40 años arando en el fuego
Taller de Artes de Medellín
40 años arando en el fuego
Taller de Artes de Medellín
El Taller de Artes de Medellín fue creado para satisfacer unas necesidades específicas que nunca hasta hoy, cuarenta años después, han sido debidamente explicadas.
Las motivaciones que originaron la fundación del Taller de Artes de Medellín son muy diferentes a las de otros colectivos de arte en el país. No fueron, como ha sido común entre nosotros, la adquisición de un espacio físico para la homologación y vigilancia de una producción cultural, y para la oferta estable y continuada de un repertorio para obtener el respaldo económico del Estado y de la taquilla, lo que los ha convertido, la mayoría de las veces, en compañías de repertorio con dossier de ventas y publicidad y stock de mercancía en depósito.
El Taller nace de la apremiante necesidad de implementar e impulsar unas prácticas artísticas contemporáneas, diferentes a las existentes entre nosotros, y la realización del impostergable deseo de creación de poéticas propias.
Desde su fundación el Taller se diseñó con tres secciones artísticas diferentes, Música, Artes Plásticas y Teatro, pero con unos vasos comunicantes esenciales para que convivieran e interactuaran, cuando fuese deseable o necesario, con la Poesía. Deseable, siempre; necesario, casi siempre.
El Taller de Artes ha sido desde entonces una reunión de cómplices que se asocian para conspirar contra la triste realidad de esto que, por una suerte de ilusionismo cartográfico, convenimos en llamar Colombia. No nos ha interesado el arte como producto coherente de la realidad. Nos ha interesado el arte como construcción de una realidad-otra, posible o deseable.
Hay un corte doloroso entre deseo y realidad del que el artista no es ajeno, sino que, por el contrario, es exacerbado por su sensibilidad y su consciencia de la imposibilidad. Cada vez se alejan más realidad y deseo, y sólo un acto extraordinario es capaz de conciliar esa distancia. El artista sabe que ese acto preciso y necesario es el poema, que esa distancia es el lugar del poema.
El Taller de Artes de Medellín era una aventura que pedía aquel presente. Que deseaba vivir ese presente. Ya sabemos que el presente es el único tiempo capaz de desear. Y en las aventuras uno crea, no por la novedad de lo creado, sino para realizar un deseo, para satisfacer una necesidad. Y en las aventuras uno inventa, no por un prurito ingenioso, sino para mantener a flote las propias aventuras, para no naufragar.
En el primer momento de todo proceso cultural existe una urgente necesidad de nombrar, cada episodio primordial es un acto nominador en esencia. Y en esos momentos primigenios la elementalidad técnica obliga a la exactitud. Así, se provoca un acontecimiento que es nominador y exacto a la vez, es decir, se gesta un suceso poético.
Fundar es fundir tiempo, espacio y deseo en un mismo instante.
Fue claro hace cuarenta años tanto como lo es ahora, que el Taller de Artes de Medellín se fundó como un espacio de urgencia espiritual que era necesario para el cultivo, germinación y crecimiento de semillas para una poética-otra en el teatro, en la pintura, en la música. Y, como en toda semilla de árbol, la sombra ya estaba incluida. Las flores que iban apareciendo parecían distintas a las raíces: sin embargo eran del mismo árbol. A veces se hace difícil discernirlo porque el tronco se hace invisible. Es corriente que aprovechemos el fruto, aplaudamos las flores e investiguemos las raíces, pero olvidamos que el tronco reúne, sostiene y reparte…
Algunos utilitaristas persiguen sólo el fruto porque es “productivo”, intercambiable, un valor de cambio. Se arriman al árbol a cosechar y desprecian sus raíces, su tronco, su viento, su sombra. Algunos toman más de lo que pueden cargar y perecen aplastados por lo que acaparan. No comprenden que la poesía es infructuosa… pero florece. Que el arte no es el fruto de la vida pero es su flor, su memoria.
