Mindfulness y su aplicación en niños

¿Qué es el mindfulness?

El mindfulness cuya traducción aproximada es “atención plena” una forma de meditación creada por el profesor de medicina Jon Kabat-Zinn, en la Universidad de Massachusetts hace más de 30 años, tiene sus raíces en el budismo, pero no adhiere a ninguna religión.  Consiste en ejercitar la mente para concentrarse en el presente con beneficios a nivel emocional, psicológico y corporal.

¿Has notado que en general tu mente va de un lado al otro, del pasado al futuro, de lo agradable a lo desagradable? ¡Estamos haciendo una cosa y pensando en otra y muchas veces en tantas otras! La mente tiende a vagar entre un estímulo y otro, salta de un pensamiento a otro constantemente, sin detenerse a procesar la experiencia por la que transita.

A través de técnicas de yoga, aprendizaje sobre la mente y las emociones y meditaciones de diversas características se busca lograr un estado de conciencia que preste atención a las sensaciones físicas, emociones y pensamientos que surgen cuando se enfoca el momento presente. Esta técnica invita a aquietar la mente, concentrarnos en lo que pasa sin juzgar, es decir, sin clasificar la experiencia como buena o mala, asumiendo una mirada contemplativa.  Se pasa de reaccionar sin conciencia a responder de manera atenta.

¿En qué consiste una maternidad y paternidad consciente?

 En centrar la atención en el momento presente con amabilidad y curiosidad.  De esta forma podemos elegir conscientemente cómo actuar, en lugar de reaccionar a partir de la confusión y la frustración. Generalmente cuando estamos distraídos e inmersos en nuestros pensamientos solemos contestar desde nuestro "piloto automático, que se vincula con nuestras conductas aprendidas (en la infancia especialmente).  Al estar presentes, utilizando la respiración, tenemos la posibilidad de frenar un instante y decidir qué respuesta puede ser la mejor, o al menos, no asumir aquella que brota sin mediar pensamiento, sin ningún tipo de filtro.  

Gestionar el estrés y las emociones

Los niños también están expuestos al estrés. Cada uno en diverso nivel e intensidad, pero cada día deben enfrentar diversas situaciones estresantes.  Las tareas escolares, las burlas y demás agresiones de compañeros, las presiones que podrían sentir desde algún área específica, como un deporte o determinada materia.  También hay que tomar en cuenta las situaciones menos frecuentes pero que se presentan en ciertas ocasiones como las mudanzas de casa o de región donde se habita o colegio, amigos, familia (o todas ellas juntas), los miedos a los que se enfrentan cada día, el extrañar a sus padres cuando van a la escuela por jornadas largas, etc.

 A los niños también les toca gestionar cada día sus emociones y a diferencia del adulto, recién están entendiendo de qué se trata esto de sentir cosas diferentes.  Lamentablemente son pocas las escuelas que se ocupan de la educación emocional de los chicos. O al menos, en forma sistemática como un programa específico.   Tomemos nosotros la posta entonces, y desde ahí podremos visibilizar la importancia de este tema en los colegios para que se vaya introduciendo cada vez más, en forma sistemática.  

Tanto en la escuela como en la familia se suele hacer más hincapié en triunfar afuera y poco sobre el mundo interior de los chicos.  Entonces se está educando desde un solo plano y cuando se quiere modificar algo específico por ejemplo una conducta inquieta, es necesario que el niño sea consciente de las señales de su cuerpo, de sus pensamientos y de sus emociones, así como también que se dé cuenta de su accionar inmediato frente a los estímulos en vez de responder de una forma alternativa.

Cuanto antes comencemos con la educación emocional,  más resultados vamos a obtener y tal vez hasta una vida más plena y consciente.  En mindfulness no se apunta a estar siempre felices, sino a estar conscientes y atentos plenamente a cada cosa que estamos viviendo.  De esta forma la vida se vive con más plenitud y menos estrés, incluso en las situaciones difíciles que nos tocan atravesar. Quizás esta es una de sus mayores virtudes.  

