunas claves que nos ayudarán a contemplar al ser adolorido que se mueve en este espacio, pues siempre habrá allí un brote de ternura que resista la soledad como propone, por ejemplo, el siguiente verso: “Las ventanas abiertas nos dejan escuchar el jardín / y recordar que afuera todo es distinto”. (51). La levedad y el silencio también cubren como una capa transparente lo que ocurre en el poema, y las voces del entorno:

                               Tendremos cuidado de no mostrar los caninos, lo azul

                                mitigado entre los brazos, el silencio desborda, le tira

                                la cola al lobo que se arma de valor, levanta

                                el cuello y el aullido avanza en el aire matutino.

                                ¡Estrella que escrutas con un solo ojo invita

                                al ángel a levantarse de las espinas! …

                                […]

                                                                                      (“Pequeña sinfonía para perros”, 53-54)

        Estos versos dirigen nuestra mirada hacia los caminos que recorren con mayor acierto los silencios cuando la presencia del lobo se levanta sobre los obstáculos de la vida para derribar las barreras insalvables; traspasan las sombras de la noche cuando la intimidad de los seres confluyen en un mismo espacio, como reafirmando la condición humana que los une o separa del mundo: “Oscila la noche y en el murmullo se vuelve a ser / lo que nunca hemos sido: tranquilas barcas sabiendo / que precipitarán en el mar en tormenta.” (53), dice el hablante. Y es que este poema encauzará una postura emocional hacia la muerte, esa atmósfera densa en la que la vida se desgasta. La muerte se halla aquí insinuada en la mirada de los peces, y espacios donde el tiempo gira sobre sí mismo recordándonos que todo tiene un fin: “Avisa a la muerte cuando la buscas, podría ignorarte / ama las sorpresas, te alarga la vida aunque no quieras.” (53). Ciertamente, alargar la vida para contemplar más de cerca los rasgos que intensifican la muerte será la intención de los seres que reclaman allí nuestra mirada. Por eso los perros, igual que los lobos, adquirirán un afecto mayor en el protagonismo de esta poesía. El perro, descendiente directo del lobo muestra un sentimiento que contrasta con la dureza del ambiente. También su presencia servirá para explorar la conducta de los lobos y, en un sentido general, todo lo que afecta la vida. La muerte, por ejemplo, reflejará aquí la angustia de los animales que transitan por territorios prohibidos: “…La mirada líquida y el viento / que sopla deforma los rostros. Te encuentro en la pureza / del lobo, fastidiado por los ojos que escudriñan, por la / mano que acaricia la espalda. Sobre tu pómulo derecho / surge una gota de sangre púrpura que el sol no seca”. (59)  

        La mirada del lobo contrarresta la maldad del mundo y simbolizará la fuerza de esa libertad que, como ocurre en el poema “La jaula abierta de par en par”, dejará escapar una visión existencial para que asomen los recuerdos que directa o indirectamente reproducen el pasado. Una realidad trascendida aquí por la imperiosa necesidad de un yo que debe atravesar las sombras para llegar a la luz, sin resistir al ángel ni al dictado del corazón que revela la plena voluntad de su vida:

                       

                        ¿Cómo amar a los monstruos que salen al descubierto?

                        Tarde para reflexionar, hubo condena

                        y no tuvo el éxito esperado: rodó en el Tíber

                        en el bolsillo una carta para el mago, lo inútil escurre

                        desde el Gianicolo y el desprendimiento se mueve a saltos.

                        Utilizarlo y cambiar de paso, forjar el caos

                        pero lo imprevisto tiene un papel decisivo

                        en cometer delitos. Las ganas de oscurecer

                        el espejo y colgarse de los balcones de la ciudad.

                        En la tormenta la casa entre las llamas: ¿el ángel

                        no había percibido el peligro? No es el caso

                        de agitarse por una tontería, más tiempo para ti

                        si me voy volando: ¡inventemos rampas de despegue!

                        Los quebrantos olvidados zumban como avispas

                        da gusto decirlo, casi dan ganas de cometer

                        otros delitos para después confesarlos. La piedra arrojada

                        entre las olas no será nunca la isla para el arribo:

                        en nosotros el ogro vital, la potencia de los pies-émbolo.

                        Nunca supe qué era lo que de mí quería el destino, hice de

                        todo para evitarlo. El ángel de las espinas exige dignidad,

                        me corto la nariz por lo que he dicho y la sangre rezuma

                        de tu vestido. Hablé con un hijo diciendo poco y nada: en

                        su lugar, yo me habría escapado. ¿El desapego es siempre

                        culpable? Arde la leña, avanza el fuego sobre el techo.

                        Saco foto del paisaje, así inmovilizo el instante. Del

                        cilindro extraía de todo: un reloj, un hueso de pollo. Acabó

                        (sea dicho con todo el respeto) haciendo desaparecer a los

                        profesores. Lo echaron pero quedó en el aire una condena

                        que, un poco cada día, consumía las paredes de la escuela,

                        palabras y enseñanzas. Si cierro los ojos veo nuevamente

                        la cara lívida del mago oscilar entre los bancos y una jaula

                        abierta de par en par llena de alumnos.  

