Encuentro de la Red de Educación Alternativa

Aprender de la historia, en la pedagogía popular alternativa Colectivo de la Casa de la Vinculación Social (UAQ), del pueblo de Felipe Carrillo Puerto, Querétarocasa.pngNo sé qué tiene ese lugar, pero me fascina... ya que mi abuelo cuando me platica de su infancia y sus aventuras: siempre menciona un cerro verde, lleno de maíz, dónde él se escondía, (Karla Andrea Ramírez Centeno, 14 años)

Hola, amigos de la Red de Educación Alternativa:

Para nosotros es un gusto entrar en contacto con ustedes, para compartir lo que hemos aprendido, desde la última vez que nos vimos. En especial nos da gusto, porque el tema de este encuentro, el aprendizaje de la historia, es muy apreciado por nuestro colectivo.

Les recordamos que la Casa de la Vinculación Social (CVS), en la que nosotros participamos, no es una escuela, ni una casa de la cultura, sino una casa comunitaria; en la que convergen varios grupos, inmersos en la educación popular alternativa. No hay propiamente maestros ni alumnos, sino miembros de la comunidad de Felipe Carrillo Puerto, y de la Universidad Autónoma de Querétaro, que nos reunimos para convivir, compartir, intercambiar saberes, conversar, recrear la cultura y fortalecer nuestra identidad, nuestros lazos y sentimientos de pertenencia. Tenemos la gran ventaja de no recibir presiones por parte de la SEP, pero enfrentamos otros desafíos, que las escuelas no tienen.

Nuestra ponencia tiene dos apartados. En el primero presentamos una síntesis de lo que pensamos y estamos trabajando sobre el tema del encuentro, y en el segundo damos la palabra a cada quien para que exprese su propio sentir sobre las experiencias tenidas. Acompañamos nuestra ponencia con un archivo anexo con fotos, para ilustrar mejor lo que narramos.

PRIMERA PARTE Aspectos generales El contexto donde trabajamos

Carrillo Puerto, el pueblo en donde se encuentra la CVS, es de origen otomí, muy desigual, económicamente y muy rico en expresiones culturales. Se ubica, entre antiguas haciendas y capillas virreinales. Tiene el orgullo de ser cuna de las bandas de música queretanas y de conservar viejas costumbres y fiestas patronales. Es un pueblo de trabajadores dedicados y generosos.

Pero también es un pueblo obligado, por las circunstancias, a cambiar sus formas de vida, y que sufre el drama de la violenta y rápida transición del contexto rural al urbano-industrial.

Una de las zonas industriales más importantes del Estado, la Benito Juárez, prometió progreso a los campesinos y los llevó a malbaratar sus tierras y los ocultó de la atención de los ayuntamientos por décadas. Entonces los agricultores, floricultores, horticultores, granjeros tuvieron que emigrar o se transformaron en obreros, desempleados, sirvientes y pepenadores. El “progreso” también trajo consigo muy serios problemas: como el comercio desordenado, el hacinamiento, una grave contaminación, el desquiciamiento de biorritmos de los trabajadores y sus familias (por el cambio de turnos fabriles), mutilaciones y enfermedades, descuido de los menores, alta deserción escolar, vandalismo, adicciones y demás.

Consideramos importante mencionar este contexto para aclarar la perspectiva desde donde presentamos nuestras reflexiones.

La enseñanza de la historia en los planes y programas oficiales

La enseñanza de la historia constituye una herramienta fundamental para que las nuevas generaciones cobren conciencia y orgullo de sí y del pueblo al que pertenecen, identidad cultural, cohesión social, sentido de pertenencia a una nación. A lo largo de los tiempos, los grupos en el poder definen lo que les conviene que se sepa o se ignore. Especialmente en tiempos de guerra, la historia suele narrarse, dividiendo a los hombres en buenos” y “malos”. Así, los programas para la enseñanza de la historia reflejan la visión de los grupos en el poder y su diseño se vuelve manzana de la discordia. Muchos libros se han arrumbado en bodegas, para no comprometer al gobierno en turno. La masacre de Tlatelolco estuvo ausente por muchos años en los textos oficiales, durante el imperio del PRI; en cambio, la guerra cristera, apareció en escena cuando subió el PAN al poder. Actualmente, algunos piensan que ya no tiene caso enseñar historia, sino sólo inglés y computación, pues “todo está en internet”, u opinan, como Vicente Fox, que estudiar el período precuauhtémico, es perder el tiempo, porque México inicia con la conquista.

Ahora se ha puesto de moda una forma dizque “desmitificadora” de contar la historia, que busca quitarles el “filo” de “maldad” o “bondad” a algunos héroes o personajes célebres. Así a luchadores sociales o libertarios como Hidalgo, se los presenta como vándalos o sanguinarios, y se recupera “la grandeza” de personajes poderosos como Hernán Cortés, o Porfirio Díaz. El Senado de la República decidió entregar la medalla Belisario Domínguez (quien dio la vida por señalar de asesino a Huerta), a Alberto Bailleres, uno de los empresarios más acaudalados del país. Esto genera gran confusión. ¿Cuál es el mérito de Bailleres?, ¿ser megamillonario y mega poderoso? ¿Qué aprendemos con esa acción?, ¿qué de lo que se trata la vida es de intentar volverse ricos?

