La Nueva España

- de Avilés-

Prensa: DIARIO Tirada: 52898 Valoración: 1.075 € Sección: LOCAL Página: 13

13/04/2016

Diario de a bordo

El conde de Guadalhorce

El gran legado nacional de Rafael Benjumea Burín

Román Antonio Álvarez González .

Rafael Benjumea Burín nace en Sevilla en 1876 y muere en Málaga en 1952, cuando contaba 75 años de edad. Fue ingeniero de caminos y se mostró siempre interesado por las obras públicas. Comenzó a ejercer su profesión en Málaga, en la comarca del río Guadalhorce, donde diseñó y dirigió las obras de construcción de una central hidroeléctrica en 1905 y el pantano del Chorro en 1921. Estas obras fueron muy importantes para la zona, pues evitaron inundaciones y sirvieron para iniciar regadíos y producir electricidad. Su realización y utilidad le valieron el título de conde de Guadalhorce, que le fue otorgado por el rey Alfonso XIII en el año 1921 en el que habíamos dicho que se inaugura el antes mencionado pantano. La construcción de vías férreas que lograsen unir las distintas regiones españolas era, a principios del siglo XX, una prioridad. Rafael Benjumea Burín, que ocupa el cargo de Ministro de Fomento por encargo de Primo de Rivera en el año 1926, va a ser el promotor de una serie de nuevas líneas que complementarían las ya existentes y consiguen el objetivo señalado. Todas esas obras ferroviarias que mallan la geografía española desde ese momento es conocido como el “Plan Guadalhorce”.

La creación de las confederaciones hidrográficas es otra de sus grandes aportaciones a la nación. Pero, sobremanera, sobresale en su currículo el trazado, la reparación y el mantenimiento de las carreteras españolas. En 1924, la red de carreteras generales contaba con sesenta mil kilómetros y se encontraba en un muy mal estado de conservación. El conde de Guadalhorce, desde su puesto de Ministro de Fomento, va a poner en marcha un “Plan de Firmes Especiales para las Carreteras Generales” que mejorará sustancialmente el estado de las mismas. Pero hay que subrayar también que, a pesar de las dificultades presupuestarias de la época, cuando llega la República, la red de carreteras generales había crecido en casi diez mil kilómetros además de unos miles de kilómetros más realizados en las redes provinciales.

Benjumea, además estará fuera de España residiendo en Argentina desde 1933 a 1947 em que vuelve a España y es nombrado presidente de Renfe, institución que había sido creada en 1941. El primer ministro de Obras Públicas del franquismo va a ser Alfonso Peña Beouf, que sustituirá en Renfe a Benjumea en 1952, tras la muerte del Conde de Guadalhorce.

La guerra en Avilés había terminado en noviembre de 1937, cuando las tropas franquistas entran en la ciudad. La primera Junta Gestora Municipal del nuevo régimen ejercerá hasta mediados de diciembre en que toma posesión una segunda Gestora, presidida por José López Ocaña y Bango, que ejercerá el poder municipal hasta finales del año 1939. Será, por tanto, bajo la presidencia de este alcalde cuando se haga el cambio de nombre de la calle del Torno a avenida del conde de Guadalhorce. Interesa decir que, en ese momento, Rafael Benjumea Burín no ostentaba ningún cargo oficial y mucho menos el de Ministro de Obras Públicas, como se ha venido escribiendo erróneamente en algunos artículos de prensa e incluso en publicaciones de más enjundia. Nuestro personaje, ya se ha escrito anteriormente, residía en Argentina desde 1933 y no va a ser hasta 1947 cuando regresa a España para ocuparla presidencia de Renfe.

Destaca en su currículo el trazado, la reparación y el mantenimiento de las carreteras españolas.

La carretera del Torno, denominada así por el torno o grúa para sacar a tierra las embarcaciones de pesca, se empezó a construir en 1910, desde el puente de Raíces hasta el muelle local, situado en aquel momento en el fondo de la ría, frente al parque del Muelle, llamado de esta manera por motivos obvios. La carretera se ensanchó ocho metros por el lado de la marisma, finalizando la obra en 1912. Esta vía es conocida desde su construcción por los avilesinos por “carretera de San Juan”. Así se ha llamado popularmente desde siempre y así continúa llamándose. Sin embargo, en marzo de 1938, la Corporación avilesina determina denominar “avenida Conde de Guadalhorce” a la antigua carretera del Torno o carretera de San Juan, que corre paralela a la ría por la margen izquierda, hoy con un estupendo paseo que visitan diariamente docenas de vecinos de la villa.

Lo que seguramente mucha gente ignora es que, en Buenos Aires, hay una línea de metro que lleva el nombre de Conde de Guadalhorce, recordando a nuestro personaje, ya que, durante su estancia en Argentina, fue el encargado de construirla, financiada en una gran parte por emigrantes españoles, por lo que también se la conoce como “línea de los españoles”. Es curioso señalar también que la ejecución de la misma se hizo, por indicación de Benjumea, reclutando para los trabajos de excavación de la línea a mineros asturianos, dado que eran, a su juicio, los mejores especialistas en este tipo de actuaciones.

Pero también en Málaga hay una calle con el nombre de Conde de Guadalhorce, que une la plaza de la Cruz del Humilladero con la calle Fernández Fermina, y que reconoce, como la de Avilés, los méritos de este ingeniero y sus aportaciones a las obras públicas españolas. Asimismo, Gijón también tiene una calle denominada Conde de Guadalhorce, que une la plaza Seis de Agosto con la calle de Donato Argüelles. Pero también Burgos, Moreda de Aller, Alcalá de Guadaíra o San Esteban de Pravia son lugares que comparten con Avilés el tener calles dedicadas a nuestro ingeniero. En todos estos lugares, agradeciéndole las obras públicas que se ejecutaron bajo su dirección e impulso y que sirvieron para mejorar las comunicaciones ferroviarias, crear carreteras o para que los cauces de los ríos fuesen menos peligrosos y de más utilidad para quienes vivían en sus márgenes.

En el caso de Avilés, aparte de su obra en general, eminentemente técnica y relacionada con las comunicaciones, se le reconoce las mejoras ejecutadas en la calle o avenida que hoy lleva su nombre así como las correspondientes a la línea férrea en el último tramo, es decir, la mejora de la conectividad del ferrocarril con nuestro puerto.

Así sucedió y así se lo cuento a ustedes en esta nueva entrega de mi “Diario de a bordo”.