LA DICTADURA FRANQUISTA (1939-1975)

1.- Fundamentos ideológicos y evolución política.

Origen y naturaleza del franquismo:
- Grupos ideológicos y apoyos sociales del franquismo;
- La configuración política del nuevo Estado.
La postguerra:
- Las oscilantes relaciones con el exterior;

2.- Sociedad y economía en el franquismo: de la autarquía al desarrollismo.

- La autarquía económica.

 Los años del “desarrollismo”:


- Los Planes de Desarrollo y el crecimiento económico;
- Las transformaciones sociales;

Los efectos de la crisis económica internacional de 1973.

3.- Represión y oposición política al régimen franquista. El papel de la cultura.


- La represión política;
- La reafirmación política del régimen;
- La creciente oposición al franquismo.


El final del franquismo:


- La inestabilidad política;
- Las dificultades exteriores;


La cultura española durante el franquismo: la cultura oficial, la cultura del exilio, la cultura interior al margen del sistema.

FRANCISCO FRANCO.(Ferrol, 1892-Madrid, 1975)

Francisco Franco Bahamonde, Generalísimo de los Ejércitos, jefe del Gobierno, jefe del Estado, jefe Nacional del Movimiento, Caudillo de España por la gracia de Dios, dictador.Franco Bahamonde había nacido en una familia de clase media ligada desde antaño a la administración de la Armada. El tímido Francisco, el segundo de cuatro hermanos, creció bajo el influjo de su piadosa madre y distanciado de un padre librepensador y mujeriego. Fracasado su intento de convertirse en cadete de la Academia Naval, y después de que su padre abandonara definitivamente el hogar familiar (cosa que su hijo nunca le perdonó), Franco consiguió entrar en la Academia de Infantería de Toledo en 1907, a los 14 años. Allí se labró gran parte de su carácter y de sus ideas políticas básicas. El Ejército, con su rígida estructura jerárquica y la certidumbre de las órdenes y la disciplina, cubrió por completo sus necesidades afectivas y proporcionó al tímido muchacho una nueva identidad. Al mismo tiempo, bajo el trauma del Desastre colonial de 1898 y la cruenta guerra en Marruecos, Franco asumió durante sus años como cadete todo el bagaje político e ideológico de los militares de la Restauración: sobre todo, la convicción de que el Ejército era el guardián supremo de la nación y que su deber le situaba por encima de la autoridad civil en caso de amenaza al orden público y a la unidad de la patria. Finalizados sus estudios en Toledo con un mediocre resultado (solo logró el número 251 de una promoción de 312 cadetes), Franco solicitó y obtuvo en 1912 su traslado al Protectorado español en Marruecos. Allí, donde permanecería en conjunto más de diez años de su vida, se reveló como un oficial valiente y eficaz, obsesionado con la disciplina: el arquetipo de oficial africanista, tan distinto de la burocracia militar sedentaria que vegetaba en los tranquilos cuarteles peninsulares. Esas cualidades y el valor mostrado en el combate motivaron rápidos ascensos «por méritos de guerra» hasta convertirse en 1926 en uno de los generales más jóvenes de Europa, a los 33 años de edad. Se mostró partidario de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera y siguió contando con el favor público del rey Alfonso XIII. También en esta época comenzó a devorar la literatura anticomunista y autoritaria enviada por la Entente Anticomunista Internacional, clave en la formación de las obsesivas ideas de Franco sobre la existencia de una conspiración masónico-bolchevique contra España y la fe católica. La llamada mentalidad africanista que se basaba en los siguientes principios:

– obediencia ciega;
– sentido mítico de la muerte;
– superioridad de los valores militares sobre los civiles;
– incomprensión ante los movimientos obreros y los nacionalismos periféricos.

Su nombramiento como director de la nueva Academia General Militar de Zaragoza marcaron un cambio notable en la trayectoria vital,se iría convirtiendo en un jefe militar cada vez más prudente y calculador, muy consciente de su propia proyección pública y muy celoso de sus intereses profesionales y del avance de su carrera. No hay duda de que su matrimonio con Carmen Polo, una piadosa y altiva joven de la oligarquía urbana ovetense, acentuó esa conversión y sus previas inclinaciones conservadoras y religiosas; al igual que el nacimiento en 1926 de su única e idolatrada hija.

«Franquito es un cuquito que va a lo suyito»

Durante La República su cautela le hará aceptar la situación. el cierre de la  Academia militar y la revisión de ascensos, y en 1934 la crisis de Octubre le convertirán en el responsable militar de la represión.La aplastante victoria que logró en Asturias le convirtió en el héroe de la opinión pública conservadora y reforzó su liderazgo sobre el cuerpo de jefes y oficiales. Su nombramiento en mayo de 1935 como jefe del Estado Mayor central cimentó ese liderazgo de un modo casi incontestable. La victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 motivaron el primer intento serio golpista por parte de Franco, que por prudencia pospuso. Franco va  a entrar en contacto cauteloso con la amplia conjura militar contra la República que se estaba fraguando en el Ejército desde abril del 36, en junio se decidirá. El 18 de julio de 1936, iniciada la sublevación militar en Marruecos, Franco asumió su mando con la misma mezcla de cautela y decisión que había demostrado durante sus años de oficial: por si las cosas iban mal, embarcó previamente a su mujer e hija con destino a Francia, se hizo con un pasaporte diplomático y rasuró su singular bigote para pasar inadvertido.
El periodo de la Guerra Civil sentó los cimientos del Estado franquista a la par que sirvió de excelente escuela política y diplomática para Franco. Por esa asombrosa suerte que él tomaba como muestra de favor de la Divina Providencia, la mayoría de los políticos y generales que hubieran podido disputarle el liderazgo de la insurrección fueron eliminados de la escena y además, fue Franco quien consiguió con presteza la vital ayuda militar y diplomática de Italia y Alemania, quien fue reconocido como jefe insurgente por Hitler y Mussolini, y quien dirigía las victoriosas tropas que avanzaban incontenibles hacia Madrid.

El generalísimo como monarca sin título real.

Es elegido en septiembre de 1936 como su único jefe militar y político  en calidad de Generalísimo de los Ejércitos y jefe del Estado. Su formación militar no le hace apto para la dirección de las operaciones en su presente escala, además prefiere la lenta aniquilación física del enemigo. Desde el 1 de octubre del 36 Caudillo .En su calidad de Caudillo, Franco concentraba de manera expresa la plenitudo potestatis y ejercía la máxima autoridad estatal, combinando funciones ejecutivas, legislativas, judiciales (en suma, soberanas y constituyentes), sin discriminación y a la par, de manera vitalicia y sin posibilidad de remoción.

LA DICTADURA FRANQUISTA (1939-1975)

1.- Fundamentos ideológicos y evolución política.

Un Estado totalitario de partido y sindicato único, filofascista, con máscara de reino, nacionalcatólico, ultraconservador, antiparlamentario con un dictador vitalicio. surgido de la represión tras una rebelión militar y una violenta Guerra civil.

Origen y naturaleza del franquismo:

“...El régimen franquista fue una dictadura «de base militar con importantes apoyos civiles», ...y se convirtió en un anacronismo político en Europa Occidental a partir de 1945, al final de la segunda guerra mundial, después de la desaparición de las dictaduras fascistas en Alemania e Italia que habían sido sus avales internacionales desde la rebelión militar de julio de 1936.….” ¿Régimen fascista o régimen autoritario? Es un debate de la historiográfica sobre el franquismo .(SÁNCHEZ RECIO 2010)

-el régimen franquista fue una dictadura, entendiéndola como un estado de excepción, ya que la concentración de poder en una sola persona sitúa al franquismo al margen de todo régimen constitucional liberal o democrático.El 29 de septiembre de 1936 el general Franco recibió de la Junta de Defensa Nacional, todos los poderes del nuevo Estado: el militar, convirtiéndolo en jefe del Ejército, Generalísimo, y el político, nombrándolo jefe del Gobierno del Estado, poderes que Franco no declinó en toda su vida:A lo largo de los treinta y nueve años que duró el régimen franquista el Generalísimo ni abandonó ni redujo los poderes recibidos y en circunstancias históricas muy significativas los reafirmó aunque en alguna, por ejemplo sobre la Ley Orgánica del Estado, se produjo un debate en noviembre y diciembre de 1966 sobre el mantenimiento de sus poderes excepcionales[1].
-sostenida en todo momento por el Ejército, con una fuerte presencia de militares en puestos de poder. Garante de la unidad y encarnaba el régimen.Franco y su ejército mandaron en España a partir del 1 de abril de 1939 y juntos se mantuvieron, sin apenas fisuras, durante casi cuarenta años.
-La imposición del Régimen y su posterior consolidación no podrían haberse alcanzado sin su relación con la guerra civil.
-la dictadura franquista mostró desde el principio su inclinación a ser duradera; por lo que sin alterar sus primeros objetivos utilizó las estrategias políticas que creyó más adecuadas para adaptarse a las coyunturas interiores y exteriores en sucesivas etapas:

  1. -el directorio militar de los primeros meses, hasta enero de 1938.
  2. -el estado totalitario, a semejanza de los regímenes establecidos en Italia y Alemania, desde 1942, y sobre todo de 1945, se buscó otra fórmula que, sin cambiar nada de lo fundamental, manifestara alguna semejanza con las democracias occidentales, como la creación de las Cortes, el Fuero de los Españoles, la ley de Sucesión y el referéndum de 1947, y las elecciones municipales.
  3. - y la monarquía tradicional, social, católica y representativa, a la que acudió cuando, ya inservible la fórmula fascista, el franquismo tuvo que ofrecer otra que fuera aceptable para los regímenes democráticos.

Debido a la longevidad del franquismo, la relación entre la gente y la dictadura fue plural, variable y compleja.
En términos políticos, existe un consenso mayoritario en diferenciar dos fases:
-la primera, filo-fascista, abarca desde el final de la Guerra Civil hasta la derrota del Eje al final de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

-A partir de entonces, el régimen abandonó sus aspectos formales más abiertamente fascistas en favor de una apariencia cristiana y anticomunista. Además, para entonces, lo peor de la represión contra los vencidos había pasado. Esta segunda etapa se caracterizó primero por el apoyo del Vaticano y luego se consolidó con una alianza formal con Estados Unidos en 1953, que trajo ayuda financiera a cambio de la cesión de territorio español para bases militares americanas.

- Grupos ideológicos y apoyos sociales del franquismo. LAS LLAMADAS FAMILIAS DEL FRANQUISMO.

Los antiguos políticos de la CEDA y miembros relevantes de la ACNP contribuyeron de forma decisiva a institucionalizar el Nuevo Estado de la España de los vencedores. El entramado político que emergió de la guerra «armonizó» lo mejor de la tradición española con formas modernas de movilización de masas propias de la parafernalia y de la simbología fascistas y con otros métodos derivados de ese «totalitarismo divino», expresión acuñada por el cardenal Gomá, presente en las procesiones, en las escuelas, en la Acción Católica, en las parroquias, en el púlpito y hasta en las cárceles.

En lo cultural y político también eran muy significativas las diferencias en la España de 1939. La mayor parte de los españoles hablaba castellano, pero el uso de otras lenguas vernáculas en Cataluña, Galicia y, en bastante menor grado, País Vasco, era común, sobre todo en el entorno rural. En Cataluña y en el País Vasco existieron además —hasta su prohibición por la dictadura— partidos y asociaciones de marcado carácter nacionalista. Durante la Segunda República, tanto en estas nacionalidades como en el resto de España, el pequeño campesinado votó en general a la derecha, mientras que los jornaleros sin tierra y la población de los centros urbanos e industriales tendieron a apoyar a la izquierda y a los partidos republicanos. La división ideológica reflejaba además otra de tipo religioso: en las regiones rurales con predominancia de campesinos propietarios, especialmente en el norte, la asistencia a misa era muy alta así como el cumplimiento de las prácticas religiosas; mientras que la clase trabajadora, tanto urbana como rural, era a menudo indiferente e incluso abiertamente anticlerical. Estas divisiones no desaparecieron con el fin de la guerra —otra cosa es que fuesen negadas por la dictadura— y de hecho resultan cruciales para entender el nacimiento y desarrollo de los movimientos sociales y culturales que se produjeron durante los últimos años del franquismo. Entre otras cosas marcaron el contraste entre la frecuencia e intensidad de la protesta en las regiones más desarrolladas y urbanizadas, con una arraigada clase trabajadora otrora organizada y combativa, y la falta de la misma en las zonas católicas, agrarias, conservadoras y/o tradicionalmente desmovilizadas.
A pesar de ello, se puede decir que el resultado del conflicto fue una sonada derrota, confirmada por las leyes y las políticas de la dictadura, de los intereses económicos de los pobres, y en especial de las clases trabajadoras y campesinos sin tierra. Luego, a partir de los años sesenta, también resultaron damnificados los intereses de los pequeños propietarios agrarios, pero esto, como ocurrió en el resto de Europa, se debió al propio desarrollo del sistema capitalista. También perdieron la guerra las identidades nacionales no «españolistas», las ideas laicas y todas las que se situaban a la izquierda del conservadurismo social y cultural más extremo. Como resultado, la España oficial que salió de la Guerra Civil fue un país caracterizado —y hasta caricaturizado— por la intolerancia y los prejuicios ideológicos, esto es, por la falsa unidad impuesta por el muy real terror del régimen de Franco.

GRUPOS IDEOLÓGICOS

LA FALANGE

El partido único Falange Española Tradicionalista y de las JONS, denominado también Movimiento Nacional, pasó de 240 000 afiliados en 1937 a casi un millón en 1942. Sus dirigentes, junto con los militares, ocupaban los altos cargos de la Administración central y eran también falangistas muchos de los gobernadores civiles, alcaldes y concejales.

La Falange nació siendo una organización fascista minoritaria y fallida. Tenía muy mala fam entre la población en general. La mayor parte de sus miembros bajo el franquismo no tenían un pasado fascista sino que eran nuevos en política, otros eran avezados políticos conservadores y otros (sobre todo a escala local) eran caciques corruptos cuyas familias habían estado controlando la vida pública del país desde el último tercio del siglo XIX.. Cada uno trajo sus antiguos intereses, costumbres y rencillas al nuevo partido, donde no escatimaron medios para ganar preeminencia, aupar a sus amigos y castigar a sus enemigos.

EJÉRCITO

La creciente influencia de Falange dentro del Estado provocó tensiones con algunos militares y fue la causa de la única crisis política seria que vivió la Dictadura en sus primeros años, que perdieron militares y falangistas a favor de Franco, algunos generales mantuvieron en esos años puntos de fricción con Franco, sobre todo los partidarios de la restauración de la monarquía, en realidad la posibilidad de que hubiera una conspiración que nunca sería secundada por los oficiales de rango medio, esos coroneles, comandantes y capitanes que pertenecían a la generación que había estudiado en la Academia General Militar de Zaragoza cuando Franco era su director, desde 1927 a 1931, y que mostraban una lealtad incondicional hacia el Caudillo como salvador de España.

