DIVERSAS GEOGRAFÍAS X

Jair Cortés

La poesía como tránsito, desplazamiento que nos lleva de la experiencia de la vida a la del lenguaje y viceversa; la poesía como un ejercicio del espíritu, un decir que no sólo denuncia sino que es capaz de salvarnos. Este es el horizonte en el que coinciden los cuatro poetas mexicanos de diversas geografías que se reúnen hoy convocados por la Revista La Otra, casa siempre generosa. Verónica G. Arredondo (Guanajuato, 1984) presenta tres poemas que exploran desde el verso y la prosa los diferentes alcances de la palabra poética: la imaginación, la reflexión y la contemplación del mundo. Un ritmo apacible recorre sus versos que penetran en lo terrible de la muerte: “su boca abierta/ ahorcajada/ traga grito y arena…”. Sus poemas son también notas al margen de sí mismos, extensiones de una revelación de lo cotidiano. Por su parte, Julio Romano Obregón (Ciudad de México, 1983, pero avecindado en Pachuca) se alimenta de la musicalidad del verso y de las poderosas imágenes que convoca: “Quedan las serpientes en los trigales,/ los buitres que hacen suyo el cielo nuestro,/ la lechuza que advierte tu llegada…”. En sus poemas se describe un paisaje que no distingue entre el interior del poeta y su entorno, la suya es una poesía que se nutre de lo onírico para erigir nuevas realidades. Para Irasema Orona (Mazatlán, Sinaloa, 1979) sus poemas indagan en la desolación y la angustia que provocan la enfermedad y la muerte de quienes amamos, su palabra retrata y trasciende la experiencia; a este dolor se suma el horror social que la guerra en México ha desatado para poblar todos los rincones de este país: “un grito de rabia se escucha a lo lejos/ el tiro de gracia…/ silencio./ Han tocado a mi puerta/ He abierto y he mentido…”. Por último, Marco Ornelas (Guanajuato, 1978) nos presenta tres breves (pero intensos) poemas en los que la infancia reaparece como un conjunto de visiones que reclaman su sitio en la memoria a partir de imágenes poderosas: “Lejos/ donde nada se toca,/ y la delgada luz de la tarde en su interior no alcanza el brillo de la memoria que desgastado,/ duele”.

He aquí a cuatro poetas mexicanos que hablan a partir del dolor y que lo trascienden gracias a sus particulares voces poéticas.

VERÓNICA G. ARREDONDO

FALSO CATÁLOGO DE OBJETOS AUSENTES

Para Javier Cortez

[…] tantas cosas parecen decididas a extraviarse

que su pérdida no es ningún desastre.

Elizabeth Bishop

Para crear un catálogo de ausencia es indispensable seguir, paso a paso, las líneas de este manual, sin garantizar un resultado óptimo, y si el lector se aventura a realizarlo:

- Escoger un objeto al azar

- Deslindar responsabilidades ante el objeto hallado

- Anular cualquier relación futura con él

así al destruir el original no habrá ningún apego

- Otorgarle un nombre y escribirlo en una etiqueta

- Limpiar el objeto, colocar su etiqueta y dejarlo secar al sol

- Transcurridas dos noches, la primera de luna nueva, el objeto habrá perdido:

memoria, color, función, el rostro de sus propietarios y su última ubicación registrada

- El objeto existirá en su forma, el objeto es un “cuerpo”

- Un cuerpo sobre el papel responderá al nombre asignado en su etiqueta

- El cuerpo será color, grafía, línea inconclusa, sombra, memoria de otro cuerpo, fricción

- Concluido el proceso se colocará en una cajonera su etiqueta, en el lado contrario a los objetos en extravío

- Entre los nuevos cuerpos trans-critos, trans-versales, transitivos podría encontrarse una “llave”

- La imagen o dibujo de una llave extraviada podría ser la de mi casa, incluso podría abrir la puerta

- Escribir en otra etiqueta el lugar del encuentro entre objeto y sujeto, por ejemplo, escribir “esta llave abre mi casa” y colocarla en el anaquel de objetos catalogados. Sin olvidar, registrar el lugar del extravío en el catálogo de ausencia, la gaveta de la que ningún cuerpo escapa.

SEÑAS PARTICULARES

Indefinidamente la escritura

en la silueta de un mundo abandonado.

