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C.C.T. 09PPR0495T

XXVI ENCUENTRO DE LA RED DE ESCUELAS ALTERNATIVA

Sí puede ser divertido estudiar historia

Ponencia que presentan

Elisa de Tapia

Coral G. Rendón

Nallely Díaz

Julieta Vázquez

Elianeth Rodríguez

Adriana López Catalán

Verónica Aviña y

Chela Tapia

Enero de 2016

Sí puede ser divertido estudiar historia

Hace algunos años, pensar en cómo realizábamos la tarea de enseñar historia nos llevó primero a entender la dificultad que tienen los niños para comprenderla. Gran cantidad de investigaciones afirman que para la comprensión del tiempo histórico se requieren destrezas y capacidades difíciles de adquirir antes de la adolescencia, incluso muchas concluyen que la historia es una materia de estudio que debería aparecer hasta la secundaria. No obstante, como otros pedagogos y muchos investigadores, consideramos que lo importante es encontrar fórmulas metodológicas que muestren a los estudiantes los conceptos de modo que los comprendan con gozo e interés y, hacia el final de la primaria, propiciar que los alumnos perciban y reconozcan las transformaciones sociales, adquieran el gusto por la investigación y apliquen sus conocimientos en la explicación de otros momentos históricos. Nuestro colegiado experimenta con diferentes formas de acercamiento a la materia, a partir del estudio de las constantes de la historia y por medio de actividades procedimentales y lúdicas, para despertar el interés de los niños y desarrollar su gusto por la investigación, la interpretación, el análisis y la representación de su medio inmediato y remoto, lo mismo en tiempo que en espacio. Estudiamos la historia a partir de estas constantes:

1. Temporalidad. Todo hecho histórico sucedió en el tiempo. Pretendemos que ese tiempo histórico no se remita a una simple fecha sino sea comprendido entre elementos que le den un orden o proceso, una duración y una era.

2. Espacialidad. De la mano del tiempo va la sede del hecho histórico, el espacio geográfico determinado por las características físicas, sociales y económicas y localizable sobre un mapa.

3. Sujeto histórico. Todo hecho histórico tiene origen en un quién. Sin sujetos no hay historia. Cuando hablamos de un sujeto histórico hablamos de individuos que entrelazan sus acciones, ideas, costumbres… pero también de colectivos, sean grupos indígenas o enciclopedistas, señores feudales o hasta nosotros mismos como parte de una historia que se construye día a día.

4. Causalidad. Los hechos históricos no responden al azar, siempre existen causales de que los sucesos sean lo que son. Si las causas hubiesen tomado otros cauces, la historia podría haber sido diferente; sin embargo, es como es, y estudiarla es importante para no repetir los errores y aprender de ellos; todos los acontecimientos del pasado tienen repercusiones en el presente y las tendrán en el futuro.

5. Relación pasado-presente. Si todo hecho histórico tiene una causa, también se relacionará con una consecuencia. La reflexión sobre esta constante permite a los alumnos comprender que ellos mismos son producto de la historia y que no es posible comprender el presente sin conocer el pasado.

6. Empatía. Las razones de los sujetos históricos deben entenderse a partir de su temporalidad y espacialidad.

7. Fuentes históricas. La materia prima para el rescate de la historia es cualquier testimonio escrito, oral o material que permita la reconstrucción, el análisis y la interpretación de los acontecimientos históricos. Promovemos que los alumnos aprendan a buscar información en dos grandes grupos de fuentes: las directas –testimonios de primera mano procedentes de la época que se investiga: documentos, memorias, leyes, artículos de prensa, imágenes, objetos de la vida cotidiana–, e indirectas –elaboradas con posterioridad al período que se estudia, son obra de los historiadores.

8. Continuidad y cambio. En los hechos históricos existen ciertos elementos que se transforman con el devenir humano y otros que permanecen siempre iguales. Estos cambios y permanencias nos ayudan a entender la relación directa entre el pasado y el presente.

9. Relación con otras asignaturas. El conocimiento histórico no habría de aislarse de otras asignaturas. Es importante que los alumnos acudan a otros conocimientos para explicar la historia. La comprensión lectora, el estudio de la lengua, las matemáticas, las ciencias naturales y, por supuesto, el estudio de la geografía, son elementos esenciales para ayudar a entender la historia.

