8 de enero de 2009, el día que cambio mi vida.

CAPITULO 1. ACCIDENTE.

Todo empezó una muy fría mañana de enero, a las 05:15 horas me dirijo a coger el autobús, que me lleva a trabajar, a una factoría de fabricación de motores de automóvil.

Llega el autobús, al entrar saludo a mis compañeros, me siento, hasta llegar a la fábrica voy medio dormido, al igual que me mis compañeros.

Entro en la factoría, ficho, e inmediatamente voy al vestuario, me pongo la indumentaria de trabajo, para ir al taller de mantenimiento de cigüeñales-volante, así recibo las novedades de los compañeros del turno de noche, nos cuentan que maquinas están paradas, en que líneas, y como van las reparaciones.

Una de las maquinas que esta parada, y es más urgente su reparación, es la operación 80 de la línea 2 de cigüeñales, conocida como TBT. Concretamente falla la estación 121, que es un bridaje, para amarrar el cigüeñal, y poder avellanar los taladros de engrase del cigüeñal, estos taladros que lleva el cigüeñal, son para que circule el aceite por ellos, evitando que se gripe, se avellanan, para que los casquillos que lleven la biela, no se dañen, con el giro del cigüeñal.

Cogemos el carro de herramientas, junto con mis compañeros Jose y Nacho, vamos al lugar de la avería. Hablamos con Alvaro y Javi, operario de máquina y jefe de unidad de la línea de mecanizado respectivamente.


Nos enseñan a pie de máquina, lo que sucede. Empezamos a reparar, terminamos tras una hora y media aproximadamente.

Queda verificar si ahora funciona correctamente. La única forma que tenemos de verlo, es quedarse dentro de la máquina, comprobando que el bridaje funciona como debe.

Para haceros una idea de cómo es esta máquina, es más grande que un vagón de tren, por dentro está llena de cabezales de taladrado, que bajan accionados por unos cilindros, para poder taladrar los cigüeñales. Para ir avanzando las piezas lleva un transfert, accionado por dos grandes cilindros hidráulicos.

Puenteamos la puerta de seguridad, con un enclavamiento, práctica habitual en operaciones de mantenimiento, para que la máquina pueda funcionar. Me meto dentro de la máquina, en la estación 121, lugar donde hemos efectuado la reparación. Mientras mis dos compañeros esperan fuera.

Damos marcha a la máquina, el aceite de corte-refrigeración comienza a salir, los cabezales comienzan a bajar, el transfert a avanzar, es decir a realizar su ciclo de trabajo.

En el momento que empieza a avanzar el transfert, no sé si me resbalé, me dio un mareo, o que me paso, el caso es que me caigo, dentro de la canaleta de arrastre de viruta, que está en la parte de debajo de la máquina.

En esos momentos de angustia, creo que fueron decimas de segundo, vi pasar toda mi vida en imágenes, con el cuerpo por encima de la cintura, metido dentro de la máquina, con el transfert en movimiento.

Reaccione rápidamente, el instinto de supervivencia, el miedo, los nervios, me ayudaron a moverme veloz, por fortuna pude sacar el cuerpo de aquel monstruo, que me quería engullir.

Por desgracia me faltaron unas decimas de segundo mas, para poder sacar el pie izquierdo, con lo cual el transfert me atrapo la puntera de la bota de seguridad, contra un tope fijo de la máquina.

Oí como me rompía todos los huesos del pie y tobillo, miré mi pierna, vi que le faltaba el pie. Situación difícil, ves la muerte muy, muy de cerca. Solo piensas en sobrevivir como sea.

En esos momentos no sientes dolor, lo único que hice fue gritar, para que parasen la maquina. Solo quería salir de aquel infierno. Hasta que se detuvo, fue un calvario, que nunca olvidare.

Salí como pude a la pata coja, bañado en aceite. Momentos de confusión, gritos, nervios, gente corriendo. Yo lo único que veía era mi pierna sangrando, el miedo se apodero de mi, temía morir desangrado.

Rápidamente Jose mi compañero mecánico, me coge en hombros, igual que los toreros cuando salen por la puerta grande, en mi caso todo lo contrario, me toco salir por la puerta de atrás. Me lleva al Servicio Médico, afortunadamente estamos cerca, ya que me voy golpeando con la cabeza en todas las puertas.


Nada más llegar me tumban en una camilla, rápidamente me hacen un torniquete, consiguen cortarme la hemorragia, me ponen una vía, para introducirme calmantes para el dolor. Aunque en esos momentos no tengo dolor físico, sólo me duele el alma, ya que veo, que el daño va a ser irreparable. Me he jodido la vida con 34 años.

Hacía las 9:00 horas, momento muy, muy duro, llamo por teléfono a mi mujer, para decirle que he tenido un accidente muy grave, en el cual he perdido un pie. El médico de la empresa, me dice, que le comente que es sólo un poco aplastado, por desgracia había visto que en mi pierna faltaba el pie, así que la vuelvo a repetir, he perdido el pie, me llevan al Hospital Clínico ahora mismo.