María Negroni

¿la reconoce?

sus pupilas tienen la mirada en un lago estático

cabello y uñas desprendidos

cuello

en el lado izquierdo

pigmentación de hoja o trébol

líneas punteadas en manos

entre los dedos costuras

en la pierna derecha sus iniciales


brota en su espalda una serie de triángulos

epidemia de profundas incisiones

resta en posición de abrazo con el viento:

de una amapola a una abeja o de una abeja

      a una amapola

su boca abierta

ahorcajada

traga grito y arena

tiene miedo cada vez que abren la fosa

de quedarse sin suspiros

la trajeron desierta

un cuervo la había ya desventrado

le cerró con un beso los ojos y su recuerdo del Ártico

aquí viene sin saber abrazar el infierno

Del libro Ese cuerpo no soy (2015), Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde 2014”. Ed. Universidad Autónoma de Zacatecas.

TÁNDEM

Para “Vuelo” de Abel Lozano

Vivía bajo el agua, tenía una escama en el ojo, desde el pecho me envolvía de lirios el cuerpo. Animala, invertebrada, insectívora, anisóptera, de orden odonato. [La imagen en este poema puede contener un par de libélulas.] Giré mi vuelo en 360º de arriba, abajo, adelante y atrás, de izquierda a derecha, para volver a ti. Preguntas, ¿bailamos? [Las libélulas corresponden al género femenino y masculino.] Colocarás los ganchos del final de tu cuerpo sobre mi cuello, seremos de luz un haz tornasol; arquearás por completo el iris, mientras, boca abajo [la operación no es sencilla], contaré el número par de segmentos en tu abdomen. La cópula será de pie, llevaré mi pelvis hacia ti, formaremos la curvatura encontrada, con que los humanos representan lo que llaman amor. [Existe un tipo de no-libélula que gesta en ninfa durante meses, para morir después de la desovación y el contacto sexual –el acto de reproducción deberá valer la pena–.] En ese instante [nuestro] crujirá con el rayo una rama: el trepidar de un nido; la lluvia, como piedras lanzadas al estanque, delimitará sus variaciones en círculos concéntricos; [el sonido] provocará un brotadero de lotos: un múltiple croar de ranas; colapsarán las estaciones en un grito [en un oxímoron]; y en ese instante, otra ninfa retirará su carcasa de piel para volar. ¿Qué pienso de la heteronormatividad de las libélulas? En la belleza de una palabra [en nuestra lengua le decimos] t á n d e m.

Verónica G. Arredondo (Guanajuato 1984) Maestra en Filosofía e Historia de las Ideas por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Autora de Ese cuerpo no soy (UAZ/2015), Verde fuego de espíritus (IMAC/2014), Voracidad, grito y belleza animal (UAZ/2014), ensayo-tesis de maestría y de diversos libros de artista. Sus poemas han aparecido en el Periódico de Poesía de la UNAM, Nexos, Tierra Adentro, entre otras revistas. Ha participado en encuentros literarios dentro y fuera del país. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2014 y el Premio Dolores Castro de Poesía 2014. Egresada del doctorado en Artes en la Universidad de Guanajuato.

JULIO ROMANO OBREGÓN

UN PÁJARO CON TU VOZ SE DETUVO

Un pájaro con tu voz se detuvo

ante mi ventana. Escuché el mensaje

que hizo que reverdecieran los árboles

a los que el otoño había quitado

la vida, la esperanza y el calor.

Con su primer trino emprendió el invierno

su lenta retirada; las montañas

vieron arder su cumbre antes nevada,

los ríos violentaron sus caudales,

las noches replegaron su frontera.

El ave, que era de oro y de fuego era,

extendió sus alas de oculto caos,

devoró al universo con sus fauces

y de ellas emergió tu testamento:

“Al final, nadie te estará esperando”.

UNA FLECHA

Let me freeze again to death.

John Dryden

Una flecha, mi grito se abrió paso

por el camino de la ciudad vieja

en cuyas grietas resuenan tus voces

adormecidas por un viento extinto,

por un mar calmo, por un fuego exangüe.

Calles sin sombras añoran tu sombra,

sus presagios intuyen el regreso

de tu nombre, un nombre que han maldecido

ya los días y las devastaciones.

Pero nadie ha podido aniquilarlo.

Se estremecen estos ríos desiertos

con el soplo del viento que te trajo,

desde cielos aquí no concebidos,

justo antes del imperio del silencio,

cuya ley nuestra condena ha dictado.

Aquí quedan las ruinas de tus pasos,

los vestigios del goce de tu cuerpo,

de tus labios la insensible caricia,

el vasto panorama al que tus ojos,

al verlo, convirtieron en suplicio.

Queda la serenidad postergada,

un vaho que asciende y se petrifica,

un guerrero que a su espada deshonra,

este llanto en mitad de la sequía,

un incendio de luz en la ventana.

