Antonio Machado en 1938. Dibujo de su hermano José Machado.

Antonio Machado nació en Sevilla en 1875 y murió en Coillure, Francia, en 1939.

En 1883 toda la familia se traslada a Madrid. Estudia en la Institución Libre de Enseñanza.

Entre 1899 y 1902 realiza varios viajes a París, donde conoce a Rubén Darío, asiste a clases del filósofo Bergson y trabaja unos meses para la editorial Garnier.

En 1903 publica su primer poemario, titulado Soledades. La influencia predominante en él es la del poeta francés Verlaine, manifiesta, sobre todo, en la predilección por ciertos temas como el jardín, el otoño y el atardecer.

En 1907 obtiene la cátedra de Francés en Soria y publica Soledades, galerías y otros poemas. Aunque tradicionalmente se ha considerado esta obra una versión ampliada de su primer libro[1], la crítica actual prefiere verlo como un texto diferente ya que Machado suprime trece composiciones de Soledades e hizo importantes correcciones y reelaboraciones en casi todas las que mantuvo.

Pese a esto, sí que hay un rasgo común a ambos poemarios: su carácter intimista, su tono nostálgico y melancólico.

En Soria conoció a Leonor Izquierdo, con la que se casó en 1909.

Tras un viaje a París (1911) con una beca de la Junta de Ampliación de Estudios para estudiar filosofía con Bergson y Bédier, fallece su mujer (1912), hecho que le afecta profundamente. Este mismo año publica su obra más conocida: Campos de Castilla. Buena parte de estos poemas están dentro de la tradición de la poesía de ruinas (muy importante en el Barroco y en el Romanticismo). Mucho de esta tradición hay ya en la primera época, con la diferencia, ahora, de que la ruina se muestra en el paisaje castellano. Más aún, Castilla misma, según la idea del determinismo geográfico e histórico de Unamuno, es una fortaleza arruinada y devastada[2].  El libro tiene como centro un  largo poema narrativo titulado La tierra de Alvargonzález. Delante, lo relacionado propiamente con el hombre, la tierra y el paisaje; detrás, unas gotas de poesía popular y gnómica («Proverbios y cantares»), unas «Humoradas» y dos «Elogios».

Pide el traslado a Baeza, donde continúa impartiendo francés entre 1912 y 1919, y posteriormente se traslada a Segovia buscando la cercanía de Madrid, destino al que llega en 1932. Durante los años que pasa en Segovia colabora en la universidad popular fundada en dicha ciudad.

En 1924 publica el libro Nuevas canciones, escrito parcialmente en Baeza, que recuerda en alguna de sus partes el tono nostálgico del primer Machado. Hay, de nuevo, una presencia de las tierras sorianas, evocadas desde la lejanía; la hay, también, de la Alta Andalucía, espacio geográfico real y mítico a la vez; continúa, además, en el nuevo libro, la línea sentenciosa (proverbios y cantares) que ya iniciara en Campos de Castilla.

En 1927 ingresa en la Real Academia y un año después conoce a la poetisa Pilar de Valderrama, la "Guiomar" de sus poemas, con la que mantiene relaciones secretas durante años.

Las ediciones de Poesías completas de 1928 y 1933 presentan dos novedades dignas de ser destacadas:

  1.  La aparición de dos importantes apócrifos, «Juan de Mairena» y «Abel Martín» —maestro de Mairena—, más un tercero, que lleva el mismo nombre que el poeta. Son, todos ellos, "autores" de los poemas añadidos a estas nuevas ediciones. Juan de Mairena es, además, autor de comentarios en prosa. De este ha de decir Machado algunos años más tarde que es su «yo filosófico».
  2. También se incluye (en la edición de 1933) las primeras Canciones a Guiomar, inspiradas por Pilar de Valderrama, su último amor, a quien conoció -como ya hemos dicho- en 1928.

En 1936, ya en vísperas de la Guerra Civil, publica un libro en prosa: Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. Se trata de una reunión de ensayos que venía publicando en la prensa madrileña desde 1934. A través de esas páginas Machado-Mairena habla sobre la sociedad, la cultura, el arte, la literatura, la política, la filosofía. Usa una gran variedad de tonos, que va desde la aparente frivolidad hasta la gravedad máxima, pasando por la ironía o el humor.

Durante la Guerra Civil, Antonio Machado permanece en Madrid participando en las publicaciones republicanas y haciendo campaña literaria. Algunos de estos textos, verso y prosa, se recogen en su último libro, La guerra (1937, con ilustraciones de su hermano José Machado).

Junto con su hermano Manuel, escribió varias obras de teatro que se estrenan entre 1926 (Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel) y 1932 (La duquesa de Benamejí).

En 1939 es evacuado a Valencia, donde colabora en la revista Hora de España y participa en el Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, y de allí a Barcelona, desde donde cruza los Pirineos hasta Coillure. En esta localidad francesa fallece al poco tiempo de su llegada.

Para finalizar, podemos decir que en la evolución literaria de Antonio Machado destacan cuatro aspectos:

  1. El entorno intelectual de sus primeros años, marcado primero por la figura de su padre, estudioso del folclore andaluz, y después por el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza.
  2. La influencia de sus lecturas filosóficas, entre las que son destacables las de Bergson, Unamuno y Ortega y Gasset.
  3. La reflexión sobre la España de su tiempo.
  4. La poética de Rubén Darío que, aunque más acusada en los primeros años, es una influencia constante.

Fuentes:


[1] Siguiendo una afirmación del propio autor: (...) y era no más que una segunda edición, con adiciones poco esenciales, del libro Soledades, dado a la estampa en 1903 (...) en Prólogo de la Segunda edición de "Soledades, galerías y otros poemas", Calpe, Madrid, 1919.

[2] La generación del 98, después de las pérdidas de las colonias americanas, buscó un «rejuvenecimiento» del país y de su imagen a través de una nueva valoración crítica. Algunos de los literatos del 98 (Unamuno, Azorín, Baroja y Machado) encontraron en Castilla el símbolo de la esperanza de este rejuvenecimiento. ¿Por qué representaba Castilla el alma de España? Porque Castilla simbolizaba el pasado glorioso de nuestro país, la realidad del presente, y la esperanza del futuro de España. La primera vez que Machado describió el paisaje castellano fue en Soledades, galerías y otros poemas (1907). En el verso final del poema «Orillas del Duero» («¡Hermosa tierra de España!»), eleva el paisaje de Castilla a arquetipo nacional. Es el primer paso por parte de nuestro autor hacia su integración con los escritores del 98. En Campos de Castilla quizá los tres poemas paisajistas más importantes son «Por tierras de España», «A orillas del Duero» y «Campos de Soria». En «A orillas del Duero» la naturaleza soriana representa la España de antaño, en la que la grandeza anterior ya no existe, dejando una Castilla miserable, ayer dominadora / envuelta en sus harapos…; pero, al final del poema, Machado hace surgir de la miseria lo hermoso del presente: el atardecer, las campiñas a lo lejos, los pedregales desiertos, etc.