                                                                                  (“La jaula abierta de par en par”, 60-63)

      Miramos absortos lo que ocurre en el poema como si desde la altura del Gianicolo pudiéramos percibir lo que acontece al paso del hablante, todo lo que retiene a través del espíritu su mirada. Tanto Gianicolo como el Tíber sirven de referencias para enfatizar la visión del paisaje. La imagen del río Tíber sugiere un carácter de movilidad a la realidad de ese tiempo cambiante y sugestivo para que lo imprevisto vaya forjándose y mostrando sus profundos rasgos. En este sentido la narración y la descripción serán recursos útiles para acentuar las razones del poema: “¿Cómo amar a los monstruos que salen al descubierto?”, expresa el poeta. Pero esos monstruos viajan en el tiempo, aparecen figurativamente en aquellas cosas que conforman las duras experiencias de la vida. Reaparecen como desgarradoras heridas que resisten ser ignoradas, sobreviven al pasado y se colocan en el paisaje para ser reconocidos por el hablante o para convertirse en una reflexión de la vida. Lo que vemos parece desaparecer o brotar de una realidad que muchas veces resulta ser una imagen en el tiempo: “Deslizándome más abajo encontré el incendio / de la infancia, por eso no puedo alzarme en vuelo / entre las nubes. Las naves esperan el momento de zarpar / y los marineros juegan naipes en un bar del puerto.”, dice en el poema “Palpo tus ojos” (65). Y ese palpar es también una forma de acercarse al amor, de entregarse al cuerpo que comparte la realidad del hablante. En el poema podemos visualizar las imágenes de la infancia: marineros, puertos, amigos y relaciones que acercan y vinculan al yo con el pasado. Un pasado que también tiende un puente hacia la niñez, y un mundo condicionado por el silencio y la soledad como ocurre en el poema, “El terreno baldío” (67):

                         No es oportuno contar murmullos: ¿el instante

                         modifica la infancia? Un pico insuperable

                         excavo y doy con un topo, huyo de quien

                         no estaba o fingía no estar. Como amigos mosquitos

                         mariposas un perro. El pasado es la parte oculta

                         de la luna, el escenario es este y si quiero

                         que los sueños sean reales tengo que estar

                         de viaje, no ser el otro encerrado en un búnker.

                         Colgado del cerezo para fortalecer los músculos

                         observo el desfile de las hormigas y las arañas

                          que tejen sin prisa sus días sigilosos.

                         Hijos muerden padres que no saben jugar

                         hoy es Navidad, luego será Pascua, nadie frenó

                         las obscenas manos. No pude estar callado

                         ahora escucho las hojas, hice bien en no desaparecer

                         tengo el terreno baldío para explorar, amapolas estallando

                         en el camino. El pasado es un lugar de árboles

                         ahorcados, de viento sin caminos. Sólo la oscuridad

                         incita a la vida, quiebra los huesos en cavernas de luz.

                         Lo que hice no lo vuelvo a encontrar y el sol

                         se derrama hacia atrás. En el campo comprendí varias

                         cosas, ¿o es la hierba salvaje la que me ha comprendido?

                                                                                                                         

       Se describen aquellos pensamientos liberados del alma frente al paisaje que surge en la mirada. Lo que el tiempo ha fundido en el ser y momentáneamente se manifiesta para revelar la dura sustancia de la vida. El mismo título del poema bastará para indicarnos la amarga realidad que recae sobre ese “terreno baldío” que se levanta en la mirada intuyendo otra claridad y transformado al hablante que habrá de resistir las penurias de la vida: “Sólo la oscuridad / incita a la vida, quiebra los huesos en cavernas de luz.” (67), asevera el verso.

         Otros símbolos y conceptos marcarán la sección, “Llamo desde otro planeta”: situaciones vistas sutilmente a través de imágenes que se desplazan formando contrastes y evocaciones.  Otras formas que traen nuevamente a la memoria el sentido de aquellos versos de Kajetan Kovič, y que Alessio Brandolini ha utilizado aquí como epígrafe: Tienes que estar abierto / como una herida, / porque el verdadero nombre de las cosas / está escondido. Pero el oculto sentido que rodea el nombre de las cosas será, en Brandolini, una invitación a explorar la plenitud del mundo con todo el contenido de angustia o de esplendor que este pueda contener. Una visión que ocurre, en ciertos momentos, a través de los medios menos esperados como, por ejemplo, en el poema “Hipnosis” (69). En él se muestra la exposición de una realidad en la que la luna crea un ámbito de directas referencias: “La luna llena de agosto trata de hipnotizarme / me dejo seducir sólo para arrancarle la cabeza…” Este estado “hipnótico” describe la disposición anímica del yo lírico y, de igual modo, el juego de situaciones que plantea el desarrollo y desenlace del poema. Por eso la luna misma servirá de fondo para matizar el sentimiento de aquellas cosas que marcaron la vida. La luz, que sugestiona al hablante, reabrirá una brecha hacia las peculiaridades del texto. Y el amor y el desamor serán motivos que demarcarán el trasfondo del asunto del mismo. Y, desde otra perspectiva, la región de Calabria y su mar maravilloso acentuarán la visión allí evocada. Los recuerdos revelarán el contenido de esa “luna llena de agosto” y lo que propone el ámbito de esa dimensión. Es decir, lo que la mirada fija en los luminosos bordes de esa experiencia cristalizada en el tiempo: “…El eros mutilado / y la espera del alba atada al cuerpo, a la carne: / el tiempo se enreda solo en la telaraña”, subrayan el hablante. Ante esa acción hipnotizante brotan los desgarradores momentos de la vida. Por eso el amor tendrá su propio punto de partida y llegada hacia un sentimiento que contrasta con el paisaje y la incertidumbre:

 

                          […]      

                          Escoltado a cada instante para no observar los misterios

                          que se mueven en los cuartos. El amor es el disparo

                          que despeja la mente, he vivido extrañas estaciones

                          una peor que la otra y soy ya viejo

                          el espejo muestra rostros, pasos inciertos, el vaso

                          vacío que observa la botella llena. Fuera

                          de programa como si el verano borrara al invierno

                          para hacerle un regalo. No aquí y tampoco en otro lugar.