Acto seguido me montan en la ambulancia de la empresa, la noche anterior había nevado, así que hacía mucho frío, empiezo a tiritar, no hay manera de entrar en calor, me ponen hasta tres mantas, sigo tiritando.

Antes de salir hacía el hospital, recuerdo que mi compañero Nacho me dio un fuerte abrazo, me dijo, ánimo que eres un tío duro y valiente. Pero en esos momentos de valiente tenía poco, estaba totalmente hundido, con un problema muy grande, de difícil solución.

Conmigo viajan dos médicos de la empresa, Javi mi jefe de unidad, mas el conductor de la ambulancia, que también es compañero, recién recolocado a conductor de ambulancia, dentro de la empresa.

El conductor nervioso como un flan, era su primer viaje con la ambulancia, meses más tarde me decía, menudo debut he tenido. Recuerdo que no sabía por dónde debía ir al hospital, un trayecto de apenas 12 kilómetros, seguro que en circunstancias normales, lo habría recorrido con los ojos cerrados, pero ese día no pudo ser. Una de las doctoras le decía por donde debía ir, mientras tanto Javi iba accionando la sirena, a parte la carretera tenía nieve, con lo cual era otra dificultad añadida.

CAPITULO 2. HOSPITAL CLINICO.

No sé lo que tardaríamos en llegar, a mi me pareció el viaje más largo de mi vida, aparte de ir tiritando como un perro pequeño.

Por fin llegamos al Hospital Clínico, empiezan a bajarme de la ambulancia, el conductor sigue muy nervioso, así que no se da cuenta que llevo una bolsa de calmante, que va enganchada en el techo, menos mal que me di cuenta, de lo contario, me arranca la vía del brazo.

Mi mujer está allí esperando. Un alivio para mí, me anima, me da la mano, parece que así es menor el dolor.

Me meten en un box de urgencias, llegan todos los traumatólogos del hospital, para ver y evaluar el tipo de lesión que tengo. Momentos de revuelo, toma de decisiones.

En este momento, me dice un médico, pide lo que quieras, que no te duela ni una pestaña, no sufras a lo tonto.


Me quitan toda la ropa, ya que estoy lleno de aceite, todavía tenía puesto en los oídos los tapones anti-ruido, me los quito, los dejo allí en la camilla, cuando los ve una enfermera, como no sabía lo que era y de donde habían salido, flipaba, hasta que le dije lo que eran.

Mientras tanto, oía decir a los médicos, ponle tanto de no sé que, tanto de no sé cual, así que pensaba, si que tengo que estar jodido para que me pongan todas estas cosas.

A los pocos minutos, llega un gran mazazo, aunque me lo esperaba, parece que tienes una pequeña esperanza, de que el problema se solucione de otra manera. Siendo reacio a creerlo hasta que no te lo confirman.

Me dice el traumatólogo. “Lo siento chaval has perdido el pie para siempre, no se puede implantar, reunido el equipo médico junto con tu mujer, vas a entrar ahora mismo a quirófano, trataremos de salvar, la mayor parte de la pierna que podamos”.

Entro en el quirófano, me ponen la epidural, con todos los calmantes que me han puesto, estoy adormecido, pero de vez en cuando oía como me cortaban algún hueso, no puedo evitar que las lágrimas salgan de mis ojos, dando muchas vueltas a la cabeza, de lo que me había pasado, aunque eso ya no tenía solución.

Tras una larga operación de más de 5 horas, paso a una sala de recuperación, minutos muy tristes y duros, ya que estas allí sólo, no sabes donde estas ni como estas, ni hasta cuando, ni nada. Pasados esos eternos minutos, me llevan a planta, donde está tu gente querida: mujer padres, suegros, hermanos, cuñados. Por lo menos unos momentos, donde parece que te relajas un poco.

Aunque poco dura la alegría en la casa del pobre, a los pocos minutos aparece el traumatólogo que me ha operado, me dice. ”Te he podido conservar la piel del talón, para que puedas tener un muñón más fuerte, pero no te hagas muchas ilusiones, ya que tenias esa piel muy deteriorada, no sé como quedara, quizá se te necrose, entonces tendré que amputarte más arriba, aparte de que estabas lleno de aceite, puede que cojas alguna infección. Hay que esperar a ver como evolucionas, te voy a hacer una férula con yeso, para proteger la herida, no muevas la pierna. Trata de descansar y estar tranquilo”.

Con toda la tensión acumulada, era difícil descansar, creo que todavía no me creía lo que me había pasado, no lo había asimilado, me parecía que estaba dormido teniendo una pesadilla. Esa misma tarde recibo mil visitas de familiares y amigos.

