CORNELLÀ DE LLOBREGAT - CIUDAD EN CONSTANTE EVOLUCIÓN

 

Hace no menos de cincuenta años que Cornellà de Llobregat era una ciudad anodina, sin alma, salvo para los que ya llevaban toda una vida asentados alrededor de su calle principal, Rubió i Ors y otras arterias que desembocaban en ella.

 

Toda la vida social giraba en torno a este centro al que añadiríamos, sin temor a equivocarnos, la otra vía que constituía la calle de Mossèn Jacinto Verdaguer donde se halla situado el Ayuntamiento.

 

Hoy día el ambiente social ha cambiado, como no, las gentes que trajo el impulso migratorio de los años 60 han dado una esencia a  nuestra amada ciudad que dista mucho de lo comentado.

 

El resto de la población eran pequeños núcleos que habían construido gentes de Barcelona deseosos de hacer realidad  “la caseta i l’hortet” que preconizaba  el presidente Macià.

 

Estos núcleos podrían resumirse: en el barrio de “El Pedró”, Gavarra”  “Picapolls” y, sobre todo el “puente” por el que circulaban los trenes en dirección a Molins de Rey y Martorell.

 

Este “puente” ha sido históricamente la divisoria de dos conceptos de Cornellà:  el de “arriba” y el de “abajo”. No, no es broma ni recurso literario. Es la realidad en toda su crudeza. Los antiguos cornellanenses, asentados en la parte de “abajo” difícilmente cruzaban el “puente divisorio”.

 

Ya en los años 60 y siguientes un auténtico río migratorio fue ocupando los grandes espacios libres entre algarrobos y tierras yermas que, con su esfuerzo fueron urbanizando,  porque Cornellà, además de su barrio central y “sus “casetas y pequeño huerto” se había convertido en un centro industrial de primer orden: Industrias como Siemens, Pirelli, Corberó, Braun, Laforsa, Elsa, Plásmica,Facis, Fama, Tubos Bonna, Blay y un sinfín de talleres  para la fabricación de piezas concretas para el coloso SEAT.

 

En todas ellas se fueron empleando todas las gentes que llegaban a la estación de Francia con su maleta de cartón atada con cuerdas como único equipaje en aquellos trenes que recibieron el nombre de “El Sevillano” y el que arribaba de Galicia bautizado como el “Shangai”.

 

Así nacieron constructoras como “Construcciones Españolas” que ideó el monstruo del barrio de San Ildefonso, conocido simplemente como “El Satélite”, abreviatura de lo que pomposamente la constructora quiso llamar  “Ciudad Satélite San Ildefonso”.  Este barrio construido sobre tierras yermas, pronto sumó el triple de habitantes que el Cornellà tradicional.

 

Cornellà forma parte de una de tantas historias que se han escrito sobre la inmigración venida de más allá del Ebro.

 

Las gentes que llegaron, en un principio se ocuparon de tener trabajo, un hogar donde vivir y criar a sus hijos.  Una vez asentados,  conscientes adonde habían llegado y ahorrado unos pocos dinerillos, iniciaron el gran esfuerzo de la integración que nunca fue fácil.

 

Se reagruparon en pequeñas entidades en las que recordaban sus raíces, celebrando sus fiestas y romerías. Así nacieron la Hermandad  de las Santas Alodia y Nunilon  patronas de Huéscar de la provincia de Granada, la Peña Atlético Minas, la Peña Fosforito, Los Hijos de Almáchar, la Hermandad de San Isidro Labrador, la Asociación Rosalía de Castro, la Peña Dominó, entre muchas otras.

 

Y por encima de todo, embrión de otras muchas entidades antes citadas, no podemos dejar de citar a nuestra Hermandad.

 

Este tejido social que se ha ido cocinando de añoranzas enraizadas, es la gran riqueza cultural y social de Cornellà. Hasta convertir la ciudad en el ombligo indiscutible de la comarca del Bajo Llobregat que tiene sus orígenes en el lado sur de las laderas de Montserrat y se extiende hasta el Delta que besa el mar.

 

Con la llegada de la democracia, alcaldes y concejales apoyados por el empuje de su creciente ciudadanía y entidades iniciaron una transformación que ha resultado y se ha resumido en la coloquial frase que dice:  “que a esta ciudad no la conoce, ni la madre …”.

 

El “puente divisorio” de la vía es hoy un viaducto majestuoso, que sin lugar a dudas facilita la relación entre sus gentes e intenta dejar en el olvido aquella división social y de origen geográfico.

 

Como hemos comentado, nuestra ciudad, se encuentra geográficamente a pocos kilómetros de la capital catalana Barcelona y también cerca de la costa que baña las localidades del Prat de Llobregat, Gava, Castelldefels y un poco más alejada encontramos a la internacional localidad de Sitges.

 

Enmarcada en la comarca del Bajo Llobregat, comarca eminentemente industrial y que marca la diferencia desde el sur de Barcelona entre otras del área metropolitana de Barcelona.

 

Hoy dia el Bajo Llobregat (Baix Llobregat) acoge a unos 806.500 habitantes aproximadamente. De los cuales 86.000 corresponden a Cornellà y conviven en 6.96 km2.

 

Cornellà mantiene unos servicios públicos, locales, sociales, de transporte y de red de comunicaciones que hace sentirse orgullosos a sus habitantes del trabajo realizado durante muchos años de esfuerzo y buena gestión local.

 

Esta ciudad se entiende satisfecha por lo alcanzado no sólo en lo material. También en lo relativo a la convivencia. Hoy día esas 86.000 personas conviven sin problemas en expresar con toda libertad sus orígenes, pensamiento e ilusiones. Y esa libertad sin lugar a dudas nos refuerza, no sólo socialmente, si no también personalmente. Nos podemos atrever a decir que hoy día cuando dices que vives o eres de Cornellà lo apuntas mirando a los ojos emanando sinceridad y satisfacción. Pues Cornellà es una marca.