De vez en vez, las reformas curriculares cambian sus enfoques, estructuras y contenidos, para adecuarse a nuevos conocimientos y nuevas realidades. En los hechos, sin embargo, los maestros, sufren de tantas presiones que suelen dar mayor importancia al español y a las matemáticas; en especial, se esmeran por que los niños pasen bien los exámenes y esto los orilla a reducir el encuentro con la historia a copiar “apuntes” y contestar cuestionarios. No importa, pues, que se hable de “aprendizaje significativo”, “aprendizaje situado”, “constructivismo” o “competencias”; la forma de enseñar cambia poco.

Valdría la pena que los maestros escucharan lo que dicen los niños, (fuera de la escuela y fuera de sus preguntas directas), para reconocer que mucho de lo que preocupa a la escuela, tiene poco sentido para ellos, no tiene nada que ver con su vida, o lo viven “muy aburrido”.

¿Qué pensamos y que hacemos los de la CVS al respecto?

¿Cómo entendemos la historia?

Para nosotros la historia es una herramienta que posibilita la concientización, el “cosquilleo mental”, provocado a través de la reflexión de nuestro pasado y presente, para la construcción de un futuro más vivible. La función social de la historia es “organizar el pasado en función de los requerimientos del presente, el conocimiento de las sociedades presentes se gesta en el conocimiento de su pasado”1

La CVS se presenta como un espacio para “leer la realidad y para escribir la historia”2 nuestra historia. Es un espacio para mirarnos, encontrarnos y reconocernos como personas, seres que viven, sienten, sufren, aman, lloran y ríen, que tenemos muchas cosas en común, preocupaciones y sueños. Nuestras historias individuales nos llevan a mirarnos y reconocernos en la historia colectiva del pueblo de Felipe Carrillo Puerto. La historia entonces se nos presenta como una oportunidad para encontrar nuestra raíz y un desafío para inventar nuestro futuro.

Es así pues, que recurrimos a la historia de la “gente común”, es decir hablamos de nosotros, del pueblo trabajador del campo y la ciudad, a través de la historia oral. Con entrevistas amenas recuperamos nuestra memoria, como lo enuncia el historiador Mario Camarena, escudriñamos dos tipos de información: datos y experiencia. La recuperación de la memoria comunitaria, la recreación del pasado en el presente, donde toman vida y significado las reflexiones de los abuelos, provocan ecos y vibraciones a través de la palabra en las nuevas generaciones. Éstas, a su vez, reinterpretan las historias contadas, para retratarlas en los muros y atesorarlas en escritos.

La historia en nuestra perspectiva tiene, entonces, un carácter comunitario, colectivo, reflexivo, crítico, humano, pero también lúdico y recreativo.

1 SANCHES, A. (2002). “La Historia y el sentido de la enseñanza de la Historia”. En: Reencuentro con la historia. México, UNAM, Pág.56. 2 YUREN M. (1995). “Eticidad, valores y educación”, México, Universidad Pedagógica Nacional

La historia como forma de pensar nuestro mundo y nuestra sociedad en todos nuestros talleres y celebraciones

En la Casa de la Vinculación Social, la historia contextuada (en estrecho contacto con la geografía) está muy presente, desde el inicio. Cuando alguien quiere integrarse a nuestro proyecto, lo invitamos a una sesión de inducción en la que platicamos sobre lo que hacemos, y también sobre cuál es nuestra postura frente algunos problemas sociales que ha generado el estilo de vida que el mercado nos ha impuesto: el individualismo, los daños al medio ambiente o a la salud. Para esto, algunos videoclips nos han sido muy útiles en la tarea de sensibilización, como el de “La historia de las cosas” de Annie Leonard, que nos acompaña en un recorrido, a través del tiempo, para reconocer de dónde vienen los objetos que usamos, a dónde van a parar cuando los desechamos; qué les pasa a las personas que participan en cada etapa de la cadena productiva: desde la extracción, producción, transformación, distribución, y consumo (o desperdicio), y desecho. Así reconocemos, por ejemplo, que el trabajo esclavo, y la concentración de la riqueza en unas cuantas manos, siguen vigentes en el tercer milenio. Con otro video, también descubrimos, cómo nuestros desperdicios, se han ido acumulando a lo largo de los años, para formar ¡un 7o continente, hecho de basura!

