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Entrevista a Balam Rodrigo (Premio Amado Nervo 2017)

Miranda M. Guerrero

Balam Rodrigo, autor prolífico, entre cuyas obras se encuentran Hábito lunar (Praxis, 2005) y Poemas de mar amaranto (Coneculta-Chiapas, 2006), se ha caracterizado en últimos años por ser una voz fresca y rebelde en las letras mexicanas. Especialmente con su reciente obra Sobras reunidas (antología de poesías & pensamientos inútiles) (Los Bastardos de la Uva/Secretaría de Cultura, 2016), que ha sido calificada de satírica, burlona y brillante.

1. A través de tu obra he observado la alusión al instante y a la cotidianidad. Especialmente por una cita que haces a Girondo: “Llorar la digestión…” en tu poema “Job padece gastritis o doble epifanía por un plato de mole”. Dime, ¿esto es parte de la poética que planteabas proponer en Sobras reunidas?

Me ha interesado siempre, como a otros muchos escritores, capturar instantes precisos de sucesos cotidianos que suelen pasar inadvertidos o que debido a su carácter de hechos comunes se consideran obvios, pero que para el ojo lector de quienes nos interesamos en cualquier hecho de la real realidad, tales acontecimientos merecen total atención literaria, dado que forman parte de la existencia. Más cuando esos hechos son en apariencia contrarios a los “temas importantes” de la poesía. La idea de apresar en el poema que citas la vaga cotidianeidad de comerse un plato de mole —sabrosamente y a pesar de la gastritis— merece para mí tantos versos como los dedicados a tópicos como la muerte o el desamor. En cuanto a la poética de Sobras reunidas… como una posible continuidad de la poética de Desmemoria del rey sonámbulo (Ediciones Monte Carmelo, 2015), libro al que pertenece el poema “Job padece gastritis…”, sucede en realidad lo contrario: Sobras reunidas… es uno de los primeros libros de poesía que escribí, pero que por diversas razones no había publicado (la mayor parte de los poemas que conforman ese libro fueron escritos entre 2004 y 2005, a excepción de la primera y la segunda parte); en cuanto a Desmemoria… es un libro que escribí posteriormente, entre 2006 y 2007. Lo que sí puedo decirte es que lo que puede llamarse poética en Sobras reunidas… “contagió” de muchas formas y modos, desde los temas y el tratamiento, hasta el horizonte escritural y los alcances literarios de mis libros posteriores, porque de las varias partes que conforman Sobras reunidas… —al que considero germen e ideario de algunos de mis poemarios— surgieron diversas tentativas que fueron decisivas para mi trabajo ulterior en términos creativos. Por ejemplo, el poema que lleva por título “Poemural alquimista (final con ángeles): lermar, sólo lermar” es uno de los poemas tempranos en mi obra, y es en parte un poema visual inspirado en mi asistencia a una exposición de poesía experimental que tuvo lugar en el Centro Cultural Zapata del STUNAM a finales de la década del noventa del siglo pasado, cuando aún era estudiante de biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM. El mismo poema es también un franco y directo homenaje al poeta Roberto López Moreno y su vanguardia denominada Poemuralismo, con guiños y homenaje a otra vanguardia chiapaneca llamada Alquimismo, cuyo autor fue el gran poeta Armando Duvalier. Cito aquí mi “Poemural alquimista…” porque poco después de haberlo terminado tuve la idea de escribir un libro que combinara fotografías y poemas, a manera de collage, y no fue sino una década más tarde que concreté esa idea con la escritura de Braille para sordos (Secretaría de Educación del Estado de México, 2013).

2. Me gustaría hablar sobre el título. ¿Consideras que Sobras reunidas… es una sátira hacia toda compilación de material? ¿A la figura del autor como algo mensurable?