Como agudamente lo definió Gabriel Cardona, aquel sobredimensionado y macrocéfalo Ejército —22 000 oficiales, 3000 suboficiales y casi 300 000 soldados— era un «gigante descalzo». Y podría también decirse que entumecido y anacrónico, con unos cuadros de mando totalmente ajenos a los cambios doctrinales y avances tecnológicos que estaban transformando los ejércitos de su entorno y ensimismados en la victoria alcanzada en un conflicto que se libró a golpe de alpargata y con muy escasos medios modernos. En su mayor parte franquistas de corazón y con escasas perspectivas de hacer carrera, estaban honradamente persuadidos de las bondades del Régimen, satisfechos de las prebendas de que disfrutaban y proclives a justificar su lamentable situación profesional.

IGLESIA

La Iglesia era el alma del Nuevo Estado, resucitada después de la muerte a la que le había sometido el anticlericalismo. La Iglesia y la religión católica lo inundaron todo: la enseñanza, las costumbres, la Administración y los centros de poder. Los ritos y las manifestaciones litúrgicas, las procesiones y las misas de campaña llenaron las calles de pueblos y ciudades, conviviendo con el saludo romano, llamado «nacional» en vez de fascista, el canto del Cara al Sol y el culto al Jefe, cuyo rostro se recordaba en las monedas con la leyenda «Caudillo de España por la Gracia de Dios».

Se fortificó su dominio en educación.La jerarquía eclesiástica se planteó muy en serio el objetivo de recatolizar España a través de la educación. Contaron para ello con intelectuales católicos fascistizados, como Sainz Rodríguez, un catedrático de Universidad de la extrema derecha alfonsina, ó  José Ibáñez Martín desde 1938, se mantuvo al frente del Ministerio hasta 1951, doce años en los que tuvo tiempo de culminar la depuración del Magisterio iniciada por aquella Comisión de Cultura y Enseñanza que presidió desde finales de 1936 José María Pemán-convirtieron a las escuelas españolas en un botín de guerra repartido entre las familias católicas, falangistas y excombatientes.-, de catolizar la escuela y de favorecer con generosas subvenciones a las escuelas de la Iglesia.

Esa simbiosis entre la Patria y la Religión, el nacionalcatolicismo, se cimentó tras la sublevación militar de julio de 1936 como aglutinante de los heterogéneos grupos del bando rebelde como ideología unificadora y hegemónica,era el  antídoto perfecto frente a la República laica, el separatismo y las ideologías revolucionarias, tuvo un significado específico para burgueses y terratenientes, para los militares y para un amplio sector de pequeños propietarios rurales y clases medias urbanas. Resultó una ideología eficaz para la movilización de todos esos grupos que se propusieron desterrar los conflictos sociales y darles una solución quirúrgica.
El nacionalcatolicismo, pensaban sus defensores, tenía raíces profundas y lejanas en la historia de España, en la época imperial de los Reyes Católicos, en la Edad de Oro y en la Contrarreforma. De la decadencia posterior eran causantes las diversas herejías extranjeras, el protestantismo, el liberalismo y el socialismo, a las que los malos españoles se habían agarrado.

- La configuración política del nuevo Estado.

 La postguerra:


- Las oscilantes relaciones con el exterior;

LA ETAPA PROFASCISTA 1939-45

Los comienzos del franquismo están estrechamente relacionados con el contexto internacional y la supremacía de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Su alineación con el Eje en el terreno de la política institucional provocó una fascistización del régimen hasta 1942 no exento de ciertas tensiones con los sectores de la dictadura que no querían esa identificación: militares, monárquicos y católicos, principalmente. Ese ascendiente fascista tuvo su manifestación en la organización política del régimen y en sus aspectos simbólicos, como saludos, rituales, desfiles o consignas. Algunos de los miembros del Movimiento tuvieron un significativo poder en los primeros años del franquismo, como el concuñado del dictador Ramón Serrano Suñer, quien fue seis veces ministro de los gobiernos franquistas entre 1938 y 1942, ocupando las carteras de Interior, Gobernación y Asuntos Exteriores, y presidente de la Junta Política de la Falange. Las simpatías de Serrano Suñer hacia los regímenes europeos fascistas, su intento de incrementar el poder político de Falange, su creciente poder y la forma de ejercerlo provocaron recelos entre los militares y la derecha católica, que derivarían en una importante crisis gubernamental en 1941, en la que Franco retiró del poder a falangistas próximos a Serrano Suñer para situar a miembros de la Falange más fieles a él. La situación de crisis política, lejos de tranquilizarse, se agravó en el verano de 1942 con dos incidentes: el intento de asalto a la embajada británica de un grupo de falangistas apoyados por Serrano Suñer, y el atentado perpetrado en la basílica bilbaína de Begoña en agosto de 1942 por un grupo de falangistas contra los asistentes a una concentración carlista presidida por el entonces ministro del Ejército, el general Varela. La reacción de Franco fue la destitución de los dos ministros militares, Varela y Galarza, y la de Serrano Suñer. En este contexto se enmarca la neutralidad de España en la II Guerra Mundial ( reunión con Hitler en Hendaya en octubre de 1940, no llegan a un acuerdo por la petición franquista con la devolución de Gibraltar (tras la derrota del Reino Unido); la cesión del Marruecos francés y de una parte de la Argelia francesa a España más el Camerún francés que se uniría a la colonia española de Guinea; el envío de suministros alemanes de alimentos, petróleo y armas para paliar la crítica situación económica y militar que padecía España) al final se envió a la URSS la División Azul.

LA ETAPA DE AISLAMIENTO. 1945-1953

A la Segunda Guerra Mundial le sucedió pronto la «Guerra Fría», la confrontación no armada entre la Unión Soviética y Estados Unidos con sus respectivos aliados. El anticomunismo de Franco le hizo ganar enteros entre los militares norteamericanos, un reconocimiento plasmado en el Pacto de Madrid, firmado el 26 de septiembre de 1953, punto de partida de la notable ayuda económica y militar que Estados Unidos iba a proporcionar a España en los años siguientes.

1945–1349: a pesar de este cambio pro–aliado, la actitud comprometida con el Eje hizo que las potencias aliadas condenaran al Régimen español a un aislamiento internacional —nunca completo—, que provocó durante casi cinco años el momento más difícil para Franco. El dictador español respondió con cambios en la estructura política, la configuración del Estado como Reino, el mantenimiento forzoso de la autarquía como sinónimo de independencia y el mayor peso dado a los «católicos» frente a los falangistas. Los acontecimientos internacionales, en el contexto de la guerra fría, que tuvieron lugar desde 1947 y especialmente 1949, permitieron el cambio de actitud de Estados Unidos, de algunas potencias occidentales y, como consecuencia, de la ONU, en relación con la España de Franco. Poco a poco el anticomunismo fue sustituyendo en el sistema internacional al antifascismo dominante, lo que favoreció la inserción progresiva en ese sistema.

LA NUEVA IMAGEN DEL RÉGIMEN. ALIADOS DE EEUU. BALUARTE CRISTIANO.

1950–1953: el establecimiento de un eje Madrid–Washington se convirtió en un objetivo prioritario de los dirigentes españoles. El papel desempeñado por Estados Unidos y la creciente tensión exterior ayudaron para que fuera produciéndose un lento pero seguro proceso de integración de España en la sociedad internacional. La progresiva «liberalización» del Régimen, básicamente en el ámbito económico y en la configuración del quinto gobierno, ayudó a transformar la imagen de España. Esta situación permitió la firma de dos acuerdos que marcarán un antes y un después: el Concordato con el Vaticano (agosto de 1953) y los Pactos económico–militares con Estados Unidos (septiembre de 1953).


El 4 de noviembre de 1950 la ONU anuló la resolución de 1946 que aislaba a España. En 1951 regresaban los embajadores, encabezados por los representantes de Estados Unidos y Gran Bretaña, y España entraba en la Organización Mundial de la Salud. Tras el Concordato con el Vaticano y los pactos de Defensa y Mutua Ayuda con Estados Unidos en 1953, España fue finalmente admitida en la ONU en diciembre de 1955.
Pese a que el presidente demócrata Harry S. Truman, en el poder desde 1945 hasta finales de 1952, no ocultó la hostilidad hacia Franco, la política exterior estadounidense hacia la dictadura comenzó a cambiar durante 1949-1950, bajo las presiones de un pequeño grupo de senadores, congresistas y jefes del Ejército. El anticomunismo de la dictadura franquista y las consideraciones estratégicas aportadas por los militares facilitaron ese cambio. Aunque a España no se la incluyó en el Plan Marshall y, mientras la dictadura duró, nunca se la invitó a incorporarse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), fundada el 4 de abril de 1949, la posición de Estados Unidos fue clave para aliviar los aspectos más severos del ostracismo internacional, aunque algunos Gobiernos europeos occidentales se mostraban menos benévolos y otros como México siempre permanecieron hostiles.

Las negociaciones entre la diplomacia española y estadounidense comenzaron en 1951 tras el intercambio oficial de embajadores. El pacto firmado en septiembre de 1953, cuando el republicano Dwight Eisenhower ya había sustituido a Truman, proporcionaba a España ayuda económica y militar y la oportunidad de adquirir grandes cantidades de materias primas norteamericanas y excedentes de alimentos básicos a precios reducidos. Los acuerdos tenían diez años de duración y durante ese tiempo la ayuda económica ascendió, según cifras oficiales norteamericanas, a 1688 millones de dólares, créditos gestionados a través del Export-Import Bank y que sirvieron en su mayor parte para comprar productos norteamericanos. La ayuda militar, que como señala Ángel Viñas, el mejor estudioso de esos pactos, estaba destinada a modernizar a «unas fuerzas armadas depauperadas», superó los quinientos millones de dólares. Durante esos años, los norteamericanos construyeron, a cambio de toda esa ayuda, cuatro complejos militares en Torrejón de Ardoz (Madrid), Morón (Sevilla), Rota (Cádiz) y Zaragoza.

El pacto con Estados Unidos se cerró prácticamente al mismo tiempo que el nuevo Concordato con la Santa Sede. En los años que siguieron a la Guerra Civil, la Iglesia católica española ya había recuperado la mayoría de sus privilegios institucionales. El 9 de noviembre de 1939 se restableció la financiación estatal del culto y del clero, abolida por la República. El Concordato de 1953, confirmó ese privilegio de presentación de obispos que había sido otorgado al dictador en junio de 1941. Franco presentaba seis nombres al Papa para cubrir las sedes vacantes y finalmente designaba a uno entre los tres que seleccionaba el Pontífice, lo cual garantizaba en la práctica que esa Iglesia que había salido de la cruzada victoriosa mantuviera su fidelidad al «Caudillo por la gracia de Dios».
De los numerosos privilegios y poderes que el Concordato otorgó a la Iglesia española destacaba la provisión por el Estado de las necesidades económicas del clero y la obligatoriedad de que en todos los centros docentes, estatales o no, la enseñanza se ajustara «a los principios del dogma y de la moral de la Iglesia católica». Franco, a cambio, logró unos beneficios políticos sustanciales que apuntalaron la legitimidad del régimen en el interior y en el exterior.

 Es cierto que la Falange, tras la derrota de los fascismos en la Segunda Guerra Mundial, vivió,años de oscurecimiento, dividida entre quienes preferían ceder principios ideológicos a cambio de poder y la minoría de puristas que todavía soñaban con la revolución fascista. Pero conviene no despreciar la amplia red de influencias de lo que se llamaba el Movimiento, desde los medios de comunicación a los sindicatos verticales, pasando por las relaciones laborales o los servicios sociales. Los oficiales del Ejército y los funcionarios del Estado eran automáticamente miembros de FET y de las JONS.

De 1953–1957: el Régimen inició una ofensiva para aumentar su presencia en las organizaciones internacionales, culminada con éxito con el ingreso en la ONU en 1955. Igualmente pudo solucionar el tema de Marruecos a través de la independencia; relanzó con fuerza la cuestión gibraltareña, planteó el ingreso en los organismos económicos internacionales y, en definitiva, fue asentando a España en la comunidad internacional.


Entre 1957–1973: la formación del décimo gobierno de Franco el 25 de febrero de 1957 incluyó a Fernando María Castiella (de la ACNP) en la cartera de Asuntos Exteriores. Fue la etapa más brillante de la acción exterior del franquismo hasta 1969. Fue la fase en la que se produjo la transformación económica y social del país y en la que encontramos una mayor y mejor planificación de la política exterior. A ello ayudarán, sin duda, el desarrollo económico, la llegada de millones de turistas, el cambio social y de mentalidad. En 1969 Franco decidió que era el momento de nombrar a su sucesor a título de Rey, el príncipe Juan Carlos, y en junio de 1973 que el nuevo presidente del Gobierno fuera el almirante Carrero Blanco.

LA FASE FINAL


1973–1976: frente a los logros obtenidos hasta 1973 el asesinato de Carrero Blanco por ETA supuso el inicio de un período que solo puede definirse por un término: crisis global. Una crisis, en efecto, que se aprecia en la política interior en la que la inestabilidad, el aumento de la represión, las tensiones entre las familias del Régimen o la enfermedad de Franco se combinarán con el impacto de la crisis económica mundial que llegó a España desde 1974, paralizando el desarrollo económico y provocando con ello un creciente malestar social. Todo ello se reflejará en la política exterior en la que poco a poco irá descomponiéndose la estructura de relaciones establecida en los periodos anteriores con aliados y vecinos. España, desde 1974, se convirtió en la única dictadura de toda la Europa Occidental —tras la «revolución de los claveles» en Portugal y el fin de la junta militar en Grecia—. Esta grave situación no permitió resolver adecuadamente las diferentes amenazas y focos de tensión que comenzaron a surgir desde el Sahara hasta Helsinki, desde Lisboa a Nueva York. El incremento de la represión desde 1975, junto con decisiones como las condenas a muerte de terroristas, harán que volviese aquello que se creía superado, es decir, el aislamiento, las condenas internacionales, el recuerdo del fascismo, etc. La muerte de Franco, en noviembre de 1975, y el aislamiento al que se sometió a España no pusieron fin a los recelos internacionales ni incluso con el nuevo jefe de estado, el rey Juan Carlos I. Transcurrieron aún varios meses, hasta mediados de 1976, para que se percibiera realmente el fin del franquismo y su herencia desde la perspectiva de la política exterior.

2.- Sociedad y economía en el franquismo: de la autarquía al desarrollismo.