Permanente no es lo que se queda materialmente con nosotros para siempre. “Permanente es lo que huye” pero deja una huella. Es decir, lo permanente es lo que no pasa en vano.
En algún momento de su proceso creativo han estudiado o trabajado en el Taller de Artes de Medellín talentosos artistas como José Antonio Suárez, Luis Fernando Peláez, Clemencia Echeverri, Jorge Iván Grisales, Florina Lemaitre, Carlos Mario Aguirre, Rubén Darío Trejos, Siervo García, Mauricio Duque, Carlos Gabriel Arango, Ángela María Londoño, El Tío Conejo, Marta Marín, Tomás Arango, Héctor Álvarez, Kike Lalinde, Billy, Alfredo Zapata, Ana María Ochoa, Carlos Jiménez, Luis Pacheco, Fernando Marín, Fernando Pavón, Mario Restrepo, Eucaris Núñez, Jorge Gaviria, David Hernández, Julián Posada, Ángela María Restrepo, Mario Londoño, Darío Villegas, Dick Harold, Marcela Bernal, Nelson Nicholas, Francisco Londoño, Santiago Londoño, Margarita Isaza, David Robledo, Pablo Montoya, Fernando Rendón, Lucía Estrada, David Marín, Yenny León y muchos otros.
Ellos han imaginado, creado y fecundado la poesía de sus obras. Ellos han soñado, sentido y forjado la honda vida que ha respirado el Taller. A ellos se debe la risa que se ha propagado como una viña feraz por todos los rincones. Y, sobre todo, el Taller como morada de artistas fue posible por el entusiasmo, la entrega y la inteligencia de Diana Gil.
Poesía
Pablo Montoya
“Aquí la información exhaustiva, la erudición histórica confiere época y paisaje al poema, y no demanda ser el documento que demuestre nada; le otorga credibilidad a la fábula, y no presume ser el testimonio que confirme ninguna verdad histórica: su autenticidad es poética. Y su verdad es poética: “Lo está contando bien, luego es verdad”, decía Mario Palomeque en la soledad infinita de Dipurdú de los Indios, en la lluviosa selva del Chocó.
Aquí se investiga para figurar, para pintar, no para reproducir el dato escueto, la cita precisa; no se utiliza el carbono 14, se aplica el carboncillo. Aquí, el poema es puente generoso entre la memoria y la imaginación. Por el contrario la Historia, con su presunción científica y su arrogancia de juez inapelable, da relevancia a la coherencia de los sucesos, pero suprime al hombre y a sus gestos; da voz al tiempo, pero calla al individuo y suprime su ritmo; da luz a los acontecimientos de gran tamaño, pero sume en la oscuridad los deseos humanos y los felices momentos. Aquí se hace preciso recordar que la poesía es una contrahistoria que siente y que presiente, que agrega deseo a la palabra.
Mientras la Historia es el territorio de la prueba, la poesía es el país de la huella. Huella que nos permite soñar. Y sólo a un sueño debemos fidelidad.” Samuel Vásquez
Obtuvo la maestría y el doctorado en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos en la Universidad de la Nueva Sorbona-París 3. Obtuvo el Primer Premio del Concurso Nacional de Cuento “Germán Vargas” (1993). Por su notable trabajo ha recibido varios premios y reconocimientos entre los cuales se encuentran: la beca para escritores extranjeros en 1999 otorgada por el Centro Nacional del Libro de Francia por su libro Viajeros; en el 2000 el premio Autores Antioqueños por su libro Habitantes; su libro Réquiem por un fantasma fue premiado por la Alcaldía de Medellín en el 2005; ganador de la beca de creación artística de la Alcaldía de Medellín en 2007 para escribir el libro El beso de la noche; en 2008 obtuvo la beca de investigación en literatura otorgada por el Ministerio de Cultura que le permitió escribir "Novela histórica en Colombia, 1988-2008: entre la pompa y el fracaso"; y en 2012 obtuvo la beca de creación literaria, en la modalidad de novela, de la Alcaldía de Medellín.
