La Merced, Ciudad de México, mayo 2016

Manifiesto por ciudades caminables:
la ciudad que queremos y deseamos.
Sociedad civil latinoamericana por Habitat III

“La única obligación del peatón es caminar”

Jordi Borja

Antecedentes

Nosotros, organizaciones latinoamericanas en defensa de los derechos de los peatones, compartimos este manifiesto con el objetivo de incidir en los compromisos acordados en el evento Habitat III, el cual se llevará a cabo en Quito, Ecuador, del 17 al 20 de octubre del 2016. Somos integrantes de la sociedad civil de toda Latinoamérica enfocados en la mejora de nuestras ciudades para el desplazamiento seguro y convivencia de las personas en los espacios públicos.

Como antecedente apoyamos los principios definidos en el documento The City We Need 2.0 del 16 de marzo de 2016 publicado en Praga durante el evento de World Urban Campaign, pero consideramos que el "Principio 8: La ciudad que necesitamos debe ser bien planeada, caminable[a] y amigable con el transporte público” no representa de forma completa las necesidades y deseos de los transeúntes de la ciudad y no son suficientes para generar ciudades más caminables. Igualmente estamos inspirados en la  Declaración Latinoamericana de los Derechos del Peatón (2009) y la Carta Mexicana de los Derechos del Peatón (2014).

Este manifiesto busca difundir los elementos base para construir ciudades realmente más humanas y caminables, a fin de que generemos ciudades para las personas y alcancemos los Objetivos del Desarrollo Sustentable de la organización de las Naciones Unidas definidos en 2015 por líderes de todo el mundo.                        

Introducción

Las ciudades latinoamericanas crecen rápidamente y de manera informal. Casi el 80% de su población vive actualmente en ellas[1]. Acarreando grandes retos para la organización de las actividades humanas y la satisfacción de las necesidades de sus habitantes.

Este incremento, acompañado generalmente de una planeación urbana escasa o limitada, ha generado ciudades con zonas de excesivos contrastes económicos y sociales. Hemos construido ciudades dispersas y desordenadas. Por lo que el reto se vuelve cada vez más difícil al movilizar a los habitantes de un origen a un destino. Las largas distancias y la escasa infraestructura para la movilidad urbana se traducen en una grave saturación de los medios de transporte público y una desastrosa dependencia del uso del auto para quien lo puede pagar.

En cuanto a peatones y ciclistas, la llamada “revolución no motorizada”, consideramos que la infraestructura es escasa y peligrosa. Son pocas las batallas ganadas para recuperar pequeños espacios de nuestras ciudades. Generalmente las ciudades latinoamericanas discriminan a los dos actores que se mueven de la forma más sustentable sin necesidad de combustibles. En cambio hemos abierto paso para que los vehículos individuales motorizados secuestren nuestras urbes.

Mientras la inversión en mejorar nuestros sistemas de movilidad urbana sustentable es mínima, los gobiernos siguen desperdiciando recursos en ampliar las vialidades a los automóviles particulares, cuando el problema del tráfico nunca se va a resolver con más autopistas urbanas. Es como tratar de bajar de peso comprando un pantalón más grande. La academia respalda este argumento con el término demanda inducida del uso del automóvil.

Vivimos una situación contradictoria: las ciudades latinoamericanas no están hechas para caminar, a pesar de que gran parte de los desplazamientos diarios en dichas ciudades son realizados exclusivamente a pie. Además, la gran mayoría de todos los latinoamericanos urbanos se mueven en transporte público, desplazamientos que siempre inician y terminan caminando.        

 

El paradigma actual da prioridad a los desplazamientos en automóvil. Lo cual ha abierto una brecha social, haciendo notar una marcada diferencia de clases; especialmente si tomamos en cuenta que las familias de escasos recursos invierten más tiempo y cada vez un mayor porcentaje de sus ingresos para poder desplazarse. Nuestras calles son ahora lugares inhóspitos, contaminados, ruidosos e inseguros y, por tanto, excluyentes.

El deterioro de las calles y de los espacios públicos es especialmente  negativo   para   los   grupos más vulnerables de la sociedad; para los niños y niñas, las mujeres, las personas mayores y las personas con discapacidad o movilidad reducida. El excesivo uso del automóvil y la falta de alternativas se ha traducido en un ambiente hostil para el peatón, que generalmente las personas que más caminan son las de más bajos recursos, lo que refleja la injusticia y la falta de democracia en nuestras calles. Hay que recordar que una ciudad desarrollada no es donde el pobre usa el automóvil, sino donde el rico se mueve a pie, en bici y en transporte público. Ninguna ciudad en el mundo ha resuelto el problema de la movilidad con más autos.

