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Francisco Javier Cervigon Ruckauer. El texto académico. Punto de partida y planificación.pdf
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MOOC Cómo elaborar un texto académico en Humanidades y Ciencias Sociales

[enero 2015]

Módulo 2. El texto académico. Punto de partida y planificación

En el presente módulo abordaremos la planificación del texto académico, destinada a definir cuestiones fundamentales como la elección del tema o el objetivo del texto. Igualmente, ofreceremos estrategias que ayuden a la generación, selección y organización de las ideas, con el fin de obtener esquemas y mapas conceptuales que estructuren lógicamente la materia. Por último, trataremos de indagar en los factores humanos que interfieren en el proceso de creación, tanto en lo concerniente al perfil del escritor, como en lo tocante a las personas que lo acompañan y guían.

Objetivos

Aprender a planificar la tarea de escritura respondiendo a ciertas preguntas básicas que nos ayuden a definir el tema y los objetivos del texto.

a. Comprender el modo en que la lectura de otros textos y la conversación con otros autores puede contribuir a la planificación de nuestra tarea. b. Conocer algunas técnicas de planificación textual destinadas a generar, seleccionar y relacionar ideas, así como a organizar la información. c. Reconocer el perfil de escritor al que cada uno se ajusta con el fin de superar los obstáculos que pudieran bloquearnos en los momentos críticos. d. Conocer qué tipo de personas pueden acompañarnos en el

proceso de escritura para aconsejarnos desde la experiencia.



Tabla de contenido 1. ¿Qué voy a escribir? ..................................................................................................... 3 a. La elección del tema .......................................................................................................................... 3 b. La consideración del receptor ........................................................................................................ 3 c. Los objetivos de mi texto ................................................................................................................ 3 2. Leer para escribir y hablar para escribir ................................................................... 3 a. Leer para escribir ............................................................................................................................... 3 b. Hablar para escribir ........................................................................................................................... 4 3. Técnicas de planificación textual ................................................................................ 4 a. Generar ideas ...................................................................................................................................... 4 b. Seleccionar y establecer relaciones entre las ideas ................................................................... 4 c. Organizar la información .................................................................................................................. 5 4. ¿Qué tipo de escritor soy yo? ...................................................................................... 5 a. Escritor compulsivo ........................................................................................................................... 5 b. Escritor idealista ................................................................................................................................. 6 c. Escritor fragmentario ........................................................................................................................ 6 d. Escritor caótico .................................................................................................................................. 6 5. ¿Quién me acompaña en esta tarea? ......................................................................... 7 a. El tutor .................................................................................................................................................. 7 b. El equipo de investigación ................................................................................................................ 7 6. Conclusión .................................................................................................................... 7

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1. ¿Qué voy a escribir?

A la hora de afrontar la escritura académica es fundamental que dediquemos un cierto tiempo a la planificación de la tarea, aunque en un primer momento tengamos solo una idea vaga e imprecisa de nuestro propósito. De ahí que, antes de afrontar el proceso de elaboración, resulte tan aconsejable plantearse algunas cuestiones preliminares que sin duda nos ayudarán a concretar y definir los límites de nuestro proyecto, así como a orientar nuestras actuaciones posteriores. Cuestiones como las siguientes:

a. La elección del tema

En la escritura académica es esencial acotar desde un principio el objeto de estudio, delimitando con la mayor claridad posible sus fronteras. Así, dicho objeto puede tratarse de un documento en particular o una serie documental, un texto literario o un conjunto de textos relacionados por su temática, su autoría, su cronología, su modo de difusión o su lengua; un determinado personaje o institución, un hecho concreto del pasado o una serie de acontecimientos estrechamente vinculados, etc. Esta tarea es fundamental para focalizar nuestros esfuerzos y convertir nuestra empresa en algo abarcable que no nos supere o desborde.

