XXVI ENCUENTRO NACIONAL DE LA RED DE EDUCACIÓN ALTERNATIVA

SEDE: ESCUELA TECELTICAN S.C.

XOCHIMILCO,   MÉXICO.

Enero de 2016

EL APRENDIZAJE Y LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA  COMO UN ESLABÓN DEL PROCESO DE FORMACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO.

Presenta:

Colectivo Pedagógico de Oaxaca

Introducción

La situación actual del país nos exige participar en la construcción de una sociedad más humana, más justa y solidaria, cuyos miembros sean conscientes de su intervención en la  historia, al conocer su pasado, las repercusiones de éste en el presente y  las posibilidades de un futuro mejor para la mayoría de seres humanos que hoy enfrentan situaciones límite: la desigualdad,  explotación, hambre, violencia y demás (Freire, 2010).

La educación es un pilar fundamental en esa transición anhelada,  una educación emancipadora, contrapuesta o alterna a los fines que el neoliberalismo económico le ha impuesto desde hace varias décadas, reduciéndola a una concepción propedéutica hacia la universidad (Zabala, 2010), que le imprime un carácter selectivo y limitante, puesto que se pretende capacitar prioritariamente al educando para insertarse en la vida económica, no para tomar consciencia de su ser y de su contribución a la historia que se escribe día a día.

De ahí la importancia de la enseñanza de la historia, no como hasta ahora ha sido, un relato, un conjunto de mitos que reducen este saber al aprendizaje de fechas, nombres, lugares y sucesos seleccionados por quienes gobiernan este país, sino una enseñanza que contribuya a la formación del pensamiento crítico y con éste una transformación de la conciencia y de la misma sociedad.

Esta tarea corresponde particularmente a la escuela  como institución formadora de personas y especialmente a los maestros, que dirigen este proceso de manera directa e intencionada, adecuando o fortaleciendo los planteamientos curriculares a las necesidades de los estudiantes.  

Atendiendo a la preocupación  surgida en la plenaria de la Red de Educación Alternativa, y coincidentemente en múltiples reflexiones que los maestros  hacen en torno a la enseñanza y el aprendizaje de la historia, por las dificultades que ésta presenta, nos permitimos como  colectivo entablar un diálogo para compartir nuestras experiencias, limitaciones  e inquietudes, a fin de poder contribuir con esta ponencia a la autoformación y al intercambio pedagógico con otros colectivos, proceso que seguramente nos fortalecerá profesionalmente.

En este trabajo, abordaremos primeramente algunas reflexiones sobre  la enseñanza y el aprendizaje de la historia desde la perspectiva oficial y la visión crítica; posteriormente presentamos algunas experiencias y propuestas para hacer del aprendizaje de  la Historia una herramienta para conocer la realidad e intervenir en su transformación, estableciendo el vínculo entre pasado, presente y futuro, y desarrollando una praxis congruente con la conformación de un pensamiento crítico en los participantes del proceso educativo.  

Concepción de la historia en el currículum escolar

El modelo económico neoliberal y globalizador, se manifiesta en la educación que plantea el currículum escolar en México, cuyos fines apuntan hacia el logro de los aprendizajes esperados y los estándares curriculares, como si los estudiantes fueran receptáculos de información o estuvieran en constante entrenamiento para ser eficientes en su desempeño en ambientes cambiantes.

Este tipo de educación ha dejado poco espacio para las ciencias sociales, entre ellas  la Historia, dando mayor relevancia a las asignaturas de Español, Inglés y Matemáticas. Esta es ya una primera limitante para el aprendizaje de la historia, pero existen otras mucho más profundas y preocupantes: el enfoque dice ser formativo, pero en la práctica no existe interés por cambiar la ideología inmersa en los contenidos de la asignatura escolar, puesto que se sigue enseñando la historia como historiografía, es decir, el registro e interpretación  de sucesos históricos aislados, que dan la apariencia de que la historia sólo se refiere al pasado  y que todo lo sucedido no tiene conexión con el presente ni mucho menos con el futuro.

El programa de estudio, en las tres etapas de educación básica (preescolar, primaria y secundaria) señala el desarrollo de tres competencias básicas: 1) Comprensión del tiempo y del espacio  históricos;  2) Manejo de información histórica y  3) Formación de una conciencia histórica para la convivencia. Pretende propiciar  el análisis de cuatro ámbitos: económico, político, social y cultural, en cada periodo de estudio (SEP, 2011).

