No soy madre porque no quiero

 Alejandra Agudo - El País - 21 de septiembre de 2013 (Texto adaptado)

 “¿Y tú, para cuándo? Se te va a pasar el arroz. ¿Es que no te gustan los niños? Te pierdes lo mejor de la vida...”. La retahíla de preguntas y sentencias que las mujeres escuchan cuando afirman que no quieren procrear es casi siempre la misma. Más aún, generalmente son impelidas a dar explicaciones cuando anuncian la (todavía) controvertida decisión. Sociólogos y psicólogos expertos en la materia reconocen que existe presión social a favor de la maternidad, no así hacia la paternidad. Pero cada vez más mujeres renuncian a ella.

“Yo no quiero, no me veo de madre”. Así expresa Anahí Romero, madrileña de 35 años, su decisión de no tener hijos, compartida con su novio, su pareja desde hace seis años. “No es por problemas económicos, ni por el trabajo”, asegura esta administrativa. “Es una decisión meditada. Lo pensé y me di cuenta de que no quería”, afirma con rotundidad.

Romero forma parte de un número creciente de mujeres que renuncia a la maternidad voluntariamente. “Antes de la década de los 60, cuando comenzó la revolución anticonceptiva, las que no tenían hijos era por la guerra, por el hambre o la pobreza”, explica la socióloga británica Katherine Hakim, autora del estudio Childless in Europe (Sin hijos en Europa). Ahora, según sus datos, en torno a un 20% de las europeas no son madres. “Teniendo en cuenta que solo entre un 2% y un 3% es por infertilidad, vemos claramente que es una elección de estilo de vida u otros motivos”, añade.

Los datos avalan que cada vez más mujeres optan por no tener hijos, pero pocos estudios abordan las causas. Alicia Kaufmann, catedrática de Sociología de la Universidad de Alcalá, cree que el deseo de progresar en el trabajo y la inestabilidad económica, sobre todo en tiempos de crisis como el actual, “pesan mucho” en la decisión. “No es excluyente tener hijos y el desarrollo profesional, pero los niños suelen suponer un parón”, explica. Pese a los avances a la hora de compartir responsabilidades en la pareja, el cuidado de los hijos es terreno mayoritariamente femenino.

Sin excluir estas causas, el empleo y la precariedad económica como elementos disuasorios, Hakim matiza que la elección de no tener descendencia no es siempre forzada, como en ocasiones se presenta. La socióloga no descarta que haya mujeres que quieran tener hijos y renuncien a ello por los citados motivos, pero puntualiza que “no todo el mundo quiere ser padre o madre, es un mito que haya un deseo universal” en este sentido. En su opinión va en aumento el grupo de las que no se quedan embarazas simplemente porque no quieren.

José María Lailla, presidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, arroja un poco de luz científica al asunto. “El deseo de ser o no ser madre no tiene una causa conocida en el ámbito fisiológico”, apunta. “Se ha referido que las hormonas denominadas femeninas (estrógenos, progesterona, oxitocina y ciertas endomorfinas) podrían tener una acción a este nivel, basándose en los estudios con animales, en los que se concluye que toda hembra tiene el deseo de ser madre y cuando se las castra este deseo desaparece o disminuye considerablemente. En la mujer no existe la evidencia científica de este hecho”, explica.

Hakim afirma que actualmente “no tener hijos se considera algo raro o desviado”. “La sociedad plantea la maternidad como un destino, una hoja de ruta por ser mujer”, opina Asunción Gandarillas, profesora en un ciclo de formación profesional en Málaga. Ella, a sus 54 años, no tiene hijos porque “nunca” ha querido tenerlos. Una opción de vida que sus alumnas no comprenden. Cuando comenta en clase que optó voluntariamente por no ser madre, la reacción de las estudiantes es de “sorpresa”. Romero se ha encontrado, además del asombro de sus amigos —“me miran como si fuera de otro planeta”— con críticas que le han ofendido. “¡Me han llegado a decir que mi decisión es antinatural!”, se queja. Incluso se ha encontrado con que sus amigas madres le advierten de que se pierde “lo mejor de la vida”. “¡Como si tuviera una carencia!”, se ofende esta profesora que, ya pasada la edad de procrear, no se arrepiente de su postura y la vida “plena” que tiene.

María S., de 35 años, que tampoco tiene hijos por convicción, nunca ha sentido que sus padres o los de su pareja la presionen para aumentar la familia. Pero sí lo hacen las amigas que ya han tenido retoños, que le repiten las bonanzas de ser madre. “Cuando me preguntan por qué no quiero y cuestionan mi decisión, les explico que tener un niño es un lío, un rollo. Las que tienen hijos se lo toman como algo personal, como si estuviera cuestionando su estilo de vida, cuando son ellas las que lo están haciendo conmigo”, considera.

El argumento estrella contra aquellas que no quieren ser madres es que son egoístas. Así lo confirman la socióloga Hakim y las mujeres entrevistadas para este reportaje. Todas indican que han sido calificadas como tales por su decisión, como si tuvieran la obligación de dedicar su vida a cuidar de alguien.

Pero, ¿qué se puede hacer si en la pareja uno no quiere descendencia y el otro sí? El psicólogo David Sánchez Teruel propone diálogo, aunque reconoce que este es uno de los motivos por los que algunas parejas se rompen, sea quien sea el que se niega a ampliar la familia. “Eso, o uno de los dos tiene que ceder. Y casi siempre son ellas”, apostilla. Lo que en muchos casos genera arrepentimiento y sentimiento de culpa.

Del mismo modo que hay mujeres que se arrepienten de haber sido madres, las hay que lamentan no haber tenido hijos. Pero ellos se deprimen más. Según un estudio, mientras ambos sexos expresan el deseo de tener descendencia en porcentajes parecidos (59% ellos, 63% ellas), en caso de no tenerla, son más los hombres que dicen estar deprimidos (38%, frente al 27% de las mujeres), sentirse solos (50%, casi el doble que las mujeres preguntadas) o incluso rabia (25%, siete puntos por encima de ellas). El autor, Robin Hadley, señala en las conclusiones de su investigación que queda demostrado que hombres y mujeres comparten el mismo nivel de deseo de ser padres.