Primera noche de hospital, acompañado de mi mujer, no había estado nunca ingresado en un hospital, y ahora parecía que iba estar una larga temporada. En la habitación hace mucho calor, a ratos consigo dormir algo. Cada cierto tiempo, me ponen calmantes para combatir el dolor, creo que todavía me dura el efecto de la anestesia, con lo que no paso mala noche.

A las 7 de la mañana, entran a mirarme la tensión y la fiebre, parece que todo está bien. Al poco rato llega el traumatólogo, para hacerme la cura de la herida, me dice. “De momento tiene buena pinta, pero hay que seguir esperando, para ver como evoluciona”.


A mí mujer le dice. “Vete a casa y descansa, que esto va a ser muy largo, y tendrás que estar muchos días aquí”.

Entre tanto recibo muchas visitas, todos tratan de animarme. Lo cual es de agradecer.

La segunda noche en el hospital, me acompaña mi madre, esta fue una noche muy dura, llevo todo el día con muchos dolores, que no consiguen calmar, me están poniendo morfina, no me pueden poner más, ya que hay riesgo de sobredosis. De vez en cuando me miran las pupilas, con eso ven si me pueden poner más.

Esa noche lo paso muy mal, los dolores eran insoportables, no pego ojo en toda la noche, veo como cae una buena nevada esa noche sobre Valladolid. Estoy bastante jodido.

Ya es sábado, el traumatólogo esta de descanso, aún y todo, pasa a verme, para ver como evoluciono. Me dice lo mismo, parece que va bien, pero calma.

Durante el fin de semana, muchas visitas, todos me animan, y hacen que las largas horas de hospital, se lleven mejor.

Llega el lunes, pasa el traumatólogo, todo sigue bien, también ha ido a hablar con el técnico ortopeda, para comentarle el tipo de amputación que tengo, así poder ir estudiando el tipo de prótesis más adecuado para mí.

Sigo pasando muy malas noches, los dolores son muy fuertes, la morfina no puede con ellos.

El martes a las 8 de la mañana llega el traumatólogo, me quita la férula y el vendaje, para ver cómo evoluciona la herida. Buenas noticias, va todo bien, parece que no hay riesgo de que se necrose. Ingrese el jueves en el hospital, ya es martes, no he tenido una sola decima de fiebre. Así que decide darme el alta, para que siga con la recuperación en mi casa.

No me lo podía creer, me había dicho que iba a estar unos meses en el hospital, en esto tuve suerte y al cuarto día me voy para casa. Me dice el traumatólogo. “Tú no tienes venas, tienes tuberías, es increíble que evolucione tan favorablemente la herida”. Según me decía, el ser una persona deportista y no fumadora, ha contribuido muchísimo a que vaya tan bien.

A lo largo de la mañana, me dan el informe de alta, para poder irme a casa. Me recoge la ambulancia de la fábrica, con la ayuda de una silla de ruedas, me llevan hasta mi domicilio.

CAPITULO 3. RECUPERACION EN MI DOMICILIO.

Al llegar a mi casa, cuando veo a Vega mi hija, me derrumbo, no puedo contener las lágrimas. Creo que hasta ese momento no me había dado cuenta de la que tenía encima.

Los primeros días de recuperación en casa, mi vida consistía, en estar tumbado, ya que tenía que tener la pierna inmovilizada, el mayor tiempo posible. Pasaba las noches prácticamente en vela, sudando la gota gorda, no lo podía controlar, el rato que conseguía dormir, soñaba con el accidente, me despertaba sobresaltado, sin saber donde estaba.

Fueron días, meses, muy, muy largos, apenas comía no tenía apetito, una gran tristeza y depresión, me había invadido para quedarse.


Con el paso de los días, me quitaron los puntos de la herida, felizmente ya no había riesgo de que se necrosara, la amputación más arriba estaba descartada. Estos días tan malos que pasé, jamás los podré olvidar.

Salía a pasear casi todos los días, ayudado de una silla de ruedas, esto por lo menos me daba algo de oxigeno, al sentir el aire en mi cara.

CAPITULO 4. PROTESIS.

Uno de los días que voy a consulta del traumatólogo, me comenta, que ya puedo pedir cita en la ortopedia, que él me ha aconsejado, para que me tomen medidas, así poner en marcha la fabricación de la prótesis, para poder caminar.

Llamo para pedir cita, estaba muy contento, en unos meses tendría la prótesis, podría volver a aprender a caminar, y poco a poco ir recuperándome.

Llego a la ortopedia con mi mujer, nos llevan a un despacho para reunirnos con el técnico ortopeda “por llamarle de alguna manera”. Lo primero que me dice “tienes buenos amigos, me han llamado muchos de ellos, para que te haga una buena prótesis”.

Cuál es mi sorpresa, me dice el fulano, “pero para tu desgracia, eso no va a poder ser, tu esta amputado, es lo que hay, asúmelo, no vas aquedar bien, ya que eso es imposible. Aparte si quedarías bien, tendría una cola de clientes que doblaría la esquina”.

