LA BATALLA DE LAS TERMÓPILAS

por Jacques Louis David

Todo el mundo conoce las hazañas de Leónidas y sus bravos espartanos gracias a la película 300. Pero mucho antes de que naciera el cine, David, el pintor de Napoleón, dedicó una de las obras más impresionantes que nos podemos encontrar en el Museo del Louvre ea la batalla de las Termópilas. El cuadro real mide 5 metros de anchura por 4 de altura, por lo que a continuación verán una representación a tamaño natural de la pintura que se encuentra en París.

La batalla de las Termópilas tuvo lugar en el año 480 a.C. en el estrecho que daba acceso a Grecia desde el norte. Esta era la segunda vez que los Persas intentaban invadir la Hélade, pues la primera fracasó en la batalla de Maratón. Pero al imperio más poderoso de la tierra no le faltaron recursos para volver a atacar.

LEÓNIDAS es rey de ESPARTA pero no fue autorizado por el consejo de ancianos para llevar al ejército a luchar contra Jerjes. Solo se le permitió acompañarse de 300 miembros de la guardia real. Leónidas aparece sentado consciente de que está disfrutando de sus últimas horas de vida.

JERJES es emperador de la Persia aqueménida. Su título es el de Rey de naciones o más bien Rey del Mundo. Está decidido a vengar la derrota de su padre Dario I en la batalla de Maratón y prepara a conciencia la invasión de Grecia con un ejército de 270.000 soldados.

En frente les esperaban 7.000 griegos. Sin embargo, los espartanos se quedaron completamente solos para defender el desfiladero por culpa de EFIALTES, un pastor traidor que mostró a los persas unos caminos para atravesar el desfiladero y atacar al ejército griego por la retaguardia. Sin embargo, EFIALTES nunca fue recompensado.

Al enterarse de que el ejército griego había abandonado sus posiciones, salvo los 300 espartanos. Un EMISARIO PERSA fue enviado a parlamentar con Leónidas. Les perdonaría la vida si deponían las armas a lo que el rey espartano respondió:

LEONIDAS: ¡Venid a cogerlas!

Cuando el EMISARIO les advirtió que si no se rendían las flechas que les lanzarían taparían la luz del sol a lo que el bravo soldado DIENEKES respondió:

DIENEKES: ¡Mejor, así lucharemos a la sombra!

Los ESPARTANOS contuvieron a los persas el tiempo suficiente ya que a pesar de ser muchos menos estaban mejor entrenados y tenían mejores armas. Aunque el factor decisivo fue que los espartanos eran hombres libres que luchaban por defender su tierra y los soldados persas eran esclavos.

LEONIDAS:  ¡Jerjes posee muchos esclavos, pero ningún guerrero!

EURITO y ARISTODEMO sufrían ambos una afección ocular por lo que Leónidas los mandó de vuelta a casa. Sin embargo, Eurito desobedeció la orden y volvió para luchar a pesar de estar completamente ciego.

Esto dejó en mal lugar a ARISTODEMO, que al volver a Esparta fue tratado como un cobarde. Ningún espartano se relacionaría con él jamás. Para recuperar su prestigio peleó ferozmente en la batalla de Platea, pero tampoco así consiguió el perdón de sus compatriotas, porque peleó de manera suicida y los espartanos valoran más a los que pelean con deseos de seguir con vida.

PANTITES, por su parte, fue enviado por Leónidas a Tesalia para llevar un mensaje. A su regreso al campo de batalla, y al ver a sus camaradas muertos, decidió quitarse la vida.

Las mujeres tenían un papel muy importante en la sociedad espartana. No podían participar en el ejército, pero podían hablar con los hombres en público y no tenían que trabajar puesto que tenían esclavas que hacían todas las labores del hogar. Su papel estaba reservado a ser madres de soldados. Por eso decían:

nosotras las espartanas podemos hablar entre hombres, puesto que somos las que parimos a los verdaderos hombres”

Las ESPARTANAS recibieron la noticia de la tragedia con orgullo. Realizaron ofrendas florales y la reina GORGO, esposa de Leónidas, dejó escrita sobre las paredes del campo de batalla el siguiente epitafio:

"Viajero, ve y dile a Esparta que los que aquí reposan cayeron en defensa de sus leyes".

El sacrificio de estos bravos 300 espartanos permitió a toda la Helade, ganar el tiempo suficiente para preparar la flota y así más tarde derrotar a la flota persa en la batalla naval de Salamina.

Texto: Juan A. Gavilán