Quedan las serpientes en los trigales,

los buitres que hacen suyo el cielo nuestro,

la lechuza que advierte tu llegada,

el leviatán dormido al que domaste,

un impío tigre de noche y llamas.

La ciudad proscribe su cruel sosiego

ahora que de nuevo la recorres

con mis pasos, y que con mi mirada

la reconoces pila de cenizas,

prometeico templo del desencanto.

Altas se elevan las olas del odio

que invade sus muros y sus fronteras.

Del cielo el gimiente esplendor opacan.

Sobre el tiempo, salvaje y majestuosa,

una marejada de hielo flagra.

Déjame olvidar que un día tu sombra

no fue sombra sino abismo de luz

y que tu voz era anuncio del alba.

Deja que el canto se pierda en la noche.

Deja que el frío y la muerte me alcancen.

EL ÚLTIMO NAVÍO

Que vine como el viento,

que me iré como el agua.

Omar Khayyam

Esta noche desplegarás las velas

del último navío, el que habrá de llevarte

a dominios ignotos

que ya nunca visitaremos

a pesar de los juramentos

hechos en la quietud y en el delirio.

Te irás con tus sueños a cuestas

y con tus promesas resquebrajadas,

te llevarás la música que amamos.

Te irás como las cosas

que se van verdaderamente:

sin dejar más que un rastro de silencio.

Visitarás las costas que soñamos,

recorrerás las playas que esperan nuestras huellas,

conquistarás los puertos

de nuestra inventada cartografía.

Una brisa de hielo moldeará tu semblante,

y el vasto océano será más vasto.

¿Y cuántos soles cubrirán tu cuerpo,

cuántos mares tu soledad?

¿Cuántas tempestades tu corazón

necesitará para estar en paz?

Te vas como los días, como el tiempo,

como algún recuerdo precioso:

sin volver la mirada.

Y nada quedará de ti.

Este cielo roto por el albatros

hará comprender que no hay,

que no hubo nunca, fuerza

ni ternura que puedan retenerte.

Yo contemplaré a la distancia

una herida abierta en el mar,

un canto que al fin cesa,

un coromuel con sabor a salitre:

el terrible instante de tu partida.

Con la zozobra a cuestas,

advierto la estela que traza

el último navío.

Unos instantes y desaparece.

Su imagen, alguna vez imborrable,

se disuelve en la bruma.

El mar vuelve a la calma.

El mar, y sólo el mar.

Julio Romano Obregón (México, D. F., 1983), licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y maestro en Literatura Mexicana por la Universidad Veracruzana. Ha publicado cuento y ensayo en revistas como Este País, Texto Crítico, Círculo de Poesía, Cuadernos Fronterizos, La Palanca y Lepisma. Autor del libreto de la ópera El nahual (2012), con música de Jesús Arreguín Zozoaga, sobre relatos de Carlos Castaneda, y del libro de cuentos No verás el alba (Cecultah/Conaculta/La Mina, 2014), Premio Estatal de Cuento Ricardo Garibay 2013 (Hidalgo). Becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo (2010, 2013) y del Fonca (2014). Profesionalmente se ha desempeñado como reportero, corrector, editor, locutor, y catedrático universitario en la UAEH y el ITESM, campus Hidalgo. Actualmente cursa el Doctorado en letras en la UNAM.

IRASEMA ORONA

TODAS LAS VOCES, EL TIRO DE GRACIA

Muertos

Mutilados

Un  grito de dolor se escucha a lo lejos

el paso del tiempo

un coro de sirenas

el llanto de un niño

es él

Soy yo

ellos

nosotros

un grito de rabia se escucha a lo lejos

el tiro de gracia…

silencio.

Han tocado a mi puerta

He abierto y he mentido

Ellos

Ustedes

Yo

Nosotros.

LOS HUESOS DEBAJO DE MI TIERRA

Los huesos debajo de mi tierra

se gastan, se roen,

tiemblan en avisos repentinos de muerte.

Fracturados, endebles,

brotan de los suelos denunciando el descanso clandestino;

los eximirán pronto los gusanos

o una bolsa negra guardará su identidad ya silente.

Los huesos debajo de mi tierra

tiritan al son de un pánico colectivo,

once ríos de caminos funerarios

urgen a sus aguas resistirse a ser lejía.

Los huesos debajo de la tierra

tiemblan esperando el doblar de las campanas.

II

Nadie ha de resistirse al morbo de la muerte,

tira sobre su espalda los huesos de la madre

poblando a su paso de muertos la tristeza.

Debajo de la tierra se siembran llantos y lamentos,

debajo de mi tierra, los huesos tiemblan al doblar de las campanas.