Estaba flipando, no podía creer lo que estaba escuchando, al igual que mi mujer, nos miramos los dos con cara de asombro, no sabíamos que hacer.

El fulano sigue soltándome barbaridades como. ”Tú no eres Irene Villa, ni Oscar Pistorius, que estas personas tienen un equipo de técnicos, solo para ellos, y eso tú no te lo puedes pagar”. Por lo visto el poder volver a caminar, se va a convertir en un artículo de lujo para mí.

Me estaba encendiendo el personaje este, tuvo suerte, que por aquel entonces, no tenía ni ganas de discutir.

Le pregunto, ¿en bici podré volver a montar?, ya que es el deporte que llevo practicando desde la infancia. Me contesta el personaje.”De la bici olvídate para siempre, si puedes volver a caminar sin ayuda de muletas, date por satisfecho”.

Salgo de la ortopedia totalmente hundido desesperado desanimado, etc..., al igual que mi mujer.

Fue tan grande la decepción, que decidimos ir a Madrid, a pedir otra opinión. Una mañana temprano, nos vamos en AVE. En esta ortopedia, no me lo pintan tan mal, parece que me animo un poco.

El problema de este viaje, fue que al estar tan débil, lo pase fatal, todo el camino mareado vomitando, tanto al ir como al venir. Lo cual no quería volver a repetirlo, así que pese a la mala impresión que me lleve de la ortopedia de mi ciudad, decido hacérmela allí, para evitar desplazamientos. UNO DE LOS MAYORES ERRORES QUE HE COMETIDO EN MI VIDA.


Vuelvo a la ortopedia de mi ciudad, para que empiecen con el proceso necesario, para la adaptación de la prótesis.

Comienzan de nuevo días muy duros, para ir modelando el muñón, me mandan vendarme la pierna a diario, durante las 24 horas del día, con una venda compresiva, era tal la presión que me hacía, que no la soportaba, fue uno de los procesos que más me hizo sufrir. Pero no quedaba otra que aguantar como fuese. Cuanto antes estuviera el muñón bien, antes tendría la prótesis.

CAPITULO 5. REHABILITACION.

Mientras tanto, había comenzado con el periodo de rehabilitación, debía recuperar masa muscular, así como trabajar el muñón y la cicatriz, para no perder sensibilidad en el muñón, y que la cicatriz quedase bien, ya que ambas cosas son vitales para un amputado.

En este momento, para mí todos los días eran prácticamente iguales, empezaba la rehabilitación a las 9:00 horas, hasta las 12:30 horas, duras horas de rehabilitación, muchos dolores al trabajar sobre la cicatriz y el muñón. Solo pensaba, que en unas semanas, tendría la prótesis acabada, para olvidarme de las muletas.

Si me mandaban hacer 15 minutos de pesas, hacía más del doble. Las corrientes que me ponían para estimular los cuádriceps aguantaba hasta el punto casi de darme descargas inaguantables, pero solo pensaba en caminar lo antes posible. Al final de la jornada de rehabilitación, terminaba extenuado.

CAPITULO 6. VISITA INSPECCION DE TRABAJO.

Cuando estaba inmerso en el proceso de rehabilitación, un día recibo una llamada de la inspección de trabajo, querían reunirse conmigo, para que les contara mi versión, de cómo sucedió el accidente.

Me dan la opción de venir ellos a mi casa, en vez de desplazarme yo, lo cual acepto gustoso. A los dos días, tal como quedamos se presentan en mi casa, este día amaneció con mucha niebla y frío, como si presagiase que iba a ser un día poco agradable para mí.

Tal como quedamos, a las 11 de la mañana llaman al timbre de mi casa. Son los inspectores de trabajo, un hombre y una mujer, con semblante serio, de los que imponen respeto. Se presentan, sin más dilación, me dicen que cuente mi versión del accidente. Cosa que hago con pelos y señales, cosa no muy agradable para mí. Por supuesto siempre con la verdad por delante.

Toman nota de mi versión, para emitir su informe, aparte de mi testimonio, tienen el de mis dos compañeros, el de la empresa, mas el suyo propio, ya que han estado varios días en el lugar del accidente, para sacar sus conclusiones.

Mientras tanto, seguía con mi rutina de rehabilitación, con el único pensamiento de volver a caminar lo antes posible.


De vez en cuando recibía visitas en mi domicilio de mis superiores al más alto nivel jerárquico. Sus palabras siempre eran las mismas, “Tranquilo recupérate, lo antes y mejor posible, de lo demás olvídate, que no vas a tener problemas en ningún sentido”.

Paradojas de la vida, a los pocos días de hablar con los inspectores de trabajo, recibo una carta de la inspección de trabajo. Cuál es mi sorpresa al leer dicha carta, de muchos folios, relatando como ha sido el accidente, pero la empresa decía que yo era el único responsable, menudos impresentables, y con poca palabra, dicen una cosa y hacen otra. “Alegan que me salte todos los procedimientos de seguridad, que no pedí permiso a mis superiores para acceder a la máquina, aparte de un exceso de confianza en la realización de mi trabajo”.

