El Precio De La Tecnología

Traslademos la escena de la selva centroafricana a la selva urbana de la Puerta del Sol, cientos de adolescentes, mujeres y hombres de todas las edades se exponen a los benéficos rayos de la primavera mientras cotejan en sus Ipad, smartphones u ordenadores portátiles las últimas novedades y prestidigitaciones que nuestra flamante cultura tecnológica nos proporciona. Todos esos aparatos de uso doméstico, y otros no tan domésticos como los cohetes espaciales y los misiles teledirigidos, necesitan un superconductor llamado coltan, un mineral por el que se paga 1.000 dólares el kilo, un negocio multimillonario que tiene a varias multinacionales europeas, americanas y chinas vigilando con todo tipo de artimañas que el 80% de las reservas mundiales, que están en una estrecha franja de 100 kilómetros en el Congo, haciendo frontera con Uganda, República Centroafricana, Burundi y Rwanda, salpique sus cuentas de resultados.

Hay una relación directa entre la cultura tecnológica en la que vive una parte privilegiada del planeta y los conflictos de guerra, violencia y pobreza en que vive la mayor parte del mundo; por eso en este «Al descubierto» pretendemos, modestamente, una vez más, concienciar sobre otro de los problemas que nuestra cultura moderna occidental, identificada con un progreso técnico indefinido, está generando en el resto de culturas que no viven bajo la sombra de ese prejuicio de progresión infinita

Los pros y los contras de los avances continuos de la tecnología y su progreso asociado; explicar el precio que paga el planeta y todos sus habitantes humanos y no-humanos que están imbricados por igual por un cordón a la vida que genera la tierra, pues como decía John Gray: «Cuestionar la idea de progreso a principios del siglo XXI es un poco como poner en duda la existencia de la Divinidad en la época victoriana.

Un gran ejemplo es ``Coltan´´