Las calles son una representación simbólica de las decisiones políticas de la ciudad. La infraestructura y los usos del suelo deben garantizar también los esfuerzos por reducir la desigualdad. Por lo tanto, la vía de solución a los problemas de movilidad es el reparto equitativo según el volumen y características de quien se desplaza, velando siempre por satisfacer las necesidades de aquellos que más lo necesitan de la manera más eficiente. Esto es, promover el uso de transporte público a través de la mejora y ampliación de sus servicios; pero sobre todo, incentivar la caminata y la bicicleta como medios de traslado y recreación a través de la recuperación de las calles.

Dicho de otra forma, los problemas de circulación de los automotores no se deben solventar a costa de la seguridad y comodidad de los peatones. Este modelo de desarrollo ha provocado no sólo rezago y exclusión, sino también daños a nuestra salud por nuestra calidad de aire. Además, el sobrepeso y la obesidad son reflejo de los hábitos sedentarios de la población, situación que aumenta con la dependencia al automóvil. Por último, el más trágico de los problemas: las muertes y lesiones graves por colisiones viales son un problema de salud pública en la mayoría de las grandes ciudades de Latinoamérica, siendo una de las principales causas de muerte de niños y jóvenes. El libertinaje que se le ha dado a los vehículos motorizados nos está literalmente matando. Lo que no le conviene ni a los mismos motoristas.

Este momento de crisis es una gran oportunidad para invertir en una movilidad más sostenible cuyos pilares deben ser la defensa y promoción de la movilidad peatonal, ciclista y el transporte público. Lo que se reflejará en un acceso equitativo a oportunidades, la accesibilidad, el esparcimiento, la vivienda digna, un mejor medio ambiente, una seguridad vial que proteja la vida en las calles y una mejor calidad de vida en general. Ya que la movilidad es un derecho que nos permite acceder a otros derechos. De este modo toda intervención de espacios públicos y todo desarrollo de infraestructura vial deben considerar al peatón como el principal actor de la calle, es la única forma de garantizar el derecho a la ciudad.

Desafíos

Planeación urbana

  • Ciudades expandidas y dispersas.
  • Zonas dispares con poca diversidad de usos.
  • Ciudades con alta segregación espacial.
  • Saturación y deterioro de la calidad de los sistemas de transporte público.

Equidad

  • Ineficiente distribución de la calle: mayor espacio para los automóviles.
  • Invisibilización, maltrato y desprotección del peatón.
  • Obstáculos para caminar e infraestructura escasa. Exclusión e inaccesibilidad en las ciudades.

Salud

  • Contaminación del aire y sonora. Cuyo principal culpable en las ciudades son los vehículos motorizados.
  • Vida sedentaria y obesidad.
  • Efectos negativos en la salud mental y física.

Seguridad

  • Muertes y lesiones graves por colisiones viales.
  • Inseguridad pública.
  • Pérdida de identidad y del tejido social a falta espacios públicos de calidad.

Es inaceptable vivir en ciudades agresivas y perjudiciales hacia las personas. Exhortamos con gran pasión por el futuro de nuestras ciudades que en los acuerdos de Habitart III se reflejen nuestras siguientes propuestas:  

¿Qué proponemos?