La historia está presente en casi todos nuestros talleres, en especial, por la insistencia de Donancy, nuestra amiga, especialista en historia y en pedagogía popular, que promueve siempre la reflexión sobre cómo eran antes las cosas y cómo son ahora. Así, por ejemplo, en los talleres de medicina tradicional, herbolaria, “El baúl de la abuela” o de nutrición, “Que se te antoje”, contrastamos la forma como nuestros antepasados, cuidaban su salud, curaban malestares, preparaban sus alimentos, o aprovechaban muchos productos naturales para hacer cremas, jabones, limpiarse los dientes o lavar la ropa, en contraste con la industria farmacéutica o la alimentaria; en los talleres de “La caja de sorpresas”, “Orugas, cosquillas y mariposas”, “El árbol de las ideas”, o “La madriguera”, recuperamos formas de recreación o juegos, que conocieron nuestros abuelos, antes de que hubiera televisión, como las tertulias, la narrativa oral, las rondas infantiles, los acertijos, chistes, colmos, pregones, tan tanes, adivinanzas y demás.

Otro momento muy relevante en la recuperación de la historia se presenta a la hora de organizar nuestras fiestas tradicionales (La Madre Tierra, Navidad, Día de Muertos), en las que; chicos y grandes nos damos a la tarea de investigar, cómo han surgido o variado ciertas tradiciones, qué significan determinados rituales o símbolos, por qué las casas se adornan de tal o cual manera, etc.

Mezquites y papalotes y el proyecto “Voces de ancianos en las manos de los niños”

De todas las actividades que hemos realizado durante el 2015, la que podemos llamar “estrella”, fue el taller de “Voces de ancianos en las manos de los niños”, que se convirtió en un auténtico proyecto, derivado de otros dos talleres: “Pintemos nuestros sueños” y “Pintemos nuestra historia”, dirigidos a rescatar la historia de nuestro pueblo, Felipe Carrillo Puerto, conversando con nuestros ancianos.

Para emprender este proyecto, formamos un grupo al que llamamos Mezquites y Papalotes, integrado por alrededor de 35 personas de distintas edades (niños, jóvenes, adultos y ancianos) Con esa diversidad, buscamos aumentar nuestra conciencia y capacidad para organizarnos como pueblo. Elegimos el nombre de Mezquites y Papalotes, por nuestras distintas edades: En la presentación ante la comunidad, comentamos que los ancianos somos como los mezquites, tenemos historia, raíces y un tronco fuerte y con arrugas, y aunque la vida nos haya dado algunas espinas, nuestras ramas se elevan al cielo, buscando esperanza. Los niños, como los papalotes, somos alegres, juguetones, tenemos muchos colores; queremos volar muy alto y hacemos travesuras en el cielo... y, si nos caemos, los mezquites nos rescatan, nos abrazan, nos apapachan y nos cuidan.

Con este proyecto buscamos ampliar nuestra memoria colectiva e identidad comunitaria, así como fortalecer el encuentro y los vínculos intergeneracionales, que consideramos muy necesarios para nuestra comunidad; queremos mejorar nuestras formas de vida y recuperar los valores, heredados de nuestros abuelos.

Decidimos conformarnos como grupo, Mezquites y Papalotes y comprometernos con este proyecto, a partir de la toma de conciencia de los grandes desafíos que enfrentamos en esta sociedad neoliberal, caracterizada por dramáticas desigualdades sociales, y en la que contrastan violentamente, condiciones de vida cada vez más precarias, frente a una oferta mercantil aturdidora. Los padres y madres de familia se dedican preponderantemente al trabajo abrumador de supervivencia (de ellos y sus familias); los niños y adolescentes enfrentan crecientes dificultades para mantenerse en la escuela o reconocerla como significativa, y pasan demasiado tiempo solos frente a “la tele”, “el cel”, “las maquinitas” o la calle o “la mona”; los ancianos, por su parte, con una gran experiencia de vida y riqueza cultural, también se encuentran a veces abandonados y muy solos.

Nosotros mismos, como grupo, enfrentamos varias dificultades para coincidir en el tiempo, por nuestros horarios de trabajo o de escuela que son distintos o inestables, o también por la migración. Por eso, a lo largo del proceso, el grupo que formamos fue variando mucho de integrantes y de cantidad (a veces estamos 5, a veces 10, a veces 25, 40 o ¡150!), siempre con muchas ganas y mucho compromiso, pues este proyecto nos sigue animando a hacer cosas juntos por nuestra comunidad.

Frente a estas condiciones tan complejas y difíciles, pensamos que es urgente crear pequeños espacios para reflexionar entre todos y para reconocer un poco más nuestras raíces y colaborar en la creación de nuevas expresiones culturales, así como abrir nuevas ventanas hacia presente y el futuro.

¿En qué consistió el proyecto?

Nuestro proyecto se desarrolla en dos etapas y tiene varios propósitos. La primera culminó con la realización de un mural, y la segunda cerrará, con la creación de un libro colectivo y su presentación en diferentes barrios de nuestra comunidad.

En lo que se refiere a los productos, nos propusimos reflejar algunos aspectos de nuestra comunidad en su pasado, su presente y su futuro en un mosaico cultural. Nos basamos en lo que nuestros ancianos nos han legado y en los sueños de nuestros chicos. Por mosaico entendemos varias expresiones, como un mural, un libro, una galería, un museo efímero y breves piezas teatrales.