En principio, Sobras reunidas… tuvo títulos distintos, que aludían a alguna de las partes que conforman el poemario, disímiles entre sí, lo que hacía difícil que alguno de los primeros nombres me dejara satisfecho. Y también en broma le comentaba a algunos de mis amigos que reuniría todos mis libros de poesía en una antología llamada “Sobras reunidas”. Sin embargo, decidí no esperar más y utilizar ese título, Sobras reunidas y agregarle la segunda parte (antología de poesías & pensamientos inútiles), para remarcar de forma satírica y burlona —como bien lo decís—, el hecho de que mi libro es lo mismo una reunión poco ortodoxa de materiales poéticos, una falsa antología, que un puñado de “pensamientos” sin utilidad. Con dicho título de quien me burlo primeramente es de mí, ya que siempre he manifestado que nunca escribo poemas dispersos o aislados, por el contrario: todos los poemas que escribo forman parte de un libro planeado como tal. Es muy raro que escriba poemas misceláneos y los “junte” para formar un libro. Lo que sucedió con Sobras reunidas… es que sus varias partes son diversos “intentos” de libros que no pude o quise continuar, pues se quedaron truncas y no crecieron más, principalmente porque a partir de esos textos surgieron otros proyectos que sí concreté como libros. Y en el caso particular de las secciones “Poesías” y “Pensamientos útiles” —primera y última del volumen— las concebí deliberada y precisamente así, con ese carácter mordaz y coloquial que tienen y con su relativa brevedad.

En cuanto a lo mesurable de la figura del poeta en Sobras reunidas…, dicha “figura” me parece no únicamente ponderable, sino despreciable por falsa y ridícula. Me explico. Con sus raras y contadas excepciones, los poetas están mucho más preocupados en exaltar su personalidad como “artistas”, en mitificar su imagen y generar un culto a su persona más allá de su propio y verdadero legado artístico, es decir, de la posible importancia literaria de su obra (poemas y libros). Me parecen exasperantes y grotescos los enormes esfuerzos de los poetas por simular serlo, por aparentar aires artísticos y un carácter de elegidos y únicos, ridiculeces que pueden ir desde mostrar ante los demás mortales un ego y una megalomanía insaciables e inalcanzables, una estampa de elegidos por dioses o musas, una imagen de cultos intelectuales con ínfulas de superioridad ante los otros, hasta un lastimoso actuar y andar como figuras incomprendidas, o parias retraídos y marginados por una sociedad —ya la de los mismos poetas, ya la del “poder”, ya la de los que andan a pie— que no los merece o que no alcanza a comprender su enorme genio y grandeza, ya que su poesía y su figura son “adelantados” a su tiempo. Así, con toda desvergüenza, para algunos poetas “basta” con fingir serlo, y se toman atribuciones y actitudes éticamente reprochables a cualquier persona, pero que por tratarse de “los poetas” éstas debieran entenderse como indiscutibles muestras de su “genio artístico”. A mi parecer, tal simulación les permite eludir su total responsabilidad como personas y ciudadanos comunes y corrientes, y escudar y justificar su mediocridad parapetados en un mito y en un culto falsos por incongruentes e inexistentes.  

 

3. Durante la lectura del poemario me sorprendió la taxonomía que el yo lírico hace de diferentes tipos de poetas. Muchos han señalado esto como una sátira. Sin embargo, más allá de lo burlesco ¿Crees que todos estos estilos ya están superados?

Como decía antes, la ausencia de ética en el actuar común y cotidiano de “los poetas” parece que tuviera que pasarse por alto y excusarse, dado que estamos frente a “seres únicos” a los que debiera cuidarse y mimarse como si de especies en peligro de extinción se tratara. Es de tales infames y vergonzantes especies de poetas de las que escribo, me burlo y me río, aunque mi taxonomía satírica sea únicamente eso (la realidad con esos “poetas” es mucho más terrible e intolerable) y se haya quedado muy corta, dada la proliferación de tantas y tan distintas especies de poetas, la mayoría sumamente nocivas (pululan por todos lados). Y ninguna de las especies de poetas —o sus “estilos”, como vos los nombrás— están, para nada, superadas: todas se propagan a sus anchas y crean seguidores y discípulos cual plagas por doquier. Es más, mi taxonomía sería interminable, dada la capacidad de mutación que tienen las antiguas y perniciosas, y las nuevas y dañinas especies poéticas: ahora están en la izquierda y mañana lamiendo las botas de la derecha; pasado mañana, justo en medio, agachadas, mudas, pero lanzando piedras de mediocridad a los demás desde lo oscuro, y mientras escribo esto, se pasean orgullosas, engreídas, al permanecer en público, y a la vez actúan sumisas, domesticadas, al prosternarse y besar las manos de quienes detentan el poder en turno.