Vamos que se querían lavar las manos y la imagen de empresa, así que como os podéis imaginar mi cabreo era enorme, sobre todo lo que más me dolió, es que me habían engañado y traicionado. Cuando yo siempre he ido de buena fe, con la verdad por delante.

Por lo visto a la empresa le importo un pimiento, sólo quería salvar su nombre, lo demás me demostraron que no les importaba, simplemente era el número 29.819, no una persona.

Al terminar de leer la carta, acto seguido llamo a mi jefe, le cuento lo que pone en la carta, me dice que lo va a consultar con dirección. Al poco rato me llama, diciéndome que esté tranquilo, que es simplemente burocracia.

No me quedo tranquilo con la respuesta aportada, junto con mi mujer, decidimos ponernos en contacto con un abogado, para estudiar el tema.

Tuve la gran suerte de dar con un gran abogado, muy profesional, en primer lugar, me pide la denuncia del hospital, ya que al ser un accidente laboral, debe cursar una denuncia y enviarla al juzgado, para que tengan conocimiento de los hechos. Cosa que yo desconocía totalmente.

Acudo al hospital, a solicitar copia dicha denuncia, me comunican que tal denuncia no existe, ante lo cual no doy crédito, la razón que me exponen, es que como entre por urgencias, el personal de planta, pensaba que la denuncia la habían hecho en urgencias, y los de urgencias dicen, que pensaban que la habían hecho en planta.

El caso es que no existe denuncia, lo cual me da mucho que pensar, aquí hay gato encerrado, lo que está claro, que esto no es normal que ocurra. A día de hoy sigo pensando mal, apostaría de que se quien es el culpable de que no se cursara la denuncia. En fin....

Solicito reunirme con los abogados de la empresa, me citan dos días después. La reunión tiene lugar en el Servicio Médico, a la cual acudo con mi abogado. Hablan los abogados de la empresa, pienso que todo lo que están diciendo es mentira, con lo cual no estoy de acuerdo. La discusión está montada, mi abogado me recomienda que no hable, pero no puedo reprimirme, es imposible, con lo que estoy escuchando. Quieren dejar las cosas como ellos dicen, a lo cual me niego en rotundo, no son como ellos dicen. Para dar por finalizada la reunión, me dicen. “Nuestra empresa jamás se ha sentado en el banquillo”. A lo cual responde


mi abogado. ”Tenéis suerte de que el hospital, no hizo denuncia, de lo contrario otro gallo cantaría”.

No contento con el resultado de esta reunión, pido una cita con el director de la Factoría de Motores, para tratar de aclarar todo. Me recibe, lo primero que me dice nada más entrar.”Ya sabes que por normativa de la empresa, está prohibido entrar en máquinas en marcha”. Vaya puñalada me pega, si no me agarran, no sé que hubiese pasado. Así no vamos a ningún lado, me levanto y me voy.

Jamás había recibido un curso de formación, donde nos indicase la forma de actuar, para este tipo de reparaciones. Es más el poner los enclavamientos, para puentear las seguridades, estaba a la orden del día, totalmente permitido por todos los mandos, incluido el director de la factoría. La única putada de esto, es que el perjudicado he sido yo, mientras ellos siguen con su vida normal.

A medida que pasan los días sigo recibiendo más cartas de la inspección de trabajo, la empresa sigue sin bajarse del burro, yo tampoco lógicamente. Me daban siempre la misma respuesta, son meros tramites que realiza el servicio jurídico que tiene la empresa en Madrid.

Me llevaban los demonios, cada vez que me reunía con la empresa, no escuchaba más que mentiras, lo único que conseguían era enfadarme, discutir con ellos, y eso que mi abogado, no me dejaba abrir la boca, pero como he dicho antes, no podía aguantar esas mentiras, de gente que no conocía la forma de trabajar de los talleres.

Cada día estaba más hundido y molesto, viendo el discurrir del tema administrativo- burocrático del accidente.

CAPITULO 7. POR FIN ME ENTREGAN LA PRIMERA PROTESIS.

Van pasando los días, sigo con mi rutina, rehabilitación, descansar, cuando el tiempo lo permite, pasear con mi familia, con ayuda de las muletas, que se han convertido en parte de mi cuerpo.

Un día antes de la Semana Santa del 2009, recibo una llamada de la ortopedia. “Esta tarde pásate a por la prótesis, que está acabada”.

Estoy súper ilusionado, acudo a la hora acordada, con la zapatilla del pie izquierdo en la mochila. Nada más entrar a la ortopedia, me llevan a una sala llena de espejos, en la cual hay una mesa, y unas barras paralelas. Encima de dicha mesa veo una prótesis, pienso para mis adentros, esta no será la mía, parecía la pierna de un elefante. Mientras tanto llega el ortopeda, me dice. “Aquí tienes tú prótesis”. Ostras no puede ser, tierra trágame, se me vino el mundo encima.