En 2015 le fue otorgado Premio Rómulo Gallegos por su novela "Tríptico de la Infamia", siendo el quinto colombiano en obtener dicho reconocimiento. En 1916 fue merecedor del Premio José Donoso a toda su obra, siendo el primer colombiano en recibirlo. Actualmente es profesor de literatura de la Universidad de Antioquia y docente invitado en la Universidad Eafit, donde aborda el curso de Novela Histórica de la Maestría en Hermenéutica Literaria. Ha sido, igualmente, profesor invitado en las universidades de Mar del Plata y la Nueva Sorbona-París 3. Coordina un taller de ensayo literario en la Universidad de Medellín.
Moisés
¿No sufrí la humillación, el destierro, la agonía de saberme de ninguna parte? Pudiendo espantarme con el paso de mis horas, y olvidar tu designio, obedecí. Me alejé del hogar. Dejé de ser amante. Abandoné a mis hijos para conducir un pueblo. Dijiste: tira el báculo, envilece las aguas y lo hice. Dijiste: avisa el castigo de los primogénitos y lo avisé. Crucé ese mar delirante. Con una multitud insensata erré durante cuarenta años. Quizá ese tiempo no sea nada para tu conciencia infinita, pero fue la esencia de mi tiempo. La arena del desierto no sólo carcomió mi cuerpo, también secó los rasgos de la ilusión. Si fui soberbio fue para no sucumbir a un derrumbe propio que me pareció ineludible. Si tuve excesos, ellos apenas mostraron una frágil imagen de los tuyos. Pero ahora dices que la tierra ansiada no la pisarán mis pies. Y ordenas mi retiro, como si yo fuera una cosa desgastada e inútil.
Magallanes
La tierra por fin será redondeada. Lo difícil ha quedado atrás. El hambre, la sed del Pacífico, la incertidumbre en el paso donde no existe nadie. Pero la tripulación vacila combatir ahora. Les repito que en esta insignificante isla mil paganos no pueden contra una sola de nuestras armaduras. Ni siquiera el rey Manuel pudo detenerme. Ni la derrota y el olvido padecidos entre los infieles de Malaca. Ni la traición de los amotinados en la bahía de San Julián. Ni siquiera mi sórdida tendencia a desaparecer, para que hoy la rebeldía de un monarca indio venga a impedir mi propósito. Los convenza y somos cuarenta los que bajamos en esta playa surcada de corales. Se inicia, entonces, una batalla que no tiene nada de siniestra. Una hora acaso y la insurgencia será borrada. Los indios gritan. Son bestias que corretean, acosadas. Nuestras armas empiezan a imponerse. Uno tras otro van cayendo. De pronto, siento que de cada uno que matamos surgen cinco, diez, cien, mil flechas, piedras, fango endurecido. El cansancio se cierne sobre mí como un golpe seco. Otro ramalazo de dolor se establece en una de mis piernas. La rabia me crece. Arremeto en vano. Ordeno una retirada, muchos la hacen en desorden. Pigafetta está a mi lado, y el agua es como una mancha de aceite que en vez de unirnos nos separa. Una lanza fustiga mi rostro. Hundo mi espada en el infame y algo me paraliza el brazo. Por un momento, detenida, veo una marea de miradas salvajes lanzarse sobre mí. El mar, insoportablemente azul, se me clava en todo el cuerpo. La luz del día se despedaza entre mis manos. Me tasajean la otra pierna. Me desmorono. El mundo comienza a oscurecerse, y no lo creo.