4. La última sección del poemario se caracteriza por una serie de poemas cuyo lenguaje es mayormente referencial en comparación con los primeros ¿Esto es una propuesta poética a las diferentes poéticas que se habían mostrado en un principio del poemario?

En efecto, la sección final del libro “Poesías útiles” corresponde en realidad al poema “Vergario (erecciones afectivas)”, divido en cinco partes. En este poema y sus fragmentos pretendo recuperar la forma de hablar de las personas de la costa de Soconusco, Chiapas, en las que la palabra “verga” forma parte del habla cotidiana de niños, mujeres y hombres. Por ello, recopilé e intervine frases que escuché en las calles de mi pueblo, Villa de Comaltitlán, así como anécdotas familiares y otras escuchadas en otros pueblos de Soconusco para crear poemas de carácter coloquial, sin temor a emplear el lenguaje común y las palabras de mi tierra nativa. Si bien la propuesta poética o lírica del poema citado pareciera ser diferente a la de las otras secciones de Sobras reunidas…, en realidad son bastante cercanas, ya que en distintas secciones y poemas del libro retrato el habla coloquial de Soconusco mediante otros giros lingüísticos, por ejemplo, al utilizar el voseo, puesto que en el español de Soconusco (y de todo Chiapas) sigue vigente el uso del pronombre vos tanto de forma pronominal como verbal. Y no se trata de un arcaísmo, puesto que el voseo en Chiapas (cuyo español forma parte del dialecto centroamericano, más que del mexicano) ha estado vigente desde hace cinco siglos, desde que el idioma español llegó a esas latitudes, y poco a poco ha pasado del habla popular a la literatura, y en este caso, a la poesía. Asimismo, no quiero dejar de mencionar que el trabajo de creación y escritura del poema “Vergario (erecciones afectivas)” fue motivado e influido por el magnífico libro de poesía “Caldo de verga para el alma” del también soconusquense Máximo Cerdio, quien ha realizado una enorme labor de incorporación del habla coloquial de Soconusco y Chiapas en su poesía. Para cerrar esta respuesta, vale decir que en otras secciones de Sobras reunidas… utilizo fragmentos de noticias de diarios, de canciones infantiles —como las de Cri-Crí— y otros elementos de la cultura popular, testimoniales, referenciales y coloquiales.

5. Algo que me pareció muy estimulante durante la lectura del libro reside en la delgada línea que se traza entre el yo lírico y el poeta. Si bien todo especializado en la literatura sabe que hay una diferencia entre ambos conceptos, cuando el yo lírico de Sobras reunidas hace una crítica hacia estos temas la línea de separación se desdibuja. Una vez que se comienza a hablar del estilo del poeta, también se habla de la personalidad del mismo. ¿Crees que esto se debe a que el concepto de yo lírico es algo meramente teórico?