Me pide la zapatilla del pie izquierdo, para ponerla en la prótesis, se la entrego, empieza aponerla, no lo consigue, hasta que se da cuenta, que yo uso un 40, pero el pie que ha puesto es un 41, ya no hay marcha atrás, la mete a presión como puede, mal empezamos, pero en fin, si salgo caminando, no hay problema.


Acto seguido, me dice.”Quítate la venda compresiva, ponte el liner de silicona la prótesis, y comienza a caminar”. Yo pensaba mira que bien, que voy a salir caminando de aquí, sin ayuda de las muletas.

Hago lo que me dice, me pongo el liner de silicona, veo que la cosa no va bien, ya que no se ajusta bien a mi muñón y pierna, me estaba muy grande, a continuación me pongo la prótesis, me pasa lo mismo, caben dos piernas como la mía, cosa que es lógica, desde que me tomo medidas, hasta que me entrego la prótesis han pasado más de dos meses.

Una vez colocada la prótesis, que no me ajusta y se me mueve, me dice. “Ponte de pie, comienza a caminar”. Cosa que intento, pero lógicamente no consigo, ya que esa prótesis no era la adecuada para mí. Acto seguido me empieza a chillar, ya que no consigo caminar, lo cual me pone muy nervioso, comenzamos a discutir, me marcho todo desmoralizado para casa.

CAPITULO 8. NUEVA PROTESIS.

Conclusión llevo puesta una prótesis, pero sólo me sirve de adorno, ya que sigo caminando con la ayuda de las muletas. Lejos de conformarme con esta situación, empiezo a indagar en internet sobre ortopedias, doy con una en Barcelona, que parece que trabajan bien. Contacto con ellos, lo que me cuentan y la solución que me dan, me parece bien, así que pido una cita, para que me conozcan y estudien mi caso.

Acudo a Barcelona el 23-4-09, acompañado de mi mujer, un día largo, ya que salimos a las 4 de la mañana de casa, para ir en coche hasta el aeropuerto de Madrid, allí cogemos un avión hasta Barcelona.

Llegamos a la ortopedia, valoran mi caso, me dicen que no hay ningún problema de que pueda volver a caminar sin muletas, montar en bici, y lo que me proponga. A parte de que el trato es excepcional. Salimos muy contentos de la consulta, vemos que hay esperanza, de que el tema se vaya solucionando.

Nos queda un largo viaje de vuelta, avión hasta Madrid mas coche hasta casa. Una odisea de viaje, sobre todo para subir al avión con las muletas.

Como no había mucho que pensar, con la prótesis actual no puedo caminar, así que decido hacerme una nueva en Barcelona. Me comentan que primero, debo acudir 1 semana a la ortopedia, me fabrican un encaje de chequeo, me vuelvo a casa con la prótesis de chequeo, para probarlo unas tres semanas, así vemos donde me molesta o que se puede mejorar. Para luego volver para que me fabriquen el definitivo.

Estaba muy contento, ya que la cosa iba bien, aunque fueron días muy duros, había momentos que me desmoralizaba, surgían molestias en la pierna, algunas difíciles de corregir. Muchas horas de soledad, en las que el tiempo no pasaba.

Afortunadamente todo salió bien, pude volver a casa con las muletas en la maleta. Recuerdo que cuando llegue a casa, llame al timbre, entre caminando, mi mujer y mi hija flipaban, no se lo podían creer, de cómo me marche, a como regrese, no había color.


Al día siguiente de regresar de Barcelona con la prótesis nueva, junto con mi mujer doy mi primer paseo en bici, después de muchos meses de inactividad. Con la BTT fuimos hasta el pantano de Encinas de Esgueva, apenas eran 12 kilómetros, tardamos más de horas en hacer este recorrido. No me lo podía creer, estaba comenzando a volver a mi deporte. Unos días atrás esto era impensable.

CAPITULO 9. VOLVER A APRENDER A CAMINAR.

Mientras tanto, seguía con la rehabilitación en Valladolid. Pasadas tres semanas desde que llevo el encaje de chequeo, vuelvo a Barcelona, para que me fabriquen el encaje definitivo. Tengo que estar otra semana allí, esta semana la aprovecho para aprender de nuevo a caminar, al estar tanto tiempo sin caminar, parece que se te olvida, aparte al estar amputado debes caminar de otra forma, sobre todo en determinados terrenos.

Gemma una fisioterapeuta especializada en amputados, me enseña, fueron días duros, practicar los ejercicios durante muchas horas en soledad, pero gracias a ella, pude volver a caminar con cierta normalidad. Me decía que mi fortaleza física y mental, me ayudo en gran cantidad a recuperarme tan pronto.

