INTRODUCCIÓN: La singularidad geográfica de España.

 

La singularidad geográfica de España es conocida desde la antigüedad y deriva:

 

  1. Su carácter peninsular.

 

Este es el primer rasgo que sobresale del territorio español. El enorme cuadrilátero que forma el solar hispano, semejante a una piel de toro extendida, según el geógrafo griego Estrabón, está unido al continente europeo por un istmo de 440 Km de largo, de gran estrechez, que se corresponde con la cordillera pirenaica, lo cual acentúa aún más el carácter peninsular de España.

 

Todo esto contribuye a que el aislamiento de la península Ibérica sea mayor que el de cualquier otra península europea, tales como la balcánica o la italiana.

 

      2. La situación y la posición geográficas de la península Ibérica.

 

A diferencia de otras penínsulas europeas, la Ibérica es la más meridional y la más occidental, la única que se encuentra entre dos mares (excluyendo el mar Cantábrico) y la más próxima al continente africano.

 

Con respecto a su situación, se encuentra dentro de la zona templada del hemisferio Norte, entre los paralelos correspondientes a la isleta de Tarifa (en el sur peninsular) y la punta de Estaca de Bares (en el norte), y entre los meridianos correspondientes al cabo de Creus (este peninsular) y al cabo Touriñán (al oeste peninsular). Esta situación le confiere los siguientes rasgos originales, relacionados con su posición geográfica:

 

 

 

Como consecuencia de esta situación geográfica, la Península está incluida dentro del área del clima mediterráneo y ocupa una posición excéntrica respecto del continente europeo.

 

 

      3. La configuración  del relieve.

 

Esta configuración del relieve se concreta en la forma maciza de la Península, la elevada altitud media y la disposición periférica de los grandes sistemas montañosos.

 

 

Aproximadamente el 18% del territorio peninsular español supera los 1000 metros de altitud y en algunas provincias, León, Granada, Teruel, Guadalajara, Ávila y Soria, más del 50% de su superficie está por encima de dicha cota.

 

Todo esto impone a la Península condiciones poco favorables para la agricultura, la distribución de la población (habiendo una gran diferencia en número de habitantes entre las regiones del interior y del litoral), las vías de comunicación o el aprovechamiento de los ríos como vías navegables.

 

 

Las consecuencias de esta singular disposición del relieve son el carácter continental de gran parte del territorio y una red hidrográfica caracterizada por un régimen torrencial y una gran capacidad erosiva.

 

La singularidad geográfica de la Península, anteriormente explicada, la convierte en una zona de encrucijada y en un lugar de encuentro, otorgándole un gran valor geoestratégico.

 

España como encrucijada.

 

                La situación de encrucijada es reconocible en las condiciones naturales y humanas. Las influencias naturales se señalan en el clima y en la vegetación. Los rasgos climáticos de la Península están determinados por la influencia de las borrascas y de los anticiclones provenientes del Atlántico y por las condiciones meteorológicas que se generan en la cuenca del Mediterráneo.

 

En España se dan también especies de flora y fauna características de Europa y África. En el norte de España se encuentran formaciones arbóreas europeas, con especies como el abeto blanco, el haya o el roble; en el sur y el levante peninsular crece de forma espontánea el palmito, una planta típicamente africana.

 

En el plano humano, en España se han asentado desde la antigüedad pueblos de diversa procedencia, algo semejante a lo que ocurre en la actualidad, lo cual acentúa este carácter de España como lugar de encuentro. Así lo demuestran los flujos migratorios procedentes, en la actualidad, de África o América Latina.

 

La posición geoestratégica de España.

 

De la situación y de la posición geográfica de España se deriva también un posicionamiento geoestratégico muy importante para entablar relaciones de toda clase con países de dos continentes tan dispares como son África y América.

 

España es el país europeo más próximo al continente africano, por lo que se ha dicho en muchas ocasiones que el estrecho de Gibraltar, más que frontera, es un puente que une África con Europa a través de España.

 

Por ello, en el terreno comercial y económico, la presencia de España es muy intensa en los países norteafricanos. Se trata, pues, de relaciones humanas, económicas y políticas que se producen en ambas direcciones.

 

Sin embargo, no son menos importantes las relaciones que mantiene España con el continente americano. Conviene destacar que España controla uno de los pasos por los que discurre la navegación marítima en el sentido de los paralelos; gracias al estrecho de Gibraltar y a los canales de Suez y Panamá, hoy es posible circular de Asia a América por el Mediterráneo y por el Atlántico sin tener que rodear ambos continentes.

 

Por otro lado, la posición de las islas Canarias y la situación de los puertos españoles de litoral atlántico, próximos al circuito de las corrientes marítimas que facilitan la navegación por este mar, son elementos que refuerzan este carácter de avanzada o lanzadera que tiene España en las relaciones con el continente americano.