En la práctica, estas intenciones se diluyen por varias razones, entre ellas pueden citarse:  la insistencia en la memoria histórica desde una sola óptica, la del Estado, con una fuerte tendencia occidental, que minimiza las aportaciones de las culturas originarias;  la percepción docente de la enseñanza de la historia, misma que incide también en el interés que muestran los educandos en el estudio de sus temáticas; y la forma de abordar un conocimiento que se piensa alejado de la realidad, de la vida cotidiana, con estrategias y recursos no aptos para el desarrollo cognitivo de los niños y adolescentes.

Ejemplos de la rutina en que se ha encallado el aprendizaje de la historia son  la resolución interminable de cuestionarios con respuestas cerradas, que sólo admiten el recuerdo de datos históricos. Otra  práctica muy difundida en las escuelas es  exaltación de personajes y sucesos en los homenajes escolares, como una tradición que poco ha cambiado; también se puede mencionar la elaboración de los periódicos murales donde únicamente se transcribe información de fuentes escritas.

En resumen, no existe una propuesta oficial que de realmente relevancia al aprendizaje y enseñanza de la historia como parte insustituible en la formación del pensamiento crítico, tampoco se han difundido propuestas procedentes de los docentes, resultado de su praxis, donde  hayan sistematizado la experiencia de aprender y enseñar historia con este propósito, por ello se hace indispensable su construcción conjunta, misma que se intenta hacer en el presente encuentro de los colectivos de la red.

Concepción alternativa de la historia

Encarar la historia desde un ángulo distinto del que ha predominado nos lleva a la utopía, pues, toda época sueña no sólo con la que le sigue, sino que soñando se aproxima a un despertar.

La idea de transformación y avance, exige la modificación de significados y el empleo que se debe hacer de ciertos instrumentos ideológicos, en tal caso, la historia. Puesto que, al ser también utilizada como elemento de dominación, termina siendo una simple historia oficial, sustento de la permanencia del actual sistema político y de la misma sociedad.

Por lo cual, es preciso plantear una concepción de la historia novedosa, crítica, significativa y comprometida con la emancipación de las sociedades, al confrontar el presente con el pasado y proyectar el futuro.

Esto conduce a rechazar el pasado oficial y retomar el pasado en sí, como recurso en apoyo a la crítica de los acontecimientos, sus relaciones y repercusiones, para darla a conocer, siendo que la historia atañe al movimiento de la sociedad a través del tiempo en un espacio también histórico. La historia no la hace un héroe, un gobernante, un personaje mitificado, así como tampoco es referida a un solo aspecto. Asumir a una historia que no sea relato, es ir más allá de la memorización y el recuerdo.

Fundamentalmente, se requiere integrar una conciencia razonada, que estimule la capacidad creadora de una nueva concepción de la historia, donde hombres y mujeres puedan construir nuevas realidades, teniendo ésta, el papel de experiencia y a la vez conciencia de horizontes, rebasando con ello los límites anecdóticos, narrativos y heroicos, que reducen al sujeto que está frente a ella, a un simple espectador, un receptor de algo  ya establecido  como verdad inmutable.

La historia crítica debe tener una visión dinámica, popular, masiva, completa hasta donde sea posible (Gallo, 2001).

Desde esta perspectiva, la historia puede verse como la acción de hombres y mujeres interrelacionados, que en conjunto, edifican cada día un espacio de vida en el que toman las decisiones para dirigir su futuro;  no  como hombres y mujeres interesados únicamente en aparecer en la historiografía. Dejando atrás la versión de que los  grandes héroes (Hidalgo, Morelos, Juárez, Zapata, Josefa Ortíz de Domínguez, entre otros), son los protagonistas de las luchas armadas, omitiendo así a los grandes movimientos de los pueblos, que no se reducen a gestas bélicas.

Así, una historia que se construye con la esperanza de algo desconocido, que represente un desafío para la superación de lo establecido, es la historia que implica la dialéctica teórico-práctico, es decir, valerse de lo teórico, de distintos enfoques; una búsqueda y utilización de nuevas fuentes en la realidad histórica, en el acontecer de los movimientos populares, en el accionar de los pueblos frente a sus problemas o circunstancias diversas y con respecto a lo práctico, crear a partir de lo anterior las condiciones en vías de mejorar y modificar la realidad que es dialéctica, no un continuum.

