XXVI ENCUENTRO DE EDUCACIÓN ALTERNATIVA.  

ESCUELA TECELTICAN

CIUDAD DE MÉXICO    

30 Y 31 DE ENERO DE 2016

“EL APRENDIZAJE Y LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA COMO UN ESLABÓN DEL PROCESO DE FORMACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO”

                                                                                    ESCUELA  TLALNECAPAM

HOY ES SIEMPRE TODAVÍA

                                                     Dadme una pluma, papel, les voy a escribir un

                                                      libro de historia o un texto sagrado. Inventaré  

                                                     un rey de Francia, una cosmogonía, una moral

                                                     o una gnosis. ¿Qué es lo que prevendrá a un

                                                   ignorante o un niño de que  le estoy engañando?                                          

                                                                             Paul Valéry    “De  lꞋHistoire”

Usaremos como punto de partida algunas de las conclusiones a las que llegamos casi al unísono: la obra del historiador es, queramos o no, un instrumento de educación política -aunque a veces se disfrace de económico o intelectual-, y si vamos más allá, es también un medio para incidir en la formación intelectual, ética y cívica de los individuos: ciudadanos críticos, responsables y reflexivos o sumisos y obedientes. Quien investiga, conserva, escribe o enseña la historia, tiene una innegable responsabilidad moral. No se puede aducir ingenuidad, ignorancia o neutralidad.

Aceptar “la verdad histórica” oficial es legitimar un estado fallido, autoritario y represor. Es la historia frente al poder. Una montaña de cadáveres, el tormento y la desesperanza prendidos en las miradas de miles de madres que buscan a sus hijos, tiranillos de pueblo que semejan una manada de simios peleando por el control del territorio, centenares de mujeres raptadas, abusadas, explotadas, porque si, porque son mujeres y provocan, periodistas perseguidos, torturados y acallados por narrar el pasado inmediato. Cotidianamente un horror supera al anterior en esta especie de guerra civil que vivimos. Es la historia que se está escribiendo. Es el andamiaje en el que se asienta el presente y sobre el que se levanta el futuro. Así, como dicen los clásicos “resulta que la función final del relato histórico no es realmente la que parece obvia: informar sobre el pasado, sino informar sobre el presente, pues lo actual no es otra cosa que el pasado condensado, aunque eso no resulte tan evidente”.  Es la lucha contra el olvido y la memoria como arma de futuro. Por ello es tan importante revisar y recomponer los hilos que unen el hoy y el ayer, la memoria colectiva y la realidad concreta, el discurso moral portador de principios, valores y señas de identidad y la apropiación subjetiva en nuestras vidas cotidianas, tan efímeras y ocupadas. Qué es y qué nos hacen creer. Qué se borra y qué permanece en los discursos educativos, de qué referentes y raíces nos aferramos para que broten nuevas interpretaciones y posibilidades de escape de una realidad delimitada por la inmediatez. El gran reto es vertebrar una historia invertebrada. Ahí se nos otorga e impone una enorme responsabilidad social a quienes enseñamos historia. Sobre todo cuando se trata de la historia nacional y más aún si nos adentramos en el berenjenal de nación, nacionalismo, patria, identidad nacional…

EL PALACIO, EL TEMPLO, LA PLAZA Y LA ESCUELA

 “Todo estado social exige ficciones, mitos. La historia puede ser una ficción, dado el hecho que se la considera como esencial para la creación y la conservación de la identidad nacional”, dice Jean Meyer. Muchos de nosotros llevamos impresos en la memoria, como aquellas estampitas de marco azul, un sinnúmero de símbolos, imágenes, héroes, personajes arquetípicos, traidores, visionarios: una multitud de desarrapados acudiendo al llamado de las campanas para iniciar un movimiento independiente, Cortés llorando bajo un árbol, el pastorcito zapoteca que llegó a ser presidente de la República, el dictador a bordo del Ipiranga con rumbo a Europa, Cárdenas nacionalizando la riqueza petrolera… Esa iconografía de seres casi mitológicos y momentos cruciales conforman la historia en la que hemos abrevado en nuestro paso por la escuela primaria. Los libros de texto y los programas de historia contienen verdades incontrovertibles. Mucho de lo que creemos sobre nuestro país tiene que ver con la Historia con mayúsculas, como los cuentos que nos contaban cuando éramos pequeños.