Creemos que en primaria el estudio de estas constantes debe estar directamente relacionado con las nociones de tiempo y espacio y sus representaciones, presentes en el desarrollo del pensamiento lógico-matemático infantil. Un niño de entre cinco y ocho años tiene un concepto muy concreto del espacio: su casa, su calle…; a veces apenas tiene idea de la localidad en que vive. Recordamos a Pamela a sus cuatro añitos cuando, cansada de visitar con su familia el centro de San Salvador, pidió a sus padres que ya regresaran a El Salvador; ese El Salvador distaba mucho de ser el país en cuya capital vacacionaban: era la casa de los tíos con un lindo jardín y una alberquita donde uno se la pasaba muy bien.

Los niños aprenden de su ambiente. Quienes viajan más, quienes están en contacto continuo con parientes o amigos fuera de su comunidad, ciudad, estado o país, pueden adquirir más fácilmente estos conceptos de división política. Imaginar condiciones distintas a las que les rodean. La comunicación de experiencias de vida entre pares ayuda a comprender la noción de espacio geográfico. En la Bartolo, los textos surgidos del trabajo diario en la lectoescritura con los más pequeños hablan de sus vacaciones y visitas familiares en otras ciudades; compartir estas experiencias no sólo es rica fuente de textos vivos para leer, es el inicio del trabajo con geografía e historia a partir de las constantes espacialidad y temporalidad. Se reflexiona en el antes y el después, se comenta sobre la duración del traslado, los medios de transporte, las diferencias del clima, las características del lugar y de su gente… El trabajo se enriquece con salidas a los alrededores, visitas a museos y, ya en primaria, con nuestro campamento a Valle de Bravo –si bien es recreativo, aporta esta dimensión de nuevo espacio geográfico– y nuestros viajes de estudio.

Las acciones físicas que realiza un niño de corta edad le sirven para conocer su entorno. Este año el tema de nuestra ofrenda de muertos –las creencias prehispánicas acerca del inframundo– fue el antecedente para un juego que involucró actividades físicas, contenidos históricos y a la historia misma como estudio científico.

La maestra de preprimaria se propuso que sus niños de cinco y seis años se aproximaran al mundo prehispánico jugando a los arqueólogos y “descubriendo” la historia a partir de fuentes “directas”. Entusiasmados con la idea de ser “arqueólogos por un día”, los niños utilizaron herramientas para excavar y hallar objetos que darían “pistas” para conocer algunos rasgos de la época. Se dispuso del área de las parcelas, aún sin sembrar, para enterrar previamente algunos objetos. Llegado el día se organizó al grupo en dos secciones, los niños se distribuyeron en las parcelas y marcaron sus terrenos como lo hacen los profesionales. Luego se prepararon para escarbar en las áreas asignadas, tomaron sus palas y brochas, algunos encendieron sus lámparas y se dispusieron a cavar: manos a la obra.

No habían pasado ni diez minutos cuando alguien gritó: “¡Encontré algo!”. Todos corrieron para ver el hallazgo: vasijas y otros objetos de cerámica. De inmediato se dio la instrucción de acordonar el área y proceder al registro. Nuestros arqueólogos removieron el exceso de tierra con las brochas, dibujaron lo que encontraron e hicieron anotaciones en sus bitácoras, y hasta tomaron fotografías de sus tesoros. “¡Miren lo que encontré!”, y otro emocionado tropel. Acto seguido el extasiado arqueólogo olvidó la regla fundamental: no levantar la pieza. Los demás gritaron que la dejara en su lugar porque podía estropearla… aunque todos querían tocarla. Con gran excitación, los equipos regresaron a su zona de trabajo. “¡Encontramos el calendario azteca!”. Se abrazaron. No lo podían creer. Maravillados, admiraron la pieza. El siguiente hallazgo fue sensacional. “Creo que es una olla… ¡No, es una cabeza, una calavera!”. Fue un cráneo. Los “especialistas” se preguntaban la causa de la muerte: “¿Lo sacrificaron?”. Sin dudar, otro grupo se puso a buscar el resto del cuerpo. Fueron descubiertas veinte piezas y los niños tenían la seguridad de que había otras; el ánimo no decaía aun cuando ya no encontraron más. Tras dos horas de excavación, guardaron sus instrumentos y compartieron sus impresiones: “¿Tú qué encontraste?”, “¿Déjame ver?”, “Voy a dibujarlo”. La experiencia rebasó fronteras y emociones.