Lucía Estrada
"Las hijas del espino es uno de los más bellos libros que se hayan escrito en Colombia, desde la Madre Josefa a nuestros días. Sutil, dulceamargo, reposado, evocador e inquietante. Lucía Estrada sabe, como lo sabía Alma Mahler, que es “más bella la mano / al pulsar una cuerda invisible”. Leer este libro es un adentrarse en un cortejo de mujeres a las que la autora les otorga como heráldica un arbusto sencillo, sin mucha alcurnia vegetal, un pequeño árbol trigado de espinas cuyas flores blancas aroman las distancias."
Durante cinco años fue parte de la organización del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Cofundadora de la editorial Pequeña Alejandría. Su primer poemario, titulado Fuegos nocturnos, apareció en Medellín en 1997. Entonces tenía 17 años, constituyéndose en el más precoz poeta colombiano. A esta publicación le siguieron Noche líquida, Maiastra, Las hijas del espino, El ojo de Circe, Las hijas del espino, El círculo de la memoria, La noche en el espejo, Cenizas de Pasolini y Cuaderno del ángel.
Textos suyos han aparecido también en diversas antologías y publicaciones de Colombia y del exterior tales como Palabras de agua - Antología poética (Colombia, 2002), Seis voces celestes - Antología de poetas latinoamericanas (España, 2004), Punto de partida - Doce poetas colombianos (Universidad Autónoma de México, 2007), El libro de las celebraciones (Bogotá, 2007), Ellas escriben en Medellín - Antología (Secretaría de Cultura, Alcaldía de Medellín, Colombia, 2008), Posdata - Antología de poetas jóvenes colombianos (Universidad de Nueva León, México, 2009) y Párrafos de aire (Medellín, 2010). Sus poemas han sido publicados en antologías virtuales de Colombia, México, Argentina, Brasil, España y Estados Unidos y han sido parcialmente traducidos al inglés, francés, japonés, italiano y alemán. Obtuvo el Premio de Poesía Ciro Mendía en 2002. Con su libro Las hijas del espino le fue otorgado el Premio de Poesía Ciudad de Medellín en el 2005. Con su poemario Cuaderno del ángel obtuvo la Beca de Creación en Poesía, otorgada por el Municipio de Medellín en 2008. Ganó el Premio Ciudad de Bogotá 2009 con el libro La noche en el espejo. En 2009 fue nominada por la UNESCO al Premio Mundial de Poesía Joven (Struga). Actualmente se desempeña como Coordinadora Cultural en la Casa Museo Otraparte.
Voy por la ciudad desierta.
En sus rincones,
no hay movimiento que recuerde
la dilatada respiración de otros días.
Ni siquiera el aire trae noticia de sus muertos.
Camino siguiendo la secreta orilla de las cosas
y en ellas me reconozco, en el polvo que las cubre
como queriendo protegerlas de su propio destino.
Pienso en los hombres que a esta hora se sumergen tibiamente en el sueño.
¿A qué incierto mar se entregan?
¿Qué viento conduce sus barcos?
¿A qué puerto los empuja?
Oscuro es el instante en el que mi memoria intenta
un diálogo fantasma reflejado en la piedra,
en la vigilia de los desheredados.
Larga y silenciosa,
como la muerte que no dicen estas calles.
Ahora que tu cuerpo se dispone a cruzar la frontera más solitaria, dime:
¿a qué grito, a qué palabra te aferras?
¿Qué silencio abres en la semilla que mañana será tu sustento?
Las piedras que guardas en tu memoria
son las ruinas de un altar construido
para que alguien más ofreciera en él su corazón.
Pero ya nadie se detiene bajo los árboles
que se han despojado de su propia sombra.
Sin amor, el paisaje incierto de otras tierras
los arrebata definitivamente de nosotros.
Queda entonces el vacío donde resuenan mejor nuestros pasos,
oscuro rumor que nos obliga a permanecer despiertos.
¿Quién vigila, más allá de ti mismo, el movimiento de tu sangre?
¿Quién sino tú el que dibuja sin engaño el verdadero rostro del tiempo?
Cada noche te prepara un abismo
en el que te dejas caer sin espanto
pues en ti llevas tu lámpara,
esa que también te ha descubierto la intemperie
y el esquivo secreto de su nombre.
