Acción Católica Argentina

Diócesis Lomas de Zamora

Inter –Áreas

Espiritualidad

Agosto-Septiembre de 2016

“Conversión: ¡Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón, tiempo oportuno para cambiar de vida! ”

   Continuamos, como Acción Católica de Lomas de Zamora,  un camino en unidad de Espiritualidad Diocesana,  buscando vivir en plenitud este Santo año Jubilar para alcanzar juntos la Gracia, fruto de una renovación espiritual y profunda conversión de nuestro corazón.

   Contemplando las distintas realidades parroquiales, deseamos así, que todas las áreas puedan, reflexionar una misma temática espiritual.  

En Misericordiae Vultus se expresa:

   “Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad. La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. “Dios es Amor” este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Los signos que Él realiza…llevan consigo los distintivos de la misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión.”

Hoy meditaremos una nueva parábola: La de la oveja perdida, que nos revela el Amor por una sola oveja y la capacidad de hacer sacrificios por ella. Acudamos a Jesús!, Él vino a buscar las ovejas perdidas. Las ovejas no lo buscan, Él las busca. Él va en busca de cada uno de nosotros si nos desviamos de su camino.

Confiados en las palabras de Jesús dispongamos nuestro corazón para que el Espíritu Santo, nos ilumine con su Luz y nos encienda con su Amor en este camino de renovación espiritual y profunda conversión individual y comunitaria.

VER Y JUZGAR

Leyendo el relato de la parábola  veremos qué significa cada una de sus partes en su contexto, a la luz de la Palabra y el Magisterio de la Iglesia.

La oveja perdida

Del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-10

En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este recibe a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola.

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¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense  conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido." Les digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión. «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: "Alégrense conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.  " Del mismo modo, les digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta». 

Palabra de Dios


  Jesucristo, una vez más, nos muestra cuál es la misión para la que se ha encarnado. No vino para ser adorado y servido por los hombres. No vino como un gran rey, como un poderoso emperador, ... sino que se hizo hombre como un simple pastor, un pastor nazareno. Se hizo pastor porque su misión es precisamente ésta: que no se pierda ninguna de sus ovejas. Jesús vino al mundo para redimir al hombre de sus pecados, para que tuviera la posibilidad de la salvación. Nosotros somos estas ovejas de las que habla la parábola, y nuestro Pastor, Jesucristo, irá en busca de cada uno de nosotros si nos desviamos de su camino.

  Él sale a nuestro encuentro, antes de que nosotros demos el primer paso hacia ÉL, Él nos ama primero, no porque seamos buenos o estemos arrepentidos, sino porque Él es bueno y nos ama como el pastor a sus ovejas, aun siendo pecadores, alejándonos de su lado, separándonos de Él, siempre nos va a dar la oportunidad de volver a su rebaño.

   El arrepentimiento y el esfuerzo del hombre no son los que obtienen el perdón de los pecados, sino el amor y el perdón incondicional de Dios, que producen el arrepentimiento y la conversión del hombre.

  Sólo Dios puede abrirnos los ojos. Tener conciencia del pecado es una gracia de Dios que hay que pedir ("Señor, haz que vea"). Uno no es cristiano por ser mejor que los demás sino por reconocerse pecador. El santo no es alguien que no tiene pecados, sino alguien que confiesa y pide perdón por sus pecados. Quien más se acerca a Dios más descubre sus pecados; los santos se consideraban muy pecadores. Pedro, frente a Jesús, cae de rodillas y le dice: "Aléjate de mí, que soy pecador"; pero Jesús no lo rechaza; por el contrario, lo invita a seguirlo.

   La misma frecuencia del sacramento no debe hacernos experimentar necesariamente que somos cada vez más buenos, sino que estamos cada vez más unidos a Cristo. Se trata de un camino de educación de la conciencia y de acercamiento a Dios, a pesar de nuestras faltas. Quien entienda realmente la belleza y la fuerza del sacramento terminará no viéndolo como un deber sino sintiéndolo como una necesidad.

Reflexionamos:

-¿Puedo hablar del Sacramento de la Reconciliación sin entender y asumir lo que significa "arrepentirse o convertirse y cambiar de vida"?

- Tengo en cuenta que lo esencial del Sacramento es “proclamar” (confesar) la infinita misericordia de Dios que siempre busca y perdona a los que se arrepienten?

- ¿Vivo la Reconciliación como un sacramento de dos? ¿Hay en ella dos protagonistas?  Dios que busca, perdona y yo que me arrepiento y busco convertirme?