                          Sus afirmaciones, efectivamente, son una ofensa, pero

                          ¿cómo anteponerlas a la luna que quiere hipnotizarme?      (69)

                                         

        El poema “Hipnosis” tiene una estructura circular, gira sobre sí mismo develando el brote de aquel pensamiento inicial que surgió bajo la luz de la luna, esa forma de sentir el paisaje que abrió el poema y concluye con la misma sensación hipnotizante. Crea, por un lado, un cuestionamiento ante la tangible realidad de las cosas: “¿cómo anteponerlas a la luna que quiere hipnotizarme?” (69), dice el hablante. Pero “hipnotizar” no representa aquí un lado sombrío de la vida, sino más bien la fuerza arrolladora de una percepción que en la poesía misma entraña una búsqueda y un cuestionamiento del ser ante la realidad circundante. Y, observado el asunto desde otra perspectiva, las cosas que adquieren una dimensión metafísica de la vida. En este sentido el poeta buscará trascender su misma realidad, esa oculta intensidad que tampoco puede revelarse totalmente. Y en efecto, el sentimiento que se manifiesta en Brandolini sirve además para explorar los rasgos de los seres y las cosas que se proyectan en estos textos, pues en la poesía de Brandolini la realidad no es siempre lo que aparenta ser. Hay que contemplarla a través de distintos ángulos pues proyecta diferentes planos y significados. Este es el caso de muchos textos donde la realidad alterna con situaciones que obedecen a distintos grados de intensidad. Por eso notamos en estas composiciones la preferencia por el verso libre que, como sabemos, provee un mayor movimiento y libertad. De ahí la gama de tonalidades y perspectivas. Por ejemplo, en el poema “Llamo desde otro planeta” (71) el “llamado” revive situaciones del pasado. Lo que ocurrió allí se cuenta desde un clima familiar que invita a una reflexión de la vida en el tiempo. El poema revela las precariedades de aquel vivir y, específicamente, las condiciones que ahora lo transforman y le infunden otro sentido: “Un trueno y el alba nos despierta, una hermana exige / un armario para sus vestidos, la consuelo diciéndole / que pronto (tendría yo diez años) la voy a ayudar a ella y a los otros hermanos.” (71). Esto se dice con la certeza de que el tiempo ya ha trascendido las angustiosas experiencias de la vida. Y el camino mencionado en el texto, es un indicio de otro horizonte que acabará ambientando la percepción y voluntad del hablante. Por eso la “llamada” pondrá en perspectiva ese otro mundo (¿la mirada del lobo?, ¿la naturaleza?, ¿la poesía misma?) que sentimos como una incógnita que traspasa nuestro ser al acercarnos a esta poesía:

                          […]

                          Hojas amarillas resisten ceñidas a la rama

                          gozan el frío, la calma. Tiene el aire dolores

                          de parto y el hijo que germina teme al padre

                          la melancolía de nuestros cuerpos convalecientes.

                          ¿Todo está perdido? El viento trastorna los días

                          no por ello encerrados en casa:    

                          salen del techo y bajo la lluvia queman

                          sueños para hacer otros sueños. Llamo desde otro

                          planeta: ¿el universo nos observa? Parecidos pero lejanos.

                          Un estruendo los años futuros, lo que hemos sido.  (71)

        La frase “lo que hemos sido” expresa y deja atrás la intensidad de aquel horizonte sombrío de profundas evocaciones. Todo sigue su curso, y la vida misma crea situaciones donde el cuerpo y el espíritu reaccionan frente a las realidades implícitas en la naturaleza, en los animales y en los insectos que asoman su presencia sobre la superficie de las cosas. Así nos acercamos ahora al texto “Insectos y voces” (73) buscando captar lo que se esconde bajo la superficie del lenguaje, y lo que esas “voces” e “insectos” puedan revelarnos como si fueran una íntima expresión de la vida. Sin embargo, debemos reconocer que hay ciertos sentimientos que contienen situaciones vedadas al lector, imágenes que requieren de una particular disposición del espíritu para poder descifrar su contenido. Zonas donde el escenario del poema anexa elementos de una angustiosa realidad, o vivencias imaginarias que nos advierten que en toda poesía hay cosas inaprensibles.

        En el poema “Insectos y voces” se entrelazan imágenes que descubren las causas y cosas comunes y reveladoras de la vida. Una conciencia del yo que evoca la presencia anónima de un interlocutor ajeno a la mirada: “¿Me odias porque me parezco a ti o por lo que digo?” (73), subraya este primer verso del texto en un tono irónico. Lo que dice el poema reflejará un territorio de intensas referencias: “…No me digas que lo habrías deseado / hay que recomponer el futuro, una vía que conduzca / hacia zonas intactas. Nado entre delfines y cangrejos / los insectos tienen alas luminosas con reflejos cristalinos”. Ciertamente habrá que “recomponer el futuro”, para alcanzar una armonía que configure un espacio más luminoso como el parecido al de esos insectos de alas luminosas mencionados en el poema. Reconocemos, pues, que la existencia tiene un horizonte de angustias, pero también un perfil de ilusiones y esperanzas que supone una vía hacia lo esencial del mundo.

