La isla del faro

La hora no acababa, las clases con la profesora de historia eran las mas largas, pesadas y aburridas, además la ansiedad de irnos a nuestras casas del campus y festejar nuestro ultimo día de escuela del año abundaba en el salón, sin embargo la pasábamos en prueba escrita y larga, trababa sobre todo lo dado en los seis años de estudio.

Al tocar la campana la mitad se pondría a usar sus lapiceras como no lo hicieron en los últimos 160 minutos, algunos ya volarían hacia la salida, en cambio prefiero quedarme en el salón esperando que todos salgan como una manada de búfalos yendo a la salida del corral y al final, retirarme tranquila sin tener que lidiar con todo el alumnado de la escuela. En la noche cada casa festeja a su modo dejando un desastre para limpiar al día siguiente y terminan durmiendo arriba de las valijas esperando a subirse al tren que nos retira hasta el pueblo.

La profesora rompe el silencio diciendo que debíamos reunirnos en el salón de gimnasia al terminar la hora. Suena la campana, pero nos reunimos todos en el gimnasio como lo había ordenado antes la profesora por que el director nos daba la hermosa noticia de que debíamos quedarnos en la escuela mas días sin definir por problemas en el pueblo, sin más detalles nos mandaron a nuestros temporales hogares.

El silencio cubrió la triste noche, sin música ni fiestas, oscura con excepción el brillo de la luna y el ruido de el bosque que nos rodeaba, el viento rozando los arboles y los animales nocturnos jugueteando por ahí. Mientras recorría el pasillo escuche a mis compañeros –Matías, Gregorio y Thomas- haciendo un plan de escape y no resistí intervenir en la conversación; toque la puerta y Matías atendió:



-Hey, Juli, que pasa tan tarde? Pasa, no te quedes afuera, te podrían ver.

-Hola chicos, perdonen, no aguante no preguntarles si podía participar en su “viaje”.

Me contesto Thomas: -No sabemos de que hablas, estas bien?

-si saben, escuche que querían escapar e ir hacia la salida de la escuela ustedes mismos y quiero acompañarlos.

-bueno está bien, pero no le cuentes nada a nadie, si quieres venir tenes que estar aquí a las 3:30 con una mochila cargada con cosas para sobrevivir. No te esperamos, 1 minuto más y nos vamos, se puntual y recuerda no decirle a nadie.

Al retirarme, caminando con paso rápido, entre en mi habitación; sin hacer ruido ni despertar a mi amiga busque mi mochila y cosas necesarias para pasar una noche o días afuera de la zona urbana del bosque, me cambie con ropa de deporte y 3:30 en punto estaba con ellos.

-sabes me sorprendes, tienes tu expediente limpio, perfecto y con esto hace de cuenta que lo tiras al drenaje-comento Gregorio- en cambio, nosotros, nos retan tres veces por semana.

No me importo y reí, después de todo era verdad pero más me intrigaba era conocer los 10 km de vuelta a casa, los cuales, nunca nos permitieron ver. No había nadie, el tren que comúnmente nos llevaba estaba en su estación esperando a ese incognito día de salida; caminamos por las vías de este, el camino estaba cubierto de piedras y tierra, los arboles altos y grandes, el bosque fondoso, no podíamos notar el final, la noche clara, como único testigo de lo que hacíamos eran la luna y las estrellas que dominaban el cielo y eran la única luz natural que teníamos desde que salimos del campus. Los tres niños hacían bromas sobre cada olor de las pruebas químicas que se habían realizado u restos de ellas o cada ruido que oían, por un momento dude si tenían 10 o 19 años; hasta que en un momento un reflejo me llamo la atención, al acercarme era agua pero al seguir caminando notamos que las


vías se hundían en ella, parecía un lago o un rio del que nunca escuchamos hablar o nombrar; nos mirábamos entre si y no sabíamos que decir, solo había agua, de alguna manera esta agua remplazo al profundo bosque; un zorrino apareció a nuestro lado, bebió el agua y salió corriendo pasando la lengua por el suelo o rascándosela con sus pequeñas patitas.

-Grego que haces?

