PIEDRAS VIVAS, en conmemoración de los 25 años del MCC en Guarenas

Yancarlos García M

Grupo Inmaculado Corazón de María

Asistente al Cursillo #01

En el Movimiento de Cursillos de Cristiandad hablamos de iniciadores, jamás de fundador o fundadores “reconociendo la entrega, entusiasmo y esfuerzo de tantas personas, empezando por los iniciadores y terminando con tantos «cursillistas anónimos», que han puesto sus vidas en el MCC” (IF3, 32). Hombres y mujeres que han tenido el coraje para responder al llamado de Dios a vivir un “carisma original” (IF3, 57). Y si bien, muchas veces se hace referencia a estos iniciadores, como aquellos que actuaron en el principio de los Cursillos en el mundo, tales como Monseñor Hervás, Padre Sebastián Gaya, Eduardo Bonnín, entre otros. O en un país, tal es el ejemplo en Venezuela del Padre Cesáreo Gil Atrio. Los iniciadores se dan todos los días en infinidad de lugares. Cuando construimos un edificio, lo primero y principal es tener un buen cimiento, unas bases sólidas que le den firmeza a toda la estructura. Al afirmar que el gran edificio de salvación es la Iglesia, Cristo Jesús es este cimiento "Él es la piedra que ustedes los constructores despreciaron, y que se ha convertido en piedra angular” (He 4, 11). Y sobre está se va realizando la obra, ladrillo a ladrillo. Esos ladrillos son aquellos que aceptando ser moldeados por la Gracia de Dios son pegados al edificio bajo la acción del Espíritu Santo. Estos se hacen fuertes cuando son adheridos al cimiento, logrando ser una unidad y así seguir avanzado en la construcción. En mención a ellos, nos recordaba el Papa Francisco el 27 de agosto de 2017 antes del rezo del Ángelus que “Nosotros ciertamente no nos sentimos rocas, sino solo pequeñas piedras. Sin embargo, ninguna piedra pequeña es inútil. En las manos de Jesús la más pequeña piedra se hace preciosa, porque Él la toma, la mira con ternura, la trabaja con su Espíritu, y la coloca en el lugar justo, que Él siempre ha pensado y donde puede ser más útil a toda la construcción”. Por ello, un ladrillo recién puesto, descansará sobre otro que fue colocado anteriormente y cuando ese ladrillo logra la firmeza al vivir esa unidad, “iniciará” su labor para soportar a otros encima de él. Dicha firmeza, parte del amor de Dios hacia cada uno de nosotros y la respuesta que tengamos como seres humanos a ese amor. Una respuesta que nos lleva a contestar con totalidad de lo que tenemos "con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas" (Mc 12,30). En ese actuar, no sabemos hasta dónde llega lo humano, y hasta donde lo divino, por ello, lo que nos toca hacer es colocar todo nuestro empeño “Es inútil pretender señalar las fronteras entre la Gracia y la naturaleza” (Ignacio Larrañaga. Dios adentro, p.152). Está se basa en nuestro ser cristiano. Primero que todo, en la decisión y la práctica de una vida de piedad, con un centro en la sacramentalidad y la oración. Además, para un cursillista sería; asistir a su reunión de grupo aun cuando la flojera le inunde y sienta que es mejor quedarse en casa viendo televisión, al estudiar leyendo libros que le ayuden a que “Cristo se forme en ellos”, en no dejarse acaparar en su totalidad por el empleo, estudios, diversiones o distintos absorbentes para tener la disposición de dedicar tiempo en la viña del Señor. Al hacer frente al pesimismo que venden a cada instante ‘Eso no lo vas a poder hacer’ ‘Es muy difícil’. Recordando que “…una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre” (Evangelii Gaudium, 85). Sí es de ese modo, cabe la pregunta; ¿cuántos ladrillos llenos del Espíritu Santo, fueron necesarios para que tú y yo estuviésemos aquí hoy? ¿Cuántos ladrillos fueron necesarios para que la Diócesis de Guarenas cumpla 25 años? Las acciones de Dios son innumerables, sin embargo, quiero detenerme en aquellos 2 hombres y mujeres que se dejaron conducir por ese