El mural, (que es el tercero que realizamos en la CVS), recoge una gran cantidad de relatos de varios ancianos de nuestra comunidad, a quienes estuvimos entrevistando, a lo largo de varios meses: don Epitacio, doña Juana, doña Lupita, doña Angelina, doña Eca, doña Susana, don David, don Lole, doña Galdina, don Toño, don Florencio, doña Paz y doña Candi. Este mural convocó además alrededor a 150 miembros de la comunidad (desde los 2 a los 80 años de edad), a quienes invitamos a poner su autorretrato o su recuerdo favorito. (Ver fotos). Antes de hacerlo, con Alejandra, conocimos varias muestras del muralismo mexicano e hicimos varios bocetos.

El libro colectivo que estamos armando, y que esperamos poder publicar pronto y presentarlo de manera itinerante, en diferentes espacios de Carrillo Puerto, recoge la palabra de nuestros ancianos sobre nuestro pueblo, así como las anécdotas, inquietudes y preguntas de los que participamos durante las conversaciones con ellos. Pensamos ilustrarlos con dibujos y pinturas de los niños y adolescentes, que recrean las experiencias y las aventuras de nuestros abuelos en diferentes etapas de su vida. Y también con varias fotos, que fuimos tomando y seleccionando de las que los abuelos nos mostraron, durante el proceso.

En lo que respecta al proceso, nuestro proyecto integro a grandes y chicos en sus diferentes etapas y momentos: planeación, realización y evaluación. Conversamos y reflexionamos sobre nuestro entorno, sobre las cosas que nos gustan de nuestra comunidad y queremos mantener y las que nos preocupan y nos gustaría poder cambiar.

La idea nos gustó tanto y contamos con el entusiasmo, la generosidad, el compromiso, la responsabilidad, la dedicación y nobleza de los vecinos que participan en nuestro grupo, que decidimos participar en la convocatoria del Programa de Apoyo a las Culturas Populares y Municipales (PACMYC) y ganamos un premio para editar el libro que ya casi terminamos, como resultado de nuestro proceso.

El inicio

Iniciamos el taller con una ceremonia de iniciación, vestidos de indios, para solicitar a la Madre Tierra y a la Madre Historia, que nos permitiera penetrar sus entrañas, para conocerla por dentro. En esa ceremonia, recuperamos algunos textos de presentación al Calmécac, de “La Literatura de los Aztecas” de Ángel María Garibay.

La planeación y evaluación colectiva

Nuestro proyecto se desarrolló en forma de taller, en el que todos: niños, adolescentes y adultos (jóvenes y ancianos) participamos, en sus diferentes etapas y momentos: planeación, realización y evaluación. Conversamos y reflexionamos sobre nuestro entorno, sobre las cosas que nos gustan de nuestra comunidad y queremos mantener y las que nos preocupan y nos gustaría poder cambiar.

Para hacer las entrevistas a los ancianos, planeamos y ensayábamos en simulacros, chicos y grandes, cómo hacerlas, y elaborábamos algún regalo para dar a nuestros informantes en agradecimiento (una caja de dulces, un florero, una pintura o la lectura de algún cuento).

Después de cada actividad nos reunimos para conversar sobre cómo la vivimos, qué aprendimos de ella y cómo podemos mejorarla.

Las entrevistas colectivas con los ancianos y el registro de sus narraciones

Tuvimos alrededor de quince entrevistas con varios ancianos de nuestra comunidad. A veces ellos venían a vernos, y a veces nosotros íbamos a sus casas a visitarlos. Así platicamos con ellos sobre cómo era Carrillo, cuando ellos eran niños, a qué jugaban, cómo se vestían, qué comían, en qué trabajaba la gente, cómo hacían sus fiestas, cómo se casaban, qué pasó cuando llegó la industria y muchas cosas más.

Todas las sesiones fueron gratas. En los recuerdos idealizados de los ancianos, Carrillo era un hermoso jardín, con muchas flores, hortalizas y árboles frutales, y eran muy felices, aunque muy pobres. En las noches se veían lluvias de estrellas. Luego llegó la industria y todo se descompuso y se ensució. Ahora todo es más moderno y hay progreso, pero no es mejor.

Algunos ancianos hablaban “hasta por los codos”, cuando les preguntábamos algo; otros, en cambio eran muy escuetos y sólo respondían con monosílabos o frases muy cortas. (A veces, cuando los más pequeños no aguantaban todo el rato y se inquietaban, formamos comisiones para atenderlos aparte).

Otra actividad consistió en platicar también con nuestros papás y abuelos sobre cómo era la vida cuando ellos eran chicos.

En una ocasión, charlamos con don Epitacio y doña Juana, don ancianos muy humildes, de 83 y 74 años respectivamente y, una semana después, Sandy los encontró en la noche, sentados en la banqueta, frente a la Casa de la Vinculación, que ya había cerrado. -¿Pero qué hacen ustedes por acá, don Epi?, preguntó Sandy. El anciano respondió -Vinimos a la reunión, pero está cerrado. -¡Es que la reunión era a las cinco, y son las ocho; ya se fueron todos! – ¡Lástima!, respondió don Epi. -Es que, sí..., salimos a las cinco, pero como nos venimos caminando, nos tardamos un poco-.