V

       La trascendencia de aquello que parece estar resguardado en las “Palabras sugeridas por el espejo” será lo que reflejará las realidades de la vida cotidiana. El hablante se colocará donde la mirada se extienda hasta recoger las experiencias de su inmediata realidad. Por eso recurrirá al espejo como entidad reveladora de la condición humana frente al continuo antagonismo de la muerte. La muerte pondrá allí al descubierto las experiencias más dolorosas. En este sentido el espejo será común a la mirada del lobo que reconoce allí los contornos más inhumanos. Pero será la muerte la que revelará entonces el principio del dolor. La muerte, como expresión de soledad y olvido nos recordará la terrible visión de la guerra ante la frágil realidad de la vida: “…Los muertos no lloran ni respiran, diseñan a su alrededor un jardín al vacío, en miniatura.” (77),  subraya este verso.  

                           

                                                                  I

                           Ladra al desierto antes de ser matado por el “fuego amigo”.  

                           Escriben a sus padres, les envían la medalla. En busca de

                           identidad, perpetuamente en conflicto, y el abrazo rasguña

                           la piel. Atribuible al azar, pero la voz se queda seca, y si

                           preguntas por él te contestan con escupidas, con patadas.  

                           Siembras las oscilaciones de las hojas, los colores tenues,

                           el celeste de la mirada del padre. Pasará de una palma de

                           la mano a la otra, de una pestaña a un pelo encanecido de

                           una madre que ha perdido al hijo en la guerra. Los muertos

                           no lloran ni respiran, diseñan a su alrededor un jardín al

                           vacío, en miniatura. Los vivos acomodados bajo tierra,

                           sentirlos no es poco, ¡con las manos amputadas contamos

                           las fosas! Tenemos que hablar contigo, dicen, pero él no tiene

                           ganas: aullando al desierto espía sus movimientos.   (77)

      Reaparecerá otra vez el lobo. No aquel estepario de Hermam Hesse: “…Yo, lobo estepario, troto y troto, la nieve cubre el mundo…”, ni el del nicaragüense Rubén Darío: “…el lobo de Gubbia, el terrible lobo”, ni aquel de Borges que dice: “Esta noche, el lobo es una sombra que está sola…”, sino el que ha creado con nobleza y dolor el poeta Brandolini, el que al ver la dureza del mundo en el espejo “¿Se ha convertido en lobo?”, pues la mirada buscará proclamar una vivencia más humana, pero la vida pasará como flotando sobre una entidad más compleja y dolorosa: “Un hijo grita, un perro ladra en la escena, cae la niebla / como un niño te escondes bajo la nieve, los soldados / y los civiles muertos en guerra en la fábrica de Turín.” (79). Así el lenguaje irá modelando la intensidad del poema, y demarcando también el contexto político de la ciudad de Turín, su historia y sus claves. Por un lado, los animales salvajes (hienas, elefantes) unirán su imagen devastadora a la presencia de aquellos soldados y, por otro, copiarán los sucesos reflejados en el espejo: “…Ser lo que se es, hablar con / los ojos, el tobillo luxado, el diente carcomido y dejar de / insultar al espejo que nos observa.” (79). Habrá que recurrir entonces a otro lenguaje que conlleve un conocimiento más trascendental de la realidad, uno que deje atrás el torbellino de los nebulosos días, la corteza implacable que parece poner su trágica huella en todo lo que existe bajo el sol: “No hablas con la lengua que aspira a la perfección, sino / con la de los árboles y las espinas. También con la mía, / que no soportas, y lo que escuchas no lo comprendes.” (85) dice aquí el hablante, motivado por la angustia o la búsqueda de una sensibilidad capaz de comprender la dolorosa realidad. El manejo formal de los versos establecerá un paralelismo entre las estrofas en cursivas, generando un sentimiento que enmarca el pasado y se proyecta en el presente. Será preciso transcribir todo el texto VI, dedicado a Laura:

               

                           El terreno bueno no es el temblor de cuchilla

                           que detiene a los peces oscilantes en la luz, extendido

                           entrenado por las mutaciones de las formas, sin

                           ti es sólo pasatiempo para fantasmas. ¿Cómo decir

                           que el espejo sirve para reencontrarse? La luz

                           tenue vibra en el corazón, en la intimidad de la casa.

                           Quedan las espigas de madera clara

                           salvaguardadas durante veinte años

                           en el fondo de la cajita de las herramientas

                           en el balde rojo, abajo, junto a los dos nogales

                           donde construimos una letrina rudimentaria.

         

                           Aquello que ahora es un poco se le parece

                           en tu amor, con la cabeza entre los abetos activa

                           estruendo de visiones. Sin ti es carne infectada

                           y si se pierde, alguien lo encuentra, en el laberinto

                           mirando al lobo y no sale desde hace días

                           pero las ramas de los abetos destapan el techo.

                          Las duras pero cálidas semblanzas de aquellos objetos

                          producen a veces sombras del pasado

                          destellos y esquirlas de una posible vida futura.

                          Pero ¿cuándo volveremos a jugar juntos?

                         ¿cuándo construiremos otras ciudades en miniatura?

                                                                                                                       (87)

       Los sentimientos expresan un punto de contacto con el pasado, los recuerdos y la temporalidad de la vida. Y crean un ambiente de correspondencias con aquellas sombras y luces que establecieron una conexión con el hablante. Por eso, “La luz tenue vibra en el corazón, en la intimidad de la casa” y vuelve a fluir como una pequeña llama de amor familiar. Son recuerdos amorosos fundidos en experiencias reales o fallidas que revelan la silueta del hablante en el horizonte del tiempo, y la intensidad de un sentimiento que ratifica la infancia como evocación espiritual del pasado: “El amor es el disparo que evacúa las venas, elimina los silbidos del viento.” (91), dice este verso. Y, otros: “Estabas loco por ella, tanto que hubieras podido despellejar zorros con los dientes, adentellar ángeles, darle fuego a los establos. En cambio, te fuiste y no tenías veinte años.”, subraya (95). Pero sobre esa impresión del amor y la infancia la mirada del lobo arrastrará otras dolorosas preocupaciones como, por ejemplo, la hecatombe de la guerra y de la vida segada por la crueldad:

               

                             XI

                             […]

                             Hiciste barricadas, tenías las manos en la arena y ahora

                             caminas por la calle Renacimiento con una ridícula cabeza  

                             cortada. Miras torcido, hojeas el periódico: la guerra

                             en Libia, en Siria, el gobierno arregla cuentas con los corruptos.