amor. ¿Cómo no recordar aquellos que, habiendo vivido cursillo, invitaban a otros a asistir a estos y los trasladaban a los Teques o Caracas porque aún no se daban en Guarenas? Pienso en ese puñado de dirigentes que con tanta ilusión soñaban con dar un primer cursillo por estas tierras, preparando todo con cariño en esas montañas de Salmerón, y aunque a la final no se dio en ese lugar, lo entregaron todo para que, al trasladar aquellos hombres a Caracas, fuese nombrado como el cursillo número uno, el realizado desde el 12 al 15 de septiembre de 1996 y el de las mujeres la semana siguiente. Aunque ese fue solo el inicio, así como es la boda dentro de un matrimonio, se requirió, se requiere y se requerirá de entrega y entusiasmo día tras día. Cuántos habrán ofrecido con alegría sus dolores, sufrimientos o desvelos por aquellos que hacían cursillo y quienes lo dirigían, o por cualquier actividad para que diera los frutos deseados por el Señor. Es digno de recordar que fue la oración de muchas personas, la que hizo que abriéramos nuestros corazones, y nos dispusiéramos a recibir a Cristo en nuestras vidas para dejarlo iniciar en nosotros un proceso de conversión. Oraciones intensas antes y durante el Cursillo; oración de los que fueron llamado a servir en cualquier momento y en distintas circunstancias, oración confiada de muchos para superar las distintas dificultades que se presentaban en la preparación de cualquier actividad. Cuántas personas que se han formado en lo propio del MCC para poder transmitir ese mensaje a otros. En esos primeros años, las Escuelas no se daban en esta Diócesis, ya que no había dirigentes muy preparados. Por ello, varios se dirigían a las que daban en las noches en Villa “Mosén Sol” en Caracas, donde al culminar, bajaban corriendo para que no les cerraran el metro y luego poder tomar el autobús en Petare hacia Guarenas a altas hora de la noche. Y aquellos que en el trascurso de estos años han dicho “SI” para estar frente a una actividad, aun cuando el miedo les inundaba, pero con la confianza que contaban con la Gracia de Dios e intensificaron su proceso de preparación en el estudio de tantos temas en cuestión. Distintos secretariados del MCC en la Diócesis que, con preocupación, pero sobre todo con ocupación se colocaron y se colocan en manos de Dios para poder llevar adelante la misión que “Conjuga una doble dimensión: Responsabilidad y autoridad” (IF3, 333). A veces con cansancio y agotamiento, aunque con una alegría inmensa por estar sirviéndoles al Señor. Con una organización delicada y una preparación exquisita para hacer vida el “todo está previsto”. Hombres y mujeres, dispuestos a ceder parte de su tiempo para servir con caridad. Puesto que, para los cristianos, el servicio no es opcional, es algo que debe estar en el horario las 24 horas. Haciendo vida aquella frase que reza “El que no vive para servir, no sirve para vivir” (Madre Teresa de Calcuta). En esta Diócesis, se ha sumado la carencia de una casa para hacer cursillos, con el lamentable revés de la perdida a finales de 1998 de toda la casa “Mosén Sol” de La Rosa en Guatire ya que la debieron derrumbar por un problema en el terreno. Esto ha ameritado un gran trabajo adicional en adecuar ciertos espacios para hacer los cursillos, por ejemplo; varios se dieron en la Unidad Educativa “Fe y Alegría”- Ciudad de los muchachos en Guarenas, el Campamento de Scout en Curupao en tres oportunidades, el serpentario CEMAG de Guatire en dos ocasiones, una tanda en la casa parroquial de Aragüita en Barlovento, una tanda en la Escuela Experimental Río Negro en Barlovento, una tanda en la quinta “La Milagrosa” en Higuerote. En cada uno de ellos se ameritó un trabajo arduo de limpieza, arreglos, traslado de material para que cumpliera medianamente con lo requerido. Un poco más cómodos, pero afuera de la Diócesis resultaban los que se han albergado en la Villa “Mosén Sol” de El Marques en Caracas. 