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Seremos tu nombre

Ethel Krauze

Nombrar al Innombrable

Angelina Muñiz-Huberman


Ethel Krauze: Un nombre con olor a almizcle y a gardenias

En este libro de Ethel Krauze la concentración poética y la creación metafórica llegan a su expresión límite. La palabra toma nuevos vuelos y el significado oculto de cada término provee de claves que cada lector descubrirá a su gusto. Puede ser una lectura textual, siguiendo el orden de las palabras, o puede ser un infinito mundo de símbolos, de historias entrelazadas, de movimiento perpetuo. El ritmo de cada poema se alía a una imagen por primera vez descubierta. Los sentidos se desgranan en sonidos, olores, colores. Si pensaramos en el tacto también existe de manera sugerida, como el roce de un pétalo de "gardenia". El enigma y el misterio abren la imaginación y un toque melancólico se impone.

Un nombre es el eje del poemario. Cúyo sea ese nombre es la labor a seguir. De este modo, a la manera de los antiguos sabios de la mística hebrea el nombre lo es todo. Simboliza la unión de la vida con la Divinidad. Es el instante del nacimiento cuando la palabra se origina. La creación de Dios fue dada al pronunciar el nombre que identificaría al sujeto y al objeto. En El cantar de los cantares es el nombre del amado lo que pregunta la Sulamita por las calles de Jerusalén.

Gracias al nombre la poesía puede evocar, invocar y luego revocar el orden de las cosas y las palabras. Es el sonido dando vueltas en laberintos perdidos y encontrados. Es el eco guardado en el fondo del caracol marino. De ahí que el nombre sea esencia pura, aunque se anhele su presencia.

El otro eje del poemario es el almizcle y las gardenias en contraste o en deseo de la unión mística y erótica. El perfume de ambos, sólo percibido por medio del olfato aunque se encuentre en la página, opone contrarios. Su simbolismo rueda del afrodisíaco proveniente del ciervo almizclero a la simbólica pureza de la gardenia. El almizcle requiere de la muerte del ciervo para obtener la glándula que segrega feromonas. La gardenia y su blancura evocan el estado espiritual. Así, muerte y vida se fusionan en un solo estado de ánimo.

Sesenta y un veces, el 6+1=7cabalístico, la noria poética de Ethel Krauze da vueltas a esos dos ejes en busca del nombre, sí, del nombre perdido:

Pero un hado que se desenterró de golpe

dijo tu nombre

un nombre con olor a almizcle y a gardenias

tan estremecedor

que lo olvidamos.

Hemos perdido la inocencia. (p. 6)

Otro hecho poderoso mantenido a lo largo de los poemas es la elección de la primera persona del plural, como signo que representa a la vez que esconde. Defiende, pero protege. ¿Quiénes son esas primeras personas? Puede ser un falso plural omayestático o lo contrario, de modestia o bien grupal. No importa, las variantes se acumulan y el colectivo se mantiene.

 

Si el tono místico, en sus formas erótica y espiritual, es el elegido el sentido de los poemas se eleva al más alto vuelo, como expresara San Juan de la Cruz: "Le di a la caza alcance".Y con este tono me gustaría seguir.

Así, de regreso al nombre presente como tal -"nombre"- en las páginas del libro llega a convertirse en súplica o en petición esperanzadora: "nómbrate". Las variantes van marcando una evolución que finaliza con "seremos tu nombre" cuando se establece la unión última.

 

La falta de nombre de la Divinidad, ya que nombrarlo sería ponerle un límite, porque ¿cuál de todos los nombres sería el suyo?, entonces se queda con la palabra "nombre": ha-shem en hebreo, que abarca todos los nombres que han sido y hasta los que serán. Y si pensamos en la vertiente erótica el amado carece de nombre porque representa a todos los amados que han sido y que serán. Los términos se unen.

Los primeros versos del poemario dicen:

Te pedíamos pan

y sombras veraniegas

de vez en cuando

para que vinieras.


Nunca tu nombre.

El hechizo bastaba. (p. 5)

Y los últimos:

Seremos nombre de tu nombre

nombre cuerpo

de dulce carne hecho,

sólo un nombre en la página del aire. (p. 65)

Entre nombre y nombre de qué modo nombrar al Innombrable. Sólo por la imagen poética que dice y desdice lo que hay más allá de las palabras. El esfuerzo es el cúmulo de toda imagen posible que se suma, una tras una.

No nos dejes así:

nómbrate piel del aire

o nómbrate milagro.

Y ese es el milagro de la poesía: poder expresar lo inexpresable. Nadar y bucear entre las palabras. Hundirse en el fondo marino y volar al cielo trasparente. Lo inalcanzable, las intocables nubes. El azul inventado que no es nada. La nada como la existencia: "Porque no eres llave / no eres ventana / ni tu sombra es la oscuridad de fronda bajo el laurel". (p. 7) Como la teología negativa de Maimónides: Dios no existe porque si existiera tendría un principio y un fin.

Pero el deseo de saber no termina y la pregunta se instala: "Haremos de nosotros un solo nombre / un nombre solo que nos diga por dónde". (p. 10) Y como en El cantar de los cantares:

Te llamamos en el quicio de las puertas que no se cierran

con los ojos insomnes

esperando una señal

pero no sabemos tu nombre

sólo una ráfaga de espanto y de milagro

nos ilumina dulcemente en la tempestad. (p.16)


Y Ethel nos devuelve otra palabra clave: "esperando". Esperando a otro innombrable: el Mesías, el del fin de los tiempos. Esperando, como eran llamados los judíos de España y Portugal. Esperando un sonido, una respuesta al ruego, una pronunciación, el principio de una frase. Dispuesto "Un silencio de gritos / un ulular atisbando el oído / sin llegar nunca". (p.23) Una esperanza en cualquier y en todo momento, actitud, manifestación: "como quiera que quieras te esperamos". (p. 29). Esperanza que puede estar unida a la muerte: "te esperamos sin saber que te esperamos". (p. 30)

Un nombre que es todo amor, un nombre "en la inicial de cada nombre / en el puerto del alma / donde las cosas se encuentran y se aman". (p. 26)

Puede ser también la numerología mística, guematriá, donde letra y número se abrazan y se explican entre sí: "como si fueras el infinito sobre cuatro"(p. 31), que 4 es el tetragrámaton o las 4 letras de Yavé (iod, hei, vav, hei).