De acuerdo a la Guía para el maestro, de los Programas de Estudio 2011, de la SEP, en los propósitos del estudio de la Historia para la educación primaria, se pretende que los alumnos:

Identifiquen elementos comunes de las sociedades del pasado y del presente para fortalecer su identidad y conocer y cuidar el patrimonio natural y cultural.

Y entonces, inevitablemente, surgen una serie de interrogantes: ¿Por qué el conocimiento histórico es siempre materia de polémica? ¿Qué actitud debe adoptar quien enseña historia cuando se estudian hechos o procesos en los que existen diversas interpretaciones? ¿Cómo contribuye a la formación de los estudiantes de cualquier nivel educativo, el conocimiento de interpretaciones divergentes acerca de un mismo hecho? ¿Qué prácticas conviene evitar en la enseñanza de la historia? ¿Por qué en primero y segundo de primaria la historia se queda en las efemérides? ¿Cómo aprovechar y dar cauce a la natural curiosidad de niños y niñas por el pasado de su familia y del lugar donde habitan?  ¿Realmente se alcanzan los propósitos de estudio al final de la educación primaria?

En múltiples reformas y variadas ocasiones, hemos discutido y analizado los planes y programas de la SEP, y en el caso particular de historia, se ha dicho que dan una visión fragmentada e imprecisa del pasado, no hay una articulación entre los contenidos de primaria y secundaria, es un compendio de la ideología y los mitos nacionales, no proporcionan a los ciudadanos los instrumentos de análisis para entender el devenir del país, son desmesurados, por lo que no pueden abordarse en su totalidad, poco tienen que ver con la realidad que viven los alumnos, etc.  Y es que parafraseando a Jean Meyer, los programas escolares y los libros de texto persisten en su ser, cruelmente nacionalista y mentiroso. Cabe interpelar: ¿quienes deciden los contenidos de los programas de historia realmente están preocupados por brindar a los alumnos los elementos que necesitan para actuar como personas reflexivas y comprometidas con su comunidad y con la sociedad? Una de nuestras respuestas ha consistido en que aquellos propósitos que se plantean en el papel, que suenan tan bien y tan acordes con los empeños de la educación alternativa, (pero que se acercan más a la utopía que a la realidad, ¡de otro modo tendríamos otro país!) en efecto pueden ser alcanzados con la ayuda de otra pieza de nuestra caja de herramientas: el pensamiento crítico.  

¿CRÍTICOS O CRITICONES?

Con suma frecuencia, se emplea una visión maniquea en el estudio de los hechos históricos, cayendo en dicotomías extremas en conflicto: los tiranos y los apóstoles, el pueblo y la aristocracia, liberales y conservadores, razón e intuición, derecha e izquierda… es cuando debemos escuchar las alarmas y correr por el Instrumento Medidor del Pensamiento Crítico, que en principio nos indica que el pensamiento es más integrado y menos dual de lo que suele sugerirse. Cautela ante las maneras simplistas de explicación. En los procesos de pensamiento actúa un funcionamiento combinado de sistemas duales que se apoyan mutuamente y nos dan luz para tomar una decisión. Dicho instrumento medidor tiene varios indicadores que nos van señalando el camino para llegar a tal o cual conclusión, a saber: Interpretación, Análisis, Evaluación, Inferencia, Explicación y Autorregulación y deberían funcionar como un tamiz para tomar decisiones, huir de las verdades como dogmas o explorar posibilidades. El pensamiento crítico se refiere a la manera como se enfocan los problemas, las preguntas, las circunstancias y tiene un propósito. Se trata de cultivar: la curiosidad para explorar, la agudeza mental, la inclinación hacia la razón, el deseo de información confiable. No significa descalificar todo ni ser excesivamente críticos (trampas en las que a veces caemos). Mientras nos preguntemos qué es verdadero y qué no lo es, qué creer y qué rechazar, el pensamiento crítico será necesario, y como la práctica hace al maestro, cuando se ejercita y se desarrolla, permea todo. Es decir, hacemos juicios reflexivos con el propósito de saber en qué creer y qué hacer -que es el centro del Pensamiento Crítico-. El desafío es agudizar las habilidades de pensamiento crítico y cultivar el espíritu de pensador crítico. Tradicionalmente se educa para debilitar las habilidades de pensamiento para ser crédulos con las verdades a medias, irreflexivos en la toma de decisiones y conformistas con nuestras circunstancias.