¡No importó a los ancianos andar con bastón dos kilómetros en tres horas, con tal de sentir nuevamente el gozo de ser tomados en cuenta!

Recorridos por la comunidad para ver las cosas de otra manera

Algunas sesiones del taller las dedicamos también a hacer recorridos por nuestra comunidad, no sólo para visitar a los ancianos en sus casas, sino para observar cómo es ahora, y contrastarla con lo que nos contaron los ancianos. En estos recorridos, aprendimos a tomar fotos y a analizarlas colectivamente y fue muy impactante contrastar las diferentes miradas, sobre un mismo paisaje u objeto. Mientras los grandes nos centrábamos en lo feo, sucio u oscuro del ambiente, los niños encontrábamos algún toque bello o alegre: un pajarito multicolor en los cables de la luz, un perro en el techo de una casa, el papel picado de una fiesta o unas plantitas que se empeñaban en salir por algunas rendijitas de entre la banqueta y los ladrillos. Otra de las actividades del taller consistió en armar papalotes y salir a la calle a volarlos.

Presentaciones colectivas

A lo largo del proceso tuvimos dos presentaciones públicas. Una, para mostrar a diversos miembros de nuestra comunidad, cuál era nuestro plan. En esa sesión, nos visitaron también algunas personas destacadas, como el delegado, un cronista de la ciudad, la directora de la Casa Municipal de la Cultura, el Director de Vinculación Social de la UAQ y otros más.

En esa presentación recibimos mucho ánimo, y el cronista nos dijo que él pensaba que los ancianos también eran papalotes que se reían en el cielo, y que los niños también eran mezquites, pues los mezquites no siempre fueron viejos, también los hay tiernitos. Don David, por su parte nos dijo que olvidamos a los zapotes, pues en Carrilo, antes también había muchos.

La segunda presentación la hicimos, combinada con la posada. En vez de pastorela, decidimos elaborar una canción que sintetiza lo que nos contaron los abuelos, interrumpida varias veces por pequeños diálogos que recrean varios pasajes en la historia de Carrillo y en los que intervienen niños y ancianos: ¿Cómo era antes Carrillo? . Luis Castañeda, nuestro buenazo maestro de guitarra, le puso varias tonadas con distintos ritmos: son, danza prehispánica, huapango, rock y luego le agregamos también rap. Con la música subió mucho de nivel.

Somos pueblo de Carrillo Mezquites y papalotes, pura raza de membrillo y también somos zapotes... Y, cuando hablábamos de la problemática que tiene nuestro pueblo, (como una enorme chatarrera industrial), los diablos aparecían, presumiendo sus poderes y luchando por no ser expulsados.

También participó en la representación Miguel Arcángel, como representante en la lucha contra el mal, pues Carrillo se llamaba, antiguamente San Miguel. El canto se interrumpe, con una pregunta final: ¿Cómo celebraban antes la Navidad, en Carrillo, abuelitos?, y aquí comenzamos la fiesta, cantando la posada y con nuestros amigos de la banda infantil Vivache de música de viento, que siempre nos acompañan.

En el cierre de este proyecto, tenemos pensado presentar nuestro libro, en varios barrios del pueblo y espacios importantes, como en la delegación, en la Casa de las Palomitas, o en la biblioteca delegacional, etc., también cantando y presentando sus pequeños diálogos teatrales, y, por supuesto, con la banda Vivache.

En el apartado que sigue, presentamos algunas expresiones sobre cómo era antes Carrillo y cómo nos ha parecido la experiencia de participar como “Mezquites y Papalotes” (Algunos textos son registros de narraciones orales y otros fueron escritos directamente por sus autores. Para una mejor comprensión, corregimos errores ortográficos, sin afectar el estilo).

SEGUNDA PARTE La palabra de los participantes en el proyecto “Voces de ancianos en las manos de los niños”

Luis Arturo Rodríguez Estrada (33 años) (coordinador del taller)

Ha sido un placer el compartir, aprender y realizar éste taller, volver a sentir esa emoción de sentarme a escuchar a mi bisabuela sus historias, sus anécdotas y sus experiencias. Hoy en día esa costumbre se ve menos. El compartir el día de hoy con nuestros niños ha sido un pasito más por recobrar buenas costumbres y buenos consejos, contagiando a nuestros niños de saberes.

Sandy 47 años

El haber participado en éste hermoso proyecto, al menos para mí me llenó de conocimiento y orgullo; ya que aprendí tantas cosas de mi pueblo que no sabía y que ahora lo platico con toda la gente que conozco porque la idea es darle más valor del que tiene el lugar donde vivimos. El orgullo que siento ahora lo comprendo más, porque no hacen falta calles con adoquín, ni casas lujosas para que algunos lugares sean hermosos, y ricos en su cultura.

Don Epitacio, (84 años)

Yo nunca aprendí a leer ni a escribir y desde chico trabajé en la fábrica textil. No quería la escuela de gobierno, porque pensaba que era pérdida de tiempo. Nunca nos dejaban salir a jugar. Antes sembrábamos maíz, trigo y lenteja. Y también me dediqué a la construcción, de albañil. Me casé, enviudé y me casé por segunda ocasión con esta mujer (doña Juana) que también era viuda. Antes acostumbrábamos robarnos a la novia, porque no teníamos dinero para hacer una boda.

