13-10-15

Producción: “Cuento sentimental”

Amigos de hospital

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Trina era mi amiga, más que mi amiga, por mucho más tiempo del que se puede pensar.

La conocí en el hospital donde estaba internado, ingreso con graves quemaduras en los brazos y en el pecho, su piel estaba totalmente desgarrada, parecían lagunas coloradas, siempre usaba un camisón gigante, siempre pensé que era para que no la tocara.

 Ella compartía cuarto con mi amigo Sam, se la pasaba durmiendo, cuando era hora de sus medicamentos me hacían salir de la habitación, solo a mí, Sam estaba en coma desde hace un año; sé que parece extraño pero le hablaba, es como si me escuchara. Una noche me escape a hablar con él, esa noche fue la primera vez que  hablamos, mientras le contaba a mi amigo lo que había visto en la Tv Trina se cae y empieza a gritar y a llorar, intentaba pararse y despegarse la ropa pero le dolía mas, mi primera reacción fue decirle que se calme, tomarla de la mano y ayudarla a levantarse, camino hasta el baño, se quitó el pijama y entro a la ducha

-Tráeme las  cremas por favor!!- me grita-

-Cuales?

-Las que están sobre mi mesa, apúrate!!!!

Intentando hacerlo lo más rápido posible pero me costaba caminar con una mochila cargada de oxígeno. Le pase las cremas por debajo de la puerta de la ducha y entro corriendo una enfermera que a los gritos dijo que me retirara, pero solo me quede al lado de Sam. Una presentación extraña pero el comienzo de algo.

Los tres años que estuvimos en el mismo edificio nos la pasamos hablando los tres, siempre, mirábamos películas, pero un día el monitor de Sam comenzó a hacer un ruido fino dejando una línea fina y alterando a todos los que estaban cerca, comenzaron las maniobras de resucitación por 5 minutos y abrió los ojos, un brillo claro, gris, con un punto oscuro en el medio recorría la habitación sin entender nada; Trina y yo nos miramos y pensamos lo mismo, sabrá quiénes somos? Nos aceptara? Hizo lo más normal, buscaba a su madre, la cual no se encontraba en el lugar, decidimos irnos y dejarlo tranquilo, no nos convenía sobrecargarlo, ella tenía que volver y yo  irme a cenar. En la noche fui a visitarla y visitarlo aunque él no supiera, cuando entre los ojos de ella se iluminaron y comenzó a decir que si moviendo la cabeza de arriba hacia abajo. Significaba que nos recordaba, por lo menos recordaba lo que le íbamos hablando y eso me ponía muy feliz.

Pero la vida no es un cuento de fantasía, no siempre hay finales felices, no el de Trina, su velorio estaba lleno de personas, falleció por infecciones graves en su cuerpo, nunca escuche que por quemarse y lastimarse una persona podía terminar así; tampoco el de Sam, sus padres se separaron y su madre se lo llevo al hospital de la ciudad donde se alojaría. Estaba solo, disfrutaba sentarme la terraza del edificio, siempre miraba como personas entraban y salían, algunos felices, otros tristes y varios sin poder expresar ningún sentimiento por el resto de la vida. El líquido en mis pulmones era cada vez más pesado, cada vez me costaba más caminar, hasta el día que no camine, no hable, solo disfrute de la caída, del viento que rosaba mi rostro hasta el impacto final, desde ahí no sentí nada más, solo veía la vida desde arriba; visitaba a Sam, a mi familia, a mis amigos, a la familia de Trina y a Trina y con Trina, si, estaba conmigo.