Un canto de sirenas te guía en el blanco laberinto de la rosa.
¿En qué antiguo reino se apoya tu mirada?
David Marín
“No es fácil ese camino sutil y delicado, sin concesiones a la gradería. No hay maromas ni trucos para sorprender al desprevenido lector. No hay conejos en el sombreo, porque no hay sombrero siquiera, y no hay monedas en la manga. Tal vez lo que me sorprende es la calma de esta escritura que parece la de un poeta viejo. Pero ya lo había dicho en alguna ocasión: todo poeta es viejo. Mozart a los catorce años era viejo. Rimbaud a los dieciséis era viejo. Cuando se habla de obra de juventud de un poeta se está desvalorizando dicha poesía, se están perdonando sus imperfecciones, es decir, su falta de poesía. El poema tiene la edad de la lengua, la edad del ser humano. ¿Qué diferencia hay entre un dios niño y un dios viejo si su luz es igual? No importa si dios existe o no: la plegaria lo crea.” Samuel Vásquez
Realizó estudios de literatura en la Universidad de Antioquia (2008-2013). Es autor de los libros Abro la noche, (Fundación Arte y Ciencia, 2011), Sórdida verba (Astrolabio Editores, 2013) y Remanencia (inédito, 2014). En 2010 recibió la Beca de Creación de la Alcaldía de Medellín por su libro Abro la noche. Publicaciones suyas han aparecido en la Revista Universidad de Antioquia y el Pequeño Periódico. Actualmente se desempeña como docente de la Red de Escritores. Escritor y profesor universitario. En 2014 el Festival Internacional de Poesía de Medellín le otorgó el Premio de poesía Joven por su libro Remanencia. Actualmente se desempeña como docente de la Red de Escritores Ciudad de Medellín.
V
Nunca es vasto el silencio. Por gracia de los árboles nunca es pleno el silencio. En la aventura de las hojas, en su excéntrica monotonía, la luz asesta otra incisión de laminillas de plata. Es un entresueño inmóvil, alborotos tenues que no arrecian, sino que justifican el vacío completo de las duraciones. Es una algarabía cercana a la sangre, que adquiere apariencia en la caída ensimismada de los párpados. Como un desfile secreto al que han sido convocados para transitar en la plena disolución, así arriban al rumor los múltiples sobresaltos de la carne. Diríase un derrumbamiento sobre el borde de la levedad, en caída vertiginosa, sobre el dorso desnudo de las criaturas que apenas se instalan en la convulsión. Tentación sonora de la luz que desciende segundo a segundo en el fondo del acoplamiento.
XV
Hay viento y dorado sosiego en el abrevadero de piedra. ¿De qué sirve mantener la vista por encima de los días, hacia otro sol más próximo a la devastación? Es temprano aún para escapar a lo inevitable. El miedo es apenas el borde de la sombra y el abismo ya no es bienvenido sino como prueba inexorable de la fatalidad. Acaso el viento dance entre las aguas sin mayor asombro. Quizá los árboles multipliquen el sueño del ave en cada brote venidero. Pero es todavía temprano el momento de la confusión. Nos resta este plenilunio insaciable, sentencia feroz de las noches e insoportable testimonio de los amados.