En Carrillo no había mucha población y las casas eran de adobe y nos iluminábamos con velas. Cuando llovía, se hacía mucho lodo, porque las calles sólo eran de tierra, al igual, que las casa de adobe y había unos hornos que utilizaban para hacer tabiques o pan. Había expendios donde vendían petróleo para cocinar. Algunas familias tenían ganado: chivas y vacas; otras, tenían transporte: burros y caballos. Había muchos pozos, que daban agua a la comunidad. También existían los nahuales, que se metían al agua.

Doña Juana (74 años)

Vivo en calle Llanito. No sé leer. Me casé por primera vez a la edad de 18 años con un músico, él tocaba la tarola. Dos de mis hijos han muerto y, luego, también mi esposo.

De niña jugaba a los trastecitos. En mi casa cocinábamos con petróleo y se compraba con centavos. Yo voy a la capilla de San Antonio del Llanito. Antes en Carrillo había chivas, burros, borregos, vacas y gallinas.

Antes, el cura de Carrillo era Milio, daba la misa y murió aquí. En Carrillo había parteras, cinco en total, ellas acudían a la casa de la madre. En la década de los 30s, se instaló la luz en la comunidad y luego de veinte años transcurridos, pusieron cuatro bombas de agua y comenzó a transportarse el agua en tubería.

La gente de la comunidad andaba en un camión, que pasaba por la higuera. Allí había una ladrillera. El mercado estaba en San Francisco.

También había una fábrica de textiles, y en ella producían cambaya. También, Carrillo tiene sus leyendas como: La llorona y Los nahuales.

Doña Angelina (73 años)

Yo nací en Carrillo. No sé leer ni escribir. Éramos muy pobres y las familias eran antes muy grandes. Yo fui la mayor de 6 hermanos y tuve 11 hijos. Mi novio y sus papás me pidieron, pero mis papás nunca estuvieron de acuerdo en que me casara.

En Carrillo antes no había pavimento, todo estaba empedrado; no había luz y se usaban velas. Las casas tenían tejas y las paredes eran de adobe. Se acostumbraba caminar mucho. Antes comíamos sólo frijoles u otro tipo de caldo, como remedio.

Doña Lupita (81 años)

Yo fui la mayor de 7 hijos. Fui muy poco a la escuela, porque desde muy niña ayudaba a mi mamá a vender verduras. Ella tenía un puesto en (el barrio de) San Antonio, por donde está la capilla. Para surtirnos íbamos al mercado de la Cruz y al mercado Escobedo Las calles de antes eran de empedrado y no había transporte, pero teníamos un burro y con él cargábamos las verduras. Mi papá sembraba y yo también le ayudaba. Sembrar tiene su chiste.

Me casé a los 30 años, pero a los papás antes no les gustaba dar a las novias. La gente de más antes, no jugaba y se ayudaban todos. Una vez mi mamá se enfermó de sarampión y también yo. Antes no se ocupaban los doctores, y había mujeres que vendían medicina, que hacían con yerbas y eran parteras.

Las casas antes estaban hechas de lodo, “de polvo bueno”. Y yo batía el lodo con una pala para hacer los adobes

Doña Eca (71 años)

Yo nací en Carrillo Puerto y mis abuelos paternos vinieron de Tolimán. Me quedé huérfana de madre a los 4 años. Me casé joven y en “mi pedida”, mi novio y sus papás nos dieron una ofrenda de rompope, jerez, tequila y pan.

Recuerdo a Carrillo como un gran jardín, con mucha agua y campo de cultivos, en el que se sembraban flores: amapolas, lirios y gladiolas; maguey, lechuga y chile poblano; también, maíz, frijoles y garbanzo; quelites, chilaca y alfalfa; y por último, melones y sandías. La gente de ésta comunidad tenía vacas, caballos y toros; además de puercos, gallinas y guajolotes. Había también muchas higueras, limoneros, naranjos y árboles de mora. En las Teresas había membrillos, chirimollas y zapotes. Y la gente usaba carretas, tiradas por burros o caballos.

Cada casa tenía su pozo y para subir el agua, antes de que hubiera la bomba, utilizaban ciriñuelas. Hace 55 años comenzó la urbanización, que duró 25 años y acabó con el agua limpia. Las primeras empresas que se instalaron en la comunidad, eran de textiles. La gente dejó de escuchar el canto del gallo y se acostumbró al silbido de las fábricas, que terminaban de laborar a las cuatro de la mañana y sólo tenía tiempo para ir a misa, y si restaba algo de tiempo, era para preparar la comida y comer con la familia, a como dé lugar con tan poco dinero.