b. La consideración del receptor

A la hora de definir el tema es importante tener en consideración al receptor de nuestro trabajo, bien sea una persona concreta (un profesor que evaluará el texto), bien sea un tribunal colegiado (como sucede en el caso de una tesis doctoral), bien sea, en última instancia, la comunidad científica en su conjunto, como acontece con una monografía o un artículo científico. Cada contexto académico tiene, pues, sus propias implicaciones, y puede condicionar la elección del tema en función de lo que dicho receptor espere de nosotros. Así, por ejemplo, cuando asistimos a un congreso, la temática viene impuesta en gran medida por la organización, o cuando preparamos una tesis doctoral, en muchas ocasiones hemos de asumir la parte de la investigación que nos corresponda dentro de un equipo que desarrolla cierta línea de trabajo. En este caso, nuestro director actúa como primer receptor del texto y factor determinante del mismo.

c. Los objetivos de mi texto

Una vez acotado el tema y asumidos los condicionantes impuestos por el receptor o receptores, hemos de definir con la mayor precisión posible cuáles son los objetivos de nuestro texto académico. Si bien es cierto que a lo largo del proceso de producción, tanto con la lectura de otros textos como con la propia escritura del nuestro, dichos objetivos tenderán a concretarse, es importante definir ya a estas alturas, aun de manera somera, qué pretendemos conseguir con nuestra creación literaria, pues caminando hacia la consecución de un objetivo claro tendremos más posibilidades de acertar en la elección de la bibliografía, en la búsqueda de fuentes, en la asunción de un determinado enfoque metodológico, etc.

2. Leer para escribir y hablar para escribir

Tras haber dado respuesta a las preguntas formuladas anteriormente, es probable que comencemos a tener una noción más precisa de lo que queremos escribir. No obstante, para avanzar hacia la concreción de nuestro propósito se hace necesario recurrir a dos actividades íntimamente ligadas al proceso de escritura: la lectura de otros textos que puedan servirnos de modelo o sugerirnos ideas acerca de nuestra composición; y la conversación con personas de mayor experiencia que nos orienten a la hora de planificar y abordar el trabajo.

a. Leer para escribir

Con el fin de tomar decisiones adecuadas debemos considerar que la planificación puede comenzar mucho antes de sentarse a escribir, concretamente, en el momento en que el autor lee

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con atención otros textos que le sugieren posibilidades de escritura. De este modo, leer, investigar y escribir se convierten en tareas plenamente integradas, pues leemos otros textos con la mente puesta en nuestra propia creación.

Así que cuando leemos para escribir atendemos no solo al contenido, sino que tratamos de entender por qué el autor tomó determinadas decisiones en lo concerniente a la elección del tema, la estructura, las fuentes, el tono, el manejo de la voz, las citas, etc. Este ejercicio, por tanto, consiste en leer textos semejantes al nuestro afrontándolos desde la perspectiva del escritor.

b. Hablar para escribir

Hablar para escribir implica plantear oralmente, a través de la conversación, los problemas y dudas que nos van surgiendo a medida que avanza el proceso de escritura. Su finalidad es encontrar soluciones y sugerencias ofrecidas, preferentemente, por parte de escritores expertos. Así, al margen de los asuntos concernientes al contenido, resulta muy provechoso abordar con nuestro tutor o con los compañeros del equipo cuestiones de procedimiento tales como: ¿cuál es el objetivo concreto de mi texto?, ¿cómo puedo estructurar la información?, ¿qué tipo de fuentes debo buscar y cómo debo presentarlas?, ¿cuál es el estilo de citación más apropiado para este campo de estudio?, ¿qué aspectos debo dar por conocidos y cuáles debo explicar desde la base?, ¿hasta qué punto es necesario justificar la metodología?, etc.

Hablar sobre todos estos aspectos puede ayudarnos a adquirir ciertas estrategias de planificación. Igualmente, estas conversaciones favorecerán la representación concreta de nuestra tarea, haciendo que se materialice y cobre forma cada vez más precisa la idea general que, en un principio, teníamos de nuestro propio texto.