                             Poca fuerza pero igual admiro tus dientes afilados, la boca

                             abierta en cada parte del cuerpo, los trozos de madera

                             en el balde rojo. Explotan amapolas y el movimiento

                             de las nubes revela el error, trata de saber de qué manera

                             el ansia baja el tono: vete nomás, toma todo lo que quieras.  (99)

        Se superponen en la poesía de Brandolini distintas capas de situaciones, de ideas y pensamientos que terminan configurando la atmósfera e intensidad del texto. Por eso nos aferramos a los símbolos que despejan las sombras del paisaje para reflejar otras realidades en la mirada del lobo, como la luz que acentúa y amplía la mirada anunciando la naturaleza que lo rodea:

                            XII

                            Así te animo, llamando desde otro planeta

                            lo que escucha es musgo unido a la cáscara

                            las flores en los jarrones tienen los pétalos ya mustios

                            y los recintos se arruinan bajo la lluvia de noviembre.

                            ¿Qué pensabas descubrir al final de la primavera?  

                            Lo acusaron de todo: que el día se había oscurecido

                            que la cama era una placa de hielo derretida por la sal

                            que las hojas caían en julio sobre la hierba del jardín

                            que el marido de ella había huido sin dejar un peso.

                             […]

                                                                                                               (101)

        Queda, sin embargo, la sensación de algo que no permite revelarnos todo lo que ocurre en el poema, un sentimiento que se yergue contra el dolor y la maldad del mundo: “… Dame la mano si quieres que te ayude, pero ya / el ángel había bajado del pedestal y pedía a todos / la dirección correcta: las alas de yeso cerradas en una mueca.” (101), dice en estos versos. Y en el poema XIII percibimos otra vez el dolor en la visión sensorial del último poema de esta selección dedicado a Jolka Milič:

 

                            En los ojos un pálido amarillo, los otros callaban así

                       los hermanos amados como ejes portantes de su cuerpo

                            el cielo extenuado y una hija que viaja a Berlín.

                            El miedo lo atrapa desnudo en el incendio de los arbustos

                            después, bajo la ducha, el enigma de un rostro desconocido.

                            Golpeado por la inesperada mutación de los sentimientos

                            percibió un tiro de fusil, un viento polar destapaba el techo

                            de la casa, sin más compañía que la de la mudanza

                            deshace las maletas: adentro no hay nada.

                

                            Las cicatrices son ojos sobre el mundo, dan al aire

                            a la reja de luz, una respiración firme. En la mañana

                            la cabeza extraviada, torbellinos de brazos y la fuente

                            con las encinas gigantes. Gozar es el abrazo

                            del universo, la poesía no es la forma que salva

                            incluso si la encuentras donde sea: hiere, deja aislados

                            ante el mal, ante el camino obligado. Entre las grietas

                            se deslizan lagartijas, dejan marcas, traducciones:

                            la idea de la mirada del lobo abierta como una herida.

                                                                                                                             (103)                            

                                                                                           

V   

                     

       En “La sombra de los hongos” se entrelazan recuerdos evocados en imágenes de una gran intensidad que proyectarán el vacío de la vida. Los versos de la primera estrofa recogen la evidencia de aquel amor que dejó el cuerpo adolorido para desaparecer luego en el tiempo: “…El amor no se deslizaba entre los dedos / después la espera y el encuentro. Estaba loco / por ti, por tu cuerpo que me asediaba.” (107), expresa el hablante, y reitera otra vez la presencia del amor lejano: “Amor árido encerrado en el pozo / quedan las vibraciones de los árboles / para desenterrar los sueños.” (109). Lo que el poeta quiere decirnos estará en la expresión de esa mirada amorosa, y de la voz que escuchamos en la forma reveladora de su cántico. El cántico de la experiencia amorosa que regresa en el tiempo: “Ayer el silencio humedecía los bordes / de tu boca. Hoy el cielo se rompe / todo para tener una brizna de azul.” (109) Esta realidad podrá ser percibida en las formas de la naturaleza visible, en el cosmos y en la reiteración de los elementos que configuran el mundo poético: la vida, la infancia, los sueños, la incertidumbre del amor que aventuran allí una voluntad para contrarrestar la soledad: “…El eros agazapado y la espera / del alba ligada al cuerpo, a la carne / así el tiempo disperso en la luz / es asediado por la telaraña.” (117). Pero en esta sección el escenario amoroso es mucho más amplio y complejo. Por eso no siempre se presenta de un modo directo para revelar lo que ocurre alrededor del hablante poético o a lo que responde su mirada: “La salvación la encuentra en este amor / sobreviviente de sitios de torturas.”, expresaba en la estrofa de la página 117. Hay que recordar que “La sombra de los hongos” es un solo poema compuesto por doce estrofas con sus respectivas variantes. Y los cambios y motivos de un apartado a otro dependerán de la intuición y propósitos del poeta. Por otro lado, no creo que ningún poema nos dé una certidumbre absoluta de lo que ocurre en el momento de la escritura. Hay cosas que quedan siempre encubiertas a la capacidad del lector, de manera que habrá que acercarse y contemplar desde una zona que permita establecer algún punto de contacto que pueda suponer un nivel de íntima relación con el texto. Hay, por supuesto, relaciones históricas que son significativas y responden a distintas situaciones en la escritura. Sentimientos que regresan y crean otros motivos en el poema, miradas que se liberan de lo contemplado y provocan experiencias y expectativas diferentes, pues el drama de la vida y el amor se fragmentan construyendo nuevos encuentros y paisajes. Este modo de sentir la realidad lo advertimos en los versos en cursiva: Es como en el teatro: ahora bajan / el telón sobre nuestra aventura.” (119), de modo que podríamos pensar que las acciones y el sentido de las cosas que nos rodean se corresponden con nuestro modo de vivir y sugieren situaciones parecidas a lo que ocurre en el teatro. Pero mejor acudamos al poema:

                            He quemado el deslumbre, y había

                            más: ayer, de noche, lo maté.

                            Es como en el teatro: ahora bajan 

                            el telón sobre nuestra aventura.

                            Mañana será otro día, unirse

                            a los actores, al trabajo del apuntador.

                            Prefiero morirme que seguir siendo

                            el imbécil que soy ante tus ojos repletos

                            de escombros. La sombra de los hongos

                            anima el surco adecuado para la siembra.  (119)

      Ver la vida como un gran teatro, o más apropiadamente las acciones que representan las vivencias de esos sentimientos, parece ser lo que pretende señalar aquí el hablante en la visión que genera la estrofa, y filtra el peso abrumador de la pasión y la ruptura misma del amor. El texto nos permite ver los grados de tensión del lenguaje, lo que manifiesta el poema sustentando su estructura. La ficción gana también en ese paisaje que ordena la realidad amorosa y la voluntad de quien escribe. De modo que podamos notar cómo se superponen las realidades que particularizan, aunque sea de un modo visionario, el tema del amor: “Soy un visionario pero son verdaderas / mis mentiras. Ríes y de ti, de nuevo / me enamoro. ¿Cuándo la primera vez? (123), dice irónicamente como reafirmando la conducta impropia de ese amor.

VI

       La última sección, “En la mirada del lobo”, contiene el eje del que se desprende un universo de experiencias personales, recuerdos familiares, memorias y obsesiones que condicionan la vida. De esta mirada surgirá, en cierto modo, la luz que proyecta los rasgos de ese mundo: “Yo te espiaba en la luz clara y afilada que es tan tuya.” (133), dice el hablante. Y exactamente, ese “espiar” será junto a la luz un modo de estar en el mundo, de escuchar las voces que hacen posible que el yo resucite y anuncie lo que siente su corazón. El poema número 2 de esta parte [4] incorpora la palabra “espiar” para revelar lo que sucede en el texto: “Espío árboles y hojas, marco la pista que conduce / a la casa vacía.”, señala en el primer verso. Téngase en cuenta que lo que sugiere el poema es una impresión de lo que existe fuera y dentro del marco poético, y del interior de un yo que actúa como una referencia de la imagen del lobo. Así que veremos aquí también el reflejo antagónico de la mirada y la dolorosa realidad que parece cercar al lobo; ambas imágenes confluyen evocando sentimientos que determinan el tema y motivos del texto. La primera estrofa del poema 3 cierra con una imagen desgarradora:

                     

            Necesito hablarte, grita en el teléfono.

            Luego espera con una risa feroz:

            ni palabras ni carne, sólo el esqueleto

            la forma intangible y lejana de un cuerpo.

            Se lo llevan mordisqueado

            por hienas asesinas, las manos en el regazo

            la barba larga, el pelo desgreñado

            las cavidades de los ojos cubiertas de escarchas.

            […]                                                                                    (139)

        Por otro lado, en el poema 4 se generarán situaciones que reducirán la vida del lobo a una zona de desoladoras expectaciones, aun la misma luz se desvía hacia las sombras que imposibilitan la claridad del camino y crearán una atmósfera desolada: “He golpeado el orgullo de la manada, lustrado espejos / y pantanos. Lacerar la indiferencia, teñir las zonas negras / que quedan oscuras incluso bajo faros deslumbrantes.” (141). El escenario de colores sombríos, y el sentimiento que sugiere figurativamente lo que ocurre, estará traspasado de una mayor tensión. Por eso esta última sección del libro estará relacionada en mayor amplitud con las acciones del lobo. Ya en el poema 6 la figura del perro encarnará la imagen del lobo y se convierte en una especie de reflexión sobre la conducta humana y los problemas de la vida. La rebeldía del lobo manifestará las más dolorosas experiencias, por las razones que el hablante mismo conoce. Su conducta delineará los sentimientos y la sensación de angustia que late en su mirada. Será preciso aquí observar el contexto que domina la estructura del poema 6:

            Olfatea a saltos el perro un olor nuevo, el hocico

            en el aire: goce alucinado. En la huerta derrotada

            por el granizo una araña teje una palma real.

            Saludo a los parientes mirando fijo la puerta que manda

            al exterior, afuera encuentro de nuevo las visiones y cada

            excusa para separarse del estanque sirve muy poco.

            ¿El espacio nos divide? Pienso sólo en cosas que inician

            de modo equivocado, agua oscura se desliza en la garganta

            túneles y viaductos para salvarse. En mí la ferocidad

            que no quería: ¿dónde están los años a los que infligí

            el tormento? Era el martirio la bestia sobre la espalda

            atónito escudriñaba gatos y lagartos gozando del sol.