Si bien en los poemas de Sobras reunidas… la línea entre el yo lírico y el escritor es delgada y llega a desdibujarse, puedo decirte que esa tenue línea esconde un profundo abismo entre el texto y el autor. Uno de los propósitos de escribir poesía de modo tan directo y “personal” es que quien lea los poemas de mi libro se sienta reflejado, tocado, confrontado, es decir, que cuando se “mire” en los textos no encuentre la común e idealizada imagen que le es dada por una falsa percepción de sí mismo, construida con los ecos de cierta poesía que promete “profunda revelación” o emotividad ornamental, sino que se refleje en el crudo espejo de la crítica, que lo mostrará deforme y sin tapujos, desnudo, tal como es, por decirlo de alguna manera, en la calle. Por otra parte, los poemas que están escritos de modo coloquial (y para algunos, vulgar) sé que permitirán a más de un lector sentirse más cerca de lo escrito, casi como si ellos mismos hubieran garrapateado los poemas en el libro —como en la pared de un baño público—, es más, posiblemente hayan escuchado o dicho en casa frases similares. Y pese a lo cercano de este libro entre el yo lírico y el autor, mi intención al mostrar tal cercanía —tan apreciada por quienes recurren al psicoanálisis literario o a la teoría literaria para hincarle el diente a un texto— es que precisamente el yo lírico anule a la persona del creador, pues el primero es más importante en términos poéticos que el segundo: ojalá que tal cercanía le permita al yo lírico decapitar (de un solo tajo) al autor y evitar así, la construcción de una lábil estatua de arena con la imagen de su persona/personalidad. Por otra parte, pese al estrecho margen que se percibe entre el creador (autor-escritor) y su obra (yo lírico-poesía), pienso que cada uno debe existir en el lugar que le corresponde, de ahí que deteste a esos “poetas” que lo son (o fingen serlo) todo el tiempo, en cada momento y en cualquier situación, y aparentemente no pueden vivir, ni hablar, ni actuar como cualquier otra persona, y se pasan la vida metidos en el perpetuo y gastado disfraz del “yo lírico”, en la caricatura de su propio personaje, y cuando se levantan por la mañana y se asoman al espejo no encuentran a un ser humano, sino a un “poeta”. Y volviendo un poco a las primeras líneas de esta respuesta, una vez que cualquier lector perciba la disolución entre el yo lírico y el escritor, podrá hacerlos a un lado, y hallarse más cercano a la obra.  

6. Por último ¿Crees que Sobras reunidas… constituye una deconstrucción del poeta y el yo lírico?

Al margen del posible carácter deconstructivo —que ensayé en Icarías, uno de mis libros ulteriores en cuanto a su cronología escritural— creo que Sobras reunidas… pretende anular la idea de totalidad “cerrada” en una obra poética, desvirtuar su típica unidad y univocidad (temática o estilística, por ejemplo) y privilegiar, por una parte, lo fragmentario, la destotalización, y la paradoja, tanto como la vertiente neologista y la multiplicidad de sentidos, y por otra, echar mano del armazón retórico y poético para la elaboración de su discurso (pese a todo, no puede abjurarse ni del canon ni de la tradición: son necesarias para escribir poesía). Y es en ese “espacio deconstruido” donde habitaría el yo lírico de Sobras reunidas…, en tanto que al “poeta” le correspondería otro lugar, el del teatro de la real realidad, el de una línea tenue pero al fin profunda y abismal entre él y su yo lírico, un sitio marcado por la diferencia entre su ethos como individuo/persona y su estética/obra como creador/artista. Creo que en Sobras reunidas… puede advertirse más lo que llamaría un yo líquido que propiamente un yo lírico en el sentido convencional del término. Concibo ese yo líquido en la obra poética como el intento por alcanzar lo polimórfico, cambiante, descentrado, multívoco, al tiempo que —por absurdo que parezca— “el poeta” sigue aferrado a los maderos aparentemente sólidos de la poesía tradicional, de la que se burla y a la que satiriza, tanto como a cualquier otra poesía. De este modo, cuando “el poeta” detrás de la escritura de Sobras reunidas… intenta reflejarse en su yo líquido, no encuentra más que un río de niebla, un espejo sin orillas, un rostro siempre cambiante, un eco inapresable y metamórfico: el múltiple vacío. Por eso no lo quedará más que llorar, o reírse, como a cualquier lector (o poeta).    

 

LOS CEIBEROS TRASHUMANTES

Camino de Centroamérica:

Deja que pase tu gente.