3 evidenciar el desprendimiento en las donaciones es un gesto de extremada generosidad, desde lo largo y ancho de nuestra Diócesis, iniciando por Barlovento, donde se veían cursillistas colaborando con auyamas, verduras, plátanos y frutas para dar en los cursillos internamente. Otros dentro de sus limitaciones, daban de lo poco que tenían para comer que recibían de sus cajas CLAP. Allí se hacía vida aquel pasaje bíblico "Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos” (Mc 12, 43- 44). Y como olvidar tantos colaboradores en la cocina, que, con un servicio silencioso, pero con gran abnegación han alimentado el cuerpo para permitir alimentar el espíritu. Cuantos apostolados dieron y dan sus frutos, animando acercar a otros a Dios, tales como; Campaña Retiro a la sombra, encuentros o retiros de parejas e individuales, rosarios en las casas, visitas a hogares, charlas en Colegios, apostolados individuales en el lugar de trabajo, estudio, familia o comunidad. Así como actividades parroquiales; charlas pre- bautismales, comuniones, confirmaciones, preparación cercana al matrimonio, entre muchas otras. Todas estas hacen eco al compromiso evangelizador, como nos lo recuerda la exhortación apostólica postsinodal Evangelii Nuntiandi del Papa Pablo VI “El esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza, pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad” Quizás muchos de los que han orado, formado y realizado su trabajo apostólico, siguen en medio de nosotros. Otros en cambio ya no nos acompañan. Por ejemplo, aquellos que han partido a la casa del Padre y a quienes rogamos a Dios se encuentren cara a cara con Él, tales como; Maruja Torres, Félix Riera, Miguel Gaspar, Willy Guzmán, Cristina de Nieto, José Dos Santos, Carlos Viña, Maximiliano Martínez, entre otros. Quienes serán reconocidos por siempre a través de la historia como personas que amaron y se entregaron por este Movimiento. Otros tampoco se encuentran porque han cruzado las fronteras de nuestra Diócesis o de nuestra patria Venezuela. Puede que no estén presentes, pero siguen siendo parte del recuerdo de muchos, por lo que hicieron y porque siguen orando y colaborando. Puesto que su construcción como Iglesia sigue siendo latente donde quiera que vayan "porque sus nombres están escritos en los cielos" (Lc 10, 20). Y por quienes pedimos para que perseveren en la fe, y nunca olviden su ardor apostólico es estas tierras ahora lejanas para ellos donde dejaron profundas huellas. Algunos otros, forman ahora parte de diversos apostolados o pastorales de nuestra Iglesia. Cuántos catequistas, colaboradores parroquiales o pertenecientes a otros movimientos, iniciaron su caminar en lo propio de cursillo para luego llevar con entusiasmo lo vivido a estos. “En la Iglesia hay variedad de ministerios, pero unidad de misión. A los Apóstoles y a sus sucesores les confirió Cristo el encargo de enseñar, de santificar y de regir en su mismo nombre y autoridad. Mas también los laicos hechos partícipes del ministerio sacerdotal, profético y real de Cristo, cumplen su cometido en la misión de todo el pueblo de Dios en la Iglesia y en el mundo” (Apostolicam Actuositatem, año 1965). Veinticinco años se dice muy rápido, pero ha sido gracias a Cristo que ha sustentado el Movimiento de Cursillos de Cristiandad en la Diócesis de Guarenas, y la gran cantidad de piedras vivan, que han servido como soporte para que otras piedras también se unan a construir la Iglesia "También ustedes, como piedras vivas, edifíquense y pasen a ser un Templo espiritual" (1 Pe 2, 5). Juntos seguimos extendiendo el reino de Dios, somos iniciadores para otros ladrillos, escribiendo día a día una historia, porque la historia continua y la ilusión, entrega y caridad sigue vigente en nuestra Diócesis, en nuestro país y en el mundo entero porque ¡CRISTO SIGUE CONTANDO CON NOSOTROS!