           He tirado piedras: mejor este frío que el de los días

           de reflexión, y la misma cosa examinada no nos dejaba

           vivir. De viaje, uno piensa en sí mismo, luego en los otros

           si aún no se han bajado. Uno de nosotros afirma: nadie

            puede lanzar la primera piedra, la inocencia es un don

            sagrado y el actual jefe de gobierno es igual al

            anterior. ¿La naturaleza te habla si la escuchas?, decidir

            si acercársele de prisa. El perro ladra al verdugo

            a los clavos transformados en atentos centinelas.

            El mal no se aparta de la luz que chasquea; del vacío

            atenuando que nos nutre; de los enredos. De ahí el refugio

            la cueva, pero estamos abiertos: una herida, un abismo en espera.

                                                                                                     (147)

                   

        Hay visiones que nos llevan por zonas donde confluyen las luces y las sombras creando un punto de reflexión para abordar aquella realidad paralela a la vida del perro y del lobo; experiencias que conllevan más de una aventura, y expresan más de una ignorada verdad donde el poeta cree haber alcanzado una forma de conocimiento superior, una razón que postule un sentido que logre anunciar el mismo propósito y la misma inocencia del ser y del lobo sobre la tierra: “El mal no se aparta de la luz que chasquea; del vacío / atenuado que nos nutre…”, expresa en el texto. Y, bajo otra compleja construcción de imágenes, el yo reaparecerá otra vez desdoblado en la silueta del lobo para asumir esos recuerdos que irrumpen traspasados por la indiferencia y el dolor: “…En la piel del cuello tengo / las marcas de los dientes; en el pecho, el ogro vital / la respiración de las estrellas, una jaula abierta / llena de pájaros. Tú y yo en la madriguera / de conflicto, en la identidad que deflagra. Somos / lo que podemos según donde uno vive.” (149).  En efecto, ser lo que se puede ser en el lugar en que se vive, para que la vida misma continúe fluyendo pero despojada de crueles experiencias o amargas especulaciones que traten de dañarla e impregnarla de maledicencia. Por eso, como ya ha señalado tan certeramente la poeta Martha L. Canfield, “el poeta atraviesa los oscuros subterráneos de la existencia para llegar a la luz”. Una luz que igual que un reflejo tratará de deshacer las sombras que agobian la vida. La nostalgia de un pasado que irrumpe en la voz del hablante llenándola de las desgarradoras reminiscencias del amor: “…Hablemos de lo que queda: la lluvia que cae / del techo; un abrelatas para abrir de par en par el alma; / un caballo; una piedra que rueda desde el pasado.” (153), dice en el poema 8. Y ciertamente esa “piedra que rueda desde el pasado” traerá el eco en la nostalgia que agita el alma y pone al descubierto la dura realidad del yo. La dramática experiencia de aquel pasado que se abrirá dejando ver las heridas, pero sin condenar la huella del amor, y sin doblegarse ante él. Ahora el hablante continuará su destino destacando no la visión encantada de la pasión, sino su dolorosa proximidad, el desgarramiento de un yo que se levanta para mostrar las contradicciones y enigmas del destino: “Hilo sin aguja ni madeja porque el nombre exacto / de las cosas y del yo queda sepultado detrás de la mirada.” (155) subraya en estos versos; y, luego, en esta otra visión: “Ser otro para percibirse más a fondo.” (157).  

        Por otro lado, en el poema 10 se abrirá nuevamente el recuerdo de la pasión y de la pérdida de su confianza. De ahí, la desolación reflejada en la presencia del lobo y en las  duras condiciones de su existencia. Por eso la jaula, que simbólicamente representa el dolor y la soledad, tendrá que ser derribada para que ruede al vacío con todo el contenido nostálgico del pasado. El yo así lo reconoce y así lo expresa en los siguientes versos: “Derribar la jaula, la acuarela de la fuga: / el amor entre los humanos no puede ser esto / desalentar sueños, ocultar gestos.” (159); y ratifica más adelante: “…Tarde para ajustar las cuentas / creí que ya no tenía que seguir soñando: inesperado / llegó el momento de las visiones. Perforo la roca / del desapego y un cielo brillante desmantela la jaula.” (159). Y es que precisamente este cielo brillante dibujará el comienzo de la oportuna libertad que demarca los límites del yo ante el pasado; también le concederá una nueva atmósfera para moverse hacia paisajes que exhiban novedosos horizontes. De ahí que la mirada del lobo poetice los rasgos del amor y de la vida durante su frágil paso por el mundo: “El dolor no mata si en el espejo está aquel que dialoga / con los lobos.” (161), subraya. Sin embargo, otra circunstancia afirmará la certeza de ese paso por el mundo, de ese enfrentamiento con la realidad que agita su caminar: “Levanto el vuelo y no derribo los árboles de frutos letales / sobre los conflictos mejor no hablar, sería como escupir / a los muertos.” (165). A partir de este sentimiento veremos la conducta del lobo contrastar las sensaciones de aquella primera mirada para enfrentarse al entorno que aprieta su corazón en la poesía, y los espejos y espesura del bosque, buscando una salida: “Tu efluvio da el coraje para ponerse a salvo. A saltos / en el silbido que se insinúa entre las ramas, en el pelo / del lobo.” (171) dirá el hablante, frente al abatimiento de aquel horizonte de la niñez venido ahora a la memoria en la imagen del padre: “Un hijo acaricia el rostro de su padre sentado / con las manos esculpidas sobre las piernas. Dijiste / que aún puedo lograrlo: ¿lograr qué? El viento / tritura los árboles en el recuerdo de cuando los plantaron. / Todo está claro, el aliento fresco, los perros / no ladran más, y si me muerdes, me refugio en el bosque.” (171).