-La instauración del régimen franquista significó una clara ruptura institucional en la historia de España, que tuvo considerables implicaciones para la economía.
La aplicación de los presupuestos ideológicos de los vencedores al ámbito económico trajo consigo una etapa de estancamiento que ha sido descrita como «la noche de la industrialización española». La sustitución de los mecanismos mercantiles de asignación por expedientes administrativos, complejos y poco claros, perjudicó el desarrollo de la competencia dificultando la toma de decisiones de los agentes económicos. Los empresarios españoles se adaptaron a la situación, buscando extraer el máximo de las oportunidades que ofrecía la regulación franquista e intentando sortear los obstáculos y eludir los perjuicios que de ella se derivaban. Como consecuencia, la reducción de costes y el aumento de la eficiencia pasaron a un segundo plano como guías de la actuación empresarial

El estudio de la historia social y económica del franquismo se complica porque encierra también la transformación de un país esencialmente agrario en 1939 a otro urbano y moderno a la muerte del dictador. .

En su conjunto, la mayoría de los estudiosos estiman que hubo tres etapas de desarrollo en el ámbito socioeconómico.

  1. - La autarquía económica.
  2.  -Los años del “desarrollismo”
  3. -Los efectos de la crisis económica internacional de 1973.

- La autarquía económica.

-Las características de la administración económica —arbitraria, discrecional y carente de objetivos claros— hicieron de la cercanía con las autoridades, el tráfico de influencias y la especulación en los mercados negros las principales fuentes de beneficios.

-La otra cara de esta nueva manera de hacer negocios se traducía en la ineficacia, la aquiescencia o, en el peor de los casos, la corrupción en la gestión pública de los asuntos económicos. Se alteraron así las pautas de comportamiento tanto de los agentes privados como del sector público, lo que a largo plazo se convirtió en una hipoteca muy difícil de levantar.


Abarca hasta 1952 y estuvo marcada por una política autárquica o de subsistencia en la que la privación de productos de primera necesidad causó una hambruna generalizada, que en algunos lugares llegó hasta bien entrada la segunda mitad de la década de 1940. El régimen autárquico —importado del modelo fascista socioeconómico italiano y alemán con el que el dictador se identificaba— pretendió y consiguió mantener a España al margen de la economía global, incluso a costa de rechazar la oferta de asistencia de Estados Unidos y del Reino Unido en los años iniciales de la guerra mundial.

-Los responsables franquistas desconfiaban de la iniciativa privada que, en su opinión, había fracasado en anteriores intentos de industrializar el país. Eso les llevó a considerar al Estado como el único agente capaz de realizar la necesaria labor industrializadora, garantizando una asignación de los recursos que no solo atendiese a los fines privados de rentabilidad y beneficio, sino sobre todo a los más primordiales objetivos nacionales. De tal manera que el Estado se reservó el derecho de intervenir directamente en la actividad productiva siempre que lo considerase beneficioso para el «interés nacional».

-El principal instrumento para esta intervención fue el Instituto Nacional de Industria (INI), creado en 1941 con el objetivo de alcanzar la autosuficiencia en sectores relacionados con la defensa del país y en actividades básicas para la economía. El instituto gozaba de un estatus privilegiado en la economía española derivado, en primer lugar, del ventajoso acceso a la financiación pública. Además, las empresas del INI eran declaradas de interés nacional de forma automática, lo que les posibilitaba disfrutar de la amplia gama de incentivos prevista en las leyes de promoción industrial promulgadas en 1939. Más importante era que prácticamente se les concedía el monopolio en el mercado nacional, ya que uno de los criterios más relevantes a la hora de aprobar las licencias de importación era la existencia de producción nacional. La falta de consideración de criterios económicos, como el coste de oportunidad o la propia rentabilidad en las decisiones de inversión, y la alta intensidad en capital de las actividades del INI significaron un notable desperdicio de los limitados recursos de la España de posguerra, lo que sin duda limitó el ritmo de crecimiento.Una segunda característica de la política autárquica era la decisión de someter toda la actividad económica al control del Estado, que pretendió dirigir tanto la asignación de los recursos como los precios. Se trataba de dominar la actividad económica con espíritu militar.

-Las relaciones laborales quedaron reglamentadas por una regulación que, por una parte, garantizaba la estabilidad del puesto de trabajo como medio para mantener el orden público, y, por otra, aseguraba a los empresarios una mano de obra barata, disciplinada y sin posibilidad de protesta.Las diversas medidas legislativas que afectaban al mercado de trabajo regulaban desde las condiciones o la organización del mismo dentro de las empresas hasta los salarios. A este respecto, la fijación centralizada de las retribuciones tenía como objetivo la moderación de los aumentos salariales. La lucha distributiva que había hecho imposible el consenso en los años treinta se resolvía así por la vía de la represión.

Como se verá más adelante, los efectos económicos y humanos de la autarquía fueron nefastos[2]. Hasta 1949 la economía española estuvo prácticamente paralizada en niveles similares, o en algunos aspectos incluso inferiores, a los alcanzados antes de la Guerra Civil. En términos constantes, la renta per cápita de 1949 no llegaba al 80 por ciento de la de 1929. El ritmo de crecimiento del PIB real apenas superó una tasa anual del 1 por ciento entre 1940 y 1949. Además, durante el primer decenio del franquismo se produjo un fuerte retroceso en el proceso de industrialización. Así, la aportación de la industria al producto total apenas alcanzaba el 27 por ciento en 1950, cuando en 1930 había superado el 32 por ciento. Un fracaso sin paliativos que las autoridades franquistas no dudaron en atribuir a las consecuencias de la Guerra Civil. Sin duda, una vez terminado el conflicto bélico, la economía española estaba desarticulada y padecía serios desajustes. Las producciones agraria e industrial habían descendido, el mercado estaba dividido en dos partes prácticamente incomunicadas, en las que circulaban dos pesetas diferentes, y buena parte de los recursos financieros y reales del país se habían consumido en la contienda. Pérdidas relevantes, sin duda, pero no suficientes para justificar la magnitud y, sobre todo, la duración del estancamiento de la economía española. Esta tardó 12 años en superar el nivel real de producción de 1935. En el caso de los países europeos salidos de la II Guerra Mundial, con niveles de destrucción mucho mayores, la recuperación se consumó en 3 o 4 años.

-El modelo autárquico perduró en España hasta 1959 y, a pesar de ello, los años cincuenta fueron un periodo de fuerte expansión de la economía y de la industria. De manera que la política autárquica per se no impedía el crecimiento a corto plazo, aunque crease peligrosos desequilibrios y dejase rémoras importantes a medio y largo plazo.

-Cualquier transacción con el exterior, comercial o financiera, requería aprobación previa de las autoridades. Como medio para garantizar la «españolidad» de las empresas y, por tanto, su supuesta adhesión a los intereses nacionales, las inversiones extranjeras se enfrentaron a un marco legislativo claramente hostil.

-El papel inversor del Estado fue mínimo: se basó en un escaso nivel de redistribución de la renta vía recaudación progresiva de impuestos y gasto social. España no contó hasta 1977 con un sistema de tributación moderno, lo que además de ser una bendición para las clases más pudientes significó también que el Estado tenía una capacidad muy limitada para gastar. Los datos son palmarios. En 1965, el impuesto de la renta representaba solo un 14,3% del total recaudado por el Estado (la media de la OCDE era del 26%) y el gasto público solo ocupaba un 15% del PIB (la media de la OCDE era del 31%). En 1970, el gasto en el sector público se había incrementado hasta el 20% del PIB, lo que era una proporción raquítica si se compara con el 38,6% de Alemania, el 51% de Francia, el 43% de Italia o el 53,2% de Reino Unido.

La segunda etapa, entre 1952 y 1959, se ha llamado de transición o seminormalidad. Se trató de una respuesta reactiva y desganada a la catastrófica situación económica. El régimen dio marcha atrás a buena parte de las absurdas medidas adoptadas durante la autarquía, pero sin desmontar el sistema, lo que llevó a que los desequilibrios macroeconómicos se agudizasen en la segunda mitad de la década.A la vez que abría el régimen al exterior valiéndose de las ventanas americana y vaticana, el nuevo gobierno insistió en la voluntad de un crecimiento rápido apoyado en la industria, aunque basado ahora en un ideario económico que primaba la ortodoxia en la administración del sector público y la apertura a intercambios internacionales frente al ideal autárquico, y la afirmación de las ventajas del mercado libre sobre la política de control y de intervención. En consonancia con estos criterios, varios ministerios pusieron en marcha políticas de rápido crecimiento industrial basadas en la liberalización del comercio exterior que permitiera a las industrias españolas proveerse de materias primas y de maquinaria frente a quienes mantenían la necesidad de reforzar la línea autárquica, que no habían desaparecido del gobierno. El cambio de orientación afectó también a la política agraria con el nombramiento para el ministerio de Agricultura de Rafael Cavestany, que se había mostrado en años anteriores muy crítico de la maraña de restricciones, intervenciones, cupos forzosos, racionamientos, y había sido uno de los primeros en atribuir el déficit de alimentos a la política económica seguida desde el fin de la guerra civil. Fruto de esta nueva política fue la subida sostenida de la renta nacional y de la renta per cápita, que por fin recuperó y sobrepasó los valores alcanzados en los años treinta. La incipiente liberalización del comercio exterior provocó un considerable aumento de la demanda de productos extranjeros como carburantes, materias primas y semifacturadas, manufacturas y material de transporte. En este contexto de crecimiento, se ha discutido la importancia de la «ayuda americana» en la revitalización de la economía española. Aunque el volumen total fuera modesto en comparación con otros países europeos —alrededor de 1.500 millones de dólares en concepto de donación o préstamo—, sus efectos fueron considerables al incidir en una economía con muy bajo nivel de actividad, atenazada por múltiples estrangulamientos. Al movilizar esa actividad permitiendo un incremento de las importaciones, esa ayuda y los créditos anteriores desempeñaron un considerable papel en la reanimación de la actividad económica. Los problemas habrían de sentirse pronto. La actividad industrial dependía en último término del comportamiento de la demanda interna, pero el nivel de consumo de que se partía era tan bajo que su incremento se encaminó a la mayor demanda de alimentos, no tanto a la de productos manufacturados. Apareció así el fantasma de una crisis hasta entonces desconocida, la de saturación de la oferta de algunos productos manufacturados como los textiles. En esta situación, la única política posible para mantener el ritmo de la actividad industrial consistía en aumentar la capacidad de consumo de la población, lo que, además, vendría a satisfacer las reivindicaciones que habían estallado ya en muestras de protesta social. Se procedió a incrementos salariales que, a su vez, dispararon una galopante inflación. En 1956-1957 todo el proceso de crecimiento parecía amenazado por el déficit comercial y el aumento de la inflación. Las presiones inflacionistas —en palabras del gobernador del Banco de España, Juan Sardá— llevaron a la economía española al borde del abismo.

-Los años del “desarrollismo”:- Los Planes de Desarrollo y el crecimiento económico;
- Las transformaciones sociales;

El tercer y último periodo se inauguró con el Plan de Estabilización de 1959. Tras las reformas económicas, se entró en un periodo de desarrollo que, en términos generales, marcó la vida material y cultural (en sentido amplio), pero no la política, del país hasta el ocaso de la dictadura. A este periodo se le llamó el del milagro económico español.

Pero la realidad fue mucho más compleja. Entre otras razones porque los cambios en la vida de los españoles de a pie durante esos cuarenta años no fueron homogéneos a lo largo del país. España es un «pequeño continente» con una diversidad singular —enraizada en fundamentos históricos, económicos, sociales y culturales dispares— entre las diferentes regiones y, si usted lo prefiere, naciones que la conforman; es más, esas diferencias, que en ocasiones pueden llegar a ser muy marcadas, también se pueden apreciar dentro de las subdivisiones territoriales.

En 1939, la mayoría de la población era rural. La producción agrícola más importante se encontraba en los trigales de Castilla y de Andalucía, donde también se cultivaba el olivo y se producía fruta y vino para exportar. En el noroeste de la península la explotación de la tierra se llevaba a cabo sobre todo en pequeñas propiedades, pero en el suroeste abundaba el latifundio, que empleaba a cientos de miles de campesinos sin tierra. Al mismo tiempo, el país poseía grandes metrópolis como Madrid y Barcelona o dinámicas ciudades medias como Sevilla, Valencia, Bilbao o Zaragoza. Algunas regiones contaban con un bien establecido y complejo entramado industrial basado en una relativa especialización: extracción de carbón en Asturias y siderurgia el País Vasco; en Cataluña —especialmente en los alrededores de Barcelona— se concentraba la producción textil; Madrid aglutinaba el sector servicios, especialmente en los seguros, la banca y, por supuesto, en la administración del muy centralizado Estado. Otras regiones contaban con industrias de menor calado, la mayoría asociadas a la producción alimentaria y las exportaciones de productos primarios. En cualquiera de estas zonas era posible encontrar, no lejos de los grandes centros urbanos y la opulencia de la burguesía, barrios misérrimos y pueblos y aldeas profundamente atrasadas en todos los aspectos, desde la economía a la educación, o la higiene.

El cambio de gobierno de febrero de 1957, con la llegada de los denominados «tecnócratas» supuso una primera ruptura con la ortodoxia económica dominante pero, en realidad, continuó la tendencia que ya había aparecido aunque sin demasiada profundidad. La incorporación en mayo de 1958 a los organismos de Bretton Woods (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) fue el paso casi irreversible. Había habido que vencer resistencias que se situaban al más alto nivel: al de Franco mismo y al de su fiel escudero, almirante Luis Carrero Blanco, ministro subsecretario de la Presidencia. Ambos eran profundamente autárquicos, sólo el gran déficit exterior obligó a un cambio de política económica

Se aplicaron medidas liberalizadoras, ampliando la libertad de comercio exterior y aprobando en abril de 1958 una Ley de Convenios Colectivos que reestructuró el marco de la negociación salarial. Más decisiva para la formulación de la nueva política fue la integración en los organismos económicos y financieros internacionales. En enero de 1958, España se asoció a la OCDE y en julio quedó adherida al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento. Una misión del FMI discutió con los técnicos de Hacienda y Comercio y del Banco de España la necesidad de reformas económicas sustanciales, para las que España pudo contar con financiación procedente de estos organismos. Todas las reformas, aprobadas por decreto-ley entre julio y agosto de 1959, se encaminaban a alinear al capitalismo español, corporativista y protegido hasta el extremo, con el mundo occidental. Tardaron dos años, pero finalmente el Decreto-ley de Ordenación Económica, aprobado el 21 de julio de 1959, fue, tanto o más que un plan de estabilización, un plan de liberalización que, sin desprenderse por completo del lastre del pasado, inauguraba un nuevo período.