Yenny León
“En la pugna entre lo terrenal y lo aéreo que nombra la poesía de León, el árbol aparece como esperanza. De hecho, desde el principio de este libro, cuando penetramos el ámbito de la piedra, se dice: “Es en la antigüedad del árbol / en donde nace la espera”. Y se nos dice que esta espera tiene razón de ser solo en la medida en que se funde con el dolor de las piedras. La paradoja nutricia, esta simbiosis de lo aparentemente contrario, parece clarificarse al leer: “El bosque inventa un coro de caídas / para quien, cansado / vuelve a levantarse entre sus musgos”. Luego el árbol se va volviendo el supremo motivo del incendio, del insomnio y el delirio. Pero estas circunstancias no lo hacen intolerante e irascible. El árbol de Yenny León tiene reminiscencias de objeto sagrado, no podría ser de otra manera, pero igualmente lo rodea una atmósfera de aislamiento desolador contemporáneo: “Árbol: / ceniza desesperación / sol imaginario”. Pero pese a que el sueño del árbol es el fuego y el grito expandido, su esencia es nocturna. Yo quisiera concluir que el árbol de este libro es el oscuro vigilante de una infancia jamás vivida. Sin embargo, el árbol, este ser que bordea el cielo y nos hace recordar la evidencia de la caída, parece imponerse con su rasgo benevolente. Luego de haber transitado la realidad de la destrucción, su corazón, “por encima del agua corrompida”, termina siendo “fuego meditativo, hambre congelada”. Pablo Montoya
Filóloga Hispanista de la Universidad de Antioquia. Ha trabajado como docente en la Red de Escritores de la misma universidad. Obtuvo el I Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín, convocado por la revista Prometeo y el Festival Internacional de Poesía de Medellín en 2011, con su poemario Tríptico. También ocupó el primer puesto en el I Premio Nacional de Poesía Joven Andrés Barbosa Vivas (2011) con su poema “Mujer de agua”. En 2012, ganó la IX Beca a la Creación Artística y Cultural Ciudad de Medellín, Modalidad Poesía. Este año, la Editorial Planeta publicó su libro titulado “Entre árboles y piedras”. Varios de sus escritos han sido publicados en revistas literarias nacionales e internacionales.
cada latido
es un autoataque:
el corazón golpea contra el corazón
con el árbol
ocurre algo distinto
su corazón
por encima del agua corrompida
es fuego meditativo
hambre congelada.
es verdad lo que ocurre al amanecer
cuando mis manos tempranas
desdibujan la piedra
escucha este fuego entrecortado
con el que mi voz te llama
años de sonido
arrancados de las garras del sueño
somos sólo un árbol difuso en el espejo
que se prende
o apaga
después de cada pesadilla.
Samuel Vásquez
“Cada vez más la poesía es una aventura secreta y hasta clandestina. Más ese secreto y esa clandestinidad ostentan un aura incomparable. Es el caso de su libro, que tanto me impresionó por la fuerza y vigor de sus versos insólitos y lapidarios como también por la madurez de sus reflexiones, que envuelven creación poética y vida en un mismo abrazo y en un mismo fulgor.” Lêdo Ivo
Poeta, dramaturgo, ensayista, músico, artista plástico. Ideó y organizó con Leonel Estrada la exposición, patrocinada por Coltejer, Arte Nuevo para Medellín (1967), primera exposición que reunió a artistas plásticos que hacían arte contemporáneo en Medellín. De esta exposición surgió la idea de crear una Bienal de Arte con el mismo patrocinador y los mismos organizadores: Coltejer, Leonel Estrada y Samuel Vásquez. Cofundador y Curador de la Bienal de Arte de Medellín (1968-1971). Comisario de la Bienal de Montevideo, Uruguay (1970), a donde envió a Luis Caballero, Bernardo Salcedo y Álvaro Barrios. Participó, fuera de concurso, en el III Salón Regional de Artes Visuales (1980), con la obra «Técnica Mixta», primer performance realizado en Colombia. Invitado a la IV Bienal de Arte de Medellín (1981), con la obra «Haga Usted Mismo la Historia». Invitado a inaugurar el Museo de Arte Moderno de Cartagena (1979) con la obra de teatro «Los Hampones», y el Museo de Arte Moderno de Medellín con pintura, declinando esta última invitación. Incluido en la exposición Cincuenta Años de Pintura y Escultura en Antioquia (1994), Museo de Arte Moderno de Medellín. Miembro del Comité Directivo del Festival Internacional de Arte (1996), y durante los primeros meses fue su Curador del Espacio Público. Miembro del Consejo Académico del MDE 07, y curador de la exposición Bienales de Medellín memorias (2007), realizada en el Museo de Antioquia. Fundador y director del Taller de Artes de Medellín que congrega el teatro, la música y las artes plásticas con la poesía. Sus obras de teatro han sido escenificadas por grupos de España, Venezuela y Cuba, así como algunos grupos colombianos. Ha dirigido 17 obras teatrales. Ha sido como miembro durante cinco años del Comité Organizador del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Es, además, cofundador de la revista Prometeo. Cofundador con Lucía Estrada de la Editorial Pequeña Alejandría. Poemas y ensayos suyos aparecen en libros y revistas del país y del exterior. Su poesía ha sido traducida al rumano, portugués, francés e inglés.