Al día siguiente se volvieron a asignar tareas: acordonar el área, contar las piezas, observar cómo la lluvia de la tarde anterior había afectado las excavaciones. De pronto: “¡Saqueadores!, ¡Falta una tortuga!”, “¿Cómo sabes que falta esa pieza?”, “Porque está en mi bitácora”. La actividad permitió analizar e interpretar datos, identificar causas y efectos, encontrar relaciones entre el pasado y el presente; en fin, recrear una situación “arqueológica” para estimular la imaginación histórica y emitir juicios de valor. Se permearon transversalmente la matemática, la lengua y el dibujo, lo que dio mayor riqueza al trabajo. Y, lo más importante, el aprendizaje fue una experiencia viva, estimulante y absolutamente placentera.

En el preescolar, el estudio de la historia es sólo una serie de actividades y juegos que los acercan a conceptos y contenidos históricos. Este grupo tiene pendiente una plática con un verdadero arqueólogo y una visita al Museo Nacional de Antropología para conocer, entre otras piezas, la auténtica Piedra del Sol.

Ya en la primaria el trabajo se vuelve más estructurado, mas buscamos que sea igualmente estimulante y lúdico. En los primeros grados no existe la asignatura de historia como tal, sino se promueve la exploración de la naturaleza y la sociedad. El programa abarca el estudio de las ciencias naturales y las ciencias sociales en una sola materia. En nuestra escuela, el conocimiento histórico también surge de la cotidianeidad. Los niños de primero inician cada jornada identificando en el diario de clase la secuencia de las actividades del día anterior. Más tarde, esto facilitará el estudio de los sucesos históricos, sea en el calendario cívico o en las conversaciones espontáneas que surgen día a día. Se parte del referente de su realidad inmediata: historias, imágenes, canciones, objetos que los niños llevan o citan en sus comentarios.

Cuando se habla de un evento histórico, además de ubicarlo cronológicamente en una sencilla línea del tiempo, se localiza en mapas el sitio donde sucedió y, de ser posible, se ilustra con imágenes que ayudan a la comprensión de la vida en esa época. Para explicar las diferentes formas de pensar de los sujetos históricos, se reflexiona sobre cómo pensamos ahora y cómo creemos que se pensaba entonces. Los contenidos históricos se correlacionan con temas de otras disciplinas, se comparan diferentes fuentes de información y se consultan con frecuencia los registros en sus cuadernos.

En el segundo grado el estudio de la historia se permeó a través del arte cuando se estudió el tema del segundo bimestre “Cómo celebramos: El comienzo de la Revolución Mexicana y la participación del pueblo”. Este ciclo escolar el tema se analizó a través del muralismo y los corridos, expresiones artísticas surgidas en la época. Los niños identificaron personajes de la Revolución y elaboraron mapas mentales y líneas del tiempo para ubicar a los presidentes durante ese periodo, localizaron en un mapa los lugares donde ocurrieron los hechos más destacados y trazaron rutas para llegar a esos sitios con preguntas como: “Si yo viajara en carro a Durango –lugar donde nació Pancho Villa– desde el Distrito Federal, ¿qué estados atravesaría?”. Camila trajo una plancha de la época, explicó cómo funcionaba y la comparó con las planchas del presente… así reconocieron el paso del tiempo en objetos de uso cotidiano.

Estudiaron la participación de la mujer –distinguieron a las soldaderas de las adelitas– y de los niños y ancianos en la guerra. Durante la semana previa al 20 de noviembre bailaron cada día un corrido y comentaron las letras. Elaboraron una canana de papel, le escribieron el nombre de su personaje favorito y explicaron su preferencia; usaron su canana para el último baile. Más adelante comentaron obras de tres muralistas mexicanos: Siqueiros, Orozco y Rivera y las compararon con el actual arte de muros, el grafitti, para afianzar el concepto de presente y pasado. Se concluyó con un juego tipo “Adivina quién”, pero dos semanas después seguían trayendo información a la escuela.

Hasta los ocho o nueve años se adquiere la noción de espacio geográfico, por eso la lectura de mapas y globos terráqueos no es una labor sencilla en los primeros grados. Se necesita una habilidad especial para interpretar símbolos y signos, y para captar las abstracciones que estos medios suponen; sin embargo, a esta edad tales conceptos dejan de ser ajenos. Es en tercer grado cuando se formaliza el estudio de los mapas y el espacio geográfico. El programa señala que los niños han de conocer su entidad federativa. El grupo se divide en tantos equipos como delegaciones tiene el Distrito Federal, se sortean las demarcaciones, y los alumnos indagan en fuentes directas e indirectas –muchas veces en investigación de campo– acerca de la delegación que les ha tocado. Visitan, entrevistan, leen y después preparan creativamente una exposición para su grupo. Juegan a descubrir la historia del lugar en donde viven.

También en tercero, los niños se reconocen formalmente como parte de la historia, se viven como los sujetos de su propia historia, que se construye día a día. Para lograrlo elaboran una línea de tiempo que comienza con su nacimiento, o un poco antes, con la historia de sus padres y sus hermanos mayores. Se reúnen con la familia: papás, abuelos, tíos, hermanos, e investigan en fuentes directas: fotos, videos, pasaportes y otros documentos; al mismo tiempo, investigan hechos importantes ocurridos a lo largo de su vida en la comunidad, el país y el mundo. Dividen la línea del tiempo en tramos iguales que representan cada año de su propia historia –así es fácil comprender que todos los años tienen la misma duración– y ubican en los espacios los eventos personales y sociales que investigaron. Presentan su línea del tiempo a sus compañeros; muestran –con sus diseños, dibujos, fotos, recortes, documentos y hasta juguetes– los hechos que construyen su propia historia. Comentan las similitudes y las diferencias entre sus vidas y se emocionan al ver que las historias particulares forman la historia del grupo. Comienza la comparación de hechos históricos que comparten tiempo pero no espacio. El ejercicio abre la puerta para que indaguen sobre los sucesos que configuran la historia de la humanidad.

A partir de los diez años los niños manifiestan una transformación rápida. Empiezan a liberarse del egocentrismo infantil al adquirir un pensamiento más objetivo. Son capaces de entrever la idea de causa pero su pensamiento posee una estructura en la que descubre las relaciones causa-efecto más por intuición que por un proceso reflexivo.

En la primaria alta, el estudio de la historia se formaliza, al igual que los proyectos que surgen para abordarla; sin embargo, procuramos que no pierdan el sentido lúdico. Las culturas mesoamericanas son tema amplio del programa de cuarto grado. Para contextualizar el periodo, se ubica el tiempo histórico y el espacio geográfico con lecturas, líneas del tiempo, ilustraciones y mapas. Se comparan los topónimos originales con los actuales y se relacionan los sitios a partir del programa de geografía. En este curso se trabajó en “Un día como…”, proyecto para el que se repartieron las culturas mesoamericanas entre los equipos de trabajo. Luego investigaron en la vida cotidiana de la cultura que les tocó: alimentación, educación, costumbres, tradiciones, religión. Con los resultados de su trabajo prepararon una conferencia que expusieron en primera persona, caracterizados y desde el punto de vista de un individuo del pueblo en estudio. Propusieron temas de lengua y matemáticas y los vincularon con los programas actuales. Al final reflexionaron sobre los cambios y las permanencias de los pueblos, las formas de vida que han de adoptar los que emigran a las grandes urbes y las que siguen existiendo en algunas comunidades del país.

A esta edad, el entorno deja de ser una realidad global para convertirse en objeto de análisis. El estudio del medio local sirve para adquirir un método de comprensión de los fenómenos naturales y de la vida humana. Cuarto y quinto grados son los años de los viajes de estudio. Con las visitas a los lugares de interés de las ciudades visitadas, los alumnos reconocen y comprenden in situ las características físicas y socioeconómicas de comunidades distintas a la suya y descubren los acontecimientos históricos del lugar. Habitualmente, el grupo de quinto hace un viaje de cuatro días a Oaxaca, ciudad que ofrece muchos sitios de patrimonio natural y cultural que visitar. Entre los de interés histórico, los tiene de varias épocas, si bien destacan como temas de estudio la época prehispánica y la figura, el pensamiento y la acción de Benito Juárez durante la Reforma y la consolidación de la república y el Estado mexicanos en el siglo XIX.