3. Técnicas de planificación textual

Sea como fuere, en algún momento del proceso creativo debemos detenernos a generar ideas en cantidad y calidad suficientes, a seleccionar y relacionar dichas ideas y a organizarlas de manera esquemática para disponer de una visión general del texto que facilite la consecución de nuestros objetivos. Para el desarrollo de estas tres actividades, en todo caso, existen determinadas técnicas que, en la práctica, pueden resultarnos de gran utilidad. Son las siguientes:

a. Generar ideas

Para generar ideas antes de emprender propiamente la escritura se puede recurrir a:

I. Lluvia de ideas: se trata de señalar, sin excesiva reflexión, un número considerable de ideas acerca de un tema determinado, dejando para más adelante la valoración de su adecuación o pertinencia. II. Escritura libre: consiste en producir un primer texto de forma rápida sin atender ni a su articulación y cohesión interna, ni a cuestiones formales o de corrección gramatical. III. Expansión de palabras clave: a partir de un primer elenco de términos bien seleccionado, se trata de ampliar el significado de cada uno por medio de la paráfrasis –que implica el uso de nuestras propias palabras– con el fin de avanzar hacia otros territorios colindantes. IV. Generación de preguntas: nos lleva a interrogarnos por todo aquello que deberíamos incluir en el texto a la luz de nuestros objetivos con el fin de responder después a cada cuestión por medio de un amplio vertido de ideas.

b. Seleccionar y establecer relaciones entre las ideas

Tras la generación de ideas llega la hora de la reflexión: hay que realizar una valoración inicial de las mismas, así como de la información disponible, pues se trata de tomar y descartar, de relacionar conceptos, de vislumbrar posibles líneas de investigación, etc. El fruto de esta segunda actividad intelectual dependerá en gran medida de nuestra habilidad como escritores, del tipo de texto y de

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nuestro dominio del tema. En todo caso, aunque alcancemos este estadio del proceso muy rápidamente y su desarrollo se dé de manera casi simultánea con el anterior, conviene distinguir ambos momentos para no llevar a cabo una evaluación precipitada que conduzca a la pérdida de información valiosa y pertinente.

A la hora de acometer propiamente esta tarea, por tanto, habremos de valorar la información, esto es, las ideas generadas previamente, en función de los límites del tema, de los rasgos de la comunidad científica a la que nos dirigimos y, sobre todo, de los objetivos de nuestro texto. Siempre con estos factores presentes podremos plantearnos cuestiones como: ¿todas estas ideas están circunscritas a los límites del tema?, ¿hay algún nexo de unión entre las diversas informaciones puestas sobre la mesa?, ¿cuál es ese nexo?, ¿qué tipo de relaciones existen entre las diferentes ideas (causa-consecuencia, analogía, etc.)?, ¿puede establecerse una jerarquización o gradación entre las ideas?, ¿son estas ideas compatibles entre sí o contradictorias?, ¿hay algún elemento aglutinador de las ideas que aporte cohesión al conjunto y pueda funcionar como eje de la composición?, ¿cuáles de estas ideas son realmente novedosas en mi campo de investigación?, ¿cómo puedo organizar el texto para que las ideas más innovadoras y valiosas resalten? En fin, dando respuesta a estas preguntas comenzaremos a organizar la materia y progresaremos en la planificación de la tarea.

c. Organizar la información

Una vez seleccionada la información pertinente y establecidas las relaciones básicas entre las ideas, resulta muy práctico organizar toda esa materia por medio de esquemas, cuadros o representaciones gráficas en los cuales se ponga de manifiesto dicha clase de vínculos. Sea cual fuere la técnica utilizada, es muy conveniente señalar el tipo de relación mediante conectores o formas lingüísticas como: “inicialmente”, “las causas de”, “una de las consecuencias”, etc. Mediante este procedimiento se hace evidente la estructura del texto, algo que puede ayudarnos también a valorar la pertinencia de la información recogida, separando la que concierne al eje principal del asunto de aquella que pertenece a las ramas secundarias, la que se ocupa de la teorización de aquella que sirve para ejemplificar y explicar un concepto, etc. En este punto, es muy orientativo el conocimiento de algunas estructuras típicas de la escritura académica, pues empleándolas como referente evitaremos que nuestro texto resulte caótico, confuso o incoherente, y facilitaremos, por el contrario, que progrese temáticamente de un modo adecuado.

4. ¿Qué tipo de escritor soy yo?