CAPITULO 10. OPERACIONES MUÑON.

Tengo muchos problemas con el muñón, el dolor y los calambres son insoportables. No hay manera de que desaparezcan, con la medicación lo único que he conseguido es estar todo el día en punto muerto. Deciden hacerme una operación en el Hospital Sagrado Corazón para anularme los nervios del muñón, así se supone que los problemas se acabarían.

Esta operación es una de las cosas más dolorosas que me han hecho, me hacen unas incisiones en cada uno de los tres nervios que llegan al muñón. A continuación te meten una gran aguja, que cuando llega al nervio, te quieres morir del dolor. Todo esto te lo hacen sin anestesia. Una vez localizado el nervio con la aguja, te meten un gas, que con esto se supone que el nervio queda K.O., esto te lo hacen en las tres terminaciones nerviosas que tengo en el muñón.

Por desgracia para mi, los nervios se me regeneran, al poco tiempo vuelvo a estar igual, esta operación me la realizan tres veces con igual resultado, por lo que opte por no volver a pasar por quirófano para esto, prefiero aguantar los dolores diarios, que al final convives con ellos.

CAPITULO 11. INCAPACIDAD PERMANENTE. MINUSVALIA.

Como ya tengo la prótesis nueva, puedo volver a caminar “con cierta normalidad”, me llaman del Servicio Médico de la empresa, acudo a la cita, es un día muy caluroso, con lo cual acudo en pantalones cortos. Lo primero que me dice una doctora con tono despectivo, nada más entrar es. “Parece que no tienes ningún complejo”. A lo que contesto. “El defecto lo tengo por fuera, por lo visto otros lo tienen por dentro”. Se quedo cortada. Me empiezan a presionar para que me incorpore a trabajar.

Ahora mismo estoy en una gran depresión, la empresa quiere ir a por mí, están alegando ante la inspección de trabajo, que soy el único responsable del accidente, que ha sido una negligencia mía, cuando en mi opinión para nada fue así. A parte tengo muchos dolores y problemas en la pierna.


Con todas estas circunstancias decido pasar Tribunal Médico, para optar a una incapacidad permanente. La empresa me empieza a amenazar, diciéndome que los informes que van a dar, me van a perjudicar a la hora de obtener una incapacidad. A lo cual hago caso omiso, después de lo que he pasado estos no me van a amedrentar.

Estos días también he pedido cita para obtener el grado de minusvalía. Me llaman, acudo al Centro Base de Valladolid, me ve el médico, el psicólogo y el trabajador social del centro, para valorarme. Cuando paso a consulta del médico, no doy crédito a lo que escucho. “Lo que tienes no es nada, solo te falta el pie y el tobillo, debes hacer más deporte, ya que tienes la pierna atrofiada”.

Así que con las mismas me mandan para casa, sin reconocerme el grado de minusvalía. Con este tema me desmoralice mucho. Lo volví a solicitar, al cabo del tiempo, me volvieron a ver, los tres mismos de la vez anterior, finalmente me reconocieron el 37 % de minusvalía.

CAPITULO 12. TRATAMINTO PSIQUIATRICO Y PSICOLOGICO.

No estoy pasando mis mejores momentos, tengo la moral por los suelos, no me encuentro bien. Debido a esto empiezo un tratamiento con el psiquiatra y el psicólogo. Muchas sesiones con ellos, la mejoría es nula, me están medicando, pero lo único que consiguen es que este todo el día dormido debido a la medicación.

Les comento mi afición al ciclismo, que es el deporte que he practicado desde los 5 años, el psicólogo y él psiquiatra me animan e insisten, para que retome de continuo la práctica del ciclismo.

Hago caso de sus consejos, empiezo a salir todos los días con la bici, muy cerca de casa, sin alejarme mucho, el miedo me invade, no voy seguro con la prótesis, me va golpeando contra la biela, la sensación es rara, no gano para calcetines. Pero voy ganado en autoestima.

CAPITULO 13. BAJA DEFINITIVA EN LA EMPRESA.

Me llaman del INSS. Para pasar Tribunal Médico, acudo el día determinado, con todos los informes médicos que tengo, paso consulta con el inspector. Ve la lesión que tengo más los informes.

Con el paso del tiempo, me llega la carta con la resolución, me conceden una Incapacidad Permanente Total, la cual me la reconocen en mayo de 2010.

Al reconocerme la incapacidad, causo baja definitiva en la empresa. Pero aquí no acaban mis problemas con ellos, una vez finiquitado, no quieren hacerse cargo de gastos médicos ni de prótesis, derivado del accidente, la empresa se había hecho cargo de los gastos hasta ahora.

Ahora estoy totalmente desamparado, la empresa no quiere saber nada, la mutua de accidentes laborales que me pertenece tampoco, la seguridad social al ser un accidente laboral tampoco.


