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Humberto Ak'abal nació Guatemala en 1952. Poeta de la etnia Maya K'iche'. Piensa y escribe sus poemas en idioma K'iche' y se autotraduce al español. En la actualidad es uno de los poetas guatemaltecos más conocidos en: Europa y Sudamérica. Sus obras han sido traducidas a múltiples idiomas.

Sus poemas han sido publicados en periódicos y revistas de Guatemala, Centro AméricaMéxicoEstadosUnidosVenezuelaBrasilColombiaLíbanoJapónEspañaFranciaAustriaSuizaAlemania, Holanda e Italia.

        

Humberto Ak-abal

El canto viejo de la sangre

El canto viejo de la sangre

Yo no mamé la lengua castellana

cuando llegue al mundo.

Mi lengua nació entre arboles

y tiene sabor de tierra;

la lengua de mis abuelos es mi casa.

Y si uso esta lengua que no es mía,

lo hago como quien usa una llave nueva

y abre otra puerta y entra a otro mundo

donde las palabras tienen otra voz

y otro modo de sentir la tierra.

Esta lengua es el recuerdo de un dolor

y la hablo sin temor ni vergüenza

porque fue comprada

con la sangre de mis ancestros.

En esta nueva lengua

te muestro las flores de mi canto,

te traigo el sabor de otras tristezas

y el color de otras alegrías…

Esta lengua es solo una llave más

para cantar el canto viejo de mi sangre.

De vez en cuando

De vez en cuando

camino al revés,

es mi modo de recordar.

Si caminara solo hacia adelante,

te podría contar

cómo es el olvido.

Tortillera

Sonrojada frente a tu comal

le aplaudes al fuego.

Amasas la masa

y tus manos parecen jugar

entre la cazuela.

Tus manos, esas bellas manos

comienzan a tortear

y la tortilla sale redonda

como la luna llena.

Cómo me gustan tus tortillas

porque tienen la caricia de tus manos,

y porque con cada tortilla

siento que me acaricias el alma.

La atolera

Chapuda y galana,

rechula.

Sobre su cabeza

un yagual,

sobre el yagual

la olla de atol.

¡Ay! Atolera,

yo quisiera tomar

pero de tu boca.

El sabor

El sabor de aquella calle

era una panadería.

Y la tristeza de aquel niño,

era como la del enamorado

que se conformaba con ver el camino

que conducía a la casa de su amada…

El consuelo de aquellos años,

era pasar por aquella calle

oliendo el pan…

El aliento

Ella me dio el aliento

para que mi voz resonara por el mundo,

jamás caminó a mi lado

para taparse con mi sombra.

Suficiente tuvo

con haber sido mi madre

y que yo,

fuera a donde fuera,

no era un hongo,

porque no había brotado de la nada.

La buscona

Cuando la luna se cansa

de andar por el cielo,

dicen que se vuelve puta,

su pelo largo le cubre las nalgas

y le cubre los pechos,

solo se le ven los pies.

Los muchachos le tienen miedo,

saben que si alguno cae en sus manos

y se acuesta con ella,

ya no despertará

porque la luna le come el alma.

Por eso,

cuando no hay luna en el cielo,

es que ella anda por aquí

en el pueblo, buscando,

y el que esté mal parado,

se lo llevó la chingada.

La comidera

Cada vez que te veo

cocinando,

se encienden tus mejillas.

Con una paleta remueves

y remueves

el contenido de la olla

y dejas caer unas gotas

sobre la palma de tu mano,

te la llevas a la lengua

mmmmmmmmmm…,

no le falta ni le sobra sal.

El aroma me llega a la nariz

y no puedo pasar de largo

sin que se me alborote el apetito.

Y te miro,

miro tus ojos,

miro tus manos,

pienso en tu lengua;

porque sin tu lengua

esta comida no tendría sazón.

Por eso, cada bocadito

de este recado colorado,

la acompaño con el sueño

de estar comiendo

en el guacalito de tu lengua.

El espanto

Una vez vi la sombra de un espanto

alargado sobre una pared recién encalada.

La luna se escondió detrás de mí

y yo temblaba de miedo.