Junto al dominio de las estrategias anteriormente descritas, resulta esencial conocer el tipo de escritor que cada uno somos para vigilar y controlar aquellos procedimientos y actitudes que, a lo largo del proceso creativo, puedan representar un obstáculo dadas nuestras características, querencias y costumbres personales. Por ello, a continuación os ofrecemos una somera descripción de los perfiles de escritor más habituales, a la que acompañan unos breves consejos prácticos:

a. Escritor compulsivo

El escritor compulsivo experimenta la necesidad urgente de ponerse a escribir sin mayor dilación, casi sin plantearse el rumbo que tomará su pluma. Así, se sumerge rápidamente en el proceso de redacción y textualización, y en poco tiempo tiene en sus manos un primer borrador o, al menos, un abundante caudal de materiales propios. Sin embargo, llegado el momento de organizar la materia y poner orden es cuando comienzan verdaderamente los problemas, pues el escritor compulsivo, que no ha reflexionado lo suficiente antes de ponerse en marcha, encuentra muchas dificultades para visualizar el texto en su conjunto, pues no ha adquirido la necesaria distancia con respecto al mismo y le falta perspectiva. Todo ello explica que esta clase de autores trabaje por regla general a partir de una primera versión, sobre la que se iniciarán prematuramente los trabajos de revisión.

En el fondo, quienes responden a esta tipología son escritores que poseen ideas, creencias y concepciones a priori muy arraigadas, las cuales condicionan de manera irreflexiva su forma de actuar. Esto supone un verdadero obstáculo para la adquisición de estrategias de planificación y de revisión, y a la larga puede representar un obstáculo insalvable para quien se ve perdido entre una maraña de materiales diversos. Por ello, aconsejamos a quienes respondan a este perfil compulsivo,

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que traten de dominar sus impulsos para dar cabida, desde un principio, a la reflexión serena sobre la tarea que tienen entre manos. A veces es preferible perder algo de tiempo en la planificación, para caminar después con paso firme llegado el momento de la elaboración.

b. Escritor idealista

Es el perfil opuesto al anterior. Los autores que se ajustan a esta tipología, por tanto, antes de ponerse a escribir, tratan de dominar el panorama general desde las alturas, tomando perspectiva. Solo en ese momento, cuando ya creen vislumbrar el texto en su conjunto –sus objetivos, sus partes, etc.– descienden sucesivamente, yendo de lo general a lo particular, a cada una de las secciones para afrontar su elaboración, repitiendo después el movimiento cuantas veces sea necesario hasta completar el texto.

Como consecuencia de una exigencia de tal magnitud, el autor idealista pasa muchas horas antes de acometer propiamente la escritura, lo que puede desencadenar ansiedad ante la página en blanco e incluso la paralización de quien no se aventura a redactar hasta tenerlo todo dominado. Para evitar este bloqueo, es preciso que el escritor idealista sea consciente de que no se puede alcanzar una planificación tan detallada antes de emprender la redacción de un texto complejo, y que, para un autor experto, es normal pasar de la escritura a la planificación –replanteando las ideas iniciales conforme entramos en materia y avanzamos en nuestro conocimiento del tema– o de los objetivos a la estructura, modificando esta para ajustarla mejor a aquellos.

Otro riego al que se expone el idealista concierne a la insatisfacción que le genera no ver nunca materializada en el texto –con exactitud y precisión– la idea previa que del mismo se había hecho. Esto dificulta sobremanera la puesta en práctica de técnicas de detección y diagnóstico, y hace casi imposible la solución efectiva de problemas. De ahí que convenga en estos casos dejar reposar el texto durante un tiempo antes de revisarlo, leyéndolo al cabo de un día o dos, en cuyo transcurso olvidaremos aquella planificación inicial hasta alcanzar, con la distancia, una nueva perspectiva de lectura que nos permita evaluar con objetividad el texto.

c. Escritor fragmentario

El escritor que responde a este perfil procede como si estuviese completando un puzzle, desarrollando primero aisladamente cada una de las partes y tratando después de encajar las piezas en pos de una composición unitaria. Al modo de un periodista, que da respuesta a una serie de preguntas paradigmáticas para completar su información, el escritor fragmentario va guardando los datos en compartimentos estancos que se corresponden con las distintas secciones del trabajo, las cuales trata de unir después empleando una técnica de cortar y pegar.