LOS AÑOS SESENTA: DESARROLLO, CAMBIO Y CONFLICTO

Consumada la reforma administrativa y aprobado el plan de estabilización, la economía española parecía equipada para franquear la puerta hacia un crecimiento de ritmo intenso y sostenido. Así lo entendieron también los organismos internacionales, que no tardaron en mostrar su satisfacción por los resultados obtenidos. Mientras tanto, en la nueva crisis de gobierno de 1962, los «tecnócratas» procedentes del Opus Dei o de sus vecindades ocuparon todos los ministerios económicos más la Comisaría del Plan, de manera que pudieron coordinar una política común. Inspirándose en la planificación francesa, la Comisaría del Plan elaboró el primer Plan de Desarrollo con el propósito de estimular la inversión privada por medio de una mezcla de política indicativa e inversiones públicas. A ese primer Plan, de 1964, seguirían todavía otros dos, hasta que en 1973 la Comisaría fue transformada en un nuevo Ministerio que se extinguiría con la muerte de Franco. Qué parte corresponde a los planes y qué otra a la coyuntura internacional no es irrelevante, pero en todo caso lo cierto es que desarrollo hubo, y de intensidad y ritmo superior al de cualquier otro período histórico anterior: entre 1960 y 1974 la industria española multiplicó su producto por 3,74, con una tasa de crecimiento de un 11,1 anual, de manera que el sector secundario (industria más construcción) alcanzó al final de este proceso una participación del 40,8 por 100 del PIB. Un crecimiento tan rápido y sostenido no podía producirse sin acarrear cambios permanentes en la estructura industrial y en su distribución territorial: si, hasta 1960, España contaba con algunos islotes de centros fabriles dedicados a industrias tradicionales, a partir de esa fecha puede definirse como una sociedad industrial con producciones muy diversificadas. En efecto, con la apertura al exterior, la integración progresiva en los mercados internacionales, los flujos de capital, el turismo y las transferencias de divisas, los años sesenta presenciaron la pérdida de peso relativo de la minería y de la producción de bienes de consumo como sectores líderes, mientras las industrias productoras de bienes intermedios y de bienes de inversión pasaron a ser las dominantes. Siderurgia, metalurgia, cemento, química, fabricación de automóviles, construcción naval y fabricación de electrodomésticos y aparatos electrónicos se situaron a la cabeza de una actividad industrial que, por otra parte, rompió sus tradicionales límites geográficos: nuevos centros industriales surgieron en ciudades como Burgos, Zaragoza, Valladolid, Valencia o Sevilla. El proceso de industrialización indujo un movimiento de población sin precedente: cientos de miles de españoles abandonaron su lugar de nacimiento y residencia y comenzaron a abarrotar los trenes que les llevaban a las grandes capitales, a las zonas industriales o a Francia, Suiza, Alemania. El primer gran flujo migratorio, alrededor de dos millones de trabajadores, se encaminó al extranjero; su importancia en términos económicos fue decisiva: durante el período de 1960 a 1974 se ha estimado en 5.440 millones de dólares las remesas directas y en 1.783 las transferencias, en total, 7.223 millones de dólares, con los que se pudo financiar más de la mitad del déficit comercial. Fue la suma de esta inyección de divisas y las que aportaban los turistas lo que permitió la euforia importadora que caracterizó a los industriales españoles de esos años. Más alcance tuvo la emigración interior. Sin contar a los menores de diez años, el número total de españoles que cambiaron de residencia en la década de 1960 superó los 4,5 millones, de los que 2,6 abandonaron la provincia donde residían. Algo más de millón y medio salieron de municipios de menos de 10.000 habitantes, que experimentaron una permanente sangría. Este éxodo gigantesco reforzó el peso demográfico del triángulo Madrid-Barcelona-Bilbao, el crecimiento de las zonas costeras y el despoblamiento de las mesetas centrales, mientras Extremadura, las dos Castillas y algunas provincias andaluzas sufrían notables pérdidas. Con el crecimiento de los núcleos urbanos de más de 10.000 habitantes, que en conjunto pasaron de 17,3 a 22,5 millones, aparecieron los primeros balbuceos de la sociedad de consumo, el cambio de la moto por el utilitario y la irrupción, al volante, de una nueva clase media que protagonizó un profundo cambio en la moral y las costumbres. Como es obvio, esta redistribución de la población tuvo efectos perdurables sobre la composición de la población activa. Algo más de un millón de activos agrarios había abandonado la agricultura en la década de 1950 y otros dos millones lo hicieron en la siguiente. La abundancia de mano de obra que ese éxodo proporcionaba fue un factor decisivo para alcanzar las excepcionales tasas de crecimiento económico durante toda la década. El éxodo rural aceleró el fin de la agricultura tradicional, pues además del abandono de explotaciones marginales, poco productivas, el descenso de mano de obra favoreció los incrementos salariales, la diversificación de cultivos y la introducción de mejoras técnicas que elevaron la producción y la productividad agraria y permitieron obtener una producción agrícola altamente competitiva en los mercados exteriores. La transformación del paisaje social del campo tuvo su correlato en la profunda y traumática transformación experimentada por las ciudades durante la década del desarrollo, con planes urbanísticos que no se cumplían, víctimas propicias de una especulación desatada que dejó su huella imborrable en un crecimiento muchas veces caótico y desordenado y en el destrozo de las costas. En todo caso, el desarrollo económico fue suficientemente duradero y sostenido como para que los jornaleros que llegaban del campo o los trabajadores sin calificar que venían de zonas urbanas deprimidas pasaran de la chabola y del realquiler a la vivienda de promoción oficial. Los altos ritmos de industrialización produjeron, además, una diversificación tan notable que algunos de ellos y muchos de sus hijos pudieron transformarse de jornaleros o peones en obreros cualificados. Fueron éstos los años de movilidad social ascendente, con posibilidades abiertas para cambiar no sólo de sector —de la agricultura a la industria o a los servicios—, sino de posición dentro del mismo sector —de obrero semicualificado o sin cualificar a trabajadores cualificados de cuello azul—, y abandonar la chabola o la habitación subarrendada por un piso en barriadas de promoción oficial. Una nueva clase obrera se hizo así presente en las ciudades más importantes, trabajando en fábricas de tamaño medio y grande, de más de cien asalariados, con empleos fijos y en industrias como la química, los transformados metálicos, la construcción naval, la siderurgia, la fabricación de automóviles y electrodomésticos. Su integración en este nuevo modo de vida comenzaba con el acceso a la propiedad de su vivienda, un elemento que transformó la anterior relación del trabajador con la ciudad. Tener un trabajo fijo, en un sistema de relaciones laborales que hacía muy complicado el despido, y disponer de una vivienda en propiedad para toda la vida, dotada de los indispensables servicios y de electrodomésticos, radio y televisión, en una barriada en la que sus hijos tenían acceso a un puesto escolar, permitió la aparición por vez primera de una clase obrera cualificada, de ámbito nacional. Un proceso de similares características afectó también al crecimiento y composición de las clases medias, formadas mayoritariamente por empleados de los servicios, economistas, vendedores, técnicos, directivos de grandes empresas, empresarios. Fue la primera clase media española que al incorporarse profesional, orgánicamente a la empresa capitalista dejó de ver en ella el paradigma de la ilegitimidad. Además, al acceder muchos de sus miembros a la función pública después de demostrar sus méritos en oposiciones a los diferentes cuerpos de la Administración o como asalariados de un sector público —educación, sanidad, transporte— en expansión, comenzó a considerarse políticamente neutra aun en el caso de saberse al servicio del Estado: fue la primera clase de funcionarios y asalariados del sector público que pudo distinguir en España entre servicio al Estado y servicio al gobierno. Podría decirse que en los años sesenta la clase media, desde los tiempos de Larra dubitativa de su verdadera posición, se incorporó definitivamente a la empresa capitalista y al Estado. El cambio social se acompañó de una elevación del nivel educativo, una mayor preparación técnica, el acceso al consumo de bienes duraderos, un mayor intercambio cultural con el exterior, y un rápido proceso de secularización con una creciente aspiración y movilización social por la libertad y la democracia. En lo que respecta a la clase obrera, los sindicatos ilegales formados en torno a Comisiones Obreras, actuando desde dentro de los sindicatos oficiales, pasaron a ser un instrumento de negociación de convenios colectivos, que muchas veces conducían a la declaración de huelgas con plataformas que incluían exigencias de libertad sindical y democracia política: se declaraban huelgas por motivos económicos, pero al defender esos intereses se

3.- Represión y oposición política al régimen franquista. El papel de la cultura.



- La reafirmación política del régimen;


La dictadura tuvo en esos años finales de la década de los cincuenta su primera crisis

importante y una parte de la sociedad comenzó también a mostrar, aunque nunca de forma masiva, sus primeras manifestaciones de resistencia. En julio de 1951 Franco había hecho el primer cambio de Gobierno en seis años. La subsecretaría de la Presidencia, ocupada por Carrero Blanco, fue elevada al rango de ministerio y se creó uno nuevo, llamado de Información y Turismo, dirigido por Gabriel Arias Salgado, un hombre ultraclerical e integrista, fiel a Franco,  controlando e imponiendo una rígida censura a la información, hasta 1962, cuando Arias Salgado fue sustituido por el falangista Manuel Fraga Iribarne.Las iniciativas aperturistas de Ruiz Giménez crearon asimismo tensiones entre dirigentes del SEU vinculados al Movimiento y pequeños grupos disidentes antifranquistas. El principal escenario fue la Universidad de Madrid.Se redactó un manifiesto y hubó disturbios,de culpó de los incidentes a agitadores comunistas,se cerró la Universidad de Madrid y cesó a Pedro Laín. Unos días más tarde, Franco echó a Ruiz Giménez y al secretario general del Movimiento, Raimundo Fernández Cuesta.


Esos cambios en el Gobierno, imprevistos y de emergencia, trataban de echar marcha atrás, recuperar esencias, pero no pudieron ocultar la aparición de una nueva oposición, todavía no organizada, alejada del exilio republicano, que incorporaba a intelectuales falangistas, que marcaban ya distancias con la dictadura, y a jóvenes estudiantes de izquierda, hijos de familias acomodadas franquistas. Todo era aún muy incipiente, el germen de un activismo cultural que se convertiría en resistencia política en la década siguiente.


En esos años apareció también con fuerza el proyecto de Carrero Blanco de desarmar políticamente a la Falange y de crear un nuevo marco legislativo que permitiera la evolución hacia una Monarquía autoritaria, continuidad del franquismo, cuando Franco muriera. Carrero encargó a Laureano López Rodó, catedrático de derecho administrativo y destacado miembro del Opus Dei, esa tarea. El modelo autárquico había llevado a la economía española a una situación sin salida, con un déficit considerable en la balanza de pagos, inflación galopante, y en la que no había divisas para abordar el pago de las importaciones. La reforma de la administración del Estado y el cambio de política económica iban a ser los dos ejes principales de la actuación del grupo de tecnócratas que llegaron por primera vez al Gobierno de Franco el 25 de febrero de 1957.

- La creciente oposición al franquismo.

En el País Vasco un grupo de izquierdistas de ideales nacionalistas radicales fundaron un grupo clandestino al que denominaron Euskadi ta Askatuta (ETA). Eran jóvenes escindidos del PNV que apostaron por la lucha armada como «solución» a la represión de la dictadura. En ese grupo confluían algunos visionarios de la tradición ultranacionalista, izquierdistas partidarios de imponer la revolución con las armas, tal como estaba ocurriendo en algunos lugares del mundo, y nacionalistas de nuevo cuño que pretendían alcanzar la independencia a través de la lucha armada. Pero desde el principio, ETA devino en una organización terrorista que acabaría justificando el asesinato indiscriminado por cualquier medio. En sus «ideales» fundacionales había una mezcla del irredentismo vasco inventado por Sabino Arana, el fundador del PNV en el siglo XIX, la revolución socialista y el falso romanticismo de los gudaris (soldados) vascos luchadores por la libertad del pueblo euskaldún. En 1968 perpetró su primer asesinato en la persona del comisario de policía Melitón Manzanas, famoso por haber aplicado terribles torturas a presos políticos.

El final del franquismo:


- La inestabilidad política;
- Las dificultades exteriores;


La cultura española durante el franquismo: la cultura oficial, la cultura del exilio, la cultura interior al margen del sistema.

- La represión política;

LA REPRESIÓN DESPUÉS DE LA GUERRA:

La guerra civil tuvo un balance trágico para el país. En primer lugar se encuentra el tema de los muertos y desaparecidos. El número de muertos sí ascendió a la cifra mítica de un millón de muertos, aunque solo unos 300.000 lo fueron en los campos de batalla. A ellos hay que añadir los cerca de 200.000 fusilados y asesinados en ambos bandos durante la guerra misma, como ya se ha detallado anteriormente.


La dictadura después del final de la contienda prolongó las ejecuciones, encarcelamientos y reclusión en campos de concentración directamente relacionados con la guerra durante una década más al menos. Por lo que hay que añadir como se ha mencionado, al menos 50.000 fusilados más por la dictadura en la inmediata posguerra. Debe tenerse en cuenta además que, según las propias cifras oficiales, los presos superaron los 300.000 durante los primeros años, otros estudios los hacen ascender a un millón de personas entre abril de 1939 y enero de 1940 entre reclusos (300.000), prisioneros de guerra en campos de concentración (500.000) y batallones de trabajadores y disciplinarios (150.000). Sea como fuere, muchos de ellos murieron por las malas condiciones de su reclusión, enfermedades, hambre y malos tratos. No parece, pues, disparatado que las cifras globales de muertos directos o indirectos por represalias políticas relacionadas con la guerra alcancen los 400.000 como han sugerido algunos autores. Si sumamos las pérdidas por enfermedades y desnutrición derivadas de la guerra, de las que la dictadura nunca ofreció datos aproximativos, la cifra del millón sin duda se superaría. A ello debe añadirse como en toda guerra la pérdida de natalidad, o sea, los nacimientos que no existieron, que se ha calculado en más de 500.000 no nacidos.

La contumacia en la venganza caracterizó, sin embargo, al franquismo, que todavía en abril de 1963 fusiló a Julián Grimau, miembro del comité central del Partido Comunista, detenido como activista pero juzgado por sus actividades como policía durante los días de la guerra civil (un año antes de la prescripción legal de sus presuntos delitos).

Esta represión, no fue normal en el contexto europeo occidental de posguerra (la Europa comunista del Este es otro tema) y desde luego fue mucho más extensa e implacable que las que se produjeron en Francia e Italia contra los enemigos políticos (fascistas, colaboracionistas, etc.) durante la liberación al final de la Segunda Guerra Mundial. El número total de asesinatos políticos y ejecuciones en ambos países —los más cruentos en este tipo de crímenes en Europa occidental entre 1943 y 1946— fue de aproximadamente 25.000 personas. Es decir, que entre los dos países apenas llegaron a la mitad de los ejecutados en España, y ello sin tener en cuenta que en nuestro país había una población tres veces inferior a las de Francia e Italia sumadas. En España la represión de posguerra fue un proceso institucional, casi siempre controlado y llevado a cabo por tribunales militares.


