Estación de Cártama. El comercio y la industria en el primer tercio del siglo XX.

Es probable que los hermanos Gómez Cañete, tras la marcha de su padre, tuvieran que buscar trabajo, con pocos años, como peones en las industrias incipientes o como ayudantes en los comercios recién fundados.

Fuente: Fernando Bravo, cronista de la Villa.

Breve Historia del núcleo de población de la Estación de Cártama”.

             En el entorno a la Estación de Ferrocarril, las viviendas de los empleados y los almacenes para mercancías, fueron apareciendo nuevos edificios, con distintos destinos, al pie de la antigua carretera Málaga-Alora.

         ─ El Parador.

             Creado a principios del siglo XX por Don Diego Salcedo Duran en terrenos de su propiedad, la primera referencia documental que tenemos de este edificio es de 1915. Estuvo en su origen orientado al hospedaje de los pasajeros del tren. En el local bajo hubo una abacería, en la que se vendían todo tipo de artículos, desde comestibles a herramientas agrícolas.

                                                  Foto: 8. Fachada principal del Parador en la actualidad.

         ─ La Cerería.

             Orientada en su origen a la fundición, al menos en 1903, sabemos que era explotada por don Juan Rodríguez Ramos. En 1937 albergo la primera estación telefónica instalada en la localidad.

         ─ Industrias Prolongo.

             Fundada durante la primera mitad del siglo XIX en la calle de San Juan de la ciudad de Málaga, en los primeros años del XX se hizo con la fórmula que le dio la definitiva ventaja sobre otras industrias del mismo ramo, dando lugar al “salchichón Prolongo estilo Génova”. Hacia el año 1915, se trasladaron a Cártama los hermanos Pablo y Carlos Prolongo García; herederos del negocio familiar, donde instalaron una moderna y amplia fábrica, en terrenos adquiridos a don Diego Salcedo. Figurando en 1919, por primera vez como contribuyentes en Cártama.

         ─ Barriada de García-Agua.

             Debe su nombre a la familia compuesta por Sebastián García Rodríguez y Francisca Agua Morales, llegados desde Coín durante la última década del siglo XIX.

             Instalados como colonos agricultores en la Colonia de Doña Ana; durante la segunda década del siglo XX se trasladaron al entonces conocido como “cortijo de Don Ramón”, y aprovechando los almacenes y secaderos de tabaco de este, donde montaron una fábrica de embutidos y derivados del cerdo que prosperó notablemente. Sus hijos se encargaron de unir los dos apellidos como marca comercial.

                                   

 Foto: 9. Medalla publicitaria de los primeros embutidos García-Agua.

         ─ La Fabriquilla.

             Ubicada donde la actual barriada del mismo nombre, con una enorme chimenea redonda en ladrillo rojo entre las actuales calles Toledo y Badajoz, y en la que se trabajaba el mineral extraído en las canteras de la sierra de Cártama, para fabricar oxido rojo.

             Fue construida por el súbdito ingles, don Federico W. Martino, como “Fábrica de fundición”, en los terrenos adquiridos a don Miguel Hidalgo Torremocha. Fue inaugurada el domingo 13 de junio de 1875; y al evento acudieron las autoridades de los pueblos cercanos y personalidades malagueñas destacadas que habían sido invitadas, con la bendición del párroco de Álora, don Antonio López Gómez, quien lo dejó bajo el patrocinio de San Antonio de Padua, en atención al día en que se inauguraba. Recibió el nombre de “Soledad”, en memoria de la esposa del padrino de la ceremonia, don Miguel Hidalgo, fallecida pocos días antes.

             Edificio y dependencias se engalanaron para este acto con profusa decoración de follaje vegetal y banderas españolas e inglesas entrelazadas. El ameno almuerzo-convite estuvo amenizado por una banda de música y los discursos de destacadas personalidades, entre ellos, el médico de Cártama. Desde el primer día quedó bajo la dirección  del joven ingeniero alemán Sr. Bóckel.

             En los meses siguientes apareció esta fábrica anunciada en la prensa nacional, ofreciéndose a los mineros como “fábrica inglesa” que compra toda clase de minerales, que por su pobre ley no han podido utilizarse hasta ahora.

[...]

Al creciente comercio industrial, habría que sumar el movimiento de todo tipo de productos agrícolas que llegaban a la estación desde cualquier rincón de nuestra rica vega, algunos de los cuales, como la coliflor, el trigo, la uva, la caña de azúcar, el tabaco o el algodón hoy resulta increíble de creer que aquí embarcasen en grandes cantidades, con destino al puerto de Málaga, para la exportación. Tal movimiento de mercancías hizo necesaria la creación de las estaciones-apeaderos de Los Remedios, en el límite con Málaga, y la de Aljaima, en el de Pizarra.

             Con tal movimiento de personas, otros comercios se fueron instalando junto al Parador; quizás el primero de ellos fuese la ya mencionada abacería; seguido de el estanco, concesión echa a don Manuel Godoy Vilches, empresario oriundo de Punte Genil, instalado en tierras cartameñas hacia 1915. La venta de combustible en el propio Parador bajo licencia obtenida por don Enrique Mappelli, importante personaje de la vida política malagueña, unido a Cártama por lazos familiares, y que además tenia otras cinco concesiones de surtidores en la provincia.

            La zona comenzó a ser atractiva para personas de otras localidades e incluso otras provincias, que vieron en este lugar una oportunidad laboral más atractiva que la que les deparaba su lugar de origen, por lo que progresivamente fueron estableciendo en este entorno su vivienda familiar.