-¿Vivencio el Sacramento como un proceso de conversión permanente en el que debo dejarme encontrar y conducir por el Buen Pastor?

-  Experimento en cada confesión una doble confesión, la del AMOR de Dios y de mi fragilidad, que no sólo me reconcilia con Él sino también con uno mismo y con los hermanos?

- ¿La confesión de mis pecados, solo relata lo que Dios ya conoce o muestra el alcance y profundidad de mi arrepentimiento?

-¿Si acudo al Sacramento de la Reconciliación, debe cambiar algo en mi vida?  ¿Es real mi compromiso de conversión en cada confesión?

- ¿Tengo conocimiento de que el Sacramento no sustituye mi conversión, sino que la celebra?

-¿Con cuánta frecuencia me dejo encontrar por el Buen  Pastor y acudo arrepentido a la confesión

para pedir y recibir el perdón por mis pecados?  ¿Es una necesidad?
- ¿Vivo el
Sacramento de la Reconciliación como una verdadera fiesta de encuentro con Dios?

-¿Estoy convencido de que cada día, y el último día, somos juzgados en el Amor?

ACTUAR: buscamos aplicarla a nuestra propia vida y la del grupo.

   

   Las "confesiones" del Evangelio terminan siempre con una fiesta. Éste debería ser el sacramento de la alegría. La Reconciliación debería ser un acontecimiento alegre como lo fue en la vida de Zaqueo, de Leví, etc... A ellos el encuentro con Cristo les cambió la vida. Cuando en la vida corriente dos personas se distancian y luego llegan a reconciliarse, experimentan la necesidad de festejar o celebrar el hecho del reencuentro. En consecuencia, es natural que un proceso de ruptura y reconciliación desemboque en la celebración de una fiesta. Así sucede con el hijo pródigo, con el pastor que recupera la oveja o la mujer que encuentra la moneda perdida.

En las tres parábolas de la misericordia, se habla de la inmensa alegría que hay en el cielo por el pecador que se convierte y del estremecimiento profundo del padre ante el hijo que regresa.

    Este pasaje del Evangelio también nos enseña que el buen cristiano debe ayudar a los pecadores a rectificar su vida y alegrarse cuando lo logren. Por eso Jesús pone en evidencia a estos fariseos y escribas, porque critican a Jesús por tratar con los pecadores para convertirlos. Cristo nos enseña aquí a no juzgar la vida de los demás. Es más provechoso acercarse al pecador y darle buen ejemplo que perder miserablemente el tiempo criticándole. Imitemos a Cristo también en esta faceta de carácter apostólico, y lancémonos a acercar a Cristo a aquellas personas que más lo necesitan.

. La Reconciliación es un don de Dios y, al mismo tiempo, una tarea exigente.

Reflexionamos:

ORACIÓN: 

Dios mío, gracias por cuidar de mí, por permitirme re descubrir  en estos momentos, lo mucho que me amas como Buen Pastor a su oveja.

Gracias, Padre mío, por darme a tu Hijo Jesucristo como pastor y guía de mi vida. No quiero tener otro ideal que alcanzar la santidad para gozar plenamente de Ti por toda la eternidad. Confío en tu misericordia, y en el auxilio de la gracia de tu Espíritu Santo, para purificarme y renovarme en el amor.

AMÉN

Alabado sea Jesucristo!!!

Fuentes:

  • Para reflexionar con los ASPIRANTES.

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La Alegría comunitaria del Encuentro

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Cuento: Las soguitas del cielo

(sobre el pecado y la misericordia de Dios)

     Una vez, en un encuentro de catequesis, Inés estaba explicando el texto del Evangelio de la parábola de la oveja perdida, que termina con la conocida frase: "hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan perdón".

     Uno de los chicos, asombrado, preguntó acerca de esa preferencia de Dios por los pecadores y recibió la siguiente explicación:

- Imagínate que todos los hombres estamos ligados a Dios por una cuerda que representa el amor que nos une. Cuando alguien peca, rompe ese amor, lo corta, y cuando se arrepiente y se reconcilia, es como si hiciera un nudito en esa cuerda. ¿Qué ocurre en la soga cuando la cortas y le haces un nudo? La distancia entre una punta y la otra se acorta. Pues eso mismo ocurre con los pecadores.

Es cierto que rompen la cuerda, pero, al reconciliarse quedan más cerca de Dios que antes. Quien tiene capacidad de pedir perdón manifiesta un amor enorme para recomponer lo que, por su debilidad, había roto.

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