EL EXILIO

Fueron el otro gran contingente de pérdidas humanas, no solo cuantitativas, sino sobre todo cualitativas, es decir, de capital humano. Mucha gente huyó de España, temporal o definitivamente, debido en buena parte al temor a la cruel represión franquista. Solo desde Cataluña en febrero de 1939 pasaron la frontera unas 500.000 personas de las cuales únicamente la mitad volvieron en los años siguientes. El exilio se encaminó a Francia y México en particular, y en menor grado a África del norte, la URSS (sobre todo niños de Asturias y el País Vasco, enviados allí antes del final de la guerra, así como militantes del PCE) y otros países iberoamericanos. Para todas estas personas, las peripecias del exilio fueron trágicas y para los que emigraron al África francesa o a Europa, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el avance nazi complicó aún más su situación, acabando numerosos españoles en campos de concentración alemanes como Mauthausen, donde murieron 5.000 españoles, en general trabajando como esclavos hasta su extenuación, Sachsenhausen, donde estuvo dos años Largo Caballero, o Buchenwald (Jorge Semprún). Alrededor de 35.000 españoles lucharon al lado de los aliados y es famosa su participación en la liberación de París en 1944. El fenómeno del exilio afectó a una importantísima población activa desde el punto de vista económico y a la de mayores inquietudes políticas y sociales,Pero fue especialmente demoledor para la vida cultural española, que dijo adiós a su Edad de Oro: fueron legión los escritores, artistas, catedráticos, científicos y profesionales que abandonaron el país, entre ellos dos Nobel que lo recibieron en el exilio (Juan Ramón Jiménez y Severo Ochoa), siguiendo muchos de ellos prósperas carreras en el extranjero, especialmente en América, y fundando numerosas editoriales, tanto allí como en Francia, que fueron básicas para la vida cultural española.

Durante la guerra civil se aprobaron dos decretos que prohibían todos los partidos políticos (13 de septiembre de 1936) y las asociaciones políticas y sindicales (25 de octubre de 1936), y la Ley de Responsabilidades Políticas promulgada el 9 de febrero de 1939, en marzo de 1940 con una nueva Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo,. El 29 de marzo de 1941 se aprueba la Ley de Seguridad del Estado seguida de la Ley de Rebelión Militar (2 de marzo de 1943), el Decreto-Ley de Represión del Bandidaje y del Terrorismo (18 de abril de 1947) y la Ley de Orden Público de 30 de julio de 1959. La Administración de Justicia y la nueva legislación fueron las principales armas utilizadas para realizar la represión. Cabe recordar que desde el Decreto del 18 de julio de 1936 hasta su derogación el 7 de abril de 1948,

LA CLANDESTINIDAD , MAQUIS Y OPOSICIÓN HASTA LOS 50.

El PCE, ante la inminente derrota del fascismo europeo, decidió organizar varias invasiones guerrilleras en España. Cientos de soldados republicanos exiliados, después de su paso por los campos de concentración en el sur de Francia, se habían incorporado a la resistencia francesa desde 1941. Aunque la acción de los exiliados entre los maquisards se desarrolló en distintas unidades, un gran número se encuadró a partir de 1944 en la AGE. Una vez liberado París, en agosto de 1944, entre 8000 y 9000 guerrilleros españoles se trasladaron a la frontera francesa con una idea común: librar en España la última batalla contra el fascismo.
La operación del Valle de Arán se desarrolló entre octubre y noviembre de 1944. A lo largo de un mes y medio se realizaron varias incursiones guerrilleras en los Pirineos con el objetivo de provocar una insurrección nacional y establecer una zona de control insurgente donde se asentaría un gobierno provisional. La invasión, pensaban los dirigentes del PCE, permitiría vincular el conflicto español con el europeo y, por lo tanto, el destino de la Dictadura franquista con el del resto de los fascismos. En la operación participaron unos 3500 guerrilleros, de los cuales unos 800 fueron detenidos. Entre 200 y 330 murieron en combate. La invasión había sido anunciada por distintos medios de propaganda previamente, por lo que el ejército franquista la repelió sin grandes dificultades.


Mientras que la mayoría de los españoles estaban ocupados en sobrevivir al hambre y a las miserias cotidianas, la minoría disidente había sido silenciada, y sus esfuerzos por organizarse y oponerse al régimen terminaban más temprano que tarde en derrotas que acarreaban la represión y la eliminación de líderes y militantes. Hacia la segunda mitad de la década de los años cuarenta, y ante el fracaso sistemático de mantener vivas las organizaciones clandestinas, muchos miembros de la oposición activa fueron abandonando la militancia e integrándose en esa mayoría de españoles que se mantenían apartados de la política, o al menos callados. Fue un proceso relativamente rápido: para el comienzo de la década de los cincuenta la mayoría de la sociedad española era de forma activa o pasiva franquista; y continuó siéndolo al menos hasta la muerte del dictador.

Desde la finalización de la guerra civil y hasta el término de la Segunda Guerra Mundial, la oposición tuvo una actuación limitada, provocada por la represión y la desorganización que ocasionó el exilio. Es importante destacar en este contexto la activa actuación de los guerrilleros antifranquistas, los maquis, quienes tuvieron una destacada acción en las zonas montañosas de la geografía española, como el intento de ocupación del Valle de Arán en 1944. La finalización del conflicto mundial dio esperanzas y aliento a la oposición franquista por entender que la dictadura de Franco caería por la falta de apoyos de las principales potencias y el aislacionismo internacional al que se veía sometida. Estas esperanzas duraron poco, pues la consolidación de la dictadura a finales de los años cuarenta y el inicio de la rehabilitación internacional del franquismo a comienzos de los cincuenta constataron las dificultades y la falta de apoyo internacional para derribar la dictadura de Franco. Los partidos políticos en el exilio vivían, además, problemas añadidos, como las divergencias ideológicas y las discrepancias políticas existentes en su seno, que fueron solventando a lo largo de los años cincuenta. Ejemplos de esta situación las encontramos en la mayoría de los principales partidos políticos. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) vivía una importante crisis interna motivada por su fragmentación entre los partidarios de Indalecio Prieto, los de Francisco Largo Caballero o los de Juan Negrín. El PCE sufría una difícil situación por las purgas internas y por el tratado de no agresión entre la Unión Soviética y la Alemania de Hitler en agosto de 1939, que le daba una difícil credibilidad en su oposición al ascenso de los fascismos en Europa. Por su parte, en la Confederación Nacional del Trabajo, el enfrentamiento entre los partidarios de participar en los gobiernos y los defensores del apoliticismo ácrata dificultaba su acción política. Los partidos nacionalistas también vivieron dificultades, en especial el nacionalismo catalán tras el asesinato del presidente de la Generalitat Lluís Companys. Por su parte, el nacionalismo vasco supo sobrevivir gracias a los apoyos económicos recibidos y el papel realizado por el lehendakari José Antonio Aguirre, quien consiguió mantener un gobierno vasco en el exilio. La oposición monárquica a la dictadura, denominada por algunos historiadores «oposición difusa», presenta importantes diferencias con las otras oposiciones a la dictadura de Franco en esos años. En primer lugar, porque la causa monárquica apoyó la sublevación militar de julio de 1936, y muchos de sus miembros formaban parte del entramado político de la dictadura ocupando cargos de responsabilidad. En segundo lugar, porque la relación de don Juan de Borbón y del general Franco fluctuó a lo largo de los años en una relación salpicada por los conflictos personales pero también por los acuerdos. Uno de los enfrentamientos más destacados fue el provocado tras la emisión por la cadena británica BBC el 19 de marzo de 1945 de un documento redactado por don Juan de Borbón junto con el intelectual y político monárquico Eugenio Vegas Latapie, conocido como Manifiesto de Lausanne, en el que don Juan aprovechaba el contexto internacional para intentar acelerar la restauración monárquica en España. En el documento se denunciaba el origen y el carácter totalitario de la dictadura y apelaba al dictador a restaurar la monarquía en España. Una monarquía que para don Juan debía ser moderada, democrática y constitucional. En opinión del hispanista Paul Preston, el contenido de ese documento enfureció al dictador e hizo irrevocable su decisión de que don Juan jamás fuera rey de España. La reacción de Franco ante el temor de perder el apoyo de los militares monárquicos y los sectores católicos fue apelar a la amenaza comunista, y reforzar institucionalmente su régimen en forma de monarquía, siguiendo el consejo de Luis Carrero Blanco, autor intelectual de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, aprobada y refrendada por los españoles mediante referéndum el 6 de julio de 1947.

Las agrupaciones guerrilleras 1944-53

Las agrupaciones guerrilleras fueron, sin lugar a dudas, la apuesta más seria dentro del movimiento guerrillero en España. Dirigidas por un reducido grupo de jóvenes con larga experiencia, sus acciones siempre trataron de superar las limitaciones que las propias condiciones de la lucha imponían. Pero el aislamiento de la guerrilla antifranquista a nivel internacional, sin ningún tipo de apoyo o soporte exterior, redujo en gran medida sus capacidades. Es por este motivo que, aunque el sabotaje era uno de los objetos fundamentales de las agrupaciones sobre el papel, su reflejo en la realidad fue extremadamente pequeño. La guerrilla en España fue básicamente campesina. Y no lo fue solo porque actuara en la sierra, sino porque en torno al 90% de los guerrilleros procedían del campo y de las actividades económicas vinculadas al sector primario. Los obreros urbanos, en cambio, no debieron superar el 7% de los guerrilleros. Por ese motivo las agrupaciones concentraron sus focos de acción en las sierras y los montes más abruptos. La Agrupación de Levante–Aragón fue la organización que contó con mayor número de miembros. Sin embargo, la de Granada fue la más activa, asumiendo los índices más altos en golpes económicos, secuestros, homicidios y encuentros con las fuerzas gubernamentales. Hubo unos 8000 guerrilleros que  integraron la resistencia armada contra Franco. De ellos, aproximadamente la mitad, unos 4000, debieron morir en combate, asesinados por el procedimiento de la ley de fugas o ejecutados después de un consejo de guerra. No se conoce el número de guerrilleros que consiguieron llegar al exilio, pero su número difícilmente superó las 300 personas. Aquellos que no murieron o no huyeron de España sufrieron la cárcel y la tortura. También gran parte de sus familiares, camaradas y amigos, el gran soporte social de la resistencia. Las cifras de muertos se desconocen, pero se estima que en torno a 60 000 enlaces fueron detenidos por colaborar con la guerrilla.

EL VALLE DE LOS CAÍDOS


El Valle de los Caídos: un grandioso complejo arquitectónico al norte de Madrid coronado con una gran cruz de 150 metros de altura y que contiene una enorme basílica de 300 metros de longitud. Todo está construido a base de granito, cemento y acero. El proyecto tardó veinte años en completarse, de 1940 a 1959, y llegó a emplear a prisioneros políticos como mano de obra. En el Valle se encuentran los restos de más de 40.000 (puede que hasta 70.000) soldados —la mayoría franquistas pero también republicanos—, aunque las cifras resultan difíciles de calcular con exactitud debido a lo caótico del proceso de recogida de los restos. La inclusión de cadáveres de soldados enemigos, hecha a última hora, pretendió lanzar un mensaje de perdón espiritual condicionado a la sumisión política: pese a haberse dejado arrastrar por los criminales que dirigían entonces la República, la España cristiana de Franco perdonaba a los soldados que, equivocados, combatieron en el lado del mal. Esta «verdad» del dictador se propagó no solo en nuestro país sino también por el mundo, particularmente una vez que la aparición de la Guerra Fría transformó a Franco de tirano fascista en líder cristiano anticomunista. Ya en la primera guía turística en inglés del monumento en 1959 se explicaba que el Valle:
[…] debería ser considerado por todos los españoles como un justo tributo a la memoria de aquellos que dieron su vida por sus ideales.

Después de 1945, el mensaje central de la máquina propagandística de la dictadura fue el del papel del Caudillo como garante de la paz. En los medios de comunicación y en la opinión popular (por razones obvias, la opinión pública como tal solo existe en sociedades libres) el concepto de paz y el de la estabilidad del régimen de Franco se volvieron complementarios. La presión internacional para una transición democrática en España fue representada por la propaganda como la antítesis de la nación, y como un intento de esclavizar al país por parte de sus enemigos tradicionales y contrarios a su religión.

REPRESIÓN SOCIAL Y HAMBRUNA.

La segunda peculiaridad de la política de la dictadura fue la represión social. La más dolorosa manifestación de esta fue la hambruna que siguió a la victoria de las tropas de Franco. Se estima que entre 1939 y 1945 unos 200.000 españoles perecieron a causa del hambre20. No existe en la Europa occidental de esos años ningún caso similar, no ya durante la posguerra europea, sino incluso durante la guerra misma. Ni siquiera la muy restrictiva política alimentaria implementada en Francia durante la ocupación nazi entre 1940 y 1944 degeneró en una situación de hambruna comparable a la española. Pese a la dificultad de encontrar símiles, el caso español se asemejaría como mucho a la coyuntura creada por el ocupante nazi en Holanda durante el «invierno del hambre» de 1944, cuando unas 22.000 personas murieron por causas relacionadas, directa o indirectamente, con la inanición. Puesto que la población de este país apenas llegaba a un tercio de la española contemporánea, la hambruna holandesa —que, recordemos, fue impuesta por una fuerza extranjera de ocupación— habría sido solo la mitad de letal que la que Franco desató sobre su propio pueblo. Para encontrar en aquellos años algo peor que el caso español tendríamos que trasladarnos a la Europa oriental bajo la dominación nazi.
El sufrimiento padecido durante la larga posguerra, y particularmente durante «los años del hambre», fue muy intenso. Pero aunque afectó a la mayor parte de la población, lo hizo de manera muy desigual. Los que murieron fueron los pobres, especialmente si además eran vencidos. De su muerte y del hambre se beneficiaron otros: los ricos y los vencedores.
Estos hicieron pingües negocios con los salarios misérrimos que pagaban, los trapicheos de comida y materias primas, y el robo directo y la adulteración de alimentos, incluso los que supuestamente tenían que ser repartidos entre los hambrientos. Se ha dicho lo contrario, y muchos aún lo creen, pero la hambruna no fue un accidente, una consecuencia de la guerra, sino el resultado de unas decisiones políticas en las que el deseo de revancha social y la avaricia se aliaron con la incompetencia del Nuevo Estado. Entre 1939 y 1945, el régimen no solo permitió, sino que legisló, una reducción del salario medio de los trabajadores hasta dejarlo por debajo de la mitad del poder adquisitivo que estos tenían en 1935. En algunos casos —incluyendo amplias zonas del país, como las regiones agrarias del sur— esta reducción fue incluso más sangrante aún. El salario medio de los jornaleros no recobró el poder adquisitivo que había tenido antes de la guerra hasta mediados de los años sesenta.