Así que otra vez me toca luchar contra la empresa y la mutua, ambas tiene mucho poder, yo nada. Dos años estuve peleando contra ellos, en ese tiempo tuve que pagarme todos los gastos médicos y de prótesis, más el abogado que contrate para que me llevara el caso, una verdadera vergüenza. A parte del mal trago de tener que acudir a tres juicios a escuchar mentiras.

Tras una gran presión que tuve que ejercer contra la empresa, finalmente la mutua reculó, y desde ese momento, se hacen cargo del tratamiento.

Fueron dos años muy largos y frustrantes, en los cuales tuve que estar peleando muchísimo, para conseguir lo que me pertenece, nada más, el tratamiento médico de la amputación.

CAPITULO 14. REGRESO AL CICLISMO DE COMPETICION.

Llega un día en el que en el centro rehabilitador, no pueden hacer nada más, me dan el alta. Sigo haciendo lo que puedo por mi cuenta.

Han pasado poco más de 8 meses del accidente, en septiembre de 2009, me tomo el ciclismo más en serio.

Son días muy duros, poco a poco comienzo a rodar suavemente, muchas horas de soledad por los páramos de Castilla, luchando contra el frio y el aire, contra mí mismo, contra mis miedos y complejos.

Se va acercando el invierno, empeora el tiempo, se hace más difícil salir a rodar, no desisto, salgó diariamente a entrenar. Voy notando la mejoría, cada día hago más kilómetros, aunque muy lejos del nivel que tenía antes.

En enero de 2010, me voy encontrando bien encima de la bici, me estoy planteando participar en alguna prueba de ciclismo adaptado.

Empiezo a indagar en Internet sobre este mundo, veo que el Club Deportivo Zuzenak, organiza una prueba en Vitoria. Llamo para pedir información sobre la prueba. Coge el teléfono Ruben. Me dice que la prueba ya no se celebra, hablamos durante un buen rato, me dice que si quiero tengo las puertas del club abiertas, para poder pertenecer a él.

A lo cual le digo que si, desde entonces formo parte de este gran club. Siempre estaré muy agradecido, ya que sin conocerme de nada, me están apoyando incondicionalmente. Así que mientras ellos quieran, seguiré formando parte de este gran club.

Llega mi primera prueba de ciclismo adaptado, International Paracycling Bira, en Bilbao. Acudo con más ilusión que buena forma física.

La noche anterior a la prueba, apenas puedo dormir, víctima de los nervios, parece mentira toda la vida compitiendo en esto del ciclismo. Tengo más ilusión que un chaval en su primera carrera.


Mis primeras pedaladas en el ciclismo adaptado van a ser contra el crono, bajo un gran aguacero. Son tres etapas, las dos primeras contra el crono, en las que hago un tiempo muy discreto, acorde con mi estado de forma.

La última etapa es en línea, se rueda a un ritmo muy alto, con numerosos ataques. Voy aguantando en el pelotón a duras penas. Lo últimos kilómetros se me hacen duros, pero consigo llegar a meta cerrando el pelotón.

Lo que me hace coger una gran moral para plantearme las carreras más en serio. He vuelto a ser ciclista, el veneno de las carreras ha vuelto a circular por mis venas. El aire me vuelve a dar en la cara, me siento bien sobre la bici, me hace olvidar mi problema. En la bici soy igual que los demás.

A raíz de esta prueba, dejo de tomar toda la medicación, las dejo de golpe sin consultar a nadie, pase unas semanas malas, con ansiedad, temblores, etc... Pero fue una gran decisión, desde entonces no las he vuelto a ver.

En junio participo en la Copa del Mundo de Ciclismo adaptado de Segovia, obteniendo un buen resultado.

Sigo entrenando con normalidad, cada vez me encuentro mejor. Me convocan para el Campeonato de España Adaptado de Pista, con la selección de Euskadi, a primeros de julio en el velódromo de Galapagar (Madrid), consiguiendo el bronce, en las pruebas de persecución y kilómetro. Esto me da mucha moral.

Quince días más tarde me vuelven convocar para el Campeonato de España Adaptado de Ruta y Crono, con la selección de Euskadi en La Casa de Campo (Madrid).

Aquí vuelve a empezar mi calvario, en la prueba en línea, en la disputa del sprint por el cuarto puesto, choco contra una farola a gran velocidad, caigo al suelo, rompiéndome el fémur de la pierna izquierda, así que operación de urgencia en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, para ponerme tres clavos en el fémur.

Otra vez a empezar con la rehabilitación, otra operación más para retirar los clavos. Pero bueno es lo que hay, a los seis meses ya estaba otra vez compitiendo.

SI TE CAES SIETE VECES HAY QUE LEVANTARSE OCHO.

A partir de este momento si quieres saber más de mi historia, la tienes toda en el blog:

https://guillermociclistaadaptado.blogspot.com


Todo lo aquí narrado es bajo mi punto de vista.

Escrito por Guillermo Prieto Hortelano. 30/03/2017


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