Deja que trafique, que siembre,

que cante.

Alberto Ordóñez Argüello

Hacia Guatemala, entonces.

Tapachula […] al borde casi de la frontera.

Un taxi nos llevó hasta el río y entramos a Malacatán,

una aldea húmeda y solitaria.

Alejandro Rossi

1.

Voy a cruzar con mi padre el río Suchiate.

Estamos en Frontera Talismán.

Iremos a vender a Guatemala,

a desandar las calles, a traficar.

Un pequeño hombre de rostro amoratado

llevará nuestra mercancía sobre su espalda.

Confiamos en él. Desconfiamos de la policía,

la migra y la fiscal en México.

Desconfiamos de los verdes y los kaibiles 

en Guatemala.

2.

Nos quedamos sobre el puente mirando al hombre

que desciende trabajosamente al río

entre crujires de cardio y de maleza.

Se quita la ropa hasta quedar casi desnudo.

Respira hondo y vuelve a colocar la mercancía

sobre su espalda. Cruza las aguas del Suchiate,

río ya sin memoria: no es agua la que corre hacia el mar,

es la sangre de niños, mujeres y hombres

venidos de toda Centroamérica: buscan la tortilla,

no el pan. Buscan mejor vida, no la mejor tierra.

Buscan arrancar de sus cuerpos el odio y el hambre:

buscan olvidar la injusticia de los hombres.

3.

La muerte cruza por el aire el Suchiate.

El hambre cruza por el aire el Suchiate.

La enfermedad cruza por el aire el Suchiate.

El odio cruza por el aire el Suchiate.

Estas palabras cruzan por el aire el Suchiate.

4. (Intermedio migrante)

El río Suchiate es una larga cuchilla que corta pueblos,

ciudades, sueños de retorno. Quien cruza hacia el otro lado,

cruza hacia el silencio, sin regreso: sólo nos queda

la inmensa voluntad de roer los gajos de luz

que destila el horizonte, no la esperanza.

Nuestro único viaje seguro es al pasado, a la memoria

que terca nos arranca y arrebata la estación del futuro.

Lo que tus ojos no han podido herrumbrar

lo harán las llamas del desierto en el norte.

He aquí el verdadero american way of life:

nuestros párpados como un par de cuchillos

atizando el fuego inextinguible del olvido.

5.

El hombre ha cruzado el río y desaparece

bajo el puente. Ahora nosotros tenemos que cruzar.

No hemos sacado registro ni pase local.

No tenemos visa, ni pasaporte.

En Guatemala no nos piden FM-14.

Para nosotros no existe la frontera:

somos como el viento, como las nubes, como el humo.

Vamos de un lugar a otro, de un país a otro,

sin que nada nos detenga. Estamos hechos

de la misma sustancia del aire y nadie puede colocar

murallas o alambre de púas sobre el aire.

Nuestra casa está en el aire: no caminamos, flotamos,

danzamos de puntillas en el aire. Somos como la música,

como el polen, como estas palabras.

6.

Nos dijo el hombre en Frontera Talismán:

“los espero al otro lado, cerca de los buses”.

Al llegar, una sonrisa. Es un hombre de palabra.

Veinticinco quetzales, su paga. Nos dividimos la mercancía.

Si los verdes preguntan de quién es, nada sabemos.

Es una bendición. La zona fronteriza sin verdes ni policía,

sin soldados ni kaibiles. Llegamos a Malacatán

y comenzamos a trabajar, a vender nuestra mercancía

en las calles. Luego vamos a San Marcos y también mercamos.

Dios está de nuestro lado: Él tampoco necesita pasaporte.

7. (Intermedio migrante)

Atrás, el sordo rodar del río Suchiate:

rema la sangre a contracorriente de las venas y se detiene,

muerde pedazos de meandro, besa la orilla con labios de agua,

gotea sed y ahoga el mar que nos recorre cuerpo adentro:

iceberg negro que atraviesa los ojos y la noche.