        El bosque proporcionará un refugio a la libertad del ser, es decir, la poesía. La posesión de ese “aliento fresco” que enriquece y conforta las heridas para combatir el dolor y la muerte. Las experiencias contraponen aquí los viejos recuerdos con un paisaje que adelanta en los próximos textos (15, 16, 17) otra visión más consoladora. Una visión que contiene un contacto más humano con la naturaleza, un diálogo invisible que conlleva un gesto de mayor gratitud y confianza entre los animales y la gente. Por eso pienso que el sentimiento que recoge el poema 15 es fundamental para comprender ese cambio de actitud del hablante. En este sentido la palabra, “muerte”, que aparece en el primer verso del poema 15, nada tiene que ver aquí con la muerte natural, sino con el fondo de aquel pasado doloroso. Ahora la vida del hablante poético contiene una nueva disposición de espíritu. Es indispensable reproducir aquí todo el poema:

                   

           La muerte llega justo en la mitad de la vida

            cuenta historias en las que crees por no disgustarla:  

            festejarás el año podando olivos

            no vas a sonreír en el momento justo, ni vas a poner

            la otra mejilla. La compasión está en afirmar que no

            entiendes nada, descubiertos desnudos bajo las estrellas

            queremos hacer caso a esta nueva vida que llega.  

            Entre una masa de nubes negras aparece un faro

            un pálido sol y el pasado se irradia sobre el asfalto.

            Días de ansia y como estos no recuerdo otros. Cerrados

            esperando en el recinto del palacio. Ahora la luz salta

            una isla en el horizonte, un singular perfil en tinta china.

            Fascinado por los seres filiformes llegados en globo, y

            eso que lo había notado, los esperaba. El estupor por la

            novedad es el tormento, irreverente promesa atornillada

            al espejo, a la espesa fila de los días de trabajo. Una

            claridad entraba por las manos y se colaba en la nariz,

            desparramaba sus balsámicos vapores en el aire encerrado de

            la habitación. El petirrojo reunía los lazos de la locura, la

            ferocidad circulante en el tejido de las moléculas, de los

            hermanos maculados de ausencias. La oscuridad cercaba

            los árboles, las gaviotas que revoloteaban sobre la cúpula

            en espiral de Sant’Ivo. Ahora la huella es la del perro, lento

            lo sigo mientras duerme.

                                                                                                   (173-175)

       Las imágenes se superponen sumergiendo al hablante en un pasado de singulares remembranzas: “Días de ansia y como estos no recuerdo otros.” dice evocando aquella lejanía. Su vida es una reflexión, una manera de nombrar las cosas que por un momento retienen su mirada en el tiempo como esa alegría que llena el ambiente de emociones, y entra como esa “claridad que…desparramaba sus balsámicos vapores en el aire” para guiar nuestra mirada al fondo del texto. O hacia un paisaje traspasado de sombras y claridades donde el amor nombra las cosas nada más para abordar lo que sobrecoge su corazón. Las palabras proporcionan la idea de un territorio que continuamente le recuerda al poeta la razón de estar vivo: “En el mar hay un río que fluye desde las islas / y es allí que resucito, desparramo el sol sobre las piedras / con ojos animales examino la ciudad, las estrellas / el fondo alisado de las casas”. (177). Se regresa a la naturaleza como posible reencuentro con lo íntimo, con la plenitud de ese mundo desconocido y a la vez común a la existencia del lobo. Y a las palabras que intentan disipar las sombras del planeta donde se desplaza el yo sin traicionarse, reconociendo que la grandeza está en la plenitud de la mirada y en la urgencia de una poesía que se levanta como un oleaje contra lo que destruye. Por eso, el llamado se convertirá en una conciencia de la vida y del tiempo, y en un modo de advertirnos que la poesía contiene una fuerza superior, pues hay muchas maneras de reconocerse no solo en lo que oculta la palabra, sino también en lo que revela el conocimiento de la realidad. De ahí habrá siempre otras formas posibles de llamar desde otro planeta, es decir, desde un presente más humano y reconciliador donde todos podamos contemplarnos. En este sentido, la última estrofa del poema 17 plantea el momento en que la naturaleza evidencia la lucha interior de hablante en los propósitos que definen su escritura, y también en lo que circunda su vida y la transforma en la mirada del lobo, en el sentido expresivo de su mirada, y en el caminar que identifica su posición poética ante el mundo:

            A cuatro patas, voy adelante tranquilo en la mirada del lobo.

VII

       La mirada del lobo es un libro que presenta diferentes planos y momentos en la escritura de Brandolini. Su poesía parte de lo individual para mostrar otras perspectivas del mundo poético, otra visión que gira en torno a la esencia de los seres y las cosas que entran en la vida. Pero también una poesía que recoge las tangibles experiencias del pasado para proyectarlas En la mirada del lobo. Una escritura que nos propone otro modo de contemplar la realidad a través de un sentimiento profundamente humano para quienes busquen, como yo, conocer el trasfondo vital de esta poesía desde la órbita eficaz de la mirada.    

                                                                                     New York

                                                                                     Invierno, 2019


[1]         Verso, p. 157.

[2]         Alessio Brandolini, Nello sguardo del lupo / En la mirada del lobo, Jalisco, México, Mantis Editores, 2018. Edición bilingüe. La traducción de los textos al español ha sido realizada por la traductora, crítica y poeta uruguaya Martha L. Canfield.

[3]         El libro está dividido en siete secciones: “Constelaciones”, “Brotes en los enredos”, “El otro y la otra parte”, “Llamo desde otro planeta”, “Palabras sugeridas por el espejo”, “La sombra de los hongos” y “En la mirada del lobo”.

[4]         Los poemas de esta sección están marcados con números arábigos.