SIN TÍTULO

I

Esta tarde lluviosa en que estás tendido en tu húmeda cama, duele pensarte tan débil y vulnerable a las cosas de viejo, por eso me refugio en el cómplice humo de historias marinas y caracolas de recuerdos.

Me es indispensable a estas horas saberte… pero el tedio de la tarde me envuelve con su quehacer efímero e infinito.

II

Seguimos siendo los mismos de siempre, los que te rodeamos mientras te espantas la muerte, a sorbos falsos de café o fumarolas imaginarias.

III

Quise llamar de camino a casa pero el mar me recordó la inutilidad de las palabras cuando el tímpano sin vida ya  no las comprende.

Quise preguntarte de arabia, acicalarte y tomarte una foto, abrazarte fuerte aunque tu piel estallara, quise también asomarme a tu casa y preguntarte dónde aparecían los fuegos fatuos, quise tantas cosas que decidí quedarme a fumar y platicar de lo que nunca hice.

IV

Olía a café y tierra mojada, yo batí llanto en un pocillo, Viejo ¿a qué hora has cerrado tus ojos? ¡Eras tan viejo! Quise sentarme a tus pies y encender un cigarro  para guardar tus pasos, para no dejarte ir, pero te fuiste; Y el dolor que me arrebata es olvido, muerte agonizante del navío perdido… me olvidé entonces del mar como olvidabas tú en altamar tu reino.

LA LEVE AGONÍA

Es de sangre y llanto corazón

El cuerpo que descansa.

Es cadáver de alargado sufrimiento

Lo que yace en esa tumba,

Vistes ahora con el manto de la muerte

Y vuelve a ti la lozanía de la vida.

No lloramos tu partida;

Lloramos tus labios resecos,

La lengua partida,

El catéter inútil,

Tus brazos hinchados y toda la vida tuya.

Mujer de brazos infinitos

¡Cuán dolorosa fue la despedida!

Cuánta rabia de no poder arrancarte el sufrimiento,

De no poder desprender de ti la agonía.

En la doliente soledad del cuarto frío

Cada lágrima te aferraba a la vida,

Acompañamos con palabras necias

Tu incesante recorrido

Mientras tú te sumergías en un profundo viento

Que te hacía olvidar tus venas chispeantes,

Tus pesadas piernas,

Abierta, toda tú, a la naturaleza de la muerte…

A la leve agonía.

Cierra los ojos niña,

El olor de las flores se ha llevado todo rastro de vida,

Nos ha arrastrado el corazón hasta una noche sin tiempo,

Nos ha dejado con los ojos secos,

Ya pasó tu triste agonía,

Y ahora empieza nuestra lucha constante

De revestir el día con sonrisas,

De no dejar ir lo que se lleva el paso del tiempo,

De aceptar lo que se vive al día.

Irasema Orona (Mazatlán, Sinaloa en 1979). Maestra en ciencias sociales y en educación, Licenciada en comunicación. Ha publicado el poemario colectivo Morir en la piel (2009). Es colaboradora de Radio cultura en producción de programas de música clásica y programación infantil. Dedicada por un tiempo al teatro y al periodismo, ahora es docente en el área de historia y literatura en bachillerato.

MARCO ORNELAS

TRES POEMAS

*

De noche

el absurdo resplandece con la luna.

El insomne es un animal que blasfema,

un lobo amarillo

que aúlla entre salmos.

El grito intenta escapar,

salir tras el Ave Ilusión:

buscar en los orígenes

la melodía de las mariposas.

**

Ante el cielo displicente

la ternura se vuelve odio,

relámpago

que calcina los sueños.

Mundo amargo

donde los ojos son

el espejo de las calamidades,

donde el niño

envejece al lado del rosal,

que con los días,

no alcanza la redención y se marchita

junto a los condenados.

***

Lejos

donde nada se toca,

y la delgada luz de la tarde en su interior no alcanza

el brillo de la memoria que desgastado,

duele.

Duele como si los rostros amados

desaparecieran.

Como si en el último cuarto

el niño quisiera escapar de su nombre.

Marco Ornelas (León, Gto. 1978). Asistió al taller de poesía "Aprendiz de Brujo" con el poeta Sergio Mondragón en (2010). La editorial San Roque en conjunto con Los Otros libros, publicaron su libro de poesía El concierto Reconciliatorio (2011). La editorial La Rana de Guanajuato, publicó su poemario: Variaciones (y dispersiones) de la voz alcanzando el tono (2011). La editorial, “Ediciones sin nombre”, en 2017, publicó su libro de poesía: Aquí no es Neverland. Mantiene su sitio web en:

http://elmitodeproteo.blogspot.mx/