En un primer momento, el hambre provocó que la gente se volviese al campo intentando sobrevivir. La mano de obra agraria española incrementó su proporción sobre el total de la población activa, y pasó de representar un 45,5 % en 1930 a un 55,5% en 1940. Salvo por el caso del imperio ruso durante Primera Guerra Mundial, y las revoluciones y la posterior guerra civil que se dieron en aquel país a partir de 1917, no existe en la Europa del siglo xx un fenómeno comparable. Las consecuencias de esta situación fueron mortales para decenas de miles de españoles, y trágicas para millones más. Como resultado, hasta las personas con trabajo (y sus familias) pasaron y murieron de hambre. El periodo entre el final de la Guerra Civil y 1942 fue el peor. Epidemias como el tifus y enfermedades como la tuberculosis se extendieron hasta convertirse en símbolo de los males de aquellos años de desesperación. Estas enfermedades se cebaron en cuerpos desnutridos hasta extremos que hoy solo asociamos con los lugares más miserables del planeta. La pelagra, un padecimiento bíblico causado por la mala alimentación, se volvió común. Por culpa de la pelagra o por la ingestión de plantas venenosas con las que intentar saciar el hambre atroz, no solo los viejos y los niños , sino incluso miles de jóvenes adultos, completamente sanos hasta entonces, perdieron la visión, desarrollaron úlceras dolorosas en la piel y, con frecuencia murieron en medio de horribles padecimientos. Las huellas de este hambre tan atroz quedarían marcadas en los cuerpos y en las almas de los supervivientes para siempre.
El horror y el sufrimiento de millones de afectados por el hambre no hicieron mella en Franco y en sus generales que, entusiasmados con las medidas que habían fortalecido tanto a su admirada Alemania, creyeron que la autarquía acabaría funcionando también en España. Podían esperar a que los frutos de sus sueños se manifestasen: el precio de sus decisiones no lo pagaban ni ellos ni sus seguidores de nivel social alto y medio, o que poseían algo de tierra. Impávido en medio de la miseria del país, el Caudillo, a quienes sus cortesanos le decían —y que él decidió creer en contra de informes que afirmaban lo contrario— que no había hambre, se veía como el forjador de un nuevo imperio que contaría pronto con millones de hombres armados. Ciego ante la catástrofe que desató, en vez de cuestionar la naturaleza del desastre, Franco, de forma repetida y con su habitual frivolidad, echó las culpas del fracaso de sus políticas al «liberalismo económico» como parte del «capitalismo judío y extranjero». Nunca asumió su propia responsabilidad. Los prejuicios sociales e ideológicos del Caudillo, su ambición desmedida y su manifiesta ignorancia de los principios económicos condenaron a millones de españoles a pasar hambre, y a muchos más a vivir décadas de miseria y penurias. Esto es algo que podrán maquillar, negar o tergiversar pero nunca podrán justificar los apologetas pasados y presentes del régimen: la muerte de tantos inocentes.

HACIA EL FIN DEL RÉGIMEN

-En 1969 Franco tenía setenta y siete años y su salud daba ya muestras de debilidad. Tal como estaba previsto desde hacía algún tiempo, el dictador nombró su sucesor a título de rey a Juan Carlos de Borbón, hijo de Juan de Borbón, conde de Barcelona, y que hacía ya años que estaba siendo educado bajo la supervisión del gobierno para ocupar ese cargo. El decreto de nombramiento del sucesor de Franco se tramitó como una ley, la de sucesión a la Jefatura del Estado. Juan Carlos de Borbón recibió el título de príncipe y juró lealtad a Franco y a los Principios del Movimiento Nacional y las Leyes Fundamentales del Reino.

-El Opus Dei seguía ganado posiciones en el gobierno, pese a la campaña de desprestigio que puso en marcha Manuel Fraga a raíz del escándalo financiero propiciado por el llamado caso Matesa; en 1969 se produjo una remodelación del gabinete en la cual cayó Fraga y perdió peso el ministro Solís; en el nuevo gobierno el Opus obtuvo la mayoría de los CARGOS.

El final de la dictadura (1970-1975)

-Conforme el dictador iba envejeciendo, el régimen comenzaba a mostrar mayores fisuras, a pesar de que un puñado de irreductibles, que configuraron un grupo llamado «el búnker», se empeñaba en mantener el franquismo después de Franco.

-El Tribunal de Orden Público tuvo cada vez más trabajo, pasando de los 281 expedientes de 1965 a los 1.361 de 1970 y a los más de 5.000 en 1976. En 1970 las huelgas se multiplicaban, la mayoría de ellas por reivindicaciones políticas, como la celebrada en Asturias por los mineros. Ese mismo año un consejo de guerra celebrado en Burgos imponía siete penas de muerte a miembros de ETA, que ante las protestas internacionales el dictador conmutó por siete cadenas perpetuas.

LA OPOSICIÓN SE ORGANIZA

La oposición, hasta entonces dispersa y sin organizar, tomó conciencia de que la mejor manera de acabar con el régimen y conseguir la instauración de la democracia era formar comisiones de coordinación a fin de llevar a la práctica una acción conjunta que resultara eficaz.

- En 1971 se constituyó la Assemblea de Catalunya, la primera coordinadora realmente organizada de oposición al franquismo.

- El Partido Comunista y el Partido Socialista Obrero Español buscaron financiación en el exterior. Los comunistas, que tenían desde hacía años el apoyo de varios países europeos del bloque socialista, eran los únicos que en los años sesenta habían mantenido una cierta estructura en el interior del país, gracias a algunas células que funcionaban a modo de pequeños grupos organizados de manera autónoma, a partir de una estructura piramidal muy jerarquizada y disciplinada. Los socialistas se debatían entre las posiciones defendidas por el sector histórico liderado por Rodolfo Llopis y los renovadores del interior, representados por personalidades como Pablo Castellanos y Gómez Llorente.

En España surgían nuevos grupos socialistas y comunistas minoritarios, como la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), el Movimiento Comunista (MC), la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) o el Partido Socialista del Interior (PSI), que, fundado por el profesor Enrique Tierno Galván, pretendía suplir la falta de organización en España del PSOE histórico y que más tarde se transformaría en el Partido Socialista Popular (PSP). Incluso revivió un Partido Carlista, ahora con un ideario socialista y autogestionario.

En la derecha también se producían algunos movimientos; personalidades liberales y democratacristianas que no aprobaban los métodos represivos del régimen se reunieron en grupos de debate, en ocasiones participando en comisiones con los partidos de izquierda, para ir preparándose un buen lugar en caso de caída de la dictadura. Entre tanto, los tecnócratas seguían con su plan de mejoras económicas, aplicando criterios cada vez más liberales en economía. En 1972 se había puesto en marcha el Tercer Plan de Desarrollo, que consiguió que se mantuviera el crecimiento de las ciudades pero en detrimento del medio rural, que vio acelerado de manera extraordinaria el proceso de despoblación iniciado a mediados de la década anterior.

- En 1973 las esperanzas de la oposición se pusieron en la deficiente salud de Franco. El anciano dictador ofrecía patentes muestras de cansancio y de agotamiento, y a fines de ese año su salud parecía empeorar de manera acelerada.

-En junio de 1973, enfermo y muy anciano, renunció al segundo y nombró jefe de gobierno al almirante Luis Carrero Blanco, quien había sido uno de sus más fieles y próximos colaboradores en los últimos años. Carrero Blanco representaba al sector más duro e intransigente del franquismo, y su nombramiento fue un duro golpe para las esperanzas de apertura de la oposición.

- La Iglesia, que durante las primeras décadas del franquismo había colaborado estrechamente con el régimen, también dio algunas leves muestras de cambio; en marzo de 1973 el cardenal-arzobispo de Madrid, Vicente Tarancón, fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal española. Considerado hombre abierto y de talante moderado, su nombramiento fue muy mal recibido por «el búnker», que criticó con dureza sus posturas favorables a la apertura política. En esos años las iglesias de los barrios se convirtieron en lugares propicios para las reuniones de la oposición e incluso como refugio en caso de persecuciones policiales.

- El 20 de diciembre de 1973 ETA dio un golpe muy sonado; el coche en el que se desplazaba por Madrid el presidente del gobierno, Luis Carrero Blanco, fue objeto de un espectacular atentado con bomba en pleno centro de la capital. El almirante murió en el atentado y el régimen perdió a uno de sus más firmes puntales. Franco, que ya daba muestras de una decrepitud muy acusada, se mostró muy afectado por el asesinato de su más estrecho colaborador, pero paradójicamente reaccionó nombrando como nuevo jefe del gobierno a quien en ese momento era ministro de la Gobernación, es decir, al encargado de garantizar la seguridad del Estado, Carlos Arias Navarro, que había dado suficientes pruebas de incompetencia.

-La muerte de Carrero Blanco ha sido considerada por muchos historiadores como el inicio de la verdadera agonía del régimen. La desaparición de este fiel servidor de Franco, en quien el dictador había depositado las esperanzas de la continuación del franquismo, supuso un alivio para la oposición, que veía las primeras luces para una posible tímida apertura.

- Los partidos políticos en la clandestinidad comenzaron a moverse.

-No obstante, el franquismo no estaba dispuesto a rendirse fácilmente y todavía iba a dar terribles coletazos. En marzo de 1974 fueron ejecutados mediante el sistema del garrote vil el activista político catalán Salvador Puig Antich y el súbdito polaco Heinz Chez, que fueron asesinados por el Estado franquista ante las protestas de la comunidad internacional.

-Apenas un mes después triunfaba en Portugal la Revolución de los Claveles; el ejército y el pueblo portugués derrocaron a la dictadura sin disparar un solo tiro, lo que fue visto en España como un posible ejemplo, aunque el ejército portugués y el español de 1974 tenían muy poco que ver. Entre tanto, la salud de Franco empeoraba.

- A fines de julio tuvo que ser ingresado en el hospital y por primera vez desde que fuera proclamado sucesor por el dictador, el príncipe Juan Carlos de Borbón asumió la Jefatura del Estado por algo más de un mes. Hasta 1974 el Partido Comunista había sido la única fuerza opositora con cierta capacidad de organización en el interior. Pero en octubre de ese año se celebró en la localidad francesa de Suresnes el XIII Congreso en el exilio del PSOE, renumerado con el número XXVI, en el cual fue elegida una nueva Ejecutiva que lideraba un joven abogado sevillano llamado Felipe González.Los nuevos líderes del PSOE representaban una imagen joven y moderna del socialismo y por ellos apostaron los dirigentes europeos.

- Los movimientos políticos también se dejaron notar en el seno del ejército.A partir de 1970, y con mandos más jóvenes y preparados formados en las academias militares a fines de los sesenta, algunos, muy pocos, oficiales se organizaron clandestinamente en la Unión Militar Democrática (UMD), cuyo papel en la transición no sería demasiado relevante, numéricamente hablando, pero que constituiría un motivo de preocupación para el régimen y una cierta esperanza para la oposición. A lo largo de los primeros meses de 1975 parecía evidente que Franco no podía durar mucho. Además, la sociedad española, tan aletargada durante tantos años por la represión y las persecuciones, comenzaba a despertar y en las fábricas y en las universidades surgieron con fuerza movimientos de resistencia que clamaban por el final de la dictadura. La oposición, encabezada por el PCE y un PSOE renovado cada vez más fuerte gracias a la ayuda alemana, se organizó en dos coordinadoras, la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática, que emitieron su primer comunicado conjunto el 13 de septiembre de 1975. El dictador, muy deteriorado, todavía protagonizó un golpe de efecto y una macabra despedida.

 El 27 de septiembre fueron fusilados tres miembros del FRAP y dos de ETA; estas ejecuciones, las últimas del franquismo, levantaron en toda Europa una ola de indignación y de manifestaciones contra la dictadura en España. El mismo Papa pidió que no se cumplieran las sentencias de muerte, sin ningún éxito. Como colofón a las ejecuciones y respuesta a las protestas de la Europa democrática, el gobierno organizó un acto de homenaje y adhesión al Caudillo que se concretó en una manifestación en la plaza de Oriente de Madrid el 1 de octubre. Desde el balcón principal del Palacio Real y en su esquizofrenia habitual, aumentada por una galopante demencia senil, Franco acusó a una conjura de la masonería internacional la campaña de desprestigio contra España. Fue la última aparición pública del pequeño dictador. Enfermo muy grave, tuvo que ser ingresado en el hospital y el 30 de octubre Juan Carlos de Borbón asumía por segunda vez la Jefatura del Estado en funciones.

Con el régimen franquista descosiéndose por las costuras, se decidió abandonar la provincia del Sáhara occidental, la colonia española al sur de Marruecos. El rey Hassan organizó en noviembre la llamada Marcha Verde, una manifestación integrada por varios miles de marroquíes que avanzaron por el desierto hasta el mismo límite con el territorio colonial español. La situación en la frontera fue muy tensa, pues parecía que en cualquier momento podía estallar la guerra entre los dos países. Afortunadamente, los manifestantes se detuvieron antes de atravesar el límite fronterizo. Pero la jugada le salió bien al rey marroquí. A toda prisa, el ejército español abandonó el Sáhara occidental a su suerte. El gobierno puso en marcha la descolonización del Sáhara occidental en una de las más vergonzosas operaciones internacionales que ha protagonizado el Estado español. La bandera española se arrió en la ciudad del Aaiún para ser reemplazada de inmediato y en el mismo mástil por la marroquí. Los saharauis, que aspiraban a la independencia y a la formación de su propio país, fueron abandonados y vendidos a Marruecos por el gobierno de España.

 Franco murió el 20 de noviembre de 1975. Miles de personas pasaron por delante de su ataúd, ubicado en el palacio Real de Madrid, aunque tal vez fueran más los que sintieron un gran alivio por el fallecimiento de quien había encarnado cuarenta años de dictadura criminal.

