CAYASTACITO: ORÍGENES - TOPÒNIMO - GENTILICIO.

Autor: Guillermo Gerarduzzi (”Cochito”)

http://cayastacito.blogspot.com

Indice

 

1) INTRODUCCION QUE PRETENDE SER PARTICULAR.

2) DE UN PUEBLO QUE SE MUDÒ CON SU NOMBRE A CUESTAS Y LO ACHICARON PROLONGÀNDOSELO (¿..?)

3) ORÍGENES DEL TOPÓNIMO;

4) ANÉCDOTA PUEBLERINA ¿O NO TANTO..?;

5) GENTILICIO: ¿CAYASTACEROS? ¿CAYASTACITENSES? ¿O CAYASTACITEÑOS?

6) POEMA - UN PEDIDO DE PERDON DE IMPOSIBLE CONCESION

 

1)- INTRODUCCION QUE PRETENDE SER PARTICULAR

 

                    Y bien, me dije, hay en blog acerca de los orígenes de mi pueblo y su topónimo, versiones indemostrables, y una sola certeza  por su confiable origen. La brinda Ovidio Carlos Noceda  cuando dice:

                    “En 1783, fueron establecidos en este sitio los pocos indios charrúas que quedaban de la reducción de Nuestra Señora de la Concepción de Cayastá; que debió trasladarse por las hostilidades de los indígenas no reducidos; a esto se debió el topónimo de Cayastá Chico que recibió el poblado”. (1)

                    Pero: ¿dònde estaba asentada esa reducción indígena antes? ¿por què la llamaron de ese modo? ¿indios “charrúas” reducidos en la zona, si sabemos que poblaban en esos tiempos parte del territorio que después llamaríamos Uruguay? ¿Por què un topónimo y no un opònimo? ¿y si la jocosa versión brindada por mi padre con espìtu lùdico, tan vieja como el pueblo mismo, es la verdadera?

                    Sì, definitivamente. No me queda otro camino que optar por emular a aquel Insigne estadista y escritor florentino, autor de diversas obras que revelan un talento indiscutible, pero...”, que decía – metafòricamente - màs o menos esto que consigno a pura memoria: Luego de laborar en el campo durante  las horas del dìa, me higienizaba, me vestìa con mis mejores galas y me encaminaba a hablar largas horas  con aquellas personas que muchos años antes habían…”.(3)

                    Y asì procedì. Me puse la mejor gala que podía lucir en la oportunidad: el alma en blanco, sin preconceptos, como quien se dispone a recorrer por primera vez un territorio absolutamente desconocido, como si yo no “fuera nacido y criado” en Cayastacito. Tomè el cuaderno de apuntes y “rumbiè” para la Biblioteca Municipal “Profesor Muttis”, a “hablar” con mis muy respetados historiadores, las horas que fueran necesarias, hasta encontrar respuesta a aquellos interrogantes.

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2)-DE UN PUEBLO QUE SE MUDÒ CON SU NOMBRE A CUESTAS Y LO ACHICARON

PROLONGÀNDOSELO.

                 Y leì: “El pueblo de Cayastá, fue creciendo poco a poco desde su fundación, pero ya en 1773 el cura franciscano Juan Tomás Churruca tuvo sus diferencias con el cacique (…) . En 1789, tan sólo quedaban en Cayastá* 50 indios, de más de 370 existentes en 1749, por haber perecido muchos se dice, y trasladándose en 1783 a una nueva reducción a 15 leguas de la ciudad hoy llamado este lugar Cayastacito”. Y al pie de página (en la cita del asterisco), refuerza evitando equìvocos: “Cayastá Viejo, lugar cercano a San Martín Norte que no debe confundirse con Cayastá Nuevo, donde se hallan las ruinas de Santa Fe la vieja” (4).

                    De ello resulta que los indios que formaron la reducción de Cayastacito en el año 1783, no fueron más que 50 y fueron conducidos desde las adyacencias de San Martín Norte – lugar que pasò a llamarse  “Cayastá Viejo” –,  que se hallaba situada a 30 leguas de la actual ciudad de Santa Fe. En otras palabras: La reducción provino del norte de la provincia de Santa Fe, de un sitio que se encuentra en el actual departamento San Justo; no migrò del Este, donde se halla hoy Cayastà, en el departamento Garay.

