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DE JOSÉ HERNÁNDEZ Y A PROPOSITO DEL “DIA DE LA TRADICION”, DEL “DIA DEL GAUCHO” Y DE LA INCORPORACION DE TEMAS DE  METAFÍSICA  EN EL POEMA            “ MARTÍN FIERRO”

 

POR Guillermo Horacio Gerarduzzi (COCHITO) BAJO LA INSPIRACION DE BORGES

 

 

Como sabemos, cada 10 de Noviembre se celebra en la República Argentina el “Día de la Tradición”, establecido por ley 21.154 en el año 1975, en homenaje al natalicio de José Hernández, creador de “Martín Fierro”, obra que aún hoy – a más de 140 años de su aparición -, es considerada por muchos de nosotros el Poema Nacional (como lo es para Italia La Divina Comedia; La Canción de Rolan para  Francia, El Quijote de la Mancha en España, y algunos otros). Ya en 1939, la prov. de Bs. As. había hecho lo propio para su territorio adoptando la misma fecha, debido a que su autor nació en ella.

 

Como es sabido, el poema se compuso originariamente de dos partes; la primera - ­“El Gaucho Martín Fierro”- lleva pie de imprenta datado el 6 de diciembre de 1872, motivo por el cual cada  6 de diciembre se festeja  en nuestro País el  “Día Nacional del Gaucho”, establecido por ley 24.303/96, promulgada por el Decreto Nº 2773 del 30/12/93; la segunda, titulada “La vuelta de Martín Fierro”, apareció en 1879. Hoy se comercializan en un solo volumen.

 

Diré sobre Hernández que antes que poeta, fue periodista comprometido con la causa federal, legislador, docente de gramática en la enseñanza media, y hombre de leyes. Como esto último, al crearse el Juzgado Federal en la ciudad de Paraná, fue quien introdujo el primer juicio patrocinando a un ciudadano francés en un juicio de Jactancia (su representado había adquirido unos campos en Entre Ríos a una determinada persona y surgió una tercera  adjudicándose ser el verdadero propietario de lo vendido).

 

Fue también militar, y luchó en las filas de la Confederación contra las tropas porteñas en la Batalla de Cepeda (1859); en la de Pavón (1861) – decisiva para la Organización Nacional -, por cuyo desempeño fue ascendido a Sargento Mayor. Finalmente, tomo partido en la campaña de López Jordán contra Sarmiento y, al ser derrotado en Ñaembé, se vio forzado a emigrar a la localidad de Sant’ Anna do Livramento donde, se afirma, habría empezado a perfilar su máxima obra literaria.

 

Pero no es mi propósito elogiar el poema ni hacer una biografía exhaustiva de Hernández, tarea reservada a los críticos literarios y a los biógrafos. Por otra parte en la web hay muy buen material publicado, si se desea profundizar al respecto.

 

Sólo deseo exponer brevemente, sobre las posibles razones por las cuales Hernández introduce elementos propios de la metafísica en la segunda parte de la obra, en la esperanza de que sea novedad para los visitantes del sitio porque, en verdad, creo que no es un tema demasiado conocido, salvo para los estudiosos de la obra.

 

Extrañará, sin dudas, que dos de sus personajes, de pronto y apartándose ostensiblemente de la línea argumental general del poema, abordaran temas que seguramente escapaban a las inquietudes intelectuales de los gauchos de esos tiempos, portadores de mínima ilustración y siempre ocupados en resolver las perentorias urgencias del sobrevivir.

 

Para comprenderlo, se impone que nos retrotraigamos al período que corre entre los años 1873 a 1876, e historiar lo acontecido a Hernández en ese lapso, a la primera parte de su obra, al fuerte impacto en la crítica literaria que ésta obtuviera,  a los momentos que se vivían en los campos político y social. Es decir, juzgarla desde el marco histórico.

 

Como ya dije, el poema se compuso originalmente de dos partes, mediando entre la publicación de la primera y la segunda seis años. La crónica da cuenta del éxito notable de “El Gaucho Martín Fierro”. En las pulperías y estancias se reunían los gauchos, pobres y en su mayoría semianalfabetos (en esos tiempos el analfabetismo afectaba aproximadamente al 80% de la población), a escuchar la lectura del poema (obviamente hecha por alguno de los pocos que supiese leer) en el que se cantaban las peripecias y las penurias de los personajes, demasiado similares a las que todos ellos padecían.

 

Desde su aparición, personalidades como Miguel Cané, José M. Estrada, José Tomas Guido, Bartolomé Mitre, Nicolás Avellaneda, entre otros, elogiaron sin reservas el texto.

 

Pero una obra cargada de intencionalidad política, al constituir un alegato a favor de los gauchos, mal podía escapar a los ataques del sector responsable del estado en que aquellos se encontraban.

 

A ello debe sumarse que Hernández, en 1856, se había afiliado al Partido Federal Reformista y su desempeño como militar de la Confederación; que en 1869 había fundado el periódico “El Río de la Plata”, clausurado luego por D.F.Sarmiento, quien llegó a poner precio a su cabeza.