CULTURA

-La larga duración del franquismo debe considerarse una catástrofe cultural sin paliativos


los cambios principales del decenio de los cincuenta se produjeron extramuros del Régimen y a su pesar. El más significativo fue la constitución de lo que podríamos llamar una «literatura (y un arte) de posguerra», lo que vale decir unas formas expresivas que —al igual que las del resto de Europa— se preocupaban del dolor y la culpabilidad, la solidaridad y la inocencia, con una compunción que estaba muy lejos del triunfalismo oficial. Una parte de ese tono lo marcaba la significativa presencia de escritores que habían estado entre los derrotados: autores como José Hierro, Gabriel Celaya, Antonio Buero Vallejo…, al lado de quienes como Blas de Otero, Carmen Laforet o Miguel Delibes habían renunciado pronto a sentirse «vencedores». O incluso de alguien, como Camilo José Cela, inmune a cuanto no fuera la pasión de escribir y el deseo de triunfar, que atemperó su desenfado cínico a las nuevas circunstancias: Viaje a la Alcarria, en 1947, y La colmena, su novela temporalmente prohibida de 1952, no fueron una denuncia social, ni menos política, pero sí una distinta forma de mirar la España profunda y un estremecedor diagnóstico de la vida madrileña. Lo que a finales de los cuarenta se llamó el «tremendismo» fue un primer síntoma, tras el que llegaron los primeros asomos del existencialismo y, sobre todo, a comienzos de los cincuenta, el desembarco de una promoción de escritores comprometida con el realismo como forma de descripción y como acto de fe en el futuro.

Poetas y novelistas, además de algún dramaturgo y cineasta, dibujaron la España de la insatisfacción de los jóvenes, de la miseria campesina, de la desmoralización de las clases medias, la tristeza del mundo provinciano y de los abusos de los nuevos ricos. Hoy la seguimos reconociendo con piedad e indignación al ver Historia de una escalera, de Buero Vallejo, y Muerte de un ciclista, de Juan Antonio Bardem, y al leer Los bravos, de Jesús Fernández Santos; Las afueras, de Luis Goytisolo; Entre visillos, de Carmen Martín Gaite; Compañeros de viaje, de Jaime Gil de Biedma; Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos, y Tormenta de verano, de Juan García Hortelano, testimonios sobrecogedores que van de 1949 a 1962.

los cambios principales del decenio de los cincuenta se produjeron extramuros del Régimen y a su pesar. El más significativo fue la constitución de lo que podríamos llamar una «literatura (y un arte) de posguerra», lo que vale decir unas formas expresivas que —al igual que las del resto de Europa— se preocupaban del dolor y la culpabilidad, la solidaridad y la inocencia, con una compunción que estaba muy lejos del triunfalismo oficial. Una parte de ese tono lo marcaba la significativa presencia de escritores que habían estado entre los derrotados: autores como José Hierro, Gabriel Celaya, Antonio Buero Vallejo…, al lado de quienes como Blas de Otero, Carmen Laforet o Miguel Delibes habían renunciado pronto a sentirse «vencedores». O incluso de alguien, como Camilo José Cela, inmune a cuanto no fuera la pasión de escribir y el deseo de triunfar, que atemperó su desenfado cínico a las nuevas circunstancias: Viaje a la Alcarria, en 1947, y La colmena, su novela temporalmente prohibida de 1952, no fueron una denuncia social, ni menos política, pero sí una distinta forma de mirar la España profunda y un estremecedor diagnóstico de la vida madrileña. Lo que a finales de los cuarenta se llamó el «tremendismo» fue un primer síntoma, tras el que llegaron los primeros asomos del existencialismo y, sobre todo, a comienzos de los cincuenta, el desembarco de una promoción de escritores comprometida con el realismo como forma de descripción y como acto de fe en el futuro.






28. Resolución de la ONU sobre España.

RESOLUCIÓN N.º 39(1) DE LA ONU, 1946

 Relaciones de los miembros de Naciones Unidas con España.

En San Francisco, Potsdam y Londres, los pueblos de las Naciones Unidas condenaron el régimen de Franco y decidieron que, mientras continuara ese régimen, España no ha de ser admitida en el seno de las Naciones Unidas. La Asamblea General, en su resolución del 9 de febrero de 1946, recomendó que los Miembros de las Naciones Unidas actuaran de acuerdo con el espíritu y la letra de las declaraciones de San francisco y Potsdam. Los pueblos de las Naciones Unidas dan al pueblo española seguridades de su simpatía constate y de que le espera una acogida cordial cuando las circunstancias permitan el que sea admitido al seno de las Naciones Unidas. La Asamblea General recuerda que, en mayo y junio de 1946, el Consejo de Seguridad hizo un estudio sobre la posibilidad de que las Naciones Unidas tomaran nuevas medidas. El Subcomité del Consejo de Seguridad encargado de tal investigación llegó unánimemente a la conclusión de que:

a) En origen, naturaleza, estructura y conducta general, el régimen de Franco es un régimen de carácter fascista, establecido en gran parte gracias a la ayuda recibida de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini.

b) Durante la prolongada lucha de las Naciones Unidas contra Hitler y Mussolini, Franco, a pesar de las continuas protestas de los aliados, prestó una ayuda considerable a las potencias enemigas. Primero, por ejemplo, de 1941 a 1945, la División de Infantería de la Legión azul, la Legión española de Voluntarios y la escuadrilla área Salvador, pelearon en el frente oriental contra la Rusia soviética. Segundo, en el verano de 1940, España se apoderó de Tánger en violación del estatuto internacional, y, debido a que España mantenía un importante ejército en el Marruecos español, gran cantidad de tropas aliadas quedó inmovilizada en el África del Norte.

c) Pruebas incontrovertibles demuestran que Franco fue, con Hitler y Mussolini, parte culpable en la conspiración de guerra contra aquellos países que finalmente en el transcurso de la guerra mundial formaron en conjunto de las Naciones unidas. Fue parte de la conspiración en que se pospondría la completa beligerancia de Franco hasta el momento que se acordara mutuamente La Asamblea General convencida de que el Gobierno fascista de Franco en España fue impuesto al pueblo español por la fuerza con la ayuda de las potencias del Eje y a las cuáles dio ayuda material durante la guerra, no representa al pueblo español y que por su continuo dominio de España está haciendo imposible la participación en asuntos internacionales del pueblo español con los pueblos de las Naciones Unidas. Recomienda que se excluya al Gobierno español de Franco como miembro de los organismos internacionales establecidos por las Naciones Unidas o que tengan nexos con ellas, y de la participación en conferencias u otras actividades que puedan ser emprendidas por las Naciones Unidas o por estos organismos, hasta que se instaure en España un Gobierno nuevo y aceptable. Deseando, además, asegurar la participación de todos los pueblos amantes de la paz, incluso el pueblo de España, en la comunidad de naciones. Recomienda que, si dentro de un tiempo razonable, no se ha establecido un gobierno cuya autoridad emane del consentimiento de los gobernados, que se comprometa a respetar la libertad de palabra, de culto y de reunión, y esté dispuesto a efectuar prontamente elecciones en que el pueblo español, libre de intimidación y violencia y sin tener en cuenta los partidos, pueda expresar su voluntad, el Consejo de Seguridad estudie las medidas necesarias que han de tomarse para remediar la situación. Recomienda que todos los miembros de las Naciones Unidas retiren inmediatamente a sus embajadores y ministros plenipotenciarios acreditados en Madrid. La Asamblea General recomienda asimismo que los estados miembros de las Naciones Unidas informen al Secretario General, en la próxima sesión de la Asamblea, qué medidas han tomado de acuerdo con esta recomendación.

 Quincuagésima nona reunión plenaria, 12 de diciembre de 1946.

COMENTARIO DE TEXTO:

1.-CLASIFICAR EL TEXTO

Sinopsis

Estamos ante una Resolución de la ONU “ Relaciones de los Miembros de las Naciones Unidas con España “de condena del régimen Franquista, por considerarlo una dictadura fascista vinculada con las potencias fascistas, cuyo dirigente-Franco- participó en la conspiración que derivó en la Guerra y  señalando que el gobierno español no representa a los habitantes del país, invita a un cambio de régimen, hacia la democracia o tomará medidas.

1.a- Según sus características, un texto puede ser:

1.b-Identificar la naturaleza del texto.

Por su contenido es un texto político que condena el Régimen franquista, no es vinculante pero recomienda  a que desaparezcan las características totalitarias del Nuevo Estado.

Por su origen es una fuente primaria.

Por su forma es un texto expositivo-argumentativo, muy claro. La resolución se organiza en dos grandes ideas. En los dos primeros párrafos se exponen los razonamientos justificativos de su determinación. Como segunda parte, aparece la resolución propiamente dicha en los tres últimos párrafos del texto.

1.c.-Estudiar su momento histórico, el autor, destinatario, finalidad.(Contexto de elaboración del texto)

Momento histórico. El 12 de diciembre de 1946, no ha pasado un año desde el final de la II Guerra Mundialla recién creada ONU-24 de octubre de 1945- por 51 países. Los delegados deliberaron sobre la base de propuestas preparadas por los representantes de China, la Unión Soviética, el Reino Unido, y los Estados Unidos.

La Carta fue firmada el 26 de junio de 1945 por los representantes de los 50 países. Polonia, que no estuvo representada, la firmó mas tarde y se convirtió en uno de los 51 Estados Miembros fundadores.

Autores . Los 51 miembros de la ONU. En especial los vencedores de la II GM

Destinatario. La comunidad internacional y el pueblo español, las autoridades franquistas.

FINALIDAD: incitar a la finalización del régimen de Franco.

2.-INTEGRAR Y RELACIONAR

Antecedentes

La ONU que fue creada en 1945 tras la derrota de las potencias del Eje en la II Guerra Mundial para preservar la paz en un clima político internacional afín al respeto a la libertad y los DDHH.

Los comienzos del franquismo están estrechamente relacionados con el contexto internacional y la supremacía de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Su alineación con el Eje en el terreno de la política institucional provocó una fascistización del régimen hasta 1942 no exento de ciertas tensiones con los sectores de la dictadura que no querían esa identificación: militares, monárquicos y católicos, principalmente. Ese ascendiente fascista tuvo su manifestación en la organización política del régimen y en sus aspectos simbólicos, como saludos, rituales, desfiles o consignas. Algunos de los miembros del Movimiento tuvieron un significativo poder en los primeros años del franquismo, como el concuñado del dictador Ramón Serrano Suñer con  simpatías hacia los regímenes europeos fascistas, su intento de incrementar el poder político de Falange, su creciente poder y la forma de ejercerlo provocaron recelos entre los militares y la derecha católica, que derivarían en una importante crisis gubernamental en 1941, en la que Franco retiró del poder a falangistas próximos a Serrano Suñer para situar a miembros de la Falange más fieles a él. La situación de crisis política, lejos de tranquilizarse, se agravó en el verano de 1942 con dos incidentes: el intento de asalto a la embajada británica de un grupo de falangistas apoyados por Serrano Suñer, y el atentado perpetrado en la basílica bilbaína de Begoña en agosto de 1942 por un grupo de falangistas contra los asistentes a una concentración carlista presidida por el entonces ministro del Ejército, el general Varela. La reacción de Franco fue la destitución de los dos ministros militares, Varela y Galarza, y la de Serrano Suñer. En este contexto se enmarca la neutralidad de España en la II Guerra Mundial ( reunión con Hitler en Hendaya en octubre de 1940, no llegan a un acuerdo por la petición franquista con la devolución de Gibraltar (tras la derrota del Reino Unido); la cesión del Marruecos francés y de una parte de la Argelia francesa a España más el Camerún francés que se uniría a la colonia española de Guinea; el envío de suministros alemanes de alimentos, petróleo y armas para paliar la crítica situación económica y militar que padecía España) al final se envió a la URSS la División Azul.



Contexto histórico

Las ideas del texto se pueden sintetizar en las siguientes:
-El carácter fascista y no representativo del régimen franquista, implantado con la ayuda de la Alemania Nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini, potencias totalitarias que acababan de ser derrotadas al acabar la 2ª guerra
mundial.
- También destaca el hecho de que Franco ayudó a estas dos potencias durante la guerra.
- Señala la imposibilidad de admitir un régimen fascista de este tipo en la Organización de Naciones Unidas, y la prohibición de que España participara en los organismos de la ONU o relacionados con ella.
- Recomienda que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas estudie la manera de establecer un régimen democrático y representativo con libertad de expresión, religión y reunión en España si en un plazo breve el régimen
franquista no desapareciera.
- Finalmente recomienda a todos los Estados miembros de las Naciones Unidas que retiren sus embajadores y establezcan un aislamiento diplomático al franquismo.
-La situación internacional en la que se inscribe este texto es la que se vivía en Europa tras el final de la 2ª guerra mundial, en la que España había permanecido neutral.
-Durante la Guerra Civil española, Franco había recibido ayuda de Alemania y de Italia, las dos potencias fascistas del Eje.

En resumen de 1945–1349: a pesar de este cambio pro–aliado, la actitud comprometida con el Eje hizo que las potencias aliadas condenaran al Régimen español a un aislamiento internacional que provocó durante casi cinco años el momento más difícil para Franco.

- El dictador español respondió con cambios en la estructura política, la configuración del Estado como Reino, el mantenimiento forzoso de la autarquía como sinónimo de independencia y el mayor peso dado a los «católicos» frente a los falangistas.

-Los acontecimientos internacionales, en el contexto de la guerra fría, que tuvieron lugar desde 1947 y especialmente 1949, permitieron el cambio de actitud de Estados Unidos, de algunas potencias occidentales y, como consecuencia, de la ONU, en relación con la España de Franco. Poco a poco el anticomunismo fue sustituyendo en el sistema internacional al antifascismo dominante, lo que favoreció la inserción progresiva en ese sistema.

Consecuencias

Las consecuencias del documento son difíciles de señalar, el régimen se adaptó bien a la condena internacional, radicalizando su discurso autárquico.

-Poco después de 1950–1953: el establecimiento de un eje Madrid–Washington se convirtió en un objetivo prioritario de los dirigentes españoles. El papel desempeñado por Estados Unidos y la creciente tensión exterior ayudaron para que fuera produciéndose un lento pero seguro proceso de integración de España en la sociedad internacional. La progresiva «liberalización» del Régimen, básicamente en el ámbito económico y en la configuración del quinto gobierno, ayudó a transformar la imagen de España. Esta situación permitió la firma de dos acuerdos que marcarán un antes y un después: el Concordato con el Vaticano (agosto de 1953) y los Pactos económico–militares con Estados Unidos (septiembre de 1953).

-El 4 de noviembre de 1950 la ONU anuló la resolución de 1946 que aislaba a España. En 1951 regresaban los embajadores, encabezados por los representantes de Estados Unidos y Gran Bretaña, y España entraba en la Organización Mundial de la Salud. Tras el Concordato con el Vaticano y los pactos de Defensa y Mutua Ayuda con Estados Unidos en 1953, España fue finalmente admitida en la ONU en diciembre de 1955.