Recuerdo pedazos de insomnio en el camino:

no hay en mi mano un ala, sólo vacío, vacío que late

como un trino: cierro mi puño y ahogo un ave

que chilla silencio en las ramas de la oscuridad.

De Centroamérica vienen recuerdos cruzando este río:

los escucho partir piedras y el lecho que soporta el peso

por la honda respiración de las aguas.

En la orilla, en los playones sepia de la ribera,

hay un ángel en cuclillas. Está ciego, como ciego estoy yo

por el camino y los golpes del sol y la tortura.

Aletea luz negra el ángel, hace invisibles mendrugos

con el viento. Posa los dedos de la mano izquierda

sobre la arena y lee —celestial brailleo— el infinito libro del caos.

Se yergue y camina sobre las aceitadas aguas del río

(debo decir aquí: desuella el ángel la espesa yugular

de la noche). Niebla el ángel, niebla que cae

y disuelve alas mientras silba luciérnagas y escupe una polilla.

Mastica y paladea zurdos y negros fonemas.

Luego extiende la palma de la mano derecha

dentro de la niebla que lo envuelve: braillea 

los granos de vapor del agua y los lee,

tal como yo leo la última cifra de mi sangre en la arena.

8.

Por la tarde, casi con el crepúsculo, regresamos a la frontera.

En el camino de regreso vemos la danza de los trashumantes,

la danza de nuestros hermanos que viajan hacia el norte.

Ellos quieren llegar al menos a México, a mi país.

¿He dicho, mi país?

¿Tengo acaso país, me envuelven las ropas de alguna patria

o es capaz de sujetarme alguna frontera con sus límites?

¿Acaso me pertenece alguna tierra para que diga:

esta heredad es la mía?

Ni siquiera me pertenecen las palabras.

Siempre escapan en voz por mi garganta o se derraman

en mi cabeza, evaporándose como la oscuridad con el alba.

9.

Mientras dormía en el parque de San Marcos, tuve un sueño,

escuché una voz que me dictaba:

Aquí ya no hay guerrilla, pero las heridas de treinta años

de odio aún no cicatrizan. Casi no hay pájaros en Guatemala.

Sin libertad, el quetzal muere en su jaula.

Y los centroamericanos somos quetzales.

País o jaula jamás podrán contenernos, ni sujetarnos.

Migrantes, proscritos, extranjeros, nómadas, errantes.

Somos ceiberos trashumantes: jaguares apátridas.

10. (Intermedio migrante)

La distancia, ese verde cuaderno ceñido

por un largo cordón umbilical hecho de asfalto,

lengua de hulla: verbo negro. Pasan postes a mi lado,

árboles yertos y desnudos, erectos carbones,

lápices ahogados en brea que apuntan,

que escriben siglas en la faz del cielo

donde oscuros relámpagos y nubes de azahar

hacen de la tarde óleos de yodada añilería.

De los postes cuelgan invisibles frondas

estranguladas con lazos de cobre: nómadas guitas

de las que cuelgan pájaros y aladas notas al vuelo,

ahorcadas en este cielo vertical: larga techumbre,

voz de Dios que toca su fronteriza melodía.

En esta inmóvil ventana del bus viajo hundido en alquitrán,

betún o pavimento: escribo en un papel carbón

sobre el que marchan letras blancas que siguen guiones,

también albos: la carretera panamericana

es una línea interminable, un inacabable y negro mar

que toca, al fin, el borde de los sueños, este abismo,

este país, esta frontera.

11.

Hermano: ven a la sombra de la ceiba.

Ven a los brazos de la hermosa Centroamérica.

Aquí nos espera el descanso

de nuestra larga jornada por la tierra.

(La muerte vuelve a cruzar por el aire el río Suchiate).

Nos espera la muerte sentada en su hamaca.

Nos espera desnuda la muerte en la Casa del Aire.

Buscaremos eternidad en la Casa del Aire.

Centroamérica, Patria del Aire, Casa del Aire:

nosotros somos la misma sustancia del aire.