-Me llamo la atención la reacción de ese conejo –zorrino corregí- bueno, tan sucia es el agua que esta… -el vomito del animal corto su oración-

Tomo un poco de agua con sus manos y toco lo con la lengua, puso una cara de desagrado, comenzó a gemir, se tiro al suelo y baba blanca salía de su boca mientras se movía como si se estuviera electrocutando, cayó sobre su mochila y dejo caer su linterna sobre un muelle que no habíamos visto antes, su acto duro unos segundos más y ceso de respirar, no lo podíamos creer, nos había dejado. En se instante comencé a marearme y me desvanecí dando mi cabeza sobre una roca al lado del camino.

Al despertar, note un fuerte dolor en mi cabeza, me toque y tenia cocido, luego me di cuenta que estaba acostada dentro de una canoa, no entendía que pasaba, ya no había arboles, ni rocas, ni Gregorio, el molesto e inteligente Gregorio;

-Julia! Tranquila, te cortaste y te cerré la herida, Matías está dando una recorrida al lugar, me quede esperando a que despertaras y me sorprendió que dormiste un día entero, ya son las 9 pm del sábado, ayer luego de que te caíste arrojamos a, ya sabes quien, al agua y nos dirigimos hacia el pequeño muelle que su linterna apuntaba, había una canoa, en la cual estas descansando, más o menos salimos a las 6 de la mañana y llegamos aquí a las 8, decidimos no movernos hasta que estés bien y acá estamos.

-Espera, espera, donde dijiste que estamos?

-No lo sabemos, es como una isla en el medio de este mar de agua venenosa contaminada con todas esas soluciones que preparábamos que supuesta


mente iban dirigidas a un centro médico el cual nunca llegaron resultados. Hey loco de la lanza y cosas con flechas por fin apareces, acá le contaba a la cosa durmiente lo que paso mientras se tomaba una siesta.

-Jajaja, cosa, Julia, y por si no sabes me llamo Matías, todo un gusto conocerte cirujano…

Mientras ellos hablaban yo me levante y revise mis cosas buscando agua y algo para comer, una manzana, enserio? Estos gordos habían sacado de mi mochila todo lo comestible que podía haber.

-Ah, si, cierto, gracias por las galletas, los cereales y los jugos. Comento entre risas Thomas. Apúrate que te necesitamos para ir a revisar el faro.

Cuando gire sobre mi misma vi el gran faro que alumbraba el lugar. Entramos fácilmente, sus puertas no existían, el arco de ellas marcaba la entrada; por sorpresa solo había una extraña plataforma y computadoras conectadas a ella, papeles tirados por todo el suelo, rotos y sucios. Me llamo la atención una que estaba sobre la plataforma, esta contenía información sobre todos los estudiantes de sexto año y contaba para que habían sido utilizados nuestros descubrimientos; por ejemplo, Thomas fanático de la lanza y la física tubo granes descubrimientos respecto al ambiente donde se realizaba un tiro con ella.

Después de una hora o mas de búsqueda encontramos datos sobre este misterioso lugar y que hacia: era un centro de tele transportación de materiales vivos y no vivos hacia lugares inventados que nos hacían llamar hogar cuando en realidad ya ni existía el sitio de donde proveníamos y a los nuevos integrantes de la escuela le realizaban una cirugía que descubrí, (se trata sobre sacar, agregar y modificar recuerdos, experiencias; lo llamaba secuestro), pero este portal se había roto y no podíamos volver y estaban planeando borrar nuestras memorias o realizar un “secuestro” en cada una de nuestras mentes ya que nuca mas saldríamos de este terrorífico lugar que hace una hora llamaba escuela.

Luego de leer todo esto, sin decir nada, subí a la parte superior del edificio, al balcón de sus luces y pude presenciar el lugar, vi todo, el campus, el bosque, el rio, y los muros que rodeaban todo esto. Pensar que lo llamaba escuela. Matías rodeo mi cuello con su brazo y me largue a llorar, que iba a pasar? Que paso desde que nos fuimos de la casa? Que pasara si volvemos? Nos convenía quedarnos en la isla del faro?