Premio Nacional de Dramaturgia por su obra El Sol Negro (1992). Mención de Honor en el Concurso Internacional de dramaturgia Ciudad de Bogotá, por su obra Raquel, historia de un grito silencioso (1999). Beca del Ministerio de Cultura por su obra El plagio. Premio de Ensayo Ciudad de Medellín, por su obra El abrazo de la mirada (2005). Beca de Poesía Ciudad de Medellín (2010). Museo de Antioquia le otorgó una distinción especial “por su labor para el desarrollo del Arte Contemporáneo en la Ciudad” (2007). Premio Nacional de Cultura por reconocimiento a vida y obra, por la Universidad de Antioquia (2011). Premio Nacional Erato de Poesía 2015. El arquitecto y el emperador de Asiria y El Bar de la Calle Luna fueron aclamadas como las obras más importantes en el Festival de Teatro Hispano en Estados Unidos y el Festival de Manizales.
Biografía no autorizada
Soy este enigma que tiembla entre mis manos. Soy silencio que escucha el reclamo del agua. Soy herida de luz que no sangra ni se estanca. Soy ese que se niega a dormir fuera de su sueño. Soy el que llega tropezando de la ceguera de su palabra. Soy ese que sabe que mañana es un ardid. Soy el que huye para encontrar un sendero. Soy el que no posee hacienda ni mandato, y no acepta patrones ni obediencia. Soy el que se niega a habitar la palabra que se instala. Soy el que sabe que la poesía es lo inesperado, que nada a la esperanza adeuda y ninguna esperanza engendra. Soy el que aprecia la valentía del grito y el valor del silencio. Soy el que hace de la ausencia un activismo. Soy el que comprende que el hombre es un pedazo, una pequeña muestra. Soy el que amanece mordido por los sueños. Soy el equívoco que incendia lo que sabe y canta temperado lo que ignora. Soy aquel que se aleja para acercarse a ti.
Soy ese que sabe que la caída es necesaria para que nazca el grito.
Permanencia en el Viento
La eternidad envejece
Paul Celan
La hierba del tiempo borra los senderos. Sólo nos guía un aroma y el gesto ciego de su mano. La ciudad aleja los lugares e inaugura un extravío cada tarde. El sol se adelanta a nuestros pasos como un perro sin amo.
Buscan nuestra retirada pero permanecemos. Nos llevan hasta el terror para que traguemos la esperanza, pero permanecemos. A la intemperie permanecemos aceptando el abrazo del viento. Permanecemos en la duda que espera, en la alegría insumisa. Permanecemos en lo desconocido, pero lo desconocido arriba tan pronto que llega sin forma.
Cada certeza es una presunción, una sospecha. Patinamos en las palabras: unos aplauden nuestro desparpajo, otros rechazan nuestra falta de simetría, nuestra preferencia por una canción a un himno. La fe esperaba lenguas de fuego sobre nuestras cabezas, pero sólo alcanzó a multiplicar el vino. La luz no nos llega de lo alto, emana de las cosas que no compramos.
El futuro, que no existe,
crece sin control entre la hierba: