Hacer grande lo pequeño

Esa fue una de las pocas conversaciones que recuerdo de antes de abandonar a mi familia por 6 años antes de ir a la universidad; se que hay vacaciones pero los aprovechaba para ir a cursos de verano, no volvía ni para navidad.

Pero antes del examen final en la ciudad se desata una enfermedad contagiosa y cierran todas las instituciones haciéndonos volver si o si a nuestras casas. Mi madre ahora se cortaba el cabello corto, mi padre tenía menos pelo de lo que recordaba, mi hermano y hermana (mellizos) ya tenían 7 años, concurrían a la escuela primaria y son unos prodigios de la música. Llegue a casa con un jardinero de jean manchado de pintura, una remera básica blanca, zapatillas bajas y dos trenzas; mi personalidad se había adaptado a la rara moda de los artistas, conviví con gente así por más de cinco años.

Tenía dos meses para preparar una obra, pero en casa nadie me dejaba pensar, los mellis todo el tiempo con el piano y el violonchelo, mi madre con sus clases de gimnasia por internet y mi padre que entraba y salía de la casa cambiando de trabajo, de médico privado a un hospital.

Me pasaba horas mirando un lienzo blanco grande como un mural pegado en la pared, hasta que una tarde, esa tarde, cuando volví a ver a Elisa, una compañera de secundaria, pasábamos hablando de nuevos chismes  y esas cosas que uno hace cuando vuelve a su ciudad.

Durante dos meses me la pase odiando a Elisa, con mi familia y odiando la música de mis hermanos. Por qué odiaba a Elisa? No solo me rencontré con ella, también con Matías, mi mejor amigo, ese de los que no le importa tu físico ni si sabes o no jugar a cualquier deporte, es de esos que te escuchan, que te aconsejan y que te piden consejos, que te cuidan y que te quieren; eso nos llevó a más que una amistad, y ese mas lo arruino ella, totalmente envidiosa lo arruino todo, dicen que la envidia mata, pero esta envidia me mato a mí.

Nuevamente volví a pasar los días encerrada en mi habitación, lo único que me preocupaba era la pintura, no estaba consciente del tiempo, del día y la noche, comencé a comer poco, no me conectaba a ninguna red social, socializaba con el lienzo, estaba loca, cada vez hablaba más con él, que quieres que dibuje en ti? Qué tipo de arte te gusta más? Y cosas así.

 Me había encerrado en mi habitación, nadie entraba ni salía, hasta que la cabeza no me dio más y una suave melodía entro por mis oídos, se podría decir que era como una musa, y empecé a imaginarlo todo, entonces sonreí y la puerta se rompió, entro el

Y lo bese

Comprendiendo lo que verdaderamente importaba, llenando lo blanco de color, presentando mi obra y graduándome, nunca más me aleje de lo que importa, que no es ser grande en el mundo,  sino ser grande en lo pequeño de uno mismo