CONOCIMIENTO DE POR Y PARA EL HOMBRE: Un contexto para los grandes hombres de la independencia
Tito Fuentes
CEDINBI
Caracas, 29 de Junio de 2016
Mucho se ha expuesto acerca de los motivos de los próceres latinoamericanos para actuar en pro de la independencia, de modo que sobre el particular poco se puede agregar; pero también se ha discutido respecto de la altísima preparación intelectual y filosófica de algunos de ellos. Tanto es así que hablamos de “Ilustración Latinoamericana”. Muchos son sus representantes: el quiteño, Eugenio Espejo; el neogranadino, Francisco Nariño; el sacerdote mexicano; Miguel Hidalgo; el argentino, José de San Martín y el caraqueño, Francisco de Miranda. ¿Qué planteaban estos hombres en cuanto a pensamiento filosófico que los equipara con los grandes pensadores europeos como Voltaire, Rousseau, locke, Hume, Descarte, Sarmiento, Kant, Feijoo y Montesquieau?. Proclamaban la libertad de los americanos y su independencia política y económica de España, pero también la igualdad de los ciudadanos e indígenas con los criollos. Por tal razón, San Martín y Miranda, por ejemplo, no solo en su condición de militares enfrentaron en el lado bélico a la Corona, sino que plantean un proyecto republicano de hombres libres capaces de legislar y forjarse su propio destino material e inmaterial.
En efecto, si el destino era la República, ¿cómo debía hacer para lograr tan grande destino?
Como hombres de la Ilustración buscaban impulsar una serie de cambios de orden militar, político, económico y administrativo en las nuevas repúblicas que se formarían, cuyo objeto declarado (al igual que lo perseguido por el despotismo ilustrado encarnado en monarcas como Carlos III y Luis XV) era promover “la felicidad” de los nuevos ciudadanos latinoamericanos. Y la forma más expedita para alcanzarlo era impulsando la ciencia y la tecnología; esto es, propiciar la razón y el conocimiento a través de manifestaciones de fraternidad, cooperación, colaboración y solidaridad. Estaba claro que la república era un asunto de todos y para todos, y es por ello que debían actuar y conducirse en el bien de todos y en desprendimiento de propiedades intelectuales particulares y poniendo al alcance de los nuevos hombres libres conocimiento y capacitación técnica en lo que los ingleses denominaban Arts and Crafts, es decir, “artes y oficios”. A saber: afinador, armero, calígrafo, cerrajero, cirujano, ebanista, entallador, ensayador, escribano, fundidor, grabador, maestro, obrajero, músico, peón, pintor, talabartero, telonero, fontanero, hojalatero, cordelero, así como los más básicos: carpintero, herrador, panadero, arriero, etc. Como podrá entenderse, el problema en América y, en particular, Venezuela era que en el Siglo XIX habían ingentes y multitudinarios ejércitos de hombres que no sabían leer ni escribir, y aunque parezca irrisorio decirlo, tampoco sabían medir el tiempo efectivamente ni tampoco dar una referencia de alguna dirección. Se habla de una situación calamitosa desde el punto de vista científico cultural, en el que el único arte y oficio conocido era el de jornalero y peón de hacienda o arriero con muy escasa preparación técnica. En otros palabras, la artesanía no estaba muy difundida ni desarrollada en la región y se dependía en mucho de lo importado desde ultramar.
Así las cosas, creer que independizar solo se trataba de ganar una guerra y hacer un tratado de reconocimiento de ganadores y perdedores, pues simplemente no era suficiente, antes bien, éste era sólo una parte del proyecto, un inicio. Lo que vendría o debería venir a continuación era un proceso profundo de capacitación de los nuevos ciudadanos en pro de su “máxima felicidad”; en otras palabras, si el objeto era ser y permanecer libres, cada uno de ellos responsablemente debían aportar a la construcción de esa nueva nación con su trabajo productivo material e intelectual. Para ello debía formarse con conocimientos e información clara y pertinente, entonces conocido como “luces de entendimiento”, pero que en la práctica era contar con libros y bibliotecas. Tanta consciencia había de este propósito y necesidad en los hombres ilustrados del momento histórico que significó 1810-1811, que tan pronto llega Francisco de Miranda a la Guaira el 10 de diciembre como consecuencia de los hechos de 19 de abril, éste crea la “Sociedad de Agricultura y Economía”. La finalidad de esta institución fue propiciar la industria y la producción, así como la formación de los americanos libres en concordancia con diversas iniciativas ya antes puesta en funcionamiento por Miranda. Esta iniciativa en la práctica funcionó como una sociedad económica de amigos, tal cual como las que con gesto solidario, voluntario y de desprendido se generaron dentro de Europa provocando avances en sus industrias. Esta institución en Caracas fue conocida con un nombre más rimbombante: la Sociedad Patriótica. Fue gestionada como una suerte de primer partido político venezolano, en el que actuaban y debatían sus integrantes, entre otros, Simón Bolívar, Juan Germán Roscio, Vicente Salias y José Félix Ribas, quienes buscaban propiciar, con base en conocimiento e información, una escuela de formación de ciudadanos. Solo así es posible entender que la forma como operaban y relacionaban dentro de aquella organización civil, eran acciones para presionar la Junta Suprema de Caracas para que deviniera, como así sucedió, en Congreso Constituyente a partir de 2 de marzo de 1811, y declarar la independencia el 5 de julio.
Como ya se sabe, los ilustrados venezolanos deliberaban en función de fomentar una escuela de formación de ciudadanos y para ello, condición sine qua non, debía haber hombres libres. Es por esto que una de las iniciativas y decisiones más audaces que personalmente toma Simón Bolívar fue la de liberar a sus esclavos apenas declarada la independencia hacia 1811. De resto había que procurar su capacitación poniendo a su alcance una herramienta muy poderosa para lograrlo: el libro como portador de información y conocimiento. De entre los libros a los que se tuvo acceso, la enciclopedia vendría a servir como ese medio indispensable para la transmisión de la ciencia y la tecnología, por lo que urgía la creación, cuanto ya, de un centro de información. Esta preocupación se aprecia más claramente en Miranda y ello no solo lo manifestaba en sus discurso en el seno de aquella Sociedad, sino en una colección de archivos personales de 63 volúmenes: la “Colombeia”. Ésta debía fungir, junto con su extensa colección de libros particulares, como una gran biblioteca con “luces de entendimiento” para los hombres libres de las nuevas repúblicas. Tal sería el gran legado para los nuevos republicanos. Es por eso, que antes de partir por última vez a América, Miranda ordenó la encuadernación de su archivo personal y declaró en su testamento que su hijo, lo reciba en condición de herencia y se asegurará de enviarla a Caracas luego de haberse alcanzado la independencia.
No podemos afirmar que alcanzado los objetivo militares y políticos que entre 1821 y 1823, culminaron con la ruptura entre Venezuela de España, la nación venezolana se enrumbó hacia una época de franco progreso y fomento, puesto que como ya se sabe, entre otras razones, el caudillismo y la violencia militar no permitieron mayores libertades ni opciones de progreso; pero sí podemos concluir, por un lado, que la información y el conocimiento sirvió de contexto y fondo para la maduración de ideas, discusión y su ejecución en función de independizar una nación y formar una república y, por otro lado, efectivamente, el proyecto independentista no fue un cascarón vacío y que antes bien representó el manejo y discusión de proyectos altamente conscientes y bien documentados con base en conocimientos pertinentes en pro de un visión compartida.