El itinerario, que es también guía de estudio, incluye un promedio de cinco visitas por día, así que los trabajos preparatorios del viaje inician en enero. La maestra presenta y describe brevemente los sitios por visitar con el fin de que los niños orienten su interés. La consigna es que, a falta de un guía oficial, cada quién sepa lo suficiente del lugar que ha elegido como para conducir al grupo durante la visita. Así inicia la primera etapa de investigación, que culmina en una serie de "mini conferencias" que se programan para los días previos a la salida. De esta aproximación inicial surge el trabajo cotidiano en varias asignaturas: cálculo de porcentajes de los hablantes del mixteco, ubicación de lugares y trazo de rutas en planos y mapas, noción de biodiversidad y etnobotánica, antecedentes y consecuencias de hechos históricos... La investigación se enriquece con la visita a algún museo. Tal vez algún padre dedique una mañana a compartir con el grupo sus conocimientos; así, la información relacionada con el viaje muchas veces proviene de historiadores, geógrafos o biólogos.

Ya en Oaxaca, los chicos contrastan los resultados de su investigación con la realidad de cada sitio. Abundan los comentarios: "Así se veía en la página de internet", "Esta cédula dice otra cosa" o "Aquí sí huele a muerto, la tumba del museo no olía tan mal". De vuelta al hotel, se organiza un recuento del día en sesiones a las que llamamos "lluvias de datos", en las que los niños aportan todo lo que su memoria puede recuperar de las visitas. Cuando el viaje termina, el estudio continúa con la preparación del informe que habrá de presentarse a la asamblea para compartir lo aprendido con la comunidad escolar. Los viajes de estudio son, pues, una experiencia global e intensamente participativa en la que se investiga, amplía, contrasta, corrige, sintetiza y comparte el conocimiento así construido.

Quinto también hace énfasis en el estudio del sujeto histórico y su papel en la sucesión de los hechos en los que se vieron envueltos. Hace algunos años, luego de una lectura acerca de la Revolución Mexicana que le impresionó vivamente, un niño incorporó a la elaboración de su diario una redacción ficticia relacionada con los ideales y la actividad política de algunos personajes revolucionarios; para leerlo, el autor se había caracterizado como Francisco I. Madero. Así surgió en quinto grado un nuevo proyecto para estudiar al sujeto histórico. Desde el principio, el gusto por la actuación y el disfraz de los alumnos lo convierte en una propuesta interesante. Dividido en equipos por período histórico, el grupo emprende la investigación de la que surge una lista de personajes. Los niños que así lo deciden amplían su búsqueda hacia el personaje de su interés y con los resultados de este trabajo participan en un ficticio programa de televisión cuyo formato puede ser un debate o una entrevista dirigida por un tercero. Todos participan en la discusión y el aprendizaje, unos como panelistas, otros como espectadores, y todos procuran evitar los monólogos,  las divagaciones y las visiones maniqueas de la historia.

Además de las constantes de la historia, en la Bartolomé los procesos de desarrollo y los intereses de nuestros alumnos se decantan por sobre los programas de estudio. Los conflictos que hoy padece el país, comentados lo mismo en la prensa y la televisión que en las redes sociales, generan inquietud en los niños, aunque muchas veces la información sea confusa, cuando no pueril o malintencionada. El programa se deja de lado cuando un tema se manifiesta espontánea y constantemente, y se rescata aquél que produce inquietudes generales. Esto sucedió en la celebración del aniversario de la Revolución Mexicana, que sería en una fecha distinta del 20 de noviembre. En cuarto grado el tema “hizo más ruido” que en otros grupos. En clase se habló del tema y los niños preguntaron quiénes y por qué eran los “buenos” y “malos” de la historia, y cómo las consecuencias de esa guerra se reflejan en los problemas que el país enfrenta ahora.