Desde este punto, la historia servirá a la sociedad, en oposición a la historia que se sirve a la sociedad, porque implica romper los esquemas y las versiones ritualizadas del pasado, de la historia oficial que se imparte en las instituciones educativas; esto conllevará también a modificar las relaciones de tratamiento de la historia en el proceso educativo, pasando de la narración de acontecimientos a la problematización de los procesos sociales.

Propuestas para desarrollar una enseñanza y un aprendizaje crítico de la Historia

Los planteamientos que presentamos como resultado de la experiencia, de la reflexión y análisis del estado que guarda actualmente la enseñanza de la historia, no pretenden ser novedosos, pero sí necesarios para intentar un cambio en los procesos y los resultados de esta área del saber humano, que es también praxis, al ser partícipes todos de su devenir.

1. La historia no puede circunscribirse a una asignatura escolar, debe estar presente en cada temática de estudio hasta donde sea posible. Así, en cada proyecto o planeación globalizada  debe abordarse los procesos de cambio que tiene cada objeto de estudio; por ejemplo, si se ve el tema del agua, también tiene que verse cómo ha venido cambiando su distribución en el planeta, sus estados físicos, los usos que el hombre le da, las actuales consecuencias en la economía familiar y en los demás ámbitos de la sociedad. La finalidad es favorecer el desarrollo de la noción de temporalidad y de los procesos de cambio, así como la reflexión, el análisis y las propuestas de participación de los sujetos en la generación de las transformaciones futuras.

2. Debe impulsarse el aprendizaje de la historia, acercando a los estudiantes al pasado, mediante entrevistas a personas mayores de la comunidad, visita a sitios antiguos, recorrido por lugares históricos, museos, archivos, fotografías, presentación de objetos y otros, para generar el interés en las temáticas a desarrollar y a la vez, reconocer la presencia del pasado en las personas y el ambiente cultural. Esto implica partir siempre de lo más próximo a los educandos, su persona, familia, escuela, comunidad y entidad, relacionando cualquier suceso o proceso histórico con la vida de las localidades, del país y del mundo.

4.- Promover el análisis de las causas y consecuencias de todo hecho histórico, a través de asambleas, paneles, debates y otras dinámicas.

5.- Incluir al género femenino y al pueblo en los procesos históricos, es decir, buscar información que dé cuenta de su participación en ellos, por ejemplo, documentales, murales, canciones, cuentos, novelas y otras producciones, no sólo textos académicos, ni mucho menos, el libro de texto como único referente.

6.- Favorecer la consulta de diversos autores que traten sobre un mismo tema, para contar con  elementos de  análisis, apoyándose en ejes o en preguntas abiertas que den pie a  la formación de un pensamiento crítico. Es importante que los estudiantes participen en la búsqueda de la información, con el apoyo del profesor y de otros adultos; esto permite también cierta autonomía y la actitud de cuestionamiento a la realidad, necesaria no sólo  en el aprendizaje de la historia.

7.- Atendiendo a la necesidad cognitiva de los educandos, es congruente el uso de materiales concretos, tales como: líneas del tiempo,  mapas mentales,  matrices, periódicos murales,  diarios actuales, juegos didácticos (rompecabezas, dominó, memorama, entre otros), representaciones teatrales, maquetas y otros.

Conclusiones

Es preciso que la escuela y los maestros den a la historia su justa dimensión, reconociéndola como una praxis, como memoria colectiva de los pueblos, como un elemento cognitivo que forja esquemas de pensamiento y como herramienta  para formar  la conciencia del ser humano.

No es posible seguir reproduciendo prácticas de enseñanza que conduzcan a los educandos hacia la aceptación de un futuro predeterminado, en el que no se tiene oportunidad de participar, precisamente porque no se conoce la historia.

En este sentido, es de suma importancia la sistematización de nuestras prácticas, para su reflexión, análisis y replanteamiento, no solo en historia, también en otras áreas del saber que definitivamente tienen relación entre sí.

El camino es largo y escabroso, sin embargo es necesario recorrerlo si queremos contribuir a formar personas críticas y participativas, que en un futuro próximo impulsen cambios en nuestra sociedad.

Bibliografía

Gallo, M. A. (2001) Qué es la historia. México: Quinto sol.

Freire, P. (2010). Pedagogía del Oprimido. Capítulo III. México: Siglo XXI.

SEP, (2011). Plan y programas de estudio 2011. México: SEP.

Zabala, A. (2010). Enfoque globalizador y pensamiento complejo. Barcelona: Graó.