Guía para padres y madres

Cómo promover la autoestima de nuestros hijos e hijas



Guía para padres y madres

Cómo promover la autoestima de nuestros hijos e hijas



Autoría: Isabel Bellver Vázquez-Dodero

Coordinan: Jesús Salido Navarro Nuria Buscató Cancho Isabel Bellver Vázquez-Dodero

Edita: CEAPA Puerta del Sol, 4 - 6o A 28013 MADRID

Primera edición: Diciembre 2014

Maquetación: IO Sistemas de Comunicación

Imprime: IO Sistemas de Comunicación Enrique Granados, 24 28523 MADRID

JUNTA DIRECTIVA DE CEAPA: Jesús Salido Navarro, Elena González Fernández, Nuria Buscató Cancho, José Luis Pazos Jiménez, Miguel Dueñas Jiménez, José Pascual Molinero Casinos, Javier González Barrenechea, Jaume Ribas Seguí, Ma del Pino Gangura del Rosario, Leticia Cardenal Salazar, José Ma Ruiz Sánchez, José Antonio Felipe Pastor, Rafael Melé Oliveras, Mustafá Mohamed Mustafá, Ascensión Pinto Serrano, Lois Uxío Taboada Arribe, Camilo Jene Perea, Andrés Pascual Garrido Alonso, Santiago Álvarez Folgueras, Petra Ángeles Palacio Cuesta, Ma Dolores Tirado Acemel



Índice

1. Introducción 5

2. ¿Qué es la autoestima? 7

3. La importancia de nuestras expectativas y de los

reflejos que devolvemos 10

4. ¿Qué dinámica tiene la autoestima? 13

5. ¿Cómo influye la autoestima? 16

6. ¿Cómo podemos fomentar la autoestima de nuestros

hijos e hijas? 18



Guía para padres y madres



1. Introducción

Como padres y madres, podemos decir sin lugar a dudas que nuestros hijos e hijas son nuestra prioridad, por lo que nues- tro deseo es que sean felices y en ello volcamos todas nuestras energías. Queremos que tengan confianza interna, que se res- peten a sí mismos y a los demás, que adquieran un objetivo y compromiso en la vida, que construyan relaciones significativas, que identifiquen y defiendan sus propios valores, que consigan el éxito en el estudio y el trabajo, etc. En definitiva, que sean felices en su vida. Esto está claro. Lo que nos genera más dudas es cómo hacerlo. Porque la realidad es que en muchas ocasiones nuestros hijos e hijas no se sienten felices y eso hace que nos preguntemos por qué cuando nos esforzamos para que lo sean. Y es necesario que sea nuestro objetivo pero no es suficiente, tenemos que conocer también cómo conseguirlo.

Para profundizar en el cómo, es importante conocer que la clave principal para que nuestros hijos e hijas sean felices es que ten- gan una buena autoestima. La autoestima es el motor que les va a permitir crecer de forma sana, conseguir sus objetivos, superar las dificultades y alcanzar un equilibrio y bienestar emocional. Mi- rándoles como personas independientes con su propio proyecto vital, que están creciendo y a los que tenemos que educar y pro- veer de capacidades y recursos para que se conviertan en adul- tos que puedan para manejarse en la vida y sentirse satisfechos consigo mismos, la autoestima será una herramienta esencial. Por

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ello, la clave de nuestro éxito como padres y madres estará en ayudarles a desarrollar altos niveles de autoestima. Es el mejor regalo que les podemos hacer. Para que sean felices y disfruten tanto en su infancia y adolescencia como en su etapa adulta.

Cuando les sobreprotegemos, cuando no les ponemos límites o no los mantenemos, cuando no les escuchamos, cuando com- pensamos la falta de tiempo con regalos, cuando les exigimos demasiado, cuando somos demasiado autoritarios o demasiado permisivos, cuando queremos que sean como a nosotros nos gustaría que fueran, cuando les criticamos más de lo que les reforzamos, cuando no dejamos que hagan las cosas por sí mis- mos, cuando les etiquetamos, etc. Todos ellos son caminos que no fortalecen su autoestima.

Padres y madres somos las personas más importantes en la vida de nuestros hijos e hijas, y por tanto, el pilar básico en la construcción de su autoestima a través de la calidad afectiva de nuestra relación y de las interacciones que tengamos con ellos a lo largo de su vida. Desde este lugar tenemos no solo la respon- sabilidad sino una gran oportunidad para ayudarles a construir una fuerte autoestima que les permita ser felices en su vida.