El autor fragmentario, como resultado de este modo de actuación, se halla en el momento crítico del proceso cuando ha de decidir sobre la pertinencia o irrelevancia de cada información, sobre el tipo de relación que rige entre cada una de las partes y, en consecuencia, sobre los nexos y conectores que harán evidente este vínculo en los distintos párrafos. En estos casos, el escritor se enfrenta al riesgo de no dotar al conjunto de la imprescindible coherencia a causa de una mala articulación lógica entre las partes. Considérese, en ese sentido, que cada párrafo o bloque de contenido entabla relaciones de interdependencia con todos los demás y que, en última instancia, su significación y sentido ha de estar supeditado a la consecución de los objetivos generales.

Se entenderá así bien que para el escritor fragmentario, que ha llenado rápidamente de información cada una de las secciones (tiene ya las piezas del puzzle) la mayor dificultad consista en decidir cómo ajustar y modificar cada segmento para adecuarlo a los objetivos generales del texto y adaptarlo formalmente a su estructura: ampliándolo, reduciéndolo, modificándolo, etc. De ahí que para los autores que se reconozcan bajo este perfil sea esencial tener siempre presente el objetivo último de su creación con el fin de que todas y cada una de las partes esté orientada hacia el mismo, y ninguna aparente ser un injerto extraño al tronco principal.

d. Escritor caótico

El escritor caótico se caracteriza por carecer de regularidades a la hora de afrontar el proceso de composición escrita. En ocasiones, escribe de manera compulsiva, sin que apenas medie la reflexión

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en su tarea; pero en otras, al contrario, se siente paralizado ante la página en blanco... En general, atribuye a las musas o a la inspiración sus creaciones, de manera que ante la falta de sistematicidad resulte frecuente el abandono de la tarea antes de su finalización.

Para remediar esta situación, el escritor caótico debe asumir que la escritura académica, además del ingenio natural, requiere de un método que nos ayude a progresar ordenadamente a cada paso del proceso. Por eso, nuestro consejo es la adopción y puesta en práctica de las técnicas de planificación textual a las que nos hemos referido con anterioridad: definición de los objetivos y de la estructura, hablar y leer con vistas a la escritura, generación y selección de ideas, desarrollo de esquemas y mapas conceptuales que organicen la información, etc.

5. ¿Quién me acompaña en esta tarea?

Cuando un escritor novel se enfrenta a la escritura académica es fundamental que cuente con la compañía de autores expertos que le orienten en aquellos aspectos donde su inexperiencia pueda acarrearle mayores problemas. En ese sentido, existen en el ámbito científico y educativo algunas figuras emblemáticas especialmente apropiadas para satisfacer estas necesidades formativas:

a. El tutor

La figura del tutor es esencial para el escritor novel, pues al margen de los conocimientos propios de su ámbito, debe transmitir al alumno las técnicas y procedimientos propios de la escritura académica. De este modo, habrá de asesorarle en la elección y delimitación del tema, en la estructura y enfoque del trabajo, en el modo de seleccionar y citar las contribuciones de otros autores, etc. La adecuada elección de tutor es fundamental para que el escritor novel pueda, por tanto, integrarse en la comunidad científica y participar como uno más en la misma a través de sus textos.

b. El equipo de investigación

La integración en un equipo de investigación ya constituido es también muy aconsejable, pues al compartir un mismo propósito con otros investigadores, el escritor novel encuentra muchas facilidades a la hora de acotar su objeto de estudio, definir su punto de vista, seleccionar una determinada metodología y asumir como propia la terminología específica empleada por la escuela o paradigma al que se adscribe.

6. Conclusión

Una vez concluida la planificación inicial del trabajo, el escritor puede ya ponerse en camino con la seguridad de saber hacia dónde orienta sus pasos. No obstante, esto no significa –como ya hemos apuntado– que no pueda replantearse todas estas cuestiones (concernientes al tema, objeto de estudio, estructura, etc.) más adelante, cuando se acreciente el caudal de sus lecturas y el progreso de sus conocimiento aconseje introducir algunas modificaciones en el proyecto original.

Llegado este punto, pues, el escritor debe considerar qué conocimientos tiene del tema con el fin de iniciar con buen criterio (y ya sin mayor dilación) las tareas de documentación (para conocer el estado de la cuestión) e investigación (con vistas a ir un poco más allá) que le permitan a la postre elaborar su texto partiendo de una sólida base. De estos dos aspectos, precisamente, nos ocuparemos en los módulos que siguen.

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