-Aunque a España no se la incluyó en el Plan Marshall y, mientras la dictadura duró, nunca se la invitó a incorporarse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), fundada el 4 de abril de 1949, la posición de Estados Unidos fue clave para aliviar los aspectos más severos del ostracismo internacional, aunque algunos Gobiernos europeos occidentales se mostraban menos benévolos y otros como México siempre permanecieron hostiles.
Las negociaciones entre la diplomacia española y estadounidense comenzaron en 1951 tras el intercambio oficial de embajadores. El pacto firmado en septiembre de 1953, cuando el republicano Dwight Eisenhower ya había sustituido a Truman, proporcionaba a España ayuda económica y militar y la oportunidad de adquirir grandes cantidades de materias primas norteamericanas y excedentes de alimentos básicos a precios reducidos. Los acuerdos tenían diez años de duración y durante ese tiempo la ayuda económica ascendió, según cifras oficiales norteamericanas, a 1688 millones de dólares, a cambio se cedieron cuatro complejos militares en Torrejón de Ardoz (Madrid), Morón (Sevilla), Rota (Cádiz) y Zaragoza.

El pacto con Estados Unidos se cerró prácticamente al mismo tiempo que el nuevo Concordato con la Santa Sede. En los años que siguieron a la Guerra Civil, la Iglesia católica española ya había recuperado la mayoría de sus privilegios institucionales. El 9 de noviembre de 1939 se restableció la financiación estatal del culto y del clero, abolida por la República. El Concordato de 1953, confirmó ese privilegio de presentación de obispos que había sido otorgado al dictador en junio de 1941. Franco presentaba seis nombres al Papa para cubrir las sedes vacantes y finalmente designaba a uno entre los tres que seleccionaba el Pontífice, lo cual garantizaba en la práctica que esa Iglesia que había salido de la cruzada victoriosa mantuviera su fidelidad al «Caudillo por la gracia de Dios».
De los numerosos privilegios y poderes que el Concordato otorgó a la Iglesia española destacaba la provisión por el Estado de las necesidades económicas del clero y la obligatoriedad de que en todos los centros docentes, estatales o no, la enseñanza se ajustara «a los principios del dogma y de la moral de la Iglesia católica». Franco, a cambio, logró unos beneficios políticos sustanciales que apuntalaron la legitimidad del régimen en el interior y en el exterior.
La Falange perdió contenido político y la internacionalización del régimen culminada con éxito con el ingreso en la ONU en 1955. Igualmente pudo solucionar el tema de Marruecos a través de la independencia; relanzó con fuerza la cuestión gibraltareña, planteó el ingreso en los organismos económicos internacionales y, en definitiva, fue asentando a España en la comunidad internacional.

3.-La idea principal, y en su caso una secundaria, que contiene el texto.

3.a-Idea principal:

En San Francisco, Potsdam y Londres, los pueblos de las Naciones Unidas condenaron el régimen de Franco y decidieron que, mientras continuara ese régimen, España no ha de ser admitida en el seno de las Naciones Unidas.

3.b-Ideas Secundarias:...los demás contenidos

-Todas las demás.


29. Plan de Estabilización de 1959.


“Al final de la Guerra de Liberación, la economía española tuvo que enfrentarse con el problema de su reconstrucción, que se veía retardada en aquellos momentos por la insuficiencia de los recursos […] como consecuencia de la contienda. La guerra mundial y las repercusiones que trajo consigo aumentaron estas dificultades y cerraron gran parte de los mercados y fuentes de aprovisionamiento normales, lo que motivó una serie de intervenciones económicas al servicio de las tareas del abastecimiento y de la reconstrucción nacional […]. Gracias a ese rápido proceso, nuestra economía se ha modificado profundamente. Resueltos un sinfín de problemas, hay que enfrentarse ahora con otros derivados, tanto del nivel de vida ya alcanzado, cuanto de la evolución de la economía mundial, especialmente la de los países de Occidente, en cuyas organizaciones económicas está España.
[…].En este aspecto, el Decreto-Ley que a continuación se articula establece la liberalización progresiva de la importación de mercancías y, paralelamente, la de su comercio interior; autoriza la convertibilidad de la peseta y una regulación del mercado de divisas; faculta al Gobierno para modificar las tarifas de determinados impuestos y al Ministerio de Hacienda para dictar normas acerca del volumen de créditos.
Es indudable que las medidas restrictivas de emergencia entrañaban un carácter transitorio. Superadas aquellas circunstancias, ha llegado el momento de iniciar una nueva etapa que permita colocar nuestra economía en una situación de más amplia libertad, de acuerdo con las obligaciones asumidas por España como miembro de pleno derecho de la O.E.C.E.
La mayor flexibilidad económica que se establecerá gradualmente no supone en ningún caso que el Estado abdique del derecho y de la obligación de vigilar y fomentar el desarrollo económico del país. Por el contrario, esta función se podrá ejercer con mayor agilidad suprimiendo intervenciones hoy innecesarias. […].
De este modo se espera obtener la estabilidad interna y externa de nuestra economía, el equilibrio de la balanza de pagos, el robustecimiento de la confianza en nuestro signo monetario y, en suma, la normalización de nuestra vida económica”.

Boletín Oficial del Estado, 20 de julio de 1959

COMENTARIO DE TEXTO:

1.-CLASIFICAR EL TEXTO

Sinopsis

Es la ley que liberaliza la economía española tras los años de Autarquía, suprimiendo las intervenciones innecesarias con el objetivo de estabilizar la economía, equilibrando la balanza de pagos.

1.a- Según sus características, un texto puede ser:

1.b-Identificar la naturaleza del texto.

Por su contenido es un texto jurídico-decreto ley( que es una decisión del Consejo de ministros)- pero que tras una justificación histórica establece un nuevo marco económico.

Por su origen es una fuente primaria.

Por su forma es un texto jurídico- legal, con un lenguaje plagado de términos económicos y con muchos eufemismos  , expresiones más suaves que se sustituye otras consideradas demasiado francas, incluso el texto argumenta falseando la realidad.

1.c.-Estudiar su momento histórico, el autor, destinatario, finalidad.(Contexto de elaboración del texto)

Momento histórico. Tras el cambio de gobierno la llegada de los tecnócratas, en  1959

Autores . El Consejo de ministros de Franco

Destinatario. La economía nacional e internacional.

FINALIDAD: Transformar la economía de la autarquía , a un sistema liberado del control estatal, más parangonable con el mundo occidental.

2.-INTEGRAR Y RELACIONAR

Antecedentes

La economía autárquica, nacida de la desconfianza de los sublevados hacia la libertad de mercado y las relaciones libres de los agentes económicos, la influencia fascista y al nacionalismo económico, nebulosas ideas imperiales de recuperación de España impulsando todos los sectores dentro de el país. esta política provocó el hambre , la pobreza, el mercado negro, el  estraperlo, hundiendo en un declive de 20 años a la economía , beneficiando a unos pocos, y impulsando la corrupción, el clientelismo y la infamia.

El hambre provocó que la gente se volviese al campo intentando sobrevivir. La mano de obra agraria española incrementó su proporción sobre el total de la población activa, y pasó de representar un 45,5 % en 1930 a un 55,5% en 1940. Salvo por el caso del imperio ruso durante Primera Guerra Mundial, y las revoluciones y la posterior guerra civil que se dieron en aquel país a partir de 1917, no existe en la Europa del siglo xx un fenómeno comparable. Las consecuencias de esta situación fueron mortales para decenas de miles de españoles, y trágicas para millones más. Como resultado, hasta las personas con trabajo (y sus familias) pasaron y murieron de hambre. El periodo entre el final de la Guerra Civil y 1942 fue el peor. Epidemias como el tifus y enfermedades como la tuberculosis se extendieron hasta convertirse en símbolo de los males de aquellos años de desesperación. Estas enfermedades se cebaron en cuerpos desnutridos hasta extremos que hoy solo asociamos con los lugares más miserables del planeta. La pelagra, un padecimiento bíblico causado por la mala alimentación, se volvió común. Por culpa de la pelagra o por la ingestión de plantas venenosas con las que intentar saciar el hambre atroz, no solo los viejos y los niños), sino incluso miles de jóvenes adultos, completamente sanos hasta entonces, perdieron la visión, desarrollaron úlceras dolorosas en la piel y, con frecuencia murieron en medio de horribles padecimientos. Las huellas de este hambre tan atroz quedarían marcadas en los cuerpos y en las almas de los supervivientes para siempre.
El horror y el sufrimiento de millones de afectados por el hambre no hicieron mella en Franco y en sus generales que, entusiasmados con las medidas que habían fortalecido tanto a su admirada Alemania, creyeron que la autarquía acabaría funcionando también en España. Podían esperar a que los frutos de sus sueños se manifestasen: el precio de sus decisiones no lo pagaban ni ellos ni sus seguidores de nivel social alto y medio, o que poseían algo de tierra. Impávido en medio de la miseria del país, el Caudillo, explicaba el fracaso debido al  «capitalismo judío y extranjero». Nunca asumió su propia responsabilidad.

Al principio el texto del Decreto-ley tergiversa esta realidad y explica los problemas por otras razones y habla del final de la Autarquía :

….las medidas restrictivas de emergencia entrañaban un carácter transitorio...

  El cambio de gobierno de febrero de 1957, con la llegada de los denominados «tecnócratas» supuso una primera ruptura con la ortodoxia económica dominante pero, en realidad, continuó la tendencia que ya había aparecido aunque sin demasiada profundidad.

La incorporación en mayo de 1958 a los organismos de Bretton Woods (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) fue el paso casi irreversible.

 Había habido que vencer resistencias que se situaban al más alto nivel: al de Franco mismo y al de su fiel escudero, almirante Luis Carrero Blanco, ministro subsecretario de la Presidencia. Ambos eran profundamente autárquicos, sólo el gran déficit exterior obligó a un cambio de política económica.



Contexto histórico

Se aplicaron medidas liberalizadoras, ampliando la libertad de comercio exterior y aprobando en abril de 1958 una Ley de Convenios Colectivos que reestructuró el marco de la negociación salarial. Más decisiva para la formulación de la nueva política fue la integración en los organismos económicos y financieros internacionales. En enero de 1958, España se asoció a la OCDE y en julio quedó adherida al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento. Una misión del FMI discutió con los técnicos de Hacienda y Comercio y del Banco de España la necesidad de reformas económicas sustanciales, para las que España pudo contar con financiación procedente de estos organismos. Todas las reformas, aprobadas por decreto-ley entre julio y agosto de 1959, se encaminaban a alinear al capitalismo español, corporativista y protegido hasta el extremo, con el mundo occidental. Tardaron dos años, pero finalmente el Decreto-ley de Ordenación Económica, aprobado el 21 de julio de 1959, fue, tanto o más que un plan de estabilización, un plan de liberalización que, sin desprenderse por completo del lastre del pasado, inauguraba un nuevo período.

Las medidas que se mencionan:

-la liberalización progresiva de la importación de mercancías  y, paralelamente, la de su comercio interior;

-autoriza la convertibilidad de la peseta y una regulación del mercado de divisas;

- faculta al Gobierno para modificar las tarifas de determinados impuestos y

- al Ministerio de Hacienda para dictar normas acerca del volumen de créditos.

Todas  estas medidas buscan la estabilización de la economía mediante el equilibrio de la balanza de pagos , explicando la verdadera razón de la apertura, la situación imposible de la economía en 1959.

Consecuencias

-

3.-La idea principal, y en su caso una secundaria, que contiene el texto.

3.a-Idea principal:

3.b-Ideas Secundarias:...los demás contenidos


[1] Aquellas circunstancias históricas fueron: enero de 1938, cuando Franco formó su primer gobierno. En el decreto de nombramiento fundamentaba la facultad con que estaba ejerciendo los poderes mencionados y lo mismo sucedió en agosto de 1939 con la ley de la Administración General del Estado, en cuyo artículo 7.º se decía:
Corresponde al jefe del Estado la suprema potestad de dictar normas jurídicas de carácter general, conforme al artículo 17 de la Ley de 30 de enero de 1938, y radicando en él de modo permanente las funciones de gobierno, sus disposiciones y resoluciones, adopten la forma de Leyes o de Decretos, podrán dictarse, aunque no vayan precedidas de la deliberación del Consejo de Ministros, cuando razones de urgencia así lo aconsejen, si bien en tales casos el jefe del Estado dará después conocimiento a aquel de tales disposiciones o resoluciones.En el decreto de creación de las Cortes Españolas, de 17 de julio de 1942, se yuxtaponían los poderes ilimitados otorgados a Franco y la colaboración que buscaba en los procuradores para la elaboración de las leyes. Pero donde Franco ejerció el poder absoluto hasta el paroxismo fue con la publicación de la ley de Sucesión, de junio de 1947, en la que definió la forma política de su régimen como Reino católico, social y representativo, de acuerdo con la tradición (art. 1), y se otorgó el poder de nombrar, a su albedrío, sucesor en la Jefatura del Estado a título de Rey (art. 6). Esta fue la declaración más clara y contundente de que el Generalísimo había decidido ejercer todos los poderes sin limitación alguna hasta el final de sus días. Fue, en definitiva, un dictador vitalicio. El estatus se va a mantener hasta la promulgación de la Ley Orgánica del Estado aprobada en referéndum el 14 de diciembre de 1966 o hasta el nombramiento del príncipe Juan Carlos de Borbón como heredero de la Jefatura del Estado a título de Rey el 22 de julio de 1969.

[2] La fijación de precios, el establecimiento de sistemas de cupos y racionamiento y, sobre todo, la prolongación temporal de estos mecanismos —que pueden alcanzar un cierto éxito en momentos de excepcionalidad— tuvo efectos devastadores, aunque perfectamente esperables, conforme a la teoría económica (previa a la revolución nacional–sindicalista, claro). Fijar precios de tasa por debajo de los que se lograrían en el mercado (ese es precisamente el objetivo de un precio de tasa), tiende a reducir la oferta de los bienes cuya producción ya no resulta rentable, provoca un mayor deseo de consumo a esos bajos precios y genera, automáticamente, un mercado negro. Los productores, por ejemplo los de trigo, tenderán a producir bienes alternativos no sometidos a intervención (cebada o centeno) y, por lo tanto, de precios libres y en alza e intentarán reducir los costes de producción, utilizando menos insumos o de peor calidad (menos abonos y labores). En último extremo, preferirán dedicar el trigo para engordar el ganado antes de entregarlo a los organismos de intervención a los bajos precios oficiales. Resultaba previsible.
Lo mismo habían hecho los campesinos alemanes tras la primera guerra mundial con la mantequilla. Mientras que en las ciudades la gente fallecía por el hambre, ellos la utilizaban para engrasar la maquinaria. No era por maldad. Vender la mantequilla a los bajos precios de tasa y tener que comprar grasa industrial a precios libres resultaba un pésimo negocio. El mismo problema había sufrido Austria en aquellos años. El Gobierno, impulsado por el deseo de garantizar el suministro barato de leche en Viena, fijó unos precios tan bajos que resultaba ruinoso para productores y transportistas. En consecuencia, la leche desapareció del mercado oficial.