 

Por todo aquello, la crítica de ese sector a su creación no se hizo esperar y fue acerba. Partía de atribuirle una cierta limitación literaria (la que no le impidió – si es que existía -, obtener brillantemente lo que se había propuesto).

 

Para abreviar, les digo derechamente, que Hernández comprendió que corría el riesgo de quedar en la historia como un hombre poco ilustrado.

 

Pero él había abrebado en los grandes clásicos y, por tanto,  tenía conocimientos profundos de la historia universal y, con ello, de la filosofía griega.

 

Es por eso que su reacción no se hizo esperar: Tenía recursos, recogió el guante y se rebeló poéticamente contra el lugar secundario al que pretendían relegarlo los cenáculos intelectuales porteños y los críticos de filiación unitaria.

 

Es así como seis años después produce la segunda parte del poema, la que originariamente no habría estado en sus planes. En ella introduce temas como la ley, la oscuridad, la claridad, el tiempo, el peso, la medida, la libertad, etc., ajenos por completo – como dije – a las inquietudes de los gauchos, inmersos en la lucha cotidiana e incesante por ganarse el sustento para sobrevivir y carentes de toda movilidad social.

 

De todos esos grandes temas metafísicos, he escogido el que se refiere al tiempo (esa “imagen móvil de la eternidad”, como dice Plantón en el Timeo), porque a él estamos sometidos: no pedimos venir y un día llegamos; no nos queremos ir, y no hay nada mas cierto que la partida. O, para decirlo con palabras de Quevedo: “el tiempo es el asesino que nos mata huyendo”. O en las de Borges: “El tiempo es un problema para nosotros, un tembloroso  y exigente problema, acaso el más vital de la metafísica...” (“Historia de la Eternidad”, La Nación, colección Biblioteca Esencial).

 

No se trata, sin embargo, del tiempo lineal y fluyente, tal como la intuición del común generalmente lo percibe, sino de una cierta idea de un tiempo circular que pasa pero que alguna vez retornará (la caracterizaré luego, acudiendo a un fragmento de Borges).

 

Fue en la payada de contrapunto (en la cual pierde el cantor que no contesta la pregunta de su oponente), donde Hernández introduce el tema tiempo metafísico, haciendo que El Moreno pregunte al respecto y Martín Fierro responda. Dicen así:

 

EL MORENO

Si responde a esta pregunta

tengasé  por vencedor;

doy la derecha al mejor;

y respondamé  al momento:

cuando formó Dios el tiempo

y por qué lo dividió.

 

MARTÍN FIERRO

Moreno, voy a decir

Según mi saber alcanza;

El tiempo es sólo tardanza

De lo que está por venir;

No tuvo nunca principio

Ni jamás acabará,

Porque el tiempo es una rueda,

Y rueda es eternidá;

Y si el hombre lo divide

Sólo lo hace, en mi sentir,

Por saber cuanto ha vivido

O le resta por vivir.

..........................................

 

En la metáfora de la rueda y en el movimiento de giro que implica, está claramente patentizada esa concepción de tiempo circular que mencioné antes, idea que habría tenido su origen en las civilizaciones antiguas, nacida – quizá - de la observación de la rotación de los planetas, de la sucesión de los días y las noches y de las estaciones.

 

Y, esta idea de que todo volverá a ser lo que fue alguna vez y constituido por la misma materia, incluso cada hombre, cumplido (sin retrocesos) un inconmensurable ciclo temporal, fue recogida por nuestro mejor escritor y poeta de todos los tiempos, quien en un derroche de erudición, dejó para quienes somos sus diletantes, el regalo siguiente:

 

LA NOCHE CÍCLICA

 

Jorge Luis Borges

A Sylvina Bullrich

 

Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:

Los astros y los hombres vuelven cíclicamente;

Los átomos fatales repetirán la urgente

Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.

En edades futuras oprimirá el centauro

Con su casco solípedo el pecho del lapita

Cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita

Noche de su palacio fétido el Minotauro.

.........................................................................

 

Exponer esa incertidumbre basilar, posiblemente haya sido el propósito principal del autor, para lo cual se remontó a Grecia, la eterna, donde tuvieran origen los primeros cabildeos sobre el insondable misterio del tiempo y su arcano devenir.

 

Como ya dije, cada 6 de diciembre se festeja el “Día del Gaucho”, establecido por ley 24.303/96. Variada y excelente es la literatura que le rinde agradecido homenaje. Fue muy grato para mí escuchar en una edición del Festival de Cosquín, a un “roquero”, cantando en ritmo de milonga, un tema de Borges, en el que traza una semblanza notable del gaucho del siglo XIX (estaba publicada en you tube). Dice así:

 

 

El Gaucho

Música: Pedro Aznar

Letra: Jorge Luis Borges

Hijo de algún confín de la llanura

Abierta, elemental, casi secreta,

Tiraba el firme lazo que sujeta

Al firme toro de cerviz oscura.