                    Buscando mayores precisiones, en otro texto leo: “Es un error que dio  lugar a màs de una polémica confundir Cayastà con Santa Fe la vieja, creer que la denominación Cayastà ya existía en la vecindad de la ciudad que fundara Juan de Garay el 15 de noviembre de 1573. El topónimo Cayastà aparece en ese lugar recién a fines del S. XVIII, aunque el vocablo ya tenía existencia en el S. XVII, denominando primero un paraje, una estancia y su encomienda indígena, y luego una reducción, treinta leguas al norte de Santa Fe en la zona de Los Saladillos en las cercanías del actual San Martìn Norte. En el presente trabajo pretendemos esclarecer y divulgar el origen de ese topónimo y su migración geográfica a través del tiempo. El mismo se basa fundamentalmente en algunos documentos  y en la bibliografía antropológica, etnológica e histórica, en especial de A. Rex Gonzalez, Mons. Pablo Cabrera, Agustìn Zapata Gollan y Augusto Fernández Diaz (…) Conforme a lo que se deduce del acta que se levanta creando la reducción, el 15 de septiembre de 1750, èsta debió establecerse algo retirada del Saladillo Amargo, es decir hacia el oeste, en la región del actual pueblo y colonia de San Martìn Norte y de la actual Colonia Dolores (…) Fundada la reducción y conforme a las actas del Cabildo de Santa Fe, Hebe Livi señala: Que de acuerdo al informe del Gobernador Vera y Mujica, el 9 de noviembre està construido el fuerte para los soldados….para el 22 ya està edificada la capilla, teniendo como Patrona a Nuestra Señora de la Concepciòn de Cayastà (5). Como vemos, los Dres. Cervera e Hillar Puxeddu, destacados historiadores, coinciden sobre cuál fue el primero y el segundo  lugar geográfico de emplazamiento de la reducción.

                    Prosigo citando: “Los charrùas capturados durante la campaña de 1750 (en el apartado siguiente se aclara), no mucho tiempo después de establecerse, se manifestaron descontentos con las condiciones generales del asiento, especialmente por los frecuentes ataques de las tribus belicosas de abipones y mocovíes, expresando deseos de abandonarla. Es asì que en el acta de la sesión del Cabildo de Santa Fe del 4 de abril de 1758, consta que el R. P. Fray Roque Gonzalez ‘ ha elevado un memorial al Sr. Gobernador, solicitando se mude la población de charrùas, con título de Cayastà’ (…) Por la exhaustiva investigación que hace el destacado investigador rosarino(Se refiere a Fernàdez Dìaz) en las actas del Cabildo de Santa Fe, en el Archivo Provincial y en el Archivo General de la Naciòn, sabemos que en 1783, siendo Tte. Gobernador Melchor de Echague y Andìa, se produce la mudanza al nuevo asentamiento, al sur de la Concepciòn de Cayastà, ubicándolo entre los cursos de agua del Rìo Salado y del Saladillo Amargo, a la altura de la colonia de Cayastacito y a orillas del arroyo Narè. Cayastà ha migrado geográficamente. Allà en el norte primigenio queda un paraje, un arroyo y un nombre: Cayastà, al que en adelante se le agregarà el calificativo de “viejo”. La reducción notablemente disminuida, se constituye en su segundo emplazamiento: Cayastà Chico, origen del nombre del actual pueblo y colonia de Cayastacito” (op. cit. nº 5).

                    Resta conocer por què eran charrùas y no kollas (vid. ut infra  “Orígenes del topónimo”) los indios trasladados en el año 1783 desde “Cayastà Viejo” al actual Cayastacito. La respuesta surge de lo siguiente: “La abundancia del ganado cimarrón en la Mesopotamia a fines del S. XVII, incitaba la codicia del Charrùa, pasando de su tierra original, actual Uruguay, al Sur de la Mesopotamia. Es asì que a  mediados del S. XVIII (…), viéndose obligado el entonces Gobernador de Santa Fe, Don Francisco Antonio de Vera y Mujica, a realizar una profunda entrada militar en Entre Rìos en 1750, tomando prisioneros 336 charrùas que fueron conducidos a Santa Fe. De ellos, 81 familias se decidió reducirlas al arroyo Cayastà…”(op. cit. nº 5).