  • Ciudades sin carreteras urbanas, en donde la vida sea prioridad sobre la velocidad;
  • Velocidades aceptables en las vías urbanas. Un máximo 50 km/hr en las avenidas principales dentro de la ciudad; 30 km/h en las calles secundarias y locales, y 20 km/h fuera de las escuelas y hospitales;
  • Dentro de las ciudades el peatón nunca tendrá la culpa de una colisión vial, el reglamento de tránsito debe garantizar esto. Por lo que los peatones no necesariamente deben de cruzar por las esquinas, ni esperarse a que el semáforo se ponga en rojo para los autos. Si la infraestructura y la cultura vial de los motoristas es la adecuada un peatón podría caminar con una venda en los ojos;
  • Reducción al máximo de los vehículos motorizados dentro de las ciudades.
  • Planificación con usos mixtos, estimulando distancias caminables y la diversidad. O sea vivir cerca de tu trabajo, escuela, tiendas y centros de recreación;
  • Infraestructura adecuada para caminar (aceras amplias y sin obstáculos, con rampas en cada esquina para las personas con movilidad reducida y papás y mamás con carriolas, paraderos de buses dignos, bancas, iluminación, sombra de árboles, cruces seguros y calles estrechas y de tráfico calmado);
  • Prioridad total a las personas (cruce a nivel con preferencia de paso a los peatones);
  • Espacio y tiempo para caminar al ritmo de cada individuo en sus condiciones individuales;
  • Planificar las ciudades a escala humana;
  • Ciudades sin puentes anti-peatonales. En ningún caso se justifica construir un “puente peatonal” dentro de la ciudad, ya que éste sólo beneficia a los vehículos motorizados mientras que los peatones tienen que triplicar su esfuerzo al cruzar;
  • Toda obra pública o privada de infraestructura vial debe incluir espacios adecuados para peatones, ciclistas y transporte público;
  • Se deben cuantificar las externalidades negativas de los vehículos motorizados en términos de: espacio, calidad del aire, sedentarismo, estrés, ansiedad y colisiones viales. Para de este modo monetizarlas e internalizarlas en beneficio de peatones, ciclistas y usuarios del transporte público;
  • Una ciudad que rescate la identidad y cultura de espacios públicos y personas que viven a su alrededor. Rescatar oficios de barrio junto con la identidad local y compartirla. Sólo el espacio público incluyente permite esto;
  • Salvaguardar el derecho de recreación, socialización, juego, deporte y cultura en las calles y demás espacios públicos de la ciudad;
  • Exigimos que el presupuesto público en movilidad urbana se invierta en programas e infraestructura que sigan la jerarquía internacional de la movilidad: primero los peatones, en segundo lugar los ciclistas, en tercer lugar los usuarios del transporte público, en cuarto lugar el transporte de carga y en último lugar los vehículos particulares motorizados (automóviles y motocicletas).

Objetivos

Fin mayor: garantizar el derecho a la ciudad para todos sin importar género, edad, raza, etnia, origen, orientación sexual, condición física ni apariencia o cualquier otra condición social como el nivel socioeconómico, oficio, profesión, religión o lugar de residencia.

Objetivo particular: compartir pacíficamente las calles entre diferentes medios de movilidad, siempre dando prioridad a los peatones. De este modo recuperar la calle como espacio esencial para la vida pública, con condiciones para ejercer diversas actividades que fortalezcan el tejido social. De este modo jugar, desplazarnos, reposarnos, comunicarnos y tomar decisiones políticas, sociales y económicas en este maravilloso espacio público llamado calle.

Los aquí firmantes manifestamos que:

Todos tenemos el derecho innato e inherente de movernos, circular, con nuestros propios pies o ayudas técnicas. Caminar es nuestra forma más natural de desplazamiento.

Todos somos peatones y las calles son nuestro espacio esencial, el lugar de la vida pública. La calle es el espacio público por excelencia.

La ciudad es de todos, y los espacios públicos son esenciales para la vida urbana y el ejercicio de nuestra condición ciudadana. Son el ágora donde la vida social ocurre, es el espacio que sirve igual para desplazarnos, comunicamos y conocernos, para desarrollarnos, disfrutar y jugar, crecer; donde vivimos día a día, donde nos reconocemos como parte de una misma sociedad.

Por eso los espacios públicos deben ser y estar abiertos a todos. Y en elllos, los peatones tenemos la obligación de convivir con respeto y consideración a las necesidades y condiciones de las demás personas.

La ciudad debe construirse y reconstruirse para las personas, a escala humana y ser universalmente accesible. Las reglas de convivencia y movilidad deben privilegiar las necesidades e integridad de las personas. Los espacios deben ser apropiados y reducir a su mínima expresión las barreras físicas en el espacio público. La orientación de estas medidas y toda política que privilegie estos principios deben apuntar a evitar lesiones y muertes causadas por siniestros viales.

Cada vez somos más los que vivimos en ciudades y estas deben ser el espacio que consagre y propicie el ejercicio pleno de los derechos humanos.

El derecho a la ciudad debe apuntalarse como la condición necesaria para lograr una vida digna y plena.

La ciudad es nuestra y debe estar hecha para todas y todos.

¡Peatones de toda latinoamérica y el mundo, unámonos!

Firmantes

México: Liga Peatonal

Brasil[b] : SampaPé!, Cidadeapé, Corrida Amiga

Perú: Peruanos de a pie

Colombia: Fundación En Los Zapatos del Peatón

Ecuador: Isabel Escobar

Venezuela: Cheo Carvajal

Argentina: Verónica Mancilla


[1] Estado de las ciudades de América Latina y el Caribe 2012, ONU Habitat.

[a]agregaría también "habitable" o "vivible"

[b]ANTP