 

Se batió con el indio y con el godo,

Murió en reyertas de baraja y taba;

Dio su vida a la patria, que ignoraba,

Y así perdiendo, fue perdiendo todo.

 

Hoy es polvo de tiempo y de planeta;

Nombres no quedan, pero el nombre dura.

Fue tantos otros y hoy es una quieta

Pieza que mueve la literatura.

 

Fue el matrero, el sargento y la partida.

Fue el que cruzó la heroica cordillera.

Fue soldado de Urquiza o de Rivera,

Lo mismo da. Fue el que mató a Laprida.

 

Dios le quedaba lejos. Profesaron

La antigua fe del hierro y del coraje,

Que no consiente súplicas ni gaje.

Por esa fe murieron y mataron.

 

En los azares de la montonera

Murió por el color de una divisa;

Fue el que no pidió nada, ni siquiera

La gloria, que es estrépito y ceniza.

 

Fue el hombre gris que, oscuro en la pausada

Penumbra del galpón, sueña y matea,

Mientras en el oriente ya clarea

La luz de la desierta madrugada.

 

Nunca dijo: soy gaucho. Fue su suerte

No imaginar la suerte de los otros.

No menos ignorante que nosotros,

No menos solitario, entró en la muerte.

 

 

 

ADDENDA

Para que no tenga que buscar el diccionario – el que necesite precisar o  recordar – lo he hecho yo, y se lo ofrezco (por supuesto, no es sino una breve referencia a las personas y los seres mitológicos) a continuación:

Pitágoras: Fue un filósofo y matemático Griego. A la Escuela Pitagórica se le atribuye haber sentado las bases de la trigonometría y, según se desprende de la poesía, incursionaron en Astronomía.

Afrodita: La más popular de todas las deidades del Olimpo. Diosa del amor, la lujuria, la belleza y la sensualidad. Protege a la mujer. Es la madre de Eros, dios del amor en la mitología griega (que de ellos derivan las voces afrodisíaco y erotismo, podemos concluir sin mucho esfuerzo)  

Tebanos: Natural de Tebas// Perteneciente a esta ciudad de la Grecia antigua.

Ágoras: Plaza pública en las ciudades de Grecia antigua // Asamblea que allí se celebraba. Como en ellas se resolvían los asuntos públicos. Se las indica como el origen de la democracia directa.        

Centauro: Monstruo fabuloso, mitad hombre y mitad caballo. Los centauros constituían una raza de hombres salvajes de la Tesalia que fueron exterminados por los lapitas y han sido convertidos por los poetas en los monstruos  fabulosos ya nombrados. “Es sabido que, de todos los centauros que hubo en la era de los dioses y los héroes, sólo de uno se pudo decir: Es una buena persona”

Lapita: individuo de los tiempos heroicos de Grecia que habitaba en Tesalia, cerca del Monte Olimpo, y se consideraban descendientes de Lapites, hijo de Apolo. Son famosos por su habilidad en la doma de los caballos y por su victoria en la lucha con los centauros.

Solípedo: dícese del cuadrúpedo provisto de un solo dedo cuya uña, engrosada, constituye una uña protectora muy fuerte denominada casco, como en el caballo, el asno y la cebra.

Minotauro: Monstruo fabuloso con cuerpo de hombre y cabeza de toro. Fue encerrado por Dédalo en el laberinto. Se sacrificaban hombres y mujeres para alimentarlo. Lo mató el héroe Teseo.

 

José Hernández: nació en Chacra de Pueyrredón, Partido de San Martín, Prov. de Bs. As. el 10 de noviembre de 1835 y falleció en la ciudad de Bs. As., el 21 de octubre de 1886 (51 años).

Jorge Luis Borges: nació en la ciudad de Bs. As. el  24 de agosto de 1899 y murió en Ginebra (Suiza) el 14 de junio de 1986, donde está sepultado a su pedido (87 años).

Tradición:  Del latín Tradere: Legado o donación.

 

SANTA FE, OCTUBRE/2011

21 Octubre - 1886 fallecimiento de José Hernandez, en Buenos Aires

 

Por asimilación, sinó por la cuna,

soy hijo de gaucho, hermano de gaucho, y he sido gaucho.

He vivido años en campamentos, en los desiertos y en los bosques,

viéndolos padecer, pelear y morir; abnegados,

sufridos, humildes, desinteresados y heroicos."

José Hernandez 1881

 

MARTIN FIERRO

 

Aquí me pongo a cantar

Al compás de la vigüela,

Que el hombre que lo desvela

Una pena estraordinaria

Como la ave solitaria

Con el cantar se consuela.

 

2

Pido a los Santos del Cielo

Que ayuden mi pensamiento;

Les pido en este momento

Que voy a cantar mi historia

Me refresquen la memoria

Y aclaren mi entendimiento.

 

3

Vengan Santos milagrosos,

Vengan todos en mi ayuda,

Que la lengua se me añuda

Y se me turba la vista;

Pido a Dios que me asista

En una ocasión tan ruda.

 

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