Sobre mis pies

sentí caer un chorrito de agua caliente

y creí que el espanto me había orinado.

Piedras

No es que las piedras sean mudas,

solo guardan silencio.

El peso de las palabras

Cuando hablés

pesá tus palabras,

no vaya a ser

que tengás que cargarlas

y terminés cayéndote debajo de ellas.

El agua y el fuego

Yo no olvido la imagen

de aquella cocina encendida,

el humo ardía en los ojos

y era amargo en la lengua…

Las sombras en las paredes

eran espantos negros.

El fuego enloquecido

devoraba los leños…

Y el agua hirviendo

parecía un animal rabioso

rascando dentro de la olla.

 

Un hoyo

Cuando yo era chiquito

creía que la luna era un hoyo

y que detrás de la noche había luz.

Flores de muerto

 Qué bellas las flores de muerto

que plantaste en tu jardín, me dijo ella.

 Allí será mi tumba, le dije,

así que cuando tú vengas

ya sólo tendrás que traer las lágrimas.

La enferma

Para que la luna

no se sintiera sola,

salí a acompañarla.

Era la una de la madrugada.

Qué soledad,

qué tristeza,

qué silencio…

Y recordé mi niñez,

cada vez que la luna se enfermaba

salíamos a darle ánimos

tocando tambores,

encendiendo antorchas

y cantando a gritos…

Y esta noche,

pareciera que en el pueblo

ya solo yo quedara vivo…

Y si en mi afan…

Y si en mi afán

de hacer las cosas bien

me equivoco,

déjenme aprender,

pero no me digan

cómo tengo que pensar.

Portazo

Ella estaba ardiendo,

solo faltaba un soplo

para apagar su fuego.

Y yo, con esa timidez

que me vuelve ausencia,

me quedé sin aliento…

¡Ponete las enaguas de tu mamá!

El portazo reverberó en mi alma

como el eco del trueno por los barrancos.

En Coyoacán

¿De quién serían aquellos ojos

que me miraron en Coyoacán,

aquella mañana cuando mi alma

yacía postrada?

Esa mañana

en la que casi sin aliento

de pronto fui levantado

por el brillo de esos ojos,

que al entrar

por la puerta de aquel café,

dirigieron su mirada

hacia mí.

Aquella mirada suya

me devolvió el aliento.

¿De quién serían aquellos ojos,

color de almendra,

que me miraron en Coyoacán?

Pájaro de pueblo

Yo te he mirado muchas veces

y ni siquiera te has dado cuenta.

Por supuesto que otros te ven

con ojos bellos

de otros colores,

con otras miradas.

Los míos son ojos de desvelo,

ojos de pájaro de pueblo,

ojos color de lodo,

ojos de indio.

Entre nosotros,

allá con mi gente,

con una mirada es suficiente:

sí o no.

Pero con vos,

ya me arden los ojos de tanto mirarte,

y nada…

El cuerito

Miraste para todos lados

y creíste que no había nadie.

Te quitaste la ropa

y te metiste en el río.

Yo estaba entre las ramas

de aquel árbol de tulup,

y al verte desnuda

mi corazón comenzó a temblar

y de un salto

se me paró el cuerito.

Soñé

Soñé con escribir

un poema que no dijera nada.

Simplemente

que me recordara algo,

alguien…

Desnuda

como la primera vez.

Ser alguien

Leé un libro

y estarás entre los pocos

que sostienen el mundo.

Que no te llegue la muerte

sin haber soñado,

ni soñés sin haber leído.

No dejés

que se te escape la vida

sin haber viajado con un libro.

Cuando la eternidad

te pida cuentas

¿Qué le responderás

si no has leído nada?

La ignorancia

es una muerte anticipada.

Con un libro sos alguien,

sin un libro

no sos nada.

La izquierda

Cuando la derecha se paralizó

me refugié en la izquierda.

Si no fuera por la izquierda

estaría arrastrándome con la derecha.

Me he apoyado en la izquierda

para trasladarme de un lugar a otro.

El día que me falte la izquierda

se habrán acabado mis ilusiones.

¡Bendita sea mi pierna izquierda!