El pensamiento crítico debe ir más allá de las aulas y se cree que algunas experiencias escolares pueden ser, en realidad, nocivas para el fomento y desarrollo de un pensamiento crítico. Si partimos que las habilidades de pensamiento crítico se pueden aprender, es de creer que se pueden modificar formas de pensamiento y liberarnos de costras que obnubilan nuestra manera de pensar.

¿De qué manera cambiaría este país fénix si se valorara, se enseñara y se usara el pensamiento crítico? Una educación con una buena dosis de habilidades de pensamiento crítico y disposiciones como búsqueda de la verdad y apertura mental seguramente nos llevarían a sacudirnos las cenizas y renacer.

Esto nos lleva a la duda final: ¿Es el pensamiento crítico la llave del reino? Un propósito importante es lograr una educación liberadora en el sentido de que más allá de individuos que recurren a la crítica facilona, sean capaces de emitir opiniones, desafiar, cuestionar y disentir, de pensar críticamente por sí mismos. Son herramientas que nos brindan la posibilidad de apartarnos de la mansedumbre, de la aceptación ingenua de todo lo que dicen nuestras autoridades o los medios. Lograr juicios reflexivos apoyados en principios.

Una educación que involucre la comprensión de las maneras de adquirir el conocimiento que es propio de las diferentes esferas intelectuales, ya que involucra el encuentro con dimensiones culturales, éticas y espirituales, toma de decisiones personales o las que involucren el bien común y la justicia social. El pensamiento crítico es fundamental en una sociedad racional y democrática. A medida que la mente se despierta y madura con el suministro de una buena alimentación educativa, el pensamiento crítico jugará un papel esencial en todos estos propósitos.

“Apaciguada y tolerante, la conciencia nacional encuentra un sutil equilibrio entre memoria y olvido, lucidez y amnesia, tradición e imaginación. Si cambia de dosis –y en aquella operación química los historiadores pueden tener, suelen tener una gran responsabilidad− fabrica una humanidad feroz, compuesta de individuos fanáticos”

                                                                                             (Jean Meyer, 1995)

Quizá el pensamiento crítico nos ayude a encontrar ese sutil equilibrio. Quizá sí sea una de las llaves del reino.

ESTRATEGIAS QUE HEMOS UTILIZADO EN TLALNECAPAM PARA ACERCARNOS A LA HISTORIA

Algunas de las estrategias que utilizamos en nuestra escuela, indiscutiblemente tienen que ver con el propio contacto que hemos tenido con esa asignatura a lo largo de nuestra vida; tratando de no perdernos en la búsqueda de un hilo que nos haga descubrir tardíamente, qué fue lo que nos funcionó mal o cuál maestra o maestro nos condenó a la amnesia histórica.  Hemos intentado otra búsqueda de alternativas para desarrollar los contenidos históricos  de  forma que  tengan pertinencia en la vida de nuestros chicos y se produzca en ellos -y en nosotros- un aprendizaje significativo, manejando una estructura conceptual con datos, referencias, averiguaciones, testimonios, reflexiones, historias de vida, que logren armar el entramado de la historia de la humanidad.

ALGUNAS PRÁCTICAS:

La lista puede continuar, a cada momento surgen nuevas ideas que se ponen en práctica. Y aquello que no podemos perder de vista: relacionar contenidos históricos con las demás asignaturas, transversalmente, lo cual nos ha llevado a desarrollar numerosos proyectos que trabajados durante varios meses son presentados al final del ciclo a la comunidad escolar. Algunos de ellos:

Y como en todos los encuentros anteriores, vamos con el deseo es contagiarnos de otras ideas, entender mejor nuestras historias, aportar lo que podamos a esta RED, encontrarnos en un tiempo y en otro lugar, que también tenemos mucho que contar.  Hasta pronto.

MAESTRAS DE LA ESCUELA TLALNECAPAM, EN COATEPEC, VERACRUZ.

ENERO DE 2016