La Nueva España - de Avilés

13/02/2016

LA NUEVA EsPAÑA (AVILÉS)

Prensa: DIARIO Tirada: 52898 Valoración: 1.309 el Sección: LOCAL

Difusión: 45157

Página: 12

Diario de a bordo

Suárez Inclán, abogado, periodista y político

Biografía de un avilesino ilustre nacido en la calle de La Ferrería en 1822

Román Antonio Álvarez González

Hoy vamos a recordar a don Estanislao Suárez Inclán, en este repaso a las personas relacionadas con nuestro puerto que tienen un reconocimiento de la ciudad. Haré mención casi exclusivamente, dentro de sus grandes méritos y su extensa biografía, de aquellos aspectos relacionados con su vinculación con el Puerto y el reconocimiento que por ello le hizo su ciudad; un reconocimiento que, como veremos, aún perdura.

Nació don Estanislao en la avilesina calle de la Ferrería el 7 de mayo de 1822 y falleció en Madrid el 19 de septiembre de 1890, con sesenta y ocho años de edad. Se licenció en Derecho en la Universidad de Oviedo y, seguidamente, abrió un bufete en Avilés, alternando esta actividad con las colaboraciones periodísticas y con la preparación de lo que sería su pasión, la política. Después de su paso por el Ministerio de Ultramar nos quedó una publicación de 1844 titulada “El gobierno del Ministerio presidido por el Señor Posada Herrera con respecto a la administración de las provincias de Ultramar”. Pero como escritor, publicó en 1868, en colaboración con Francisco Barca y otros autores, un “Diccionario de Política y Administración”, ambiciosa obra de la que sólo llegó a aparecer el tomo primero. Fue colaborador de periódicos como “El Independiente” y “El Faro Asturiano”, dirigidos en Oviedo por su amigo Protasio González Solís, y la “Revista de España”, de Madrid. Desde 1861 a 1870 fundó y dirigió sucesivamente el “Boletín de los Ramos de Gobernación, Hacienda y Fomento”.

Precisamente por su faceta de escritor se ocupa de él Constantino Suárez, “Españolito”, el cual, en su “Enciclopedia de escritores y artistas asturianos”, recoge su biografía dándonos pistas sobre la faceta de él que nos interesa hoy, al escribir que: “... su villa natalle debe, entre otras importantes mejoras, el encauzamiento de la ría desde el puerto de San Juan de Nieva hasta el muelle local, antes de que existieran uno y otro».

Pero también Julián García San Miguel, segundo Marqués de Teverga, en su libro “Avilés. Noticias históricas” destaca, hablando de don Estanislao, que “... nuestro pueblo le debe importantes mejoras y el comienzo de las obras de encauzamiento de la ría, base de las que después se realizaron en el puerto con la construcción de la hermosa dársena de San Juan de Nieva."

Tenemos constancia de que, a principios de 1858, el ingeniero de caminos Pedro Pérez de la Sala presentó su proyecto de “Canalización de la ría de Avilés” y que, en agosto de ese mismo año, visitó Avilés la reina Isabel II, acompañada de su esposo Francisco de Asís, el Príncipe de Asturias y la Infanta Isabel. Con la Familia Real se desplazó a Avilés el Presidente del Gobierno, señor O'Donnell, y un numerosísimo séquito de personalidades. Fue en esa visita cuando la Reina estuvo en la Mina de Arnao que, el año pasado, cumplió el centenario de su cierre definitivo. Aprovechando la estancia del cortejo en Avilés el alcalde, don Hermenegildo Suárez Solís, presenta a las autoridades los proyectos que se habían redactado, consistentes

Las obras delfaro se iniciaron en 1861 y éste comenzó a prestar servicio en agosto de 1863

en la delimitación de un canal de entrada y la construcción de un faro para guiar de forma segura la entrada de los buques a la bocana de la ría. Se toma nota de los proyecto y se hace la promesa de ayuda para llevarlos a la práctica. La insistencia de don Estanislao en los despachos madrileños hizo el resto y así, en julio de 1859, se comunica al Ayuntamiento avilesino el acuerdo del Gobierno de materializarlos. El Estado adelantaría el importe de las obras y el Consistorio aprueba la inmediata ejecución de las mismas, comprometiéndose a contribuir con anualidades sucesivas el tiempo necesario hasta completar el reintegro del coste de la mitad de la obra, que fue la cantidad a la que quedaba obligado. La Orden de 6 de diciembre de ese año daba carta de naturaleza al proyecto de Pérez de Sala, aprobándolo definitivamente de forma oficial.

En 1860 se comienzan los trabajos, que van a ser decisivos para la historia de nuestro puerto. El director de las obras fue el señor don Lino J. Palacio, tío de nuestro querido polígrafo, el insigne don Armando Palacio Valdés, que refleja la visita de la Reina a Avilés en su famosa obra “La novela de un novelista`.

Fueron obras que tuvieron una duración prolongada. Aún en 1873, se publica en la Gaceta la Ley 411 que, en el apéndice segundo número 18, recogía un crédito para las obras de la prolongación del puerto de Avilés y la terminación de las obras de la Ría, que lleva la firma de Estanislao Suárez Inclán.

El otro proyecto relacionado con el puerto que se presentó a la Reina, en su mencionada visita, fue el de la construcción de un faro para orientar los barcos en su aproximación y entrada a la bocana de la ría. El proyecto fue avalado por la Reina y la persona que impulsó las obras fue también nuestro personaje de hoy, el diputado avilesino don Estanislao Suárez Inclán. Aunque en un principio se pensó en emplazarlo en la Punta de la Horcada, porque así podría señalar el fondeadero de la Rojariza, definitivamente se decidió hacerlo en la punta del Castillo, lugar en donde estuviera la ubicada la fortaleza denominada Castillo de San Juan, que defendía, junto con el Castillo de Gauzón, la entrada a la ría. El motivo de esa decisión fue que el primer emplazamiento estaba demasiado expuesto a los temporales. Las obras del faro se iniciaron en 1861 y éste comenzó a prestar servicio en agosto de 1863.

Por todo lo descrito anteriormente, valorando esos méritos adquiridos en las gestiones y decisiones que don Estanislao realizó para mejorar y modernizar nuestro puerto, el Ayuntamiento de Avilés honró su memoria acordando, el 30 de octubre de 1896, dar su nombre a la céntrica calle de la Fruta, en la que había vivido sus primeros años y que pasó a llamarse, desde entonces, “Calle de Suárez Inclán”, nombre con el que la recuerdan todavía muchos avilesinos. Pero, al recobrar ésta vía su anterior nombre, por decisión de la primera Corporación Municipal democrática tras el franquismo, en un acuerdo tomado el 18 de julio de 1979, Suárez Inclán desapareció del callejero, hasta que, seis años más tarde, se restituyó su recuerdo y el agradecimiento de la villa a su persona, dando su nombre a una pequeña calle del barrio del Quirinal, nombre que la calle aún conserva.

Así sucedió y así se lo cuento a ustedes en esta nueva entrega de mi “Diario de a bordo”.