Mas no es sólo la Creación, es el Éxodo y el compendio de la historia bíblica en breves pinceladas armónicas. La mujer de Lot convertida en estatua de sal, Moisés y la partición de las aguas, su peregrinaje por el desierto sin llegar a la Tierra de Promisión. Esencia de esencias es el poemario de Ethel Krauze.

Por eso, nómbrate

y te escucharemos.

Sin miedo de volvernos sal,

sin miedo de partir el mar en dos,

sin miedo de buscar a tientas

en el umbral de lo imposible

una tierra que jamás veremos. (p.45)

Y otros ejemplos más: Egipto, Babel, de nuevo el Mar Rojo, el Sinai, el diluvio:

A la esfinge

a las labradas lenguas de Babel

al mar doblado en dos espejos

les rendimos

hace tiempo

el diluvio de nuestros besos codiciables.


Pero nadie sabe llevarnos al pie

de la montaña

donde las cosas te nombraron. (p. 47)


El nombre, entre las letras tejido, dejaría de ser perseguido "si nos saciara el lenguaje que inventamos, / si las palabras volcadas / como dados sobre la mesa / escribieran una historia legible". (p. 48) Invención, azar, escrito de la humanidad.

Si se supiera el nombre: "Sabríamos bendecir, / beber la copa, / desandar laberintos". (p. 51) Se interiorizaría el nombre y sería cuidado como fuente de bondad borrando del mundo lágrimas, muertes, desamparos. Para cerrar con la petición inevitable: "Nómbrate, / no alteraremos un átomo / de tu milagro". (p. 58)

Un nombre con olor a almizcle y a gardenias

Ethel Krauze

53

Nómbrate

vaga memoria de los sueños,

nómbrate, por fin,

y atrévete a tenernos.

No temas,

somos tu corazón en los almendros,

somos tu voz de carne y hueso,

no temas,

nómbrate.

Nómbrate

y te cuidaremos.

54

Tú nos colocaste a la deriva,

en el quicio de una puerta

que no se abre,

en la punta de un cerro que no tiene divisadero,

más que la profundidad.

Tú nos diste una mirada

        que no ve nada,

porque no sabemos tu nombre,

sólo nadamos

en las riberas del espanto.

Nómbrate,

no alteraremos un átomo

        de tu milagro.

55

No preguntaremos

no rodaremos de gozo

no derramaremos lágrimas

sólo un nombre tu nombre y nos iremos.

56

Por el mundo iremos

colocando tu nombre entre los surcos y las calles

para que nazcan nuevas ramas

sábanas limpias

dulces augurios

brazos en las noches.

Lo subiremos al monte

lo bajaremos al fondo de las grutas submarinas

lo sembraremos en los ojos enfermos

y en las manecillas de los relojes desesperados,

lo depositaremos con cuidado en las gavetas de las oficinas,

envuelto en una cajita de regalo con su moño carmesí.

No tendrá fin tu nombre en nuestras manos.

57

¿Qué más podemos prometerte?

Ramos de crisantemos

ramos de gladiolas

ramos de siemprevivas y de azáleas y de adelfas

ramos de belenes y de nubes y de acacias.

Nada va a sorprenderte.

Basta tu nombre para que todos los ramos de la tierra

        florezcan al instante en una danza impecable

mientras nosotros trabajamos ajándonos

hundidos en el polvo que somos.

58

Nos volveremos buenos

        como la cesta del pan viajando entre manos risueñas

manos desatadas que han tocado la verdad de las cosas

la más pura verdad de la materia.

59

La más profunda

la más herida

la delicada intensidad de la materia que tu nombre desata

en nuestras manos

en los incendios de nuestra memoria

que tanto lo han prefigurado.

60

Seremos tu nombre

bajo el brazo,

tu nombre en el ombligo y en la mesa,

tu nombre recorriendo campos de trigo

        campos salados

veredas por donde el musgo crece de continuo,

como crece

el temblor en nuestras venas

repitiendo tu nombre

en el misterio del mundo.

61

Seremos nombre de tu nombre

nombre cuerpo

de dulce carne hecho,

sólo un nombre en la página de aire.

Ethel Kolteniuk Krauze (Ciudad de México) es doctora en Literatura y autora de cuarenta y cuatro obras publicadas en los géneros de novela, cuento, poesía y ensayo. Reconocida, antologada y traducida a diversos idiomas. Su obra Cómo acercarse a la poesía es ya un clásico contemporáneo, en el acervo nacional en Biblioteca de Aula y Salas de Lectura de la Secretaría de Educación Pública de México. En 2016 publica la novela El país de las mandrágoras, bajo el sello Alfaguara, de Penguin Randomhouse y el poema de largo aliento La otra Ilíada, en Ediciones Torremozas, Madrid; en 2018, Un nombre con olor a almizcle y a gardenias, en esta misma editorial, y Doble intención, un libro de cartas con Beatriz Rivas, también en Penguin Randomhouse, entre otros títulos. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores Artísticos del FONCA.