Las niñas y los niños salían a jugar mientras había luz solar y algunos de los juegos que realizaban eran: el avioncito, brincar la cuerda y las rondas como la de San Miguelito, además, de colgar sus columpios en los mezquites y pasear papalotes. A los jóvenes con interés de seguir estudiando, se les criticaba mucho porque se pensaba que era pura pérdida de tiempo ir a la escuela. Los viejos les contaban mucho sobre la leyenda de los nahuales y la comunidad tenía la ligera sospecha de que era el Sr. Leombardo Sánchez Morales.

Antes había curanderas, como la Xita Camila, y muchas personas se dedicaban al trabajo manual con papel maché e ixtle. Hacían “cabezones”, para las fiestas de Semana Santa, y la fiesta patronal que se celebra el 29 de septiembre. En estos días se veían los Judas, flaxicos y mojigangas.

Quique (9 años) (registro de entrevista).

Era una vez, cuando la señora salía a sembrar zanahorias, vio aquel árbol en donde se posaba el sol y al rededor suyo, corría el agua. Se encontraba afuera de su casa con una cubeta en la mano, que utilizó para recolectar agua y luego bañarse; de esta misma agua utilizaba toda su familia para beber y el aseo y las mujeres lavaban la ropa.

Ella habló de los árboles de chirimoya. Recolectaba su fruto para que comieran su esposo y sus hijos. En aquel tiempo, cuando llovía mucho, había demasiados charcos y bastantes ranas, y la gente las cocinaban para comer.

El esposo iba al mercado para comprar lo que se iba a comer en la semana. Los niños se divertían trepando en los árboles, aventando sus zapatos y jugando fútbol.

Sofi (9 años) (Cuento, que recrea las narraciones de los abuelos)

Había una vez un pozo rodeado de flores que tenía mucha agua, y un día fueron unos campesinos a sacarla, pero ya no tenía, nadie sabía por qué, excepto un niño. No había llovido en tres meses, hasta que un día, de manera mágica, cayó agua del cielo llenándose nuevamente el pozo y las flores comenzaron a beber mucho de ese líquido. Los campesinos fueron a recolectar agua otra vez. Al rededor creció maíz y, luego regresó la sequía. Difícilmente, se podía regar y el campo se iba secando, hasta que un día los campesinos decidieron cuidarlo. Transcurrieron los días y de la tierra emergió un tallo más. Era el hijo de aquel maíz viejo, que no tuvo problemas para crecer.

Karla Andrea (14 años) (composición a partir de una entrevista con su abuelo)

Les voy a platicar sobre un lugar, el cuál admiro mucho y es mi preferido, este lugar siempre lo pongo en todos mis dibujos, -no sé qué tiene ese lugar-, pero me fascina, cuando se me vienen las ideas encima, aparece ese lugar. Es un cerro con una hermosa noche y muchas estrellas brillando por cada tintineo. En el cerro hay un pozo con mucha agua y sobre éste, se construyó una base de lindas piedras y con un tejado de madera café en la parte superior; también hay una linda cubeta roja al igual que su palanca. En éste cerro, -no sé qué tiene pero cada vez que me imagino uno-, habría mucho maíz bien verde del tallo y muy amarillos por sus granos. Es un lugar que me fascina, ya que mi abuelo cuándo me plática de su infancia y sus aventuras, casi siempre menciona un cerro verde lleno de maíz dónde él se escondía. Y el pozo, fue algo que me gustó agregar porque, -no sé qué tiene-, pero (los viejos) hacen referencia y me platican de su infancia, sobre un lugar dónde recogían el agua y se me viene a la mente un pozo y la noche, porque me gustaría ver una noche muy hermosa, con las estrellas grandes, brillando en la obscuridad con su lindo tintineo.Este es mi lugar favorito y muy especial, el cual me gustaría ver en algún momento de mi vida, siendo mi gran sueño.

E S T E E S U N S U E Ñ O Q U E E N A L G Ú N M O M E N T O D E M I V I D A M E G U S T A R Í A R E A L I Z A R.

Ana Gabriela Pacheco Montes (10 años)

A mí me pareció muy importante lo (que nos contaron los abuelos) de los papalotes, porque en ese rato que estás como en un parque, puedes ser creativa y hacer muchas cosas más. En esta casa me han enseñado muchas cosas, me ha gustado mucho porque para mí se me hace muy importante y creativo aprender cosas de las que no conocía. Me pareció muy divertido, porque yo no sabía volar papalotes, pero ahora ya estoy aprendiendo.

A mí también me gusta aprender cosas nuevas para luego saberlas hacer, por eso quiero mucho a la Casa de la Vinculación.

Doña Susi (63 años)

Para mí fue muy bonito y una experiencia muy grata el haber participado en éste proyecto, ya que a través de la entrevista, recordé mi infancia y cómo era Carrillo en aquellos años, al saber la gran noticia me dio mucho gusto y lloré de felicidad, ya que nunca me imaginé que se plasmaría la historia de Carrillo en un libro en donde participaron niños y adultos, que se interesaran en saber cómo era Carrillo antes.

Don Florencio (69 años) Fue un placer haber platicado mis experiencias musicales con ustedes.

Néstor (10 años) Aprendí sobre la historia del futbol.