Se comenzó por ubicar en la línea del tiempo el momento en que se dio este evento y localizar sus causas, comparándolas con lo que sucede en el México de hoy. Luego los niños se internaron en la investigación de los sujetos históricos: primero todos los involucrados en la lucha, conocidos como “los buenos” y “los malos”. Los atrapó la idea de personificarlos, como han visto que se hace en quinto grado. Idearon un juicio histórico: se “repartieron” a los protagonistas del movimiento, recopilaron información que explicara su forma de vida y sus ideales para defenderse en caso necesario y, llegado el 20 de noviembre, se enfrentaron al juicio. Ese día hablaron de la historia personal de su personaje y del grupo al que pertenecía, cuestionaron las acciones realizadas, argumentaron, debatieron y defendieron las decisiones tomadas por sus personajes y sus consecuencias en la marcha el país. A partir de la empatía, balancearon la clasificación de sus personajes como héroes o villanos… La actividad concluyó con una reflexión sobre los actores, los sucesos y los equívocos conceptos de siempre buenos o siempre malos.

Para cuando terminan la primaria y los niños arriban a la adolescencia, el desarrollo de los procesos lógico-matemático ha madurado, su pensamiento ya posee una estructura capaz de descubrir las relaciones causa-efecto por un proceso reflexivo. Con los mayorcitos, insistimos en las constantes de la historia, haciéndolas conscientes mientras se estudian los contenidos. En sexto inventamos la “Hora Internacional”, proyecto que combina los programas de geografía e historia con los intereses particulares de los alumnos por determinado país del mundo. Los contenidos relacionan los acontecimientos históricos de Europa, Asia, África y América a partir de la prehistoria, con el fin de conformar una visión global de su enseñanza. La maestra hilvanó ambos programas, el de historia y el de geografía, de tal forma que se apoyan el uno en el otro bajo una estructura organizada en función del desarrollo de la competencia de comprensión del tiempo y espacio histórico.

Para comenzar, los alumnos exponen datos interesantes de los países que más les atraen. En un trabajo serio de coevalucaión, se designa como representante de un país a quien, a juicio de los propios niños, presenta la mejor investigación y exposición. Al final, cada alumno es responsable de un país que le es atractivo por la causa que sea. Durante el curso los temas de estas asignaturas se estudian según los libros de texto y cada quién investiga a fondo desde la perspectiva de su territorio. Más que los nombres de los periodos –Civilizaciones agrícolas, Edad Media, Renacimiento…– se ubican las fechas que abarcan, para relacionar el mismo momento histórico en distintos países: cuando en Asia se construyen las grandes civilizaciones pluviales, en Oceanía se vive el Paleolítico; mientras Europa está sumida en el oscurantismo, en Asia se vive un auge cultural y en América los mayas utilizan el concepto del cero.

Comparar los periodos históricos desde diversas regiones propicia la comprensión de espacialidad y temporalidad. También de causalidad: los hechos que se dan en un territorio originan sucesos en otras partes del mundo. Las puestas en común con los saberes previos y los aportes individuales resultan en la reflexión de las constantes históricas. Al margen de fechas, hechos y personajes, se estudian las relaciones entre los pueblos y se observa cómo se ligan el pasado y el presente. Todo esto se vincula con las distintas formas de representación gráfica. Crean y juegan, aunque están a punto de dejar la escuela primaria. Presentan arte rupestre, construyen edificios medievales en maquetas, diseñan en papel trajes típicos y se visten de ciudadanos del mundo, representan, comprenden y comparan las clases sociales en sus diversos espacios geográficos y momentos históricos. La última parte del proyecto es la invención de su propio país. Sus atributos geográficos e historia han de responder a las características de las regiones naturales y sociales donde lo ubicaron: inventan la historia que atañe a la realidad histórica que estudiaron.

Pretendemos que, al terminar su primaria, los alumnos hayan desarrollado la habilidad de percibir y reconocer las transformaciones sociales, también la de investigar y aplicar sus conocimientos en la explicación de otros momentos históricos. Y en especial, esperamos que nuestros niños se hayan divertido  estudiando historia.

Colectivo de la escuela Manuel Bartolomé Cossío