                    En la obra del Dr. Hillar Puxeddu que vengo citando, se dice que en 1794, por razones geo-econòmicas negativas y otras causas que tuvieron que ver con la dependencia burocrática llamada Administraciòn de Indios, se decide el traslado de la reducciòn de Cayastacito a las costas del Rìo San Javier. Cito: “En el mapa del Gobernador Gastañaduy del año 1795, aparece, por primera vez, sobre la margen del Rìo San Javier el nombre de Cayastà, acompañado del calificativo  ‘nuevo’”. De ello resulta, sin dudas, que la población de Cayastà es unos 11 años màs moderna que Cayastacito y aproximadamente 220 posteriores a la fundación de Santa Fe la vieja, el 15 de noviembre de 1573.

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3) ORÍGENES DEL TOPÓNIMO

            Consta en el Sitio Oficial de la Comuna de Cayastá: “Los investigadores, Ing. Augusto Fernández Díaz y el Dr. Zapata Gollán, mencionan que el vocablo Cayastá aparece por primera vez en un antiguo documento de 1607, en el que el estanciero y encomendero Alonso de San Miguel habla de su encomienda de indios "caiastas". Etimológicamente, para Fernández Díaz, basado en el Padre Sánchez Labrador, el significado de "Cayastá" deriva de la transformación fonética "kollasta", que podría ser la aglutinación de "kolla" y "astay", que hace referencia a "mudanza"; de allí Cayastá  significaría "pueblo colla que se muda".        Con mayor extensión y en el mismo sentido, se expresa el Dr. Leo W. Hillar Puxeddu en la obra que vengo citando: "Kolla era de  los pueblos aimaràes, con dialecto propio, dominado por los incas”. Agrega que la vìa de penetración desde el noroeste, habrìa sido por el Rìo Salado.

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4) ANÉCDOTA PUEBLERINA ¿O NO TANTO..?

 

                    En los tiempos de mi niñez y juventud, pocas personas conocían de Cayastacito el origen del nombre del pueblo. Ello condujo a que existieran  varias versiones sosteniendo distintos topónimos. Asì, para algunos era un opònimo de un cierto “caciquejo”  joven llamado Cayastacito (en diminutivo, por ser hijo de un supuesto cacique de nombre Cayastà, afincado junto al Rìo San Javier), que habría emigrado con parte de la tribu hasta alcanzar la zona a la que transmitió su nombre.

                    En lo  personal, recuerdo haber escuchado narrar a mi padre, Arìstides Gerarduzzi, a fines de la década del ’50  del siglo pasado  – con festiva expresión en la voz y en el rostro, signo evidente del poco crédito daba a lo que referìa – lo siguiente: En el bolicho del pueblo se encontraban dos españoles libando copiosamente. En un momento dado llegó al lugar un “convidado de piedra”, que comenzó a importunarlos de modo intolerable y sostenido. Fue entonces que aquellos dos, muy molestos, le ordenaron  imperativamente  que hiciera silencio. Mientras uno le gritaba: ¡“Calla”¡, el otro con voz al cuello le imponía: ¡“està chitòn”¡. Parece ser que al no lograr que el otro dejara de molestarlos, debieron repetir esas expresiones varias veces.   De esa soberbia y encolerizada filípica propinada a dúo - que por formidable habrìa trascendido al colectivo social que se encargò de hacerla perdurar – derivarìa el nombre del pueblo: Cayastacito.

                    Descuento que admitirán conmigo que muchos por esta región decimos “caya” en vez de “Calla”, en el tiempo presente del verbo callar.  Luego, con  la raíz de la palabra no había problemas: Pero faltaba aclarar la desinencia...

                    Puesto en la tarea de despejar dudas, comencé a googlear. Despuès de varios intentos, vean lo que encontrè en el Diccionario de la Lengua Española c 20005 Espasa–Calpe SA (Madrid):

Chitón (para imponer silencio).callar.

¡chitón! interj. col. Expresión que se usa para hacer callar a alguien.