Jeremy (10 años) Yo aprendí en qué año empezaron las bandas

Don David (65 años)

Estoy agradecido con ustedes por la invitación a compartir lo que Dios me ha regalado en estos 65 años, compartirlo con los niños de entre 7 y 10 años y con los jóvenes de 21, 22 y 32 años, esperando que la experiencia transmitida por su servidor, la aprovechen en un futuro.

Gracias que nos inviten a desahogarnos con todo esto que hemos guardado por años.

Andrea Michelle (7 años) Aprendí que había bandas en Carrillo.

Ximena Denisse 7 años A mí me gustó escuchar que todos tomaban agua de un pozo.

Francisco El Diablo (45 años) El gusto de saber que otras personas también tienen vivencias en común que es mi Carrillo. En cuanto a los ancianos, niños y algunos afines a mi edad, fue gratificante, una convivencia excepcional, gracias.

Don Lole (70 años) Me gustó mucho los temas y sobretodo es un honor estar con niños, escuchando sus inquietudes. Les agradezco de todo corazón por haberme invitado a ésta bonita charla, gracias.

Víctor Alejandro (32 años)

En este poquito tiempo que tengo compartiendo, me hace sentir más comprometido con la gente, intento hacerlo bien para que la gente se sienta alegre o bien. Intento dar buena compañía, y pues creo que me ha servido el taller para eso. Me pareció muy importante. Ésta si es una escuela o educación para todas las edades, interactuando para conocernos y mejorar

Julieta 15 años

La experiencia de éste taller para mí fue algo muy divertido, además de bonito. Ya que poder plasmar todas las historias de los abuelitos, así como del Carrillo pasado, fue una experiencia maravillosa, además del hecho de convivir con los demás: fue una experiencia muy bonita.

Vicky 37 años

Participar en éste gran proyecto fue un gran orgullo, porque para mí era un simple sueño al comenzarlo con éstas grandes personas del equipo Mezquites y Papalotes. Como persona me siento tan orgullosa que ahora admiro mi Comunidad Felipe Carrillo Puerto, aunque ahora más poblado pero con grandes tesoros, entre lo que antes eran milpas y ahora lleno de hogares con niños con un gran futuro por delante, simplemente por pertenecer a ésta comunidad. Gracias Mary Carmen, Donancy, Sandra y Arturo, con éste libro se sentirán muy orgullosos de Carrillo, nuestras familias, hijos, nietos y todos los que vienen. Para mí todo esto viene desde el apoyo físico y principalmente psicológico de éstas grandes y fascinantes personas. Mil gracias por éste grandísimo libro.

José Víctor El Tío Vito (45 años)

Un proyecto digno de convertirse en una tradición, muchas veces la gente no sabe de dónde viene, cuáles son sus raíces o identidad. Al escuchar las historias y vivencias de los viejos, los niños sabrán sus raíces y cultura. Buen proyecto, buena idea, duro y adelante, más proyectos como éste.

Doña Galdina (57 años)

Mi experiencia con los niños fue muy interesante por la atención que me dieron, ya que tuve que contarles la historia de mi vida, se pusieron tan tristes de saber toda mi infancia, mi juventud y como es mi vida actualmente. Me hicieron muchas preguntas, estaban muy interesados y nunca había participado en algo como esto, para mí fue muy bonito.

Itzel María (22 años)

El proyecto Mezquites y Papalotes, por su razón de ser, sus formas de trabajo, su sensibilidad e importancia, captó mi atención de manera inmediata, al presentarme en la oficina de Proyectos Urbanos para dar de alta mi Servicio Social universitario, requerido y obligado en el séptimo semestre de la carrera de Sociología.

Aunque mi contacto con el tema de Educación Popular había sido poco en los años de estudio, conocerlo de esta manera práctica me hizo asimilar un proceso más real que cien lecturas al respecto. En medio de una dinámica urbana, que silencia a los niños y no oye a los abuelos, Mezquites y Papalotes da lugar a los saberes, que tanto se han desvalorizado por un mundo que desecha lo que no produce, y que en realidad, dotan de sentido nuestro entorno. El rescate de la memoria y la búsqueda de una identidad a la cual pertenecer, se ha priorizado para saber cuál es nuestro papel en nuestra sociedad, y a partir de eso, cambiar lo que no nos significa ni satisface. Uno de los aprendizajes, sin duda más profundos, fue el trabajar en equipo: desde la construcción de lo que sería el proyecto mismo hasta la solución de obstáculos inesperados, siempre ha sido colectiva, con todo lo que trabajar en colectivo representa; proceso que había imaginado casi imposible por la costumbre de trabajar individualmente y competir en todos los ámbitos de mi vida.

Escuchar cómo eran las cosas y los juegos antes; los partidos de futbol, las bandas, me hicieron imaginar tiempos pasados de Carrillo. ¡Qué bonito que los mayores compartan tantas cosas que vivieron! Por último, participar en este proyecto me enseñó que donde quiera que haya una situación de imposición o donde haya formas de determinadas de hacer las cosas, siempre habrá también formas alternativas de hacerlas.