Partimos de la premisa de que educamos con la mejor intención y desde lo que en cada momento hemos creído era lo más ade- cuado. Este guía pretende aportar pautas que nos faciliten esta importante tarea. Se trata de ser conscientes de dónde estamos

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y qué hemos hecho para ver qué podemos hacer a partir de aho- ra, en el presente. Cuanto más pequeños sean nuestros hijos e hijas sin duda será mejor, pero estemos en el momento en el que estemos, todavía podremos ayudarles a fortalecerla.

2. ¿Qué es la autoestima?

La autoestima es lo que sentimos respecto a nuestra propia valía como personas y la idea que tenemos de nosotros mismos. El proceso para construirla implica conocernos a nosotros mismos y aceptarnos lo que conllevará querernos a nosotros mismos, valorando nuestras capacidades y aceptando nuestras limitacio- nes, con una actitud serena y de superación. Es decir, implica sentirse cómodo con quienes somos sin necesidad de demos- trarlo constantemente y sin necesidad de la aprobación de los demás. Por ejemplo, cuando nos decimos “no soy el graciosillo del grupo pero soy un buen amigo”.

Todos desarrollamos una autoestima que puede ser positiva o negativa y afectará a nuestro bienestar físico y psíquico y a nuestra actitud, a nuestra forma de ver y vivir la vida.

La base de una sana autoestima sana en nuestros hijos e hijas es que se sientan queridos. No solamente que les queramos, sino que ellos reciban y sientan nuestro afecto. Por ello, es impor-

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tante reflexionar sobre los caminos adecuados para que nuestro afecto les llegue. Como ya hemos señalado, la sobreprotección, el perfeccionismo o tener unas expectativas no realistas son ca- minos que lo dificultan.

La autoestima se basa en:

• Sentirse merecedor de un amor incondicional por el mero hecho de existir y sentirse importante para uno mismo y para los demás. Sentirse especial, singular, diferente a los demás en todas las facetas, respetado como persona, satis- fecho y feliz. Para ello, necesitan recibir nuestra aceptación, es decir, sentir que nos importan por el mero hecho de ser nuestros hijos e hijas. Y necesitan que identifiquemos y re- conozcamos su singularidad, incluyendo sus virtudes, capa- cidades y limitaciones.

• El vínculo. Nuestros hijos e hijas necesitan sentirse vincu- lados, relacionados, con un sentimiento de pertenencia a la familia, los amigos, la clase, etc. En el vínculo familiar, han de sentirse seguros afectivamente con nuestra aceptación y apoyo y han de encontrar un entorno con una buena comu- nicación en el que sientan que son tenidos en cuenta, que permita la expresión de sentimientos compartidos y en que el puedan expresar sus emociones y opiniones.

• Sentirse eficaces, competentes, con influencia sobre las personas y las cosas que les rodean, manejándose de forma

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eficiente en su entorno y afrontando los desafíos principa- les de la vida. Saber que pueden ofrecer algo, conseguir ob- jetivos, relacionarse bien con los demás, tomar decisiones y aplicar las habilidades aprendidas. Para ello, necesitan ex- perimentar el éxito de sus esfuerzos y de sus acciones.

• Tener valores. En su proceso evolutivo y cuando construyen su identidad, es necesario que vivan y adquieran unos de- terminados valores éticos y morales hacia los que dirigir su comportamiento personal.

La autoestima parte del autoconcepto, es decir, las ideas y creen- cias que tenemos sobre nosotros mismos, sobre nuestra persona- lidad, nuestras cualidades, características, incluyendo también la idea de cómo creemos que deberíamos ser, de cómo nos gustaría ser y qué creemos que los demás piensan de nosotros.

El origen de la autoestima y el autoconcepto es la calidad de las relaciones con nuestras figuras de apego y el resto de personas significativas, construyéndose así a partir de todos los pensa- mientos, sentimientos, sensaciones, impresiones, valoraciones que recibimos de ellos, de nuestras experiencias y de la forma en la que hayamos integrado todo ello.

Por ello, como figuras de apego, somos el pilar básico en la construcción de la autoestima de nuestros hijos e hijas. La ma- nera cómo les tratemos y los mensajes que reciban de nosotros, podrán fortalecerla o debilitarla. A partir de ahí se situarán de

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