                    La conclusión entrò como un rayo en mi intelecto: Sentì que se me caìan las medias; me puse de pie y mis pantalones corrieron igual suerte. Estuve un rato sin salir de mì asombro “boquifacto y estupiabierto”. El frio se hizo sentir y recompuse mi atuendo. Pero no podía terminar de cerrar la boca. Felizmente, acudió en mi auxilio la imagen de la escultura “El Pensador”, del genial Rodin. Adoptè su posición. Recièn después de un rato largo de estar con el puño sosteniéndome el mentón, logrè que mi mandìbula admitiera retornar a su ubicación normal...

                ¿ Y si al cabo, después de las largas horas pasadas por los historiadores hurgando en los archivos en bùsqueda de las actas capitulares y demás documentos, para encontrar el origen del topónimo; de los fatigosos esfuerzos haciendo excavaciones (Dr. Hillar Puxeddu) tratando de hallar rastros reveladores de asientos de “antigales”;  de comparar alfarerìas y otros objetos traìdos de remotas regiones con los hallados en el lugar, para descartar o establecer similitudes; de estudiar los dialectos de las distintas etnias àgrafas, muchas ya extinguidas, tratando de penetrarlos en su contenido y reconstruirlos, etc., resultaba ser que la versión “del Ariste” sobre el nombre del pueblo es  la verdadera…?

                 ¿Y qué decir de los efectos desastrosos sobre nuestro gentilicio…? ¡A ver si ahora resulta que somos cayastacitense “gracias” a una trìada compuesta por dos gallegos de muy mal genio y un  terco importunador, en un casual encuentro de borrachos en un bolicho¡ ¡Mecachis” ¡ (De todos modos, como no hay mal que por bien no venga, los cayastacitenses que son molestos y verborrágicos y los de genio excesivamente vivo, podrán ensayar algunas disculpas por tener esos vicios, alegando una suerte de  determinismo invencible derivado del gentilicio…).

                    Con un vago sentimiento parecido a la tristeza, digo que lo narrado es sòlo una anécdota, seguramente ideada con humor por quienes desconcìan el origen del topónimo que identifica a nuestro pueblo, para dar respuesta a lo ignoto (pero no parece que carezca de suficiente contenido semántico…).

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5)- GENTILICIO: ¿CAYASTACEROS? ¿CAYASTACITENSES? ¿O CAYASTACITEÑOS?

 

                    Adelanto que el tema es polémico. Principio recordando que los gentilicios son sustantivos y adjetivos que se utilizan para designar a las personas de un país, nación, región, ciudad o localidad. Por extensión se aplican a los animales, plantas o cosas.

                     El gentilicio empleado como sustantivo, denota a un habitante de un lugar determinado (un cayastacitense viajó a Salta); como adjetivo, indica que el sustantivo calificado proviene de un país, región o ciudad (esa persona es cayastacitense).

                     La formación de gentilicios considerada a partir del nombre del lugar,  presenta muchos casos tantos irregulares como regulares, formàndose los regulares más comunes con la raíz y sufijos como:  –no- (Peruano); -ense- (Paranaense);  -eño- (Salteño);  -es- (Pilagàes); -ino- (Correntino);  etc.

                    Escuchè decir muchas veces que los nacidos en Cayastacito, somos “Cayastaceros”. Evidentemente hay un doble error: En primer lugar, porque se acorta indebidamente la raíz del nombre y, en segundo, porque se apropia del posible gentilicio de los oriundos de la localidad de Cayastá. Ello sin perjuicio de lo que diré a continuación sobre el sufijo eros”.

                      Entiendo que es contrario al sentido espontáneo del idioma y hasta cacofónico el sufijo “eros” que conducirìa a llamarnos  “Cayastaciteros”. Me baso – procurando obtener claridad con ejemplos - en que a los nacidos en Pueblo Ester (Dpto. Rosario) o de Colonia Ester (Dpto. San Justo), no parece adecuado llamarlos “Estereros”. Otro tanto sucede con los nacidos en San Javier o en Gral. Alvear, a quienes tampoco parece apropiado llamar “Sanjaviereros” ni “Alveareros”: Entiendo que debe llamárselos “Esterenses”, “Sanjavierenses” (aunque Dn. Julio Migno es sus poesías diga “Sanjavieleros”, conservando el pronunciar indìgena) y “Alvearenses”. En base a tales fundamentos, me inclino por decir que los naturales de Cayastacito no somos “Cayastaciteros” y sí “Cayastacitenses”. (Con ello dejo sentado que comparto el empleo que de este último gentilicio se hace en el sitio).

                      Pero advierto que si alguien me dijera que somos “Cayastaciteños”, me dejaría con muy pocos argumentos para seguir sosteniendo mi posición: Tendría que decirle que no nos llamamos así, porque históricamente no es el gentilicio que los lugareños emplearon para designarse (la llamada “Costumbre Jurìdica”, aplicada analógicamente, serìa la fuente que avala la tesis).

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6)- POEMA: UN PEDIDO DE PERDÓN DE IMPOSIBLE CONCESIÓN

                  ¿Y dònde están hoy los descendientes de aquellos kollas que dejaron el topónimo Cayastacito? ¿y los de los Chiriguanos, Chahuancos, Abipones, Mocovíes, Quitilipis, Charadàes, Guaycurúes, Tapenagáes, Timbùes, Quiloazàes, Piranéses, y cien  etnias màs originarias de nuestra región, y las otras que habitaban el territorio que es hoy nuestro Paìs..? La respuesta es por todos conocida: Estàn ya extintas o transitan un franco proceso hacia la desaparición definitiva…

                    Lo verdaderamente inaceptable es que en un país de cuarenta millones de personas, que produce alimentos para trescientos cincuenta millones, las etnias padezcan hambre y sigan desapareciendo por enfermedades originadas en la pobreza.

                  Ardua es la tarea para escoger una poesía con la cual cerrar este opúsculo. Acuden a mi mente tìtulos de temas de belleza desgarradora como “Amutuy”, de los hermanos Marcelo y Marité Berbel, poetas y cantores neuquinos descendientes de mapuches;  “Antiguo Dueño de las Flechas”, del historiador y poeta Fèlix Luna; “San Francisco Javier”, de nuestro siempre presente  Dn. Julio Migno, “El Poeta de la Costa”; y tantas otras obras magnìficas que integran el cancionero folclòrico.

               Cualquiera de esas obras pondría un broche de oro al cierre de este modesto trabajo. Pero los valores simplemente se prefieren, se enseña en Axiologìa. Sencillamente por eso y porque en la poesía el exquisito autor pide perdón, transcribo la que inaugurò allà en mì juventud, la toma de conciencia de la crueldad de la conquista.

 

Indio

Autor: José Pedroni

Quien ordenó la carga del arado

ordenaba tu muerte el mismo día.

Ella tuvo lugar junto al Salado

con paloma y calandria, a mano fría.

No te valió tu entrega de venado

frente al duro invasor que te temía.

No te valió tu miel de despojado.

Sólo la dulce espiga te querìa.

Descendiente de gringo y su pecado,

por cementerio de tu alfarería,

a lo largo del río voy callado.

La culpa de tu muerte es culpa mía.

Indio, dime que soy tu perdonado

por el trigo inocente que nacía.

INFINITAS GRACIAS POR VUESTRO TIEMPO Y LA ATENCIÒN DISPENSADA

CITAS

(1)                 Archivo General de la Provincia de Santa Fe,  – Nro 2.633 – Inf. A.G. 154).

(2)                 Noceda, Ovidio Carlos, “CAYASTACITO – SUS ORIGENES”, publicado en el sitio.

(3)                 Maquiavelo, Nicolàs (1469-1527). Asì se lo define en un Diccionario Enciclopèdico de nuestra lengua oficial, editado en la dècada del ’40 del siglo pasado ¿sorprende que se llame insigne a aquel por quien se acuñaron los términos “Maquiavèlico”  y “Maquiavelismo” ? (habrá que higienizarse de falsas nociones…).

(4)                 Dr. Cervera, Manuel M., “Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe”, t° I, pág. 564

(5)                 Dr. Hillar Puxeddu,  Leo W., “De los Orìgenes Toponìmicos de Sìmbolos e Instituciones de la Historia de Santa Fe - Orìgenes del Topònimo Cayastà y su Migraciòn Geogràfica”.

Otras obras consultadas: Dr. Cervera, Manuel M., “Poblaciones y Curatos”; Dr. Roverano, Andrès, “Santa Fe La Vieja”.

Guillermo Horacio Gerarduzzi, SANTA FE, MARZO/2013

 

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