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TEXTOS REALISTAS
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TEXTOS REALISMO Y NATURALISMO.

EL MOVIMIENTO REALISTA.

1. Extrae del texto de Juan de Valera las diferencias, que según el autor, existen entre la obra romántica y la realista.

        Antoñona abrió la puerta del despacho, empujó a don Luis para que entrase y al tiempo anunció, diciendo:

        -Niña, aquí tienes al señor don Luis que viene a despedirse de ti. (...)

        Al llegar a este punto no podemos menos de hacer notar el carácter de autenticidad que tiene la presente historia, admirándonos de la escrupulosa exactitud de la persona que la compuso. Porque si algo de fingido, como en una novela hubiera, no cabe duda en que una entrevista tan importante y trascendente como la de Pepita y don Luis se hubiera dispuesto por medios menos vulgares que los aquí empleados.

        Tal vez nuestros héroes, yendo a una nueva expedición campestre, hubieran sido sorprendidos por deshecha y pavorosa tempestad, teniendo que refugiarse en las ruinas de algún antiguo castillo o torre moruna, donde por fuerza había de ser fama que aparecían espectros o cosas por el estilo. tal vez nuestros héroes hubieran caído en poder de alguna partida de bandoleros. (...) Creemos, sin embargo, que en vez de censurar al autor porque no apela a tales enredos, conviene darle gracias por la mucha conciencia que tiene, sacrificando a la fidelidad del relato el portentoso efecto que haría si se atrevise a abordarla con lances y episodios sacados de su fantasía.

Juan Valera

Pepita Jiménez.

LA NOVELA REALISTA

        María, dirigida en su tocador por los consejos de su patrona, se presentó malísimamente pergeñada. un vestido de foulard demasiado corto, y matizado de los más extravagantes colores; un peinado sin gracia, adornado con cintas encarnadas muy tiesas; una mantilla de tul blanco y azulado guarnecida de encaje catalán, que le hacía parecer más morena: tal era el adorno de su persona, que necesariamente debía causar, y causó, mal efecto. (...)

        -¡Cuánto tenemos que agradeceros vuestra bondad en venir a satisfacer el deseo que teníamos de oíros! -dijo la condesa a María-. ¡El duque os ha celebrado tanto! (...)

        Rita, para estar más cerca de ella, había dejado su puesto ordinario y colocándose junto a Eloísa:

        -¡Jesús!- dijo al ver a María- ; si es más negra que una morcilla extremeña.

        -Ya estoy - decía (María) en sus adentros, y dándose cuenta de sus observaciones-. La condesa es buena y desea que me luzca. Las jóvenes elegantes se burlan de mí y de mi compostura, que debe ser espantosa. Para los extranjeros, que me están echando el lente con desdén, soy una doña Simplicia de aldea; para los viejos soy cero.

Fernán Caballero

La gaviota.

1. ¿A qué crees que ha acudido María a la reunión? Explica qué impresión provoca en los asistentes y por qué.

2. Indica a qué grupo social hace referencia este texto de Fernán Caballero.

3. ¿Qué rasgos de la novela realista aparece en este fragmento de La gaviota?        

BENITO PÉREZ GALDÓS.

        -Como usted comprende - añadió con gravedad don José María-, teniendo en cuenta todas las partes del individuo, no hemos reparado principalmente en su alcurnia, que es altísima, ni en su lucida riqueza, sino en sus virtudes, las cuales son tantas, al decir de la fama, que no hay lenguas que puedan elogiarlo como se merece. su edad es la de veintiséis años, su presencia gallardísima, su rostro hermoso, espejjo de un alma noble, sus acciones señoriles, su lenguaje comedido y muy galán... En fin, que parece haber venido al mundo adrede para emparejar con esta sin par niña, cuyos mñeritos conoce usted. Hace días que María y yo, por medio de una discretísima correspondencia, venimos tratando de ese matrimonio.(...)

        -Según esto- dijo Fernando sin ocultar su asombro-, ¿no conocen ustedes al candidato?

        -Le conocemos y no le conocemos. el año 21 o 22, con ocasión del destierro de don Beltrán de Urdaneta... ¿No ha oído usted nombrar a don Juan de Urdaneta?

        -¡ Yo qué he de oír de hablar de ese señor!

        - Pues es en estas tierras más conocido que la ruda. Decía que con motivo de su destierro por trapisondas políticas, residió aquí la familia como unos ocho meses. rodriguito era entonces un chiquillo precioso: diez u once años todo lo más. Demetria tenía seis, si mal no recuerdo. las dos familias intimaron: el niño y la niña no se separaban en todo el día, fraternizando en sus juegos infantiles.

        Recuerdo que en aquella Navidad les hice un Nacimiento en la misma habitación donde usted mora. Lo que yo gozaba con ellos no es fácil imaginarlo. Desde entonces me dio el corazón que aquellos dos seres tan gracioso y angelicales habían de juntarse, con el tiempo, en santa coyunda. (...) Verdad que desde entonces no hemos vuelto a verlos. (...)