Los chicos intentan descubrir cómo identificar y clasificar sus emociones y de esta forma responder a ellas.  Muchas veces, frente a la frustración, hacen un berrinche, lanzan cosas o pegan.  Tengamos en cuenta que su cerebro y su psiquismo están en plena formación.  Las zonas responsables de las habilidades relativamente avanzadas del cerebro, como la de poder tranquilizarse a uno mismo, poder prestar atención y realizar elecciones adecuadas está en proceso de desarrollo.  De esta forma cuando las cosas se ponen difíciles para ellos, probablemente la zona más antigua del cerebro es la que intervenga, y ésta es la que nos impulsa a pelear, escapar o quedarnos sin respuesta, paralizados de alguna forma. El mindfulness puede ayudar a los niños a manejar más efectivamente el estrés, las emociones y a estar atentos.

Respirar profundamente me ayuda a salir de mi mente y volver al presente.

La terapeuta holandesa Eline Snel, quien es una de las profesionales que adaptó el mindfulness para trabajarlo con niños, utiliza meditaciones más cortas que las que se utilizan con los adultos y juegos. Usa la idea del foco de una linterna de bolsillo como una metáfora de cómo uno usa la atención. Uno puede apuntarla hacia afuera, hacia un sonido o un conflicto, pero también la puede dirigir hacia adentro.

Los niños que practican mindfulness (lo mismo que los adultos) aprenden a tomar consciencia de su respiración, pero en los niños se utilizan juegos y metáforas específicas.  Al respirar y estar atentos a la respiración, no podemos estar pensando en otra cosa. A través de ejemplos se les muestra que pueden estar acá, pero pensando en otra cosa.  Se les puede pedir que piensen en un paseo que hayan disfrutado  o de qué forma quisieran pasar sus próximas vacaciones.  Así toman consciencia de que a pesar de estar en un lugar, su mente puede ir de un lado al otro.  En este caso hacia el pasado o el futuro.

Por otro lado, los padres solemos decirle a nuestros hijos que se calmen, que se tranquilicen y en muchas ocasiones ellos ni siquiera saben de qué se trata lo que les estamos pidiendo.  A veces incluso, les pedimos que se tranquilicen mientras nosotros no lo estamos.   A través del mindfulness aprendemos a diferenciar e identificar sensaciones corporales y emociones.  Así podemos aprender a anticiparnos al estrés más allá de lo que suceda en el afuera o a calmarnos si estamos inquietos o tensos. De esto también se desprende que si queremos que nuestros hijos aprendan sobre la atención plena, claramente debemos interiorizarnos y si es posible practicarla nosotros también para que notemos cambios en la calidad de vida de todos.

Algunas familias apoyan a sus hijos cuando están ansiosos o experimentan cualquier otra emoción catalogada como “no agradable”.  Pero en muchos casos se suele decir a los niños que no lloren, que no se enojen, en definitiva,  que ignoren y tapen sus emociones.  Esto es lo contrario de lo que estamos tratando.  Todas las emociones son bienvenidas y en talleres de mindfulness para niños e incluso en casa, somos los adultos los que podemos ayudar a nuestros hijos a identificar y expresar las emociones desde pequeños.

En definitiva, aprender mindfulness desde niños, ayuda a establecer hábitos mentales saludables como regular el manejo de las emociones, a calmarse ante el enojo, la tristeza o la frustración; desarrollar acciones compasivas y a expresar gratitud.  Mejora la empatía y la comprensión hacia los demás.  El niño aprende a estar en silencio y consigo mismo.  Mejora la concentración y la atención.  Potencia la memoria y la creatividad y les permite estar en el presente.  Se enseña a respirar conscientemente, escuchar y a  comer con atención plena.  Los resultados de estudios realizados en niños y adolescentes demostraron un aumento de la atención, reducción del estrés y depresión, así como un aumento de la capacidad de relajarse y disminución de la agresividad.  

Lic.  Valeria Wesler Psicóloga

Fuentes:

1, 2, 3 Respira.  Carla Naumburg

Tranquilos y atentos como una rana.  Eline Snel