Guía práctica para padres y madres

Resolución positiva de conflictos



Guía práctica para padres y madres

Resolución positiva de conflictos



Autoría: Antonio Ortuño Terriza www.familiasinteligentes.com

Coordinan: Jesús Salido Navarro Nuria Buscató Cancho Isabel Bellver Vázquez-Dodero

Edita: CEAPA Puerta del Sol, 4 - 6o A 28013 MADRID

Primera edición: Diciembre 2014

Maquetación: IO Sistemas de Comunicación

Imprime: IO Sistemas de Comunicación Enrique Granados, 24 28523 MADRID

JUNTA DIRECTIVA DE CEAPA: Jesús Salido Navarro, Elena González Fernández, Nuria Buscató Cancho, José Luis Pazos Jiménez, Miguel Dueñas Jiménez, José Pascual Molinero Casinos, Javier González Barrenechea, Jaume Ribas Seguí, Ma del Pino Gangura del Rosario, Leticia Cardenal Salazar, José Ma Ruiz Sánchez, José Antonio Felipe Pastor, Rafael Melé Oliveras, Mustafá Mohamed Mustafá, Ascensión Pinto Serrano, Lois Uxío Taboada Arribe, Camilo Jene Perea, Andrés Pascual Garrido Alonso, Santiago Álvarez Folgueras, Petra Ángeles Palacio Cuesta, Ma Dolores Tirado Acemel



Índice

1. Introducción 5

2. Un paseo por la montaña 8

3. El decálogo de los conflictos con nuestros hijos e hijas 12

4. El semáforo inteligente 14

5. El semáforo rojo: decir NO 21

6. El semáforo amarillo: la negociación 28

7. El semáforo verde: el traspaso de las responsabilidades 35

8. La gestión positiva de los conflictos y la prevención del

consumo de drogas 40



Guía práctica para padres y madres



1. Introducción

Si se preguntara a diez padres o madres al azar si en el día de ayer tuvieron algún conflicto o problema con su hijo o hija, el resultado de la encuesta es fácil de imaginar. Igual ocurriría si la pregunta se realizara también a los hijos e hijas. Es imposible que todas las decisiones que toman gusten a los padres, y por supuesto, que todas las decisiones que toman padres y madres gusten a los hijos e hijas. Por lo tanto, es habitual que los con- flictos y la toma de decisiones que supone su gestión aparezcan juntos en cualquier ámbito familiar.

El conflicto surge cuando dos o más miembros de la familia per- ciben o tienen intereses contrapuestos, decisiones incompati- bles. Tener intereses diferentes no necesariamente constituye un conflicto. Como padre me puede gustar el rock y a mi hija el rap. Para que sea conflicto han de chocar esos intereses, por ejemplo, la música que ponemos en el coche cuando viajamos. Se puede vivir como algo negativo o como una forma de intere- sarse por las aficiones musicales del otro. Damos por hecho que en una familia el interés de las personas adultas es el bienestar de los menores, por lo que no hablamos de intereses esencial- mente contrapuestos, sino de formas diferentes de entender ese bienestar.

Los conflictos han tenido y tienen mala fama, pero si hablamos de crecimiento o de desarrollo, el conflicto es consustancial a

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una estructura familiar que acompañe el ritmo evolutivo de los hijos e hijas. Educar es buscar el equilibrio entre apego y desa- pego, entre autonomía y dependencia. Esto implica movimiento, cambio y conflicto. Cuando una familia se mueve, surgen con- tratiempos e imprevistos. Por eso, en las familias, el problema no es tener conflictos, sino la manera de enfocarlos y resolver- los. Es fundamental aprovechar la cantidad de oportunidades y de momentos que se tienen en la infancia y adolescencia para gestionar de forma positiva los conflictos, ya que una gestión positiva proporciona la dosis de seguridad necesaria para ejer- cer la responsabilidad en las diferentes etapas evolutivas. Si hay conflictos, se toman decisiones, y si se toman decisiones, se pro- duce el aprendizaje de la responsabilidad y la autonomía.

Los hijos e hijas tienen que aprender a gestionar conflictos, a tomar decisiones, a responsabilizarse. Es uno de los objetivos educativos por excelencia, el otro sería que sean felices. En la elección de amistades, en sus actividades de ocio, en su posi- ción ante los consumos de drogas, en sus formas de vestir... Y la familia es el escenario principal e idóneo para servir de modelos educativos y entrenar en el manejo de los conflictos. Una ges- tión positiva de los conflictos en la familia facilita una gestión responsable de los riesgos futuros de los hijos e hijas.

Esta guía aporta información para que padres y madres nos sintamos competentes, reciclemos nuestras fortalezas y aprendamos nuevas herramientas y habilidades para manejar

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los conflictos, para buscar cambios y mejoras, confiando en nuestras capacidades. Se podrán encontrar estrategias para relacionarse mejor, para potenciar el buen trato, para gestio- nar de forma positiva los conflictos, con la idea de mejorar la convivencia en familias con hijas e hijos de cualquier edad.

La experiencia nos dice que cada familia es única e irrepetible, pero a pesar de ello es posible aportar una herramienta sencilla y eficiente que ayude, no sólo a resolver los problemas actuales, sino a prevenir los futuros. Una herramienta que facilita la ges- tión positiva de conflictos, repartiendo en cada etapa evolutiva la participación y el protagonismo adecuados a todos los miem- bros de la familia.

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2. Un paseo por la

montaña

Educar a nuestros hijos e hijas es como caminar por la mon- taña. Se trata de equilibrar los momentos que hacemos de guía, las veces que caminamos al lado compartiendo deci- siones, y las ocasiones que nos ponemos detrás confiando en sus capacidades.

Una familia no empieza con las normas, las reglas del juego y el reparto de responsabilidades clarificadas desde el inicio. Cuan- do un bebé nace, los padres todavía no saben a qué hora va a volver cuando salga de fiesta. Las reglas del juego se construyen entre todos, en las diferentes etapas. Y en esa progresiva cons- trucción colectiva de su autonomía entran en juego los conflic- tos, colaborando en la regulación y reajuste del funcionamiento familiar. Del “decido por ti, porque tú todavía no tienes recursos para decidir”, al “ahora ya puedes decidir”.

Para la gestión positiva de conflictos, en cualquier familia, deben convivir tres espacios de responsabilidad, tres zonas diferencia- das. Cuando se habla de responsabilidad, un concepto clave es quién tiene el control de la situación. Para poder actuar, para decidir, el conflicto debe situarse en nuestra área de influencia. Por ejemplo, si queremos dar un paseo por la montaña, hay que

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tomar muchas decisiones. ¿Quién decide la ruta? ¿Quién mira la brújula? ¿A qué hora paramos a comer? ¿Quién hace las fotos? Si nuestro hijo o hija tiene 6 meses, es difícil que haya conflictos. Pero si tiene 6 años, ya pueden surgir. ¿Por qué? Lógicamente querrá hacer fotos, mirar la brújula y el mapa, subir por un sitio que puede ser peligroso. Conforme crecen, se deben repartir de forma equilibrada las decisiones para gestionar y prevenir los conflictos. Ese reparto de responsabilidades y del control de la situación puede adoptar diferentes combinaciones:

1. Cuando los padres deciden que su hijo o hija no puede to- mar decisiones, porque no tiene las habilidades para afrontar la situación. Dependiendo de su edad y sus habilidades, hay si- tuaciones en que el hijo o hija puede exponerse a una situación de riesgo o vulnerabilidad y los adultos no pueden permitirlo. La situación requiere el protagonismo del adulto. Los padres se ponen delante, hacen de guía, de modelo, con el fin de proteger. Marcan el camino a recorrer. La interpretación de los mapas, la amenaza de tormenta, la selección del material que se precisa, son decisiones que son de los padres, siempre y cuando los hi- jos e hijas no tengan las aptitudes necesarias para hacerlo.

2. Cuando los padres deciden que su hijo o hija puede tomar decisiones pero con unas determinadas condiciones, consen- suadas por ambas partes, dirigidas por la persona adulta. Se comparte el control de la situación. Los hijos e hijas ya quieren y pueden ser protagonistas pero necesitan que el mundo adulto

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