        -Y Demetria, ¿tampoco ha vuelto a ver a don rodrigo desde que jugaban juntos y usted les hacía los Belenes?

        -No han vuelto a verse, no, señor.

        -¿Y se han enterado de que quieren ustedes casarla?

        -Se lo hemos dicho, naturalmente; y como es tan discreta y sesuda, nos ha contestado que agradecía mucho el interés que tomábamos por ella;que, en efecto, tiene noticia de las virtudes y méritos del señor don Rodrigo, y que accederá a ser su esposa, si, después de tratarle en esta edad del discernimiento le encuentra digno de concederle, con su mano, su corazón.

Benito Pérez Galdós.

Episodios Nacionales.

1. Contesta a las siguientes cuestiones:

2. Deduce algunos datos a partir del fragmento de Luchana.

3. ¿Quién tiene la última palabra respecto al matrimonio? ¿Crees que se trata de un matrimonio por amor? Justifica tu respuesta.

4. En este fragmento aparecen dos narradores. ¿Quiénes son? Localízalos en el texto.

5. El texto incorpora la descripción de Rodrigo y Demetria. Razona si son o no dos retratos.

6. Localiza en el texto expresiones que revelen que se trata de una conversación informal.

7. Las voces de los personajes que intervienen en el diálogo se presentan en estilo directo, pero en el fragmento hay también estilo indirecto. Explica en qué momentos se recurre a cada uno de estos procedimientos.

8. En el texto se observa el uso de algunos recursos expresivos:

9. Relaciona este pasaje con el Realismo y con la producción novelística de su autor:

LEOPOLDO ALAS CLARÍN.

La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el norte. En las calles no había más ruido que el rumor estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y papeles, que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera, de esquina en esquina, revolando y persiguiéndose, como mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues invisibles. Cual turbas de polluelos, aquellas migajas de la basura, aquellas sobras de todo, se juntaban en un montón, parábanse como dormidas un momento y brincaban de nuevo sobresaltadas, dispersándose, trepando unas por las paredes hasta los cristales temblorosos de los faroles, otras hasta los carteles de papel mal pegados a las esquinas, y había pluma que llegaba a un tercer piso, y arenilla que se incrustaba para días, o para años, en la vidriera de un escaparate, agarrada a un plomo.

Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, hacía la digestión del cocido y de la olla podrida, y descansaba oyendo entre sueños el monótono y familiar zumbido de la campana de coro, que retumbaba allá en lo alto de la esbelta torre en la Santa Basílica. La torre de la catedral, poema romántico de piedra, delicado himno de dulces líneas de belleza muda y perenne, era obra del siglo dieciséis, aunque antes comenzada, de estilo gótico, pero, cabe decir, moderado por un instinto de prudencia y armonía que modificaba las vulgares exageraciones de esa arquitectura. La vista no se fatigaba contemplando horas y horas aquel índice de piedra que señalaba al cielo; no era una de esas torres cuya aguja se quiebra de sutil, más flacas que esbeltas, amaneradas como señoritas cursis que aprietan demasiado el corsé; era maciza sin perder nada de su espiritual grandeza, y hasta sus segundos corredores, elegante balaustrada, subía como fuerte castillo, lanzándose desde allí en pirámide de ángulo gracioso, inimitable en sus medidas y proporciones. Como haz de músculos y nervios, la piedra, enroscándose en la piedra, trepaba a la altura, haciendo equilibrios de acróbata en el aire; y como prodigio de juegos malabares, en una punta de caliza se mantenía, cual imantada, una bola grande de bronce dorado, y encima otra más pequeña, y sobre ésta una cruz de hierro que acababa en pararrayos.

La Regenta.

Leopoldo Alas, Clarín.

1. Contextualización y tipología textual.

2. Tema y argumento.

3. Estructura.

4. El fragmento se compone de dos párrafos en los que inicialmente  el autor intenta transmitir una sensación de calma y apatía. ¿Cómo se expresa? ¿Qué figura retórica utiliza?

5. Localiza en el fragmento expresiones en las que aparezca el contraste entre la imponente torre de la basílica y el letargo de la sociedad que la envuelve.

6. Busca un sinónimo para cada una de las siguientes palabras: estridente, monótono, esbelto, perenne e inimitable.

7. El adjetivo “vetusta” significa “extemadamente viejo, anticuado”. El nombre de la ciudad en la que se desarrolla la obra es Vetusta. ¿Adviertes en el fragmento alguna razón por la que el autor haya elegido este nombre?

*Actividades extraídas de:

Lengua castellana y Literatura 4º ESO ( PROYECTO EXEDRA), Oxford, 2003.

Manual de comentarios de texto, McGrawHill, 2009.