Oye, hijo mío, oye,

oye la nana.

Te llenaré la cuna

de rosas blancas,

que así vendrán los ángeles

de lindas alas.

Te compraré un caballo

de crines blancas

para llevarte al río

a ver las aguas.

Te alcanzaré la luna,

la luna blanca,

para que cuando duermas

bese tu cara

Ya te canté la nana,

duérmete ya;

si no las rosas

se mustiarán.

Si no el caballo

se marchará

y ya la luna

no te querrá…

José Luis Hidalgo